EL RÓTULO DE LA MEMORIA

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EL RÓTULO DE LA MEMORIA

“Un amigo es la mano que despeina tristezas”.
Gustavo Gutiérrez Merino, Filósofo y teólogo peruano.

“Amigos. Nadie más. El resto es selva”.
Jorge Guillén, Poeta español.

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Uno vale tanto, como los buenos y valiosos amigos que tiene. Y yo –que estoy completamente de acuerdo con eso– me considero un tipo muy, muy, rico. Rico en afectos y en consideraciones; rico y acaudalado en cariño y en ternura. Un hombre es, Father Gorgonzola, que se siente enormemente satisfecho (y feliz) con ese hatajo de maravillosas personas que le rodean. Se me permita la vanidad del uso de la tercera persona.
Ayer, sin ir más lejos, mi más que querido amigo Diego Cumpián, me /nos regaló a Santa y a mí un perfecto gazpachuelo en Benagalbón y una posterior tarde de tocada musical. Ambos dos regalos, difícilmente superables.

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(Diego Cumpián con Father)

Pero al margen de lo tangible y de lo palmario –vuelvo a generalizar– mis amigos me aportan una riqueza instructiva y una inestimable ganancia en lo intelectual; un adorado dividendo en cultura, ilustración y en saber, que es muy difícil de encontrar con tantísima abundancia, como yo –y afortunado me siento– lo encuentro en todos ellos. En todos.

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(Ángel Céspedes)

Particularicemos otra vez. Entre esos muchos amigos enriquecedores que tengo la fortuna de manejar, se encuentra mi muy querido Pedro Rojano; escritor y articulista que es. Una extraordinaria y magnífica persona. Alguien que, escribiendo, hila las palabras de una manera tan ejemplar y acertada, que leer cualquiera de sus textos resulta un inevitable y profundo placer. Este bloguero que os escribe, se jacta de que, en este sitio, casi nunca inserta textos completos corta–pegados de otros autores; salvo contadas excepciones en que dichos textos, poseen o la belleza incontestable de lo escrito, o la más indiscutible coincidencia con la opinión del citado bloguero. Dueño y Señor de este sitio que es.

Por ese motivo, inserto el articulo de Pedro Rojano publicado hoy en el diario “La Opinión de Málaga”.

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(Pedro Rojano)

Leedlo y ya me contaréis! A ver si no se están cargando los comercios tradicionales de los centros históricos de la ciudades. Los rótulos que son, de la memoria.

Este es:

EL RÓTULO DE LA MEMORIA

Una ciudad se recorre tres veces: La primera en la ensoñación del viaje. Inspirada por sus monumentos, por el glamuroso nombre de sus calles, por la huella histórica de lo verídico. La segunda vez con inevitable sorpresa. En el callejeo por calles anónimas, en el café escondido, en la plaza deshabitada o en el atestado mercado. Y la tercera se recorre en la memoria, momento en el que la ciudad cruza la íntima frontera. Un espacio recreado por el recuerdo, anclado en los días en el que lo fotografiamos. Detenido para siempre en el óleo de la evocación. Y entonces la ciudad, esa ciudad, deja de ser la misma que muestran las enciclopedias, las guías de viajes, los portales de internet o las fotografías de los amigos. Esa ciudad nos pertenece.

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Cuando eso ocurre, descubrimos que la identidad de una ciudad también está escrita con el rótulo de sus comercios. Singulares escaparates donde además del género se expone la cultura y tradición de un pueblo. Recorrer la estancia, sentarse en sus mesas, aspirar el aroma de la mercadería? Todo forma parte indivisible de la ciudad, porque solo a ella le pertenece.

La globalización ha infectado las calles de las ciudades con la vulgaridad de lo repetido. Ha repintado de franquicia las fachadas históricas, convirtiendo en un dejá vu el paseo por cualquier capital. La verdadera ciudad está sepultada bajo esa capa de rótulos multiplicados. Visitable tan solo en horario de madrugada, cuando el recuerdo y el sueño son en blanco y negro.

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Málaga sigue amenazada por las aguas del progreso, aunque aún quedan remansos donde admirar lo antiguo. Lugares en los que comprar es una mera excusa para perderse entre los expositores, para deleitarse con el olor de las paredes, para reconocer que los años perdidos están escritos en las vigas que sostienen el tejado. Por eso me gusta pasear por mi ciudad como un extraño. Hacerme el olvidadizo y perderme por sus calles como un buceador frente a un pecio de adoquines. Tomar una caña en La Campana, Casa Guardia o el Pimpi. Oler las especias en El Reloj, probarme unos zapatos en Calzados Alas, embriagarme con el olor a tocino de Zoylo o ajustar el reloj en la relojería Miguel Heredia. Tomar un sombra en la terraza del Bar Central y entrar en la ferretería El Llavín de calle Santa María recordando el arreglo de casa que aún espera. Disfrazarme de comedia en Carrasquilla. Decidir entre los churros de Aranda o el sabor de lo antiguo de Aparicio.

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Acomodarme unas alpargatas en Hinojosa de calle San Juan, saborear el helado de Casa Mira e inventar algún motivo para entrar en la cerería Zalo Y así seguir caminando hasta que la noche comience a encender el neón de mi memoria y pueda salvar del naufragio mi ciudad interior.

La semana pasada cerró sus puertas La Veneciana. Horadada en sus cimientos por un gusano perezoso que no acaba de llegar al Centro y que ha devorado la fragilidad, la paciencia y la ilusión de pequeños comerciantes. Las aguas precipitadas de la modernidad han inundado las cubetas donde se fabricaban helados sorprendentes al paladar que sólo eran posible degustar en Málaga. La góndola de helados quedará sepultada bajo las precipitadas aguas de la modernidad. Como un pecio hundido por los cañones de la globalización, su stracciatella de carnaval, su antifaz de tutti frutti y el chocolate de murano quedarán al pairo de bancos de peces atraídos por su deliciosa mercadería. La heladería La Veneciana sólo estará al alcance del recuerdo.

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(Alberto Murante)

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UN PASEO POR EL PUERTO DE MÁLAGA

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©Jose Manuel Pastor. 2015

UN PASEO POR EL PUERTO DE MÁLAGA

Vaya por delante mi más absoluto respeto a los Cuerpos de Seguridad del Estado. Porsi; que está la cosa muy complicada respecto a eso de determinadas opiniones en este medio.

Vamos allá…

Este mundo se divide, según mi modo de ver, en tuteadores y “usteístas”. Es decir, en tuteadores que son aquellos que –gracias a la amistad y a la confianza– se dirigen al prójimo más próximo con el cercano y familiar uso del tú. Y otros, los “usteístas” los que, obligados por la atención y por la educación recibida, se dirigen/nos dirigimos al prójimo más lejano con el respeto y la consideración debida hablándoles de Usted.

Verán ahora, el porqué viene esto:

Esta mañana, se me ha ocurrido ir a dar un paseo con mi hijo por el puerto de la ciudad donde vivo. Hace un día magnífico, con una temperatura de 16 grados que hace delicioso dicho paseo. Bien, como quiera que ya dispongo de un ansiado tiempo libre, dedico ese tiempo a solazarme dándole al peripateo en un ambiente agradable y relajado. Los lunes al sol que le llaman, aunque en esta ocasión, lo que cuento, haya ocurrido en jueves.

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Paseábamos los dos, mientras esperábamos a que Santa se ocupara de la Obra de Misericordia Espiritual que consiste en consolar al triste y de la Obra de Misericordia Corporal que indica que hay que amparar y pasear al enfermo. Un asunto de familia.

Caminábamos mi hijo y yo, ya les digo, por el Muelle Uno del Puerto de Málaga. Disfrutábamos de la preciosidad flotante de “La Sultana” ; nos asombrábamos del boato y de la insultante majestuosidad del “Octopus” y más adelante, se encontraba un velero llamado “Wind Star”. Le hablaba yo a mi hijo del Tintinesco aspecto de “La Sultana” mientras pasábamos junto a su eslora. Del microsoftiano Paul Allen, el opulento propietario del “Octopus”, y del precioso velero –en ese momento no lo sabía yo– que era el “Wind Star” y al que nos estábamos aproximando paso a paso. Peripateando, ya sabéis.

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Del “Octopus” bajaban tripulantes uniformados que recogían adornos de Navidad de una furgoneta de unos grandes almacenes y había una actividad frenética de limpieza a bordo y en los aledaños del megayate. Rebasamos este impresionados por el lujo desmedido del barco y nos encaminábamos hacia el velero cuando de repente…

Nos encontramos de bruces con dos policías locales (uno joven y otro algo más mayor) que nos paran bruscamente y nos espetan ásperamente:

Donde vais? Dice el más joven dirigiéndose a mí.
Estamos, mi hijo y yo, dando un paseo, caballero. Respondo yo.
Pues ya estáis dando la vuelta que por aquí no se puede pasar!!  Sigue diciendo el joven y nos hace con la mano el gesto de “Puerta, Camino y Mondeño”.

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Yo me quedo un poco bastante perplejo; no tanto por esa parada de sopetón (que puede estar producida por los momentos que estamos viviendo y que entiendo) sino por el tosco y desabrido tono usado por el empleado municipal, agente de la ley que es. Atónito me quedo por ese inapropiado tuteo, que yo no le he regalado y en que el maleducado, persistía a pesar de mi uso del Usted. Por ese tratamiento, quizás irreflexivamente, me siento un poco agraviado. Un poco insultado por esa displicencia en la inflexión de la voz; por ese desprecio torcido en la mirada. Por esa cómplice y callada cobardía del agente más mayor que lo permite. Por esa injustificada superioridad que ya sufrí otra vez cuando otro agente del mismo cuerpo me amenazó con “tirar de bolígrafo” si no movía mi coche de una doble fila.

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Verán Uds.: A un ciudadano que lo próximo que cargará sobre sus espalda son los 61 (siempre me regalo algunos meses). A un ciudadano que lleva 36 años cotizando y tributando, no se le trata así. Para nada. Un ciudadano honrado, no se merece que le pare un maleducado –al que en parte, con sus impuestos, le paga su sueldo – y venga a apercibirlo no solo con el deje y la mirada desdeñosa, ya lo he dicho, sino con la inadmisible prepotencia y superioridad que le procuran una placa y un uniforme. Mi hijo, irritado, me cogió del brazo y me dijo: Venga, vámonos papá!

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Y yo, me di la vuelta con la sensación de que las normas y pautas –que trato de imbuir a mi hijo– de respeto, de obediencia y acatamiento a las autoridades; de la necesidad lógica de consideración, tolerancia y miramiento a los profesionales de la ley, se acababan de ir por la alcantarilla de la ineficacia y de lo inservible; acompañadas, eso sí, por la irritación y por la futura rebeldía.

Y nos fuimos preguntándonos lo que ahora, por prudencia, me callo.

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Lástima que actos como este, empañen la imagen de muchos profesionales que se juegan la vida haciendo su trabajo correcta y eficazmente. Que realizan su trabajo, educada y cortésmente. Como mandan los cánones. Como ordena el reglamento.

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©Susana Rodriguez

(*) Algunas de estas fotos –excepto las reseñadas y alguna otra– han sido aprehendidas y confiscadas, por la autoridad competente, del blog de Santiago Mena Sáez. Que así conste.

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LOS COMERCIOS DESAPARECIDOS DE MÁLAGA

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Una vez más –me suele pasar con los evocadores y emotivos artículos de Guillermo Jiménez Smerdou– cuelgo en este blog un paseo suyo por la Málaga ausente. Si antes fueron los bares, esta vez son –los que se reflejan en esta infausta nómina– los establecimientos que dieron brillo y esplendor al centro de la ciudad; negocios que hoy, triste y lamentablemente, están desaparecidos. Tiendas y locales –a partir de los primeros años setenta son los que a mí me intervienen– que oyéndolos citar, y situándolos en su justo emplazamiento, me retrotraen a una época que ya sólo habita en la memoria y en el recuerdo más querido y afectuoso; y, que también me provocan –qué le vamos a hacer– unos sentimientos encontrados: una indeseada mezcla de añoranza, melancolía y tristeza.
Este es el magnífico artículo publicado en el Diario La Opinión de Málaga por el citado Guillermo Jiménez Smerdou. Una exquisitez entrañablemente rememorativa.

LOS COMERCIOS DESAPARECIDOS DE MÁLAGA

Un paseo por las calles del Centro para recordar tiendas que han desaparecido y que formaban parte de nuestras vidas.

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Dicen que en Málaga los comercios no duran más de dos generaciones. Cuando muere el fundador, el comercio pasa a manos de los hijos…, y salvo casos excepcionales la empresa desaparece porque o los hijos no han sabido mantenerlo o porque los nietos han dirigido su vida hacia otras metas. Comercios de gran arraigo en nuestra ciudad durante medio siglo o más acaban por sucumbir. Resulta facilísimo relacionar los comercios, las industrias, los talleres…, que han desaparecido de la geografía local.

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Sin entrar en los detalles, o sea, en los porqués de su desaparición, basta con repasar los establecimientos que tenían su sede en las calles Larios, Nueva, Especerías, Granada, Calderería, Martínez y las plazas de la Constitución y Carbón para respaldar mi aserto.
De la Calle Larios, por ejemplo, la más comercial de Málaga, han desaparecido estos últimos años tiendas, comercios y negocios que durante mucho tiempo fueron cédula de identidad del centro, estampa y reclamo para la sociedad de consumo. Me vienen a la memoria los nombres de Gómez Mercado (tejidos), Gómez Raggio (gran almacén), La Cosmopolita (cafetería), Temboury (ferretería), Ana María Florido (corsetería), Farmacia Central, Alitalia (la primera compañía aérea italiana), Romero (regalos), Calzados Segarra, La Mar Chica (cervecería y después Martín Luque, bolsos y cinturones), Cosmópolis (ultramarinos), Moragues (confecciones), Confecciones Rosaleda, Librería Imperio, Óptica Entrambasaguas (ahora Barbarela), Café Español, Ricardo (coctelería), Gámez (confecciones), Lis (regalos, mantillas, abanicos), Morganti (cristalería), Rodolfo Prado (radios, televisores, deportes), Oficina de Turismo, La Chavalita (cafetería), Geles (confecciones), La Palma Real (cervecería), Casa Rueda (electricidad), Bazar del Fumador (después Trapos, pantalones, vaqueros)…

11659237_10204486372747112_2576973123158073157_nTambién cerraron sus puertas el centenario Círculo Mercantil, lugar de encuentro de los comerciantes malagueños, y el Hotel Niza, de larga tradición en nuestra ciudad. Alguno se habrá perdido en los recovecos de mi memoria. Creo que los únicos que resisten el paso del tiempo son Casa Mira con sus helados y turrones, la Joyería Marcos y la Farmacia Mata.
De los bancos y cajas no entro porque es otro mundo y aguantan todo lo que haya que aguantar ya que manejan un artículo de primerísima necesidad: el dinero. Si no hay bancos, malo.

De la Plaza de la Constitución desaparecieron Memphis (confecciones), Marmolejo y Espejo (mercería, perfumería…, después se separaron y quedaron dos establecimientos diferentes, que también dijeron adiós), Casa Ortega (óptica), La Costa Azul (tejidos), La Estrella Oriental, Páez (abanicos), la Librería Cervantes, una tienda de quincalla o mercería y hasta una lechería que estaba adosada al edificio de la Sociedad Económica de Amigos del País. Permanecen la farmacia Utrera y un taller de relojería.

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Si nos pasamos a la Calle Nueva, pisando el primer tramo de Especerías, echamos de menos García Larios (camisería y confecciones), Narváez (joyería), el 0,95 (todo se vendía a 0,95 pesetas, antecedente de las tiendas Todo a Cien)…; y, al entrar en Nueva, ya no están la tienda de las maletas, Calzados Mallorca, Rojo (sastrería), Álvarez Fonseca (gran almacén), Ricardo Sánchez (papelería), La Ibérica (librería), la farmacia Guerrero Strachan, La Casa de las Colchas, Almacenes Robledo, Charín (perfumería), Lopera (camas y cunas), Hebilla (bisutería y abanicos), Valero (camisería y ropa masculina en general), Martín Prado (confecciones), La Imperial (confitería), Mantequería Arias, Foto Blanco, una tintorería, Villén (confecciones), Sedeño (camisas, corbatas, calcetines), Tudela (confecciones, que fue de los primeros en usar bolsas de plástico con el logotipo del establecimiento para envolver las prendas que vendía)…

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hasta llegar a la esquina con la Plaza de Félix Sáenz, donde había una ferretería en la que se anunciaba un pegamento excepcional mostrando un objeto roto y pegado con el producto anunciado que soportaba el peso de un adoquín de los utilizados para pavimentar las calles y que hoy los antisistema, en las llamadas manifestaciones pacíficas, lanzan contra las fuerzas del orden público que no pueden defenderse porque son tachadas de antidemocráticas, violentas y represivas.

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El único superviviente, como en el caso de calle Larios, es Casa Mira, que es incombustible para bien de los ciudadanos por sus exquisitos productos.
Y de la plaza de Félix Sáenz desapareció el establecimiento que da nombre a la plaza (un gran almacén), Mascota (mercería), una tienda que vendía huevos, una confitería… Se mantiene ultramarinos La Mallorquina.

Puerta del Mar
Si nos detenemos en Puerta del Mar queda Anglada (confitería), el estanco y la farmacia de la esquina con Martínez. Dijeron adiós, entre los que yo recuerde, El Pequeño Bazar (ultramarinos), una panadería, Papelería Álvarez, La Campana (taberna), García y Zafra (sanitarios y solerías), Foto Wandre y la tienda de comestibles La Cubana en cuyo escaparate durante años y años se exhibió hasta la desaparición del establecimiento una botella de un extraño licor en el que se conservaba en alcohol, nunca mejor dicho, un hermoso lagarto. Desconozco si alguien llegó a comprar alguna vez una botella de aquel licor nada apetecible por el hermoso ejemplar de lagarto.

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¿Qué queda de la Calle Martínez de hace años? Los Almacenes Masó voló por los aires tras caerle encima una bomba durante la Guerra Civil. La gran tienda de ultramarinos también pasó a mejor vida, como una ortopedia, la tienda Todo para la mujer, el café Negresco, la peluquería de Diego García, un establecimiento que solo vendía café, el Banco Rural Mediterráneo (como uno de sus promotores fue Rodrigo Vivar Téllez, veleño, que fue gobernador civil de Almería, la gente lo denominaba Banco Vivar de Rodrigo Rural), las famosas pensiones La Lojeña y La Flor (comidas y camas), las tiendas de moda Patricio y Silvia… De la gran ferretería se hicieron dos, de las que queda una sola. Aguantan el ciclón Juan de Dios Barba (tienda de quesos, jamones y bacalao) y la Droguería Ávila. De Alarcón Luján desaparecieron VARTA (lámparas), la agencia Nieves, Hogar y Jardín (muebles de jardín)…, salvándose de la huida la tienda de estilográficas, ahora bolígrafos.

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Continúa el paseo
De la Alameda ¡ay¡, ya no están el garaje Virtudes, el de las bicicletas Sánchez Ramos, el bar Valladolid, el café Cruz, Teide (pollos asados), La Competidora (ultramarinos), dos ultramarinos de los Ramos que regentaron La Cubana en Puerta del Mar, una guarnicionería… Pero está, como siempre, la Antigua Casa Guardia. El hotel Londres, rebautizado como Hotel Lisboa por motivos políticos, pasó después a Atarazanas. Su marcha dio paso a la ONCE, que de la calle Granada pasó al edificio que albergó el hotel de los dos nombres.
Podría seguir el recorrido por otras calles del centro, como Liborio García, donde estuvo Wolworth, que los malagueños identificaban como «la Volvo» y donde a la hora de la merienda se daban cita muchas señoras para ponerse moradas (y gordas) ante las ofertas de los dulces de nata, y donde estaba Mateos, la librería de viejo; la plaza del Carbón con el estanco conocido por «la perdición de los hombres», María Manín (con unas tortas del mismo nombre y cuya receta se llevó a la tumba la creadora), la cafetería Arizona, la primera que despachó perritos calientes; Molina Lario, donde se instaló TAISA, la tienda de electrodomésticos donde los malagueños pudimos ver por vez primera la televisión y acceder a la compra de los frigoríficos Kelvinator;

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Plaza del Siglo y calle Calderería, con la papelería Fin de Siglo y la nueva sede de Charín, la relojería de Brinkmann, Zulaica (deportes y caza), una administración de Lotería, Fran (confecciones), el cine Goya, Braun, curtidos Minguet, La Predilecta (confitería)… Y de la plaza de Uncibay, Calzados Ramírez, Foto Cristóbal Velasco por cuya galería pasaron las mujeres más guapas de Málaga…

Colas por los libros de texto
De aquel mismo sector desaparecieron la perfumería Maru, Almacenes El Águila, el primero en la confección de trajes de caballeros; Casa Polonio, Holanda Radio, Hotel París… En Santa Lucía destacaba la librería Denis, una institución en el mundo de las letras, con largas colas a principios de curso porque los niños de media Málaga adquirían en Denis los libros de texto y que cuando abrió sus puertas ofertó la colección completa de Austral.

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No es bueno ni malo evocar el comercio de una época fenecida; simplemente otras firmas, otros empresarios y sobre todo franquicias de firmas internacionales, han arramblado con todo. Lo que sí es cierto que las calles citadas, salvo las excepciones recogidas y las que he olvidado seguramente, ya no tienen personalidad propia porque los establecimientos son los mismos que están en las grandes capitales españolas y extranjeras ya que, repito, son franquicias de firmas internacionales. Las tiendas de las calles céntricas de Málaga son las mismas que uno puede encontrar en Madrid, Londres, Berlín, Roma… porque están en manos de las multinacionales.

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Apostilla del Administrador del blog: La Tienda Fernández Escobar  “La Casa de las Lámparas” fue un negocio -que al estar muy próximo al domicilio de mi niñez, sito en la Plaza de los Mártires- forma parte muy importante y querida de aquellos tiempos. La amistad del propietario de dicha tienda, con mi padre (recuerdo haber ido allí en muchas ocasiones) y la posterior mía con sus hijos Salvi, Carmen y Antonio Fernández Laporte, la hacen aún más entrañable y especial para mí.

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SOSOS HASTA LO INSUSTANCIAL

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SOSOS HASTA LO INSUSTANCIAL

“Leche, cacao ,avellanas y azúcar: Nocilla!
Estos son los hombres fuertes de Nocilla,
fuertes alegres y deportistas…”

A ver, no se me vayan a creer Uds. que soy un viejo chocho, senil y anticuado que echa de menos todo lo que ya vivió y que su doctrina trascendental se basa en la aseveración esa que dice que “Cualquier tiempo pasado fue mejor” No. No es eso. Aunque en casos como el que ahora viene, no sólo llevo razón sino que reto en duelo a primera sangre –a la amanecida del día, y en la arena de la Playa del Lavachochos– a quien me discuta o rebata este argumento que ahora expongo:

Nos acontecen tiempos de sin-sabores. Sosos hasta lo insustancial; así he titulado el escrito que ahora estáis leyendo. ¿Y porqué, se preguntaran Uds.? Pues porque ya nada, declaro, manifiesto y confirmo, nada digo, sabe (en cuanto a los sabores de los alimentos) igual que antes. Ni someramente parecido a los que ingeríamos en nuestros mejores años que fueron los mozos.

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Venga; voy a dar argumentos no sea que se me acuse de mustio y melancólico.

Ejemplo primero: La Mantequilla Lorenzana.

La Mantequilla Lorenzana actual (que no Lorenzale que si no se me enfada el ínclito Piyayero) ya no sabe igual. La Mantequilla Lorenzana actual, ¡¡Ya no suda!! Ya no corona su superficie con ese un manto de gotitas de agua opacas y blanquecinas. La Mantequilla Lorenzana actual, ¡¡ No está salada!! Por el contrario, resulta insípida, insulsa y “saboría”. No nos vaya a subir la tensión arterial con su otrora pizca generosa de sal. La Mantequilla Lorenzana actual, ¡¡No tiene color!! El amarillo fuerte de antaño ahora es de un triste color peomona que tira a un pálido indefinido que deambula desorientado por la gama de los gualdas, los ambarinos y los dorados.

La Margarina Tulipán, con otras peculiaridades inherentes, más de lo mismo. De la Zas, ni hablamos. La Breda, igual; la Arias, ídem de ídem. Un mundo este –el de las nuevas mantequillas– sosaina, apagado y plano.

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Ejemplo segundo: El Cola Cao.

A ver; que esto tiene delito: Cuando yo era niño (y ñoño) un par de cucharaditas de Cola Cao transformaban un vaso de leche en un delicioso y oscuro batido de chocolate. Hoy, en las cafeterías y bares de desayunos, te ponen unos sobres monodosis que, a pesar de la enorme cantidad de polvo anodino que contienen, no logran llevarte al paraíso del grumo y el churrete. Al clímax del lametón último del labio superior. Se me perdone cualquier otro sentido.

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Tercer ejemplo: La Leche.

Ya que estamos. En mis tiempos, cuando se hervía un litro de leche, en cacerola de aluminio y asa de baquelita, había que estar ojo avizor porque si nos pasábamos de tiempo al fuego, la leche “se iba” y rebosaban dos o tres dedos esenciales de nata que dejaban las hornillas de Butano “empercodías” y requemadas.
Hoy en día, a la leche le quitan a nata, la grasa, y el sabor; y además, la venden más cara que la “entera”. Porque es más sana. Que tiene cohoness eso de “entera”.

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Hay muchos más ejemplos que no cito para, ni cansar, ni descorazonar, pero me pregunto desanimado… ¿Qué va a ser de nuestros paladares y de nuestra memoria gustativa cuando se vaya La Cafetería Samoa? ¿Quien hará esa salsa de tomate tan espesa cómo intensa que, en forma de botones, daba el acabado perfecto a una ensaladilla rusa única e insuperable? Do irán los Andresitos, los cubanitos y las barquitas de atún? La maestría de la sencillez encarnada por los sandwiches de lechuga?

Y otra cosa aún peor: ¿Qué dirá Zoilo de Calle Granada, respecto al fuagrás Bolado, si le han cerrado la fábrica de dicho paté? ¿Donde podríamos conseguir de nuevo la extraordinaria Mortadela Casani desaparecida y derrotada en combate por los abyectos “Chopped Porks” y otros viles sucedáneos de mil hierbas y colores que sólo saben a vinagreta y a cadáver de volátil?

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¿Y aquel chorizo de Pamplona que te dejaba el cielo de la boca áspero tal si fuese el hermano pequeño de la sobrasada recién llegada –como si fuera Pérez– porque estuvo en Mallorca? ¿Y el bacalao de Juan de Dios Barba o de La Mallorquina, que había que cambiarle el agua tres veces por la noche para desalarlo? Eso lo haces ahora, con el mismo producto, y se transforma al primer enjuague en un apagado y malasombra filete de Panga y vámonos… Y suma… y sigue.

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Os acordáis de la cantinela del anuncio de Nocilla? Aquella que cantaban cuatro niños repelentes y zangolotinos citando rítmicamente los ingredientes que contenía aquella pasta pringosísima y dulcérrima que nos proporcionó no pocas merendillas?

Tratad de cantarla ahora, con todo lo que lleva, a ver si sois capaces.

Venga, entonad!

Leche desnatada, aceite vegetal, Cacao desgrasado, sólidos lácteos, Avellanas, lecitina de soja, aroma E 127 y Azúúúúcar… Nociiiillaaaaaa…. !

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Y es que si, y termino, el vídeo mató a la estrella de la radio, el buen rollismo en la alimentación sana –cuyas teorías cambian de blanco al negro ( y viceversa) constantemente– junto a la transformación de productos en pos de viabilidades económicas y normativas impuestas, han matado a la mayoría de los inolvidables sabores que nos ayudaron a crecer.

Y eso duele.

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UN PASEO POR LAS CONFITERÍAS Y PASTELERÍAS ANTIGUAS DE MÁLAGA

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UN PASEO POR LAS CONFITERÍAS
Y PASTELERÍAS ANTIGUAS DE MÁLAGA

“Pero que emperador fuera del todo
y vitalicia majestad del uno,
que fuera el éter y que habitara el todo
y la Torta Ramos de mi desayuno…”
(Juan Miguel González del Pino)

Todo lo que escribo en este blog, tiene un génesis, una chispa que inicia el proceso mental e imaginativo que le da cuerda a los dedos y les ordena, a estos, que bailen la danza de las letras en el teclado del ordenador.

La chispa en este caso me la proporcionó –en forma de cariñosa sugerencia– mi querido amigo Juan Carlos de León y Paz (que nombre tan bonito!) pidiéndome que lo llevara de gira por las Confiterías (un nombre ya cuasi desaparecido) y Pastelerías de la Málaga de nuestra niñez. Hablamos de las décadas de los Sesenta y los Setenta, que no fueron – gracias a estos establecimientos –tan grises y amargos a pesar del bajito de cuerpo.

Pero había un problema con el encargo. No se trataba de relacionar todas las pastelerías y confiterías de la ciudad; pues hubiese sido un trabajo ímprobo; una suerte de tesis doctoral sobre la glucosa que me hubiese reportado un trabajo de investigación insufriblemente largo además de un coñazo. Y una cosa es una cosa y otra es otra. Así que decidí, al fin y al cabo, eso era realmente lo que me pedía Juan Carlos de León y Paz (que nombre tan bonito!), rememorar un paseo por los barrios que me criaron y en los que –como no podía ser de otra manera– abundaban las confiterías y dispensadores de pasteles y bombones. Así que no se crean que olvido ninguna en concreto. Olvido, citar muchas que tengo en mente, adrede. Pero eso es lo que hay. Uno tira para lo suyo…

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Lo que viene ahora, creo que para su mejor lectura, junto con el pequeño prolegómeno que acabáis de leer, está en un documento PDF en el cual, junto a imágenes iliustrativas, viene esa ruta que he elaborado además de un listado de los nombres de los dulces más comunes de la ciudad de Málaga y el planning que elaboré para realizar este paseo que me pidió el amigo.

Saboreadlo, teniendo en cuenta dos cosas, que no están las Confiterías y Pastelerías actuales, porque de eso no se trataba, y que cada barrio es un mundo particular y que contiene sus propias confiterías que a mí, cómo se comprenderá facilmente, se me escapan.

Este es el artículo completo:

CONFITERÍAS Y PASTELERIAS ANTIGUAS DE MÁLAGA

Disfrutadlo!!!

Confiteria_Aparicio_Malaga_GastronomiaMalaga_Pastelerias

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