CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS

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CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS

«Presta atención y te cantaré una canción e intentaré no desafinar
oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos»

Uno de los tributos mas indeseados, y que se ha de pagar por eso del cumplir edades, es el del contemplar como la vida –impune y cruelmente– te va quitando las referencias que en ese trasiego, te han formado como persona.
Más de cuarenta años han pasado desde aquellos días en los que –por el Reino de Conde Ureña– bailábamos feliz, frenéticamente y obligados por la voz ronca y áspera de un borrachín impenitente que se contoneaba en lo alto del escenario tal si fuese un espasmódico zombi: Joe Cocker. Ríanse ustedes de los Walking Dead y demás zarandajas. Danzábamos agitada y disparatadamente porque así nos lo requería y obligaba el ritmo de «Marjorine», o «The Letter»; o de «Delta Lady» o del “Something goin’ on”. Aunque también, para que mentir, nos movíamos lenta y pausadamente –abrazados y siempre pendientes al roce a la moza intransigente y confundida– con el Dylaniano «I Shall be released» y sobre todo con esa versión fastuosa e inimitable de The Beatles (y la guitarra de Jimmy Page) llamado “With a little help from my friends”.

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Con un poco de ayuda de mis amigos. Con la ayuda de la amistad, como la traducíamos por aquella época.
Joe Cocker, no me quiero extender demasiado, pues quiero que sea él quien hable en esta entrada, tuvo también el detalle – ya lo he indicado– de encandilarme haciendo magnificas versiones (era un versionador –ahora se llaman covers– único y excelso) de mis otros ídolos: Bob Dylan. John B. Sebastian, Beatles, Stones, Leonard Cohen, Animals, Nina Simone o Traffic. Inconmensurable la versión de Lovin’ Spoonful “Darling be home soon”.
Si alguien me preguntara que tema escogería como favorito de este inglés, no me iría para aquel en que la Basinger se dejaba puesto sólo el sombrero tras la persiana. Tampoco lanzaría la gorra de oficial al aire delante de la pava; ni siquiera, fíjense Uds. lo que me atrevo a decir, tomaría Berlín después de Manhattan; porque lo que yo, lo que yo verdaderamente escogería, sería toda su producción que va desde el 69 hasta el 72. Y, si ya me obligaran a mojarme, Mad Dogs & Englishmen (1970) y el Cocker Happy (1971) serían los álbumes elegidos.

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Dos veces tuve la oportunidad de verlo en directo: en la Marbella de 1985 y en las playas de Málaga en el 2007. El primero bastante más borracho que en el segundo.
Descansa en paz viejo amigo. Cuarenta años juntos, sí son muy pocos con la ayuda de la amistad.
Este es uno de los últimos conciertos de Joe Cocker; disfrutad al Maestro. Disfrutad al único, al grande, al irrepetible John Robert Cocker; de Sheffield, Reino Unido.

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LISTADO DE CONCIERTOS EN NUEVA YORK. DICIEMBRE 2014

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en Nueva York.
A celebrar en:
Diciembre 2014.

Estos son los conciertos a celebrar en la ciudad de Nueva York en Diciembre del 2014. Una buena lista.

Que qué veria yo… Sin dudarlo ni un segundo a Bob Dylan, a Erasure, a The Temptations & The Four Tops, a Patti Smith o a James Taylor.

Cómo siempre en Verde la fecha, en Negro el artista y en Azul eL lugar

Estos son:

Listado de Conciertos en NYC Diciembre 2014

Disfrutadlos!!

UN MUNDO SIN LUZ

Manuel León Moreno
Un Mundo sin Luz.

MALAGA.
Centro de Arte Contemporáneo. Manuel León
Del 28/11/2014 al 08/02/2015

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El 4 de Marzo del presente (que oficialista suena esto, pardiez!) escribí un articulo en este blog acerca de la inadmisible falta de humor de algunos intolerantes sujetos.
Era este: Se nos Murió el Humor.

Bien, a lo que voy; para ilustrar dicha entrada busqué imágenes en ese supermercado intangible y etéreo que es Google – que muchos, erróneamente, creen que es gratuito y de autorizada disponibilidad– busqué imágenes, ya les digo, que fuesen apropiadas para adornar el texto que acababa de escribir en el que arremetía contra unos meapilas y soplacirios que habían atacado –fíjense que ironía– a un gran amigo, que es además –al contrario del que suscribe– ferviente creyente y respetuosísimo cristiano.

Ahí, en esa tarea de búsqueda conocí, primero la obra, y después (epistolarmente) al autor que ahora voy a referir: a Manuel León Moreno.

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Una obra, la de este sevillano, de la que me quedé absolutamente prendado. Tan prendado, que no dudé en hacer acopio de algunos de sus trabajos, para después, pedir permiso al pintor cómo mandan los cánones y un mínimo de vergüenza y decoro. Así lo hice. Le escribí pidiéndole el beneplácito y el consentimiento. Y me lo dio.

Manuel León, con esa generosidad que dispensan los grandes – puedo asegurarles que los mediocres son los más subidillos y pamplinas– con una enorme esplendidez, no sólo me dio su permiso para usar su obra en dicho artículo, sino que además, me lo agradeció cuando era –cómo Uds. comprenderán– todo lo contrario. Yo era, el que le debía el agradecimiento a él.

Manuel León tiene un estilo absolutamente representativo; específico y característico que me recuerda –sin tener nada que ver– a mi querido amigo el también pintor Andrés Mérida. Y porque? Pues porque ambos, a través de sus iconos (el uno sus nazarenos; el otro sus toreros y flamencas) muestran visiones personales camufladas de las preocupaciones e inquietudes que a todos nos desasosiegan y preocupan.

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Ahora, vaya suerte que tenemos –en Málaga, en el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) y comisariado por Fernando Francés– vamos a tener la oportunidad de poder admirar una exposición de este enorme artista sevillano. Hasta el día 8 de Febrero del 2015, tendremos tiempo para poder llenar nuestras miradas de penitentes enfrascados en tareas distintas a las que se les supone por el cargo. Y les aseguro, que esa visita, merecerá absolutamente la pena. Yo de Uds. no me la perdería.

Yo, desde luego, de ninguna de las maneras.

Aquí tenéis un texto fantástico acerca del pintor:

Texto Manuel León

Disfrutadlo!!

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EL RELOJ REGRESIVO

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Dos son –de forma muy diversa y generalizada– las etapas del ser humano en referencia al eso del cumplir años. Lo que etimológicamente se llama existencia, edad, longevidad, vida…todo eso. Estas dos etapas, aclaro e indico, tienen una circunstancia que las diferencian de forma notable; vamos allá:

Es la primera de ellas –la que suele darse en la juventud y la adolescencia– en la que nos interviene el deseo fervoroso e impaciente por el cumplir años. El hacernos mayores, es una necesidad imperante y necesaria que pensamos –incautamente– nos aportará una serie de derechos y prebendas horarias que nos harán más libres e independientes. Craso error; pues no caemos en la cuenta de que la vida –interesada y jodidilla como es– nos pone también –en el plato malo de la balanza– deberes, obligaciones y responsabilidades para apearnos del burro; no vayamos a creérnos la panacea de la edad adulta.

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En la segunda etapa –que es esa en la que nuestra cabeza en unos casos necesita tinte, y en otros pelo– ya desengañados de la primera y con la misma intensidad y entusiasmo, nos interviene el deseo –también fervoroso y suplicante– del no cumplirlos. No obstante, aclaro, también hay otra etapa intervalo y más dada entre el género femenino, en la cual se lleva el cumplir años irremediablemente pero no anotarlos en el debe vital; que eso, miren ustédes, es una ordinariez.

Lo más doloroso de todo esto que estoy avanzando, es que el paso intermedio entre las dos etapas –casi toda la vida– pasa en un plis plás. Y a esas alturas finales, ya nos hemos pagado –lo que pertenecemos a una mutua – al menos cuatro entierros.

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Bueno esta reflexión viene a que me he instalado en tooodos mis periféricos (Tablet, ordenadores, teléfonos móviles…) un reloj regresivo de eventos. Es decir le propongo al bicho un evento, pongamos de ejemplo: mi jubilación. Y el condenado recordador, inexorable, inflexible e inapelablemente, va –cómo si tal cosa– quitándome segundos de vida. El hijo de la grandísima puta.

Cada sesenta segundos (van rapidísimos) me quita –el jodido advertidor– un minuto. Los minutos, que todo lo copian, cada sesenta de ellos, se hacen con una hora. Las horas –menos agonías, pero también de su pueblo– cada veinticuatro se fabrican un día. Y los días cada treinta paren un mes; los meses, cada doce, un año. Y así –de esta cruel y despiadada manera– voy cumpliendo años de edad y descumpliendo años de vida.

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Toda esa innecesaria información, estaría bien, si yo no fuese un tipo impulsivo contumaz y reticente y que no estuviese continuamente consultando el tiempo de vida laboral que me queda; lo que me falta para la fiesta de fin de año; o la celebración del cumpleaños de mi prójima. Sin tener en cuenta que pasada esa frontera – a la jubilación me refiero– lo que me quede de duración y perdurabilidad, se contabilizará en tampoco tantos ratos. Y eso, amigos míos, produce un cierto desasosiego, un bastante de canguelo y un muy mucho de grima.

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Así que para combatir esa nueva preocupación que –por la misma cara– me he echado yo mismo encima, y acogiéndome a esa conformidad mentecata que dice que “Mal de muchos, consuelo de tontos”, voy a compartir con todo el que me lea y, además quiera sufrir este quinario de exacta y cruel información, un reloj regresivo que muy amablemente me ha elaborado Iván Chacón por lo cual le estoy enormemente agradecido

El ejemplo que viene en la hoja de cálculo tiene como evento una fecha de jubilación. No obstante, podéis elaborar en distintas páginas de la hoja principal, diversos eventos…Cumpleaños…Fiestas y celebraciones… Citas importantes… Comienzo de vacaciones… Finalizaciones de préstamos o de hipotecas… en fin cualquier cosa que os apetezca, y queráis saber lo poco o mucho de atadura que os queda; solo habréis de cambiar el evento deseado y su fecha de término.

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Espero que os sea útil.

Este es el Documento.

Reloj Regresivo de Eventos

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Disfrutadlo. O algo así!!!

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NIDOS PARA LOS ESTORNINOS

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Está un poco enclenque y bastante escuchimizado; moreno y arrugado de piel; maneja una desgreñada melena al viento cubierta, a veces, por una gorra de visera de publicidad incierta. También, y para arreglarlo ya del todo, posee una tristísima mirada que le proporcionan dos ojos profundos y oscuros. Apenas levanta –ese de quien hablo– un metro cincuenta del suelo y si pesara más de cuarenta kilos ya serían muchos y demasiados. Podría ser la definición perfecta del descorazonamiento y del desánimo, pero no se lo vayan Uds. a creer del todo.

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Todos los días paso junto a él y ni tan siquiera lo saludo. Maleducadamente. Por no hacer nada, tampoco lo miro a la cara cada día que me lo cruzo, que son todos. Y esa circunstancia, no tengo más remedio que admitirlo, me abochorna soberanamente.

Y saben Uds. porqué no lo saludo? Saben Uds. porqué no lo miro a la cara cada día que me lo cruzo que son todos? Pues porque no nos ha intervenido esa formalidad convencional, precisa y necesaria, que es la presentación. Nadie nos ha presentado. No lo conozco absolutamente de nada. Si no fuese porque todos los días lo veo allí sentado, en la acera o en un escalón, esperando no se sabe bien el qué. Ya sé que nadie nos ha presentado, nadie; pero cada día nos encontramos, él sentado en la diminuta atalaya de su escalón, y yo pasando junto a él como si fuese un inmenso y antipático fantasma.

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Para mi descargo y justificación, me digo que yo no puedo ir saludando a todas las personas con las que habitualmente me cruzo. Por ejemplo: Hay un par de tiendas vacías con sus aburridos dependientes apoyados en la puerta a los que veo siempre; hay también un carrillo de chuches que no es el oficial (el que regenta mi amiga María la gitana) a cuyo propietario también le evito la mirada porque nunca le compro nada; jamás entro en unos cuantos bares tristes –porque no llegan a despegar del todo– y, porque, además, tengo el mío de cabecera. No somos amigos entre nosotros, puesto que, a pesar de vernos cada día que son todos, nadie nos ha presentado y, por consiguiente, ninguno nos saludamos. Pero extrañamente, cada día que me cruzo con el de la mirada oscura –y lo ignoro– se me cae la cara de vergüenza.

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Ya os digo que es enjuto y canijo y además añado que se busca la vida a base de una enorme paciencia –adornada de frío y humedad o de un intenso calor– en una interminable e improductiva tarea. Me lo encuentro cada día en la puta calle que es su lugar de trabajo. Una calle en medio de un polígono industrial sin presente ni futuro y con un pasado seguramente nada glorioso.

Se sienta este hombre, ya lo he dicho, en el escalón de una puerta lateral de una nave de una enorme cristalería al por mayor, y se sienta –y se siente– el gobernador representante de su particular trozo de acera. Más que nada, porque lo es. También vigila –y hace suyo– un enorme contenedor de desechos por lo que pudiera caer. Allí, sentado casi en el suelo, con la ayuda de una pocas herramientas (un destornillador y un martillo, y poco más) va desguazando con infinita parsimonia los muebles y los electrodomésticos que el resto de los mortales tiran al contenedor cuando ya están absolutamente inservibles. El canijo, con una meticulosidad exasperante, va sacando los pocos despojos que le procuran los cadáveres metálicos para venderlos y sacarse muy pocas monedas que le servirán para el sustento diario. Tornillo a tornillo; lamento a lamento; día a día que son todos.

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Tiene tiempo de sobra mientras llega el botín. Incluso para tejer–con tiras de plástico que él mismo elabora y saca de garrafas de plástico– diminutos nidos que cuelga en los ficus que jalonan la calle para que los estorninos, que pululan por la zona, aniden más cómodamente.

Mañana, sin falta, voy a empezar a saludarlo; aunque nadie nos haya presentado. Porque ya no me hace falta. Y estoy seguro, que el agradecerá mi saludo, y yo, agradeceré aún más el suyo. Porque me encanta, sobretodo, que en sus muchos ratos libres –y sin que nadie le obligue a ello– fabrique nidos para los estorninos y los cuelgue de los árboles para que aniden.

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LA BUENA MÚSICA DE FATHER GORGONZOLA: BON IVER

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La Buena Música de

Father Gorgonzola:

Bon Iver.

Ya he dicho alguna vez, que la deliciosa Niña Carolina -al igual que mi querida amiga Adela- tiene la virtud de vestir siempre -cómo el Gato de Cheshire- una franca y fresca sonrisa; ya sabéis, el Gato de Cheshire, el de Alicia que, desapareciendo en la invisibilidad, solo deja -cómo muestra visual- su enorme boca soplando en el viento. Blowin’ in the Wind que decía mi vecino el de Minnesota.

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Me pone la deliciosa (y risueña) Niña Carolina –para mi Rincón de la Buena Música de este blog- me pone digo, tras la pista de un americano de Wisconsin (vaya bosques que maneja ese estado) llamado Justin Vernon; un músico folk que, con una especialísima sensibilidad, compone temas que te invitan a sentarte en tu sillón y tomarte un té caliente (o un ron dominicano) frente al fuego, mientras oyes caer la lluvia tras los cristales. Canciones de invierno. Canciones de días tristes y melancólicos; añorantes de acogedores tiempos pasados y de gente querida ausente.

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Tiene la música del grupo de Justin Vernon -llamado Bon Iver- reminiscencias del sonido de los italianos Nova; de las voces psicodélicas -que te trasladan por las brumas de Escocia- de la Incredible String Band, o del eclecticismo de la británica Imogen Heap. Una música relajante y placentera. Hecha con un indiscutible e imperdonable buen gusto y sensibilidad.

Tiene a bien, la deliciosa Niña Carolina, el abrir mis oídos, el obligarme a prestarle atención, a este músico –y a su grupo- para volver a sucumbir al deleite, casi olvidado, de conducir bajo los efectos cautivadores de la belleza. Al compás del metrónomo desacompasado que te proporciona el persistente limpiaparabrisas.

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Dice la Wiki de Bon Iver:

«Es el nombre artístico de uno de los proyectos musicales del cantautor Justin Vernon, cuyos miembros son, además de él, Mike Noyce, Sean Carey, Colin Stetson y Matthew McCaughan, entre otros esporádicos. Vernon produjo de forma independiente su primer álbum, For Emma, Forever Ago en 2007, grabándolo en su mayor parte mientras pasaba tres meses en una cabaña remota en Wisconsin. En 2012, la banda ganó el Grammy al Mejor Nuevo Artista y al Mejor Álbum de Música Alternativa por su álbum Bon Iver, Bon Iver; además de estar nominados a Canción y Grabación del Año por «Holocene», incluida en ese mismo álbum. Su nombre, Bon Iver, es un juego de palabras entre una corrupción del francés «bon hiver» (buen invierno).»

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Esta es una selección de sus trabajos…

Disfrutadlos!

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LA INSUFRIBLE TORTURA DEL DESAPEGADO FUTBOLERO.

Este es un artículo (ya es el segundo) incluído hoy en la publicación
«La Bombonera»  del Málaga Club de Fútbol.
Un enorme privilegio que agradezco sinceramente.
(Todas lás imágenes que ilustran esta entrada, han sido realizados por Idígoras &Pachi)
 

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«LA INSUFRIBLE TORTURA DEL

DESAPEGADO FUTBOLERO.»

Cuando mis amigos Pachi e Idígoras me solicitan (esta es la segunda vez) que les escriba un artículo para «La Bombonera», tengo que reconocerles que le echan un par de balones de reglamento. Porque insisto una vez más –ya lo dije la otra vez– que el pedirle un escrito a un absoluto ignorante en cuestión de futbol (para una revista de estas características) es, cuando menos, un disparate; una osadía y una barbaridad.

Miren Uds. yo –por esa característica de ignorancia futbolística– padezco lo que se llama la insufrible tortura del desapegado futbolero. Aunque no se crean Uds. que no siempre fui así. Mi cultura futbolera se pierde en los tiempos de los campos calamitosos de tierra y poca hierba que nos daban cobijo, en esta ciudad, a los chavales de la época: Los tres campos del «Lejío» : El Manú, El Manó y el Maní. El Campo del Agua que estaba en Fuente Olletas, el de los Campos Elíseos por el Cementerio Inglés, el de La Fuente en Capuchinos o el de Barcenillas, donde mi amigo Santi me abrió la cabeza de un certero «ñosclazo». Ahí, con esa pedrá –acabé en la Casa de Socorro de Lagunillas chorreando sangre– se me fue yendo la afición al fútbol para siempre.

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Aunque después –ya de ocasional espectador y medio obligado– paso mis últimos estertores de aficionado acudiendo con los amigos a los campos del Puerto Malagueño (Segalerva) o al López Pinto (El Bulto) para ver el inefable espectáculo de los Intocables (cuyo botiquín del agua oxigenada y las vendas era un pequeño féretro) o a ver al Mortadelo C.F. jugando en el campo de La Olímpica Victoriana. En todos estos partidos solía haber un fluidísimo y gratuito reparto de leña para el árbitro, que a diferencia del mono, no era de goma.

Pero pasa el tiempo –los tiempos corren, ya lo saben Uds. que es una barbaridad– y yo, me olvido del futbol definitivamente. Aunque ahora, con eso de la Liga, La Copa del Rey, La Liga de Campeones de Clubes, la Champions League (que creo que es lo mismo). La UEFA League, las Supercopas, y muchas competiciones más, uno –desde el prisma de la envidia más insana, por lo que se pierde– no puede sino sentir un cierto muy mucho complejo de inferioridad y una bastante alta dosis de pelusa que suele ser mal entendida.

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Porqué? Pues porque, a causa de esta abultada agenda de competiciones, hay múltiples y variados motivos y ocasiones para que la gozosa multitud de amigos aficionados se reúna felizmente (para contemplar el partido de turno) en torno a una súper pantalla plana de al menos cuarentimuchas pulgadas y –a golpe de afición– pasar una tarde feliz y amena rodeado de compinches y secuaces. Y «secuazas», que también las hay y muchas, mucho cuidado.

Pero para el pobrecito desgraciado, para el infortunado, para el ingenuo (que todavía cree en la bondad humana) para el NO aficionado al futbol, esta circunstancia (la de que no le guste) se torna en una verdadera tragedia semanal y personal. Pues se le considera “persona non grata” para los visionados de encuentros deportivos y para las posteriores tertulias futbolísticas en los salones más selectos de su panda de amigos.

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Y yo, que quieren Uds. que les diga, me siento tan desafortunado como triste; tan desplazado como poco querido, tan ignorado como apartado; porque me pregunto… No le gustan a uno –al margen del fútbol– las almendritas, los chochitos y las patatas fritas de paquete? No le gusta a uno las rodajas de salchichón Prolongo finamente cortadas y debidamente despellejadas? y el jamón? No se tomaría uno alguna que otra cervecilla helada –mudo, resueltamente callado y sin hacer ruido, como es natural– si no estuviese amenazado y atenazado por la mirada desafiante del entendido? Sí! ese mismo que no te permite ni acercarte a la mesa no fueses a taparle la jugada principal del encuentro?

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Sigo con la retahíla de quejas: No tiene uno derecho a dar, si no su opinión y/o parecer deportivo (lo sé, es suicida), sí el intentar llevar la conversación por otros derroteros? (lo sé, también es suicida) Ponó! Sufro este desplante y apartheid deportivo apenadamente y en silencio. Avergonzado y contrito, tal si sufriese de implacables, severas y sanguinarias hemorroides cada domingo.

Triste es la vida del NO aficionado que sólo disfruta de sus amigos los días que no hay partidos. Pero partidos, haberlos, queridos amigos míos, haberlos haylos y muchos. Casi todos los días. En fin, siempre me quedarán las motos y esos genios intolerantemente buenos llamados «Marc Vázquez» y «Sipo Tons». Aunque este último, me parece a mí, que ya no pilota.

Álvaro Souvirón

  • Aquí podéis leer el articulo:

https://www.facebook.com/pages/La-Bombonera/450712491681393?fref=ts

 

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EL OCASO DE LAS FIGURAS LITERARIAS

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EL OCASO DE LAS FIGURAS LITERARIAS

Aquello, más que una casa de retiro y de descanso, era una casa de locos. Lo que debiera de ser un remanso de paz, un oasis de tranquilidad y de buenos recuerdos, era algo parecido a un centro de obligada reclusión donde la insania y la demencia campaban por sus respetos. Ya nadie allí se sentía útil porque casi nadie les requería sus servicios. Todas, apenadas y afligidas, melancólicas y abatidas, soportaban el descanso obligado e indeseado que les procuraba la oscuridad de la dejadez, el descuido y el abandono.

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Cada vez más arrinconadas y desahuciadas del lenguaje y de la escritura, las figuras literarias esperaban resignadas la muerte anunciada y definitiva provocada por un nuevo y cainíta idioma implementado, por trágala, por los nuevos tiempos. Unos nuevos tiempos, cada vez más reacios a tomarse la molestia que supone el tener que escribir las palabras completas, de forma correcta y entendibles. Acomodados como están en la ignorancia y en el desuso del uso de los signos y de los modos ortográficos y literarios.

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La casa de retiro de las figuras literarias, ya hacía mucho tiempo que había dejado de ser un lugar apacible desde donde cada una de sus moradoras, relajadamente, contribuían a la supervivencia y al enriquecimiento del idioma; prestándose –con su innata y connatural cualidad– a limpiar, fijar y dar esplendor – antes del apocalipsis de la mensajería instantánea– a nuestra más útil y extendida manera de comunicación: el habla y la escritura.
Por allí deambulaba la Reiteración regañándole siempre al Epítome: ¡Que me dejes!, ¡Que me dejes!, ¡Que me dejes!, decía esta. Mientras el otro le contestaba: Tú sigue así… que verás! No me molestes más… que verás! Déjame tranquilo… que verás!

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La Alegoría se quejaba acre y amargamente –usando Símbolos y Sinécdoques– de lo enriquecedor, de lo lírico, que había sido su trabajo antes del gran cataclismo lingüístico: “Allí van los señoríos… Allí los ríos caudales… Allí los otros medianos… Mientras la Ironía y el Sarcasmo se reían cruelmente a carcajadas de la desdicha y el sentimiento de fracaso que mostraba su compañera. La Aféresis era provisional antes de pasar a Teniente. Y la Diéresis se las veía y deseaba para evitar la Sinalefa que estaba a punto de liarla parda con la Métrica por un quíteme allá esta sílaba.

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La Prosopopeya seguía intentando comprender la mutilación del lenguaje; y la Hipérbole se moría de absoluto e irremediable aburrimiento. La Metáfora era casi la más feliz de la casa; siempre sacaba el lado bueno de las cosas; mientras que la Onomatopeya, no paraba de quejarse a gritos desentonados propinándole un buen soplamocos a la Metonimia: Plás! Plás! Plás!. Vamos! salgamos! luchemos! acosemos y derribemos! pronunciaba vehementemente el Asíndeton acompañado del Énfasis mientras afeaban al Oxímoron su cobarde valentía. El Epíteto pedía reflexión y juicio a la Paradoja; y la Alusión le decía a todos, sin nombrar a nadie en particular, que algo habría que hacer. El Eufemismo, le señaló la puerta, y el Sarcasmo le preguntó amargamente si él sabía dónde estaba. Igual! Siempre igual! comentaba la Epanadiplosis. Lo mismo! Siempre lo mismo! reiteraba el Retruécano apoyándola. Por fin, acabó con todo aquel sufrimiento el Pleonasmo; asombrado y desesperado, acabo con todo, pues todo, incrédulamente, lo estaba viendo con sus propios ojos.

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Observando atribulado, y sin apenas creérselo, que aquella casa –antaño ordenada, estructurada y metódica– más que una casa de retiro y descanso, era ya una casa de locos, donde la insania y la demencia, campaban por sus respetos, ya sabéis; perdida la batalla, y la guerra, contra un enemigo sin piedad, sin reglas y sin honor llamado SMS.

* Todas las esculturas realizadas con libros, que adornan esta entrada, son obras del artista Jodi Harvey Brown

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AQUELLOS LOCOS CACHARROS.

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AQUELLOS LOCOS CACHARROS.

Mi querido amigo el Cónsul, me trae a la memoria aquellos tiempos en los que – habiendo tenido cada uno un Seita 600- subíamos cuestas imposibles marcha atrás y bajábamos las mismas completamente a ciegas –debido a la niebla- sacando la cabeza por las ventanas. Coches indestructibles (cómo nosotros) y que no se averiaban así cómo así (también cómo nosotros).

Aquellos coches; aquellos locos cacharros que además de tener motor, tenían su corazoncito y que siempre procuraban – por eso de la empatía entre conductor y vehículo- no dejarte tirado, si podían evitarlo, en ninguna carretera.

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Un Seiscientos de aquellos, que solo se paraban por dos motivos exclusivamente: o se habían quedado sin gasolina, o se les había obstruido el chiclé. En ambos casos la solución era bien sencilla, dejar caer el coche, si tenías la suerte de haberte quedado seco en una cuesta (o empujarle si era en llano) y en el segundo –ya lo he comentado antes en este blog- sacar una cucharilla de café (robada en la Cafetería Samoa) para quitarle el chiclé, y limpiarlo mediante el sofisticado método del resoplón enérgico y vigoroso.

Una cucharilla de café de la Cafetería Samoa y ríanse Uds. de cajas de herramientas sofisticadas.

Desde siempre, he tenido los coches más estrafalarios y originales que nadie se pudiera imaginar. El primero fue este Seat 600 que me llevó sin problemas por todos los lugares que le encomendé sin miedo a las alturas. Tan solo cuando sufría un calentón – al igual que los ocupantes del vehículo- debía de llenarle el depósito del agua y tírar palante! O patrás. Porque cuando el cochecito leré se quedaba exhausto y no podía subir más, lo ponías mirando hacia abajo, le metías la marcha atrás y párriba otra vez, que ya habría tiempo de llenarle otra vez el radiador cuando le entrara sed de justicia y de agua con colorante.

Por cierto, este Seat 600 era descapotable, por lo que puedo asegurar que fue uno de los primeros modelos “Cabrio” que circuló por la ciudad de Málaga atestado de amigos puestos de pie porque así cabían más.

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Tuve después del Seita un “Cuatro Latas” marca Renault. También tenía este algunas características especiales y distintivas. La primera, intrínseca: sólo tenía tres marchas hacia delante y una hacia atrás. De modo y manera que cuando con mi amigo Carlos de León y Paz (que nombre tan bonito!) hacíamos giras lisérgicas -en nuestros tiempos hippies con el resto de la manada hacia el Torcal de Antequera- nos sentíamos terriblemente agobiados cuando el coche nos pedía la 4ª marcha y no podíamos proporcionársela al pobretico.

Este “Cuatro Latas”, también tiene su historia; fue uno de los primeros coches tuneados de la ciudad, pues lo pinté de negro; con mi amigo Roberto Agüera, le fileteamos en dorado –al más puro estilo John Player Special- puertas y recovecos, y en un alarde de tecnología puntera, el amigo Agüera –y sirviéndose de un cubo de fregar, dibujó un enorme Ying-Yang en el capó del incrédulo vehículo. Y para que nada le faltase, un OM en la parte trasera, también dorado. Además, las contrapuertas interiores estaban todas forradas de tela de Vichy blanco y negro. Una monada de coche que más de una correría se llevó en sus tripas. Ainssss… Por cierto que a este, se le rompió el Béndix (el motor de arranque), y duarante un par de año no lo arreglé. Así que me sabía todas las cuestas de Málaga para poder arrancarlo dejándolo caer con la segunda metida y soltando embrague rapidamente. Un maestro era yo en la arrancada.

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Vino después un Mini Morris furgoneta amarillo y negro. Furgoneta, ya te digo. Con dos puertas traseras verticales que le daba un aspecto inequívoco de coche funerario para enanos. La gente flipaba cuando me veían salir a mí, con mi tamaño, de semejante habitáculo. Tengo que reconocer, que por imposible que parezca, ha sido uno de los coches más cómodos y amplios que he tenido. Por esa circunstancia de ser furgoneta, puedo también asegurar que fue unos de los primeros Station Wagon de la ciudad. Con dos cojones! Y un palito.

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Un precioso y elegante Morris Authi 1100 genuinamente inglés fue el siguiente. Fino,distinguido y estiloso, tan solo tenía un defecto: que cuando llovía, se le mojaba la tapa del delco y se paraba. Asi que cuando lo conducía, tenía que tener la especial precaución de evitar los charcos, pues con un simple salpicón, le entraba el sofoco y el ataque de agobio y en tres “cof-cof-cof” asmáticos se quedaba desvanecido, aplanado y, por fin, extenuado y muerto. Dicha dolencia la solucioné, definitiva y magistralmente, tapando el puto Delco con una bolsa de Almacenes Mérida y tres gomillas elásticas y a tomar por el culo. El coche, no yo!

dodgecaliberip (2)

Vinieron después un Ford Fiesta, un Opel Corsa y un Nissan Almera (que aún rula en manos de mi mujer) hasta que por fin llegamos al mejor de todos: mi actual Dodge Caliber. Un coche este –tocarémos madera- que todavía (lo tengo desde hace casi ocho años) no ha pasado por el taller, que no ha pinchado rueda alguna en todo este tiempo… Un coche fuerte que dándole los mínimos mimos (cambios de aceites y alguna lámpara agotada) me resulta de lo más cómodo, fiel y efectivo. Un coche austero y espartano. Americano de cuerpo; alemán de alma (tiene chasis y carrocería Dodge americana y motor Volkswagen-Audi alemán para eso de la fiabilidad y del consumo ajustado y eficaz) Un coche sin tantísimos chochajos electrónicos -inservibles muchos de ellos- que, a la larga, sólo son viveros de averías y conflictos.

Este es mi árbol genealógico automovilístico. No se puede decir que haya yo tenido coches corrientes y aburridos. No señor; no se puede decir eso. Ainnss si ellos hablaran!!!

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PODREDUMBRE POLÍTICA

francesco_bassano._la_expulsion_de_los_mercaderes_del_templo

PODREDUMBRE POLÍTICA

Mira tú que no quiero “empringarme”. Mira tú que no quiero entrar al trapo… Miiiraaa tuuuu… Pero es que esta caterva de hijos de la grandísima desvergüenza no paran de provocarme. Y ya estoy llegando a un punto de cabreo de no retorno, que como esto siga así, voy a tener que votar en las próximas a Don Vito Corleone. Para que se quite toda la competencia de encima, que es mucha, y que por lo menos nos dirija un profesional de probada experiencia.

A ver, nada hay más peligroso que un pueblo desencantado y cabreado a la vez. Nada más peligroso; porque en el mejor de los casos –y a través de su voto– puede elegir al grupo menos idóneo para gobernar este país. Eso es lo que está pasando ahora en esta España nuestra; que tenemos tantísimos sinvergüenzas por metro cuadrado que lo mejor que se le viene al ciudadano a la cabeza –que ironía– es cortárselas a los mamones trincones; es mandarlo todo a tomar por el culo, engrasar la guillotina -ya te digo- y usar el voto (poco recapacitado) como arma vengativa pero sin creérselo del todo.

Lo más desesperante, es que lo más esperanzador –otra ironía– es que el grupo que aglutina la perspectiva de un futuro medianamente honrado (la totalidad no se la presumo ni al Tato) es un grupo sin bagaje político alguno ni experiencia. Un grupo aun muy joven en esto de la política y que en cuanto, sus individualidades, se enfrenten a los lobos, caerán cómo moscas en la trama de la dialéctica. Cuando no en la tentación del dinero fácil. Y a Pablo, le costará mucho expulsar a los mercaderes de su propio templo. Si no, y si se diera el caso, al tiempo.

Habría que dejar a Podemos en barbecho gobernante durante un tiempo hasta que adquiera la experiencia que todos sus simpatizantes le deseamos. Peroooo… Y de mientras que decía el gitano?

Pues de mientras – es una idea- un gobierno elegido por listas abiertas; un gobierno con lo mejor de cada partido –tampoco veo yo a Toni Cantó de Ministro de Cultura– pero sobretodo, mano muy dura con los golfos apandadores. Lo primero, devolver hasta el último euro (aquí en este país, con unos meses en la cárcel, se sale con la vida resuelta). Que el cumplimiento de las penas sea íntegro (lo del Jaume Matas tiene cohoness) y al que lo pillen… fuera de la política; inhabilitado de por vida. Y de por vida, significa para siempre.

El pueblo, nosotros, estamos completamente desanimados y desencantados a causa de un rebaño de malditos ladrones sinvergüenzas. A causa de la podredumbre política. Y esto no puede seguir así. Porque de seguir así, te lo digo yo, primo, algo muy gordo va a pasar. Algo muy, muy, muy gordo va a pasar.

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