LOS CAFÉS DE IDÍGORAS.

12301494_10206879481738892_5086122753224608300_n

LOS CAFÉS DE IDÍGORAS.

Ya se sabe que eso del caminar asiduamente – al menos 30 minutos diarios– aporta muchos beneficios a nuestro cuerpo serrano. Dicen que se fortalece el corazón y que se reduce el riego de ciertas enfermedades; que se mantiene el peso corporal– más o menos bajo control– si tenemos bastante persistencia y buenas dosis de tenacidad. Dicen también que ayuda a prevenir la demencia, que ayuda a prevenir la osteoporosis y que tonifica las piernas y los glúteos. Pero sobretodo, y muy importante, está comprobado que aumenta los niveles de energía y de bienestar.

886059_10206818906144540_6638057226759017273_o

La capacidad del ejercicio para mejorar el estado de ánimo es indiscutible. Los estudios han demostrado que el ejercicio regular, de intensidad moderada (como caminar a paso ligero) es tan eficaz como los antidepresivos en los casos de depresión leve a moderada, lo que reduce el estrés y la ansiedad.

Bien, todo esto que acabáis de leer, lo he leído yo antes en Internet. Y lo he transcrito más o menos, seguro como estoy, de la verdad de esas aseveraciones. Porque yo, que estoy andando diariamente, no sólo estoy comprobando estos benéficos efectos, sino qué además lo estoy notando, literalmente, en mis propias “cannes”.

12115923_10206655695304371_2195377586084765124_n
Pero, yo lo sé, hay otro beneficio que no se incluye en esta nómina, y que no es otro, que la del incremento de la creatividad y de la inventiva. Andar a paso ligero, y debido al torrente de endorfinas que proporciona el ejercicio, estoy convencido, incrementa el ingenio y la chispa. La imaginación se vuelve más ágil. La perspicacia y la agudeza se afilan. Se afinan. Y uno –y me pongo como ejemplo– cuando el caudal de esas endorfinas es el adecuado, no pocas veces va riéndose descojonado por la calle, pasando ampliamente de lo que pensarán los viandantes desconocidos con los que me cruzo, sorprendidos y extrañados, al ver a un tío enorme tronchándose y/o hablando sólo.
Por esa circunstancia, no son pocas las entradas en este blog que han sido pergeñadas durante esos gratificantes y amenos paseos.

12227013_10206792460243409_6359951668618311749_n
Pues bien, tengo un buen amigo –Ángel Idígoras– que, aunque él está sobradamente dotado de esos neurotransmisores opioides que son las citadas endorfinas, me cuenta, que también se ha enganchado a esta práctica de las largas caminatas; aunque de estas, no sólo se beneficia él, sino también nosotros, que somos, los que conformamos su legión de admiradores. Porque Ángel –generosamente y como es habitual en él– nos regala la resultante de sus pausas en el paseo; mientras descansando, se toma un café doble, o un zumo, y dibuja.

12227842_10206809428867614_2267188782228201623_n
Y dibuja, tiene esa preciosa costumbre. Dibuja lo que le alcanza la vista en los Cafés de desayunos que la ciudad y el trayecto le ofrecen.
Porque cada mañana, armado de papel y de un bolígrafo Bic (que no poca veces se le agota) sale –desde donde el marengo gigante tira del copo– y se va a andar. Y llega el Camino de la Térmica, hace un receso en El Tostón, y dibuja. Se va a la Avenida del Pintor Sorolla (ese día está más resuelto que otros) y dibuja. Se va al centro de la ciudad y dibuja. Dibuja en cualquiera de los Cafés que tienen la suerte de ser elegidos e inmortalizados por el dibujante amigo.

12243438_10206853029677607_8896599841604981495_n
La técnica de los Urban Sketchers –la culpa la tiene mi otro querido amigo Luis Ruiz Padrón– me fascina absolutamente. Y esa, es la técnica empleada por Ángel Idígoras en este caso. Porque yo –que estoy convencido de que los artistas poseen una mirada distinta a la del resto de los mortales– una mirada, en cada caso, singular y única, admiro sobremanera la especial disposición y facilidad que tienen estos en representar las perspectivas, los planos y las vistas que le proporcionan sus ojos para trasladarlos, tales cuales son, a una hoja de papel.

12244666_10206800860293405_4806531186489695061_o
Pero sigue andando Ángel…
Y se va al Barrio de Carranque donde las calles tienen nombres de Vírgenes Gloriosas y dibuja. Y se va a Calle Padilla; y a la inigualable de San Agustín. A la Plaza de Mozart y a calle Betsaida que tira para Los Tilos y dibuja… Y dibuja… Dibuja en todos lados y de eso, yo le he dicho antes, nosotros nos beneficiamos. Así que por eso, debemos felicitarnos. Así que por eso, vamos y se lo agradecemos encarecidamente.

12265696_10206844750870642_1674942833157330964_o
Esta entrada ha sido, con el beneplácito del autor, ilustrada con los dibujos que antes he mencionado.

12278933_10206878910404609_2495413548741979023_n

***

diseno-floral-retro_23-2147486730

 

Anuncios

ESPEJISMOS EN SU TINTA.

idigorasESPEJISMOS EN SU TINTA.


Uno, a pesar de esa apariencia de osadía y determinación que procuran lo no presencial, declara y jura ante juzgado competente y poniendo su mano sobre una primera edición de El Cetro de Ottokar, que es un tímido contumaz e impenitente. Un obligado e inexcusable retraído para determinados auditorios en los que no se goza ni se dispone de la tranquilizadora amistad del aforo completo. Por esa circunstancia, a uno que lo es, le aterra el ser el centro de atención en cualquier acto público y no estar protegido por el anonimato y lo desapercibido. Cierto es, que cuando en una representación artística sacan a algún incauto que sirva para la mejor ejecución del espectáculo, una vez que me quedo tranquilo por no haber sido el elegido, disfruto con un indisimulado placer sádico y cruel por de lo que me he librado y por lo que me estoy divirtiendo con la que le está cayendo al probo incauto ya referido.

603992_10202329416310100_1972668330_n
Ayer, por eso del cumplir con el axioma ese que dice que en teniendo amigos, qué falta hacen los enemigos, (o algo así) fui sometido al tormento de la mirada y la contemplación ajena al ser sacado inesperadamente al escenario por un Ángel Idígoras despiadado y felón. Un tipo sin alma. Lo que yo te diga.
Hagamos una aclaración: Anoche tuve el placer de asistir a un espectáculo de magia, monólogo y dibujo –en el Museo Interactivo de la Música de Málaga (MIMMA)– a cargo de los chispeantes Ángel Idígoras y el Mago Rubiales. Dos simpatiquísimos artistas que se metieron en el bolsillo a un público entregado (y engatusado) desde el principio hasta el final.

1535489_10202268989879477_1994539568_n
La perfecta conjunción de la magia con el dibujo y con la palabra; la música y el trato directísimo con el público, te regala una hora larga de risas y de sorpresas. De admiración y de asombro. La complicidad entre los dos artistas es extraordinaria; y esa pelea ficticia encima del escenario por el protagonismo, da un enorme y cómico juego. Y de eso, el público se beneficia y se congratula.
Había bastante público infantil, y puedo asegurarles que tratar con esa audiencia tan rigurosa cómo exigente; tan natural como sincera, es tremendamente difícil y arriesgado. Nunca se sabe la chavalería por donde va a salir, y entonces, el arma más útil y efectiva es la inmediata improvisación. Y ahí, tanto el Rubiales, como el Idígoras –maestros en esa disciplina– supieron no sólo salir airosos sino ganarse a todo el auditorio con sus ocurrencias.

11988475_10206447687184298_1819628606170581225_n
Sigamos… Vayamos a “mi” meollo.

***
En un momento dado, el dibujante solicita luz en la sala para merodear con amplitud de miras. Empieza a olisquear presa idónea. En ese mismo momento, también, Santa me susurra: Te va a sacar a ti!!! No ves que tu sobresales entre todos!!! Yo la miro entre aterrado y acojonado, y pido al Gran Houdini, disminuya mi enorme figura que tan chivata y delatora es. El de Bucarest, pasa olímpicamente de mi y cuando voy saliendo de mis desalentadoras sospechas, Oigo reclamar desde el escenario la presencia de “A ver … Aquel tipo grande, con gafas, el de la fila final. Sí tú! Acércate al escenario”
El público aplaude a la víctima propiciatoria. Los que son de su misma condición suspiran aliviados. Y en unos diez minutos, el Idígoras me hace una caricatura; el Rubiales me hace su partenaire en un truco de magia; y los dos me vacilan –al menos cuarenta veces cuarenta– me vacilan; eso sí –todo hay que reconocerlo– con una gracia, una simpatía y un respeto imponentes. Desde ese mismo minuto, me declaro también ferviente admirador del Mago Juan Luis Rubiales.

IMG-20150927-WA0015
En resumidas cuentas: Un espectáculo fresco y relajante. Una representación francamente campechana y cordial. Un lujo visual sorpresivo e impresionante absolutamente recomendable.

11999093_10206631196754069_282605384637484279_n***

retro-floral-ornamental-graphic-element_23-2147486721

 

TARDE CON IDÍGORAS

TARDE CON IDÍGORAS.

 Entre mis defectos, que son todos, brilla –en el horizonte lejano de las virtudes– una cualidad perdida entre tanta tacha y tanta descompostura: la puntualidad. Tengo y presumo, de una impenitente puntualidad. Tanta, tanta, que a veces caigo en la infame e indeseada falta de exactitud horaria, pues llego –la mayoría de las veces– cinco o diez minutos antes a la cita acordada. Y llegar antes, cómo que tampoco es puntualidad en el sentido estricto de la palabra. No se si me explico.

P1190659

 Lo de anoche –el llegar tarde a la exposición de mi amigo Ángel Idígoras– fue un imponderable provocado por personas a las que tanto quiero, que por esa misma circunstancia, no puedo ni tan siquiera regañarles. Llegué pues a la sala de exposiciones, y me tuve que tragar ese sentimiento de desconsuelo por haberme perdido al mago Rubiales y a la Nölting cantando; a mis cada día más queridos y admirados Tiritos ( Los elegantísimos Javier Martín y Jesús Durán) me perdí –Oh desdicha!– al Idígoras rascando acompasadamente el Ukelele. Y, también, a más magos haciendo improvisadas Magic–Sessions. Me perdí todo eso y más; me perdí la Vernissage que dicen los pedantes y asiduos a los cócteles de apertura.

 Tarde con Idígoras.

 1545599_564587493631478_1593999387_n

Y me pregunté, atribulado… ¿Que diantres escribo yo ahora cómo crónica del evento? Sería, si la escribiese –pensaba yo– una crónica  parcial e incompleta?; sin situaciones vividas en primera persona del mascular singulino?.

 Pero no! Después, recapacitando y dándole la vuelta a la tortilla de los disgustos, me dije que no!  Que había que escribirla sin complejos. Que ese retraso me había proporcionado no desconsuelo, sino el suficiente espacio físico y mental como –para no distrayendo mi atención con los actos de amistad de los mencionados– prestarle el pausado interés y la detenida observación a las obras de Ángel que allí estaban colgadas en su presidio de cristal. Todas ellas, aclaro, magníficas.

 P1190652

Verán Uds.: Me considero un capacitado y tenaz seguidor de este artista y amigo. Tengo guardada a buen recaudo la casi totalidad de su producción –le he dedicado algunos artículos y presentaciones en Power Point en este lugar– y creía saberlo y visto todo. Pero me faltaba– ahora gracias al retraso lo sé– el poder contemplar sin prisas el verdadero alcance de su trabajo. Porque la perspectiva y el detalle que te da la obra en vivo, no es para nada comparable a lo visualizado a través de una pantalla de ordenador.

1660748_564587596964801_504557534_n

 Pensaba uno –en su limitada capacidad– que la mayoría de los trabajos de Idígoras se manifestaba en un soporte “dinacuatrense”. Equivocado estaba. Poder ver algunos de mis cuadros favoritos en gran formato, supuso para mi una agradable e inesperada sorpresa. Yo, humildemente aconsejo que cuando vayáis a dicha exposición –porque insisto una vez más en que no os la podéis perder– os dirijáis a la esquina donde Harold Lloyd cuelga suspendido del reloj de la única torre de la Catedral de Málaga, que sigáis junto a  un Hitchcock rodeado de palomas en la esquina del Parque, o a Marilyn o a Oliver Hardy  y a Stan Laurel  “El Gordo y al Menuíllo” de nuestra infancia;  e incluso –ya casi al final– a los Beatles preparados para actuar en el Recinto Eduardo Ocón.

 P1190661

 Pero seguid caminando entre retratos, observad cómo te miran Charles Bukowsky o Walt Whitman. Cómo Modigliani se asoma a la ventana entre tejados;  A Toro Sentado junto a Kafka; a Nube Roja con otro rojo: Van Gogh. Y sus músicos: Inconmensurables estampas de B.B. King, Scott Joplin y Howlin Wolf. Tom Waits, Muddy Waters o Johnny Winter. Nina Simone y muchos más. Muchos más.

 Una exposición interesantísima y amena. Cautivadora y atrayente. Distinguida por sus célebres personajes que si no son conocidos –en muy pocos casos–  después de haber pasado por el lápiz de Idígoras, tiene el derecho adquirido de gloria e inmortalidad, de perdurabilidad; y si me apuran… de pernada.

 1013745_564587320298162_1941901798_n

Por último, un consejo gratuito que le doy al dibujante; ya se que los consejos no pedidos no suelen gustar, pero mi responsabilidad de amigo me obliga a ello: Te recomiendo que tengas cuidado, Ángel. Mucho. Porque anoche, cuando yo ponderaba tu arte y tu siempre disposición hacia los demás, salía a colación un tal Pablo Rodríguez que –amenazante cual lince de cinta adhesiva– te acecha y acorrala echándote la pata encima cual eximio concursante de Gran Hermano. Ten cuidadín. Que el que avisa no es traidor, y a ti, te encontré en la calle, maifrén.

 Los datos de la exposición:

 Autor. Ángel Idígoras.

Título. ‘Kakfa, Toro Sentado, Van Gogh y compañía’.

Lugar. Escuela de Arte San Telmo. C/ El Ejido, 3.

Fecha y horario. Hasta el 3 de marzo. La sala abre de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 y de 17.00 a 20.30 horas.

P1190663

 

A %d blogueros les gusta esto: