TRÁNSITOS. POESÍA ERÓTICA

TRÁNSITOS. POESÍA ERÓTICA

Todavía no llego a entender  –cosas de la fortuna supongo–  la causa, motivo o razón por la que mi adorada EmeTé me hizo depositario de sus pedestales corpóreos. Ella, creo, también se lo debe de estar preguntando.

Porque, a pesar de mis dudas (y las suyas) periódicamente (que ya es decir mucho) y en exclusiva (que sé que es palabra que ella reconoce con mal paladar) generosamente, me regala su intimidad para que yo adorne estas esporádicas entradas de poesía erótica y sensual que suelo colgar en este blog.

Que EmeTé sea tan pródiga y desprendida conmigo tiene que ver –además de la amistad y de la confianza que me dispensa– con ese íntimo placer que la acompaña –estoy seguro de ello– por mostrar pública y orgullosamente, la bella y perfecta desnudez de su piel. De eso, ya les digo, no me cabe la menor duda.

Cada entrada de EmeTé en este sitio va acompañada de la esperanza de que no sea la última. De que sea sólo un eslabón más en la cadena de regalos inestimables que, muy de vez en cuando, recibo de ella. Tal vez sea porque ella sabe que, de no hacerlo así, me desesperaría y –muerto en vida– saltaría desde alguna de las más altas Torres que hubieran en la comarca y, que si no hubiese ninguna a mano, daría el brinco desde el más prominente y elevado Campanario.

No sé si ustedes entienden el juego de edificios.

En esta ocasión, aprovechando que estoy leyendo el segundo volumen de los Diarios de mi tío, el poeta José María Souvirón, el texto que viene ahora es de un buen amigo suyo: Emilio Prados.

Este es el poema. Disfrútenlo: Háganlo con buen pie.

 TRÁNSITOS

¡Qué bien te siento bajar!
¡qué despacio vas entrando
caliente, viva, en mi cuerpo,
desde ti misma manando
igual que una fuente, ardiendo!

Contigo por ti has llegado
escondida bajo el viento,
– desnuda en él -, y en mis párpados
terminas, doble, tu vuelo.
¡Qué caliente estás! Tu brazo
temblando arde ya en mi pecho.

Entera te has derramado
por mis ojos. ya estás dentro
de mi carne, bajo el árbol
de mis pulsos, en su sombra
bajo el sueño:
¡Entera dentro del sueño!
¡Qué certera en mi descanso
dominas al fin tu reino!

… Pero yo me salvo, salto,
libre fuera de mí, escapo
por mi sangre, me liberto,
y a ti filtrándome mágico,
vuelvo a dejarte en el viento
otra vez sola, buscando
nueva prisión a tu cuerpo.

Autor del poema: Emilio Prados

***

INCONFESIONES

 

INCONFESIONES

“…se hallaba tendido en una chaisse–longue, y tenía en
su blanca mano una rosa sin perfume.”
O. Mirebau

 

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

Conozco a Maripili ¡Qué barbaridad! desde los tiempos postreros del señor Don Eulalio Caballero de Verdaguer. Jefe de Protocolo que fue en, tiempos, de la Muy Noble Casa Castilolamancha. Líder y jerarca de aquel templo de la música y de la imagen que también lo fue La Cueva del Cerrado de Calderón donde tantas buenas producciones se fraguaron y tanto, tanto, sus amigos disfrutamos.

Siempre me gustó ese aspecto desenfadado y libérrimo que destilaba la moza en las fotos que yo veía de aquel domicilio que frecuentábamos a tiempo desfasado – cuando la salud del amigo común corría por los cauces debidos– pues los ambos dos, que somos ella y yo, nunca coincidimos en dicho templo en el mismo punto temporal. Lástima fuese.

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

Sin embargo, y a las fotos me remito, me encantaba su estilo fresco y lozano. Me atraía mucho, ese su pelo que caía –como desmadejado– cubriéndole media cara; aportando a su semblante, ese aura de misterio y ocultación de actriz de los cincuenta que tanto gustaba a Caballero de Verdaguer.

Dispone Maripili ¡Qué barbaridad! de una risa contagiosa y descarada; produciendo en el que la mira, una mezcla de arrebato y de deseo difícil de evitar. Imposible de soslayar.

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

Viste Maripili ¡Qué barbaridad!  un cuerpo concupiscente y lascivo. Una figura tan atrayente y libidinosa como erótica e impúdica… Así qué, sabiendo esto, tímidamente, sacando fuerzas de flaqueza –y venciendo mis temores al rechazo y a su arrebato–  le pedí con voz bajita y cómo no quiere la cosa, el que si se prestaría a ilustrar una nueva entrega de esta serie de poesía erótica que inserto en este blog y que ahora estáis leyendo.

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

De manera inesperada (o no tanto, no se vayan a creer ustedes) Maripili ¡Qué barbaridad! se entusiasmó con la idea; y sorpresivamente, se prestó a ser la protagonista de esta performance virtual y dejar que pudierais imaginar –saliendo de su boca preñada de lujuria–  este poema  de Ana Rosetti.

Una perfecta combinación de la palabra y de la más deseable –y casi tangible– carnalidad que ahora, vais a poder disfrutar.

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Este es el poema de la Rosetti. A Maripili, ¡Qué barbaridad! … Ya lleváis un rato gozándola.

 

INCONFESIONES

Es tan adorable introducirme
en su lecho, y que mi mano viajera
descanse, entre sus piernas, descuidada,
y al desenvainar la columna tersa
–su cimera encarnada y jugosa
tendrá el sabor de las fresas, picante–
presenciar la inesperada expresión
de su anatomía que no sabe usar,
mostrarle el sonrosado engarce
al indeciso dedo, mientras en pérfidas
y precisas dosis se le administra audacia.
Es adorable pervertir
a un muchacho, extraerle del vientre
virginal esa rugiente ternura
tan parecida al estertor final
de un agonizante, que es imposible
no irlo matando mientras eyacula.

Autora del poema: Ana Rossetti

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

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TIENE MARÍA…

 

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

TIENE MARIA…

Tiene María, cómo invitado permanente y duradero, el mar alojado en sus ojos. Lo sé, porque observándola atentamente –y dependiendo de la hora que sea del día– son azules índigo por la mañana temprano cuando el sol es aún tímido y vergonzoso. Al mediodía –y a causa de ese Terral sofocante que enfría el agua hasta impedir el baño– los ojos de María, se tornan verdes aceitunados o esmeraldas según le dé el capricho al cielo.

Llegada la tarde, no puede evitarlo y el gris ceniciento invade sus pupilas; hasta que al atardecer, su mirada se viste de un dorado resplandeciente y fulgurante y las aberturas de sus ojos derraman ríos de lava y lanzan partículas  piroclásticas de deseo, apetito y pasión, a aquellos incautos que están a tiro de esa mirada tan lasciva cómo inconsciente. Tan sensual como instintiva.

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

Tiene María la espuma del mar viviendo en su cuerpo. Fresca, apetitosa, deliciosa. Una espuma que apagaría la sed, si se tuviese la fortuna de que te permitiera beberla a tragos quedos y espaciados. Tiene María, continúo, un cuerpo que yo supongo moldeable porque eso, sin tocarlo, se nota. Dúctil y elástico; proclive a la caricia, al abrazo y al beso. Un cuerpo arrebolado por un sinfín de vistazos incontrolables de aquellos que pululan por los alrededores de su presencia física.

Tiene María, sigo diciendo, el color en su piel de la arena fina y húmeda de Cádiz. El sabor salino y fresco del agua atlántica en sus labios; el rosa mojado de esa lengua ansiada, anhelada y codiciada. Se sospecha que tiene María esa lengua viva y traviesa por la que perderías todos tus cartuchos de convicción sólo por invitarla a bailar en tu boca.

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

María (gracias preciosa!) ha sido tan gentil y benévola de remitirme esta serie de fotos para ilustrar este poema erótico de Juan Ramón Jiménez (habitual que es de esta sección) y que ahora os invito a leer:

 

LAS ROSAS PALPITABAN ENCIMA DE TUS SENOS

Las rosas palpitaban encima de tus senos
duros. Como una flora de las blancas batistas
que tus brazos rosaban cálidamente llenos,
los encajes tentaban con carnes entrevistas

¡Qué cándida lujuria en tus bucles con lazos
rojos! ¡Oh, tus mejillas, mates como jazmines,
bajo la llama negra de los hondos ojazos
sobre la pasión cálida de las rosas carmines!

Ibas hacia la vida con todo tu tesoro
intacto… Me mandaste tus pájaros de amores…
¡y te besé, temblando, tu alegría de oro
con un miedo doliente de poner tristes tus flores!

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

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CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

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© de la fotografía y posado Chesha

Solemos hablar, mi querida amiga y yo, por estos laberintos controlados del ciberespacio.

Siempre, como es natural, dentro de la corrección y de la compostura debida. Tantos años de cariño, y de respeto hacia ella, me permitieron la osadía de la difícil pregunta: ¿Desearías amada prima, formar parte de la nómina de amigas que han posado para el Club de la Poesía Erótica de este blog?

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© de la fotografía y posado Chesha

Yo, ya sabía que su contestación iba a ser afirmativa, como así fue; porque son muchos los años queriéndonos y demostrándonos ese cariño que nos acompaña desde los tiempos más impetuosos y más adolescentes. Desde siempre, Chesha  me ha amparado con su simpatía fresca y natural; fascinado con una forma de ser que enamora. Pero si a eso le añadimos un cuerpo escultural y una voluptuosidad que lleva de serie, mi querida Chesha  tiene merecido, indiscutiblemente, su inclusión en el apartado lascivo de este blog.

Aunque, expresándolo mejor, éste blog tiene el inmenso honor y privilegio de que Chesha nos preste su imagen para adornar esta entrada que ahora viene.

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© de la fotografía y posado Chesha

Este es el poema, que por cierto, es de Juan Ramón Jiménez:

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

Cuando, después de amarnos, te coges el cabello
desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!
cual en un libro abierto, surge la letra negra
de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.

Y en el gesto violento, se te abren los pechos,
y los pezones, tantas veces acariciados,
parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes…
el sexo se te esconde, más pequeño y más blando…

¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!
Luego, el traje
lo torna todo al paisaje cotidiano,
como una madriguera en donde se ocultaran,
lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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© de la fotografía y posado Chesha

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EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

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© Fotografía y posado EmeTé

Tres cosas tiene EmeTé verdaderamente notables (entre otras muchas) que la caracterizan y determinan como la mujer exquisita que es: Un precioso lunar bajo el labio, estratégicamente situado, que se le supone envanecido y ufano por eso de que su dueña y señora lo pueda lamer sin demasiada dificultad ni reparo.

Un ombligo, círculo perfecto y atrayente, que habita a una cuarta equidistante de tres conmutadores del deleite. Y unos pies pequeños e insuficientes para soportar tanta listeza y perspicacia. Tanto atractivo y encanto (cuando quiere). Tanta belleza y exquisitez (cuando no se los tocan) Tanta capacidad de seducción y embrujo (porque no puede evitarlo). Tanto talento y entendimiento (porque se lo ha currao).

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© Fotografía y posado EmeTé

Una mujer difícilmente olvidable que ahora, generosamente y por segunda vez, engalana esta entrada de poesía erótica con la impagable merced de su presencia.

Este es el poema:

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

Flores, pedazos de tu cuerpo;
me reclamo su savia.
Aprieto entre mis labios
la lacerante verga del gladiolo.
Cosería limones a tu torso,
sus durísimas puntas en mis dedos
como altos pezones de muchacha.
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja
y es una caracola.
Ella sabe a tu leche adolescente,
y huele a tus muslos.
En mis muslos contengo los pétalos mojados
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.

Autora del poema: Ana Rossetti

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© Fotografía y posado EmeTé

TUS PIES

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© Fotografía y posado EmeTé

Con las dosis justas de reserva y de reticencia; con las gotas precisas -y razonables- de suspicacia y de recelo, ELLA, mi querida (y admirada) EmeTé, presta (ante mi insistencia) sus pies para adornar esta entrada que contiene un precioso y sugerente poema de Pablo Neruda. No ha sido fácil, ya os lo digo; no ha sido nada fácil. Pero era o ELLA o ninguna otra.

A veces, la porfía y la terquedad, tienen su recompensa. Gracias, amiga mía!

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© Fotografía y posado EmeTé

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TUS PIES

Cuando no puedo mirar tu cara

miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,

tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,

y que tu dulce peso

sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,

la duplicada púrpura de tus pezones,

la caja de tus ojos que recién han volado,

tu ancha boca de fruta,

tu cabellera roja,

pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies

sino porque anduvieron

sobre la tierra y sobre

el viento y sobre el agua,

hasta que me encontraron.

(Los versos del Capitán)

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LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS

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(© Autora y posado de la fotografía Isabel Fillola)

Tiene la delicadeza y el gesto mi amiga, la artista plástica Isabel Fillola, de remitirme fotos realizadas por y sobre ella para ilustrar un precioso poema erótico del poeta nicaragüense Rubén Darío.

Es costumbre de esta serie sobre poesía sensual, que las imágenes sean protagonizadas por amigas mías. Isabel, por méritos obvios, repite y es algo que le agradezco enormemente. Es un placer aunar, en un mismo apartado, la  belleza corporal de la Fillola y la belleza verbal de Rubén Darío. No es fácil, pero cuando se consigue, el resultado es tan hermoso como lo podréis comprobar ahora mismo.

LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS

Iba, en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos…
Constelada de casos y de cosas…
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos…
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!

Autor del poema: Rubén Darío

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(© Autora y posado de la fotografía Isabel Fillola)

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