LA LLUVIA PROMETIDA. EL DESCANSO DEL LEEDOR Y UN TANGO PARA BAUDELAIRE.

Tenemos mi querido amigo Diego Cumpián y yo, de vez en cuando, la sana costumbre  de intercambiarnos regalos en forma de libros de tinta impresa en papel. Es una sana costumbre que mantenemos a pesar de haber caído los dos en esa trampa cruel y sin alma que es el libro electrónico que sólo entiende de formatos y porcentajes de lectura.

Su ultimo regalo, el de mi querido Diego, consistió en el nuevo libro de Juan Miguel González del Pino: “La Lluvia Prometida“: Un fantástico recopilatorio de la poesía de Juan Miguel que puede usarse (yo lo hago) cómo libro de cabecera y descanso del leedor.

© Antonio Hidalgo Ayuso

Entre tanto Dicker y McGuire; Kirk y D’Andrea; Sáenz de Urturi y Aramburu. Víctor del Árbol, García Sáenz o Aurora Redondo. Entre tanto Zweig y Pérez Reverte –todos habitantes del averno electrónico– me gusta, por la noche que es cuando leo, entremezclar algún poema de Juan Miguel para sentir el tacto del papel y oír el sonido de su voz que tan bien conozco. Para, una vez leídos, alcanzar el descanso del leedor que antes decía.

Esta preciosidad de libro – la introducción corre a cargo del enorme intelectual y filósofo Julio Quesada– está publicado este 2017 en la Colección Puerta del Mar por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga. Delegación de Cultura.

Dicha presentación –que tendrá lugar el próximo día 13 de Diciembre en el “Francmesón” (se me permita la broma) Restaurante Huesca sito en la Calle Virgen de la Esperanza, 21 de la malagueña Barriada de Carranque– y correrá  ésta a cargo del Doctor y Catedrático de Literatura Manuel Salinas. A la postre, director de la Colección Puerta del Mar y autor también del anexo de “La lluvia prometida”.

© Antonio Hidalgo Ayuso

Acudan a la presentación; háganse con un ejemplar firmado por el autor y estaciónenlo junto a su cama; pues no pocas noches, recurrirán a cualquiera de sus inmensas composiciones y ellas, les acompañarán, les harán cavilar y les prepararán –con su singular belleza– para el plácido, reparador  y anhelado sueño.

Tendrán también el privilegio –si acuden a esa fiesta literaria– de oír en directo algunas composiciones del autor –y publicadas por el grupo Tabletom– interpretadas por Perico Ramírez y Salva Marina; guitarrista y cantante que son del citado grupo.

Una buena y enriquecedora cita navideña que se une al elenco de eventos y actividades  lúdico-culturales que en estos días se presentan en la ciudad de Málaga.  Acudan a la presentación, insisto. Sin duda, me lo agradecerán.

Y ahora…

Para apaciguar un poco ese orgullo desmedido que me produce la generosidad que despliega Juan Miguel González para conmigo; para darle alimento a esa parcela de ego vanidoso y engreído que todos tenemos, os voy a regalar una de las  perlas que el Poeta (siempre  pongo “Poeta” en mayúsculas cuando me refiero a él; y así, siempre lo indico sin temor a la recurrencia) os voy a regalar una de la perlas decía, que Juan Miguel González del Pino, tiene a bien dedicarme en su libro.

Un tango. Un tango abrumadoramente triste y despiadado. Un tango, de una inexcusable belleza. Un tango para Baudelaire que nos cure del dios de las tabernas y nos devuelva al aire de las cruces proscritas (sic):

TANGO PARA BAUDELAIRE

                                                        Para Álvaro Souvirón

 

Escribamos un tango, Horacio, amigo mío

que eche a andar por los campos a los cojos violines,

y un regusto en la boca deje a revólver frío,

y un desprecio incurable por el sol de los cines.

 

Un tango para nadie, de música imposible,

atroz y bellamente nacido derrotado,

tan sincero y piadoso, tango tan irrisible

que no se cante nunca y siempre sea llorado.

 

Un tango que nos cure del dios de las tabernas,

y nos devuelva al aire de las cruces proscritas,

de versos reaccionarios y enfermedades tiernas,

menstruado de lunas y esperanzas marchitas.

 

Moradas buganvillas, crisantemos llovidos…

Tras de las blancas tapias, qué dulce hablé a la muerte.

A la vida pedí sólo otoño y olvido,

y al amor la inconstante y amada mala suerte.

 

Salgamos a la calle a bailar este tango,

a llorar por la flor de pasado mañana,

a besar los pulmones de la musa del fango

y celebrar la misa de la bella desgana.

 

Se ha subido la niña

a la pierna cortada

del ángel que no sabe

que ya fue gorrión;

en ángel amarillo,

de espalda de cebada,

que el reloj atrasaba

de la vieja estación.

 

En la boca lunfarda

de la luna judía,

creció la madreselva

lluviosa del burdel,

y aún recuerdan los pastos

cómo, roja, se abría

la rosa del esputo

de Carlitos Gardel.

la lluvia prometida

***

 

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CHIRINGUETI NO DEBE MORIR

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CHIRINGUETI NO DEBE MORIR

“El Serengueti adquirió fama después del trabajo de Bernhard Grzimek y su hijo Michael en los años 1950. Juntos produjeron el libro y película Serengeti Shall Not Die, siendo aclamado como uno de los primeros y más importantes documentales acerca de la conservación de regiones naturales.”

Debo de reconocer, que si yo no hubiese dispuesto en la niñez de una buena biblioteca familiar, no hubiese sido el hombre que ahora soy. Poder disponer de todos los clásicos en unos magníficos resúmenes en aquella inolvidable enciclopedia llamada Universitas; o poder refugiarme, los días de lluvia, en aquella popular colección de Salvat RTV;  si no hubiese tenido acceso a una buena nómina de libros que conformaba dicha biblioteca (provista por mi padre y por mis tíos Ignacio y Josemaría) hoy, ya os digo, tendría una pobreza mental aún más estrecha de la que dispongo ahora.

Salvat

Al grano:

Entre aquellos anaqueles, había un libro que me fascinaba sobremanera; se trataba –yo aún no lo sabía– del primer intento ecológico y proteccionista del medio ambiente y de los ecosistemas únicos y singulares de este cada vez más esquilmado y maltratado planeta. “Serengueti no debe morir”.

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Así se llamaba aquel mágico libro (y su posterior y oscarizado documental) escrito por Bernhard Grzimek y su hijo Michael, que por cierto, murió durante el rodaje de dicho documental al chocar su avioneta, en pleno vuelo, con un buitre leonado.

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Aquel libro –y su espléndida colección de fotografías– me acompañó muchísimos días en aquella niñez en la que el tiempo libre (ya os digo que en aquellos tiempos llovía torrencialmente mucho más a menudo que ahora) no estaba ocupado, afortunadamente, ni por Internet ni por los videojuegos. La calle era nuestra red social.

El Serengueti, y el cráter de Ngorongoro, es un paraíso que está en enorme peligro: el cambio climático y la caza furtiva amenazan las migraciones milenarias de animales y, con ello, todo el ecosistema de la zona. Una verdadera pena que debemos de evitar a toda costa.

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Sigamos…

De pronto, y sin casi darme cuenta, van y me pasan cincuenta años por encima. Ya saben: lo que vulgarmente se llama medio siglo. Y mira tú por donde, vuelve el Serengueti a mi vida (El libro lleva muchísimos años viviendo en ese patio de vecinos literarios que es mi biblioteca) y regresa, en una reencarnación más prosaica quizás (un restaurante bar) pero conservando el mismo propósito y finalidad, que no es otro que la preservación de cierta fauna amenazada como son la música en directo, sus intérpretes y los entregados comensales-asistentes que disfrutamos de esta última reserva espiritual y artística de la pedanía rinconera de La Cala del Moral. Chiringueti: El dominio de José Moreno Ceano. El Rey Pepón.

Pepón

Verán ustedes: Cuando me acerqué por primera vez al cubil de Pepón me intervinieron dos sensaciones muy agradables: La primera, de asombro, por el porqué alguien ponía el nombre de una reserva natural de Tanzania que muy pocos conocen (después, recapacitando, y sabiendo el magnífico trabajo que Pepón tiene realizado con temática africana, no me extrañó) combinando magistralmente el nombre de dicha reserva con otra palabra mágica y malagueña: chiringuito.

La segunda sensación fue de aprobación y aplauso por el enorme acierto del logotipo del local. Me encantó!

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El Chiringueti es un reducto, una guarida donde aún se puede oír música en directo con una cierta licencia en el volumen; con el inmenso e imprescindible desahogo que proporciona una fantástica terraza que te permite asistir al concierto con la comodidad anhelada y, si te decides a comer al medio día y prolongar la velada hasta bien entrada la noche, una zona relajante junto a la playa para llenarte los ojos de atardeceres.

Pero no se sigan creyendo ustedes, otra vez, que aquí acaban las analogías entre las dos reservas: Los animales que pueblan estas praderas son comunes:  El rey Pepón ( su propietario) campea siempre ojo avizor vigilando a la manada de ñúes. La gacela de Thompson (Labios) que siempre está dispuesta a saltar la barra para plantarte un sonoro beso de bienvenida y una enorme sonrisa. Los zorros orejudos que, tras la barra, te sirven con amabilidad y cortesía, y que de vez en cuando, se estiran e invitan al rinoceronte negro a un chupito que, las muchas veces, pasa del negro africano al morado dominicano.

Los buitres (que también los hay) acechan a las bellas cebras de Grant por los trofeos que puedan llevarse a casa. Y la Gallina de Guinea –que yo me sé quien es– se toma un Gin Tonic y me invita, siempre de los siempres, a una copa porque sabe que la quiero.

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Los chacales y los impalas campan por sus respetos –a lomos de sus guitarras y tambores– haciendo las delicias de los orgullosos guerreros Masáis que asisten a sus espectáculos y estos, agradecidos, saltan alborozados al menos un metro y medio sobre el nivel del mar que también baila enfrente.

Por aquel territorio se puede contemplar al “Zurdo Meléndez” seguido por el Caimán Adolfo y el fiel Moles! Lito sienta cátedra y se hace cada día, más fuerte y vigoroso. El Búfalo Beiztegui pasta no demasiado tranquilo sintiéndose Culpable. Y Salva Marina, a veces, se desmarca de la cueva de Tabletom y se aprovisiona de género para la Frutería Toñi.

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(Con Salva Marina y Pepón)

 Un sitio para disfrutar. Un lugar mágico donde puedes disfrutar de la compañía de amigos ancestrales e inmemoriales que pululan por allí y que conforman y componen un fraternal “meeting point” que ya es un clásico en las reuniones y saraos de la selecta fauna malagueña. Si algún día quieres encontrarte con algún compañero de viaje de esos que no ves muy a menudo, pásate por el Chiringueti.  Estamos todos allí. Nadando en un mar de cervezas y chupitos de ron. Un mar plagado de buen blues y de rock n’ roll. De tortillas de papas y habichuelas; y si tienes suerte, de una carrillada de jabalí berrugoso en salsa que no se la salta la grulla coronada y que te devuelve la ilusión  y la esperanza en la sabana y en la llanura inacabable.

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(Entre Javier Martín Aguilar y Fernando Beiztegui)

Chiringueti, amigos mío –al igual que su primo lejano de Tanzania–  nunca debería morir. Porque así nos conviene, y por la cuenta que nos trae (el camarero).

Esta es la dirección:

Paseo Marítimo Blas Infante, 194

La Cala del Moral

Rincón de la Victoria

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(El Father Gorgonzola cantándose una copla en Chiringueti)

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TABLETOM Y EL PORTAL A UN NUEVO TIEMPO

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(© Pintura Andrés Mérida)

TABLETOM Y EL PORTAL A UN NUEVO TIEMPO

Debo de confesar –aunque no haga ni maldita la falta– mi inquebrantable devoción y estima, mi más absoluta querencia y mi firme fidelidad hacia el más singular grupo musical que ha dado ésta ciudad de Málaga: TABLETOM. Así pues, doy por señalado y advertido, que este comentario que ahora viene, no es para nada ni objetivo ni imparcial; más que nada, porque son muchos los afectos y recuerdos que me acompañan y que me sobornan la imparcialidad. Muchos son también los buenos ratos pasados al cobijo de su música y de su compañía en saraos privados; y ya se sabe eso de que es de bien nacido el ser agradecido; así que no puedo abstraerme a lo que me dicta ése gordo colorao latiente que habita en la mitad de mi pecho y escribir de ellos desde la perspectiva de la amistad y del aprecio. Y lo hago de esa manera, porque cómo uno es dueño y señor de este sitio, hago lo que me apetece sin temor de herir susceptibilidades ni opiniones contrarias. Soesazín!

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(© Fotografía Ros Guitars)

Bastante son los artículos que he escrito -en este blog- acerca de esta jauría de genios que llevan acompañándome, desde aquellos primeros albores en los que empecé a cargar mi impedimenta cultural de buena música. Hablo de conciertos en colegios y en salas al aire libre de finales –quizás mediados–de los años setenta. Mi admiración viene pues de lejos. De los tiempos remotos en que las tonalidades preponderantes eran los grises y marrones tirando a dar.

Han sido estos más de cuarenta años –de actividad discontinua del grupo y de mi consiguiente seguimiento–  tiempos de cambios también en la formación del  susodicho. Mis primeros recuerdos son para los músicos primeros cómo lo fueron de Denis, Nono Higueras y Salvi Zurita; o del gran Lito Fernández; del enorme Jesús Ortiz (los más antiguos) y pasando después por Manuel Arrabal, Ramón Baena, Agustín Carrillo y Carlos Becerra ( los más modernos);  de Tony Moreno –penúltimo frontman– y por supuesto del inimitable e inigualable Rockberto. Que el alma de mi amigo descanse en paz en la muy suya Plaza de la Mierda. Todos ellos –y durante cada una de las épocas del grupo– comandados por los dos líderes indiscutibles de Tabletom que son Pepillo y Perico Ramírez.

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(© Fotografía Ros Guitars)

No obstante, tras esas formaciones y etapas –todas gloriosas y memorables– debo de reconocer que la actual me llega a encantar y a sorprender. Y eso del sorprender, no debiera de darse; porque conociendo la excelsa capacidad musical de los nuevos componentes, y su amplia experiencia cómo músicos, no tendría que extrañarme ese sonido compacto, cerrado y consistente; medido hasta la perfección, que, más que nunca ( y me perdonen los anteriormente aludidos) se adueña del escenario y se transmite de forma inapelable y firme hacia el público asistente fiel y entregado que siempre arropa y sigue al grupo en todos sus conciertos.

La nueva formación: Jorge Blanco (Bajo) Nico Huguenin (batería) Manolo Nocete (teclados) y la percusión de Manolo Toro, junto al nuevo cantante: el polifacético Salva Marina, escoltan en “Luna de Mayo” a los hermanos Ramírez, que musican excelentemente, como siempre, las magistrales letras de Juan Miguel González del Pino. Todos ellos, en una perfecta conjunción y armonía, producen y transmiten un feeling especial y único. Un vínculo de oficio, habilidad y sapiencia que, ya os digo, se nota tanto arriba cómo abajo del escenario y que llena todos los rincones de la sala de turno.

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(© Fotografía Ros Guitars)

Ver de nuevo al grupo cabalgando a lomos de sus nuevos trabajos –sin olvidar sus éxitos míticos– me hace albergar la esperanza de que este nuevo Tabletom, tiene todavía por delante, mucho camino que recorrer; mucha carretera. Aunque ésta última –The Times They Are A–changin‘ que decía mi maestro– ya sea sin manta y sin cacharra.

También –que quieren ustedes que les diga– resulta un verdadero honor (y un orgullo) que mi blog y mi nombre figuren en los créditos del disco con un cariño inmerecido aunque recíproco.

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Luna de Mayo; el último disco de Tabletom –con portada del egregio pintor Andrés Mérida– está llamado a ser el portal a un nuevo tiempo en el universo tabletoniano. Una puerta interestelar entre los viejos y los nuevos tiempos. Y a aquellos nostálgicos de las etapas pasadas, que refunfuñan y protestan por lo irremediable, les recomendaría que no se ciñeran al recuerdo solamente; y que éste, lo compartan generosamente con lo que ahora se nos está ofreciendo. Porque es mucho lo que hay y es muchísimo más lo que viene.

Vale dictum!

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(Father Gorgonzola con el autor de la portada del disco Andrés Mérida y el fotógrafo Jesús Mérida)

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(© Pintura Andrés Mérida)

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LO MÁS NUEVO DE TABLETOM

Lo Más Nuevo de

TABLETOM

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© De la fotografía: Ros Producciones & Management

Ya está aquí! El nuevo disco de Tabletom, con su nueva formación, ya está aquí! Y viene amparado y custodiado por una nueva formación de lujo en la que se cuenta con músicos de una extraordinaria capacidad personal y profesional. Lo digo, porque todos ellos son amigos míos y sé de lo que hablo.

Estos son los nuevos en el grupo: Manolo Nocete a los teclados; Nico Huguenin cómo baterista; Jorge Blanco al bajo; y el nuevo frontman que es el divino y polifacético Salva Marina. Todos ellos bajo la batuta de ese intemporal e irrepetible dúo de artistas que son dos de los miembros fundadores: Los hermanos Perico y Pepillo Ramírez.

Ayer, estuve hablando con Perico, y con su mujer Gloria, acerca de los últimos pormenores de este nuevo y fantástico trabajo; y me comunicaron, que la presentación del nuevo disco será el próximo día 1 de Abril en el FNAC del Centro Comercial Málaga Plaza. Y que el anhelado y esperado primer concierto en Málaga –antes habrá alguno pero sin incluir los temas del nuevo– se celebrará en la Sala Eventual el día 22 de Abril del presente.

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© De la fotografía: Rosguitars

A esta circunstancia de renovación integral, se le añaden algunas que, para mí, resultan gloriosas por el cómo me tocan el rincón más agradecido de la amistad en mi corazón. A esta sarta de amigos –todos los componentes del grupo lo son, ya lo he dicho– se les une una espléndida “Sanísima Trinidad” formada por otros tres incondicionales, más que muy queridos, por este que os escribe: El pintor Andrés Mérida que ha realizado la impresionante portada del disco, y cuyo trabajo, además, conformará la cartelería de la promoción. También mi entrañable compañero de armas Lito Fernández –ya repuesto de su travesía del desierto– que contribuye con su intervención y toque mágico en un tema. Y por último, y para intentar mejorar lo inmejorable, las letras del poeta más excelso que cualquier grupo pueda tener: Juan Miguel González del Pino; alguien –él lo sabe– que dispone de mi más absoluta admiración y fidelidad. De mi más irrenunciable devoción y apego.

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© Andrés Mérida

Esto que vais a oír ahora, es un adelanto; una primicia. Un tema incluido en el nuevo álbum homónimo “TABLETOM” y que como no podría ser de otra manera, conserva el sonido peculiar, especial y característico del grupo, pero con una frescura nueva y renovada. Siguen siendo inoxidables, no lo duden ni por un momento; pero ahora, ahora tienen un revestimiento nuevo y un brillo más intenso.

Disfrutadlo. Este es el tema:

“ASOMÁNDOME”

Nos vemos por allí!

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LA PORTADA DEL NUEVO TRABAJO DE TABLETOM

LA PORTADA DEL NUEVO TRABAJO DE

TABLETOM

El pasado viernes, antes de la gran tormenta, asistí gloriosa y felizmente –en calidad de intermediario y auxiliar de afectos– a una nueva reunión en las nubes entre una dignísima representación del grupo Tabletom (Perico Ramírez, Salva Marina y Gloria González) y el Maestro Pintor, mi también querido amigo, Andrés Mérida.

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El motivo de dicha reunión, era el intercambio de pareceres sobre la nueva portada del grupo y que –por mor del destino, y por la inmensa generosidad del susodicho Pintor– fui yo el propiciador.
La portada es una nueva genialidad de Mérida: Una visión de la alegría y el regocijo (el alza de la guitarra-jamón hacia el firmamento) que produce el estar –este nuevo trabajo– rulando por la calle. También, un somero homenaje a un Rockberto reposado, que duerme el sueño de los inmortales, más plácidamente que nunca; y cuyo espíritu –al igual que en nuestras conversaciones en dicha reunión– sobrevuela por encima de nuestros pensamientos y por el de todos los que le quisieron.

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Vienen ya. Ya se acercan… Los espíritus libres de los componentes del grupo Tabletom abriéndose paso de nuevo, bajo la Luna de Mayo, con su música; amparados por la belleza singular e inimitable de la palabra del Poeta Juan Miguel González del Pino; con la espléndida compañía de la pincelada oportuna de Andrés Mérida. Todos ellos, en plácida connivencia, para deleitarnos otra vez con sus nuevos temas. Para seducirnos de nuevo, con ésta, su muy anhelada décima entrega.

Esta es la portada: Observadla; descubrid cada rincón. Cada idea del pintor asomada, sugerida y plasmada en los trazos. Descubridlas.

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