VUELVE LA NAVIDAD A CASA GORGONZOLA. 2013

VUELVE LA NAVIDAD

A CASA GORGONZOLA.

 2013

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LOS CUATRO, LOS CUATRO…

SIEMPRE LOS CUATRO

 Lo reconozco; soy muy tradicionalista, mucho. Pero no se confunda esa condición con la de ser conservador; háganme Uds. el favor.

 Digo tradicionalista, porque a pesar de que tengo la capacidad -de la cual me satisfago- de fusionar y hacer convivir costumbres nuevas con las adquiridas y asumidas en todo mi periplo vital, no sólo no reniego de estos hábitos, sino que además trato de imbuirlos y traspasarlos a mis hijos para que sigan dando la tabarra, con mis manía y mis querencias, a los que hayan de venir detrás de mí.

No se me confundan Uds. háganme el favor, y crean que les estoy hablando de clasicismo trasnochado o folklore casposo; de prácticas anticuadas o de pasado nostálgico. Estoy hablando de conservar las raíces, y los usos y los modos, en los que fui criado y educado y que -orgullosamente- aún trato de mantener.

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Adoro algunas prácticas que me resultan absolutamente gratificantes: La costumbre de mis cuñados de que me regalen un jamón ibérico en Navidades (habrá cosa más bonita?) o la de los otros, que desplazados a mi domicilio, me cocinan una inimitable orza de lomo en manteca para que nos acompañen y acaricien el paladar las frías tardes de Invierno (habrá otra cosa más bonita?) También me encanta esa tradición de asistir a la Fiesta de los Villancicos cada año a Casa de los Gaviño-Spinner, para que una vez acabando con las viandas y los licores, Margarita nos haga entrega a los Gorgonzola (en petit comité y ocultos de miradas envidiosas y suspicaces) de una caja llena de galletitas hechas por ella misma a la suiza manera; cómo no podía ser de otra forma.

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Me fascina que vengan Titi y Ana a visitarnos cargadas de ellas mismas, que ya es bastante. Porque bailaremos y reiremos hasta desfallecer. Desfallecer de puro contento, que es cómo a nosotros nos mola. Comprar dulce de los conventos con Maxi y Pepa; y que vengan Jóse y Silvia a abrirnos el jamón y a beberse mi reserva de Ron. Que venga. por fin, mi hermano Fernando y su manada, para hacerlo llorar; tanto de risa cómo de ternura y emoción. Cómo a él le gusta.

Me encantan también esas costumbres -que a fuerza de ejercer cómo tal, se transforman en tradiciones- como es la de mi querido amigo Fernando Damas que, cada vez que nos reunimos con la Logia del Negro Anaranjado, tiene a bien el obsequiarme con botella de ron de la más alta excelencia.

Me gusta esa nueva costumbre que tiene mi hija Cristina -desde que se emancipó- que es esa que nos traiga churros para desayunar cada domingo por la mañana. Para aliviar indeseadas, pero gloriosas, resacas sabatinas. Los cuatro otra vez juntos.

Me gusta adornar la casa por Navidad. Cada Puente de la Inmaculada y de La Constitución.Me gusta.

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Adoro que los Gorgonzola nos reunamos los cuatro -siempre los cuatro- y que Cris, nos haga más galletitas de mantequilla que dispondremos en bandejitas ad-hoc junto a otra bandeja de porcelana centenaria de mi abuela Matilde, sobre la que reposan algunas botellas de espirituosos que darán su vida en martirio por atender a mis invitados cómo ellos se merecen.

Me gusta preparar la fondue de queso que la familia nos zamparemos en el intervalo del almuerzo; mientras descansamos de instalar las luces de las ventanas que adornan e iluminan la calle desde nuestro salón. De colgar guirnaldas y flores de Pascueros. De llenar la casa de villancicos. Una música que cada año se debate en una lucha  feroz y sin cuartel entre Frank Sinatra y Manolo Escobar; según sea Father o Santa quien disponga el ambiente. Cris en mi bando; Cigalowsky en el bando contrario con su madre.

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Este año estoy contento, y mucho. Pues hemos decidido recuperar una tradición que teníamos ciertamente abandonada desde hace ya algunos bastantes años. Montar el Belén. Con permiso, claro está, de Paco Martínez Soria.

P1190337(Nótese algún intruso en el Belén; los encontráis?)

Desde que los tiernos infantes crecieron, se abandonó dicha costumbre que éste año, ya te digo, vamos a recuperar. Pero no sólo esa; sino también la de desplazarnos -tijera podadora en mano- a nuestro Monte de San Antón y traernos para casa un abundante acopio de ramas de algarrobo, de pinos y de lentiscos. Enormes manojos de tomillo y de romero; de naranjas cachorreñas y de piñas de abetos. Musgo verde y húmedo; piedras llenas de manchas blancas y amarillas de líquenes. Todo un botín botánico natural que compondrá un escenario, fresco y perfumado a campo, donde se situarán las figuras de barro que en su día el Father Gorgonzola compró – hace ya la friolera de medio siglo- en una ya irretornable Plaza de la Merced abarrotada de puestecillos de Navidad, Circa 1963. Todo un botín botánico natural, ya os digo, que coronará también los muebles que desde hace mucho más de un siglo, acompañan la vida de la familia Souvirón y que cada año, al realizar este rito, saben que han cumplido un año más de vida vivida. Yo me entiendo.

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Así que este año, la Casa Gorgonzola -cómo cada mes de Diciembre- otra vez se vuelve a vestir de luz y de Navidad. Y esperará, impaciente y nerviosa, a que los regalos vayan apareciendo -de manera encubierta, pausada y misteriosa- a los pies de nuestro Árbol. Para que el día de Reyes (Santa Claus Go Home!) comiéndonos unos trozos de roscón de la Confitería La Exquisita, (todo es tradición) los abramos en un mar de ilusión, de sorpresa y fascinación. De amor. Los cuatro, los cuatro; siempre los cuatro.

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 Porque ya es Navidad en Casa de los Gorgonzola. Ya es Navidad!

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NAVIDAD EN MÁLAGA. ANTONIO RUIZ-MOLERO

Este blog, con el tiempo, va adquiriendo una saludable costumbre que consiste en el conmemorar –humildemente- las diferentes festividades del año con el principal y casi único protagonismo de la ciudad de Málaga.

Así pues, se llena de esta manera el blog -sin pretenderlo- de aromas estacionales.

Por Semana Santa, huele a romero apenas pisado y a incienso; huele a nubes que –no lo quiera Dios- amenazan lluvia y a limones cascarúos del Camino del Calvario.

En la Feria de Agosto -ya con el calor- percibimos el olor de los espetos de sardinas y de biznagas preñadas de jazmines. A varas de nardos y a viento Terral.

Y si es Navidad, si esa época es Navidad… Se llena la ciudad del olor a pino abeto y a castañas asadas. A borrachuelos, Isabelas y pestiños de la Confitería Aparicio.

Aquí, todas esas manifestaciones estacionales, tienen un nexo común en la mirada conveniente e incomparable del objetivo de mi muy querido amigo Antonio Ruiz -Molero. Y este, contribuye siempre con su trabajo en modo de paseo fotográfico.

Antonio Ruiz – Molero se ha transformado en un indispensable y extraordinario colaborador de El Blog de Father Gorgonzola, con una esplendidez y prodigalidad absolutamente encomiables. Es tan solo sugerirle el Leit Motiv de lo que quiero incluir en estas páginas y -afanosamente- se pone manos a la obra para complacerme. Siempre me hace llegar fantásticas selecciones de su estupendo trabajo artístico.

Ya he dicho muchas veces que lo que mas me gusta de Antonio Ruiz – Molero, es la  singularidad de sus imágenes. Porque se salen de los métodos establecidos; de las maneras comunes. Su mirada, su distinto planteamiento y el particular enfoque que le aplica y somete a los rincones de la ciudad de Málaga.

Rincones -ya lo he dicho también más de una vez- que a los demás nos pasan cuasi inadvertidos; y que nos llegan -afortunadamente- con otra perspectiva a través de sus fotografías.

Es todo un privilegio presentaros  una Málaga iluminada con luces de Navidad. Aliñada de villancicos y dulces de conventos. Con árboles, vestidos de quincalla de luz y guirnaldas de colores, que le confieren un aspecto mágico y festivo. Farolas florecidas de pascueros y lentiscos, muérdagos y acebos; naranjos plagados de luciérnagas amarillas. Con tres Reyes Magos que se dirigen al Portal, entre eucaliptos, algarrobos y cipreses en la Coracha.

Una Natividad ciudadana  a través de los ojos del fotógrafo; Otra  Navidad más familiar tamizada por la luz de las velas rojas que distraen a la Madre del Hijo.

¡La Málaga en Navidad según Antonio Ruiz-Molero!

Si queréis bajaros esta presentación, podéis hacerlo desde aquí:

https://skydrive.live.com/redir.aspx?cid=9b5ad4b7dbd9e872&resid=9B5AD4B7DBD9E872!2396&parid=root

Que la disfrutéis.

NAVIDADES FAMILIARES

NAVIDADES FAMILIARES.

 

Todo el que me conoce sabe que no soy nada dado a lo iconoclasta. No soy adorador de imágenes ni de símbolos. Huyo de lo extremista que me parecen determinadas actitudes. Ácrata espiritual.

Soy, sin embargo, un admirador ferviente de demostraciones “religiosas” que con el tiempo que nos acontece, son confundidas con épocas de consumismo desaforado.

Me gusta la Semana Santa. Ver los tronos y las cofradías desfilar por las calles abarrotadas del Centro de Málaga. Me gusta y mucho, pero sin llegar al extremismo del” capillita” o incluso al personaje que va, rayando el patetismo, detrás de las bandas musicales de las procesiones grabando la marchas que estas interpretan. Son estos personajes los denominados: Tontos de Capirote.

También me encanta la Navidad, aunque reconozco que la provocación  del consumismo innecesario es exacerbante.

Me encanta pasear por los mismos lugares que meses antes están ocupados por los desfiles procesionales.

Tampoco caigo en la exageración del amor incondicional, los buenos deseos hacia aquellos que durante el resto del año me importan un cojón de mico. Me joden los que saludan a los vecinos, antes ignorados,  amablemente , y aduciendo la celebración de la llegada al mundo del Niño Jesús, se cogen unas terribles  melopeas en nombre de la Fe. Son estos personajes los denominados :Tontos de Nacimiento.

La Navidad tiene en mi un sentimiento de nostalgia que se renueva cada año. Trato de inculcar valores de comportamiento ético a mis hijos .Con el mío propio. De respeto en el  modo de actuar en la vida y de preparación futura. Pero también tengo especial interés y cuidado en que no pierdan las costumbre familiares que será una parte de la herencia que les deje. Remembranza familiar.

Las primeras navidades que recuerdo, con inmenso cariño, son las de mi segundo hogar de mi niñez.

Los primeros ocho años de mi vida transcurren en la céntrica casa de la Plaza de los Mártires,17. Nos mudamos de dicha casa, digo, a Calle Pinos situada en un incipientísima nueva urbanización en la zona de La Victoria: Barcenillas. En las cercanías del Santuario de la Patrona de Málaga.

En esa época solo había dos edificios rodeados de campo. Y estábamos situados , los antes  citados, en la falda del Monte de Gibralfaro. Los pinos del monte , llegaban casi hasta nuestra casa y en la época navideña era un maravilla poder observar los días lluviosos, desde el salón  y al calor del brasero de cisco, el manto verde del enorme pinar y coronando el monte el Castillo de Gibralfaro que le daba nombre.

Se daba la circunstancia que la cara sur del Monte de Gibralfaro era propiedad de la familia, así que cuando llegaban estas fechas, subíamos los hermanos atravesando el monte hasta llegar a casa de Tía Lourdes y Tío Matías, (Tioma) para que este ultimo cogiera su hacha y cortara el pino mas bonito que habría de adornar nuestra casa cada año. Cañada de los Ingleses.

Mi Tío Ignacio, que vivía con nosotros, al igual que Abuelita, -que tiempos aquellos en que los familiares eran acogidos en los hogares y no relegados a la residencia de turno- continúo… Tío Ignacio y Abuelita, al igual que mis padres, tenían la costumbre de darme una paga semanal . La cuota le llamábamos en la casa.

En cuanto recibía la cuota, salía corriendo hacia la Plaza de La Merced donde si instalaban unos puestecillos de Navidad donde compraba con verdadero placer figuras de barro para conformar un Belén o Nacimiento que con los años llegó a ser precioso. Mas aun cuando mi padre encargó al ayudante del famoso escultor malagueño Pimentel, una recreación  en escayola del paisaje de Belén incluyendo montañas y el Pesebre.

Esta recreación preciosa, se perdió para siempre, no así las figuras que volvieron a mi poder al ser encontradas en lo mas recóndito de un trastero de mi hermana Lourdes con motivo de una mudanza.

La fragilidad de las figuritas -eran de barro- había provocado que algunas de estas perdieran algún que otro miembro conformando una suerte de Belén paralímpico, Incluso uno de los caballos de  determinado Rey Mago sufrió la misteriosa amputación del hocico, quedando desde ese momento bautizado con la denominación de Caballo Cocainómano. Lástima que no hubiese sido camello. Perfecto le hubiera quedado el apelativo.

Esta foto es de hace algunos años ,pocos, del Belén de referencia que hasta hace cuatro años instalaba en el Salón de mi casa, Ya los niños son mayores y me limito al Árbol, guirnaldas y adornos variados.

Sigo con la niñez navideña. .Parezco un Dickens de pacotilla. Cuento de Navidad.

El adorno del árbol recién talado, era un acontecimiento familiar ; se hacia té caliente y empezábamos a elaborar pascueros de papel Pinocho, si pintaban piñas ,recogidas en el pinar cercano de purpurina dorada.

Ramas de Algarrobos también se convertían en oro a base de pinceles. Los penachos de ramas de pinos se mezclaban con naranjas cachorreñas conformando unas preciosas guirnaldas ,que aún, algún año he recreado en mi casa actual.

La cena de Navidad era un verdadero acontecimiento en mi casa..Se reunía la familia paterna en torno a una mesa que ,de manera distinta a la de hoy día, se comían las famosísimas croquetas de mi madre, las enormes fuentes de chanquetes fritos que nuestra Tata: Manola-una madre para mi, pues entró en mi casa cuando yo tenía dos años- freía a petición de mi Tío Antonio que venia desde Valencia cada año con mono del pececito de marras. Preciosa mesa que ponía mi madre. Sopa Viña AB y albondigón.

Venía Tío John –el marido americano de Tía Pilar- Venía nuestro insigne tío poeta y escritor :José María.-mi padrino- y cuando todos estos llegaban a mi casa solíamos recibirlos con el Pequeño Tamborilero de Raphael sonando en el Picú.

A los postres empezaban los cánticos y la sempiterna borracheruza de cognac de Tía Pilar. Tioma  tocaba con maestría y cantaba  verdiales de los Montes de Málaga (tenia su propia  Panda de Verdiales) y Tía Lourdes cantaba al alimón con mi hermana el Minuit Chretiens que todos oíamos con deleite.

Los Christmas Carols americanos sonaban sin parar. Bing Crosby y Frank Sinatra, Harry Belafonte y Burl Ives. Nat King Cole.The Bells Of Christmas (Greensleeves) siempre me emociona profundamente el oir esta cancion a Sinatra, siempre. Tiempos pasados.

La tómbola de la Plaza de José Antonio-así se llamaba en aquella época- el acudir a ver las cabalgata de Reyes desde los balcones de familias amigas en la Calle Larios ,la Noche de Reyes. Ilusión a borbotones. Pastorales recorriendo las calles.

La depresión post-navideña. acompañada de la obligación de la vuelta al colegio, hacía este periodo de vuelta a la normalidad ,en cierto modo, insoportable.

Todas estas tradiciones, como he dicho antes, han sido trasmitidas por mi a mis hijos.

Cada año, salíamos mi hijo y yo -Santa y Cris se quedaban montando el Árbol y las guirnaldas en casa- salíamos ,digo, mi hijo y yo al monte cercano a mi casa (ahora que lo pienso, siempre he estado arropado por un monte en toda mi vida aunque ahora este se llama San Antón) y nos acercábamos a una zona llamada Lagarillo blanco donde nos proveemos de musgo y piñas, ramas de pinos y algarrobo, lentisco, tomillo y romero que conformaran la arboleda en miniatura del Belén. Naranjas cachorreñas. Tengo que volver a hacer esta sopa de naranja amarga.

Nada de plástico en el Belén. Solo vegetales. Corcho y barro. Piedra y luz.

Y cuando hacemos el montaje y acompañando la escena con chupitos de ron (antes whisky) a al son del White Christmas del Sinatra y de mi colección de música navideña, rememoro a Tío Matías y Tía Lourdes. Tía Pilar y Tío John. Tío José María. Manola. Hermanos y primos. Canciones de toda la vida que cada año se renuevan en la memoria..Y los echo de menos.

El recuerdo se adorna también de ausencias. Cada día mas.

Solo espero que la misma pasión que pongo cada año en adornar mi casa y mi vida en Navidad, le haya calado hondo a mis hijos. El recuerdo de su infancia ya no los abandonará nunca . De eso, ya me he encargado yo.

FELIZ NAVIDAD A TODOS,

 

MERRY CHRISTMAS!!!

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