DIAS DE AMASQUILLOS

Contadas veces un post se sostiene solo como le pasa a este.  Sobran las palabras introductorias de este humilde escriba, pues toda la atención debe de recaer sobre el poema que ahora, viene a continuación. Un poema de una belleza extraordinaria.

Sonará, a mas de uno, algún retazo que se incluye en el “Blues de Rockberto” de los amigos Tabletom. Algún retazo solo, pues los textos de los temas del grupo amigo, rara vez  siguen al pie de la letra los poemas del autor por mor del encuadre musical.

Este es el texto integro que está dedicado a su amigo el filósofo Julio Quesada, tío que es del común Jose Antonio.

Leed lo que a continuación viene; no una, ni dos, sino tres veces -yo lo he hecho muchas más-  y veréis hasta donde podéis llegar a través de la palabra de Juan Miguel González. Ya lo veréis.

Lo dicho ni una sola palabra más. Me cuesta, pero lo hago…Y me callo.

DIAS DE  AMASQUILLOS

 

 

Porque ya no hay agüilis ni siquiera en Periana,

ni desde calle Ancha se escucha “El Melillero”,

porque nunca podré citarte en “La Campana”,

en portugués te silbo, Julito, este bolero.

 

Porque te recolgabas del coche de caballos,

y un canequi en el trole te dabas del tranvía,

por aquellas rabonas llegando el mes de mayo

(Venid y vamos todos con flores a María)

 

Por la Sigrid con trenzas -Colegio de Gamarra-

de noche atravesabas, sin luz, La Pellejera,

con zapatos Gorila de Calzados Segarra,

miopemente armado de espada de madera.

 

Eres lo que quisiste: un hombre a palo seco,

un mojado asteroide en Anís Machaquito.

Los pájaros buscaban el Sur de tu chaleco,

y el mar te coronó de boquerones fritos.

 

Robín de las canicas, Don Juan de Mortadela,

el Jabato con Dugan de aquellos futbolines.

En el pikú del barrio sonaba Maruzzella,

Y el Moderno otra de Eddie Constantine.

 

Silba la floreada del Cuerpo de Bomberos,

y dinos cuantas mónadas contiene el berberecho.

Contra “El fin de la Historia”, Armando Manzanero,

y por cada utopía dos pollos para el pecho.

 

Perenne en “Casa el Guardia”, una orla mereces,

cuya leyenda diga, en oro y tinta china:

“Las roscas que en Campillo no se comió, con creces,

Venus recompensó, aquí, con conchas finas”.

 

Que por igual te quieran las liebres y los gatos,

y tanto las mujeres, que parezca mentira.

Que retorne aquel niño de los viejos retratos,

que al puerto, de la mano, llevaba Doña Elvira.

 

Retorna siempre, Julio. Que no sepa Caronte

que por óbolo llevas Caramelos Quesada,

que estarás aspaíto por fumarte un Bisonte,

y el en Duque echarán “ La Túnica Sagrada”

 

 

JUAN MIGUEL GONZALEZ. UNA REUNION EN LAS NUBES

JUAN MIGUEL GONZALEZ.

UNA REUNION EN LAS NUBES

Porque  ya no hay agüilis ni siquiera en Periana,

Ni desde calle Ancha se escucha “El Melillero”,

Porque nunca podré citarte en “La Campana”

En portugués te silbo, Julito, este bolero

(Días de Amasquillos)

Eran las de la tarde 14:49.  Acababa de terminar esa comida de la que nadie se cansa nunca  como son las papas fritas con huevos y ajos cascarúos. Faltóme el gazpachito.

Sonó mi teléfono móvil con un número desnudo de nombre y uno  – suspicaz como es-  empezó a mal pensar. ¡Algún agorero dando malas noticias! me dije. O lo que es peor : ¡Algún maldito vendedor telefónico robotizado dándome por culo! –como acostumbran- por los alrededores de las tres de la tarde de cada día del Señor. Sin faltar ni uno solo.

Una voz cortés y educada me preguntó si yo era Álvaro Souvirón. Ahí está ya! pensé de nuevo; ahora viene el porculerío de la oferta irrenunciable del Adsl infinito y de las llamadas de fijo a móviles. O a la inversa, que nunca me entero. Será porque les cuelgo.

Pero me equivoqué. No era quien pensaba. Muy al contrario, mi interlocutor era -no por inesperado y singular, menos sorprendente- ni más ni más (aquí no cabe el menos) que el Poeta Juan Miguel González del Pino. Este, tenía la amabilidad, la gentileza de llamarme no solo para decirme que le había gustado la entrada (no autorizada) sobre su obra en este blog, sino para además, conociendo mi deseo, el ofrecerme generosa y altruistamente material suyo para posteriores posts.

Uno, que no está acostumbrado a hablar con semejantes arquitectos de la palabra, tuvo que hacer ímprobos esfuerzos para que no se le notara el nerviosismo, la emoción, y – porque no decirlo- el canguelo irreprimible e inevitable.

Quedamos para el día siguiente a las nueve de la noche en la Plaza del Obispo para conocernos en persona y hacerme entrega del material comentado a través del aparato telefónico (Que antiguo soy!). Yo, era incapaz de articular mas palabras que las estrictamente necesarias, a causa de una turbación aún no digerida ni explicable. Ni siquiera ahora.

Bueno explicable si! Pues pensaba sin razón que alguien que escribiese de ese modo, tenia que ser forzosamente, cuando menos, inaccesible; duro de tratar o de convencer.

Oh, por favor, soñaba… Si pudiese conseguir un libro suyo dedicado! Pensaba ilusamente. Una foto con el!!! Soñaba de nuevo.

Llegué a las nueve menos veinte minutos a la Plaza del Obispo. Me siento en Cheer’s y me pido un innoble tinto de verano; la noche anterior dormí con Ron Barceló. Y empiezo, nerviosamente, a mirar la hora -que parecía no  llegaba a su destino-  en el reloj de la torre. A esperar. Las manos me sudan. Sobre todo la derecha que es la que he de estrechar.

Llega a la nueve en punto. Le acompaña su íntimo Jose Antonio Quesada. A la postre otro enorme caballero.

Presentaciones y nos sentamos. Se piden ellos dos tristezas en forma de agua mineral ( Oh decepción ¿ Do aquellos poetas libadores de antaño?) y empieza la charla.

Casi dos horas que se me pasaron en un plisplás. Un recorrido por una Málaga literaria que no fue sino una fantástica lección magistral de poesía en particular. De literatura en general.

El nerviosismo inicial se transformó en agrado. Y el sudor de las manos, espontáneamente, se esfumó.

¿ Dos horas en un bar sin copas por medio ? No puedo llegar a creérmelo; no me di cuenta ni del tiempo que pasaba ni de la ausencia de espirituosos.

Juan Miguel González del Pino. Generosidad en rama -no puedo decir en bruto- es mucho más que el letrista de Tabletom. Muchísimo mas que el poeta canalla amigo del Barbero de Bob Dylan. Os lo puedo asegurar.

Traía un alijo literario para regalármelo. Un alijo que contenía un libro, que, motu proprio, me dedicaba y firmaba ante mi contenida y mal disimulada emoción. Mientras lo hacía, Jose Antonio tuvo  a bien tirarnos una foto para perpetuar el momento. Dos deseos cumplidos del tirón.

“Para mi nuevo- y espero que para siempre- amigo Álvaro Souvirón.

Con mi mayor afecto y gratitud. Un abrazo. Juan Miguel González”

Decía. 

¿Que más podría haber pedido esa tarde?…¡Todo lo que se me dio!

 De Cernuda a Chicho Sánchez Ferlosio con quien intercambié canciones una noche –le comenté- en Casa Cumpián. De Alberti a Don Francisco de Quevedo. Jorge Guillén y la anécdota de los basureros que se pasaban a visitarlo. Una charla ilustrativa que adobaba con lecturas de sonetos propios que – a los pies de la Catedral-conformaron todos ellos, una tarde inesperada e imperecedera en mi memoria. De Paco Pedraza  a Javier Espinosa. De Paco Cumpián a Fernando Merlo. Paco López Navidad y Julio Quesada. CTB yLa Cochera. Catetos en la Campana. Coronas de boquerones fritos. Los martes trece de nosotros mismos.

Un paseo por sus amigos poetas y por sus sitios. Muchos de ellos (los poetas y los sitios) infaustamente desaparecidos

Uno, que no es lo suficientemente versado en esto de la poesía (que apropiado) temía no llegar a entender medianamente claro lo que el poeta me quiere decir. Pero la voz de Juan Miguel González acompañaba y le daba el tono justo, la musicalidad exacta a las palabras para que estas me llegaran y me emocionaran.

Vengo de recordarte y malquererme,

la sien avergonzada, porque el tiro

en noche no cuajó, porque respiro

en todo cuanto quiere retenerme.

Partimos el alijo en dos. Lo devolvible y lo regalado. Dos partes desiguales donde la batalla la ganaba el botín que –ya para siempre- formaría parte, orgullosamente, de mi biblioteca. De mi corazón.

Nos despedimos con un fuerte apretón de manos. Inmediatamente seguido de un abrazo.  Adornado este con un beso. Sellando con esos tres gestos espontáneos una tarde que –estoy seguro- supuso un gratísimo rato para los tres. Para mí,  el que más. Desde luego que sí.

Así que –Quid Pro Quo– le comuniqué a Juan Miguel mi intención de establecer un rincón especialmente dedicado a él en mi página Ateneo’s Alas con Secuencias.

Me lo agradeció de inmediato sin recapacitar que, la gratitud- la inmensa gratitud- tenía que partir de mí, no de él. Que era, sin duda alguna, como debía de ser.

Y ahora, con la aquiescencia y el beneplácito del autor, del poeta, tengo material suficiente como para hacer alguna entrega que otra con su obra. Fíjate si me regaló, que hasta me dio permiso para publicar la letra íntegra de “Algo así como un Tango” que muy pocos conocen. Dos estrofas de regalo, pues.

Su último libro- este regalo de Jose Antonio- Visión de la Piedad.

También me regaló el único soneto a Torrijos. Y, por ser aún más generoso, me dedicó y firmó una letra que será canción -aún por salir- y dedicada a la memoria de Rockberto: Almuecín de las nubes. Perico «Tabletom» Ramírez anda en ello, según me dijo.

Y vuelvo a reseñar el honor que supone para mi que sea de primera mano el como me ha llegado este material.

Y tengo que agradecerle muchas cosas.

Tengo que agradecerle la charla amena y pedagógica que recibí en apenas dos horas. Lección magistral, ya te digo, de bonhomía y del  buen escribir. Por eso, tengo que  agradecerle  ese paseo por la Málaga desaparecida. También las confidencias – que sin tener que hacerlo- me hizo al desvelarme pinceladas de su carácter.

Tengo que agradecerle – sobremanera- esa lectura poética en petit comité  que para mí, realizó en la plaza del Obispo. Con la sola presencia de una catedral capitidisminuida en torres y con la mirada atenta y al quite de su gran y fiel amigo Jose Antonio Quesada.

No sabéis como voy a presumir de ese pase privado. No sabéis como. Fue como estar en las nubes. Sigamos en ellas. Y otra cosa Juan Miguel… Y hago mías tus palabra del maldito día…

“Reunir en una misma persona lucidez, rebeldía y timidez solo puede abocar, fatalmente en un artista, a la desesperación o a la santidad”

 Aplícate el parche, Maestro y… Fuera caballo! Que diría el Pedraza.

Nota Bene 1

Jose Antonio Quesada.

Ya me había avisado Juan Miguel de dos cosas: Primero de una timidez exacerbada – la misma que según el mismo- compartía con Antonio Abril.  Y segundo: su costumbre de reunirse los domingos por la tarde con su gran amigo Jose Antonio Quesada.

Jose Antonio es  otro animal poético; desconozco, -y se me perdone la ignorancia, que es mucha- si escribe o no. Ya sabéis de mi anunciada incultura  poética. Pero si puedo asegurar que no solo fue un partenaire excelente en el dato y en el comentario del poeta, sino que fue complemento directo y guía sugerente y eficaz.

Con un don especial para la paginación… Lee “ Esa hoja de roble” ¡Juanmi! En la página 59!

Recita “ Tu ausencia pura” en la página 31! Y así nueve o diez veces que fueron tantas como sonetos me recitó Juan Miguel.

Tuve incluso, en plena emoción, la desfachatez de llamar también Juanmi al poeta. Desliz que corregí de inmediato. (No volvió a suceder.)

Juanmi! Le dije sin pensarlo…Como coño se sabe las páginas???

No lo sé Álvaro-me contestó- pero cuando alguna vez he recitado en el Ateneo. Me susurraba desde la tercera fila..La cincuenta y ooochoooo….. La página cincuenta y ooochoooo…. Y allá iba yo, a la cincuenta y ocho y la recitaba.

La poesía de Juan Miguel, decía Jose Antonio, es la mejor que se ha escrito y que se escribe en Málaga- salvemos a Alfonso Canales-, apuntó. Pero nunca se ha vendido a las subvenciones ni a partido político alguno. Nunca le ha bailado el agua a nadie. Por eso –a lo mejor- lo tienen vetado en determinados círculos.

Pues peor para ellos!!! Dije. Solo que por esta circunstancia nos tienen también vetada a nosotros, la palabra de Juan Miguel, Y a eso- que quieres que te diga, no hay derecho.

Así que ahora estoy tremendamente dichoso, pues no solo he conseguido conocer al poeta. También al hombre. Y puedo aseguraros que es tan buena persona como escritor. Cálido y acogedor. Con un ingenio intolerable.

Un honor, Juan Miguel. Gracias por el buen rato pasado. Un honor.

No puedo terminar esto sin darle las gracias a Carmen Sánchez Romero: Mi Carmela. Quien me iba a decir que después de puntear  a tanto íntimo común del poeta iba a ser mi Carmela quien nos iba a propiciar el encuentro. Mil Gracias Carmela. Mil gracias.

Para terminar nada mejor que unas estrofas del maestro. Es como debe terminar este prolegómeno a su  rincón fijo que empieza ahora.

Árbol de azogue con uñas de gato

Para el suicidio de la golondrina

Dentro del hueso de una mandarina

Mi amor deshoja un triste boniato

 

Cepillo de tus dientes, perborato

Quisiera ser, y cándida aspirina,

Y mermelada de tu pan, y angina

De tu boca infantil de garabato.

 

Ponte las botas altas de corsaria,

Y aquellos cucos de licor perverso,

Y el tierno rimel de universitaria.

 

Dulce está el mundo, verde el universo,

Carigorda la luna  y libertaria,

En flor la calle y descorchado el verso.

                                                                                 (Muchacha del 68)

¿Qué os decia?

Nota Bene 2.

La foto primera que figura en este post, ha sido subrepticiamente afanada a su autor Bab El Ain de su blog Toto-Vaca. Así lo digo, para que así se sepa.

TABLETOM

TABLETOM

 

Parece ser que por fin, esta Málaga va dejando, poco a poco, de ser madrastra con sus hijos.

Por fin hace honor a su lema y se demuestra a si misma noble y hospitalaria. Por fin hace justicia con los suyos poniendo el nombre de un  grupo reverenciado en la ciudad a una de sus calles. Vivitos y coleando, que es la manera correcta de hacerlo.

Ya lo hizo, en su día, con el actor Antonio Banderas o con el entrañable poeta Manolo Alcántara. En vida. Y ahora lo hace con el grupo mejor y mas querido por el público malagueño: Tabletom. El más querido, repito, el mejor.

Al actor y al poeta los admiro profundamente. No hay duda de eso, pero a los músicos, además de admirarlos, les tengo un gran cariño, porque además de ser amigos, han sido compañeros de viaje musical desde que mi memoria tiene uso de razón.

Y ahora, por fin va Málaga, y deja de ser cainita con los suyos y pone en su sitio a estos hijos de la gran provincia. Situando a Tabletom con justicia en la posteridad del callejero. Calle Tabletom; suena bien. Sabe a chocolate.

 

He seguido a los Tabletones desde esos comienzos en los que daban recitales en sitios tan poco apropiados para la acústica como los salones de actos de los colegios. Recuerdo -y ya hace años- los conciertos de los Salesianos y del colegio de los Olivos, por poner dos ejemplos. Donde a golpe de chupitos de ginebra en vasos de plástico, y humo estancado, flipaba con los solos de flauta de Pepillo; con los tremendos riffs de Perico, las escalas imposibles de Jesús el bajo, los redobles de Nono y por supuesto, con ese chorro de voz rota del amigo Rockberto.

Mas tarde, llegaron muchos más conciertos y componentes. Aunque siempre permanecia el alma del grupo; los grandes: Rockberto, Pepillo y Perico.

Recuerdo con cariño dos anécdotas de Rockberto. Una de ellas eran las disertaciones acerca de Lindsay Kemp- creo recordar que dio unas clase magistrales de teatro o algo así con el  Maestro, y  nos explicaba a base de mímica lo que aprendió de el. Eso era en casa de Salvi -el Artista de la vida-

 

Otra vez  – entre muchas más que, por prudencia, no cuento- nos encontramos con él en la Plaza de La Merced. Mi mujer, mi hijo pequeño  y yo; Roberto se abalanzó sobre el chiquillo y se lo comió a besos mientas el infante era engullido literalmente  y desaparecía entre las barbas del cantante amigo.

 

Otra más:

No hace mucho, un intimo amigo, Quino, antiguo flautista, me contaba que yendo por la calle- impecablemente vestido de trabajo- se encontró también a Roberto  sentado en la misma Plaza de la Merced y le pregunto… Rockbertooo!!! Te acuerdas de mí???

Rockberto levantó la mirada. Vio al músico- ya te digo impecablemente vestido de traje y corbata- le hizo un ademán con la cabeza y meneó los dedos como si tocase la flauta en señal de que si! Que lo recordaba. Entonces, antes de que Quino dijese una sola palabra, le espetó:

Oyeee, y a ti… que te ha pasao?????  Genio y figura.  Quino no supo que contestarle.

Para los Hermanos Ramírez solo tengo palabras de admiración hacia su técnica y elegancia tocando saxo, flauta y guitarra. Impecables. Maestros que son.

Perico es, si acaso, más cercano a mí, pues nos frecuentamos de vez en cuando en casas de comunes. Aún recuerdo cuando no hace mucho, en una fiesta en mi casa, tocó unos preciosos estudios clásicos en una de mis guitarras. Una Ramón Marín del 72. Después se pasó a la Ovation y ahí, vencida mi verguenza gracias al alcohol,  nos tocamos un blues.

 

No he tenido en ningún momento la tentación de elaborar una mini biografía del grupo porque ya las hay por ahí a montones. Tan solo con este trabajo -que a continuación expongo- quiero manifestar mi alegría por el reconocimiento hacia ellos, de unos políticos que, desgraciadamente, suelen dar la espalda a grupos como el que nos ocupa a los que dejan huérfanos muchas veces. La mayoría de las veces.

Este ya no es el caso afortunadamente.

Porque el cariño especial que a todos los malagueños nos inspira Tabletom, no ha podido pasar desapercibido a este Ayuntamiento muchas veces ciego y lo que es peor sordo a los deseos de sus vecinos. Esta vez han acertado. En pleno.

Es un privilegio ser amigo de tan ilustres ciudadanos. Fíjate si son ilustres que ya tienen calle. Espero que se la den en un lugar céntrico y transitado para que yo pueda pasar a menudo por ella y así poder presumir de haber estado allí alguna vez con ellos.

 

Bella contradicción, enigma amado,

la rosa se eterniza en las tabernas.

Lesbiana juventud, muestra las piernas

para que el viejo Dios viva endiablado.

 

A fuerza de ternura y de botellas

logramos que también Dios tangueara,

era normal de Dios que se endiosara

y llamase Señor de las estrellas.

 

Pero que emperador fuera del todo

y vitalicia majestad del uno,

que fuera el éter y que habitara el lodo

y la torta ramos de mi desayuno…

 

Venga, por Dios, un poco de respeto,

y aquel día perdimos la paciencia,

y en lugar de la cruz, el amuleto

al cuello nos colgamos de la ciencia.

 

Aquel fisgón abstracto y timorato,

aquel glorificado absolutista,

no lo mato el materialismo chato

ni la bomba infantil del anarquista.

 

Y es que Dios no es la espiga ni el minuto,

ni la azarosa Historia y sus abismos.

Dios es la copa, el chute y el canuto :

Los martes trece de nosotros mismos.

 Si queréis ver este trabajo, podéis descargároslo desde aquí:

http://cid-9b5ad4b7dbd9e872.office.live.com/self.aspx/TABLETOM/TABLETOM.pps

Y mientras lo hace, oíd al grupo:


  Que lo disfrutéis.

EL BLUES DE ROCKBERTO

Ayer me comunicaron que Rockberto habia fallecido. Reedito este post que elaboré el 14 de Julio de 2010 como primer homenaje a este enorme personaje.

Descansa en Paz, Rockberto.

Decía así:

No sé que me toca más el corazón: 

 Si la foto del maestro, o el poema del insigne.

 Ambos dos.

 
 

Siempre metío en «Casa el Guardia»

y una orla te mereces en oro y tinta china

Porque nadie en verano vende

polos de pana

 

Por eso en portugués te silbo,

te silbo maestro este bolero.

 

Y eres lo que quisistes:

un hombre a palo seco,

mojado asteroide en anís Machaquito

los pájaros buscaban el sur de tu chaleco

y el mar te coronó

con una corona de boquerones fritos. 

 

 
 
 
 
 
*En la foto: Rockberto de Tabletom
Poema de Juan Miguel González
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