EL LARGO JUAN

tumblr_n1t90eR0tj1sokukdo3_1280

EL LARGO JUAN.

«Y vida para vivirla junto a ti; y vida para
vivirla (siempre)… junto a ti.»

Conozco a mi querido amigo Juan «El Largo» desde aquellos tiempos inmemoriales del vestir el negro.

Desde el primero de los principios -cuando yo llegué al muro- Juan ya llevaba años haciendo guardias y rondas para preparar la venida de los pueblos invasores de más al norte; y también, y ahí me incluyo, para proteger y amparar  a los recién llegados acogiéndolos bajo la capa protectora de su más -ahora lo sé- imperecedera amistad.

Juanito, más que largo, es grande, enorme. Un coloso bonachón, sencillo y apacible   erigido a base cualidades que extrañamente se dan conjuntamente en una sola persona: Juan es humilde, como raramente suelen ser las personas que poseen el absoluto dominio sobre ese instrumento de más de seis cuerdas dobles afinadas al unísono. Juan es tierno y afectuoso, a pesar de ese aspecto de rudo vikingo con luengas barbas y tamaño imponente. Juanito, sigue siendo, un dechado de bondad, amabilidad y generosa entrega a sus amigos. Es comprensivo e indulgente. Juro por los dioses nuevos y por los antiguos, que aún está por darse la primera vez que yo lo oiga despotricar o enjuiciar a alguien arbitraria o injustamente.

5

Digo todo esto de Juanito, de Juan el Largo, para señalar que es un hombre intrínsecamente bueno. Connaturalmente amable y pródigo con los halagos. Es por eso, que me duele sobremanera verlo compungido y roto por el dolor. Sobrepasado -el ánimo- por las circunstancias

Juan tenía (sigue teniendo en el alma, en el corazón y en la vida que le resta) una compañera de viaje fiel, comprensiva y perpetuamente enamorada de él, que era Trini. Su querida y amada mujer.

Ahora Trini -cumpliendo esa obligación del tributo que la vida ha de pagar a la muerte entregándole la salud- se ha mudado al palacio de la memoria, que no es sino el espacio de los recuerdos imperecederos y de la evocación del amor más perdurable y eterno. Se ha mudado, sin desearlo, porque las cosas son así de arbitrarias e irrazonables.

looking back

Antes de irse, quiso Juan entregarle a Trini algo que se llevase para siempre con su final atisbo de energía. Un último regalo. Un último regalo realizado por todos los amigos que vestimos el negro. A petición de este -y acompañados de un par de instrumentos musicales- todos sus leales, todos, rodeamos el féretro de Trini y le cantamos su canción favorita: «Alma Corazón y Vida». Y la cantamos, con el corazón encogido como un puño. Con un nudo en la garganta y una tristeza apenas contenida; con el ánimo roto viendo cómo un coloso, cómo un titán barbón y coletudo, se rompía en incontrolados suspiros -junto a sus hijos- intentando no quebrarse al decirle a su amada aquello de que un día (y ya para siempre) se enamoró de sus lindos ojos y de sus labios rojos; y que nunca olvidará la promesa que le hizo de ofrecerle Alma para conquistarla, Corazón para quererla, y Vida… Vida para vivirla junto a ella…

(In memoriam)

tumblr_n1t90eR0tj1sokukdo5_r1_500

Las imágenes que ilustran esta entrada son obras de Lesley Oldaker.

***

TIENE MARÍA…

 

13754223_1229909290367155_9154425331529226629_n

© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

TIENE MARIA…

Tiene María, cómo invitado permanente y duradero, el mar alojado en sus ojos. Lo sé, porque observándola atentamente –y dependiendo de la hora que sea del día– son azules índigo por la mañana temprano cuando el sol es aún tímido y vergonzoso. Al mediodía –y a causa de ese Terral sofocante que enfría el agua hasta impedir el baño– los ojos de María, se tornan verdes aceitunados o esmeraldas según le dé el capricho al cielo.

Llegada la tarde, no puede evitarlo y el gris ceniciento invade sus pupilas; hasta que al atardecer, su mirada se viste de un dorado resplandeciente y fulgurante y las aberturas de sus ojos derraman ríos de lava y lanzan partículas  piroclásticas de deseo, apetito y pasión, a aquellos incautos que están a tiro de esa mirada tan lasciva cómo inconsciente. Tan sensual como instintiva.

13816952_1229962317028519_2040348678_n

© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

Tiene María la espuma del mar viviendo en su cuerpo. Fresca, apetitosa, deliciosa. Una espuma que apagaría la sed, si se tuviese la fortuna de que te permitiera beberla a tragos quedos y espaciados. Tiene María, continúo, un cuerpo que yo supongo moldeable porque eso, sin tocarlo, se nota. Dúctil y elástico; proclive a la caricia, al abrazo y al beso. Un cuerpo arrebolado por un sinfín de vistazos incontrolables de aquellos que pululan por los alrededores de su presencia física.

Tiene María, sigo diciendo, el color en su piel de la arena fina y húmeda de Cádiz. El sabor salino y fresco del agua atlántica en sus labios; el rosa mojado de esa lengua ansiada, anhelada y codiciada. Se sospecha que tiene María esa lengua viva y traviesa por la que perderías todos tus cartuchos de convicción sólo por invitarla a bailar en tu boca.

13814519_1229962043695213_2065215653_n

© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

María (gracias preciosa!) ha sido tan gentil y benévola de remitirme esta serie de fotos para ilustrar este poema erótico de Juan Ramón Jiménez (habitual que es de esta sección) y que ahora os invito a leer:

 

LAS ROSAS PALPITABAN ENCIMA DE TUS SENOS

Las rosas palpitaban encima de tus senos
duros. Como una flora de las blancas batistas
que tus brazos rosaban cálidamente llenos,
los encajes tentaban con carnes entrevistas

¡Qué cándida lujuria en tus bucles con lazos
rojos! ¡Oh, tus mejillas, mates como jazmines,
bajo la llama negra de los hondos ojazos
sobre la pasión cálida de las rosas carmines!

Ibas hacia la vida con todo tu tesoro
intacto… Me mandaste tus pájaros de amores…
¡y te besé, temblando, tu alegría de oro
con un miedo doliente de poner tristes tus flores!

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

13815095_1229962283695189_1719789621_n

© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

***

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

13734687_10207174353260596_1981923793_n

© de la fotografía y posado Chesha

Solemos hablar, mi querida amiga y yo, por estos laberintos controlados del ciberespacio.

Siempre, como es natural, dentro de la corrección y de la compostura debida. Tantos años de cariño, y de respeto hacia ella, me permitieron la osadía de la difícil pregunta: ¿Desearías amada prima, formar parte de la nómina de amigas que han posado para el Club de la Poesía Erótica de este blog?

13649645_10207130973176121_696606423_n

© de la fotografía y posado Chesha

Yo, ya sabía que su contestación iba a ser afirmativa, como así fue; porque son muchos los años queriéndonos y demostrándonos ese cariño que nos acompaña desde los tiempos más impetuosos y más adolescentes. Desde siempre, Chesha  me ha amparado con su simpatía fresca y natural; fascinado con una forma de ser que enamora. Pero si a eso le añadimos un cuerpo escultural y una voluptuosidad que lleva de serie, mi querida Chesha  tiene merecido, indiscutiblemente, su inclusión en el apartado lascivo de este blog.

Aunque, expresándolo mejor, éste blog tiene el inmenso honor y privilegio de que Chesha nos preste su imagen para adornar esta entrada que ahora viene.

13649467_10207131129220022_1234402466_n

© de la fotografía y posado Chesha

Este es el poema, que por cierto, es de Juan Ramón Jiménez:

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

Cuando, después de amarnos, te coges el cabello
desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!
cual en un libro abierto, surge la letra negra
de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.

Y en el gesto violento, se te abren los pechos,
y los pezones, tantas veces acariciados,
parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes…
el sexo se te esconde, más pequeño y más blando…

¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!
Luego, el traje
lo torna todo al paisaje cotidiano,
como una madriguera en donde se ocultaran,
lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

13644066_10207130973216122_1203187955_n

© de la fotografía y posado Chesha

***

 

 

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

11888129_874389432630982_2889403807444379096_n

© Fotografía y posado EmeTé

Tres cosas tiene EmeTé verdaderamente notables (entre otras muchas) que la caracterizan y determinan como la mujer exquisita que es: Un precioso lunar bajo el labio, estratégicamente situado, que se le supone envanecido y ufano por eso de que su dueña y señora lo pueda lamer sin demasiada dificultad ni reparo.

Un ombligo, círculo perfecto y atrayente, que habita a una cuarta equidistante de tres conmutadores del deleite. Y unos pies pequeños e insuficientes para soportar tanta listeza y perspicacia. Tanto atractivo y encanto (cuando quiere). Tanta belleza y exquisitez (cuando no se los tocan) Tanta capacidad de seducción y embrujo (porque no puede evitarlo). Tanto talento y entendimiento (porque se lo ha currao).

13689448_1035712063165384_1163595588_n

© Fotografía y posado EmeTé

Una mujer difícilmente olvidable que ahora, generosamente y por segunda vez, engalana esta entrada de poesía erótica con la impagable merced de su presencia.

Este es el poema:

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

Flores, pedazos de tu cuerpo;
me reclamo su savia.
Aprieto entre mis labios
la lacerante verga del gladiolo.
Cosería limones a tu torso,
sus durísimas puntas en mis dedos
como altos pezones de muchacha.
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja
y es una caracola.
Ella sabe a tu leche adolescente,
y huele a tus muslos.
En mis muslos contengo los pétalos mojados
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.

Autora del poema: Ana Rossetti

***

11224858_872268592843066_6506520464645660662_n

© Fotografía y posado EmeTé

EL SEÑOR EUTANASIO Y DOÑA MENCHU.

EL SEÑOR EUTANASIO Y DOÑA MENCHU.

dancingcouple

El señor Eutanasio Pérez del Meñique y Ruiz Fernández era un hombre bastante alto y muy estilizado. Portaba éste además, de esa buena facha y elegancia que se les suponían a los hombres de bien por aquella segunda mitad del pasado siglo XX que Dios guarde en su gloria, y que no la suelte.

Tenía Eutanasio Pérez del Meñique y Ruiz Fernández aspecto de ser hombre de derechas de toda la vida. Esto es: vestía siempre impecablemente con traje de chaqueta gris marengo; pantalón de raya inmutable que cortaba como filo de navaja, y chaleco de la misma tela con bolsillito relojero y cadena. Siempre el mismo atuendo. Siempre. A modo de uniforme distintivo.

En el pantalón, debiera de cargar el paquete –como era aconsejable por la ley de la gravedad– hacia la izquierda; pues todo el mundo sabe que el cojón izquierdo se desmaya un poco más que el derecho y provoca –con ese desplome– la dirección única y obligatoria al que cuelga en medio; no obstante –y debido a los tiempos infaustos que le tocó vivir a nuestro amigo– cargaba hacia la derecha por prudencia y cautela política;  aunque también, todo hay que reconocerlo, porque era zocato.

free vintage printable retro man

Calzaba el amigo Eutanasio, finos zapatos italianos de imitación, de un brillo refulgente y coscurante. Y peinaba sus teñidas canas laterales –su testa estaba ya tapizada de desnudo cuero cabelludo– con una plasta abundantísima de pedazos de plásticos copolímerizados, hojas de aluminio y  dióxido de titanio, que era lo que comúnmente se conocía como «Brillantina». Palmolive (si se me permite la matización pedante) que era marca muy apreciada por los señores de elegancia avalada y demostrable.

20130612-psihologijata-koja-lezhi-pozadi-drzhenjeto-na-cigarata-360

Para completar el equipamiento, portaba larguísima y cuidada uña en el dedo chico de la mano –a modo de blasón de su propio apellido–  que le daba un cierto deje ordinario y chocarrero. Por donde quiera que pasase, desprendía Eutanasio Pérez del Meñique y Ruiz Fernández –como no podía ser de otra manera– un suave olor a colonia «Maja de Myrurgia» que provocaba el vahído en las señoras y  la desconfianza en los señores, por su exagerado acicalamiento, que le adjudicaban una injusta fama de barbilindo y maricón. Nada más lejos de la realidad; a Eutanasio, les gustaba más un chocho que una Súper Whopper Doble Cheeseburguer Bacon BBQ (con aros de cebolla y su patata frita) a Francisco Rivera Pantoja vulgo «Paquirrín».

L041248

Llevaba casado durante más de cincuenta años con la adorable Menchu –ésta, mucho más rechoncha y ancha de caderas (tirando irremediablemente para pícnica) que su Eutanasio– y ambos disfrutaban de un bien merecido retiro que les procuraba la paga de jubilación de él como cobrador de autobús, que fue en tiempos, de la línea Conde Ureña–Estación.

A pesar de los años cumplidos, conservaba el macho alfa  –todo hay que decirlo– el magnífico porte que dispuso toda su vida; pues era, como decía Menchu, «guarro de mala casta» y nunca engordó un gramo más de lo apropiado por su fina estampa y gentil figura. Todo lo contrario que la nefanda esposa que cuando tenía que pesarse – siempre por prescripción médica– debía de hacerlo en las básculas dispuestas en el Mercado de Abastos de su barrio de nacimiento en Carranque.

Podemos entonces colegir –debido a esa flacura y a esa moderación en el comer de Eutanasio– que su salud era por lo general, buena y conveniente; tan sólo y por ponerle algún «pero» empañada ésta por una cierta disfunción eréctil debida a su provecta edad y por un lacerante dolor en las nucas (sic) producido por tantos años de levantarse en el autobús para gritar «Amoavé! una mihilla palante que hay sitio de zobra, Señores!!!»

Nada graves estas dolencias, por otro lado,  si tenemos en cuenta que Eutanasio tenía prescrita por su médica de familia –con receta sin fecha– una caja «ad aeternum» de Viagra® y también –y gracias a la iguala sanitaria que mantenía con la Aseguradora MariAdeslas– tres días a la semana de masajes rehabilitadores (y sus pertinentes sesiones de calor) en un muy conocido Centro de Fisioterapia de la ciudad de Málaga que es donde residian.

 

EL CASO

Aconteció que un día entre semana, y bien de mañana, se le puso en el mondoño a la inefable Menchu el que su hombre le diese vidilla a salva sea la parte pues esta le picaba cosa mala. Empezó la Menchu a insinuarse con los arrumacos acostumbrados; es decir, a gruñir como una lechoncita; a acariciar con sus pies las escuchimizadas y peludas pantorrillas de Eutanasio y a emitir quedos gemiditos para provocar la llamada de la selva en su escuálido galán.

385_1

Éste, sin pensárselo dos veces, abrió raudo el cajón de la mesita de noche –el que daba a la pared– y sacando de debajo de los pañuelos y corbandas la poción mágica azul, se tragó una pastilla sin agua trincando al poco rato, un  pétreo empalme de cuarta y media que ya para sí lo quisiera el electricista jefe de la Ciudad del Vaticano. Se me perdone el «mísil».

07

Cuando el matrimonio quedó ahíto (García Reneses) –Eutanasio, hay que reconocerlo, se portó como un verdadero toro– se quedaron apaciblemente dormidos al menos durante treinta y cinco minutos. Treinta y cinco minutos plácidos (y flácidos) que fueron exactamente  los que Eutanasio tardó en recordar que esa mañana tenía ineludible cita de control médico en el centro de rehabilitación y su posterior masaje, ya se sabe, en las nucas (sic).

Se vistieron rápido; él cogió el sombrero de estilo «Tirulé» tan en boga este verano y, para allá que se fueron ambos deprisa y corriendo pues la cita, yo lo he dicho, era forzosa e inapelable.

free retro image

Inusualmente, ese día, había poca gente en la Clínica. Llegaron y los recibió el médico de inmediato.  Éste, lo reconoció «Hola Eutanasio!» y a renglón seguido, lo sentaron con las lámparas de calor en el cuello para pasar –también inusualmente rápido– a la sesión de masaje rehabilitador.

DOÑATELA

Doñatela era una muy bien dotada jovencita fisioterapeuta becaria que, llegada desde Italia, hacía prácticas en el Centro debido a un concierto entre clínicas de ambos países. Era morena. Una preciosa morena mezcla de esas mozas pintadas por el insigne pintor malagueño Félix Revello de Toro y del inmortal cordobés Julio Romero de Torres– primo hermano, que era, de un afamado dentista malagueño– y del que se decía (del cordobés, no del dentista) que pintó a la mujer morena con los ojos de misterio. Precisamente, como la preciosa Doñatela.

nurse-hospital-phone-health-medical-surgery-style-halftone-pop-art-retro-vintage-55024626

Doñatela, era guapísima. Tez suave y de piel tersa. Voz melodiosa y unos labios gruesos y carnosos. Pelo moreno y rizado, una sonrisa blanca y comedida; con una mirada inocente y franca que escondía –precisamente por su falta de maldad– algunos atisbos de lujuria y lascivia que aún estaban por aflorar. Podría salir perfectamente desfilando y acompañando, a alguna Virgen, vestida de mantilla si ella así lo desease.

Pues bien… Entre Toriles y Mantilla, la erección es bien sencilla.

Se tendió Eutanasio en la camilla. Doñatela se lavó las manos mientras mascaba un aromático chicle de menta y, poniéndose detrás de nuestro hombre, sin ningún ánimo erótico, empezó con las manos fresquitas y suaves a acariciarle la nuca para arriba y para abajo. Para arriba y para abajo. Para arriba y para abajo. La sustancia azul ingerida, que todavía corría por las venas de Eutanasio, empezó a despertarse y su bragueta comenzó a moverse involuntariamente hacia la izquierda (ya se sabe la teoría del cojón desigual) y a la derecha.  A la izquierda y a la derecha. A la izquierda y a la derecha. Sin control. Tal si bailase la Yenka, que polla!!

k6737404

Tomó en sus manos la fisioterapeuta –ajena a la envarada cuarta y media de verga– un buen pegote de gel frío y empezó a masajear firmemente el cuello, las clavículas, el escaleno y los hombros del sufrido penitente mientras le soltaba en su cara, frescas y espontáneas vaharadas de menta, que no hacían sino empeorar muchísimo la situación. Para arriba y para abajo. Para arriba y para abajo. Para arriba y para abajo.

Eutanasio, no sabía dónde meterse (ni dónde meterla). Su enorme y descontrolado miembro, que se exhibía inhiesto orgulloso, endiosado, y arrogante… Bailaba ahora, el Bimbó y, por consiguiente, en todo el gimnasio, estaba causando sensación. Menchu, al observar la vergonzante escena, se levantó horrorizada de un brinco; trincó el sombrero «Tirulé» del perchero y poniéndoselo encima de su miembro, le conminó a levantarse de inmediato y salir huyendo  –para no volver jamás de los jamases– al Centro de Rehabilitación y Fisioterapia.

Terrified-Man

Mientras atravesaban abochornados la sala principal del local, Menchu no paraba de propinarle sonoros y dolorosísimos cogotazos a su marido mientras este se protegía la cabeza con ambos brazos.

El sombrero «Tirulé» asombrosa y milagrosamente, permanecía sujeto –como por arte de magia– en la entrepierna del avergonzado Eutanasio. Eso sí, a cuarta y media de distancia del ombligo, que es distancia muy apropiada para que le asomase el cojón izquierdo colgando sobre el vacío.

En Málaga. Circa 2016

Retro-Couple

 

TUS PIES

12936679_981957018540889_1831629517042374553_n

© Fotografía y posado EmeTé

Con las dosis justas de reserva y de reticencia; con las gotas precisas -y razonables- de suspicacia y de recelo, ELLA, mi querida (y admirada) EmeTé, presta (ante mi insistencia) sus pies para adornar esta entrada que contiene un precioso y sugerente poema de Pablo Neruda. No ha sido fácil, ya os lo digo; no ha sido nada fácil. Pero era o ELLA o ninguna otra.

A veces, la porfía y la terquedad, tienen su recompensa. Gracias, amiga mía!

13332930_1012105245526066_4845318634735336006_n

© Fotografía y posado EmeTé

***

TUS PIES

Cuando no puedo mirar tu cara

miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,

tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,

y que tu dulce peso

sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,

la duplicada púrpura de tus pezones,

la caja de tus ojos que recién han volado,

tu ancha boca de fruta,

tu cabellera roja,

pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies

sino porque anduvieron

sobre la tierra y sobre

el viento y sobre el agua,

hasta que me encontraron.

(Los versos del Capitán)

firma-de-neruda

diseno-floral-retro_23-2147486730

 

 

LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS

13115808_10208779051781273_1981765056_n

(© Autora y posado de la fotografía Isabel Fillola)

Tiene la delicadeza y el gesto mi amiga, la artista plástica Isabel Fillola, de remitirme fotos realizadas por y sobre ella para ilustrar un precioso poema erótico del poeta nicaragüense Rubén Darío.

Es costumbre de esta serie sobre poesía sensual, que las imágenes sean protagonizadas por amigas mías. Isabel, por méritos obvios, repite y es algo que le agradezco enormemente. Es un placer aunar, en un mismo apartado, la  belleza corporal de la Fillola y la belleza verbal de Rubén Darío. No es fácil, pero cuando se consigue, el resultado es tan hermoso como lo podréis comprobar ahora mismo.

LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS

Iba, en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos…
Constelada de casos y de cosas…
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos…
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!

Autor del poema: Rubén Darío

13140708_10208765974534350_1613505313_n

(© Autora y posado de la fotografía Isabel Fillola)

***

diseno-floral-retro_23-2147486730

LÁNGUIDOS.

tumblr_o3hdyxuAZM1tl9w7ho2_500

LÁNGUIDOS.

» La languidez es un estado de ánimo situado entre el ombligo y la lágrima»

(Juan Echánove. Rev.)

El lánguido no nace, se hace. No existen lánguidos de nacimiento, pero cuando deciden serlo resultan ser una ocupación de sol a sol en la que no existe el descanso ni cabe relajarse.

Para parecer una persona sin sangre en las venas, hastiada de todo, en permanente choque vital frente al resto del mundo, resulta fundamental ensayar la pose.

Los verdaderos cansados de vivir y sin ganas de nada están hechos un cuadro. Por contra, un lánguido mantiene pose de elegancia decadente, como sacada de una película de Visconti.

No dan pena, dan grima. Son afectados; cada gesto y cada movimiento está perfectamente estudiado, son capaces de visualizar cómo son percibidos, incluso por quien tienen a su espalda o en los ángulos muertos.

Sostienen una extraña relación amor-odio con la ironía, pues la consideran casi siempre demasiado zafia, pero son conscientes de que entenderla les hace sentirse más inteligentes.

57ed585f740ddab0ac63b6ea825c9261

Son resbaladizos. Dan frío.

Resulta imposible imaginarlos comiendo cochinillo. De hecho, resulta imposible imaginarlos comiendo nada apetecible.

En verano, suelen vestir de blanco. Inmaculadas prendas que a menudo combinan con botas camperas, pues tienen a gala la incongruencia indumentaria cual sello de identidad. En invierno llevan gorro de estibador de Laponia.

Un lánguido suele tener el pelo lacio y se peina con raya al medio. Es feliz con su pelo simétrico a ambos lados del rostro, porque el look cortinaje retirado de la cara es lo más del languidismo.

Si prepara su boda, dirá que quiere algo distinto y personal con
un toque campestre. Si tiene un hijo, lo llevará con pelo rollo querubín, ¿es niño o niña?.

Los lánguidos de este mundo se sientan como si estuvieran posando para un catálogo de moda, cuelgan en las redes sociales fotos en blanco y negro acompañadas de sesudas frases filosóficas, hacen el amor como si les filmasen para una película de cine intimista francés.

Ser lánguido debe resultar agotador, a la par que un inefable aburrimiento.

89f6e3be06699c90977aa4a9df53a0e4

Autora del texto: Blanca Abón Lebrato.

Acerca de la autora:

Puedo asegurarles que la autora de este texto que acabáis de leer, es lo más opuesto y contrario a la fantástica descripción que ha realizado de esa gente abatida, desalentada e indolente que de vez en cuando –sólo de vez en cuando, afortunadamente– se nos cruza en nuestro camino y nos produce indeseadas dosis de grima, repelús y animadversión.

Blanca Abón, sé lo que digo, siempre ríe; demostrando, con un finísimo humor y con un don de la oportunidad indiscutible, que le saca a la vida tres metros de ventaja y, además, tiene la finura y el gesto de transmitirlo. Blanca, siempre me sorprende; y no es fácil hacerlo porque suelo ser muy exigente en eso del humor. Siempre me impresiona con comentarios propios llenos de ingenio, de chispa y de listeza.

Debe de tener –estoy convencido de ello– un radar implementado en su cacumen especializado en detectar el Tweet magistral de unos y los chascarrillos más desternillantes y  delirantes de otros.

Una chica perspicaz esta. Un bella persona y alguien de cuya amistad, me siento muy orgulloso por el inmenso disfrute del compartir  palabras y de participar en sus comentarios.

1257907878082_f

diseno-floral-retro_23-2147486730

DAVID PADILLA. IN MEMORIAM

cc3b3mplices-del-trazo-agosto-2012

DAVID PADILLA IN MEMORIAM.

Me escribe mi querida amiga Marisa Alonso y me cuenta, apenada, la triste noticia del fallecimiento del común amigo el pintor jienense David Padilla.

Verán ustedes, nunca pude darle un abrazo a David (ya me hubiese gustado) ni tan siquiera estrecharle la mano. Es lo que tiene lo de las amistades virtuales. Pero no se confundan: Los sentimientos de proximidad y cercanía; de afecto de admiración y cariño, suplen –muchas veces– lo presencial. Y David y yo –los dos lo sabíamos– estábamos unidos por una fuerte y común corriente de simpatía y de consideración mutua. Ahora, ese malnacido vecino que vive entre las calles Géminis y Leo, se lo ha llevado para siempre con unas prisas innecesarias.

David Padilla, siempre fue generoso conmigo y colaboró en este blog con dos imágenes: Una de ellas figura, porque así lo merece, en la página de inicio de este blog que es donde habitan los grandes. La otra aportación fue para un relato humorístico de un Miércoles Santo.

Estas dos son. Lástima no tener los originales para que cuelguen –para siempre– en las paredes de mi casa.

paseando-larios-capitulo-18_001

***

copia-de-alvaro-malaga

David Padilla, el amigo no presencial; el amigo dadivoso y alegre; el eterno enamorado, se ha ido para siempre. Todo el mundo lo llorará, y si me apuran, hasta su querida bicicleta, no tendrá fuerzas ni ánimo para dar una última pedalada.

David Padilla In Memoriam. Descansa en paz, amigo mío.

Esta es una presentación que hice en su día con su trabajo. Disfrutadla.

David Padilla. Pinturas


vector-de-diseno-retro-caligrafico-de-tallos-y-hojas_23-2147486745

 

 

RITA LA BAILAORA…

RITA LA BAILAORA…

 13062124_10206144561560796_8141161561822655411_n

Sólo en muy contadas ocasiones –e impresionado por la belleza o el interés que me provocan– suelo publicar en este blog, trabajos de otros autores.  Este es uno de esos casos: Un artículo de mi admirado Antonio Fernández Laporte sobre un personaje malagueño Rita La Bailora –que nada tiene que ver, sólo la coincidencia en el nombre con «Rita La Cantaora» granadina ella, aunque coetánea de nuestra «Rita La Bailaora».

Este es el artículo. Os recomiendo encarecidamente que os lo leáis. Una delicia, como todas a las que nos tiene acostumbrado mi amigo Antonio. «Cateto Honoris Causa» por El Blog de Father Gorgonzola. No se me mosqueen por el apelativo; es cariñoso; él y yo sabemos de lo que se trata)

img003
4 de julio de 1882 Málaga se viste de luto, muere la Rita, gitana de singular belleza hermana de la señá Gabriela, la madre de los Gayos.. que tenía una carnicería por calle San Juan, cuando salía con su mantilla blanca del brazo de Paco el Guarrirro, para ir a la Plaza de la Malagueta era todo un espectáculo.. para los malagueños.

La mozas durante mucho tiempo, cantaron en las fuentes y mercados, la copla que inmortalizó a Rita.

Ya se murió mi Rita bonita..
Ya se murió mi tesoro de Oro..
Ya no tengo quien me diga..
Paco..! llévame a los Toros..

Cuadro de Martínez de la Vega
Gitana del Chinitas..Morena no rubia..

La fama de “El Café de Chinitas” no escapó a los viajeros extranjeros que nos visitaban como Havelock Ellis que lo describe, en 1907, con un aire romántico, y Walter Starkie que lo frecuentó en su última época. Las historias y anécdotas sucedidas en él son muchas como el legendario reto de baile entre La Mejorana y su rival La Rita, durante toda la noche. La Rita que se había quitado los zapatos, bailó hasta caer desmayada, muriendo dos días después. Su marido Paco el Guarrirro pasó desconsolado el resto de su vida. Más tarde, esta romántica historia la grabaría, en 1957, el malagueño Miguel de Molina, con el nombre de una copla inolvidable “Mi Rita bonita”.

Este es:

Mi Rita Bonita

Leamos lo que escribió Walter Starkie en «Histoire Universelle de la
Musique. Espagne. Voyage musical dans le temps et l’espace»
. Vale la pena reproducir algunos párrafos.

Yo había frecuentado mucho el Café de Chinitas, el “sancta sanctorum” del flamenco entre 1924 y 1928, cuando se escuchaba allí al célebre Cojo de Málaga, donde nos detuvimos algunos aficionados y yo, antes de ir a comer a Granada con el inigualable cantaor de “medias granadinas”, Frasquito Yerbabuena, el plato tradicional de los gitanos, el “baliché ta bobí” (jamón con habas).

El Café de Chinitas, desgraciadamente, fue cerrado para siempre en 1941. Cuando volví a Málaga, hace algunos años, yo estaba inconsolable por esta desaparición. Vagaba sin
rumbo bajo la luna, en la noche de noviembre. Me parecía escuchar todavía traída por el viento la malagueña:

 

“Ya se murió mi Rita bonita,
Ya se murió mi tesoro de oro;
Ya no tengo quien me diga:
“Paco, llévame a los toros”.

Esta canción me evocaba a dos viejecitas bailando en la sombra de un tablado. De vez en cuando, un rayo de luna las iluminaba, y se veía que estaban descalzas. Bailaban de frente, lanzándose gritos de desafío. La más bajita terminó por derrotarse, mientras que la otra continuaba con su danza frenética, desesperada. Me acordaba de la historia que me había contado Fernando el de Triana, del famoso concurso en el Café de Chinitas, entre la Mejorana, la madre de Pastora Imperio, y su rival, la Rita. Las dos gitanas bailaron durante toda una noche. La Rita, que se había quitado los zapatos, bailó hasta caer desmayada. Dos días más tarde murió. Su marido Paco el Guarrirro, un rico gitano que poseía carnicerías y cafés en Málaga, y que se vestía como un genteman (sic), quedó tan inconsolable que visitaba la sepultura de Rita a diario. Cuando no podía ir, enviaba a uno de sus amigos, y a su vuelta le preguntaba: «¿Y bien, te ha pedido algo?» Paco no volvió más a ir a las corridas de toros, pero continuó reservando los dos sitios que ocupaba habitualmente con Rita, y que quedaron vacíos cubiertos con un mantón bordado en blanco y negro.

13083290_10206146039477743_7365778617643926390_n

El Café de Chinitas ha sido celebrado por un poeta andaluz, Carlos de Luna, que ha merecido el título de gitano de honor por su estudio «De Cante Grande y Cante Chico», y su reciente libro, «Gitanos de la Bética». Pero sobre todo es poeta. Sus poemas son diálogos, con exclamaciones intercaladas, llenas de onomatopeyas que resucitan la atmósfera del cuarto del Café de Chinitas donde los aficionados se encerraban con los
cantaores y los guitarristas (pp. 113-114).
Eusebio Rioja y David González “Zafra”

 

La conmovedora historia de Rita y Paco el Guarrirro ha dado mucho de sí en la literatura. Tanto José Carlos de Luna, como Francisco Bejarano la recogieron en Gitanos de la Bética (pp. 108 y 117) y en Las calles de Málaga (pp. 61-62), respectivamente. Bejarano hace al matrimonio vecino de la calle de San Juan Bautista, y a Rita como hermana de Gabriela Ortega, buena bailaora y madre de los toreros Los Gallos. Y pinta así la belleza de Rita:

Aquí vivió la famosa Rita, verdadera reina de la gracia gitana y una de las mujeres de más salero que han existido en Málaga, al decir de los que la conocieron. Era hermana de la «señá Gabriela», la madre de los «Gallos» y tenía una carnicería cerca de la calleja que sirve de ingreso a la sacristía de San  Juan. Era alta, de cuerpo cimbreante y majestuoso con garbo, de cara fina y bonita, con grandes ojos sombreados por magníficas pestañas, y muy cuidadosa de su peinado. Con sus botas altas, que tenía buen cuidado de lucir al recogerse la falda con gracia y coquetería, sus vestidos lujosos y su empaque de real moza, era, sin duda, la que mejor sabía llevar el mantón de alfombra, a diario, y el de manila o de China en los días en que repicaban gordo. Del brazo del señor Paco el «Guarrirro», prototipo del carnicero de rumbo, iba aquella mujer causando la admiración de la gente que, para verla salir para los toros, en los días de corrida, se estacionaba a las puertas de su casa. De las mujeres de más salero que han existido en Málaga, al decir de los que la conocieron.

13096195_10206146013877103_4733341107014712001_n

Murió muy joven aquella prenda de mujer, y la amortajaron con un vestido de morilla, mantilla y flores a la cabeza, y botas de raso granate. Su muerte fue un acontecimiento y cientos de personas acudieron a ver a la Rita por última vez, llorándola la musa popular en sus cantares.

En efecto. Rita Ortega Feria era hija de Enrique Ortega Díaz: El Gordo Viejo (Cádiz, 1830-¿?), de familia muy relacionada con el toreo, y cantaor famoso por sus Seguiriyas. La madre fue Carlota Feria, cuya familia gaditana también, sería célebre en el cante. Ángel Álvarez Caballero en Arte Flamenco dice:

Rita Ortega “la Rubia”, apodada así por su “hermosa cabellera de oro”, nació en Cádiz en las últimas décadas del siglo XIX, y fue considerada también rival de la Mejorana. Incluso hay una historia que hace a Rita protagonista de aquel episodio en que su hermana Gabriela tuvo un mal parto después de competir con Rosario la Mejorana; en esta otra versión Rita se hallaría también embarazada, y sería ella la que murió tras el baile agotador. He aquí como lo cuenta José Luis Pantoja Antúnez:

“Una y otra bailaora, picadas en su amor propio, se desafiaron profesionalmente ante un grupo de aficionados, entendidos y exigentes, que se reunieron, partidos en diferencias, para apostar por su favorita. Bailó primero la Mejorana de un modo impresionante. Y después bailó Rita, que estaba embarazada, a punto casi de dar a luz; con un aire de enfado se quitó los zapatos. Y bailó. ¡Cómo bailó! Que ganó la pugna y, después, inmediatamente después, se murió…”

18890831-Le-Monde-Illustre_GITANAS

(…) Lo que sí es cierto es que Rita murió joven, y que vivió una conmovedora historia de amor con su marido, un rico carnicero malagueño llamado Francisco Monje y conocido como Paco el Guarrirro. Se conocieron cuando ella bailaba en el Café de Chinitas. Él la idolatraba, y al casarse ella se retiró del baile.

(…) No sabemos que Rita dejara descendencia. De ella decía su sobrino, el bailaor Rafael Ortega, que bailaba “todo lo que quería”: “Ya la podían echar a ella! Porque bailaba de un modo… contraprodusente. ¡Sí, señor; de un modo contraprodusente, ésa era la palabra!” (vol. II, pág. 61).

Y así despieza José Carlos de Luna el curioso atuendo de Paco el Guarrirro. Vale la pena leerlo:

Contrapuesto al traje de «El Planeta», que al fin y al cabo no es sino el popular andaluz de su época ultrarrecargado de adornos, fue el que siempre usó Paco «el Guarrirro» (de «guirrar» o «guairrar», reir).

Este gitano, que a fines del pasado siglo era dueño, en Málaga, de dos carnicerías, vivió con cierta lujosa holgura muy originalmente alardeada y más raramente concebida. Empresario, también, de cafés cantantes y protector de cuantos gitanos con facultades para el cante y el baile acudían a su puerta en demanda de ayuda y consejos, ofrece en su excéntrico humorismo material para una biografía con mucho que reír y bastante que pensar. Lo vestía el mejor sastre de Málaga, siempre con paño inglés, y se encargaba los trajes por docenas, pero…, ¡sin chaqueta! Calzón abotinado de alto talle y chaleco de corselillo forrado con la mejor seda.

Nunca usó camisa, ni botillos, ni botinas a la moda de entonces, sino camiseta y calcetines de seda de rabiosos colores, que le tejían en Valencia a su capricho, y chancletas de cabritilla avellana. Siempre al aire o bajo techo -dicen que era calvo como un membrillo- gorra de alpaca negra y pañuelo blanco de seda anudado al pescuezo con garboso descuido.

Cafe-Cantante-El-Chinitas-1885

A todas partes iba y venía en mangas de camiseta si el frío -¡malagueño!- no le echaba sobre los hombros la bordadísima capa con vueltas de terciopelo grana y golpes de diamantes. El chaleco, sin abotonar, trabado por la cadena de oro del reloj, gruesa como la barbada, y colgando de ella en ruidoso tintineo dos onzas peluconas, una enorme herradura de brillantes y zafiros, la «Mano de Fátima» en coral rosa, un elefantillo de marfil y un jorobadito primorosamente tallado en ágata.

Jamás le vio nadie una mancha ni una arruga; se afeitaba y mudaba de calcetines y camiseta dos veces al día y casi todos los domingos estrenaba traje. Por su tiempo, la mayor parte de los vecinos «calé» del Altozano, la calle de la Cruz Verde y la de los Negros vestían de medio luto a cuenta de los semanales desechos de Paco el «Guarrirro».

Aseguraban los que le conocieron que con su mujer, «la Rita», formó la pareja más original y simpática de cuantas se imaginen. (pp. 108 y 117).

Poco importa que la historia de Rita y Paco el Guarrirro fuese lo veraz que estas narraciones cuentan. Poco importa que Rita muriese realmente en el Café de Chinitas y en una competición de baile con La Mejorana. Se trata de una historia tan lírica y romántica, que si no hubiese sido real, merecería que lo fuera. Una historia en la que la exaltación del amor llega al paroxismo de la demencia ilusionada. Una historia que por su sentimentalismo, podría prestarse como argumento de cualquier obra literaria, dramática o cinematográfica. Una historia de amor que toca con las puntas de los dedos a la de Romeo y Julieta, la de Calixto y Melibea, a la de don Juan Tenorio y doña Inés, a la de Los amantes de Teruel o a la de Juana la Loca, cuyo amor desesperado se volvió demencia.

Con ciertas modificaciones en el argumento, la música del maestro Juan Solano, la letra de Olivareros y la genial interpretación del tonadillero malagueño Miguel de Molina, hicieron de la historia de Rita una célebre canción: Mi Rita bonita. Canción que grabaría Miguel de Molina en 1957 para EMI-ODEON.

LOS CAFÉS CANTANTES DE MÁLAGA
Y LAS VENTAS DE LA CALETA
UNA APROXIMACIÓN A SU HISTORIA Y AMBIENTE
Eusebio Rioja y David González “Zafra»

images

Y este es un documento en pdf que cuenta la historia del afamado «Café de Chinitas» Realizado por el Doctor en Historia del Arte Jose Antonio Ramos Rubio.

El Café de Chinitas. pdf

13124613_10206146043197836_5009701861592077771_n

vector-de-diseno-retro-caligrafico-de-tallos-y-hojas_23-2147486745

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar