LA RUTA DEL DIANBÉN Y LA RUTA DEL ESTEROIDE

La Ruta del Dianbén y

La Ruta del Esteroide.

 ***

Invariablemente cada mañana  -Grá y Adiós, que decía la inefable Carmen Sevilla- cojo mi coche, a eso de las siete de la mañana, para dirigirme a mi puesto de trabajo. Desde hace como unos tres o cuatro años, vengo observando que el tiempo que transcurre en el desplazamiento entre mi hogar y el paraíso laboral, ha disminuido considerablemente.

Se debe -esta disminución en el tiempo de desplazamiento- a dos circunstancias especiales que han coincidido. La primera: la apertura de un nuevo tramo de autovía que aligera el tráfico dirección Torremolinos; y sobretodo…la segunda: el enorme descenso en números de vehículos que se desplazan en dirección a la capital  como consecuencia del desempleo. Una tragedia.

Bueno…dejemos la tragedia un poco de lado y vayamos a la anécdota:

Esta mañana  -al contrario que otras- me he encontrado con una interminable caravana de coches que ocupaba todo el Paseo Marítimo y su continuación el Paseo de los Curas. Hablo, naturalmente, de mi ciudad: Málaga. El motivo: unas obras realizadas al final del Paseo de los Curas y el puto efecto escaparate de los conductores que no pueden evitar esa característica tan española que es la de observar al que trabaja.

Aunque dentro de unos años esa actividad -observar al que trabaja- se  reservará para los Museos de Historia en este país.

Sigamos:

Bien, después de aprovisionarme de gasolina (menos mal) encaro el Paseo Marítimo y  -a una velocidad (qué ironía) exasperantemente lenta, me doy cuenta de que dicho Paseo Marítimo, ocupa junto al mar una suerte de pista deportiva mañanera que se divide en…

La Ruta del Dianbén  y

La Ruta del Esteroide.

Dos rutas hay pues. La Primera es la situada a pie de carretera –que es la que yo, desde mi vehiculo semiparado- diviso mejor.

Es la ruta llamada: Ruta del Dianbén. La ruta del Dianbén está prácticamente tomada  por viejecitos escuálidos y por jubilados barrigones. Todos ellos potenciales o fehacientes diabéticos y, por lo tanto, consumidores del medicamento regulador de la glucosa llamado Dianbén. De ahí el nombre.

El usuario de la Ruta Dianben, tiene como característica el look “Ordinary Casual” es decir: que pasando de la esclavitud de la moda deportiva, se embute (literalmente) en un estrechísimo a la par que horrendo chándal de cuasi poliuretano, imposible y tóxico; calza zapatillas marca “La Pava” de insoportables colores chillones (igualmente tóxicas) para que hagan juego con el maléfico chándal. Ni que decir tiene, que toda la vestimenta, incluido el calzado, es altamente inflamable y que ,además, apenas alcanza para taparles someramente el barrigón al completo. En casos, el ombligo asoma como pidiendo o misericordia, o tiro de gracia, que el boquete ya lo tiene hecho.

Dentro de este grupo está un subgrupo de abueletes llamados “Pantuflas” esto es: Calzando zapatillas de andar por casa ,o en el mejor de los casos, deportivas blancas decimonónicas marca Paredes o similar, complementan la vestimenta con pantalón de Tergal marrón claro de salir, rebequita de cinco botones marrón ,más oscura, también, pero mas claro, y camisa de rayitas -de implacable poliéster- azules y blancas que le provoca un hiede de sobacos al abuelo, que llega hasta el narrador que está – resignado y observando la situación- con los ojos desorbitados dentro del coche en la puta caravana. O.O

Todo esto, lo he visto esta misma mañana con estos ojitos que se han de comer los gusanos. Júrolo.

Huelga decir que los abueletes y los jubilados hacen acopio impenitente y duraderísimo de las máquinas de ejercicio de piernas, brazos y cintura, que para su uso ha colocado el Excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad. Huelga  decir también que desde la implantación e instalación de esta máquinas al aire libre, las fracturas óseas se han incrementado un 69% (se me perdone lo soez del dato numérico) entre el segmento de población descrito anteriormente. Impera sobre todo el disloque de cadera.

La segunda ruta, y no por ello menos esperpéntica, es la llamada : Ruta del Esteroide.

Esa ruta está situada bajo el murete que separa la Ruta del Dianbén y está justo al lado de la orilla del mar. Es usada esta ruta, por jóvenes deportistas ilusos que, o bien están preparando eternas e inexistentes oposiciones para Bomberos y Policía Local, o por locos del deporte y del musculámen.

Estos deportistas, son incansables consumidores de Esteroides –de ahí el nombre de la Ruta- que mejoran su masa muscular y su aspecto intelectual (es ironía). También son adoradores del pollo cocido, el arroz blanco y la ingesta masiva de fibra, lo que les procura unas cagadas puntuales, perfectas y absolutamente reparadoras. Son los fabricantes del mojón tipo “Manga de Abrigo”.

También -porque no decirlo- son usuarios de esta ruta, deportistas mas entrados en años que  -o están en el paro, están infelizmente prejubilados, o entran a trabajar a la hora que les sale de sus lugares íntimos. Casi siempre funcionarios de la Excelentísima Diputación. Chóferes sin incluir.

La Ruta del Esteroide, está plagada -al contrario que la Ruta del Dianbén- de los mas “In & Posh” en cuanto a vestimenta deportiva. Lo último.

Carísimas zapatillas New Balance, con colchones aire incluido en las suelas, que le proporcionan un andar entre caballuno y saltimbanqui. Cubrecabezas de colores pegaditos al meollo marca Nike.  Todos y todas, van provistos de los preceptivos leggins negros súper ajustadísimos que producen el efecto “Medio Coco” en la entrepierna de los machos, y el efecto “Pezuña de Camello” en la de las féminas.

Huelga decir, también, que el inmenso abanico de camisetas y sudaderas, me deja abrumad y sin capacidad descriptiva. Tan solo- y para que se hagan idea- comentar que cuando corren tras el murete, despiden una suerte de resplandor fluorescente- que pareces estar viendo la escena final de “Encuentros en la Tercera Fase. Ta-ti-tó-ta-tóóóóó… Ta-ti-tó-ta-tóóóóó….

Lo único malo que tienen los usuarios de la Ruta del Esteroide, es que como hacen “Running” junto al mar, y por lo tanto casi tapados por el murete -para su desgracia, pues suelen ser muy exhibicionistas- los automovilistas  -que aun seguimos parados, muy distraídos, todo hay que decirlo,- solo les podemos ver la gorra Nike, que llevan puesta en el meollo intermitentemente. Ahora si!, ahora no!. Ahora si!, ahora no!. Ahora si!, ahora no!. Pues a causa de los saltitos producidos por el uso de las zapatillas con colchones de aire, solo se les ve eso: la gorra. Ahora si!, ahora no!. Ahora si!, ahora no!….  Y eso queridos míos… No mola para lo que cuesta la equipación.

Así que sigo -muy despacio- mi camino, observando atónito, a los abueletes haciendo cola tras cada máquina de ejercicio, como si de una churrería se tratara. Cada uno con su llamador de urgencia al 112 a mano, para que, en caso de estirón, los recoja la ambulancia del Servicio de Salud de la Junta de Andalucía. Que por cierto, me han dicho, que se ha separado.

Esto ocurrió, entre las 07:00  y las 08:00 del día 3 del mes de Octubre del 2012  Annus Dei.

…///…

DERMOESTÉTICA MASBELLA

 

“DERMOESTÉTICA  MASBELLA”

-CENTRO DE BELLEZA CORPORAL Y  ESTÉTICA-

Se anuncian, incansablemente, las campañas publicitarias de los institutos de belleza en cada una de las ciudades -costeras o no- seis meses antes del verano. Justo después de las comilonas navideñas (hay que ir preparando el tipín) para atrapar a las incautas y , sobretodo, para ayudar a que la operación “Bikini” sea un éxito sin precedentes.

Es decir, se trata de superar el éxito sin precedentes del año pasado. Y ese pasado éxito sin precedentes del año pasado, al del antepasado éxito sin precedentes del antepasado año. Así que, suponemos, que después de seis años de tratamientos, la paciente es -al día de hoy- absolutamente irreconocible. Y no queremos con esta aseveración sentar precedente, pues no nos parece procedente. No se si me explico bien o me estoy liando.

Hagamos, para enterarnos, una sucinta descripción de la parafernalia esteticista y sus funestas consecuencias en el cuerpo humano para que sirva de ejemplo:

Usaremos a modo de prototipo a la angelical Maríloli. Vecina que es del Camino de las  Pirámides, cerca de la Avenida los Guindos. 52 años. Deseparada hace ya algún tiempo de su marido.

Se levanta Mariloli una mañana, pasadas las últimas navidades, ciertamente mosqueada.

Pues observa ante el espejo con estupor, que una verruguita mínima que tenía desde siempre encima del labio superior, está  coronada con un insolente, inhiesto y largo pelo negro. Se aterra de inmediato! y tras consultar a tres o cuatro amigas, ya debidamente recauchutadas y pasadas por láser, se decide ir a la Clínica Dermoestética “Masbella!!”  para que le quiten criológicamente el verruguín y ya, de paso, el puto pelo que tan feo le queda. Que eso de la verruguita es mú malo por lo del sol; y el aditamento piloso, no queda muy apropiado para la edad que tiene. Para que negarlo.

Se dirige pues a la reconocida y renombrada clínica  estética “Masbella!!” recomendada por sus recauchutadas amigas.

Escena Primera: Le abre una preciosa recepcionista que viste cortísima e impoluta batita blanca  -con una tarjetita prendida en el pecho donde se puede leer: “Rocío del Carmen Gutiérrez  Pérez-Medina. Auxiliar de Clínica”.Una chica, todo hay que decirlo, atribuladoramente atractiva y despampanante.

Dispone Rocío del Carmen de unas tetas absolutamente caídas hacia arriba con una turgencia que se adivina desde lejos. Los labios, dos rodajas de tomates frescos y maduros son; y, complementan al guayabo, un culito la mar de respingón y textura similar a los melocotones: es decir: por dentro carne rosada y por fuera pelusica.

Acompañan al conjunto, una piernas esbeltas y unos muslámenes tersos y morenos con pelusica rubia también. Calza manoletinas blancas. Uñas a la francesa moderadamente largas.

Edad de la auxiliar: 19 añitos de nada. Por supuesto er chichi se le supone (como el valor en la mili) rasuradito a la brasileña; es decir, como si fuese un bigote fascista pero en vertical.

Podríamos decir que para el trabajo que desempeña, es el reclamo perfecto. Rocío del Carmen Gutiérrez  Pérez-Medina; una monada de niña.

La gordita de la verruguita, queda abrumada ante la visión de la belleza descomunal de la chiquilla de dientes blancos y perfectos que -con una cautivadora sonrisa- le está diciendo, subliminalmente, que si no está como ella es porque no quiere. Porque ella, Rocío del Carmen, era hasta hace poco de trabajar aquí, casi igual de rechoncha y desproporcionada. En el pelo de la verruga ni se fija.

– Buenas   tardes, dice Mariloli: Que venía yo –continúa-  por un tema de una verruga…

– Si! Un momento, Flap! Le interrumpe el bombón de cortita y ajustada bata, que enseguida la plapso. Pase a la sala de espera por favplap!

Quince minutos después  -tiempo suficiente para que Mariloli nerviosa, se lea la infinidad de títulos de especialidades estéticas que cuelgan en las paredes de la sala de espera y expedidos en la República Dominicana- la hace entrar en una sala monísima de la muerte donde la psicóloga del gabinete, la hace sentarse frente a ella.

Escena segunda: La psicóloga, muy jaquetona ella y de profusa conversación, dispone de tetas tipo mostrador bajo una bata con botón a punto de ser disparado, ojos abiertos hasta el asombro a causa del abuso de bótox y labios Flap-Flap. Es decir esos labios carnosos y desproporcionados que emiten ese ruido al hablar. Maquillada a lo Monet.

–         Flap! Buenas Tardesss! Le dice. Que Flap! estamos? Siéntese, por flapvor!

–         Mirusté –dice Mariloli- que yo venia a por lo del retoquito… (pensando en la verruguita y el pelo incipiente)

–         Claro! La interrumpe. Viene por lo de los pechos caídos, verdad? Flap!

La otra se queda estupefacta. Pssseeeinn?  Estoooo…yoooo…Responde atónita Mariloli.

– Y por lo del codiguito de barras de encima del labio, verdad? Jijiji, Flap!

-Buenoooo…responde la atribulada y futura pacienta, yo en realidad a lo que venía era, precisamente, por lo de la playa y el pel…

Comprendo…. Las cartucheras! La interrumpe de nuevo la infalible Psicóloga. Flap!

No!  No! responde la otra. Por lo de…

El vello púbico. Claro que si! Desde luego no hay nada mas feo que esos pelucones que sobresalen por las ingles en la playa. No se preocupe que le vamos a dejar el potorrito como el de una puberte. Como un San Luís, vamos. Flap, flap.

A esas alturas, Mariloli, está absolutamente apesadumbrada y con un complejo -tal y como dicen los teólogos- del copón.

Pero, Flap! no se preocupe que tenemos un paquete veraniego que le cubre todas esas necesidades de cara al verano.

– Rocío del Carmeeen!! Dice mientras pulsa un botoncito en la pared.

Entra la enfermera maciza y le dice: Tráeme los formularios para mi nueva amiga Rosamari.

– Mariloli, dice la otra,;

– Eso…Para Rosamari, es que tengo una cabeza! Flap!

Escena tercera: Media hora más tarde –y tras hacerle firmar a Mariloli un cúmulo de impresos-  hace pasar a la atribulada señora al despacho del Doctor para la consulta magistral.

Se levanta el Doctor. Impecable; con sonrisa Profidén y un moreno rayos UVA.

– Pase, pase, Rosamari.

– Mariloli, dice la otra.

– Eso. Pase, pase Marirosi, es que son tantas las pacientas…

– Póngase detrás de ese biombo y desnudese completamente, por favor, le dice con una sonrisa tan taimada como blanca nuclear.

– Oiga! Que yo solo venía a…

– Calle, calle, Rosaloli!

Rocío del Carmeeen! La Polaroid!! Y la tira tres fotos a Mariloli posando en bolas para que sepa con quien se juega los cuartos. Que si no paga, las fotos pal Facebook.

Hala! Le dice el médico, pase Ud. por caja que mañana mismo empezamos el tratamiento. Un momento!!! Rocío del Carmeeen! (Y pone las manos en plan cirujano dispuesto a operar) Las pinzas!!….MMMMmmm espereee…ya!!!! le he quitado un pelito que le estaba saliendo en el lunar; ese tan monísimo que tiene encima del labio. Sabe que le queda muy Marilyn?

Hala! Hala! Hasta mañana!

Escena cuarta y última: Pasan seis meses. Mes de agosto. Playa del Lavashoshos en la Malagueta. Junto al Restaurante La Moraga de Dani Martín. Mariloli esta tumbada en la toalla junto a tres amigas.

Toma el sol, aunque protegiéndose debajo de una sombrilla. Las tetas son dos medios balones de Rugby de tiesos y duros. Neumáticos. Los labios se asemejan a dos plátanos maduros que le ocultan cuasi la boca. Dos enormes media lunas rojas custodian los muslos por la parte interior haciéndole feísimo; muy cerca de las ingles; y coronando uno de los plátanos que configuran la boca, la verruguita -desplazada hacia la oreja- con un pelo enorme que  sobresale orgulloso de haber sobrevivido al calvario.

Que! como se está a la sombrita? Le pregunta un conocido a Mariloli…

Fenomenflap! Contesta ella. Fenomenflap!

Y mira hacia el horizonte, con un deje de tristeza en la mirada.

DESTINO: NORUEGA (III)

DESTINO NORUEGA (III)

 

Nota del autor a modo de aviso:

 

Téngase en claro que, en este viaje que estoy narrando, concurren diversas circunstancias que paso a aclarar para prevenir comentarios correctores por parte de mis acompañantes en ese periplo por las Tierras del Norte y que, me consta, leen con especial interés este texto al ser protagonistas de este relato.

 

Débese de tener en cuenta, también, que es un relato de un PRIMER viaje de una larga saga de viajes que realicé en aquella época; por lo tanto –porque la memoria desfallece día a día- muchos detalles seme  escaparán y otros estarán mediatizados por la propia e íntima experiencia. En este caso por la mía en particular.

 

Téngase en cuenta, otra vez, que esto es un compendio de anécdotas cuyo hilo conductor es el propio viaje a Noruega en sí. No se trata de una guía de viaje con un planning elaborado, previsto y seguido al pie de la letra. Nada más lejos de eso.

 

Y por fin, que para hacer más fluida la lectura, y considerando el maremágnum de medios de transportes que tuvimos que emplear tanto a la ida como a la vuelta, muchas de estas anécdotas se sitúan en el viaje a bordo de un barco -pongamos de ejemplo- a la ida, cuando en realidad fue en ese mismo trayecto a la vuelta.

 

Pero en fin, a todos los que lean este relato de viaje- menos a las cinco personas que me acompañaron en esta odisea- les trae sin cuidado las recomendaciones que he hecho. Porque ellos, vosotros, no podéis discernir cuando, como y donde sucedieron todas estas anécdotas sino por lo que yo cuento.

 

Pero lo que si aseguro, es que todas son rigurosamente ciertas. Y, aunque por su patetismo, pudiesen resultar exageradas, puedo prometer y prometo que todo o que cuento en este relato es, repito,  rigurosamente cierto. Y lo que me callo, que no es poco.

 

Sigue pues así el relato…

Habíamos llegado a Esbjerg. La resaca impenitente de la locura colectiva de la noche anterior, nos taladraba el cerebro de una manera inmisericorde. Suenan por los altavoces del buque instrucciones de que el pasaje debe de abandonar el barco inmediatamente. Así que nos ponemos, apresurada y atropelladamente, a cerrar las maletas que por cierto, la mía en cuestión, había perdido ya el orden perfecto que mi madre me había procurado para todo cupiese adecuadamente. Incluidos los cinco jerseys que  – no se como se me había pasado por la cabeza hacerlo – me había llevado a ese primer viaje de Tuna.

P’al frío, niño! Me había dicho mi madre. P’al frío.

Así pues, con las prisas, empiezo a meter caóticamente, todo lo que había sacado la noche anterior, a fuerza de forzar las correas de cuero de la maleta. Recuérdese que estas correas no circundaban la puta maleta, sino que se abrochaban desde  la mitad de un lado hasta la mitad del otro lado pasando por arriba. Es decir …no pasaban las malditas cinchas por la parte baja, donde iban las bisagras de la maletita en cuestión. Lo de maletita, como se comprenderá, es un eufemismo.

Nos despedimos de las camareras- que todas tenían unas ojeras rojo-rosáceas alrededor de sus ojos. No por la emoción de la despedida, sino por la resaca taladrante que les acuciaba.

Empezamos a bajar por una empinada y estrecha pasarela para pisar por primera vez en nuestra vida tierras danesas. Empieza la comitiva a descender. Quemosión!

Cual caravana de exploradores -sin porteadores- empieza el desfile hacia tierra firme de los seis españoles –estudiantes dela Facultadde Ciencias Económicas y dela Escuelade Empresariales dela Universidadde Málaga que éramos.

En medio de esa turbamulta de maletas, instrumentos musicales y pesadísimas cajas de vinilos, avanzaba con paso torpe El Varisto; provisto de su maleta hinchona y retotollúa  que parecía morir exangüe de asfixia y asma a la vez, si no fuese redundancia respiratoria.

En mitad de la pasarela. A cinco metros de altura sobre el nivel del mar. Es decir justo entre el barco y el muelle, la maleta dice ¡Basta! Y explota en una erupción incontrolada de ropa: jerseys, pantalones, traje de tuno  -capa incluida-  y un indeterminado número de calcetines, bufandas, gorros de lana y diversos complementos inservibles, que salieron expelidos provocando una lluvia textil que deja como recuerdo imperecedero flotando en las aguas del Mar del Norte en Esbjerg, un pantalón de franela, dos jerseys de cachemir, un calcetín ejecutivo y -gracias a Dios, no todo iba a ser malo- la bolsa de la ropa sucia que nunca  jamás volvería a ser lavada. Con agua dulce y jabón quiero decir.

Recoge El Varisto apresuradamente los restos de la explosión y sin saber como, se da la media vuelta en la pasarela y atropellando al resto de pasajeros que le seguían, vuelve al barco suplicando -en un perfecto idioma gesticulante- una cuerda para amarrar a la desdichada y desagradecida maleta. A partir de ese  infame momento, El Varisto se recorrió, ignominiosamente, los Paises Nórdicos con una maleta atada a la manera Paco Martínez Soria.

Humíllame más si puedes Diossss!!! Humíllame más si puedessss!! Decía entre dientes.

Aclaremos que disponíamos de una muy escasa cantidad de dinero destinada a alojamiento y gastos imprevistos -proporcionado por nuestro dilecto Decano, el Sr.Requena- por si acaso no se daba bien la recaudación monetaria por nuestras actuaciones musicales. Pues bien, el “por si acaso” se cumplía y no cosechábamos demasiado éxito en cuanto a emolumentos y por consiguiente, nuestro capital disminuía a pasos agigantados. Más teniendo en cuenta  que, para desplazarnos, teníamos que tomar una ingente cantidad de medios de transporte.

Tomamos pues un tren que nos había de llevar a la capital de Dinamarca. Pero para eso debíamos de atravesar el estrecho de Kattegat y un par de islas para llegar a la ciudad del Tivoli. Y no me refiero a Benalmádena.

Compramos los billetes del tren, nos acomodamos y continuamos con destino a la gloria, que diría Woody Guthrie. Allí, como no, nos sucedió otra anécdota digna de contar. Ya iban siendo demasiadas anécdota, rediez! ¿Que tal un poquito de tranquilidad?

Se puso en marcha el tren y los maestros cerveceros del grupo – a la sazón Urelio y LuisC – se empeñaron en, a pesar de nuestro exiguo presupuesto, celebrar que estábamos en la patria de las Carlsberg y Heineken y pasarse por el vagón Bar- Restaurante para adquirir doce botellines ( 6 de cada marca) para establecer matices diferenciales entre distintas especies del lúpulo de cebada fermentado en su propio lugar de origen.

A El Varisto, se la sudaba -literalmente- la cerveza- El pasaba directamente dela CocaColaa los licores de las Altas Tierras de Escocia sin problema alguno. En la misma cantidad si te digo. A pesar de eso, los dos sedientos decidieron ir a por las rubias con espuma.

No tuvieron en cuenta de que en ese momento el tren hacía el trayecto entre Odense y Sjaelland, situadas cada ciudad en una isla distinta. Cosas de los archipiélagos.

Y cómo, –se preguntará el lector- solventaba esta contrariedad geográfica el tren?  Pues muy fácil: Partiéndose en dos y metiendo cada una de estas partes en un barco distinto. Por lo que transcurrido el tiempo en que se tarda en libar cuatro cervezas de extranjis (en el vagón Bar – Restaurante) quedó el grupo tunero roto de improviso. En dos; como el tren.

Urelio y LuisC, en un barco…el resto en otro.

Salimos fuera corriendo – al darnos cuenta de lo sucedido el grupo más numeroso- con ánimo de avisar a los dos rezagados cerveceros. No dio tiempo. Tan solo a llegar a la barandilla de cubierta desde la cual pudimos ver que unos aterrorizados Urelio y LuisC que observaban con estupor, desde un vagón que se alejaba en el muelle, como nos íbamos sin ellos sin remisión alguna y con el poco dinero disponible, sus pasaportes y todo lo que poseían en el mundo. Eso si, tenían doce cervezas -además de las cuatro que había rateado- para ellos solitos y un dominio del danés y del inglés que daba pena.

Llegamos a Copenhagen. Bajamos todo el equipaje, el nuestros propio y el de los dos desgraciados. Tuvimos pues que esperar la intemerata para que llegaran en otro barco los dos niños perdidos y-porqué no- el muy disminuido bagaje cervecero.

Y allá que nos vamos para el centro de la ciudad!!! Ala  Rådhuspladsen:  la Plazadel Ayuntamiento, justo al lado de los Jardines Tivoli donde se ubicaba el celebérrimo Parque de Atracciones y no demasiado lejos de Christiania, famoso barrio libertario el cual pensábamos visitar para la adquisición de productos típicos de la zona.

Nuestro ínclito guía- interprete- organizador- jefe de salida y, por fin, pandero neurótico  Rafalito Pepunto Pepunto, no sabíamos como, nos había conseguido – en pleno centro de la ciudad, justo en la zona antes descrita- alojamiento a un más que interesante precio. Nos fuimos hacia allá dispuestos gozosos a tomar posesión de nuestras habitaciones; y cuando llegamos… Ahí! ahí fue cuando nos dimos cuenta como había -nuestro querido organizador y estratega del viaje- encontrar tan céntrico y a tan módico precio alojamiento para todos.

Estaba situada, la pestilente pensión, en un edificio de una calle contigua ala Rådhuspladsen.  Nuestrosaposentos, estaba situados en la altísima última planta sin ascensor de un  pútrido edificio danés.

Subimos agotados todo el equipaje y allí nos encontramos al infumable y perverso judío propietario de la cloaca. Ríete del Fagin de Oliver Twist. 

Agotados como estábamos, decidimos no discutir las condiciones fitosanitarias del hospedaje y entramos sudorosos y agotados y -sobretodo- hambrientos. Eran unos cuartuchos llenos de literas dispuestas alrededor de una escueta mesa sobre la cual colgaba una enorme lámpara de platillo que pendía de un alambre como si de un ahorcado se tratase. Se completaba la decoración minimalista con alguna silla desvencijada y todo eso, sucio hasta la desesperación. El plato de ducha era externo, comunal y absolutamente asqueroso. Una piscina de pelos y agua jabonosa digna de mención en esta historia.

Nos sentamos desanimados y asqueados en los bordes de las literas procurando no tocar nada; ni siquiera con el culo. Decidimos sacar fuerza de flaqueza y poniendo unas revistas del Patronato de Turismo dela Costadel Sol que llevábamos – a modo de mantel sobre la mesa- abrimos la caja de las  provisiones y nos dispusimos a saciarnos a base de ácido úrico y las cervezas que aún quedaban desde la odisea anterior.

Empezamos a abrir latitas; dos de cada: Atún… Mejillones en escabeche… Anchoas… foie-gras… chipirones… almejas. Cortamos  -con el cuchillo asesino- un buen surtido de chorizo y salchichón, y lo dispusimos todo abierto –pillando casi toda la mesa- listo para comérnoslo ávidamente, pues el hambre nos corroía.

En un inoportuno momento, el amigo acordeonista Inuit, se levanta de una de las escasas silla con ánimo de coger  -con un palillo de dientes- una sardinilla en tomate; con tan mala fortuna, que le da un tremendo cabezazo a la puta lámpara de platillo, ocasionando al moverla bruscamente, que se derramara sobre los alimentos preparados para la ingesta  una enorme, repugnante y espesa lluvia de polvo que caía con una lentitud exasperante sobre todo el condumio cubriendo con un manto gris rata y dejando inservible y peligrosamente tóxico el ágape para el consumo humano.

No volvimos a sentar lentamente en los bordes de las literas mirándonos con los ojos húmedos de lágrimas y estupefactos. Lanzábamos miradas reprobatorias hacia el ejecutor de la tropelía. Inuit nos miró con displicencia… se tiró un enorme eructo cervecero y no dijo ni mú. Para que más explicaciones.

Bajamos las estrechísimas escaleras tal si fuésemos la SantaCompañay nos dirigimos a la puta Rådhuspladsen donde en un puesto de comida ambulante, nos comimos un ignominioso rollo de primavera. “ ¡¡Welcome to Copenhagen visitors from all over the world!!” se leía en el dispensador de inabarcables y deliciosas hamburguesas y perritos calientes.

¡¡¡Tuputamadre!!! Se decía para sí El Varisto y su grupo de adláteres músico vocales. ¡¡¡Tuputamadre!!!

Tunos deLa Facultadde Económicas y  Ciencias Empresariales dela Universidadde Málaga que éramos. ¡ Con dos cojones! Y si ahí hubiese una puerta?… empezábamos a pensar…

Continuará…

DESTINO: NORUEGA! (II)

DESTINO: NORUEGA! (II)

Llegamos, por fin, a la terminal de vuelos internacionales del Aeropuerto de Málaga. Descargamos el imponente equipaje y el autobús, agradecido y aliviado, se alejó mientra se tiraba, a modo de despedida, tres sonoros pedos de humo negro asfixiante por el tubo de escape debido el esfuerzo extra que le habíamos inflingido con nuestro mastodontico bagaje.

Podría pensarse que incido mucho en el tema del volumen del equipaje; incluso que exagero. Pues bien para abundar mas en el tema de lo desproporcionado de la impedimenta, comentaré que -además de todo lo anteriormente expuesto- se me ha olvidado decir que nuestro amigo Inuit, portaba un enorme acordeón que haría las delicias de nuestros potenciales espectadores nórdicos, y que además, porsi, llevábamos una importante selección de alimentos imperecederos (a la par que pesados) para prevenir indeseados episodios de hambruna.

Consistía este en una caja de avituallamiento que contenía un variado abanico de latas de conservas en su mas amplio espectro: Atún, anchoas, mejillones en escabeche, calamares en su tinta y a la americana, sardinas en aceite y en tomate, un innumerable surtido de latitas de foie grass marca La Piara…y para completar el elenco dos enormes salchichones y otros dos chorizos de igual calado. Otrosí: Un queso. Más que nada – a los chorizos me refiero- para que los salchichones no se sintieran capitidisminuidos  en comparación con los enlatados productos.

Acompañaba a los alimentos un afiladísimo cuchillo para cortar los embutidos, el queso y alguna otra cosa más, como  ya se verá más adelante. Mezepone la canne de gallina.

Llegamos por fin a los mostradores de embarque, con tan mala suerte que, por problemas de los que no llego a acordarme, dispusieron que viajásemos en primera clase. Esto empieza a arreglarse piensa, inopinadamente, El Varisto.

Así pues entran en el avión – vuelo IB 6253- con destino Londón. Se aposentan en unos amplios y cómodos asientos y durante las dos horas aproximadamente que dura el vuelo, no dejan de dar por culo a la zufáta exigiéndole  cervezas, medias botellas de vino, y  numerosísimas botellitas de espirituosos para acompañar el almuerzo y  que liban creyéndose los amos del mundo mundial. Ahiesná! Señorita! Un cafetito, si pué ser.

Llegamos a Heathrow. Salimos del avión medio melopeos y cargados con nueve  mantas de viaje, seis almohadas y un sinfín de material diverso que se componía esencialmente de pantuflas, antifaces y cositas de aseo personal; todo ello debidamente robado del avión que, parecía alegrarse  también de nuestra ida. Con lo que se produce otro incremento notable de peso en el equipaje a transportar.

Las amabilísimas zufátas nos despiden alegremente haciendo gestos de adiós con el brazo derecho. Aunque observamos, con desconcierto, que apoyan su mano izquierda en la parte anterior del codo derecho. A modo de corte de manga. Que zusdén peasos de merdellones! Nos dicen en un perfecto inglés. Que amables!  Nos decimos, y nos dirigimos a la sala de recogida de equipajes con la intención de hacernos cargo nuestro contenedor.

LONDRESSS !

Londres está dispuesto de una manera especial. Esta es: Los bancos…están tós juntos (enla City). Los restaurantes… están tós juntos (en la zona de Picadilly). Los monumentos mas importantes…  están tós juntos (Enla Zonade Houses of Parliament).  Las  tiendas de electrónica… están tós juntas (en la zona de Totteham Court Road). Los Hoteles… también. Mass o menosss claro.

El autobús de línea que tomamos en el aeropuerto londinense -no sé porqué- nos deja a las tantas de la noche en una desierta City, es decir en la zona de los bancos. En teniendo en cuenta de que esa aventura tuvo lugar en Octubre de 1977 – en plena eclosión del movimiento Punk en Londres, íbamos literalmente cagaos por la noche -cargados hasta las cejas-  temiendo que Johnny Rotten y sus secuaces nos atracaran, palicearan y por fin, nos sodomizaran. Mas que nada para darnos por el culo. Aunque lo que más nos temíamos era que Syd Vicious, nos escupiera y tirara tomates mientras nos hacían el acto. God Save the Queen.

Milagrosamente esa noche estaban de concierto por la parte de Chelsea y nosotros, no sabemos como, llegamos a la zona de la estación de St. Pancras y nos alojamos en un muy, muy coqueto hotelito de putas.

La dueña del hotelito, resulto ser una entrañable señora inglesa que nos trató de maravilla -rara avis en ese país-  y que nos deleitó a la mañana siguiente con un suculento desayuno continental (porque se llamara así?)  a base de tostadas, huevos con bacón y salchichas, café, mantequilla y mermelada. Ahí me hubiese quedado yo un par de semanitas. Nos dirigimos, pues, mediada la mañana, a St. Pancrass Station con la idea de tomar un tren que nos llevaría a la ciudad de Harwich. Puerto internacional en el condado de Essex y que es la puerta hacia el continente europeo. Llegamos a Harwich para tomar el barco Dana Regina (gemelo del Dana Corona) que nos llevaría a tierras Danesas. A Esbierj, concretamente; cada vez nos íbamos alejando más del nido protector.

Nos instalamos en el barco. Nos proporcionan camarotes en la parte económica del buque, y una vez aposentados, nos dedicamos a explorar el barco. Lo primero que hacemos es – como es norma- contactar con la tripulación y el staff de camarería del buque. Si quieres en un barco triunfar, con las camareras has de contactar. Así que a los cinco minutos ya teníamos una invitación formal para una fiesta en los bajos más bajos que se pueda uno imaginar en un barco. Actuación musical incluida.

Tratamos de comer algo del bufé libre, pero en esos tiempos, nuestros delicados estómagos españoles patrios, no estaban acostumbrados al enorme surtido de pescados ahumados que era en lo que consistía el repugnante bufé. Y pan negro, pá más INRI.

Así que nos dispusimos a engullir – con todo el dolor de nuestro corazón, y más por necesidad que por placer- un poco de arenque ahumado y frío como una culebra;  dos huevas momificadas de nosequé y un surtido de pescados lánguidos y pálidos en sus variedades de salmueras, ahumados, y marinados. Acompañados de un pan negro de centeno  inclemente que no ayudaba mucho a la vista. En defensa del bufé, diré que eran otros tiempos y que si nos sacaban de los platos de nuestras madres y abuelas, nos quedábamos absolutamente desconcertados.

Estábamos en plena travesía. En medio del Mar del Norte. No sé si se declaró una tormenta o que el susodicho mar está en permanente estado de cabreo. Salimos fuera a cubierta. El frío te calaba los huesos, la humedad, ni te digo. La noche era tan oscura como el sieso de Olav V (al que conocimos mas tarde) y el mar…el mar era de un negro cruel y azabache. Nunca, en mi vida había y he visto un mar tan negro. Tan desesperanzador e inquietante. Ni una luz en los horizontes de babor o de estribor. Y además caía fuerte y racheada la lluvia;  las olas empezaban a tomar una altura más que considerable. Decidimos pues, ponernos a cobijo y acudir a la fiesta de la tripulación que se estaba celebrando en las entrañas de la nave. En las profundidades del Dana Regina.

 Sacamos los instrumentos y empezamos una muy aclamada actuación por la beoda tripulación, mientras, la tormenta estallaba fuera fuera de sí; valga la repugnancia. (Producida por la ingesta de cadáver de pez).

Las camareras despendoladas, nos descubrían una forma muy peculiar de tomar la cerveza. Esta era: Pedías una jarra de Carlsberg y un chupito de Aqvavit que metías entero dentro de ella. A la media hora teníamos un mareo y un embuche mas que considerable.

La tormenta fuera se tornaba imposible. Fuerza 7 según Inuit que sabía -ya por entonces- de todo y sin necesidad de Wikipedia alguna.  No sabíamos si el mareo era producido por el estado del mar o por las innumerables libaciones del maldito Aqvavit. A través de los ojos de buey del barco, observábamos horrorizados como el barco subía hasta el infinito en el cielo de la noche muerta, para después, hundirse -en un interminable descenso en las gélidas aguas del mar del Norte. Inmediatamente volvía a subir para, otra vez inmediatamente, sumergirse de nuevo. Pensábamos que cada una de esas inmersiones sería la última. Sólo nos consolaba el estado pletórico y eufórico de la tripulación. Aunque no sabíamos a ciencia cierta si bebían porque estaban acostumbrados a esta situación o si bebían para despedirse adecuadamente de esta vida.

El Varisto se retiraba  a sus aposentos, dejando para los que siguieran detrás  – y para que sus compañeros no se perdiesen- un rastro pestilente de arenques ahumados, smørrebrød  y Akvavit por los pasillos de camarotes del Dana Regina que Alá confunda.

Llegamos por la mañana a la península de Jutlandia, a Esjberj, con un mar como una balsa y una resaca de mil pares de cojones. Pero contentos de estar vivos. Nos quitamos los salvavidas.

Pero aún teníamos que bajar del barco, coger un tren y meternos –tren incluido- en otro barco… así que…

Continuará…

DESTINO: NORUEGA! (I)

DESTINO: NORUEGA! (I)


EL PRIMER VIAJE DE PARCHE (I)

Nunca se olvidan las primeras veces de cualquier cosa. De hecho, ocurre que las últimas si se olvidan rápidamente. Cosas de la edad supongo. Pero las primeras… las primeras permanecen, indeleblemente, en nuestra memoria. El primer beso. La primera pelea seria. El primer coche. El primer viaje a donde fuese. El primer amor. El primer desengaño. El primer cigarro después del primer kiki y, por consiguiente, la primera cara de atontao.

Puedo recordar con profusión de detalles, la primera vez que visité Londres- pongamos de ejemplo- de las diez o más veces que he estado. De la última vez, apenas recuerdo algunos detalles sueltos; y si estos acuden a mi mente, no sé discernir si eso que recuerdo ocurrió en el último viaje o en uno anterior. Pero del primero, me acuerdo mucho.

Las primeras veces, tienen un rango especial en la memoria. Grabadas a fuego en ella. Por eso, nunca jamás se me olvidará…

MI PRIMER VIAJE DE TUNA: DESTINO NORUEGA.

Sería por la bisoñez propia que te da la edad, esa que va desde el pavo hasta la salida de la adolescencia. Poco más de 20 muescas en la culata de la vida; pero este viaje –al fin y al cabo- lo recuerdo con un cariño especial. Por lo didáctico.

Pertenecía el futuro Father Gorgonzola a la Excelentísima y muy Venerable Tuna de la Facultad de Económicas de Málaga (esto ya lo he dicho muuchas veces) y aparte de rondas… actuaciones  benéficas (en beneficio propio casi siempre)… contratos… y parches, había otra actividad que fascinaba a todo componente de esta (y de todas) egregia Tuna de Económicas: Los viajes.

Los viajes, podían ser financiados por una entidad (casi siempre -en este caso- por el Patronato de Turismo de la Costa del Sol) o podían ser organizados por algún componente avezado en los temas organizativos de la propia Tuna. Estos eran los llamados Viajes de Parche, pues tirábamos kilómetros por la borda a fuerza de trueque. Yo pongo la música, tú pones la manteca. Colorá a ser posible; y así hasta el infinito y más allá.

Así que, de esa manera, mi querido amigo Rafalito –futuro diplomático que ya se adivinaba-  se encargó de la organización y de apalabrar las actuaciones previamente concertadas con los incautos Cuerpos Consulares de allá por donde pasáramos y que habrían de sufrir nuestros elaborados números musicales. Tour Europeo.

Así pues, se organizó un viaje que tendría como comienzo en nuestra ciudad: Málaga! Después vendrían….Londres… Harwich… Esbjerg… Copenhagen… Oslo… y vuelta pa casita con el mismo itinerario. Nada del otro mundo -como se puede observar- para unos avezados viajeros que NO éramos nosotros.

Como quiera que este era nuestro primer viaje de “parche” incurrimos involuntariamente en una serie de novatadas y errores técnicos que no solo nos hicieron el viaje inolvidable a la par que dificultoso, sino que también, nos sirvió de referencia para establecer una guía del “Que no hacer” en los sucesivos periplos que fueron, afortunadamente, muchos.

Con lo único que debíamos de correr cada uno de nosotros, de una forma particular y onerosa, era con los gastos de traslado en avión a Londres. Ida y vuelta. Una vez desembarcados en Heathrow, dependeríamos de nuestros propios recursos musicales y de los contratos (Más bien rondas a hijas casaderas de embajadores) que había conseguido nuestro ínclito organizador: El llamado Rafalito. Contratos que -hay que indicar, para no distraernos en menudencias aclaratorias-, no salió ninguno. Aunque eso aún no lo sabíamos. Tour Euro Pedo.

Así que unas semanas antes del inicio, dedicamos la recaudación de los parches autóctonos para la adquisición de los billetes de Iberia que nos aseguraba no solo la ida, sino lo más importante… la vuelta.

Como novatos que éramos, aún desconocíamos, desgraciadamente, la impedimenta adecuada para ese viaje.

O para cualquier otro. Así que cada uno llevaba – sin pararse a pensar que era un recorrido con múltiples etapas, y sin medio de transporte propio alguno- tal cantidad de cosas inservibles, que cuando nos juntamos –para salir hacia el aeropuerto de Málaga- llevamos tal cantidad de bultos y equipajes que hubiésemos necesitado una partida de porteadores africanos para realizar nuestra inexperta y pipiola aventura a quien sabe donde. Porque en realidad, no teníamos ni la más remota idea de adonde nos llevaba el destino. Ni Rafalito.

Pongamos ejemplo ilustrativo:

Father Gorgonzola  -en adelante El Varisto- llevaba en una maleta proporcionada a su tamaño y dejada en depósito -con advertencias sumarísimas en cuanto al trato a infligirle-  por su hermana La Urdes. Una maleta enorme de piel clara (Que le habían regalado por boda) con unos preciosos correajes (Dos de ellos) que reforzaban el cierre de la susodicha. Lo único descuidado en la puta y carísima maleta, eran las bisagras de cierre; pero de eso ya hablaremos más adelante. Zuputamadre, la de la maleta digo, claro; no la de mi hermana)

Bien, tras suponer los fríos que nos esperaban en las heladas tierras del Norte, El Varisto iba provisto de: dos pantalones vaqueros, uno de pana para el impenitente frío que se nos avecinaba, uno de “Tergal” para las recepciones en las embajadas quel íolagranputa organizador, nos había preparado.

Llevaba asimismo camisas idóneas que complementasen los pantalones… ropa interior suficiente para 15 días sin posibilidad de lavado- Tres pares de zapatos y sus pertinentes pantuflas. Negros de vestir para el Traje de Grillo y para asistir a las inexistentes recepciones en las embajadas…botas de ante para el tránsito cómodo por las tres capitales europeas y unas informales zapatillas de deporte “Keds” para cuando la indumentaria “Casual”, así lo requiriese. Una buena chamarreta impermeable y una cazadora de ante completaban el ciclópeo equipaje. No olvidemos el traje de Tuno completo, capa incluida. Ni el pijama!!!!!

Portaba también un considerable neceser y un botiquín de primeros auxilios que, a la postre, fue usado muy oportunamente. Muy oportunamente, repito.

Adornaba ese mundo inabarcable de kilos con una guitarra metida en su flamante estuche. Y dos cajas de discos (Lp’s de vinilo)  que pesaban lo indecible y que era su parte correspondiente y pretendían vender a todos los majarones guiris vikingos que se pusiesen a tiro y, suponían optimistamente, harían cola para arrebatárselo de las manos a golpe de billetes de 10 Coronas.

Los demás… chispa más o menos. Bueno…menos. Pero algún que otro incauto portaba además bandurria y laúd, para según que escala tocar en tal o cual interpretación musical… Todos, no lo olvidemos, con el complemento inexcusable de sus dos pesadísimas cajas de vinilos correspondiente. Un puto dislate.

Esperábamos en la Plaza del Obispo (Bishop Square) a que dos reconocidos tunos bajasen desde su casa a la plaza a la hora que ellos acostumbraban. Es decir –tal y como dicen los expertos avícolas- a la hora que a ellos les salía de los huevos. No horarios. Quéspere el avión!

Baja el primero, llamémosle Afilado, con su inconmensurable carga de maleta, vinilos, bandurria y laúd. Baja el segundo componente y hermano de este –al que llamaremos LuisC. – con una carga similar que no era sino una maleta  enorrrrmeeee… los vinilos…la guitarra en su estuche adecuado, y poco más. Este, parecía que se lo iba a montar mejor que las otras desgraciadas mulas de carga.

No obstante, en cuanto pone el pie en el suelo de la calle, a golpe de chasquido ¡¡¡Tchak!!!Se le rompe el asa de la maleta. Así, nada más pisar la calle. Y ante la imposibilidad de cambiarla debido al retraso –Ya sabéis a la hora avícola que habían bajado- Trinca la maleta como si de un bebé se tratase y nos hace cargo (nunca mejor dicho) de su guitarra y de su parte correspondiente de cajas de discos. Porlacara.

Una verdadera locura!!!

Salimos en tropel los arriesgados viajeros : Urelio, Afilado, Inuit, LuisC, Rafalito, y un servidor: El Varisto; que ya empezaba, a este último, a olerle a chamusquina este proyecto que distaba mucho, mucho, mucho, de lo que el se imaginaba y de haber empezado.

Así que nos vamos al cercano Postigo de los Abades con la intención de coger el autobús de Iberia que nos debía trasladar al Aeropuerto de Málaga para tomar el avión con destino a Londres.

Pedimos a la agradable azafata nos abra el maletero del autobús para meter el quintal métrico de equipaje; una vez escorado el vehiculo- debido al peso de este- iniciamos el camino traqueteando a pos de la aventura. See  you later Málaga. Ahítequéas!

Ya íbamos terriblemente agotados.

Continuará…

UNA NOCHE DE PORNO EN BERLIN

 UNA NOCHE DE PORNO EN BERLIN

 

Corrían los principios del año 1979.

 Por aquel entonces, aún pertenecía el futuro Father Gorgonzola a la Distinguida Tuna de la Facultad de Económicas de Málaga. Aunque  estuviese matriculado en la Escuela de Empresariales junto a mi amigo y compañero de viaje, el actor Luis Centeno y su hermana Mammota.

Surgió por  aquellos días un viaje a la ciudad de Berlín. Y como inveterados viajeros que éramos, nos apuntamos en tropel para dejar muy alto el pabellón de España en la hoy capital de Alemania (En aquellos tiempos era Bonn) como así fue. Massomenoss.

  Massomenoss lo de dejar el pabellón alto, digo.

 Eran tiempos en los que aún le quedaban al Muro cainita diez años de existencia. Así que tengo el dudoso honor de haber atravesado el Muro de Berlín.

 Tengo muchos, muchísimos recuerdos grabados de forma indeleble en mi memoria.   Muchos recuerdos y una pérdida: Por días no pude asistir, con todo el dolor de mi corazón, a un concierto de Lou Reed. Lou Reed en Berlín…se puede pedir más? Malajuerte!

Recuerdo perfectamente el dolor de muelas, por ejemplo, que padeció el mencionado Luis y como tuvimos que llevarlo a un hospital para que lo medicaran, pues tenía tó la cara del Netol.

 

Recuerdo a un Pepote blasfemando en un perfecto alemán de Torremolinos cuando, por un inevitable resbalón en el suelo helado, cayó encima de su acordeón emitiendo este – el acordeón- un musical y sordo quejido debido a lo que le había caído encima. Pepote, casi se rompe un  brazo debido al enorme saleazo. Y él,  la cara a nosotros debido a las impagables carcajadas.

 Recuerdo la locura que resultaba el pedir comida en los restaurantes o en un simple puesto de Hot Dogs. Por ejemplo…llegabas al puestecito salchichero de marras y señalabas el letrero de las salchichas. La oronda germana te preguntaba: Bratwurst?  Brühwurst?  Weisswurst?, Pimmelwurst,? Franfurt? Pinkerwust? Mein Herrrr???

 

Jarrenperbarben und Embutedungem (En alemán en el original), decíamos nosotros Y le volvíamos a señalar una salchicha y una cerveza en el cartel. Una jarra pa cáuno (Jarrenperbarben) reiterábamos.

O si te ibas a un restaurante y te atrevías a pedir algo desconocido: Leverkazeconcronfleisss… decías con un magnifico acento alemán;  y te encontrabas con esto: Leberkäse, Kronfleisch (pleura o diafragma de la ternera) que se sirve con pasta de rábanos y pan negro. (Wiki)

Una delicia repugnante.

Recuerdo, con especial cariño, a mi buen amigo Jesús El Rojo; este cumplía años y le dije…Rojo! Te voy a regalar el colocón más grande de tu vida! Y cumplí mi palabra. Vaya que si la cumplí; solo se acuerda de medio viaje.

Todavía me lo refiere -hoy día- con un cierto deje de nostalgia y cariño. Para que tú veas!

Recuerdo la nieve ya negra por los humos de los coches amontonada por toda la ciudad. O a la modelo de promociones realmente fisna y divina de la muerte -de Madrís- que alababa vehemente el Shampán Guachandó.

Yo solo bebo Shampán Guanchandó! Decía por Moêt & Chandon, la pija de Vallecas.

Recuerdo, entre otras cosas, nuestra visita a Berlín Oriental pasando el Muro a través de una frontera sacada de una película de Welles. Obedecimos las órdenes de la Embajada de no pasar ni prensa, ni revistas eróticas, ni drogas ni alcohol. La verdad… No sé que cara nos verían. A lo mejor solo se fijaban en Jesús.

Así que dejamos todo el alijo en el hotel y allá nos fuimos. Cuando la sargenta rusa, en la frontera, nos miró por encima de su poblado bigote, nos alegramos de haber sido obedientes. Peaso malabestia la íalagranputa.

Me acuerdo también de una amiga que nos echamos allí, anarquista lesbiana, que nos enseñó-amabilísimamente- la ciudad. Nunca se aprendió mi nombre y estaba convencida de que yo me llamaba Albatros.

Por acordarme, todavía me acuerdo, de que estamos fichados por la policía berlinesa por un disparecer con un nazi propietario del hostal donde nos alojábamos. Por algo así como un sofá roto (ya lo estaba) en el transcurso de una de nuestras reuniones culturales.

Pero de lo que más me acuerdo, era que en aquellos tiempos  y me imagino que ahora, Berlín era una de las capitales culturales de Europa y una noche nos fuimos todos en animosa compañía para ver un espectáculo porno en vivo en un local, entre cutre y casposo, de los muchos que pululaban por la ciudad. El sueño de Torrente.

También era la capital europea del porno Berlín. Todo hay que decirlo.

Y esto es lo que sucedió una nefanda noche. Cuando pasamos:

UNA NOCHE DE PORNO EN BERLIN

 

Habíamos terminado nuestro trabajo de animación en el Stand de España en el Palacio de Congresos donde se desarrollaba la Feria Internacional de Turismos de Berlín (ITB)  una de las más importantes del mundo. Estábamos ya descansando en el Hostal bajo la atenta mirada del cancerbero nazi, sin saber que hacer.

Este, el cancerbero, desde el episodio del sofá- con intervención de la embajada incluida- no nos quitaba el ojo de encima. El muy mamón. Así que ante la imposibilidad de liar otra reunión cultural en el hotel, pensábamos en donde podíamos ir a distraernos antes de acostarnos.

Pero que se puede hacer en una  ciudad frigidísima y cubierta de nieve? Tempänen inch dier Güeben. Con un frío de cohonees (Nota del Traductor)

–         Porque no vamos a ver un show ponno? Dijo Jesús balbuceando a causa del colocón.

Así que sopesando la posibilidad y que en teniendo en cuenta que nosotros siempre fuimos partidarios de asimilar la cultura de allá donde fuésemos y -por ende, insisto- Berlín era la capital del porno mundial, nos dijimos…Vale! Todo sea  por el enriquecimiento personal.

Y pallá que nos fuimos para la zona de Schöneberg, barrio con una enorme proliferación de locales dedicados a los shows pornográficos en vivo. Un enorme puterío allá donde miraras.

Entramos en uno que nos pareció sugerente;

y…como explicaría yo como era el local por dentro?…

A ver:

Imaginaros como veinte cabinas unipersonales puestas en círculo. Dentro de cada cabina había una especie de mostradorcito con un rollo enorme de papel higiénico -me imagino que para tomar notas- y una ventanita rectangular de cómo unos 30 x 20 cms. Con una ranura al lado.

Y en el centro del círculo formado por las cabinas, un recinto donde había una especie de mesa acolchada donde una pareja hacían toda clase de guarreridas  sexuales. El, con una enorme gallinácea (un pollón) y ella con una maestria inigualable en el arte de domeñar a la susodicha gallinácea.

Se trataba pues de comprar fichas, meterse en la cabina, meter una ficha en la ranura y entonces, se levantaba una tapa que cubría el ventanuco y, a través de un cristal,  se veía a una pareja haciendo acrobacias sexuales. Nada que ver con un karaoke. Aunque habia veces que lo parecía. Pero no voy a decir cuando.

Era todo un espectáculo mirar por todo el perímetro interno del circulo y verlo llenos de ventanitas con dos ojos ávidos detrás de cada una de ella. Un poco esperpéntico, todo hay que decirlo. Parecía un cine en 3D todo el mundo con sus gafitas.

Sigo…

A los cinco minutos…Chank!! Se cerraba la tapa y si querías otra ración (perdóneseme el símil gastronómico, pero es que había que ver lo que se comía aquella señorita.) se volvía a echar de nuevo otra fichita, Y así hasta que te jartabas.

Muy edificante. Tengo que reconocerlo.

Después de un par de fichas cada uno, y de advertir -no solo que se nos iba una pasta, sino que además los cinco minutos pasaban rapidísimamente- una mente preclara (me imagino que Jesús) dedujo- que para eso era un economista en ciernes… «Compramos dos fichas cada uno y nos metemos todos en dos cabinas y eso que nos ahorramos»

Dicho y hecho. Que mente mas privilegiada la de los españoles!!! Y que tontos los alemanes que no habían pensado en esa posibilidad. Es que parecen tontos de honraos que son, los maharetass!!! Dijimos.

Nos metimos como pudimos en dos cabinas. Tres españoles en cada una. E iniciamos la tramposa estrategia.

Estábamos enlatados; apretujadísimos. No podíamos ni respirar! Y el poder turnarse para trincar la ventanita de marras era un suplicio de mil pares de cohoness.

El aire se hacía irrespirable, el cristal estaba ahumado por el vaho de nuestros alientos… así que nos dijimos….Vámonos pa fuera! Que esto no hay quien lo aguante. Quemasfixio!!

Nos dimos los tres la vuelta al unísono-porque no había espacio suficiente para hacerlo de otra manera, y nos enfrentamos a la puerta de salida. Sacamos una mano –el que pudo- para tratar de abrirla cuando de pronto –horrorizados!!!- nos damos cuenta de que la puerta no solo era abatible, sino que además abría para adentro.

Glub! Dice uno. Glubglub, dice el otro…Tres glubs más gimió el tercero. Una suerte de gluglubeos angustiosos. Empezamos a sudar, hacinados como estábamos, en una estrecha cámara de tortura.

La sola idea de morir asfixiados no era tan terrible como la mortificación que suponía el que nos encontraran amorcillados- pues estábamos embutidos practicamente dentro de la maldita cabina- en un Porno Live Show de Berlín.

Una vergüenza absoluta para las respectivas familias.

Así que decidimos usar la cabeza. Uno se subió como pudo escalando sobre los otros dos para encaramarse encima del mostrador donde estaba antes el rollo de papel higiénico.

Father -por su corpulencia- fue designado Base de Operaciones. Es decir me agacharía para que el que quedaba, se sentase en mis hombros. Y como pudimos, formamos una sola figura para hacer hueco a la maldita puerta abatible que Alá confunda.

Así lo hicimos. Y, con un titánico esfuerzo y un agobio del copón, logramos abrir la puerta de lo que -al fin y al cabo- era lo más parecido a una cámara de gas. Made in Germany, por mas señas.

Abrimos la puerta, ya te digo, y nada mas abrirla- justo delante- estaban esperando el encargado de la tienda- con un enorme turco detrás- que miraban asombrados la escena:

Uno encima del mostrador. Otro agachado y absolutamente sofocado por el esfuerzo  y, por fin, el tercero, encima del grande haciendo equilibrios y con los huevos pegados al cogote del Father.

Empezó a bramar en alemán y el turco amenazaba con blandir una cachiporra y a amenazarnos en que idioma  sabe Dios. Y nos fuimos todos de allí echando leches.

Father jadeando, decía aún ahogado por el esfuerzo….Yo follo dos vueltas mas y me voy para la casa. Me cagontólas putas de Berlín!!!!

Como decía Goethe:

Dieses Baums Blatt, der von Osten
Meinem Garten anvertraut,
Gibt geheimen Sinn zu kosten,
Wie’s den Wissenden erbaut.

Ist es ein lebendig Wesen,
Das sich in sich selbst getrennt?
Sind es zwei, die sich erlesen,
Dasz man sie als Eines kennt?

Solche Frage zu erwidern,
Fand ich wohl den rechten Sinn:
Fühlst du nicht an meinen Liedern,
Dasz ich Eins und doppelt bin?

 

Y que queréis que yo os diga…No puedo estar más de acuerdo con el.

LA COLLIE CHATA

LA COLLIE CHATA

  

Ocurrió esto, hace ya mucho tiempo; al principio de mi noviazgo con Santa.

Trabajaba esta atendiendo una tienda de regalos propiedad de sus padres.

Una tarde, pasó una señora solicitando información acerca de donde se encontraba un estanco cercano. Santa la informó amablemente y cuando la señora se disponía a irse, esta, volvió a acercarse al mostrador y le dijo:

– Es que voy a regalar un cachorro de Collie, porque mi perra ha tenido una camada de seis y ya no sé que hacer con ellos.

Mientras decía eso, sacó de un bolso grande que llevaba, un precioso cachorrito que hizo babear a Santa al instante. Oiiiiiiiiiiiii! Dijo Santa al verlo.

Inmediatamente y sin pensárselo dos veces, le dijo a la señora:

Si en el estanco no lo quieren, me lo quedo yo! Oiiiiiiiiii!! Que asioso!

Todo eso, sin tener en cuenta que sus padres se negaban absolutamente a tener cualquier animal doméstico en su casa.

Pasado un rato, volvió a entrar la señora en la tienda e hizo entrega del cachorrito a Santa. Patí! Le dijo la amable señora.

Mi Santa se volvió loca con el animalito. Le preparó una caja en el almacén, le puso agua y se puso a pensar en el nombre.

-Coco, se dijo; se llamará Coco!

A continuación me llamó por teléfono…

-Chatooooo… a que no sabes lo que “tenemosss”?

– Lo cuar? Pregunté yo.

– Un Collie!!! Un cachorro de Collie!!! Oiiiiiiiii!!

La verdad es que yo, que estaba acostumbrado a tener solo perros callejeros en casa de mis padres y que además TODOS se llamaban Cuchi, por deseo expreso de mi madre, como que mi hizo ilusión tener, aunque fuera en comandita, un perro de la clase y alcurnia de, nada menos que la raza Collie. Un perro Collie. Y no se llamaría Cuchi!!!!

Ni ná que íbamos a fardar con ese animal con su impresionante  pelaje, su elegante porte  y, sobretodo, con su prominente hocico.

Llegué a la tienda en un plis-plás, a borde de mi Mini Morris Van amarillo. Una suerte de coche fúnebre para enanos según algunos amigos maledicientes y envidiosos sin medio de locomoción propio.

 

Llegué ufano a la tienda y cogí de inmediato al cachorro en mis manos.

-Se llama Coco!!! Oiiiiiii!! Me dijo santa con una carita iluminada por la ilusión.

De dos cosas me di cuenta inmediatamente. La primera de que Coco era en realidad hembra. Así que de inmediato, Santa – sin pensárselo ni importarle lo más mínimo- le cambió el nombre por Coca.

De modo y manera que cuando nos preguntaban por el nombre de la perra, le teníamos que aclarar que se llamaba Coca por el refresco y no por su adicción.

De lo segundo que me dí cuenta, fue que la puñetera perra carecía del debido y obligatorio apéndice nasal puntiagudo.

– Una Collie Chata? Me pregunté en voz alta. Inmediatamente dedujimos que la madre de la susodicha estaba más cruzada que un paso de cebra.

En fins. No había mas remedio que joerse.

Llamó Santa a su madre; y para convencerla, le comentó los datos acerca del linaje de la perra y que era un regalo mío y que podían hacerme ese feo. Así que la madre no tuvo más remedio que adoptar a Coca. Por cohoness.

Seis meses duró el animal en casa de mis suegros. Los seis meses en que tardó la puta perra en devorar todos los bajos de los muebles de la casa de Santa. Los muebles del salón, los sofás, los muebles fabricados por el Tito Pepe- un magnifico carpintero a la antigua usanza- todo, absolutamente todo tenia una rasposa cenefa de madera astillada y roída de quince centímetros de altura. Todo.

Así que volvió a la tienda, donde convivía con el citado Tito Pepe- donde tenía instalada su carpintería- y con Santa que diariamente atendía la tienda en sí.

Coca era inmensamente feliz debido a los largos paseos que le dábamos Santa y yo y sobre todo a los platillos de vino dulce que le proporcionaba Tito Pepe vezencuando. Mayormente Moscatel.

Cuando yo llegaba, era tal la alegría que le producía mi presencia, que empezaba a dar altísimos saltos y a mearse a chorreones. Con lo que conseguía ponerme la nariz perdida a lametones y los pantalones pringando de meaos. Una alegría. Pero es que era cariñosísima la animalito.

Pasó algún tiempo y nuestra queridísima Coca enfermó de parvovilosis. Entre la mala praxis del veterinario y el puto virus, Coca acabó por fallecer. Causándonos a Santa, a Tito Pepe y a mí una pena irremediable por tan trágico desenlace. Estábamos destrozados.

Así que pensamos que debíamos de hacer con el cadáver. Y después de sopesarlo me dije, insensatamente, que mí querida perra Collie chata, no descansaría para siempre sino enterrada en el campo rodeada de árboles y pajaritos. Una feliz idea. Lo sé, soy un romántico.

Y un enorme gilipollas.

Así que me hice con un saco, con un pico y una pala y decidí que una altísima montaña a la que se llegaba con coche (porque a mitad de ella había un enorme aljibe) en el Puerto de la Torre de Málaga, sería el lugar idóneo donde deberían de reposar los restos de nuestra querida Coca.

 

Metí toda la impedimenta en el coche y me fui a la tienda donde, desolados, esperaban Tito Pepe y Santa con la perra tapada con unos trapos.

Llegué a la tienda y les explique en que consistía mi plan de enterramiento. Impedí con todo rigor que Santa me acompañase a tan penosa tarea y metí a la perra en el saco que tenía preparado al efecto. Salí en dirección al coche con semejante equipaje sabiendo que daba la mismísima apariencia del Hombre del Saco.

 

La metí en la mini furgoneta que adquirió en ese mismo momento el aspecto de Coche Fúnebre que tanto les gustaba decir a mis amigos. Los íolagranputas.

Llegué al Puerto de la Torre, me dirigí hacia el aljibe situado en la cima de la montaña, y allí entre algarrobos, encinas y almendros, con una impresionante vista sobre la bahía de Málaga, decidí que ese seria el lugar de descanso de mi querida perra. De Coca; nuestra Collie Chata.

Aparqué junto al camino, cargué en un hombro pico y pala y en el otro el saco con el cadáver canino. Temeroso, todo hay que decirlo, de que me viese la Guardia Civil con semejante pinta y disparase antes de preguntar. Empecé a andar un buen trecho.

 

Bajé como pude una ladera empinadísima que llevaba al clarito donde había decidido enterrar a Coca. Bajé como pude, ya te digo, pues además del peso muerto- que Dios me perdone la expresión- llevaba las manos ocupadas.

Solté con cuidado el saco en el suelo, cogí el pico y me dispuse a cavar.

Clang! Sonó la primera picada que además, me provocó una enorme sacudida en todo el cuerpo.

– Ahí hemos pinchao! Me dije. Y me desplacé unos metros buscando un sitio más idóneo.

Clang! Clang! Clang! Tres cimbreos más y tres latigazos y el suelo ni se enteraba. Estaré cavando en el Peñón de Gibraltar? Me pregunté.

Así que me desplacé otros diez metros más pallá para ver si encontraba suelo blando.

Clang! Clang! Clang! Clang. No había puta forma de hoyar el maldito suelo!!!

Los sudores me corrían por la frente, pues al esfuerzo del infructuoso picoteo, había de añadirle el ejercido por el traslado de tan infausto cargamento.

Clang! Clang! Clang! Clang. Clang! Clang! Clang! Clang.

IM-PO-SI-BLE!!!

Un suelo pétreo, compacto e inmensamente consistente se burlaba de mí a cada picada.

Así que desesperado, y un arrebato de cólera, cogí el saco por el cuello y dando tres vueltas lo lancé tan lejos como pude mandando a la perra a que tomara posesión de su ultima morada: es decir: A tomar por saco…

Recogí -sin mirar atrás- los trastos y subí jadeando la cuesta de vuelta al coche maldiciéndome a mi mismo. Metí apresuradamente el pico y la pala en el puto coche fúnebre y antes de meterme en este -con el corazón encogido por la pena- miré, para despedirme por última vez, a Coca.

Atónito me quedé!!!  No daba crédito a lo mis ojos veían. La mardita perra yacía fuera del saco patas arriba.  Tres de esas patas encogidas; pero la pata derecha delantera, tiesa como la mojama en un rictus que asemejaba de una forma harto elocuente a un saludo falangista.

 

Empecé a reírme con una risa nerviosa tremenda. Los ojos se me inundaban de lágrimas producidas al cincuenta por ciento por la risa y otro cincuenta por ciento por la pena.

La perra seguía abajo saludándome al mas puro estilo fascista y con la boca entreabierta. Parecía estar riéndose de mí pues tenía el labio superior levantado y enseñaba los dientes como divertida por la situación.

 

Así que me resigné y emprendí oootra vez la bajada de la ladera para acercarme al cuerpo yacente.  Miré a mi alrededor y divisé en cien metros a la redonda una gran cantidad de piedras de buen tamaño. Ofú lo que me espera!!  Me dije.

Así que me puse a recoger piedras una a una y trasladarlas junto a la perra. Cada vez que pasaba a su lado parecía decirme con el brazo alzado. Arribassspaña!!! Y se reía. La cabrona se reía.

Me tiré casi media hora trasladando piedras que iba situando alrededor de la perra cadáver y subiendo fila a fila hasta tapar casi por completo a la interfecta.

Cuando terminé la tarea, subí agotado y echando el bofe la cuesta otra vez para irme de allí de una puñetera vez. Maldiciéndome otra vez a mi mismo por la genial idea del sepelio campestre.

Una vez arriba, me volví para despedirme de ella por ultima vez, y entonces, me di cuenta de que el catafalco de piedra parecía un monumento a la teta, pues había un enorme montón redondo de piedras y arriba – como coronándolo- otro pequeño túmulo que le tapaba la estirada pata fascista, a modo de pezón.

 

Volví a llorar otra vez, pero esta vez, solo de risa histérica. Me monté en el coche y me fui de allí – ya casi de noche- completamente empolvado, sudoroso, con las manos hechas mierda y absolutamente agotado.

Cuando llegué a la tienda, Santa y Tito Pepe, estaban preocupadísimos por la tardanza. Antes de que me preguntaran,  les dije…Ya está descansando en paz la pobresita!

No le dije la verdad a mi mujer hasta unos años después: Cuando ya estábamos casados y teníamos a Olivia, nuestra perra fox-Terrier.

 

 

P.D. Si queréis leer otra historia, pero esta protagonizada por Olivia, lo podéis leer desde aquí: Se llama: La noche de bodas de Olivia.

 https://fathergorgonzola.com/2009/03/21/la-noche-de-bodas-de-olivia/

 

 

UN INFAUSTO DIA DE PLAYA

Anoche, tuve el privilegio de estar rodeado de buenos amigos de todos las épocas en el Restaurante Elementus de mi amigo Salvi.

 

Aparcamos – como tantas veces- bajo los eucaliptos frente al Balneario del Carmen.

Y entonces , me asaltó un recuerdo familiar.  Debió de suceder sobre  el año 1966, cuando yo contaba 9 añitosde edad.

Este es el relato de aquel recuerdo. De lo que al final resultó …

 

UN INFAUSTO DIA DE PLAYA.

Sábado por la mañana. Los hermanos –por aquel entonces al completo- disfrutábamos del día libre. Mi madre se afanaba en la cocina para preparar el condumio del medio día sabatino. Chanquetes con pimientos y huevo; todo ello debidamente frito. De primero – como era casi habitual en esa época veraniega- Gazpacho andaluz fresquito.

Porque he dicho que era verano, verdad? Pues lo digo.

Diez de la mañana. El día se presenta caluroso. Un magnifico dia. Los hermanos mayores habían decidido, con  el valor añadido de Jose Luis -novio de mi hermana Lourdes- el pasar la mañana en los Baños del Carmen. El Balneario del Carmen.

No contaban con la presencia del chiquitillo de la camada, el que suscribe: Father Gorgonzola. No entraba en sus planes cargar con un tierno infante porculero.

Pero, mi madre, siempre atenta conmigo y ,para de camino, descansar de mi, les obligó a cargar con el indeseado equipaje y de esa manera, me uní gozoso al grupo para  pasar la mañana dándome chapuzones en la playita. Ay! Que rico madre!

Así que iniciamos el rito playero de la época.

Desplegábamos la toalla encima de la cama. La doblábamos longitudinalmente por la mitad. A lo largo; situábamos el bañador encima de ella y la enrollábamos hasta formar un cilindro. Una suerte de albondigones trufados de Meybas.

Salimos andando pues con la intención de coger el autobús de línea  Alameda Principal – El Palo. Era una época en la que no había sino un solo coche en la casa: el del Pater Familias. En los días en que sucedieron los hechos un Morris Authi 1100. Importado de Inglaterra.

Salimos, decía, los tres hermanos, la hermana y el novio de la inefable al que cariñosamente apodábamos en la familia “El Pella”

Nos trasladó al fin el autobús hasta la misma puerta del Balneario del Carmen. La parada estaba situada en una  gran arboleda de eucaliptos que daban sombra a los escasos coches que esperaban a la fresquita el regreso de los bañistas.

La entrada a los Baños del Carmen, pasaba por el ritual del pago pertinente en las taquillas. Pagabas lo estipulado y tenias derecho – entre otras cosas- a una especie de garita unipersonal que te servia de vestuario y de cabina para guardar la ropa y tus pertenencias.

Dos había que pagar; una en la zona de los hombres para la muchachada varonil. Y otra para la hermana. En aquella época todo estaba dividido por sexos. Incluso en la playa -y dentro del agua- como unos cincuenta metros había una cuerda que separaba una zona para hombre y otra para mujeres; aunque ya no eran las normas tan rígidas y cohabitaban los dos sexos en  toda la playa.

Nos cambiamos y llegamos en tropel a la playa ansiosos y deseosos de meternos inmediatamente en el agua. Pero Oh Desdicha! Una mancha enorme de alquitrán flotaba en toda la orilla y se extendía hasta casi el final de la cuerda. Unos cincuenta metros. Imposible bañarse en ese mar de betún.

La desilusión de Father fue absoluta. Todos los planes de chapoteo se habían transformado en chapapoteo. Aunque esa expresión aún no se conocía.

Nos tumbamos en la playa haciendo huecos en la arena para extender las toallas sin que estas se manchasen con el negro y peguntosísimo alquitrán que ardía al sol implacable del mes de Agosto malagueño

Nos sentamos. Nos tendimos y al sol. Que remedio.

Al cabo de una hora, al que suscribe, se lo llevaban –literalmente- los demonios (Siempre he sido un culillo de mal asiento) confinado en mi particular campo de concentración de apenas dos metros cuadrados. Los nervios me podían. Mecagontóloquesemenea.

No soportaba esa ausencia de agua fresquita y esos baños liberadores de adrenalina y de rebosante vitalidad como tierno infante que era.

De pronto la solución se puso a mi alcance en forma de barca varada en la playa.

En aquella época solían haber barcas dispuestas para el alquiler en la playa a disposición de los bañistas.

Amosalquilarunabarca!!!  Dije con alborozo sabiéndome poseedor de la solución perfecta del día de baño.

– Anda niño! Tú sabes lo que vale eso? Respondío mi hermana.

– Amosalquilarunabarca! Repetí.

– Que no!! Volvió a decir.

– Amosalquilarunabarca, Amosalquilarunabarca!

– Qhedishoquenó!! Y dehadápoolsaco!

– Amosalquilarunabarca, Amosalquilarunabarca! Amosalquilarunabarca,   Amosalquilarunabarca! Amosalquilarunabarca… Arf! Amosalquilarunabarca!

Lourdes!!! Dijo el Pella: Vamos a alquilar una barca para que se calle el oíoporculo niño!!!! A ver si se calla de una puta vez!!!

Nos levantamos los tres hermanos jubilosos y junto al Pella nos dirigimos al sitio, donde estaban las barcas, mirando con displicencia al resto de los bañistas -que sudaban la gota gorda- frente a un mar de ébano coronado con dos dedos de alquitrán a lo largo de toooda la costa que podíamos divisar.

Pagó Jose Luis al marinero que nos miraba de forma ciertamente rara. Botamos la barca. Apartamos el alquitrán como pudimos para adentrarnos en el mar y subimos afanosamente en la puta barca.

El hueco azul entre la negrura se volvió a tapar rápidamente y todo- de nuevo- se tornó negro brillante como el azabache.

Bogábamos pletóricos hacia el lejano mar azul. Father Gorgonzola iba delante, en proa, de pie, tal si fuese un enorme mascarón de proa. Ufano se le veía sabiéndose el autor de tan magna idea. Nosepúesermastontos!!!! Pensaba acerca de los acalorados bañistas, que sentados en la playa, observaban lo que sucedía en el mar.

Avanzaba la barca en ese apagado y tenebroso mar dejando una estela que –como sucedió en la botadura, se cerraba inmediatamente esfumando el rastro efímero de limpieza.

Miraba yo, otra vez, con un cierto deje de desprecio al resto de los bañistas – sin comprender-como eran incapaces de haber pergeñado plan de baño tan genial.

Llegamos por fin a la zona libre de betún y brea.

Lourdes nos hacía señales desde la orilla. Mirad!! Dije!! La niña!!!

Lourdes nos saludaba desde la playa. (Movía esta los brazos agitadamente como queriendo avisarnos de algo)

Correspondieron mis hermanos y el novio de la prójima con saludos efusivos sin enterarse, por supuesto, de lo que esta les decía.

El pequeño Father le propinaba sonoros cortes de manga sabiendo que había sido su principal adversaria en la consecución del fantástico y límpido baño que les esperaba. Nostonta!!!

Ahí te quéas tó zudoroza! Maharona!!!

Sin pensarlo dos veces, nos tiramos los cuatro al agua. Un agua transparente y cristalina como nunca la habíamos visto. Lejos de la orilla el agua azul tenía una frescura inusual y enormemente revitalizante.

Nadamos y chapoteamos durante un buen rato. Un rato muy muy largo.

Agotados por el esfuerzo de permanecer en un mar sin fondo donde apoyarse, decidimos subirnos de nuevo a la barca y volver a la playa donde, una sudorosa y mosqueada hermana, me haría pagar los cortes de manga,s ejecutados con una absoluta maestría, hacia algo así como una hora. Aunque para eso, tenía que cogerme.

Nadamos hacia la barca cuando de pronto -horrorizados- nos percatamos con estupor  de la enorme banda negra de un metro de altura y, al menos, tres dedos de espesor que circundaba la puta embarcación. Nos han jodío!

La rodeamos con la esperanza de hallar un paso libre de pez. Nunca mejor dicho.

Ningún paso se abría por estribor, ni por babor, ni -Oh My God- por proa. Lo único que yo tenía claro era la popa. La popa que es por donde nos iban a dar irremisiblemente a los cuatro avezados navegantes.

Así que se estudió la forma menos dramática de afrontar el suplicio del inevitable embetunado.

Trataron los hermanos mayores y el cuñado, intentar subir al Father a pulso para que, al menos, uno saliera indemne de la humillante situación. Pero al carecer de punto de apoyo, era materialmente imposible.

Así que no quedaba otra solución que la del inevitable restriegue.

El que alguna vez se haya subido a una barca desde el agua sin escalerilla, sabrá del titánico esfuerzo que se requiere. Podéis imaginar, si además – como adorno- tenéis que hacerlo por una superficie húmeda y pegajosa y resbaladiza a la vez?

Un dislate.

Subimos a durísimas penas a la barca. Al Father, al final lo arriaron con el casi descoyunte de brazos. Todos con la parte delantera del cuerpo que no era otra cosa que la verdadera imagen de Nat King Cole. Agravado el caso en mi cuñado Jose Luis, que al ser muy piloso, los pelos se le arremolinaban en el pecho y en las piernas conformando un enorme muestrario de caracolillos al estilo de Estrellita Castro.

Debidamente calafateados nos encaminamos horrorizados hacia la playa presuponiendo la vejación que sufriríamos al llegar a esta playa y contemplasen los bañistas descojonados, comos los Four Tops desembarcaban de su gira por allende los mares.

Cuando llegamos donde nos esperaba mi hermana, nos recibió con un lacónico: Gilipollas! Que fatiguita, Dioss mío, prosiguió. No se puede ser más gilipollas!!

Jose Luis, completamente embadurnado, le espetó –a modo de disculpa-  Luli… Y ella fulminándolo con la mirada  -como solo ella sabía hacerlo- le dijo: Y tu! Tú, eres el más gilipollas de todos!

Nos fuimos camino de la ducha sabiendo que la limpieza del alquitrán era una batalla imposible de ganar. Después… un humillante paseo en autobús.

Mientras en la casa, nuestra madre, preocupada por la tardanza, esperaba impaciente para freír de una vez los malditos huevos que acompañarían a los pimientos fritos y los chanquetes.

THE BANANA BOAT (VALLE VA DE PLAYA)

 Valle es una divertidisima amiga sevillana. Tiene una gracia especial para contar las cosas que le acontecen en la vida. Además de guapísima, es una gran persona.

 Aquí en este recien estrenado apartado de “Colaboraciones” tengo el placer de incluir este mini-relato, de la propia afectada, como es natural, donde narra un fatídico dia de playa.

 Y dice así:

 THE BANANA BOAT.

 Verano de 2007. Playa de Chipiona.13.00.
Valle y su grupo de amigos, incluidos los hijos mayores(quinceañeros) decidimos alquilar una banana,o lápiz,o como le digan en cada playa.

 Es un artilugio de esos que te subes con un salvavidas puesto y una lancha motora arrastra el chisme a toda velocidad sobre las olas con la maligna diversión de tirarte al agua si o si.

 Cogemos uno doble y nos sentamos cinco a cada lado. Entre los dos “torpedos” hay una plataforma de goma por si, en vez de salir disparado hacia fuera, te da por caerte para dentro.

Comienza el viaje. Delante mía, que voy la última de la fila derecha, mi amigo Curro. En el otro lápiz, paralelo a mí, mi amigo Paco… Al segundo tirón la parte de bajo de mi bikini negro se me va hacia un lado dejanto todas mis partes pudendas al aire.

Entre gritos y algarabía yo gritando a Curro que por na del mundo se vuelva que me va a ver hasta los higaillos… Ay que vergüenza!!!Ay por Dios!!! que me depilo sin usar la cera!!!! De pronto la motora da un giro brusco y salgo por los aires derecha al lomo de una ola. Caigo igual que cuando lanzas una piedra al agua con la idea de que de varios botes por la superficie.

Doy tres culazos en el agua antes de hundirme y en dado que mi bikini está a tomar por saco ,me entran quinientos litros de agua salada por lo que en Gran Hermano llaman fisnamente el ojete.

Un enema de cohones a presión. Debajo de agua yo solo puedo pensar que me he roto el culo. Que dolor por Dios!!! Consigo subirme otra vez al aparato del demonio y llego a la orilla con las piernas más abiertas que John Wayne. De camino a la sombrilla el enema empieza a hacer efecto y los retortijones me ponen malita de la muerte.

A duras penas llego a la sombrilla con el consiguiente pitorreo de todos mis amigos; me tiro al mar como una posesa con la intención de evacuar nadando un poco para dentro.Pêro un puñetero bañista con su tubito y sus aletas no deja de dar vueltas a mi alrededor.Que vergüenza niña, me salgo y corro pa casa de mi amiga Encarna que vive en pleno paseo marítimo a 200 metros de nuestras hamacas.

Esos 200 metros quedan sembrados de bolitas tipo cabra salientes de mi cuerpo serrano (lease que es la primera semana en la playa y estoy estreñía por el cambio de agua). No llego al baño de Encarnita, me cago toda entre el pasillo y la ducha. Me dura la vergüenza y el mal rato el resto del veraneo. Mecagoentoloquesemenea!! nunca mejor dicho….

 

UN DIA EN LA LEGION.

UN DIA EN LA LEGION

Finales de los Ochenta.

Luis C. se disponía obligado – por fuerza mayor- a cumplir con los deberes patrios. Es decir, lo obligaban a irse a la puta Mili.

Tenía que irse- irremediablemente- un sábado por la mañana, así que los amigos, que para eso estamos, decidimos agasajarlo con una inolvidable despedida que fuese recordada por el homenajeado durante toda su vida. Como así sucedió.

Acabamos – esa noche, no sabemos como- de día; un par de horas antes de la partida, tirados todos bocaarriba muertos de risa en una pista de hielo llamada Bobby Logan y con un colocón de campeonato… De esa guisa, acompañamos a Luis C. a recoger el petate- terrible palabra como se comprobará mas adelante- a su casa; y de allí al Paseo de la Farola 11. Comandancia de la Marina de Málaga.

Justo cuando iba a subir en el autobús que lo llevaría al campamento de reclutas – estando todavía en un mar de irrealidad producido  por la despedida- se dio cuenta de que se había olvidado las gafas de sol. Horroeur !!!! Así que no tuve más opción que regalarle mis Ray-Ban para que saliera del paso y ademàs, no le vieran los ojos.

Se las puso y allá se fue. Y pasaron los meses, ya destinado en Málaga en la antedicha Comandancia de Marina, uno tras otro. Lentamente.

Luis C. se había acostumbrado, que remedio, a la escasa-nula disciplina de la comandancia. Allí, el ambiente multidisciplinar, nada tenía que ver con el implementado en otros centros militares. Los horarios eran como más flexibles y las guardias se reducían- si las había- a permanecer en la Comandancia ahogando las horas con partidas de cartas, catas de diversos brebajes  e interminables periodos de siestas.

Además se había hecho intimo del médico: Paco M. el cual no solo lo acompañaba en melopeas y vacilones, sino que además le prescribía las pertinentes bajas cuando le eran solicitadas por el patriota Luis C.

Siempre al servicio de la nación. Valientes por Tierra y por Mar, según rezaba el lema de este honorable Arma. Infantería de Marina.

La ausencia- que no falta- de disciplina, tenía su culmen en el tratamiento a los Jefes, Oficiales y Suboficiales que estaban en la citada comandancia. Dado que… cuando en, pongamos por caso, Infantería, era Su Excelencia a Generales; Usía de Coroneles pabajo, y de ahí…Mi Comandante…Mi Capitán…Mi Teniente… Mi Alférez…y siga usted asi hasta el final del escalafón. Menos al cabo, que era y es lo que se dice una mierda a la izquierda…

Pues … En la  Comandancia de Marina de Málaga, como que no!

Allí imperaba el Usted y el Don. De modo y manera que el mismo tratamiento se llevaba el Capitán de Fragata, el Teniente  de Corbeta, el Sargento Primero  e incluso el Cabo Mayor: Mirusté!

Eso si, como deferencia especial se le anteponía el Don al nombre propio. De modo y manera que cuando se dirigía a un, pongamos por caso,  Capitán de Corbeta, se hacía de esta manera…. A sus ordenes! Don Marcelino: Mirusté.

Y sabéis una cosa? A nadie le importaba. Ni a los mandos, ni a las clases, ni tan siquiera al Estado Mayor. Con tal de que no se resquebrajara la tranquilidad que reinaba en dicho acuartelamiento. Un remanso de paz en un mundo de guerra.

Y así pasaban los meses, ya te digo, en la Comandancia de Marina de Málaga. La única ocasión en la que se rompía esta monotonía, era cuando, contadas veces, los marineros debían de acudir al puerto a amarrar a los buques de la Armada que atracaban en dicho puerto. Justo enfrente, todo hay que decirlo, del  mar de la tranquilidad que era la citada Comandancia de Marina. Paseo de la Farola ,11.

Llega la Semana Santa. Semana Grande en la ciudad de Málaga. Y el día mas grande de la Semana Grande -era y es- El Jueves Santo, no solo por tener lugar  ese día los mas importantes desfiles procesionales, sino porque ese día desfilan los Caballeros Legionarios en la Cofradía de Mena. Acompañando al Cristo de la Buena Muerte.

Así que ese día por la mañana, o el anterior -Miércoles Santo- se congregaba una ingente multitud para observar en directo el desembarco de las tropas desde el barco de guerra al son del Himno de la Legión. Incluida  la cabra tocada con el sempiterno Chapiri y su borlita pendulona. Ah! Y un antiguo mando con luenga barba blanca que siempre me recordaba a un amigo de la juventud: Juanito El Largo.

Luis C. estaba ese día en la Comandancia observando como en Puerto de Málaga se atestaba de público esperando el ansiado desembarco. Cuando de pronto se le iluminó la mente con la genial idea!!! Y se dijo…

–         Amoavé…Si yo tengo la oportunidad única de contemplar el desembarco de los Lejías y en primera fila sin aguantar aglomeración ni bullas ni ná!!!

Así que se presentó voluntario –la única vez que en su vida se ha presentado voluntario a algo- para amarrar el buque que transportaba a los Novios de la Muerte, junto con tres compinches que estaban encantados de ser incluidos en la sagaz estrategia del amigo Luis C. Soldado de Infantería de Marina que era. Que eran.

Y allá se fueron los cuatro. Entraron en el Puerto de Málaga y allí que se apostaron a la espera que llegase el barco transporte de tropas. Mientras, el público se apretujaba en una inmensa explanada donde apenas cabía un alfiler. Que agobio, joer.

En esto que llega el barco….atraca y echa amarras. Displicentes como nadie, Luis C. y el trío de incautos, se aprestan a amaromar el barco a los norayes del muelle;. Lo hacen, se separan y se retiran unos metros a fumarse tranquilitos unos cigarritos a la espera del espectáculo que empieza.  Vaya si empieza!

Baja corriendo al paso legionario la banda de música al son del Himno del Cuerpo. Se sitúan bajo el navío y empieza el despliegue de la soldadesca. Cabra con Chapiri incluida. Y borlita.

(Obsérvese con que disimulo el Capitán General que pasa revista a las tropas, pide – con su mano derecha, le pasen el porro de grifa )

Empiezan a bajar y a formar. Decenas de ellos. Cientos de ellos. No desfallecen. El público grita y aplaude enfervorecidamente. Cada Compañía mandada por su Capitán. Cada Sección por su Sargento. Cada Pelotón por su cabo. Y Luis C. y compaña seguían disfrutando del espectáculo lúdico- militar. Que bonito, ío! Dame fuego, pishita!

De pronto, inesperadamente un sargento bajo y rechoncho como una tachuela se dirige a ellos y les conmina:

–         Fííínmesss!!! Fínmes ya!!!! Zocabrones!!!  Que me voy a cagá en tó vuestra puta madre!! Zocabrones!!!

Luis C. y el trío Calavera lo miran asombrados -con el cigarrito en las manos-  y miran hacia atrás buscando a los  desdichados receptores de la sarta de improperios procedentes de la boca del achaparrado sargento. Caballero Legionario Cristino Teigueiro.

–         Qués a vozotros copón benditoo!!! Fíinmmes ya, conniooo!!! Zocabroness!!!

Los aterrorizados infantes de Marina, intentan acordarse de cómo era la posición de firmes que le enseñaron, infructuosamente, parecía ser, en el centro de reclutamiento; y tirando los cigarrillos, pegan las manos al cuerpo, tratando de desperezarlo lo mejor que podían.

–         Kienstár mando!!! Einn?? Kiénstár mando!!!

Automáticamente los dedos de tres traidores señalaron a Luis C. Padre intelectual de la fantástica idea de acudir a ver a los Lejías al Puerto.

–         Venacapacá! Le dijo el terrible Y atachuelado Sargento Cristino.

–         Mira! Tu veh eso doh camioneh ????

–         Póo yas  táis bajando tó lo de dentro eshando leshe !!! Amoss!

Cuando soltó la frase, todos miraron en dirección al índice –alzado  metro y medio sobre el suelo del íolagranputa subjefe legionario Cristino.

Allí se encontraban –aparcados-  dos gigantescos camiones de Intendencia del Ejercito, cargados hasta arriba -no cabía uno solo mas- con los petates de los Lejías; con sus pertenencias y su tradicional alijo de Grifa. Pal trapisheo.

Se miraron consternados los infantes mientras los Caballeros Legionarios desfilaban a paso ligero entonando el Novio de la Muerte y la Cabra miraba bizqueando -a causa de la borlita- a Luis C. Como conmiserándose de él ante el mundo de trabajo que le quedaba por delante.

Mucho más después, el público feliz por el espectáculo ofrecido por la soldadesca, abandonaba la explanada que a cada momento se tornaba más calurosa, solitaria e inhóspita. A las siete de la tarde – agotados- Luis C. y su triunvirato de Infantes de Marina, seguían, mareados ya, descargando la inacabable montaña de bultos. No se sabe si por el esfuerzo o por el tufo a hierba que expelían los putos petates.

Una vez acabado el ímprobo trabajo, se acercó Luis C. al ínclito Sargento Cristino y le comunicó:

–         Suordeness Mi Saennto! Ya hemos tenminado. Manda Ud. alguna otra cosa?

El Rompetechos vestido de verde, sopló- desenfadadamente- la  borlilla del Chapiri, y le dijo..

–         Namás!! Se podéi sir.

Antes de retirarse, Luis C. le preguntó al Sargento …. Mi Saennto! Me permite dirigirme a Ud?

–         Ea! Respondió el bolindre

–         Que verausté, mi Saennto! Questaba yo planteándome irme de voluntario a la Legión…Pero va a ser que no!

El Patatero lo miró de arriba abajo y le dijo…

–         Maricooooónnnnnn…Vete yaa… Maricoooónnnn …Jantes de que te folle. Zocabrónnn!!

–         Suordeness Mi Saennto!

Y se fueron.

Y ahí acabo el único día en que Luis C. Sirvió  en el 4º Tercio de la Legión “Alejandro Farnesio”.

Arriba España!!

Viva La Legión!! (Y la cabra)

Nota Bene:

Cuando Luis C. lee su historia, aquí referida, tiene a bien hacerme algunas salvedades que contribuyen  a complementar dicha historia. Es por lo que incluyo estos comentarios; para salvaguarda de la verdad.

No obstante en mi descargo, debo de decir, que esta anécdota me fue contada en unas condiciones no demasiadas ortodoxas y que ante todo, debo de acogerme a las licencias literarias.

Estos son los comentarios…

Básicamente, la historia es así, aunque tengo que hacer algunas aclaraciones. A saber: No fuí Infante de Marina, no, la Infantería era mucho mas disciplinada. Serví en la Gloriosa Armada Espàñóla, pero en la Marinería, cuya disciplina era mucho mas laxa y en concreto, en el nº 11 del Paseo de la Farola, inexistente. Es cierto, que a Capitanes, Tenientes, Sargentos… los llamábamos D,. Manuel, D. Pedro, D. Juan…, pero jamás recuerdo haber dicho (ni yo ni nadie) «a sus órdenes» D. Pedro. Por ejemplo, si un compañero me decía que me llamaba D. Pedro, tal compañero no decía «a sus órdenes, D. Pedro», simplemente decía: «D. Pedro, que dice Luis que ahora viene, que está terminando de tomarse un café». Era, digamos, como mas familiar.

Otrosí: (Esta aclaración es de vital importancia sobre lo acaecido en el Muelle de Málaga). No es cierto que hubieran dos camiones cargados de petates, sino mas bien, dos camiones vacíos para cargarlos de petates, que nos tiraban desde el buque por la amura de babor, lo cual era mas gravoso, pues si bien por sí mismos, los petates tenían un peso mas que suficiente para hacer penosa nuestra labor, este peso se incrementaba gracias a la altura, mas que considerable, de donde eran arrojados para nuestra recepción. Así, una vez recepcionados, lo íbamos traslandado con suma delicadeza a los camiones, para que a las siete de la tarde, ahora si, estuvieran ambos camiones llenos y los cuatro de la tropa conmigo al mando, volviéramos al Paseo de la Farola nº 11, con la satisfacción del deber cumplido hacia la Patria.

Lo que todavía, a día de hoy ignoro, es porqué los tres marineros que estaban a mi mando, me retiraron el saludo. Algo debieron hablar entre ellos, intuyo.

   Pero sí. Puedo decir orgulloso que serví un día en la Legión Española en el tercer tercio, cuarta bandera…. o algo así. VIVAEEEESPÁÑA.

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