MAPAS DE LOS BARRIOS Y ZONAS DE NUEVA YORK

MAPAS DE LOS BARRIOS Y ZONAS DE NUEVA YORK

 Estamos acostumbrados a oír continuamente los nombres de los barrios y de las zonas de la ciudad de Nueva York.

 Chelsea….Soho…Greenwich Village….Harlem…. Upper West Side …Pero… Sabemos situarlos en el mapa de Manhattan? Sabemos donde se encuentran para organizar mejor nuestra visita a Nueva York?

 Mi buena amiga Sarmale, me envía una serie de enlaces para que los incluya en mi blog.

 Uno de ellos me lleva a estos estupendos mapas realizados -el primero, por Jenny Beorkrem- que no son  sino unas representaciónes gráficas de la Isla de Manhattan por zonas y que puede servirle al viajero, si tiene a bien el imprimirlo o consultarlo, para conocer donde se sitúa cada zona de la isla en su viaje a la City y así organizar su planning mas coherentemente.

 Muy interesantes, como podréis comprobar.

 Aquí podéis verlos, copiarlos y guardarlos en vuestro ordenador.

 

BERT MONROY. PINTURA DIGITAL

BERT MONROY. PINTURA DIGITAL

 Bert Monroy nació y se crió en Nueva York, donde pasó 20 años en la industria de la publicidad como director de arte y director creativo de varias agencias, así como la suya.

Su obra también ha sido utilizada para introducir muchos productos de software como Photoshop, Video Works (predecesora de Director), PixelPaint, SoundCap y ImageStudio (predecesora del Pintor). 

Un maestro consumado, Bert, actualmente es profesor de un seminario nacional y es miembro del Photoshop Dream Team.  En 2004, Bert fue incluido en el Salón de la Fama de Photoshop.

TIMES SQUARE

En esta obra, Bert Monroy, ha sido capaz de exprimir al máximo el potencial de PhotoShop creando un fichero PSD de 750.000 capas compuesto a su vez por más de 3.000 ficheros individuales de Photoshop e Illustrator.

Pero si estos datos te han dejado boquiabierto, te sorprenderás al saber que se trata de una pieza con un tamaño de 6,52 GB y unas dimensiones de 1,5 x 7,6 metros.

El artista neoyorquino ha estado trabajando en la obra la nada despreciable cifra de cuatro años.

Aquí podéis al artista junto a su obra “Times Square” y pinchando en el link más abajo de la foto, podréis asombraros paseando por la céntrica plaza de Nueva York.

http://www.bertmonroy.com/timessquare/timessquare.html

Por fin, desde este link, podréis bajaros el trabajo que he realizado con parte de su obra digital para que veáis lo que hace este artista con Photoshop. Una maravilla.

 Aquí:

http://cid-9b5ad4b7dbd9e872.office.live.com/self.aspx/BERT%20MONROY/BERT%20MONROY.pps

Que lo disfrutéis.

Mientas se baja, podéis distraeros con esto. Un grupo danés representando una obra musical basada en canciones de Bob Dylan.  TeaterKoncert. Un grupo de teatro que me tiene AB-SO-LU-TA-MEN-TE  fascinado

Hala!!!

LA COLLIE CHATA

LA COLLIE CHATA

  

Ocurrió esto, hace ya mucho tiempo; al principio de mi noviazgo con Santa.

Trabajaba esta atendiendo una tienda de regalos propiedad de sus padres.

Una tarde, pasó una señora solicitando información acerca de donde se encontraba un estanco cercano. Santa la informó amablemente y cuando la señora se disponía a irse, esta, volvió a acercarse al mostrador y le dijo:

– Es que voy a regalar un cachorro de Collie, porque mi perra ha tenido una camada de seis y ya no sé que hacer con ellos.

Mientras decía eso, sacó de un bolso grande que llevaba, un precioso cachorrito que hizo babear a Santa al instante. Oiiiiiiiiiiiii! Dijo Santa al verlo.

Inmediatamente y sin pensárselo dos veces, le dijo a la señora:

Si en el estanco no lo quieren, me lo quedo yo! Oiiiiiiiiii!! Que asioso!

Todo eso, sin tener en cuenta que sus padres se negaban absolutamente a tener cualquier animal doméstico en su casa.

Pasado un rato, volvió a entrar la señora en la tienda e hizo entrega del cachorrito a Santa. Patí! Le dijo la amable señora.

Mi Santa se volvió loca con el animalito. Le preparó una caja en el almacén, le puso agua y se puso a pensar en el nombre.

-Coco, se dijo; se llamará Coco!

A continuación me llamó por teléfono…

-Chatooooo… a que no sabes lo que “tenemosss”?

– Lo cuar? Pregunté yo.

– Un Collie!!! Un cachorro de Collie!!! Oiiiiiiiii!!

La verdad es que yo, que estaba acostumbrado a tener solo perros callejeros en casa de mis padres y que además TODOS se llamaban Cuchi, por deseo expreso de mi madre, como que mi hizo ilusión tener, aunque fuera en comandita, un perro de la clase y alcurnia de, nada menos que la raza Collie. Un perro Collie. Y no se llamaría Cuchi!!!!

Ni ná que íbamos a fardar con ese animal con su impresionante  pelaje, su elegante porte  y, sobretodo, con su prominente hocico.

Llegué a la tienda en un plis-plás, a borde de mi Mini Morris Van amarillo. Una suerte de coche fúnebre para enanos según algunos amigos maledicientes y envidiosos sin medio de locomoción propio.

 

Llegué ufano a la tienda y cogí de inmediato al cachorro en mis manos.

-Se llama Coco!!! Oiiiiiii!! Me dijo santa con una carita iluminada por la ilusión.

De dos cosas me di cuenta inmediatamente. La primera de que Coco era en realidad hembra. Así que de inmediato, Santa – sin pensárselo ni importarle lo más mínimo- le cambió el nombre por Coca.

De modo y manera que cuando nos preguntaban por el nombre de la perra, le teníamos que aclarar que se llamaba Coca por el refresco y no por su adicción.

De lo segundo que me dí cuenta, fue que la puñetera perra carecía del debido y obligatorio apéndice nasal puntiagudo.

– Una Collie Chata? Me pregunté en voz alta. Inmediatamente dedujimos que la madre de la susodicha estaba más cruzada que un paso de cebra.

En fins. No había mas remedio que joerse.

Llamó Santa a su madre; y para convencerla, le comentó los datos acerca del linaje de la perra y que era un regalo mío y que podían hacerme ese feo. Así que la madre no tuvo más remedio que adoptar a Coca. Por cohoness.

Seis meses duró el animal en casa de mis suegros. Los seis meses en que tardó la puta perra en devorar todos los bajos de los muebles de la casa de Santa. Los muebles del salón, los sofás, los muebles fabricados por el Tito Pepe- un magnifico carpintero a la antigua usanza- todo, absolutamente todo tenia una rasposa cenefa de madera astillada y roída de quince centímetros de altura. Todo.

Así que volvió a la tienda, donde convivía con el citado Tito Pepe- donde tenía instalada su carpintería- y con Santa que diariamente atendía la tienda en sí.

Coca era inmensamente feliz debido a los largos paseos que le dábamos Santa y yo y sobre todo a los platillos de vino dulce que le proporcionaba Tito Pepe vezencuando. Mayormente Moscatel.

Cuando yo llegaba, era tal la alegría que le producía mi presencia, que empezaba a dar altísimos saltos y a mearse a chorreones. Con lo que conseguía ponerme la nariz perdida a lametones y los pantalones pringando de meaos. Una alegría. Pero es que era cariñosísima la animalito.

Pasó algún tiempo y nuestra queridísima Coca enfermó de parvovilosis. Entre la mala praxis del veterinario y el puto virus, Coca acabó por fallecer. Causándonos a Santa, a Tito Pepe y a mí una pena irremediable por tan trágico desenlace. Estábamos destrozados.

Así que pensamos que debíamos de hacer con el cadáver. Y después de sopesarlo me dije, insensatamente, que mí querida perra Collie chata, no descansaría para siempre sino enterrada en el campo rodeada de árboles y pajaritos. Una feliz idea. Lo sé, soy un romántico.

Y un enorme gilipollas.

Así que me hice con un saco, con un pico y una pala y decidí que una altísima montaña a la que se llegaba con coche (porque a mitad de ella había un enorme aljibe) en el Puerto de la Torre de Málaga, sería el lugar idóneo donde deberían de reposar los restos de nuestra querida Coca.

 

Metí toda la impedimenta en el coche y me fui a la tienda donde, desolados, esperaban Tito Pepe y Santa con la perra tapada con unos trapos.

Llegué a la tienda y les explique en que consistía mi plan de enterramiento. Impedí con todo rigor que Santa me acompañase a tan penosa tarea y metí a la perra en el saco que tenía preparado al efecto. Salí en dirección al coche con semejante equipaje sabiendo que daba la mismísima apariencia del Hombre del Saco.

 

La metí en la mini furgoneta que adquirió en ese mismo momento el aspecto de Coche Fúnebre que tanto les gustaba decir a mis amigos. Los íolagranputas.

Llegué al Puerto de la Torre, me dirigí hacia el aljibe situado en la cima de la montaña, y allí entre algarrobos, encinas y almendros, con una impresionante vista sobre la bahía de Málaga, decidí que ese seria el lugar de descanso de mi querida perra. De Coca; nuestra Collie Chata.

Aparqué junto al camino, cargué en un hombro pico y pala y en el otro el saco con el cadáver canino. Temeroso, todo hay que decirlo, de que me viese la Guardia Civil con semejante pinta y disparase antes de preguntar. Empecé a andar un buen trecho.

 

Bajé como pude una ladera empinadísima que llevaba al clarito donde había decidido enterrar a Coca. Bajé como pude, ya te digo, pues además del peso muerto- que Dios me perdone la expresión- llevaba las manos ocupadas.

Solté con cuidado el saco en el suelo, cogí el pico y me dispuse a cavar.

Clang! Sonó la primera picada que además, me provocó una enorme sacudida en todo el cuerpo.

– Ahí hemos pinchao! Me dije. Y me desplacé unos metros buscando un sitio más idóneo.

Clang! Clang! Clang! Tres cimbreos más y tres latigazos y el suelo ni se enteraba. Estaré cavando en el Peñón de Gibraltar? Me pregunté.

Así que me desplacé otros diez metros más pallá para ver si encontraba suelo blando.

Clang! Clang! Clang! Clang. No había puta forma de hoyar el maldito suelo!!!

Los sudores me corrían por la frente, pues al esfuerzo del infructuoso picoteo, había de añadirle el ejercido por el traslado de tan infausto cargamento.

Clang! Clang! Clang! Clang. Clang! Clang! Clang! Clang.

IM-PO-SI-BLE!!!

Un suelo pétreo, compacto e inmensamente consistente se burlaba de mí a cada picada.

Así que desesperado, y un arrebato de cólera, cogí el saco por el cuello y dando tres vueltas lo lancé tan lejos como pude mandando a la perra a que tomara posesión de su ultima morada: es decir: A tomar por saco…

Recogí -sin mirar atrás- los trastos y subí jadeando la cuesta de vuelta al coche maldiciéndome a mi mismo. Metí apresuradamente el pico y la pala en el puto coche fúnebre y antes de meterme en este -con el corazón encogido por la pena- miré, para despedirme por última vez, a Coca.

Atónito me quedé!!!  No daba crédito a lo mis ojos veían. La mardita perra yacía fuera del saco patas arriba.  Tres de esas patas encogidas; pero la pata derecha delantera, tiesa como la mojama en un rictus que asemejaba de una forma harto elocuente a un saludo falangista.

 

Empecé a reírme con una risa nerviosa tremenda. Los ojos se me inundaban de lágrimas producidas al cincuenta por ciento por la risa y otro cincuenta por ciento por la pena.

La perra seguía abajo saludándome al mas puro estilo fascista y con la boca entreabierta. Parecía estar riéndose de mí pues tenía el labio superior levantado y enseñaba los dientes como divertida por la situación.

 

Así que me resigné y emprendí oootra vez la bajada de la ladera para acercarme al cuerpo yacente.  Miré a mi alrededor y divisé en cien metros a la redonda una gran cantidad de piedras de buen tamaño. Ofú lo que me espera!!  Me dije.

Así que me puse a recoger piedras una a una y trasladarlas junto a la perra. Cada vez que pasaba a su lado parecía decirme con el brazo alzado. Arribassspaña!!! Y se reía. La cabrona se reía.

Me tiré casi media hora trasladando piedras que iba situando alrededor de la perra cadáver y subiendo fila a fila hasta tapar casi por completo a la interfecta.

Cuando terminé la tarea, subí agotado y echando el bofe la cuesta otra vez para irme de allí de una puñetera vez. Maldiciéndome otra vez a mi mismo por la genial idea del sepelio campestre.

Una vez arriba, me volví para despedirme de ella por ultima vez, y entonces, me di cuenta de que el catafalco de piedra parecía un monumento a la teta, pues había un enorme montón redondo de piedras y arriba – como coronándolo- otro pequeño túmulo que le tapaba la estirada pata fascista, a modo de pezón.

 

Volví a llorar otra vez, pero esta vez, solo de risa histérica. Me monté en el coche y me fui de allí – ya casi de noche- completamente empolvado, sudoroso, con las manos hechas mierda y absolutamente agotado.

Cuando llegué a la tienda, Santa y Tito Pepe, estaban preocupadísimos por la tardanza. Antes de que me preguntaran,  les dije…Ya está descansando en paz la pobresita!

No le dije la verdad a mi mujer hasta unos años después: Cuando ya estábamos casados y teníamos a Olivia, nuestra perra fox-Terrier.

 

 

P.D. Si queréis leer otra historia, pero esta protagonizada por Olivia, lo podéis leer desde aquí: Se llama: La noche de bodas de Olivia.

 https://fathergorgonzola.com/2009/03/21/la-noche-de-bodas-de-olivia/

 

 

GUIA DE EDIMBURGO

GUIA DE EDIMBURGO

Hace ya algún tiempo, mi querida amiga Titi, me comentó su intención de viajar una semana a Edimburgo.

Me pidió, con esa cara dura que solo los buenos amigos nos dispensamos, que le preparara una guía para su visita a la ciudad.

Después de putearla un buen rato, como siempre, logró su propósito.

Así que me puse a investigar por todos los sitios con ánimo de prepararle una buena guía que incluyese todo lo que una digna guía debe de incluir.

Estas son: Unas breves reseñas de la historia de la ciudad para meterse en situación, datos de la ciudad referentes a….información de monedas, aeropuertos… transportes…. planos… etc.

Así como una lista pormenorizada de monumento indispensables, restaurantes…pubs… tiendas… y excursiones a lugares cercanos a la ciudad.

Un terrible trabajo para realizar en un tiempo mínimo ( una semana) del que disponía antes de que la amiga, la hija y la hermana, saliesen de viaje amparados solo por mi información.

Lo prometido se volvió un calvario y ya adivinaba yo el ímprobo trabajo que me esperaba para al final obtener no se cual resultado.

Pero de pronto, llegó -de forma inesperada- la solución.

Paco y Vero dos -ahora- amigos, tenían una maravilla elaborada y editada por ellos mismos. La Guía de Edimburgo.

Así que tomé información de ese sitio para resumirla y ponerla a disposición de mi amiga Titi.

Leí toda la guía de Paco y Vero (Echadle un vistazo a su impagable blog  de viajes:

http://www.pacoyverotravels.com/

Lo leí, decía, de cabo a rabo y me dije dos cosas: La primera era que debía de pedir permiso a esta amabilísima pareja para que me autorizaran a publicar en este blog su magnifica guía de Edimburgo.

La segunda era que mi amiga Titi, para imitar yo a Paco, debería tener la gentileza obligada e ineludible de traerme -como tributo por mis servicios- un Sporran típico escocés. (Ese bolsito que los escoceses llevan a la altura de los eggs)

Titi cumplió su palabra. Me trajo el Sporran solicitado y que estrenaré cuando vaya con ella a Granada esta Semana Santa. Aunque yo seré mas pudibundo y me lo colocaré en un costado.

Y ahora, Paco Y Vero; Vero y Paco, no solo me autorizan a colgar su magnifica guía, sino que además tienen la deferencia de enviármela por email en pdf con algunas correcciones.

Por esos motivos, es un placer para mí colgar esta magnifica y elaborada guía de Edimburgo para que la disfrutéis aquí:

Guía de Edimburgo

Un magnifico trabajo de dos magníficos viajeros. De dos generosos nuevos amigos.

Mientras se baja el archivo, distraeros con esto.


Que la disfrutéis.

MUELLES DE NUEVA YORK

MUELLES DE NUEVA YORK

 

Estamos acostumbrados a pasear por el mas famoso y mas bonito muelle de Nueva York: el Pier 17 en South Stret Seaport. Uno de mis sitios favoritos entre todos los lugares a visitar de la City.

Pero hay mas muelles; mas Piers.

Aquí tenéis una selección con su dirección por si os animáis a ir o, por si acaso os pilla alguno cerca o de paso:

Estos son algunos de ellos porque, ya os digo, haber más, los hay:

Pier 17

89 South St # 17
South Street Seaport

New York, NY

 

Pier 1 at Riverside Park
70th Street at Hudson River
West 70s
New York, NY

 
Pier 25
N. Moore Street and West Street
Tribeca
New York, NY

 
Pier 4 (58th Street Pier)
58th St at 1st Avenue
Sunset Park
Brooklyn, NY

 
Pier 40
West Houston St & West Side Highway
New York, NY


Pier 45
Christopher Street & Hudson River
Financial District
New York, NY

 
Pier 46
http://www.hudsonriverpark.org/Calendar/index.htm#

West Village
New York, NY

 
Pier 54
13th Street at West Street
West Village
New York, NY

 

Pier  57

Hudson River Park

Cross Street: 15th Street

New York,NY


Pier 62
22nd Street and West End Avenue
Chelsea
New York, NY

 
Pier 81
West 46th Street and 12th Ave
West 40s
New York, NY

 
Pier 90
12th Ave at 50th St (50th-55th Sts)
West 50s
New York, NY

 
Pier 96
Clinton Cove at 56th St and Hudson River
West 50s
New York, NY


Skyport Marina
23rd Street and FDR Drive
New York, NY

 

EL CEMENTERIO INGLES

Mucho me temo que este escrito va camino de ser un escrito dentro de otro. A post within a post…

… Llegan a mis manos una serie de fotografías realizadas, por mi gran amigo Joaquín Hidalgo “Quino”, en el transcurso de una quedada fotográfico-reivindicativa de aficionados a este arte en El Cementerio Inglés de esta ciudad de Málaga.

Le pedí permiso para usarlas en este post por un motivo puramente sentimental y personal; que no era otro que el mucho tiempo pasado allí jugando cuando era niño, mientras vivía algunas temporadas -y casi todos los fines de semana- en casa de mis tíos en la Cañada de los Ingleses.

Ya me gustan esas fotos al primer vistazo, porque reconozco ahora -aunque hace mas de cuarenta años que no lo visito- cada rincón de ese jardín romántico que es El Cementerio Inglés. El primero que fue de los Cementerios Anglicanos de España.

Así que, me pongo a verlas detenidamente por segunda y por tercera vez, y me doy cuenta de dos cosas: La primera es que se me están despertando recuerdos que creía perdidos en la memoria. La segunda es que apenas hay cambios. Que no se ha cuidado nada y que sigue siendo igual, pero con el enorme  deterioro añadido por el paso de los años. Y eso conlleva un inevitable futuro incierto para este lugar.

LA CAÑADA DE LOS INGLESES

Los recuerdos que me vienen, son de los mejores tiempos pasados cuando niño en casa de mis tíos. De tía Lourdes y  de tío Matías (Tioma)  en la Cañada.

Una Cañada de los Ingleses que aún no había padecido el maltrato urbanístico por la mano de especuladores, y de los posteriores promotores y constructores, que han terminado por hacerla casi irreconocible. Una absoluta pena para quien la conoció como yo la conocí.

Desde hace ya algunos años no me atrevo a subir por allí, porque no quiero que cambie definitivamente la imagen entrañable que guardo de ella.

Una Cañada de los Ingleses donde habitaban, en su inmensa mayoría,  tíos míos -los Huelin- entre ellos. Los más queridos entre todos: los citados Tía Lourdes Souvirón y Tío Matías Huelin García de Toledo.

Pasar tiempo en la Cañada, me aportó sobre todo el saber apreciar la vida sana. La vida al aire libre. El querer y el saber estar en un medio que no era el habitual, siendo como era- según Tioma- un señorito de piso. Un señorito de piso a pesar de haberme criado como una verdadera cabra entre el Monte de Gibralfaro y el Monte de las Tres Letras.

A pesar, decía, de haber recogido en la playa cientos de kilos de piedras blancas y negras que conformarían las artísticas losetas situadas en el camino de césped del Llano de la casa de Tía Lourdes.

A pesar de haber vaciado de mierda con mis propias manos -y una enorme ilusión, tengo que reconocerlo- el pozo negro de Tioma por el ignominioso salario de una onza de chocolate La Campana de Elgorriaga y dos galletas María. Aunque tenía el impagable extra de su cariño y de su sempiterno buen humor.

Un señorito de piso a pesar de haber recogido con una pala los excrementos de caballos y las vacas y meterlos en una espuerta durante nuestras excursiones a Cártama y Alhaurín para comprar pan cateto, mostachones y altramuces.

Excrementos estos que servirían como abono a las cientos de palmeras plantadas en latas por Tío Matías en su Alameda particular. Os podéis imaginar el olor en el coche a la vuelta con tan escatológico botín.

A pesar de todo eso, yo, seguía siendo un señorito de piso.

Pero todo eso, valió  la pena. Y volvería a hacerlo todo de cabo a rabo. Aunque no hubiese recompensa de la onza de chocolate por medio. Los días más felices de mis más felices tiempos.

Sigamos con lo que nos ocupa…

EL CEMENTERIO INGLÉS

(Foto: Antonio Ruiz-Molero)

Mas abajo de su casa- en mitad de la cuesta- estaba la casa de Tío Quique y Tía Lily;  justo al lado de la casa, había una especie de corredor- entre la casa y el monte- que te permitía el paso al Cementerio Inglés. Por allí era por donde nos colábamos.

Fueron muchas las horas muertas –mira tu que apropiado- jugando entre tumbas con mis primos… Carlitos y Javier Giménez Huelin y con Pascualón Bejarano. Sobretodo con ellos tres.

Horas entre tumbas que aunque parezca tétrico, no era nada de eso. Porque el Cementerio Ingles tenía una luz y una situación que lo hacían muy especial.

Las fotos de Quino me traen tantos recuerdos… porque, ya lo he dicho, apenas ha cambiado desde esos lejanos tiempos de juegos hasta hoy día, según veo en las fotos.

Y viendo esas fotos comprendo hoy día el porqué de las muchas tumbas sin nombre hechas de ladrillos y cubiertas de conchas marinas. Tumbas de los tiempos del Cólera.

También tumbas de los marinos muertos en el naufragio del  buque escuela Gneisenau.

(Foto: Antonio Ruiz-Molero)

Comprendo ahora que esas extrañas filigranas en algunas cruces raras son en realidad dibujos celtas. Comprendo también cual es el idioma de esos sepulcros altos y magníficos.

Supongo que el modernista Ángel de la Muerte, que tanto me atemorizaba cuando niño y dedicado a Anni (1911)  pueda ser el pariente cercano del otro Ángel asesino involuntario. Ese del  Ruiz Zafón.

Foto: Joaquin Hidalgo)

Pero las fotos de Joaquín Hidalgo, seleccionadas por mi para este trabajo, son extrañamente engañosas; porque distorsionan- con su belleza- una realidad de abandono y desgaste casi irreversible de un sitio que debiera- aunque nada más fuese por sus ilustres moradores- estar perfectamente conservado y ser lugar de visita para malagueños y foráneos. Porque el sitio merece la pena ser visitado. Y respetado.

Y siguen los algarrobos como antes, siguen los hinojos y los árboles de la pimienta dando olor. Todo está invadido por una vegetación desordenada y caótica, idéntica a la de la Cañada. Pero, repito, no os engañéis con la belleza de estas fotos.

Son fotos hechas con extraordinaria generosidad. Con ánimo de plasmar la belleza y no la denuncia y el abandono.

Queremos el compromiso de las autoridades municipales o de las que sean competentes para que se ponga freno a un deterioro implacable. Para honrar debidamente a los que allí descansan. Para que los cadetes y tripulantes puedan seguir navegando, más confortablemente, en un mar de tréboles verdes. Oyendo el viento silbar entre los desarbolados palos de los eucaliptos de la Cañada de los Ingleses.

(Foto: Antonio Ruiz-Molero)

Podéis leer la interesante historia de este cementerio jardín -fantasmas incluidos- aquí:

http://www.universidadlaboraldemalaga.es/datos/Ingles/El_Cementerio_Ingles_de_Malaga.pdf

Visitad su web!!! Esta es:

http://www.cementerioinglesmalaga.org/

Y desde aquí, podéis bajaros la presentación con las fotos de Quino:

http://cid-9b5ad4b7dbd9e872.office.live.com/self.aspx/EL%20CEMENTERIO%20INGLES/EL%20CEMENTERIO%20INGLES/EL%20CEMENTERIO%20INGLES%20DE%20MALAGA.pps

 

Que lo disfrutéis.

UN INFAUSTO DIA DE PLAYA

Anoche, tuve el privilegio de estar rodeado de buenos amigos de todos las épocas en el Restaurante Elementus de mi amigo Salvi.

 

Aparcamos – como tantas veces- bajo los eucaliptos frente al Balneario del Carmen.

Y entonces , me asaltó un recuerdo familiar.  Debió de suceder sobre  el año 1966, cuando yo contaba 9 añitosde edad.

Este es el relato de aquel recuerdo. De lo que al final resultó …

 

UN INFAUSTO DIA DE PLAYA.

Sábado por la mañana. Los hermanos –por aquel entonces al completo- disfrutábamos del día libre. Mi madre se afanaba en la cocina para preparar el condumio del medio día sabatino. Chanquetes con pimientos y huevo; todo ello debidamente frito. De primero – como era casi habitual en esa época veraniega- Gazpacho andaluz fresquito.

Porque he dicho que era verano, verdad? Pues lo digo.

Diez de la mañana. El día se presenta caluroso. Un magnifico dia. Los hermanos mayores habían decidido, con  el valor añadido de Jose Luis -novio de mi hermana Lourdes- el pasar la mañana en los Baños del Carmen. El Balneario del Carmen.

No contaban con la presencia del chiquitillo de la camada, el que suscribe: Father Gorgonzola. No entraba en sus planes cargar con un tierno infante porculero.

Pero, mi madre, siempre atenta conmigo y ,para de camino, descansar de mi, les obligó a cargar con el indeseado equipaje y de esa manera, me uní gozoso al grupo para  pasar la mañana dándome chapuzones en la playita. Ay! Que rico madre!

Así que iniciamos el rito playero de la época.

Desplegábamos la toalla encima de la cama. La doblábamos longitudinalmente por la mitad. A lo largo; situábamos el bañador encima de ella y la enrollábamos hasta formar un cilindro. Una suerte de albondigones trufados de Meybas.

Salimos andando pues con la intención de coger el autobús de línea  Alameda Principal – El Palo. Era una época en la que no había sino un solo coche en la casa: el del Pater Familias. En los días en que sucedieron los hechos un Morris Authi 1100. Importado de Inglaterra.

Salimos, decía, los tres hermanos, la hermana y el novio de la inefable al que cariñosamente apodábamos en la familia “El Pella”

Nos trasladó al fin el autobús hasta la misma puerta del Balneario del Carmen. La parada estaba situada en una  gran arboleda de eucaliptos que daban sombra a los escasos coches que esperaban a la fresquita el regreso de los bañistas.

La entrada a los Baños del Carmen, pasaba por el ritual del pago pertinente en las taquillas. Pagabas lo estipulado y tenias derecho – entre otras cosas- a una especie de garita unipersonal que te servia de vestuario y de cabina para guardar la ropa y tus pertenencias.

Dos había que pagar; una en la zona de los hombres para la muchachada varonil. Y otra para la hermana. En aquella época todo estaba dividido por sexos. Incluso en la playa -y dentro del agua- como unos cincuenta metros había una cuerda que separaba una zona para hombre y otra para mujeres; aunque ya no eran las normas tan rígidas y cohabitaban los dos sexos en  toda la playa.

Nos cambiamos y llegamos en tropel a la playa ansiosos y deseosos de meternos inmediatamente en el agua. Pero Oh Desdicha! Una mancha enorme de alquitrán flotaba en toda la orilla y se extendía hasta casi el final de la cuerda. Unos cincuenta metros. Imposible bañarse en ese mar de betún.

La desilusión de Father fue absoluta. Todos los planes de chapoteo se habían transformado en chapapoteo. Aunque esa expresión aún no se conocía.

Nos tumbamos en la playa haciendo huecos en la arena para extender las toallas sin que estas se manchasen con el negro y peguntosísimo alquitrán que ardía al sol implacable del mes de Agosto malagueño

Nos sentamos. Nos tendimos y al sol. Que remedio.

Al cabo de una hora, al que suscribe, se lo llevaban –literalmente- los demonios (Siempre he sido un culillo de mal asiento) confinado en mi particular campo de concentración de apenas dos metros cuadrados. Los nervios me podían. Mecagontóloquesemenea.

No soportaba esa ausencia de agua fresquita y esos baños liberadores de adrenalina y de rebosante vitalidad como tierno infante que era.

De pronto la solución se puso a mi alcance en forma de barca varada en la playa.

En aquella época solían haber barcas dispuestas para el alquiler en la playa a disposición de los bañistas.

Amosalquilarunabarca!!!  Dije con alborozo sabiéndome poseedor de la solución perfecta del día de baño.

– Anda niño! Tú sabes lo que vale eso? Respondío mi hermana.

– Amosalquilarunabarca! Repetí.

– Que no!! Volvió a decir.

– Amosalquilarunabarca, Amosalquilarunabarca!

– Qhedishoquenó!! Y dehadápoolsaco!

– Amosalquilarunabarca, Amosalquilarunabarca! Amosalquilarunabarca,   Amosalquilarunabarca! Amosalquilarunabarca… Arf! Amosalquilarunabarca!

Lourdes!!! Dijo el Pella: Vamos a alquilar una barca para que se calle el oíoporculo niño!!!! A ver si se calla de una puta vez!!!

Nos levantamos los tres hermanos jubilosos y junto al Pella nos dirigimos al sitio, donde estaban las barcas, mirando con displicencia al resto de los bañistas -que sudaban la gota gorda- frente a un mar de ébano coronado con dos dedos de alquitrán a lo largo de toooda la costa que podíamos divisar.

Pagó Jose Luis al marinero que nos miraba de forma ciertamente rara. Botamos la barca. Apartamos el alquitrán como pudimos para adentrarnos en el mar y subimos afanosamente en la puta barca.

El hueco azul entre la negrura se volvió a tapar rápidamente y todo- de nuevo- se tornó negro brillante como el azabache.

Bogábamos pletóricos hacia el lejano mar azul. Father Gorgonzola iba delante, en proa, de pie, tal si fuese un enorme mascarón de proa. Ufano se le veía sabiéndose el autor de tan magna idea. Nosepúesermastontos!!!! Pensaba acerca de los acalorados bañistas, que sentados en la playa, observaban lo que sucedía en el mar.

Avanzaba la barca en ese apagado y tenebroso mar dejando una estela que –como sucedió en la botadura, se cerraba inmediatamente esfumando el rastro efímero de limpieza.

Miraba yo, otra vez, con un cierto deje de desprecio al resto de los bañistas – sin comprender-como eran incapaces de haber pergeñado plan de baño tan genial.

Llegamos por fin a la zona libre de betún y brea.

Lourdes nos hacía señales desde la orilla. Mirad!! Dije!! La niña!!!

Lourdes nos saludaba desde la playa. (Movía esta los brazos agitadamente como queriendo avisarnos de algo)

Correspondieron mis hermanos y el novio de la prójima con saludos efusivos sin enterarse, por supuesto, de lo que esta les decía.

El pequeño Father le propinaba sonoros cortes de manga sabiendo que había sido su principal adversaria en la consecución del fantástico y límpido baño que les esperaba. Nostonta!!!

Ahí te quéas tó zudoroza! Maharona!!!

Sin pensarlo dos veces, nos tiramos los cuatro al agua. Un agua transparente y cristalina como nunca la habíamos visto. Lejos de la orilla el agua azul tenía una frescura inusual y enormemente revitalizante.

Nadamos y chapoteamos durante un buen rato. Un rato muy muy largo.

Agotados por el esfuerzo de permanecer en un mar sin fondo donde apoyarse, decidimos subirnos de nuevo a la barca y volver a la playa donde, una sudorosa y mosqueada hermana, me haría pagar los cortes de manga,s ejecutados con una absoluta maestría, hacia algo así como una hora. Aunque para eso, tenía que cogerme.

Nadamos hacia la barca cuando de pronto -horrorizados- nos percatamos con estupor  de la enorme banda negra de un metro de altura y, al menos, tres dedos de espesor que circundaba la puta embarcación. Nos han jodío!

La rodeamos con la esperanza de hallar un paso libre de pez. Nunca mejor dicho.

Ningún paso se abría por estribor, ni por babor, ni -Oh My God- por proa. Lo único que yo tenía claro era la popa. La popa que es por donde nos iban a dar irremisiblemente a los cuatro avezados navegantes.

Así que se estudió la forma menos dramática de afrontar el suplicio del inevitable embetunado.

Trataron los hermanos mayores y el cuñado, intentar subir al Father a pulso para que, al menos, uno saliera indemne de la humillante situación. Pero al carecer de punto de apoyo, era materialmente imposible.

Así que no quedaba otra solución que la del inevitable restriegue.

El que alguna vez se haya subido a una barca desde el agua sin escalerilla, sabrá del titánico esfuerzo que se requiere. Podéis imaginar, si además – como adorno- tenéis que hacerlo por una superficie húmeda y pegajosa y resbaladiza a la vez?

Un dislate.

Subimos a durísimas penas a la barca. Al Father, al final lo arriaron con el casi descoyunte de brazos. Todos con la parte delantera del cuerpo que no era otra cosa que la verdadera imagen de Nat King Cole. Agravado el caso en mi cuñado Jose Luis, que al ser muy piloso, los pelos se le arremolinaban en el pecho y en las piernas conformando un enorme muestrario de caracolillos al estilo de Estrellita Castro.

Debidamente calafateados nos encaminamos horrorizados hacia la playa presuponiendo la vejación que sufriríamos al llegar a esta playa y contemplasen los bañistas descojonados, comos los Four Tops desembarcaban de su gira por allende los mares.

Cuando llegamos donde nos esperaba mi hermana, nos recibió con un lacónico: Gilipollas! Que fatiguita, Dioss mío, prosiguió. No se puede ser más gilipollas!!

Jose Luis, completamente embadurnado, le espetó –a modo de disculpa-  Luli… Y ella fulminándolo con la mirada  -como solo ella sabía hacerlo- le dijo: Y tu! Tú, eres el más gilipollas de todos!

Nos fuimos camino de la ducha sabiendo que la limpieza del alquitrán era una batalla imposible de ganar. Después… un humillante paseo en autobús.

Mientras en la casa, nuestra madre, preocupada por la tardanza, esperaba impaciente para freír de una vez los malditos huevos que acompañarían a los pimientos fritos y los chanquetes.

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