TEJERINGOS

 

TEJERINGOS

Hablaba yo ayer con mi barbero-peluquero, sobre la oportunidad de su negocio y acerca de esa circunstancia que se repite cada cierto tiempo: la vuelta de las modas y de los comercios de antaño.

Maneras y costumbres que  se consideraban perdidas en el uso, pero no en la memoria, y que se recuperan por el atisbo de aceptación (o los estudios de mercado) de una nueva generación que no conoce lo que se pretende poner de nuevo en boga. En la ropa y complementos hay evidente ejemplos: los pantalones de pitillo y/o acampanados, los zapatos de plataformas, los bolsos para hombres (vulgo mariconeras) los vinilos, el pelo largo, las barbas, el abundante pelo sobaquero… Y en las comidas, los dos ejemplos más claros, le decía yo que era: El Salchichón García-Agua y los tejeringos.

Y a los tejeringos me voy a referir, porque el García-Agua, como que ya no sabe como antes.

Los tejeringos: Esa deliciosa masa de harina y agua frita con la peculiaridad de presentarse en enormes lazos que, antes, se ensartaban con un junco para facilitar su transporte. Me gustan mucho las churrerías típicas; mi favorita siempre fue “La Cacería” en la calle de noble nombre de Blas de Lezo. No me gustan la nueva hornada de churrerías franquiciadas (están ricos, no lo negaremos) donde la denominación de “Bar de Churros” de toda la vida se ha sustituido, con una pretendida sofisticación,  por un nombre leído al revés y con un inapropiado apostrofe o genitivo sajón que le da un toque de modernidad que no le pega nada.

–– “Tráigame Ud. si es tan amable –le digo a la enlutada señorita– cuatro Tejeringo’s que estén cruditos. Un Coffee mitad descafeinado de máquina. Con sacarina, por favor. Un sobrecito de azúcar para mojar los Tejeringo’s. Un vasito de agua fría y la cuenta que tengo que salir pitando.”

–– ¿Árgo már?

––  Un vasito de gazpacho, le digo para hacerme el simpático.

Pone cara de tener un garbanzo debajo del labio superior la chochotriste y se va como diciendo… “Ya ha llegado el gordo que se cree gracioso”.

El Coffee llega a los 20 minutos. El agua te la tienes que servir tú dentro del local en una máquina que hay y, además, en  vaso de plástico. La sacarina se le olvida, los Tejeringo’s está esperando, dentro de la lava hirviente, a que se te enfríe el Coffee para traértelos;  y la cuenta, la pagas dentro esperando cola, con un tiquet lleno de logaritmos neperianos que solo entiende un lector de código de barras y Stephen Hawking cuando está despabilado.

Yo , prefiero al camarero de camisa blanca con la sacarina en el bolsillo de la camisa para paliar el improbable olvido. Que te diga:

Entonces….cuatroshurritosblanquitosmitaddobledescafeinadodemáquinayvasitodeaguadelAaiúnfresquita. Oramismo!!!

Y en un segundo, tienes un vaso de agua helada a tu disposición para ir templando el paladar para lo que se avecina.

En fin, a lo que vamos: Esto que vais a leer, es un texto escrito por José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.  Y publicado por “Málaga en el corazón”. Un estupendo y detallado estudio de lo que es el característico mundo tejeringuero en la ciudad de Málaga.

Disfrutadlo

Málaga y sus tradiciones: EL ORIGEN DEL TEJERINGO MALAGUEÑO
“Que recuerdos, de niños, cuando comprábamos los domingos por la mañana las ruedas de tejeringos, al churrero del barrio, y lo llevábamos a la casa enganchado en el junco”.
Si repasamos varios diccionarios, podremos observar que la mayoría de ellos definen los siguientes vocablos: ‘tejeringo’, ‘jeringo’, ‘calentito’, ‘cohombro’, ‘churro’, ‘fruta de sartén’, ‘mandungo’, ‘porra’ y ‘tallo’ como «masa de harina parecida a la de los buñuelos, a la que se da una forma alargada con un aparato especial y se fríe en aceite. Es típico de algunas regiones españolas, donde se toma acompañando al café o chocolate del desayuno o de la merienda». El vocablo ‘tejeringo‘ presenta una etimología sumamente curiosa y hace referencia al instrumento con que se fabrica. Así pues, su constitución se debe a la suma de ‘te‘ y ‘jeringo‘, especie de jeringa, por donde se echa la masa a la sartén. Antonio Alcalá Venceslada, en su ya clásico ‘Vocabulario andaluz’, identifica la palabra ‘jeringa’ como sinónima de ‘tejeringo’, ‘churro’, ‘tallo’ o ‘cohombro’.


Según algunos destacados críticos, el origen del vocablo ‘tejeringo’ se encuentra en Málaga y Cádiz. Nació, al parecer, del pregón de algún expendedor que, mientras sudaba ante la sartén de aceite hirviendo, se dirigía a su clientela femenina, nerviosa y apremiada de tiempo, con la siguiente expresión, no exenta, quizás, de segunda intención:
-Niña, ¿no te jeringo?
El vocablo ‘tejeringo‘ es netamente patrimonial de la provincia malagueña y ello ha motivado los siguientes versos del poeta malacitano Barrionuevo Moncayo: «El tejeringo era una / cosa en forma de aro; / masa frita con aceite / de oliva, sin mezcla alguna / que no costaba muy cara / y comerlo era un deleite. / Era parte del tipismo / en lo que se distinguió / el autóctono malagueño; / hoy, por puro esnobismo, / su antiguo nombre cambió / por churro, que es madrileño».
Para el eminente arabista García Gómez, la típica masa de harina frita en aceite, antecedente del ‘tejeringo’ o del ‘buñuelo’, hunde sus raíces en la civilización griega y romana, con la consiguiente confirmación árabe, que desarrolló su consumo en la mayor parte de Andalucía, con preferencia en las provincias malagueña y gaditana.
Los tejeringos es la forma más tradicional y artesanal de hacer churros, es una variedad de churro de elaboración más compleja. Es más común cocinar churros o porra o churros madrileños, porque el sistema está mecanizado, lo que facilita mucho el proceso. El tejeringo es diferente hay que dibujarlo a mano, uno por uno y se tarda tiempo en aprender a hacerlos. La masa de los churros se puede congelar, a diferencia de la masa del tejeringo que no se puede ni reservar ni refrigerar, el tejeringo es un producto 100% fresco. Se elabora la masa en pocas cantidades para que se use al instante y no sobre nada, al menos así es como debe hacerse.


Realmente la receta es muy simple: harina, agua, sal y bicarbonato pero tiene otros factores como temperatura y tiempo.
En Málaga donde hay muchas churrerías, hemos conseguido acunar un ejemplar único: el tejeringo. Pero a día de hoy la ciudad está contemplando cómo cada vez son más los negocios que compiten por poner los churros modernos en sus cafeterías.
En Málaga se venden tres tipos de churros. A saber: Churro, tejeringo y churro madrileño. Por churro a secas se entiende el tradicional. El del palo largo. En el churro clásico hay lugares clave. Casa Aranda: Lugar típico y tópico del centro. Ahí se va sí o sí. Sillas pequeñas. Apreturas y calor. Pero merece la pena. Hay días que están más huecos que otros pero son perfectos. El Sauce: En Echevarría del Palo. Un clásico de la zona este. Coche mal aparcado en doble fila y un ojo puesto en el coche y el otro en la taza. Le acompaña en El Palo la cafetería Migui con churros perfectos y sin aceite en demasía. Y en otra dirección está Oña: El del Civil. Un sitio clave. Un lugar único. A Oña hay que ir alguna vez. Ya sea porque esperas el traslado del Cautivo o porque vienes de ver a alguien del hospital. Pero su churro es perfecto. En bandeja clásica de metal y crujiente.


Pero tenemos los churros madrileños. –Mis preferidos (Gonzalo León)- y ahí hay un mano a mano. Nunca se sabe quién gana pero lo único claro es que si son congelados se nota. Doy dos lugares del centro típicos, tópicos y claves: Café Central y Café Madrid. Ambos pueden hacer lo que quieran. Obras, carteles modernos en las paredes u ofrecer paellas congeladas pero a las once allí debe oler a churros. Perfectamente fritos. Amarillo dorado. Secos de aceite. Y crujientes a la par de cremosos. La ración debe traer cinco. -Si trae menos se lo ha comido su hijo el gordo en un despiste de usted-.
Y por último tenemos el tejeringo. La piedra angular de todo. El ying y el yang de la masa frita malacitana. Un espécimen de origen local que ahora parece haber resurgido pero que nunca dejó de existir. El tejeringo es redondo. En unidades autónomas con textura lista y con mayor dureza y resistencia al mordisco. Pero más bueno que el churro. Más tierno y jugoso. Te puedes comer cinco churros o cinco madrileños pero con cinco tejeringos se te ponen los tobillos como dos colectores de EMASA. -Emasa de churros-.


Para disfrutar de Tejeringos hay que salir del centro. Y tienes una de sus catedrales en el barrio de la Victoria. A la altura de calle Cristo. En El Caracol. Desde su pequeña ventana ya ves el trasteo del aceite y el humo salir. Y entras y se te empañan hasta las gafas. Pero es de vapor del bueno. Es lugar de culto para el victoriano y se hace imposible no parar encima de la acera –viendo cómo aparco hagan cuentas de la cantidad de multas que me ponen (Gonzalo León)- y llevarse en un papel media docena para degustar en el hogar.
Ahí solamente van unos sitios básicos. El ABC de los churros en Málaga. Es evidente que hay más. Pero con esos vas sobrado. Y no lo olviden. No caigan en la tentación de las porquerías. Que los churros no llevan chocolate por fuera. Ni se rellenan de nada. Que no llevan salsas. Ni dulce de leche ni guarrerías de ningún tipo. A lo sumo se abre un sobrecito de azúcar y se echa en un platito para que mojen los infantes o la abuela. No vayan a las franquicias. Pidan que le retiren el plato si nota que son congelados. Comer churros que han estado a menos treinta grados en la ciudad de Málaga es una falta de respeto.


Coman churros. No cuestionen su precio. Y disfruten del momento sublime de envolver un lado con una servilletita para comenzar el homenaje. Compren para lleva a sus casas –y dejen la bolsa abierta que si no se empapan del vapor- y aparezcan en su hogar con el papelón un domingo por la mañana. Sus hijos lo querrán más. Su pareja también. Y si vive en soledad mírese al espejo con el tejeringo y verá qué bien le sienta.
Málaga es lugar de masa frita. De hambrientas y buñuelos. Y no de churros falsos ni panes con mijillas que parece que estás comiendo alpiste.
Disfruten de esta tierra y cómansela. Que le tiren la bandeja de aluminio rayada una y mil veces y aún escuche el gorgoteo de la fritura en sus últimos compases. Pida chocolate Santa María. Y salga del banquete con ganas de ser trasladado en carretilla. Pero cuidado. Hay que acabar siempre con el vasito de agua. En vaso de duralex. Con el agua rozando el límite de la temperatura de los purgantes. Y bébasela del tirón. Ahí acaba el proceso. Ahí acaba el disfrute y comienza la aventura. Pero habrás desayunado o merendado en condiciones. Y con cosas de tu tierra.

Autores: José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.

 Publicado: por “Málaga en el corazón”

 

 

 

EL HOMBRE QUE PINTABA DESAYUNOS

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EL HOMBRE QUE PINTABA

DESAYUNOS

Los tiempos están cambiando (que es una barbaridad) decía mi amigo Roberto Dylan.

Y con ellos, con los tiempos, son también muchas cosas las que están cambiando; unas para mal, otras para bien; tampoco seamos catastrofistas que de todo hay.

 Una de ellas, los alimentos –y por consiguiente, la alimentación, para muy mal. Aunque ese tema lo dejaremos para otro día, porque da bastante de sí y hay mucho que decir de la pitanza.

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A lo que sí vamos a referirnos hoy, muy someramente -porque ya digo que el tema de la alimentación tendrá otro sitio en este blog- es a los desayunos: Esos chutes de energía -indispensables para afrontar el día- que las madres, amorosamente, elaboraban antaño a sus hijos estudiantes para que se los jalasen en el recreo. Cuando iban al colegio para prepararse debidamente para ser futuros, provechosos y resignados parados de larga duración. Sin derecho a pensión retributiva que llevarse a la faltriquera cuando les tocara que va a ser nunca.

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 En mis ya lejanos tiempos, los desayunos de recreos iban desde el probo y huérfano bollito de pan con Margarina Tulipán (los más humildes), hasta el más coqueto de Jamón de York en dulce de La Española y Mantequilla Lorenzana, reservado a la élite. En medio de ellos, el que mas me gustaba a mi, era el sencillo y discreto de Mantequilla Breda (comprada a las estraperlistas del puerto) con Mortadela Mina. La de toda la vida. Esa que ahora los afectados llaman Lunch y al bollo panecillo.

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Los tiempos posteriores y más modernos, trajeron a los colegios las impersonales maquinas expendedoras de bocadillos, que sustituyeron la manos primorosas de las madres por las monedas contantes y sonantes de los padres. Tiempos nefastos para la salud futura por la incontrolada tragadera de bollería industrial colmada de triglicéridos y colesterol hasta lo desaconsejado, lo imposible, y lo enfermizo. Eso si, traían todos, un par estampitas coleccionables. De puta madre, primo!

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 Hoy, que ya está mas educado el corral en cuanto a la ingesta de guarreria diversa y perversos potenciadores del sabor, los sándwiches bajos en calorías, altos en Omega 3 y pintados de rojo tomate  y verde lechuga, se han impuesto sobremanera en la dieta actual. De una manera -a mi glotona manera de ver- de una forma un poquitín  desabrida y descorazonadora; aunque mucho más sana ¡donde va a parar! que los implacables y pertinaces Bollycaos, Tigretones y adláteres.

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Así que ya me dirán Uds. la enorme diferencia entre los desayunos del pasado y los actuales. Aquellos de albardillas, con agujero en medio, lleno de perfumado aceite de oliva y su pizca de sal. Mi amigo Ángel Céspedes -como no podía ser de otra manera- hasta arriba de azúcar. Hasta el fatídico coma diabético.

 Yo, como desayuno perfecto, seguiré defendiendo y abogando por los tejeringos de toda la vida (aunque sólo para algunos domingos, claro). No churros, mucho cuidado!  Los tejeringos: Esos círculos caprichosos e irregulares de masa frita traspasados por un junco para el transporte y -si se tiene buena malasuerte- una bolilla de estaño, como guarnición improvisada, procedente del martirio de la sartén, para practicar el tiro al plato.

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Copio directamente este texto que viene ahora -para qué intentar mejorar  lo inmejorable- que hace referencia a un padre de Massachusetts : David LaFerriere; propuesto para mejor padre del año, por una ocurrencia que tuvo en su día para con los desayunos de sus hijos y que hoy, le está reportando pingües beneficios.

 Una estupenda idea que ahora, a través de las palabras de Mikel López Iturriaga, vais a conocer. Tiene su gracia. Tiene su aquel.

 Disfrutadlo! A mi me ha gustado mucho.

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El hombre que ilustra

los sandwiches de sus hijos

Por: Mikel López Iturriaga

Existen dos tipos de críos: los estándar y los afortunados cuyos padres son hábiles con los lápices y les hacen dibujos molones. Dentro de este segundo grupo también hay clases: están los que reciben garabatos convencionales en papel, y luego los que se van al colegio con el almuerzo ilustrado. Evan (15 años) y Kenny (14) LaFerriere son (¿los únicos?) miembros de esta casta privilegiada, puesto que su padre, David, lleva cinco años pintando cada día en las bolsas en las que les envuelve los sandwiches.

3898039_origLa obra bocadillera de este diseñador gráfico estadounidense se compone de más de 1.000 ilustraciones de peces, pájaros, monstruos, laberintos, robots, gusanos y toda clase de criaturas maravillosas dibujadas con rotuladores indelebles de colores. Todas se pueden admirar en su página de Flickr, que al menos a mí me produce sentimientos encontrados: por un lado, admiración y ternura, y por otro, envidia cochina por no haber tenido un David LaFerriere en mi vida que me mandara todas las mañanas al cole con un bocata personalizado. A este buen hombre le han llamado “el padre más guay de la historia”, y no es para menos.

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¿Cómo empezó esta locura? “En mayo de 2008 trabajaba como diseñador para un periódico local y quería arrancar las mañanas de una manera creativa”, cuenta LaFerriere por e-mail desde Attleboro, Massachusetts. “Intenté dibujar directamente sobre el pan con colorante alimentario, pero me llevaba mucho tiempo, y la superfície del pan es terrible para dibujar. Tengo un rotulador en la cocina y un día intenté pintar con él directamente en la bolsa. No he parado desde entonces”.

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David comenzó a fotografiar las bolsas y a colgar las fotos en Flickr por un motivo muy simple: al final acababan en la basura, y necesitaba un registro gráfico para no repetirse. Era un juego entre él y sus hijos, y no esperaba que las imágenes fueran a interesar a nadie. Pero poco a poco fueron difundiéndose viralmente por internet, hasta que en 2009 le dedicaron una entrada en el blog de Sharpie, la marca de rotuladores que usa. A partir de entonces, la bola ha ido creciendo: tras múltiples apariciones en webs, medios impresos y televisiones, sus fotos han pasado de tener 100.000 visitas en cuatro años a 600.000 en un mes.

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Además de para conseguir trabajos como freelance, LaFerriere cree que los dibujos probablemente hayan servido para que sus hijos coman más y mejor. “Como padre, intento darles algo de la tierra en cada comida, incluyendo el almuerzo. Ser constante con esto ha ayudado. Comen más frutas y vegetales. Cada niño se lleva un bocadillo, zumo, fruta y un snack, que suele ser yogur o una barra de granola”.

A Evan le gustan “el jamón, el pavo o el atún con queso y lechuga”, y su dibujo favorito es “un Creeper, del juego Minecraft”. Kevin está enganchado al “sandwich de mantequilla de cacahuete y jalea, desde el jardín de infancia”, y “le gustan los gusanos saliendo de los bocadillos”. En el hipotético caso de que David hubiera sido mi padre, a mí me habrían encantado los vegetales con monstruos peludos cocineros.

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LaFerriere está trabajando en estos momentos en un libro que recoja toda esta creativa demostración de amor hacia sus hijos. También habrá pósters, cuenta. Lo que no parece tan claro es que se lleve a cabo la derivación más obvia, que sería fabricar envoltorios decorados para sandwiches con sus ilustraciones. “Imprimir en bolsas”, asegura, “ha resultado ser una pesadilla técnica”.

 Esto la ha escrito:

Mikel López Iturriaga es un periodista y bloguero con cierta afición por la comida, que escribe en EL PAÍS y habla en el programa ‘Hoy por hoy’ de la Cadena Ser. Antes trabajó en Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com y ADN. Aprendió algo de cocina en la Escuela Hofmann, pero se sigue considerando un advenedizo más que un experto.

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…///..

SOBRE EL FUNCIONARIADO Y EL BOTÓN DE “NO ME GUSTA”

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SOBRE  EL  FUNCIONARIADO

Y EL BOTÓN DE “NO ME GUSTA”

***

Antes de nada, aviso…  Asumo la que me va a caer!!! Lo asumo.

Esta mañana, he escrito un chascarrillo como “Reflexión del día” en el muro de mi Facebook, acerca de un supuesto e inventado caso sucedido en un organismo oficial. Lo he situado en Castellón. Aquel que en su tiempo fue de la Plana. Y hoy ya ni es de la plana,  ni del palustre, ni del rastrillo siquiera. Porque, más que nada, no hay tajo para albañiles, encofradores, pintores, enyesadores y demás trabajadores de la construcción.

Bien, sigamos:

Un buen amigo, posiblemente asistido por la razón y por la indignación razonable y legítima, me ha dado un pescozón y… Bueno mejor será que leáis la “Reflexión del día”; después su respuesta quejosa, y -por fin- mi respuesta a la suya que le hago desde aquí, pues sé que me lee, con todo el cariño y el respeto que le dispongo.

Así transcurrió la orden del día:

¡¡¡ ÚLTIMA HORA !!!!
Un edificio de doce plantas de altura perteneciente a la Excelentísima Diputación de Castellón se ha derrumbado por fallos en la estructura, motivados -parece ser- por problemas de aluminosis.

No ha habido que lamentar desgracias personales, pues dicho suceso ocurrió a las 10:30 de la mañana del martes pasado, cuando la totalidad del personal administrativo se encontraba desayunando y aplicados en la labores propias de sus asuntos propios.

Los 362 funcionarios han sido trasladados – de forma transitoria- a las dependencias del nuevo aeropuerto de la ciudad. La única compañía aérea que operaba -Air Kesejódan- ha sido obligada a trasladarse a otro aeródromo tras haber recibido una suculenta indemnización por parte de la citada Diputación Provincial de Castellón. Los cuatro trabajadores, de la aerolínea, iban como locos de contentos.

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Tras el traslado, el personal de la Diputación, ha decidido ponerse en huelga de brazos caídos porque al no haber cafeterías cercanas en la calle – la única habilitada para estos trabajadores ha sido la del propio aeropuerto con una sustancial rebaja en los precios- no pueden realizar ni la acostumbrada lectura de periódico ni el clásico “voy a un recaíllo, Maicanmen” tan necesarios para la efectiva realización de su trabajo en un entorno agradable y ergonómico. Que se nos deprime la muchachada! Ha dicho el enlace sindical, Sixto Gómez Huelgas.

Las pistas de aterrizajes, han sido habilitadas como salas de fumadores y tertulias peripatéticas, permaneciendo abarrotadas permanentemente.

Seguiremos informando…”

 

Bien, este ha sido el texto. Que, implicando una crítica no demasiado feroz, y también una queja implícita, he escrito -tal y como he indicado- en mi muro del FB.

Me contesta mi amigo:

“Y el botón de NO ME GUSTA donde está?? . Porque después del día de trabajo que he tenido hoy (como casi todos en mi centro), estos comentarios sobre empleados públicos…. Pufff me $&%#”

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Y yo le contesto:

Es cierto! Llevas razón, Tony. No se puede generalizar porque lo mismo que habrá políticos con vergüenza, también habrá muchos funcionarios que trabajen honradamente. Sin dudarlo. Te aseguro que así lo pienso.

Pero te voy a dar un consejo: No pidas botón de NO ME GUSTA, porque a lo mejor los trabajadores por cuenta ajena, los autónomos, los pensionistas, los parados, los que no tienen derecho a desempleo ( porque lo han agotado) las personas que sufren los recortes en sanidad, los que no se pueden pagar las ambulancias, los embargados, los que se han quedado sin asistencia domiciliaria, los damnificados por las preferentes, los que para mantener su negocio, no pueden tener acceso al crédito…en fin…en fin…

Porque, a  lo mejor, y sigo, si esas personas pudiéramos usar el botón de NO ME GUSTA virtual que deseas, al final iban a rodar cabezas. Virtuales también, pues metafóricamente estoy hablando.

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Te voy a contar una cosa  absolutamente verídica:

Desayuno cada día en un bar junto a un enorme edificio público de mi ciudad. Cuando me dirijo andando, hacia el mencionado bar, observo que (hay muchísimos más bares junto al mío) las mesas están repletas de dignos funcionarios que -obsérvese la particularidad- mantienen las mesas ocupadas ya con los vasos vacíos de café, y los platos atiborrados de servilletas de papel usadas; disfrutando  del cigarrito cagamañanero o de la despiadada conversación crítica hacia el jefe de negociado o compañero ausente de turno.

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Observo también al ínclito jefe de negociado (supongo) que desayuna solo y se hace acompañar -el vaso ya consumido y el pitufo de “Mechada alioli” ya devorado- con el imprescindible cigarrito mientras -bolígrafo en ristre- hace el crucigrama del diario que, previamente, se ha leído de cabo a rabo. También están los operarios de mantenimiento que, con una paciente  y lentísima parsimonia, (lo sé, es redundancia) realizan el desayuno, sabiendo que, todo el tiempo que arañen al horario, hará que la mañana les pase más rápida.

Esto no tendría demasiada importancia, si yo, una vez desayunado en veinte minutos, al salir, observara que todo sigue igual. El crucigramero, los fumadores impenitentes. Los operarios de mantenimiento, y los conversadores  “sacapellejos” mantienen  la misma postura y actitud que cuando llegué. Te aseguro que si durante esa hora larguísima  -que calculo debe de durar su desayuno, se cae el edificio donde “trabajan” multitud de ellos se libraban por mor del bocata de atún con tomate y pokillo alioli, Niña!!!.

COLILLAS

Pero sigo…Recuerda que son hechos verídicos. Tengo amigos, servidores públicos, que después de todo un año disfrutando de multitud de pequeñas escapadas durante todo ese ejercicio, llega Diciembre y aún les quedan 47 días de vacaciones. Tal y como te lo digo.

Si que es verdad, que se está puteando muchísimo a los funcionarios. Pero también lo es que estas Navidades  – por eso de la quita de la paga extra- ha sido muy dificultoso encontrar a alguno en su puesto de trabajo.  “Tu no me pagas, yo me las piro” Te lo digo yo, que he llamado, infructuosamente, a distintos organismos oficiales en estas ultimas fiestas.

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Las bajas..los moscosos, los días propios, las ausencias, los “voy a jasé un mandaíllo”…

Yo creo sinceramente, amigo Tony, que podría haber sido muchimuchimuchisisimo más cruel en mi comentario que ha estado escrito desde el prisma del humor. Si me hubiese parado mas detenidamente, a criticar los casos que -indignado y calladamente, pues aún es peor- observo en mi día a día, no se ya que botón desearías que estuviese a tu disposición.

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Que hay políticos buenos.. por supuesto!!! que hay funcionarios trabajadores? No lo niego!!! Porque si no fuese así, estaríamos condenados por esta banda de golfos apandadores. Y aunque hubiera botón de NO ME GUSTA, no habría piedra libre para que se escondieran de la ira de los demás ciudadanos.

Un abrazo, Tony. Ya sabes que, desde el aprecio que te tengo, no es nada personal. Pero es que son muchos bocadillos de atún , Tony. Con o sin tomate.

…///…

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