LAS CINCO FIRICUSTANCIAS

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LAS CINCO FIRICUSTANCIAS

 

“Yo soy un gitano fino, fino fino filipino
que con muchas firicustancias,
pero con muchas firicustancias
que a mí me tratan como a un vecino.”

(Pedro Pubill Calaf, Peret)

Verán ustedes: No sabía yo bien como contarles este sucedido. Así que después de meditarlo un rato al relente, créanme en serio eso del relente, pienso que lo más mejor será el narrarlo por medio de estas cinco firicustancias que ahora les enumero y dicto.

Ustedes hilarán, y ya me contarán. A ver:

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PRIMERA FIRICUSTANCIA:

Estoy padeciendo desde hace casi una semana un inoportuno y contumaz proceso gripal que me tiene abocado –entre dolores y desconsuelos– al camastro y/o al sillón de mi salón; eso sí, en el salón, con la insoportable e ineludible compañía de Paz Padilla y su panda de encanallados colaboradores. (No pregunten pliss)

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SEGUNDA FIRICUSTANCIA:

Para esto de las enfermedades que requieren encame y/o reposo, dispongo desde hace años de un pijama (Santa me lo compró por si un día me hospitalizaban y no era plan de permanecer allí con pantalón corto pasado de puestas y camiseta costrosa que es lo que yo, habitualmente, uso para dormir) un pijama decía, que reposa desde tiempos inmemoriales, debidamente doblado y olvidado, en un cajón del armario de mi dormitorio.

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Ítem más; reposa el mismo tiempo e igualmente, una bata que me compró mi madre en Melilla hace ya cómo cuatro lustros (20 años para los que son de letras) y que no me he puesto sino en un par de ocasiones a lo sumo. Lo que se dice, más o menos, una vez por década (10 años para los que son de letras).

Sigo…

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TERCERA FIRICUSTANCIA:

Mi hijo –Cigalowsky Gorgonzola– se ha ido esta misma tarde a un viaje de ocio con unos amigos a Ámsterdam. La broma en la familia estos días era… “Y yo que voy a hacer sin ti con ésta (con Santa) yo sooooloooo? Tu madre me la va a liaaar!!! “ decíamos entre risas.

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CUARTA FIRICUSTANCIA:

Debido al estado de resfrío y ataviado con el citado pijama y la maldita bata, me dispongo hoy sentado en el salón –una vez que se ha ido Cigalowsky – acompañado de Kiko Mataporros y de la insigne María José Campanario anunciando alcachofas; pasando la tarde cómo puedo y como Dios, en su infinita sabiduría, me da a entender.

Bueno… Y por fin, llegamos a la…

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QUINTA FIRICUSTANCIA (y la resultante de las cinco):

Santa estaba despendolada –imagino que para distraer su cabeza de la ausencia del ínclito Cigalowsky– poniendo lavadoras y tendiendo la colada al frescuelo de la azotea del edificio de vecinos donde vivimos. Un par de ellas al menos.

En la última tanda, me dice…

– Gordooo… Tú me acompañas arriba que es ya de noche y no me gustaaa?
– Claro mi amor! Respondo yo ignorando lo que se me venía encima. Toso.

Cojo la bolsa de ropa lavada. Toso. Mi mujer coge la bolsa con las pinzas y las llaves de la azotea y le digo, mientras la Campanario lanza un mensaje conciliador a la madre de Andreíta y alaba las propiedades de la alcachofa… O al revés…

– Chica… Has cogido las llaves de la casa?
– Sí! responde ella y cierra la puerta. PLAM!

Inmediatamente, ya en el descansillo de la azotea, me dice:

– Gordo, que me he equivocao! que estas son las llaves de la casa de Fernando. Bueno, no pasa nada! se las pido ahora a Mariví (la vecina).

Toso.

En ese momento oigo yo una puerta que se cierra abajo y el ascensor que desciende.

– Chica: Que me parece que Mariví se ha ido! .
– Que va!!! están en su casa. Seguro!

Entramos a la azotea. Mi mujer vestida de sport con un chándal muy casual; y yo, que me parezco al Puto Pedro, con mi bata y mi pijama vintage. Ah, y con mis Crocs, para terminar de enamorar y de arreglar la vestimenta.

Un ratito después –y yo ya con un puntito incipiente de ganas de mear– nos disponemos a bajar.

– Chica, pídele tú las llaves a Mariví que no quiero yo que me vea con esta facha!
– Vale!!! Ahora te aviso.

A los seis interminables minutos una trémula voz desde abajo me llama y dice:

– Chatooooooo…. No están!!!
– Ein?
– Quenostán!
– Ein? Toso.

Me echo a morir y se me afloja aún más la vejiga. Toso.

– Llámala por teléfono, cohoness!!!! Toso. Toso. Toso. Menos mal que ella sí tenía el móvil. Yo no. Toso.

Llama a la vecina, pensando que esta abajo en la calle, que se ofrece a volver desde el centro; pero se nos ocurre que lo mejor es llamar a nuestra hija que dispone de juego de llaves y que vive en Pedregalejo. Bastante más cerca de la casa. Y eso hacemos.

Yo, que me pongo nervioso, pues las ganar de mear ya se tornan pelín inoportunas, toso y planteo estrategia y mi mirada se posa en un macetón con una palmera que adorna el rellano (de mi propiedad todo hay que decirlo) y que llevo criando desde hace años. La palmera, que se lo huele, me mira con ojos de gatito de Shrek.

A los quince minutos, llega mi hija y puedo ya bajar (tosiendo) desde el rellano de la azotea, muy derecho y digno –por si alguien me ve–  meándome horrores y me meto en la casa corriendo por el pasillo en dirección al cuarto de baño oyendo desde arriba el suspiro de la palmera aliviada que no pasaba tanto miedo desde que tuvo un affaire con un escarabajo picudo rojo.

Y dirán ustedes… Esto es una trola del Father que todo se lo inventa. Pues no! He aquí las dos pruebas:

Una imagen en la zona Norte

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Y otra en la zona Sur.

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Lo que yo te diga!!
En Málaga. Circa 2016

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CASAS DE ANTAÑO

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CASAS DE ANTAÑO.

No se crean Uds. que no contemplo, en unos años, el mudarme a vivir al centro histórico de Málaga. Ahora no, porque aún sigo disfrutando de esa tranquilidad que me procura el vivir en la falda de una montaña; y el despertarse uno con los trinos de los pájaros es una gozada muy de agradecer aunque eso te obligue a estar viviendo en las alturas.

También considero volver, una vez que entre en esa edad provecta de la jubilación (ya no me queda tanto; algo más de un lustro)  a ese centro histórico donde me crié para disfrutar de una apacibilidad bien merecida. A esas alturas, supongo, tratarán de obligarme a abandonar los vicios que afortunadamente aún mantengo y que me proporcionan esta vida de diversión los fines de semanas y fiestas de guardar.

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Cuando ya maneje achaques, supongo otra vez, seré conminado por esos déspotas autócratas de bata blanca, que en aras de tu salud, intentarán quitarte la alegría. Y de fumar. Y de beber. Y de comer. Y de que te coman… de todo. Seré obligado –continúo- a llevar una vida plana (no he dicho plena) de frugalidad, moderación y templanza. Tal si fuese un anacoreta, o un puto fraile solitario.

Aún así y todo. Aún con esa perspectiva de restricciones hedonistas, aún así, tengo ánimos y ganas para querer mudarme al centro y vivir una ciudad (que cada día está más bonita) paseando y tratando por todos los medios –escondido en sus rincones- de engañar a los absolutistas batiblancos que tanto se preocuparán por mi salud de hierro mohoso.

Pero no deberá de ser, si me voy, una casa cualquiera. No. Deberá de ser antigua, con un punto decadente. Una casa cómo las de antes. Con balcones a la calle. Y si desde ellos, puedo ver las procesiones, ya sería el súmmum de los “súmmumes”.

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Echo de menos aquellas casas de antaño. Casas, aquellas de las de antes; parcelas íntimas de convivencia. Territorios unifamiliares gobernados siempre por una madre directora general.

Añoro las casas de mi niñez. Y las echo de menos físicamente, porque ya hoy no veo por ningún lado (sólo en Casa Cumpián) aquellas enormes puertas proporcionales a los altísimos techos. Evoco suelos geométricos multicolores que ya no están -porque el mercado no lo permite- y las distribuciones lógicas de los espacios. Ya no hay salones “para las visitas” ni habitaciones enormes donde fácilmente dormíamos varios hermanos. Ni despensas llenas de baldas, ni altillos fascinantes donde las mantas y cobertores ocultaban tesoros imposibles. Ni cuartos trasteros para jugar a las tinieblas de la noche. Tampoco hay ya “ojopatios” llenos de aspidistras y de helechos. Frescores de botijo y moho en los tiestos. Ya no se llaman a los niños desde los cierros porque vivimos encapsulados en un ilusorio mundo de comodidades donde la electrónica, es muy culpable de esta circunstancia.

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Mundo moderno lleno de materiales fríos y transparentes. De remedos de materiales naturales. El metacrilato fue el principio del fin de la calidez y de lo acogedor de los hogares. La máquinas de frío han sustituido a las corrientes de aire proporcionadas por las ventanas abiertas, también han acabado con el baile monótono y aburrido de los ventiladores de mesa. El olor a alhucema de los braseros y el calor blanco de las catalíticas Buta Therm’x han perecido por el sofoco sin alma de las bombas de calor.

Casas y hogares; ambiente familiares aquellos que perduran en nuestra memoria, de una manera afectuosa y añorada, y que hoy solemos bastardear con el mecanismo de la “fusión” poniendo algún mueble heredado que nos exculpa de los remordimientos.

No se crean Uds. que no contemplo en unos años el mudarme a vivir al centro histórico de Málaga. Ahora no, pero cuando llegue el momento… Ya lo verán Uds. Ya lo verán Uds. cómo sí!

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EL PIDIÓN, EL NODOYNÁ Y EL MAHARÓN.

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El Pidión, el Nodoyná y el Maharón

Hay tres tipos especiales de personas que a veces nos acompañan en la vida, y que ahora mismo –y en base a mi propia experiencia– voy a mostrar aquí al personal. Estos son: El Pidión, el Nodoyná y el Maharón. Tres patas para un banco malo.

Suele darse también ¡oh paradoja del destino! la especial y terrible circunstancia de que esta congregación de personajes puede habituar un mismo grupo de amistades para horror y desesperación del resto de los integrantes medio normales. Tienen Uds. ahora pues el privilegio de apreciar el modo “gorronensis” de los dos primeros y la indolencia, la negligencia, la indiferencia, y más coyunturas terminadas en “encia” del alelado y tontolculo que completa el trío.

Pasen y vean; entren y caigan en las redes del asombro, del pasmo y de la fascinación, pues seguro que les van a resultar muy familiares algunos conocidos suyos. Amigos que son, ya lo verán, muy semejantes a estos sujetos.

 

4Vamos a ellos:

El primero: El Pidión.

El Pidión –como su propio nombre indica– es un sujeto que, de manera sutil, leve y vaporosa –y poniendo cara de desolado gatito de Shrek– te demanda y solicita bienes y servicios cómo si nunca te los hubiese pedido antes y ésta última vez, fuese una situación única, especial y circunstancial.

Noooo…Veráaas… Si no te importaaaa…. Perdónaaaa… esas, son sus armas letales.

Carecen, a ojos vista, de los medios apropiados para subsistir en la comunidad (no digo ya en la de propietarios, que también) sino en la comunidad de las amistades. Pero Oh! milagro! nada les falta a los pidiones. Nasty de plasty. Ni un peregil. El Pidión saca, además de traslados gratuitos, tabaco y libros; además de copas y manduca, fiestas y saraos. Toooodo gratis.

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En todos los sitios aparece milagrosamente, como salido de la nada, sin haberlo avisado nadie en concreto; y disfruta de la fiesta como las personas de baja estatura (lo que antiguamente, antes de la mariconería del buen rollito, se llamaban enanos). El Pidión de todo se entera –a través de su muy estudiada y organizada red de cándidos e ingenuos informadores– y cuando llegas a una reunión, el primero que está allí –tragando disimuladamente y ocupando el sillón del anfitrión– es él.

El medio de transporte no es importante para ellos; incluso les parece una ordinariez y un signo de distinción innecesario. Los transportes públicos son magníficos, cómodos y puntuales, dicen. Y además (como son muy ecologistas) no contaminamos como el resto de los mortales que sois unos guarros, apuntan. Apuntan el comentario, y se apuntan, naturalmente, a tu coche cuando lo necesitan.

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El segundo: El Nodoyná.

Íntimamente unido en estrategias, usos y costumbres al Pidión, está el Nodoyná. El Nodoyná se distingue principalmente del resto de los mortales en tener (cosas de la evolución) los dedos índice y corazón de la mano derecha visiblemente desproporcionados y aplanados por las puntas. Esto es: Tienen una enorme habilidad y destreza en extraer sus propios cigarrillos de los bolsillos, o de las mariconeras, sin sacar al exterior el paquete de tabaco. Solo meten los dos dedos indicados y, en un baile ensayado durante décadas –y en un tiempo denominado “periquete”– abren el paquete, sacan el cigarro, vuelven a cerrarlo, y en un plisplás, lo tienen en la boca encendido con un mechero arañado que tienen en propiedad desde los tiempos del Naranjito.

Las copas: el Nodoyná, es capaz de conservar –no sé el método empleado, pues es un secreto muy bien guardado– es capaz de conservar, digo, una copa gélida en sus manos durante al menos tres horas. Aún en pleno Agosto. Hablo de lugares públicos; es decir, de “Paganini” porque en recepciones privadas no para de libar ininterrumpida e inagotablemente. En lugares públicos, permanecen a la caza y captura del Maharón de turno (que ahora definiremos) para acercarse a él subrepticia y solapadamente cuando el incauto se acerca a la barra. Pone cara de Oliver Twist (igual que el Pidión) y suplíca sin abrir la boca, ración de chupitos para echársela al coleto, en el más genuino estilo Dickensiano. “Pofavó Señor…Quiero un poco más! que decía el Oliverio.

 

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El tercero: El Maharón.

El Maharón es la pobre victima de estas dos alimañas. Acostumbrado y educado en otras maneras y formas, es sacudido económicamente por el Pidión y por el Nodoyná inclementemente durante toda una vida y media; por eso de que este no sabe decir que no y porque no soporta las esperas interminables entre consumiciones para pagar. No como los otros dos que manejan paciencia infinita y dominan los silencios.

¿Cómo poder distinguir a un Maharón entre esta fauna perversa?

Muy fácil. Por un simple y nimio detalle: A ver… Si un sujeto o sujeta llega a una terraza, saluda cordialmente, se sienta, pide una cerveza (con intención de pagarla) y Atención!!! Se saca del bolsillo el paquete de tabaco, y el mechero, y Atención!!! Lo pone encima de la mesa al alcance de todo el mundo… Atención!!!! Habéis dado con un Maharón. Un auténtico y genuino Maharón.

El paquete de tabaco de un Maharón –al contrario que los de sus otros dos colegas– suele tener una vida media de “hasta la tarde” en el mejor de los casos. Los de los compinches, llegan a los tres días cuando menos y sin una arruga digna de mención.

Pero hay aún más detalles definitorios y determinantes: El Maharón, suele llevar el dinero suelto en el bolsillo; esa manera de llevarlo –despreocupadamente– le procura la rapidez y la disposición necesaria para pagar sin tener que recurrir el cutre, mísero y pobretón argumento del “ademán” (ese que consiste en no encontrar, incomprensiblemente, la cartera que lleva siempre en el bolsillo trasero del pantalón.) para invitar una ronda que le suele tocar –por turno– al Pidión o al Nodoyná.

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Y ya que hablamos de esto: La forma de llevar el dinero encima también da pistas para distinguir el carácter pecuniario y crematístico de cada uno de estos sujetos de una manera clara y transparente; vamos allá…

El Pidión. El Pidión suele llevar un único billete de cinco euros a la “vista” dentro de la cartera. En la zona de billetes. Después – y para emergencias, por si no tuviese éxito en la consecución del transporte gratis– otro billete, doblado en dos, justo detrás del carnet de identidad caducado hace años. Dicho billete es azul. De 20 euros. Para el Taxi.

El Nodoyná, lleva un montón de dinero pero oculto en los sitios más recónditos de su billetera; y esta, la billetera, a su vez escondida en algunas de las zonas muertas de la mariconera; que haberlas haylas. Las zonas muertas digo.

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La cartera–billetera del Nodoyná, está llena de guaridas y escondrijos que solo conoce su propietario (y a veces alguno se le escapa). Allí, en estas madrigueras, anidan decenas de billetes repartidos por los “locales” doblados hasta lo imposible. Siendo el número de dobleces que le realiza al billete, proporcional al valor económico de este: Un doblez para el de cinco. Dos para el de diez. Tres para el de veinte. Cuatro para el de cincuenta. Los de mayor valor duermen el sueño de los justos en la, cada vez más abultada, cartilla de su muy estimada cuenta de la Caja de Ahorros del Menda.

El Maharón sin embargo, espléndido cómo es hasta la estulticia y la bobería, lleva el dinero suelto en el bolsillo, ya lo he dicho. Lleva los billetes arrugados junto con las monedas siempre dispuestas a su liberación y sacrificio. El Maharón siempre es el primero que paga. Y si –por un imponderable del momento– es el último en hacerlo, paga lo que falta y se hace cargo de las propinas, pues ninguno de los otros dos sujetos, ¡Que casualidad! Nunca llevan nada suelto. Y, menos mal para el camarero, pues cuando aportan algo, lo suelen hacer (obligados por las miradas ajenas,) en el sistema métrico centesimal. De céntimos, digo, como es de suponer.

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En fin, es parte de la fauna. Fauna gorrona y desvergonzada, aprovechada y chupóptera, sablista y caradura que disfrutan la vida a su manera: una manera cicatera, tacaña y roñosa que a ellos les procura el placer del “¿Que me he habré ahorrado hoy?”.

Yo –así me educaron– que quieren Uds. que les diga; que a pesar de que mi mujer, de Maharón, no me baje, prefiero ser como soy. Aunque a veces, no quede como un Maharón, ya lo sé, sino como un verdadero Gilipollas.

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INFORMATIVOS DE TELETIENDA

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INFORMATIVOS DE TELETIENDA

“Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo!”
Manuel Luque (Director General de Camp)

Si este Father Gorgonzola que suscribe, nunca –o casi nunca, para su mejor salud mental– se ha creído en su totalidad las noticias de actualidad difundidas por la televisión, (digo televisión, que no estoy hablando de la radio) hoy, observando el cariz que han tomado las nuevos métodos de comunicación informativa, no es que no se crea nada; es que todo lo que se dice lo pone en la más absoluta y estricta cuarentena hasta que contrasta y verifica; y cuando no, lo deja dormir en los desangelados brazos del descreimiento y de la incredulidad.

No sólo por la siempre falaz y tergiversada información –que de eso no voy a hablar porque me conozco– sino por el cómo hoy la transmiten y el cómo la adornan innecesariamente. El cómo la corrompen y adulteran por el simple hecho de entremeter interesadísima publicidad. Ya sea encubierta o solapada (subliminal que le llaman), ya sea directa directísima de la muerte. Y esto último –para vergüenza y escarnio nuestro– es lo que normalmente suele suceder.

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Cualquier cadena televisiva de las actuales, es la principal promocionadora de su propietaria. El caso más preclaro es Mediaset (propietaria de Telecinco, Cuatro, Factoría de Ficción…y algunas más) que promoviendo, como está haciendo con su última película “El Niño”, presenta dicha promoción como notición de incuestionable interés público en sus informativos. No ya en un programa adecuado de variedades y espectáculos, no! En sus propios Telediarios. Niño hasta en la sopa.

Ítem más: Todas las grandes cadenas, absolutamente todas, cuando se termina el final de mes, se autoproclaman sin lugar a dudas, líderes de audiencia. Por Isabel en La Primera. Por Morréame de Luxe en Telecinco y en Antena 3, la verdad sea dicha, es que no me acuerdo. De Canal Sur no hablo no se me vaya a enfadar Juan y Medio. Todas, absolutamente todas, lideran los gustos y apetencias de los espectadores y son recompensadas mensualmente con los liderazgos de audiencia, que yo, erróneamente pensaba, que era solamente uno. Ya me lo explicarán.

Pero vamos a lo que vamos, que tampoco voy a hablar de eso.

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Porque de lo que les voy a hablar es de la indignidad y de la bajeza imperante en los informativos televisivos. De la falta del más mínimo respeto hacia el espectador y el que se le debe de suponer también a los comunicadores de noticias. El motivo? las continuas notificaciones de consejos publicitarios dentro del programa. Así llamaba el recordado Jose Luis Coll a los anuncios de toda la vida.

Hoy por hoy, los presentadores –y presentadoras– de los informativos, que es a lo que voy, desempeñan un papel muy alejado de los aquellos que “antiguamente” se sentaban delante de un escritorio y que –rodeados de un halo de veracidad y de seriedad, de solemnidad y prosopopeya– nos comunicaban, con gesto adusto y serio al resto de los mortales, (ellos estaban por encima del mal y del bien) lo que acaecía en el mundo mundial. Incluso los meteorólogos lucían bigotes naturales de quita y pon según acertasen o no en sus predicciones.

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Obligados estaban, cómo no, a obedecer directrices de sus jefes de galeras; también se encontraban maniatados por la censura imperante (que siempre ha existido y existirá); tergiversada la información si se quiere, o si me apuran, falseada por los poderes fácticos de cada momento. Pero de todo se informaba a los televidentes y ya está. Información pura y dura. No había ni intermedios, ni chistes ni ocurrencias fuera de guión; ni guiños cómplices a las compañeras; ni, por supuesto, estaban obligados a realizar tele ventas de los más variados productos y servicios. Melones Bollo y Colchones LoMónaco incluidos. Ese colectivo –y de ahí su prestigio– se dedicaba solo a eso: A informar y sanseacabó!

Pero hoy ñoras y ñores, desoladoramente, no solamente se abunda e incide en aquellas malas costumbres adquiridas y obligadas (que todo el mundo con un poco de cabeza asume, digiere y filtra) sino que las informaciones, además, se adornan de cansinos consejos publicitarios que a mi, me producen indignación; y lo que es peor, me sacan del momento de atención que le presto a esos nuevos telepredicadores –y provocadores de consumo– que son los actuales presentadores de los informativos y sus noticias.

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Pongamos ejemplos preclaros:

Antena 3 o cómo se llame ahora:

Sale Matías Prats con esa estupenda facha que le proporciona un magnífico traje a medida; un afeitado impoluto, un peinado impecable y unas manos decorosamente manicureadas y situadas en el escritorio, equidistantes ambas, del filo de su montoncito de DIN A4 que le sirve de rentoy; pues todos leen, disimuladamente, en el teleprompter que tienen situado frente a sus propias narices y se dejan guiar por el pinganillo orejil.

Y empieza serio y circunspecto la retahíla: “El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, podrá dar explicaciones este martes ante el Congreso a partir de las 10:00 horas del caso Pujol tal, y como le reclamaban algunos partidos de la oposición.” Un ejemplo ha sido esto.

De pronto, se establece un microsilencio incomodo; alza la ceja; medio labio doblado enseñando piñonate y con una cara de estar comunicándonos la Buena Nueva a los Creyentes, nos comunica que: “Porque sabemos que la vida está llena de momentos inesperados, ING DIRECT presenta este nuevo producto comercial bajo el lema “La Vida es de Repente” ING I’m Trust. Maromeno.

Y a uno, que quieren Uds. que les diga, se le caen los palos del sombrajo. Porque no sólo se le ha venido abajo un mito de la televisión, sino que además, se le queda la cara de nabo porque uno está asegurado en Mapfre y eso, no debe de molar si no lo dice el hijo de Matías Prats Cañete. Aunque este nuevo, es Luque por parte de madre.

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Telecinco: Con la Iglesia hemos topado. Bueno…precisamente con la Iglesia, no!

En Telecinco, sale mi Sara Carbonero y con esa preciosa y azul mirada felina, con esos labios que son gajos refulgentes de melocotones en almíbar, y ese pelazo Pantene –porque ella lo vale– nos anuncia que “La selección española de baloncesto se ha visto las caras con Brasil, su primer rival ‘serio’ en la Copa del Mundo de Baloncesto FIBA. El equipo de Orenga parece haber afinado la muñeca con sus dos anteriores partidos.” Otro ejemplo ha sido esto, pero de Deportes.

Para, a continuación, haciendo gracioso mohín de naricilla, anunciar a bombo (cuando estaba embarazada) y a platillo, algo que a ti nunca se te hubiese ocurrido y que no es otra cosa que (dice la moza): “ ¿Quizás te encuentras, entre los millones de personas que tienen incontinencia urinaria? O a lo mejor…¿Cuidas de alguien cercano que se rila por las patas abajo? ¿Quizás trabajas en un centro en el que se presta asistencia profesional a la meada incontrolable y donde los orines campan por sus respetos en las residencias más últimas y postreras? Tena Lady pone fin a ese problema social.” Tena Lady La solución definitiva! Maromeno también.

Y se queda tan tranqui; ignorando que su veracidad –la poca que ha tenido la cancerbera consorte– se le acaba de disipar como lágrimas de lluvia mas allá de la mismísima Puerta de Tannhäuser por decirnos que es la hora del apósito de Tena Lady en todo mustio chibirindindi que se desprecie.

Yo, ñoras y ñores, he visto presentadoras de informativos serias y desenvueltas que vosotros no creeríais. Presentadores elegantes con credibilidad, garbo y con donaire más allá de Orión. Pero… todos esos momentos de seriedad y apostura, todos ellos, se han perdido para siempre en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de comprar”

Roy Batty (Un producto Legrain, París!).

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