JOSE MARÍA SOUVIRÓN. DIARIO I

JOSE MARÍA SOUVIRÓN. DIARIO I

“La vida es naturalmente incompleta y todo empeño en hacerla completa es vano. Siempre nos falta algo, lo que deseamos. Si lo tuviésemos, nos sería quitado lo que ya tenemos, y lo incompleto sería de otra manera, contrariamente incompleto”

DIA: Martes 23 de abril de 1957

Luis Rosales, José Coronel Urtecho, José María Souvirón, Eduardo Carranza, Leopoldo Panero, Dámaso Alonso y Luis Felipe Vivanco, años 50. 
Archivo Histórico Nacional. Madrid.

Hace unos días que mi querido hermano desde el corazón Luis Centeno, me hizo entrega de un regalo que me tenía guardado desde hace un par de meses. Se trataba del diario íntimo e inédito de mi tío José María Souvirón Huelin que se ha publicado y presentado dentro de las jornadas dedicadas a éste por el Centro Cultural Generación del 27 de la Diputación de Málaga. Un libro, DIARIO I, que así se llama, felizmente editado  por  Javier La Beira y Daniel Ramos hacia los cuales no tengo sino mi más sincero agradecimiento por los entrañables recuerdos que me han proporcionado con dicha publicación.

José María Souvirón, Diario I. / Bibl. ASR

Sabedor, mi hermano in pectore, de que yo estaba mucho más que interesado en el citado Diario, y conocedor también de las íntimas circunstancias que me impedían asistir a ese acto a cuya mesa fui invitado a intervenir (pasaron los tiempos propicios para ello) tuvo, desde el primer momento, la intención de que ese libro fuese a parar –sin dudarlo de ninguna de las maneras– a mis manos, a mis ojos y a mis más afectuosos y entrañables recuerdos familiares.

Diario I, me llamaba poderosamente la atención. La prensa y los artículos que comentaban la edición de estas memorias, insistían y coincidían en la absoluta sinceridad y franqueza de lo escrito por mi tío José María que nunca fue corto en expresar su opinión personal ni pacato en reprender la mala educación, la audacia del bobo y la falta de cortesía.

Máquina de escribir Hispano Olivetti de José María Souvirón

Pobres de aquellos mentecatos que –sin prever las consecuencias– le tocaban la paciencia y se exponían, por tener un inadecuado comportamiento, al alcance de su palabra estricta y severa pero también razonada e inapelable.  O peor aún, a su hartazgo nada fingido. Terror provocaba entre aquellos inevitables necios y botarates (productores incansables de simplezas y necedades) tan profusos en los círculos de la cultura y la pedantería de aquellos tiempos; y no pocos recelos levantó entre estos, por tener la costumbre de emitir siempre su opinión sincera, veraz y honesta despejada de cualquier tipo de lisonja gratuita.

Cogí el libro con verdadera expectación. Más que nada –seamos sinceros– para ver, en primera instancia,  qué era lo que exponía de mi familia; aunque también, cierto es, para conocer de primera mano cómo fue su vida allende los mares y más arriba de Despeñaperros rodeado de eminentes figuras de la ilustración de aquellos años.

Cuando tío Josemaría empezó a escribir su diario, yo tenía apenas un mes de vida; pero después, lo escolté cada vez que venía a Málaga (su compañía intermitente me duró dieciocho años) con toda devoción y cariño. Con toda mi admiración. Con todo el respeto que se pueda tratar nunca a ningún familiar. Deslumbrado por sus interesantísimas historias y por el afecto paciente que me dispensaba.

Me ha encantado volver con él, gracias a este diario, a La Cañada de los Ingleses a aquellas tertulias y a aquellos recitales de verdiales en el llano de tío Matías. A volver a oír los mismos villancicos que cantábamos en varios idiomas (así lo narra en el libro) junto a la chimenea con mis tíos, mis padres y mis hermanos oliendo (y oyendo) los trompitos de eucaliptos al quemarse y saboreando desde lejos el aroma de los exquisitos bizcochos que tía Lourdes preparaba y que aún no habían llegado a la mesa. He vuelto a ver –otra vez– las flores de las pitas florecidas justo encima del pozo negro. Y me he vuelto a maravillar observando ese mar de color espléndido desde el mirador único que era la casa de Tioma  y que a él –a tío Josemaría– tanta vida y serenidad le  proporcionaba.

Luis Rosales con Azorín, Leopoldo Panero, Eduardo Carranza, J.M. Souvirón y José Coronel (poeta nicaragënse) en febrero 1958.

La admiración que yo sentía –que sentíamos todos– hacia tío Josemaría, se ha acrecentado sobremanera después de leer este libro: Su inteligencia natural para el estudio. Su carácter y voluntad de anteponer la verdadera vocación por la escritura y la enseñanza a lo más provechoso (económicamente) del ejercicio de la abogacía (fue, profesor de futuros insignes abogados malagueños) que le proporcionaron una vida plena y completa. Antepuso, decía, su verdadera vocación de escritor y profesor pudiendo haber elegido ser notario o registrador de la propiedad tal y como se esperaba de tan precoz y prometedor abogado.

Tío Josemaría fue –ahora lo sé definitivamente– un hombre leal a sus principios. Un verdadero intelectual que hizo lo que debía de hacer sin plegarse a los aduladores y cobistas del régimen. Una persona con una fortaleza extraordinaria en su fe en Dios, que no le impidió criticar con dureza al clero y no lisonjear, inmerecidamente, a los poderes fácticos y reaccionarios de su época. A los pelotas, a los lameculos.

Desde muy joven, fue un hombre de salud frágil. Una mala salud propiciada por un corazón quebrado pero colmado por el amor fiel que sintió hacia Dios, por sus hijos, a su familia más cercana, a su mujer (se puede querer desde el olvido, decía) a sus amigos y, sobre muchas de estas cosas, a la poesía. Ponga el lector de estas letras el orden de prioridad que prefiera.

Quiero leer ya la segunda entrega de este diario para seguir emocionándome con sus lágrimas provocadas por la belleza.  Para seguir preguntándome, sin entenderlo demasiado, por ese amor desmedido a Cristo. Para seguir sintiendo el inmenso orgullo que me interviene al saber las amistades que cultivó. Para poder acompañarlo, sin que se dé cuenta, en la soledad elegida de su cuarto del patio de La Cañada. Aquel que, en sus ausencias, fue tantas veces mío y en el que, sin yo saberlo, respiré el aroma de la erudición más exuberante, fértil y próspera que yo –antes de leer este diario– no hubiese podido imaginar en toda su magnitud y transcendencia.

Bienvenido de nuevo a mi vida, tío Josemaría. Me sigues emocionando.

INCOMPRENSIÓN LECTORA.

“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza

habla mientras el género humano no escucha.”

Víctor Hugo.

 

A finales del siglo pasado (que lejano suena eso ya) durante mis estudios de Lengua Inglesa en la Escuela Oficial de Idiomas de Málaga, teníamos que realizar una serie de ejercicios que consistían en un número determinado de textos –en inglés, por supuesto–  y que debíamos definir con una sola palabra previamente estudiada en clase. Para demostrar primero, que nos habíamos quedado con la copla del significado del palabro y ya, de camino, obligarnos a traducir la descripción mentalmente. Tenía pues, dos fines pedagógicos concretos el ejercicio: La traducción (translation) y la comprensión lectora (comprehension check).

Vamos a lo segundo: La comprensión lectora. O la falta de ella.

Hoy en día, infortunadamente, la comprensión lectora  –y ahora me refiero al castellano– pasa por malos momentos.  Coyuntura fastidiosa e incómoda ésta por mor de esas sociedades ficticias llenas de falsas realidades e identidades anónimas como son las redes sociales.

Ya he comentado mucho por aquí, que la no presencia física y, por ende, la ausencia de gestos, de miradas, de entonación, roces etc.… produce en la conversación escrita malos entendidos. Lo que a finales del siglo pasado, ya te digo, mis compañeros de Escuela y yo teníamos que llamar “misunderstoods”.

Por esa causa y por una inexplicable carencia de entendimiento (y buena fe) hoy en día cualquier broma, por inocente que sea; cualquier comentario ingenuo e inofensivo; cualquier parrafada carente de malicia, es mal o bien entendida por el lector de una manera según le pille el día de humor o por su predisposición a la benevolencia y a la cordialidad. Y muchas veces, su reacción inesperada y su respuesta desangelada le produce al autor sorpresa, pasmo y tristeza. Más que nada, porque lo considero terriblemente injusto.

Pero no es lo más malo de esto la mala interpretación;  tampoco el inexistente análisis del texto en su contexto. Ni siquiera la falta de la más mínima (se me perdone el oximoron) generosidad ; lo más malo de todo es cuando, el que malentiende un comentario, saca a relucir su peor concepto del que escribe y se deja llevar, irreflexivamente, por su propia monomanía.

Así me ha pasado recientemente. Que por dos malentendidos (ya sabéis: dos misunderstoods) he comprobado, dolorosamente, el verdadero concepto que tienen de mí dos buenos amigos; que no todo “el oro es montégano” que decía aquel, y que todos – y me incluyo yo, naturalmente– nos revestimos de una capa de falsedad y de fraude para dar la apariencia de que somos lo que no somos.

Voy a tener que borrar de mi perfil el Máster en Claridad Descriptiva y Espontaneidad  Epistolar que en su día me saqué en la Universidad Rey Juan Carlos I. Cum laude por otro lado.

Vale dictum.

 

LOS OLORES DE LA CAÑADA DE LOS INGLESES.

 LOS OLORES DE

LA CAÑADA DE LOS INGLESES.

“Esto se presenta como un ejercicio de rememoración
y no está dedicado a nadie”.
(Charles Bukowsky Revisited)

“Hay en el perfume una fuerza de persuasión más fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasión del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ningún remedio contra ella.”
(El Perfume. Patrick Süskind)

“Tiré un limón por el aire
para ver si coloreaba.
Subió verde y bajó verde
mi querer nunca se acaba”.
(Tradicional)

Nota Previa: Las fotos (y sus comentarios a pie de foto en cursiva y color azul) me las ha hecho llegar  mi querido primo Enrique Giménez Huelin.

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(La cuesta y el terraplén (o “chorraera”) de enfrente de nuestra casa tras una granizada que hubo en marzo del 71. En la de la cuesta se puede ver entre los árboles la Casita del Gallo y a la izquierda el algarrobo de casa de Almudena Huelin.)

No sé si se le habrá ocurrido a mi querido primo Enrique Giménez Huelin que después de haberme remitido una impagable serie de fotografías de nuestra niñez (y de tiempos pretéritos) en la Cañada de los Ingleses (donde él vivía y yo pasaba muchas temporadas) no sé si se le habrá ocurrido decía, que además de proporcionarme mediante el sentido de la vista, ese placer irremplazable que es la nostalgia de los más entrañables tiempos en el recuerdo, también iba a despertarme el sentido del olfato.

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(La Portería 1972)

El deleite de volver a recordar y sentir aromas de otros tiempos que, aletargados en la memoria olfativa, estaban esperando –con todo su poder de seducción y atractivo– su oportunidad de volver  a emocionarme. Olores de situaciones vividas. Olores de personas a la que quise y que, desafortunadamente, ya no están aquí.

Las fotos que me ha remitido mi querido primo Enrique, me han vuelto a trasladar a aquel mundo privado –reservado y particular– que fue La Cañada de los Ingleses. Un universo aislado de la ciudad, guardado y disimulado entre árboles y montes, que permanecía dormido en mi cabeza –en absoluto perdido– rendido por la edad que se acarrea y por la flaqueza del recuerdo. Pendiente de la oportunidad de la rememoración más placentera y complaciente, como así ha sucedido.

LA CAÑADA-CASA CHICA-1969-0001(CASA CHICA-1969). Otra vista de mayo del 69 con Marita Revenga y Christian Frunken, su marido, a los que Tacún les dejó la casa cerca de un año. El inicio del túnel, al que me acabo de referir, queda ya integrado en la casa .

Con esas imágenes, me ha vuelto aquel olor a agua pútrida de los jarrones atiborrados de flores –mezclado con el aroma de las mismas– que vendía Carmencita en la portería de la Cañada. El de los hinojos recién arrancados, y mordisqueados, frente a casa de Tío Quique y Tía Lolilla. He recuperado otra vez la tierra húmeda; la turba y el compost de un cementerio inglés cubierto por un manto inacabable de tréboles y vinagretas; de hojas tan muertas como aquellos que lo habitan.

5658996292_e00a6e1089_n(Tumba donde reposan los restos de Enrique Giménez Ramos. Concha Huelin García de Toledo y Lola Huelin García de Toledo en el Cementerio Inglés)

Viendo esas fotografías, me vuelvo a sentar en la cocina de Tioma y Tía Lourdes junto a la ventana. He vuelto a sentir el aroma inolvidable de aquellos tazones de Eko caliente por la mañana. Aroma sólo amortiguado (ese sentido) por el otro del sabor de la Mantequilla Lorenzana untada en una enorme rebanada de pan cateto comprado en Cártama y tostada directamente al fuego vivo. Vuelvo a oler a horno lleno de vol–au–vent comprados en Bresal y rellenos de bechamel y gambas por Tía Lourdes.

El olor a ese mismo pan cateto de tres días regado con un chorreón de aceite de un verde tan intenso cómo inmenso. El maremágnum aromático de la alacena con los chocolates y las especias. Mermeladas de naranja amarga y Jamón de York comprado en La Federica. A vino dulce de Cómpeta y a galletas María de Fontaneda. A Hojaldres de la Confitería La Española. A mantequilla Breda y queso de bola holandés comprado a las estraperlistas del puerto frente a la estación de los autobuses de Alsina Graells…

Llano Cañada(Lourditas Souvirón García Huelin, sentada en el poyete del llano. Se pueden observar las losetas de chinos que entre todos los sobrinos y Tio Matías construimos)

… Sienro el olor embriagador de la yerbabuena de los macetones de Tioma en la ventana que daba al llano y que, a manojos, echaba Tía Lourdes en las cazuelas de fideos. A huevos al plato o revueltos con mantequilla. Que mañanas! Qué días más llenos de luz y de color. De sentimientos de hospitalidad y de amor. De sabores y de olores que ya no existen en este mundo actual vencido (y aburrido) por los añadidos y conservantes de los sosos e insustanciales alimentos que ahora ingerimos.

caballos tioma(Caballos pintados por Tío Matías)

Rememoro viendo estas fotografías, el peculiar y característico hedor a mierda del pozo negro y el de los montones de estiércol de caballo, recogido por los sobrinos, y amontonados en el llano del horno de pan. Y si! se puede añorar el pestazo a mierda. No se extrañen ustedes.

Pero también vuelvo a sentir, el óleo de Marita Revenga pintando las flores de Tio Matías, y el pegunte horroroso del Vicks Vaporub que Tía Lourdes me untaba en el pecho cuando estaba resfriado. El perfume de las hojas trituradas en mis manos del falso pimentero antes de las escaleras de rampas que subían hasta la casa grande. El otro perfume de la alhucema y de los trompitos quemados en la chimenea del salón de Tioma. El aroma del bizcocho que acompañaba al té. Y, más tarde, ya por la noche, el de las hojas añosas de los ejemplares del Reader’s Digest que yo me leía con fruición antes de irme a dormir al apartamente de Tío Josemaría…

12651072_10155174558622228_1016211828636318693_n(Una pequeña parte del jardín de los Giménez Huelin)

… El de la colonia Álvarez Gómez (que aún uso diariamente) que enmascaraba al otro del Jabón Lifebuoy. El olor a limpio de la lejía Conejo y del Vim. El del Politus y el de la cera Johnson’s. La fragancia que emanaban Isabel y Lola; vecinas de calle Los Negros en la Cruz Verde y a las que yo adoraba.

Olores como los de la humedad del rincón –siempre habitado por decenas de cochinitas amontonadas– en la entrada al patinillo del apartamento de Tío Josemaría; y el de los eucaliptos de detrás de la casa grande que inundaba de olor a infusión el cuarto de baño del citado apartamento…

0fb517f06337c5925bc29c329bdbed29(Generación del 27. Casa-apartamento en la Cañada de los Ingleses (Málaga) donde José Mª Souviron Huelin pasaba temporadas. Disponía de una pequeña biblioteca, (la principal la tenía en Madrid), donde celebraba reuniones literarias con Bernabé Fernández Canivell, Pérez Estrada y Alfonso Canales.)

… La resina de los pinos. El polvo de los tinaos abandonados y que servían de trasteros donde un niño se podía encontrar multitud de tesoros. La tetas de las negras de tribus recónditas de los National Geographics antiguos. Un bombín de quien sabe quién o aquel cuchillo de calidad incierta –que Tioma me regaló– pero que tenía una magnífica funda de cuero y las cachas de nácar…

… La fragancia a limpio del ropero de Tía Lourdes; donde en cestillas, guardaba multitud de monedas y que nunca jamás –a pesar de la confianza dada– jamás nos atrevíamos a tocar y que constituían nuestra recompensa diaria por los trabajos realizados. Cómo olía ese dormitorio!! …

Tioma niños(Tío Matías con Margarita, Joaquín y Gustavo Giménez Huelin)

… Recuerdo ahora también, el olor del arcón donde guardaba mantas y cobertores. Naftalina y bolsitas de tela llenas de trompitos de eucaliptos. Vuelvo a recuperar el perfume de los rosales de Pascual Bejarano. Vuelvo a recuperar también, el olor cariñoso, educado y elegante; amable y confortable de Tacún y de Tía Lily.

El del Morris de Tioma. El que te traías pegado al cuerpo desde el vestuario del Cajón. El olor del campo húmedo; a manchas en las culeras de los pantalones de aquel barro peligroso cubierto de agujas caídas de los pinos. Lleno de babosas y de alúas; de pizpitas y de hormigas cabezonas. De saltamontes y ciempiés. Y aquellas enormes bolsas de orugas colgando, como lámparas viejas y olvidadas, encima de tu cabeza.

Vuelve el olor fuerte del agua blanqueada de jabón lagarto y azulete en los lebrillos del llano del horno. El del césped recién cortado y el del tarro abierto a destiempo de las semilla ya secas de las Llagas de Cristo que esparciamos por la ladera del gallinero. Las algarrobas machacadas y el limón cascarúo…

venta del tunel

(En la Venta del Túnel. De izquierda a derecha: Matilde García Lampérez; Matías Huelin García de Toledo; Ignacio Souvirón Huelin; Lourdes Souvirón Huelin: Lourditas Souvirón Garcia Huelin)

… Vuelve el olor a familia querida y amada; a hogar cálido; a humo al refugio de la lluvia y del frío. Cuando había lluvia. Cuando había frío. Cuando la familia estaba feliz y completa. Olores que me hacen daño, porque sé que, si no es por lo efímero, nunca los volveré a tener a mi alcance. Porque las cosas se van y no vuelven muy a menudo; y cuando vuelven, como es el caso, tengo que contener la emoción –pero también el orgullo- de haber vivido plena e intensamente, entre los árboles y montes del paraíso perdido que fue la Cañada de los Ingleses.

monte gibralfaro expropiacionEstas, que ahora vienen, son una muestra de las fotos remitidas (y comentadas) a este bloguero, por Enrique Giménez Huelin. Espero que sean de interés para algunos de los lectores que tiene a bien visitar este sitio. Para mí, ya lo he expresado, ha sido un verdadero ejercicio de entrañable añoranza, nostalgia y melancolía.

Ah! y al final, una curiosidad! Vamos allá; dice Enrique:

Antes de nada, una pequeña Introducción: La Cañada la compraron nuestros abuelos, Matías Huelin Müller y Margarita García de Toledo Clemens, una parte el 7/06/1902 (la parte alta del monte) y el resto el 25/08/1925 (la parte baja). En 1925 encargaron construir la Casa Grande ( y no sé si la chica) al arquitecto Fernando Guerrero Strachan. El camino de acceso no existía y lo hicieron también en los años 20, previa conducción de las aguas pluviales por los túneles que todos conocíamos. Las fotos que adjunto son de la época en que se construyen las casas.

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LA CAÑADA-CASA GRANDE Y TINAO0001

CASA GRANDE TINAO, destaco la ausencia de árboles en el monte y el tinao para vacas que hay detrás de la casa, donde después construyeron su casa Tío Matías y Tía Lourdes. La vacas venían de Las Cuarteras, una finca de la vega que vendieron antes de comprar La Cañada.

LA CAÑADA-CASA GRANDE0001(CASA GRANDE 001), destaco también la ausencia de árboles, la ropa tendida junto al pozo y el propio pozo que parece estar en construcción, puesto que no aparece la bóveda que lo remataba. Junto a ése pozo estaba la duchita , una especie de pequeña alberquita y una máquina de hierro con complicados engranajes que algun día sirvió para sacar agua, según decían. La máquina era tan pesada que quedó enterrada en los cimientos de la casa de Prioleau cuando se construyó a principios de los 70.

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LA CAÑADA-CASAS CHICA Y GRANDE0001

(CASAS CHICA Y GRANDE) quiero destacar la escalera-rampa de acceso y que aún no estaba hecho el garaje que, al parecer, construyó tío Juan años más tarde.

Sigue Enrique contando anécdotas:

Antes de nada, decir que en el e-mail anterior, al comentar la foto 7ª, de la portería, empecé a hacer un comentario que no terminé. Decía que “Tanto en esta foto, como en la anterior,…” (y esto lo añado ahora) se ven las dos columnas antiguas de la entrada . Más tarde, a finales de los 60, creo, la entrada se hizo más ancha y las dos columnas, más sólidas, sostenían un portón de dos hojas de madera, que se verá en alguna foto posterior. La columna de la izquierda, según se entra, recibió varios golpes de vehículos que se descontrolaron en la bajada. El primero que recuerdo fue un carro con uno o dos mulos, cargado de madera de una tala de eucaliptos, que terminó empotrado contra la columna y el pobre mulo o los mulos reventados. Más tarde, una pareja de guiris (creo que americanos) inquilinos de la Casa del Gallo, que se bebían más de una botella de Fundador al día (gracias a lo cual nos hicimos con una colección de discos de lo más variopintos que te regalaban por cada 5 o 10 tapones que entregabas), bajaron a toda velocidad, chocaron contra la misma columna, que hizo de lanzadera y terminaron empotrados en el murete de la entrada del Colegio de las Teresianas. El matrimonio murió en el acto y la asistenta que iba en el asiento de atrás, aunque herida de gravedad, pudo salvar la vida. Yo ese día venía del colegio y subía por la escalera de piedra de mi casa y vi perfectamente bajar el coche a toda velocidad y al momento oí el ruido de los dos golpes. Mi madre no nos dejó bajar hasta que habían sacado a la herida y levantado los cadáveres. Recuerdo, yo muy chico, impresionado al ver el coche destrozado y los rastros de sangre todavía fresca. Pero más me impresionó o me repugnó, si cabe, el comentario de uno de los mirones que dijo: “¡qué pena de coche!”.

LA CAÑADA-ÁRBOLES 1919-0001

(ÁRBOLES 1919) es un peculiar inventario de árboles, que hace un tal Gallardo, del primer trozo de finca que compran los abuelos (la parte alta). Por ej: “garrobos” “ensinas”…

LA CAÑADA-CASA CHICA0001

(CASA CHICA). Otra vista de esta casa. Se puede ver el lavadero, el depósito de agua,el llano, el inicio del túnel sobre el que había una plataforma de cemento que nos servía de guarida en el poli-ladron, las dos pequeñas columnas que había en el arranque de la escalera a la Casa Grande, en las que se contaba y “salvábamos la valla por mí primero y por todos mis compañeros” …

LA CAÑADA-CASA GRANDE-20001

(CASA GRANDE) es muy parecida a otra u otras anteriores. Simplemente la pongo porque se ve arriba a la derecha una pequeña construcción en la ladera del monte. Allí creo que vivió alguien, cuando compraron la finca (no sé si Gallardo el del inventario). Las ruinas de esa casita la vimos después muchas veces cuando jugábamos por allí.

LA CAÑADA-CASA GRANDE-RAMPA 2º PISO-0002 (CASA GRANDE RAMPA). La rampa (no escalera) que servía de acceso al piso superior.

LA CAÑADA-COMEDOR CASA GRANDE0001

(COMEDOR CASA GRANDE)LA CAÑADA-ENTRADA TERRAZA DESDE POZO0001

 (ENTRADA CASA DESDE POZO). Entrada principal desde la rampa de acceso.

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Una vista de la Casa Grande ya abandonada en el año 73

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Una vista del monte tomada en 1948 desde una ventana de la Casa Grande. Se pueden ver pinos piñoneros, alguno de los cuales conocimos, y la repoblación de pinos todavía pequeños.

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La Portería.

Y ahora, la curiosidad:

Nada tiene que ver con la Cañada, pero creo que os puede gustar porque aparecen muchos parientes. Se trata de una foto del Colegio de San Estanislao (El Palo) a principios del S.XX. Según aparece al dorso…

COLEGIO SAN ESTANISLAO

En la 1ª fila de arriba y de izquierda a derecha: Avilés, Eduardo Shaw, Pedro Esteban Beyle, José y Fernando Pérez del Pulgar, Valdecasas, Torres, José Antonio Nuñez de la Barca, Carlos Huelin Gª de Toledo.

En la 2ª fila: G. Bentabol, Jorge Huelin GT., Carlos Huelin López, Ravé, Jacinto del Río, Arturo Shaw, Isidro Escobar, Gabriel Garrido, Perico Núñez, Sebastián Portillo, Perico Huelin (¡López?), Narciso Suárez, Ricardo Suárez.

En la 3ª: Perico Pérez del Pulgar, F.Cuberta, Chinchilla, Juan Huelin García de Toledo, del Río, A. Luque, Matías Huelin García de Toledo, Evaristo González, Dominguez, Torres. En la 4ª: R. Maury, Rosendo Rodríguez, José María Souvirón Huelin, Carlos Werner, Joaquín Huelin García de Toledo, R. Caffarena, A. Werner, P. Olson, Luis Suarez, L. Maury. En la 5ª: Javier Huelin García de Toledo, Paco Pérez del Pulgar, R. Suárez, Alcalá del Olmo, __________, J. Krauel, Roldán, ________, J.P. Mangas, José Montero- Ríos Souvirón.

Esperamos que os haya gustado.

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CONSIGNAS FAMILIARES.

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CONSIGNAS FAMILIARES.

(Para Fernando)

“Dijo que no estaba equipado para la vida
porque no tenía sentido del humor”.
(J.D. Salinger)

Tengo la inmensa fortuna de haber nacido en el seno de una familia con un prodigioso y fantástico sentido del humor. Un sentido del humor que nos ha regalado multitud de momentos inolvidables de risas y sus posteriores réplicas en forma de anecdotario. Pero que también no pocas veces, y por lo inoportuno lo digo, nos ha proporcionado muy malos ratos puntuales e indeseados. Aunque he de reconocer, sin embargo, que estos “malos ratos” a la postre resultaron, una vez pasados, los más hilarantes y los más disfrutados. Los más comentados a posteriori, ya te digo.

1
Tendría que dejar de lado la modestia, la vanidad y la autocomplacencia; pero debo de indicar, no tengo más remedio, que la familia Souvirón siempre dispuso de una chispa especial y una ironía fina, sagaz y muy personal (a veces al filo de la inconveniencia); y sobretodo, una prolija imaginación rápida e ingeniosa. Pido disculpas por la presunción que raya la soberbia; pero consideren lo que acabo de decir acerca de lo del dejar de lado, al principio de este párrafo.

3
El sarcasmo, el doble sentido, la mordacidad y el saber, casi siempre, cuando es el momento oportuno de soltar la chuscada, fueron siempre los invitados perennes en nuestras reuniones de familia. De modo y manera que cuando algún invitado compartía velada con nosotros –fuese amigo o pretendiente a entrar en la parentela– debía de estar al loro, súper atento y rápido con la oreja y la risa dispuesta para no quedarse más colgado que una percha, pues si se distraía, le era imposible sumarse a la “demencial conversación”; porque los chascarrillos y las bromas fonéticas iban siempre, hilvanadas y estrechamente unidas la una con la siguiente; y la siguiente con la que tocaba. Debo de indicar, que una vez empezada la demostración surrealista, esta podía durar más de lo humanamente soportable para aquel no acostumbrado a la verborrea sin control y a la locura colectiva.

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Había en la familia, diversas consignas familiares. Estas consignas, en forma de palabras inventadas, en gestos ya consolidados en nuestro entendimiento por la costumbre, o en ruidos ininteligibles (una verdadera lástima la imposibilidad de reproducirlos por escrito) nos permitían un lenguaje personal e intransferible que nos proporcionaba, tanto en público (los más hilarantes y exasperantes ) cómo en privado, incontenibles y maravillosos ataques de risa.

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Pongamos ejemplos:

Cuando en una reunión externa, alguien cometía un “lapsus linguae” es decir, un desliz del lenguaje tipo: ” Y claro, como no había comido, pues al pobre le dio una lipotómia”. Inmediatamente, cualquier miembro de la familia, alzaba el cuello cual perrito de la pradera; miraba de soslayo al que estaba al lado y doblando el labio superior hacia la izquierda y el inferior hacia la derecha, hacía un mohín perfectamente reconocible y que nos indicaba a todos los que estábamos “El palabro”. Palabro, que por supuesto, todos habíamos cazado al momento.

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Si el desliz de lenguaje era de los llamados de “rima grosera” o, sobretodo, de doble sentido, jamás se decía eso de “Premio!” o se le contestaba de forma “mal asonante”. Nunca. Nunca, nunca. Sólo se pronunciaba una palabra: “morse”. O su variedad más sonora “samorsa”. Por ejemplo: Un conocido (y refiriéndose a su mano vendada a causa de un golpe… le decía a mi padre: ” Y entonces, Don Fernando, al meterla, se me puso gooorda, gooorda, gooorda y tó morá!” El señor herido, se extrañaba, y fruncía el ceño al oír espontáneamente y por lo bajini, algo así como un “samorsa” y una incontenible retahíla de gruñidos producidos por la risa irreprimible con las bocas apretadas como puños y las venas de las sienes hinchadas y a punto de estallar.

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Otro: Cuando alguno de nosotros – no siempre voy a poner de ejemplo a alguien extraño– decía pontificando o indicando algo de manera auto elogiosa, solíamos ponernos la servilleta encima de la cabeza (algo habitual) pero acompañando el gesto con otra exclamación. En este caso, un sonoro… “wachu wachu wachu”. El hablante, sabía en ese momento que debía de cambiar el discurso, porque intuía lo que se le podía venir encima. Los invitados, ante esta unánime reacción, flipaban en colores.

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Había palabras especiales que explicaban de manera concisa cuando una cosa era gustosa y primorosa; confortable, cómoda y acogedora. Una de esas palabras era “senne”. Decir “senne” (y su superlativo “senenne zacatín”), era indicar de una forma rápida y aclaratoria, todos los sinónimos que acabo de nombrar.
“!Que senne se está aquí!” Decíamos cuando en días de lluvia, estábamos en casa echando una partidita de Póker o de Continental, al amparo del tormentón con estufa catalítica, té y sándwiches de lechuga, pepinillos y mahonesa preparados para la ocasión. Después, dejémonos de mariconadas, nos abrazábamos al noble arte de la libación en su variante escocesa.

Ben Goossens - Tutt'Art@ - (46)

Sigamos.

También se podía describir una acción cotidiana de una forma culta o de una forma directa y basta. Bastante basta, diría yo. Pongamos otro ejemplo; ahora conmigo mismo: Si estábamos sentados en la mesa almorzando, y a mí me encantaba algo muchísimo y no paraba de tragar, mi Tío Ignacio –que vivía con nosotros y era un intelectual– exclamaba, “Que barbaridad, Alvarito! comes cómo Heliogábalo” (un emperador romano preso de la gula) pero también mi madre, para ahondar más en la observación, completaba la especificación de una manera absolutamente descriptiva: “El niño éste se come el desperdicio de un tinao” menos sutil que Tío Ignacio, pero mucho más gráfico sabiendo que un tinao es el sitio donde se guardan las vacas. Y los desperdicios… pues ya se imaginarán ustedes cuales eran los desperdicios.

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En fin… un montón de palabras y de situaciones tales cómo: “A poblemate” era que debíamos ponernos a estudiar. “La Pedorreta” el primer coche que tuvo mi padre. Dicho nombre era debido al ruido que hacía éste cuando arrancaba. “Muerde mi prima” cualquier chica mona que pasara a nuestro lado y en la que había que fijarse; y “La Roulotte” (vulgo la ruló) el culo que manejaba “Mi prima”.
Cualquier niño no avezado en el retozar caprino por los montes de Málaga (yo, a pesar de lo que me decía mi Tío Matías, tengo titulación por los montes de Gibralfaro, Tres Letras y San Antón) cualquier niño no avezado en eso del triscar, decía, era llamado “Señorito de Piso”. Los modernos muy extravagantes en el vestir, “Chicos descarriados” ; los sombreros grandes “Castrojas” y los Pictolines “Caramelmus”. Y en mis largos paseos por la playa con mi padre, íbamos siempre en busca del “Gran Cipotudo” No porque éste estuviese muy bien dotado (que también) sino porque iba siempre armado de un largo palo acabado en punta. (Las historias inventadas por mi padre eran tan surrealistas cómo divertidas).

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Bueno… Y ustedes –si pacientemente han llegado leyendo hasta aquí– se preguntarán… ¿Y a mí que me importa y a qué viene esto? Pues verán, viene a que cómo este blog es mío, y hoy me ha intervenido la añoranza familiar, inserto esto porque me sale del “nípero” y que lo que escribo, lo escribo tranquila y pausadamente, porque ni tengo prisa, ni quien me la meta. “Samorsa!!”. La prisa digo.

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Nota: Las imágenes que ilustran este relato,

son obra del artista belga Ben Goossens

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LAS CINCO FIRICUSTANCIAS

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LAS CINCO FIRICUSTANCIAS

 

“Yo soy un gitano fino, fino fino filipino
que con muchas firicustancias,
pero con muchas firicustancias
que a mí me tratan como a un vecino.”

(Pedro Pubill Calaf, Peret)

Verán ustedes: No sabía yo bien como contarles este sucedido. Así que después de meditarlo un rato al relente, créanme en serio eso del relente, pienso que lo más mejor será el narrarlo por medio de estas cinco firicustancias que ahora les enumero y dicto.

Ustedes hilarán, y ya me contarán. A ver:

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PRIMERA FIRICUSTANCIA:

Estoy padeciendo desde hace casi una semana un inoportuno y contumaz proceso gripal que me tiene abocado –entre dolores y desconsuelos– al camastro y/o al sillón de mi salón; eso sí, en el salón, con la insoportable e ineludible compañía de Paz Padilla y su panda de encanallados colaboradores. (No pregunten pliss)

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SEGUNDA FIRICUSTANCIA:

Para esto de las enfermedades que requieren encame y/o reposo, dispongo desde hace años de un pijama (Santa me lo compró por si un día me hospitalizaban y no era plan de permanecer allí con pantalón corto pasado de puestas y camiseta costrosa que es lo que yo, habitualmente, uso para dormir) un pijama decía, que reposa desde tiempos inmemoriales, debidamente doblado y olvidado, en un cajón del armario de mi dormitorio.

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Ítem más; reposa el mismo tiempo e igualmente, una bata que me compró mi madre en Melilla hace ya cómo cuatro lustros (20 años para los que son de letras) y que no me he puesto sino en un par de ocasiones a lo sumo. Lo que se dice, más o menos, una vez por década (10 años para los que son de letras).

Sigo…

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TERCERA FIRICUSTANCIA:

Mi hijo –Cigalowsky Gorgonzola– se ha ido esta misma tarde a un viaje de ocio con unos amigos a Ámsterdam. La broma en la familia estos días era… “Y yo que voy a hacer sin ti con ésta (con Santa) yo sooooloooo? Tu madre me la va a liaaar!!! “ decíamos entre risas.

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CUARTA FIRICUSTANCIA:

Debido al estado de resfrío y ataviado con el citado pijama y la maldita bata, me dispongo hoy sentado en el salón –una vez que se ha ido Cigalowsky – acompañado de Kiko Mataporros y de la insigne María José Campanario anunciando alcachofas; pasando la tarde cómo puedo y como Dios, en su infinita sabiduría, me da a entender.

Bueno… Y por fin, llegamos a la…

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QUINTA FIRICUSTANCIA (y la resultante de las cinco):

Santa estaba despendolada –imagino que para distraer su cabeza de la ausencia del ínclito Cigalowsky– poniendo lavadoras y tendiendo la colada al frescuelo de la azotea del edificio de vecinos donde vivimos. Un par de ellas al menos.

En la última tanda, me dice…

– Gordooo… Tú me acompañas arriba que es ya de noche y no me gustaaa?
– Claro mi amor! Respondo yo ignorando lo que se me venía encima. Toso.

Cojo la bolsa de ropa lavada. Toso. Mi mujer coge la bolsa con las pinzas y las llaves de la azotea y le digo, mientras la Campanario lanza un mensaje conciliador a la madre de Andreíta y alaba las propiedades de la alcachofa… O al revés…

– Chica… Has cogido las llaves de la casa?
– Sí! responde ella y cierra la puerta. PLAM!

Inmediatamente, ya en el descansillo de la azotea, me dice:

– Gordo, que me he equivocao! que estas son las llaves de la casa de Fernando. Bueno, no pasa nada! se las pido ahora a Mariví (la vecina).

Toso.

En ese momento oigo yo una puerta que se cierra abajo y el ascensor que desciende.

– Chica: Que me parece que Mariví se ha ido! .
– Que va!!! están en su casa. Seguro!

Entramos a la azotea. Mi mujer vestida de sport con un chándal muy casual; y yo, que me parezco al Puto Pedro, con mi bata y mi pijama vintage. Ah, y con mis Crocs, para terminar de enamorar y de arreglar la vestimenta.

Un ratito después –y yo ya con un puntito incipiente de ganas de mear– nos disponemos a bajar.

– Chica, pídele tú las llaves a Mariví que no quiero yo que me vea con esta facha!
– Vale!!! Ahora te aviso.

A los seis interminables minutos una trémula voz desde abajo me llama y dice:

– Chatooooooo…. No están!!!
– Ein?
– Quenostán!
– Ein? Toso.

Me echo a morir y se me afloja aún más la vejiga. Toso.

– Llámala por teléfono, cohoness!!!! Toso. Toso. Toso. Menos mal que ella sí tenía el móvil. Yo no. Toso.

Llama a la vecina, pensando que esta abajo en la calle, que se ofrece a volver desde el centro; pero se nos ocurre que lo mejor es llamar a nuestra hija que dispone de juego de llaves y que vive en Pedregalejo. Bastante más cerca de la casa. Y eso hacemos.

Yo, que me pongo nervioso, pues las ganar de mear ya se tornan pelín inoportunas, toso y planteo estrategia y mi mirada se posa en un macetón con una palmera que adorna el rellano (de mi propiedad todo hay que decirlo) y que llevo criando desde hace años. La palmera, que se lo huele, me mira con ojos de gatito de Shrek.

A los quince minutos, llega mi hija y puedo ya bajar (tosiendo) desde el rellano de la azotea, muy derecho y digno –por si alguien me ve–  meándome horrores y me meto en la casa corriendo por el pasillo en dirección al cuarto de baño oyendo desde arriba el suspiro de la palmera aliviada que no pasaba tanto miedo desde que tuvo un affaire con un escarabajo picudo rojo.

Y dirán ustedes… Esto es una trola del Father que todo se lo inventa. Pues no! He aquí las dos pruebas:

Una imagen en la zona Norte

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Y otra en la zona Sur.

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Lo que yo te diga!!
En Málaga. Circa 2016

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HASTA SU ÚLTIMO SEGUNDO.

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HASTA SU ÚLTIMO SEGUNDO.

Estuve con él hasta su último segundo. Lo que yo os diga. Vi cómo exhalaba la bocanada final del aire que la vida –tan ingrata y desafecta cómo es a veces– le negaba con la generosidad requerida. Fernando, mi querido hermano Fernando, ha cogido el camino final y definitivo; y lo ha hecho, cómo es propio de él: La mitad a pie y la otra mitad andando, que ya tenía ganas el pobre mío de estirar las piernas.

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El cabeza de familia cómo a él le gustaba autodenominarse – yo para chincharlo, le decía que en realidad era el cabezón de la familia– mi queridísimo hermano mayor, ha descansado (por fin) conclusiva y determinadamente. Falta le hacía.

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A diferencia de algún otro que no merece salir en esta entrada, Fernando, siempre estuvo a nuestro lado. Siempre al lado de mi familia. Y en aquellos momentos, los más dolorosos de mi vida, me acompaño y me consoló. Perennemente. A todo mi núcleo familiar. Fue un bálsamo reconfortante y reparador; un incansable dador de frases de aliento, de esperanza y de tranquilidad. Puede, que de aquellos días desgarradores y desesperanzadores, venga ese amor inquebrantable y firme que le han dispensado siempre mis hijos y mi mujer; y que aún –y por voluntad propia, por siempre jamás–  le otorgarán.

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Acabo de decir que la vida es ingrata y desafecta; pero también, es puta y es malvada. Porque para rizar el rizo del dolor, ha otorgado a la más fiel valedora de mi hermano, la indeseada, constante e insaciable compañía de ese padecimiento que, obligadamente, impone la ausencia de la razón, del discernimiento y de la memoria. Aunque –y me corrijo a mí mismo– pensándolo bien, pensándolo mucho más tranquilamente, quizás la vida no sea tan mala al fin y al cabo; porque puede que, apiadándose de los dos, haya obligado al destino –cómo el Dios de los cristianos–a escribir derecho con los renglones torcidos.

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Se fue Fernando, acompañado por el dolor inconsolable de sus predilectos. Con las manos estrechadas y con el sonido del silencio roto, por algún débil gemido incontrolado y escapado de la boca de sus hijos y de algunos otros inquebrantables seres queridos.

Doy gracias a la muerte porque al final, fíjense Uds. fue más generosa que la vida y le proporcionó un tránsito apacible y tranquilo hacia su domicilio final. Allí pondrá derechos los cuadros colgados en las paredes. A ordenar todo lo ordenable. Descansa en paz querido hermano. Descansa en paz. Te lo mereces. Te querré siempre hasta mi último segundo.

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Esto que viene ahora (HERMANO MAYOR) es una presentación que le hice en su día y que está musicada con una de sus canciones preferidas: Waltzing Matilda. Cómo la madre que nos parió.

Pinchad aquí:

HERMANO MAYOR

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Y DICE NERUDA…

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Esta entrada, referida a la poesía erótica de Pablo Neruda, iba a ir sin más. A pelo. Sin prolegómeno alguno que distrajera la atención sobre la palabra del poeta chileno. Pero como las circunstancias, las penosas circunstancias, mandan, y resulta que Neruda era un buen amigo de mi tío, el también poeta y escritor José María Souvirón Huelin, y como, desafortunadamente, ayer falleció su hijo –y primo hermano mío– Álvaro Souvirón Price (él tiene la culpa de mi nombre) quiero dedicarle esta entrada a él y a su recuerdo. A la familia.
Descansa en Paz. Ya estáis juntos.

***

Y DICE NERUDA…
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

***
Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

***
Veinte poemas de amor y una canción desesperada,1924, poema I

***

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LOS COMERCIOS DESAPARECIDOS DE MÁLAGA

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Una vez más –me suele pasar con los evocadores y emotivos artículos de Guillermo Jiménez Smerdou– cuelgo en este blog un paseo suyo por la Málaga ausente. Si antes fueron los bares, esta vez son –los que se reflejan en esta infausta nómina– los establecimientos que dieron brillo y esplendor al centro de la ciudad; negocios que hoy, triste y lamentablemente, están desaparecidos. Tiendas y locales –a partir de los primeros años setenta son los que a mí me intervienen– que oyéndolos citar, y situándolos en su justo emplazamiento, me retrotraen a una época que ya sólo habita en la memoria y en el recuerdo más querido y afectuoso; y, que también me provocan –qué le vamos a hacer– unos sentimientos encontrados: una indeseada mezcla de añoranza, melancolía y tristeza.
Este es el magnífico artículo publicado en el Diario La Opinión de Málaga por el citado Guillermo Jiménez Smerdou. Una exquisitez entrañablemente rememorativa.

LOS COMERCIOS DESAPARECIDOS DE MÁLAGA

Un paseo por las calles del Centro para recordar tiendas que han desaparecido y que formaban parte de nuestras vidas.

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Dicen que en Málaga los comercios no duran más de dos generaciones. Cuando muere el fundador, el comercio pasa a manos de los hijos…, y salvo casos excepcionales la empresa desaparece porque o los hijos no han sabido mantenerlo o porque los nietos han dirigido su vida hacia otras metas. Comercios de gran arraigo en nuestra ciudad durante medio siglo o más acaban por sucumbir. Resulta facilísimo relacionar los comercios, las industrias, los talleres…, que han desaparecido de la geografía local.

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Sin entrar en los detalles, o sea, en los porqués de su desaparición, basta con repasar los establecimientos que tenían su sede en las calles Larios, Nueva, Especerías, Granada, Calderería, Martínez y las plazas de la Constitución y Carbón para respaldar mi aserto.
De la Calle Larios, por ejemplo, la más comercial de Málaga, han desaparecido estos últimos años tiendas, comercios y negocios que durante mucho tiempo fueron cédula de identidad del centro, estampa y reclamo para la sociedad de consumo. Me vienen a la memoria los nombres de Gómez Mercado (tejidos), Gómez Raggio (gran almacén), La Cosmopolita (cafetería), Temboury (ferretería), Ana María Florido (corsetería), Farmacia Central, Alitalia (la primera compañía aérea italiana), Romero (regalos), Calzados Segarra, La Mar Chica (cervecería y después Martín Luque, bolsos y cinturones), Cosmópolis (ultramarinos), Moragues (confecciones), Confecciones Rosaleda, Librería Imperio, Óptica Entrambasaguas (ahora Barbarela), Café Español, Ricardo (coctelería), Gámez (confecciones), Lis (regalos, mantillas, abanicos), Morganti (cristalería), Rodolfo Prado (radios, televisores, deportes), Oficina de Turismo, La Chavalita (cafetería), Geles (confecciones), La Palma Real (cervecería), Casa Rueda (electricidad), Bazar del Fumador (después Trapos, pantalones, vaqueros)…

11659237_10204486372747112_2576973123158073157_nTambién cerraron sus puertas el centenario Círculo Mercantil, lugar de encuentro de los comerciantes malagueños, y el Hotel Niza, de larga tradición en nuestra ciudad. Alguno se habrá perdido en los recovecos de mi memoria. Creo que los únicos que resisten el paso del tiempo son Casa Mira con sus helados y turrones, la Joyería Marcos y la Farmacia Mata.
De los bancos y cajas no entro porque es otro mundo y aguantan todo lo que haya que aguantar ya que manejan un artículo de primerísima necesidad: el dinero. Si no hay bancos, malo.

De la Plaza de la Constitución desaparecieron Memphis (confecciones), Marmolejo y Espejo (mercería, perfumería…, después se separaron y quedaron dos establecimientos diferentes, que también dijeron adiós), Casa Ortega (óptica), La Costa Azul (tejidos), La Estrella Oriental, Páez (abanicos), la Librería Cervantes, una tienda de quincalla o mercería y hasta una lechería que estaba adosada al edificio de la Sociedad Económica de Amigos del País. Permanecen la farmacia Utrera y un taller de relojería.

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Si nos pasamos a la Calle Nueva, pisando el primer tramo de Especerías, echamos de menos García Larios (camisería y confecciones), Narváez (joyería), el 0,95 (todo se vendía a 0,95 pesetas, antecedente de las tiendas Todo a Cien)…; y, al entrar en Nueva, ya no están la tienda de las maletas, Calzados Mallorca, Rojo (sastrería), Álvarez Fonseca (gran almacén), Ricardo Sánchez (papelería), La Ibérica (librería), la farmacia Guerrero Strachan, La Casa de las Colchas, Almacenes Robledo, Charín (perfumería), Lopera (camas y cunas), Hebilla (bisutería y abanicos), Valero (camisería y ropa masculina en general), Martín Prado (confecciones), La Imperial (confitería), Mantequería Arias, Foto Blanco, una tintorería, Villén (confecciones), Sedeño (camisas, corbatas, calcetines), Tudela (confecciones, que fue de los primeros en usar bolsas de plástico con el logotipo del establecimiento para envolver las prendas que vendía)…

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hasta llegar a la esquina con la Plaza de Félix Sáenz, donde había una ferretería en la que se anunciaba un pegamento excepcional mostrando un objeto roto y pegado con el producto anunciado que soportaba el peso de un adoquín de los utilizados para pavimentar las calles y que hoy los antisistema, en las llamadas manifestaciones pacíficas, lanzan contra las fuerzas del orden público que no pueden defenderse porque son tachadas de antidemocráticas, violentas y represivas.

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El único superviviente, como en el caso de calle Larios, es Casa Mira, que es incombustible para bien de los ciudadanos por sus exquisitos productos.
Y de la plaza de Félix Sáenz desapareció el establecimiento que da nombre a la plaza (un gran almacén), Mascota (mercería), una tienda que vendía huevos, una confitería… Se mantiene ultramarinos La Mallorquina.

Puerta del Mar
Si nos detenemos en Puerta del Mar queda Anglada (confitería), el estanco y la farmacia de la esquina con Martínez. Dijeron adiós, entre los que yo recuerde, El Pequeño Bazar (ultramarinos), una panadería, Papelería Álvarez, La Campana (taberna), García y Zafra (sanitarios y solerías), Foto Wandre y la tienda de comestibles La Cubana en cuyo escaparate durante años y años se exhibió hasta la desaparición del establecimiento una botella de un extraño licor en el que se conservaba en alcohol, nunca mejor dicho, un hermoso lagarto. Desconozco si alguien llegó a comprar alguna vez una botella de aquel licor nada apetecible por el hermoso ejemplar de lagarto.

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¿Qué queda de la Calle Martínez de hace años? Los Almacenes Masó voló por los aires tras caerle encima una bomba durante la Guerra Civil. La gran tienda de ultramarinos también pasó a mejor vida, como una ortopedia, la tienda Todo para la mujer, el café Negresco, la peluquería de Diego García, un establecimiento que solo vendía café, el Banco Rural Mediterráneo (como uno de sus promotores fue Rodrigo Vivar Téllez, veleño, que fue gobernador civil de Almería, la gente lo denominaba Banco Vivar de Rodrigo Rural), las famosas pensiones La Lojeña y La Flor (comidas y camas), las tiendas de moda Patricio y Silvia… De la gran ferretería se hicieron dos, de las que queda una sola. Aguantan el ciclón Juan de Dios Barba (tienda de quesos, jamones y bacalao) y la Droguería Ávila. De Alarcón Luján desaparecieron VARTA (lámparas), la agencia Nieves, Hogar y Jardín (muebles de jardín)…, salvándose de la huida la tienda de estilográficas, ahora bolígrafos.

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Continúa el paseo
De la Alameda ¡ay¡, ya no están el garaje Virtudes, el de las bicicletas Sánchez Ramos, el bar Valladolid, el café Cruz, Teide (pollos asados), La Competidora (ultramarinos), dos ultramarinos de los Ramos que regentaron La Cubana en Puerta del Mar, una guarnicionería… Pero está, como siempre, la Antigua Casa Guardia. El hotel Londres, rebautizado como Hotel Lisboa por motivos políticos, pasó después a Atarazanas. Su marcha dio paso a la ONCE, que de la calle Granada pasó al edificio que albergó el hotel de los dos nombres.
Podría seguir el recorrido por otras calles del centro, como Liborio García, donde estuvo Wolworth, que los malagueños identificaban como «la Volvo» y donde a la hora de la merienda se daban cita muchas señoras para ponerse moradas (y gordas) ante las ofertas de los dulces de nata, y donde estaba Mateos, la librería de viejo; la plaza del Carbón con el estanco conocido por «la perdición de los hombres», María Manín (con unas tortas del mismo nombre y cuya receta se llevó a la tumba la creadora), la cafetería Arizona, la primera que despachó perritos calientes; Molina Lario, donde se instaló TAISA, la tienda de electrodomésticos donde los malagueños pudimos ver por vez primera la televisión y acceder a la compra de los frigoríficos Kelvinator;

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Plaza del Siglo y calle Calderería, con la papelería Fin de Siglo y la nueva sede de Charín, la relojería de Brinkmann, Zulaica (deportes y caza), una administración de Lotería, Fran (confecciones), el cine Goya, Braun, curtidos Minguet, La Predilecta (confitería)… Y de la plaza de Uncibay, Calzados Ramírez, Foto Cristóbal Velasco por cuya galería pasaron las mujeres más guapas de Málaga…

Colas por los libros de texto
De aquel mismo sector desaparecieron la perfumería Maru, Almacenes El Águila, el primero en la confección de trajes de caballeros; Casa Polonio, Holanda Radio, Hotel París… En Santa Lucía destacaba la librería Denis, una institución en el mundo de las letras, con largas colas a principios de curso porque los niños de media Málaga adquirían en Denis los libros de texto y que cuando abrió sus puertas ofertó la colección completa de Austral.

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No es bueno ni malo evocar el comercio de una época fenecida; simplemente otras firmas, otros empresarios y sobre todo franquicias de firmas internacionales, han arramblado con todo. Lo que sí es cierto que las calles citadas, salvo las excepciones recogidas y las que he olvidado seguramente, ya no tienen personalidad propia porque los establecimientos son los mismos que están en las grandes capitales españolas y extranjeras ya que, repito, son franquicias de firmas internacionales. Las tiendas de las calles céntricas de Málaga son las mismas que uno puede encontrar en Madrid, Londres, Berlín, Roma… porque están en manos de las multinacionales.

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Apostilla del Administrador del blog: La Tienda Fernández Escobar  “La Casa de las Lámparas” fue un negocio -que al estar muy próximo al domicilio de mi niñez, sito en la Plaza de los Mártires- forma parte muy importante y querida de aquellos tiempos. La amistad del propietario de dicha tienda, con mi padre (recuerdo haber ido allí en muchas ocasiones) y la posterior mía con sus hijos Salvi, Carmen y Antonio Fernández Laporte, la hacen aún más entrañable y especial para mí.

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LA FANTÁSTICA HISTORIA DEL FAMOSO VENTORRILLO DE LA PERRA

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LA FANTÁSTICA HISTORIA DEL FAMOSO
VENTORRILLO DE LA PERRA

“Un calañés por penacho
por cesión de una medusa
y por lambrequines usa
dos remos y dos cenachos.
Estas son, por real bigote,
las armas de El Jabegote.”

No me cabe la menor duda de que los gustos y las apetencias culinarias –con el paso de los años– no solo van cambiando sino que además ¡Loor y gloria al buen sabor y al refinamiento del paladar! se van ajustando a lo razonable y a lo sensato; pues vamos adquiriendo, en cuanto a las recetas ancestrales de nuestras madres, la justa y necesaria cordura. Lo platos que antes nos producían aborrecimiento y repulsión, ahora, con una edad moderada y un carácter más o menos lógico y racional, nos parecen la mar de apetitosos. ¿No les suena?

Pongamos ejemplos personales tan ilustrativos cómo absurdos y disparatados.

A mí, en mis años mocitos, mozo y poyetón, me resultaba un quinario insufrible el ingerir determinados platos maternos tales cómo el gazpachuelo, las lentejas, la cazuela de fideos, las sopas de ajos y las de naranjas agrias cachorreñas; no hablemos del horrendo y martirizante puchero… una serie de platos de cuchara que hoy, con el pasar de los años resultan , ya lo he indicado, que son los que más me apetecen. Pero no se crean Uds. que la cosa quedaba ahí; también desaprobaba y reprobaba las comidas de ventas y paradas de los caminos; de restaurantes más o menos refinados. Un perfecto maharón estaba hecho, tiene que admitirlo, el que suscribe.

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Recuerdo muy bien cuando, con mis padres, íbamos a comer a un pequeño restaurante en Los Boliches, llamado “Le Fiacre”, y allí, yo me negaba rotundamente a comer los deliciosos platos que servían y tomaba la actitud obstinada y tozuda del hijo del caudillo hispánico Sopalajo de Arriérez y Torrezno (René Goscinny dixit); es decir, cerraba la boca y amenazaba con morir asfixiado antes que doblegarme ante el terrible suplicio de comerme una (ahora me parece absolutamente apetitosa) sopa de cebolla con su huevo cuajado, su tostada de pan semiahogada en el caldo y un buen puñado de queso Gruyére sometido al martirio de San Lorenzo. Toda ella, servida –como es pertinente, necesario y oportuno– en cazuelita de barro ad hoc, que quemaba como los mismísimos demonios.

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Y no! No transigía. El imbécil gastronómico que me poseía, no transigía y prefería comerse una hamburguesa y un crêpe en “El Goloso” (también delicioso)) sito en el pasaje del mismo nombre junto a la Plaza de La Gamba Alegre de Torremolinos. Justo donde mis tíos Jorge Huelin García de Toledo y Tía Yiyí –gracias a mi prima Margarita por refrescarme la memoria– tenían un pequeño y coqueto anticuario. Cómo anécdota diré que aún conservo en el salón de mi casa un sofá de caoba de estilo isabelino adquirido por mis padres en aquella preciosa tienda.

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Bueno, sigo que se me va la olla. Ahora, a lo que vamos:

A principios de los años 70, mi tío Sebastián Souvirón, también conocido en el ámbito periodístico con el alias de “El Jabegote”, toma las riendas de un histórico restaurante (antigua venta) llamado “El Ventorrillo de la Perra” situado en el Arroyo de la Miel de Benalmádena. Allí se citaba lo mas granado de la familia Souvirón Huelin y adláteres; y distraídos por el verbo interesantísimo e inacabable de Tío Sebastián, degustábamos (yo poco, ya os digo) las afamadas sopas del Tío Cachorreñas; los ajoblancos, zoques y gazpachos. La Sopa Quitafollones o una carne al estragón y al hinojo según receta del propio Alfonso de Hohenlohe. Amén de otros platos y postres que ahora mismo vais a conocer. Después, la enriquecedora tertulia de la sobremesa que llegaba, en casos, hasta el oscurecer.

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Esto que ahora podéis leer es la Verdadera Historia del Ventorrillo escrita por mi tío el periodista y abogado Sebastián Souvirón Utrera, y que gracias a la oportuna cesión temporal de mi querido amigo El Cónsul de Portugal Rafael Pérez Peña, vais a tener la oportunidad de poder leer.

Que la disfrutéis!!!

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elemento-decorativo-floral_23-2147486718 ex libris Álvaro(Ex-Libris creado para sí mismo, por Father Gorgonzola, para prevenir posibles casos de saqueos, ratería y pillaje por parte de amigos poco dados  al dispendio dinerario y a la obligatoria costumbre de devolver los libros prestados)

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ISABELITA.

ISABELITA

mecanógrafa

Hace un millón de años, trabajaba con mi padre –en un organismo oficial– una chica pizpireta y recortadita llamada Isabelita.

Isabelita era, ya os digo, una mocita alegre y jacarandosa; bajita de cuerpo y entradita en carnes que estaba siempre risueña y predispuesta a alegrar a sus compañeros de trabajo con su chispa y su gracejo. Un verdadero portento de conversación fecunda e inagotable.

Aconteció que por aquellos tiempos –hablo ya de hace muchos años– la jovial e hiperactiva (antes se llamaba a eso “culillo de mal asiento”) Isabelita, realizó un curso de mecanografía rápida y a “mano completa” para prosperar en su trabajo subiendo de cargo y categoría. Así fue; Isabelita, con su titulito debajo del brazo, pasó a desempeñar en la oficina de aquel estamento oficial, el cargo de Administrativa Mecanógrafa.

Después de un par de años de darle a la tecla, en la acreditada Academia Almi, Isabelita estaba loca por demostrar a cada uno de sus compañeros su habilidad y rapidez; su perfecta e impecable ejecución en aquella negra Remington Standard Nº 12 de carro, papel de calco y campanita. Cada compañero que se le acercaba, caía en sus redes y se tenía que someter –más por complacencia y educación, que ganas– a la demostración “in situ” que manifestaría la perfección de Isabelita manejando la máquina escribidora.

remington

A todos y a cada uno. Menos al Jefe. Cada vez que mi padre pasaba por su lado –y advertido por los otros empleados– trataba de librarse de la tan temida exhibición.
Hasta que el destino –inevitable y cruel cómo es– le preparó una encerrona a mi pobre padre e Isabelita lo cogió de improviso de una manera ineludible e inexcusable.

  • Don Fernando! Don Fernando! Sabe Ud. que he hecho un curso de Administrativa Mecanógrafaaa?
  • Anda, que bien guapa! Estupendo, vaya!!. Buenoooo… Te dejo Isabelita que me tengo que ir a una reunión.
  • Don Fernando! Don Fernando! –insistió la novata mecanógrafa– espere Ud. que le voy a hacer una demostración!!! Dícteme Ud. algo muy rápido y largo! –le dijo–.
  • Isabelita, mujerrr que me tengo que irrrrr…
  • Don Fernandooo, por favoorrr…

Así que mi padre, un poco conmovido por la carita de pena que le ponía la muchachita, le dijo:

  • Vale. A ver, escríbeme tu nombre

Isabelita puso un folio en el carro de la Remington Standard Nº 12; rrrááss… rrrááss… rrrááss… bajó el papel. Desperezó el cuello. Cruzó los dedos de las manos y los estiró. También los brazos. Y en un santiamén, y con un rapidísimo tecleteo, ejecutó: tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac. Para, sin dejar de mirar a los ojos a mi padre, y con una pizca –todo hay que decirlo– de indisimulado orgullo, arrancó de un tirón el papel donde ponía, escrito en mayúsculas, su nombre: ISABELOTA.

Las carcajadas inevitables e incontenibles de mi padre se oyeron en todo el edificio; y, por supuesto, desde aquel día, la ínclita Administrativa Mecanógrafa, llevó el nombre de ISABELOTA hasta la tumba.

Aconteció en Málaga. Circa 1945

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