TEJERINGOS

 

TEJERINGOS

Hablaba yo ayer con mi barbero-peluquero, sobre la oportunidad de su negocio y acerca de esa circunstancia que se repite cada cierto tiempo: la vuelta de las modas y de los comercios de antaño.

Maneras y costumbres que  se consideraban perdidas en el uso, pero no en la memoria, y que se recuperan por el atisbo de aceptación (o los estudios de mercado) de una nueva generación que no conoce lo que se pretende poner de nuevo en boga. En la ropa y complementos hay evidente ejemplos: los pantalones de pitillo y/o acampanados, los zapatos de plataformas, los bolsos para hombres (vulgo mariconeras) los vinilos, el pelo largo, las barbas, el abundante pelo sobaquero… Y en las comidas, los dos ejemplos más claros, le decía yo que era: El Salchichón García-Agua y los tejeringos.

Y a los tejeringos me voy a referir, porque el García-Agua, como que ya no sabe como antes.

Los tejeringos: Esa deliciosa masa de harina y agua frita con la peculiaridad de presentarse en enormes lazos que, antes, se ensartaban con un junco para facilitar su transporte. Me gustan mucho las churrerías típicas; mi favorita siempre fue «La Cacería» en la calle de noble nombre de Blas de Lezo. No me gustan la nueva hornada de churrerías franquiciadas (están ricos, no lo negaremos) donde la denominación de «Bar de Churros» de toda la vida se ha sustituido, con una pretendida sofisticación,  por un nombre leído al revés y con un inapropiado apostrofe o genitivo sajón que le da un toque de modernidad que no le pega nada.

–– «Tráigame Ud. si es tan amable –le digo a la enlutada señorita– cuatro Tejeringo’s que estén cruditos. Un Coffee mitad descafeinado de máquina. Con sacarina, por favor. Un sobrecito de azúcar para mojar los Tejeringo’s. Un vasito de agua fría y la cuenta que tengo que salir pitando.»

–– ¿Árgo már?

––  Un vasito de gazpacho, le digo para hacerme el simpático.

Pone cara de tener un garbanzo debajo del labio superior la chochotriste y se va como diciendo… «Ya ha llegado el gordo que se cree gracioso».

El Coffee llega a los 20 minutos. El agua te la tienes que servir tú dentro del local en una máquina que hay y, además, en  vaso de plástico. La sacarina se le olvida, los Tejeringo’s está esperando, dentro de la lava hirviente, a que se te enfríe el Coffee para traértelos;  y la cuenta, la pagas dentro esperando cola, con un tiquet lleno de logaritmos neperianos que solo entiende un lector de código de barras y Stephen Hawking cuando está despabilado.

Yo , prefiero al camarero de camisa blanca con la sacarina en el bolsillo de la camisa para paliar el improbable olvido. Que te diga:

Entonces….cuatroshurritosblanquitosmitaddobledescafeinadodemáquinayvasitodeaguadelAaiúnfresquita. Oramismo!!!

Y en un segundo, tienes un vaso de agua helada a tu disposición para ir templando el paladar para lo que se avecina.

En fin, a lo que vamos: Esto que vais a leer, es un texto escrito por José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.  Y publicado por “Málaga en el corazón”. Un estupendo y detallado estudio de lo que es el característico mundo tejeringuero en la ciudad de Málaga.

Disfrutadlo

Málaga y sus tradiciones: EL ORIGEN DEL TEJERINGO MALAGUEÑO
«Que recuerdos, de niños, cuando comprábamos los domingos por la mañana las ruedas de tejeringos, al churrero del barrio, y lo llevábamos a la casa enganchado en el junco».
Si repasamos varios diccionarios, podremos observar que la mayoría de ellos definen los siguientes vocablos: ‘tejeringo’, ‘jeringo’, ‘calentito’, ‘cohombro’, ‘churro’, ‘fruta de sartén’, ‘mandungo’, ‘porra’ y ‘tallo’ como «masa de harina parecida a la de los buñuelos, a la que se da una forma alargada con un aparato especial y se fríe en aceite. Es típico de algunas regiones españolas, donde se toma acompañando al café o chocolate del desayuno o de la merienda». El vocablo ‘tejeringo‘ presenta una etimología sumamente curiosa y hace referencia al instrumento con que se fabrica. Así pues, su constitución se debe a la suma de ‘te‘ y ‘jeringo‘, especie de jeringa, por donde se echa la masa a la sartén. Antonio Alcalá Venceslada, en su ya clásico ‘Vocabulario andaluz’, identifica la palabra ‘jeringa’ como sinónima de ‘tejeringo’, ‘churro’, ‘tallo’ o ‘cohombro’.


Según algunos destacados críticos, el origen del vocablo ‘tejeringo’ se encuentra en Málaga y Cádiz. Nació, al parecer, del pregón de algún expendedor que, mientras sudaba ante la sartén de aceite hirviendo, se dirigía a su clientela femenina, nerviosa y apremiada de tiempo, con la siguiente expresión, no exenta, quizás, de segunda intención:
-Niña, ¿no te jeringo?
El vocablo ‘tejeringo‘ es netamente patrimonial de la provincia malagueña y ello ha motivado los siguientes versos del poeta malacitano Barrionuevo Moncayo: «El tejeringo era una / cosa en forma de aro; / masa frita con aceite / de oliva, sin mezcla alguna / que no costaba muy cara / y comerlo era un deleite. / Era parte del tipismo / en lo que se distinguió / el autóctono malagueño; / hoy, por puro esnobismo, / su antiguo nombre cambió / por churro, que es madrileño».
Para el eminente arabista García Gómez, la típica masa de harina frita en aceite, antecedente del ‘tejeringo’ o del ‘buñuelo’, hunde sus raíces en la civilización griega y romana, con la consiguiente confirmación árabe, que desarrolló su consumo en la mayor parte de Andalucía, con preferencia en las provincias malagueña y gaditana.
Los tejeringos es la forma más tradicional y artesanal de hacer churros, es una variedad de churro de elaboración más compleja. Es más común cocinar churros o porra o churros madrileños, porque el sistema está mecanizado, lo que facilita mucho el proceso. El tejeringo es diferente hay que dibujarlo a mano, uno por uno y se tarda tiempo en aprender a hacerlos. La masa de los churros se puede congelar, a diferencia de la masa del tejeringo que no se puede ni reservar ni refrigerar, el tejeringo es un producto 100% fresco. Se elabora la masa en pocas cantidades para que se use al instante y no sobre nada, al menos así es como debe hacerse.


Realmente la receta es muy simple: harina, agua, sal y bicarbonato pero tiene otros factores como temperatura y tiempo.
En Málaga donde hay muchas churrerías, hemos conseguido acunar un ejemplar único: el tejeringo. Pero a día de hoy la ciudad está contemplando cómo cada vez son más los negocios que compiten por poner los churros modernos en sus cafeterías.
En Málaga se venden tres tipos de churros. A saber: Churro, tejeringo y churro madrileño. Por churro a secas se entiende el tradicional. El del palo largo. En el churro clásico hay lugares clave. Casa Aranda: Lugar típico y tópico del centro. Ahí se va sí o sí. Sillas pequeñas. Apreturas y calor. Pero merece la pena. Hay días que están más huecos que otros pero son perfectos. El Sauce: En Echevarría del Palo. Un clásico de la zona este. Coche mal aparcado en doble fila y un ojo puesto en el coche y el otro en la taza. Le acompaña en El Palo la cafetería Migui con churros perfectos y sin aceite en demasía. Y en otra dirección está Oña: El del Civil. Un sitio clave. Un lugar único. A Oña hay que ir alguna vez. Ya sea porque esperas el traslado del Cautivo o porque vienes de ver a alguien del hospital. Pero su churro es perfecto. En bandeja clásica de metal y crujiente.


Pero tenemos los churros madrileños. –Mis preferidos (Gonzalo León)- y ahí hay un mano a mano. Nunca se sabe quién gana pero lo único claro es que si son congelados se nota. Doy dos lugares del centro típicos, tópicos y claves: Café Central y Café Madrid. Ambos pueden hacer lo que quieran. Obras, carteles modernos en las paredes u ofrecer paellas congeladas pero a las once allí debe oler a churros. Perfectamente fritos. Amarillo dorado. Secos de aceite. Y crujientes a la par de cremosos. La ración debe traer cinco. -Si trae menos se lo ha comido su hijo el gordo en un despiste de usted-.
Y por último tenemos el tejeringo. La piedra angular de todo. El ying y el yang de la masa frita malacitana. Un espécimen de origen local que ahora parece haber resurgido pero que nunca dejó de existir. El tejeringo es redondo. En unidades autónomas con textura lista y con mayor dureza y resistencia al mordisco. Pero más bueno que el churro. Más tierno y jugoso. Te puedes comer cinco churros o cinco madrileños pero con cinco tejeringos se te ponen los tobillos como dos colectores de EMASA. -Emasa de churros-.


Para disfrutar de Tejeringos hay que salir del centro. Y tienes una de sus catedrales en el barrio de la Victoria. A la altura de calle Cristo. En El Caracol. Desde su pequeña ventana ya ves el trasteo del aceite y el humo salir. Y entras y se te empañan hasta las gafas. Pero es de vapor del bueno. Es lugar de culto para el victoriano y se hace imposible no parar encima de la acera –viendo cómo aparco hagan cuentas de la cantidad de multas que me ponen (Gonzalo León)- y llevarse en un papel media docena para degustar en el hogar.
Ahí solamente van unos sitios básicos. El ABC de los churros en Málaga. Es evidente que hay más. Pero con esos vas sobrado. Y no lo olviden. No caigan en la tentación de las porquerías. Que los churros no llevan chocolate por fuera. Ni se rellenan de nada. Que no llevan salsas. Ni dulce de leche ni guarrerías de ningún tipo. A lo sumo se abre un sobrecito de azúcar y se echa en un platito para que mojen los infantes o la abuela. No vayan a las franquicias. Pidan que le retiren el plato si nota que son congelados. Comer churros que han estado a menos treinta grados en la ciudad de Málaga es una falta de respeto.


Coman churros. No cuestionen su precio. Y disfruten del momento sublime de envolver un lado con una servilletita para comenzar el homenaje. Compren para lleva a sus casas –y dejen la bolsa abierta que si no se empapan del vapor- y aparezcan en su hogar con el papelón un domingo por la mañana. Sus hijos lo querrán más. Su pareja también. Y si vive en soledad mírese al espejo con el tejeringo y verá qué bien le sienta.
Málaga es lugar de masa frita. De hambrientas y buñuelos. Y no de churros falsos ni panes con mijillas que parece que estás comiendo alpiste.
Disfruten de esta tierra y cómansela. Que le tiren la bandeja de aluminio rayada una y mil veces y aún escuche el gorgoteo de la fritura en sus últimos compases. Pida chocolate Santa María. Y salga del banquete con ganas de ser trasladado en carretilla. Pero cuidado. Hay que acabar siempre con el vasito de agua. En vaso de duralex. Con el agua rozando el límite de la temperatura de los purgantes. Y bébasela del tirón. Ahí acaba el proceso. Ahí acaba el disfrute y comienza la aventura. Pero habrás desayunado o merendado en condiciones. Y con cosas de tu tierra.

Autores: José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.

 Publicado: por “Málaga en el corazón”

 

 

 

ANTONIO HIDALGO AYUSO. UN HOMBRE BUENO.

(Todas las imágenes que ilustran esta introducción, son antiguas fotografías del Arroyo de los Ángeles. Lugar donde sigue viviendo el artista-pintor Antonio Hidalgo Ayuso)

 

«Sueño mis pinturas y luego pinto un sueño».

Vincent Van Gogh

Tengo yo –y se me perdone la inoportuna soberbia de empezar hablando de mí mismo– la merecidísima fama de ser impaciente hasta la más enorme exageración. Impetuoso hasta lo irreflexivo. Inquieto y apasionado hasta lo más irritable. Lo reconozco. Cuando algo me apetece hacer, se me antoja apremiante e inmediato; de modo y manera, que me entran las llamadas «siete cosas» hasta que no consigo ver plasmado el resultado –que sin cesar, y sin descanso– se ha pergeñado en mi cabeza.

Así ha sido hasta hoy.

Digo todo esto –volviendo a pedir perdón por la inoportuna soberbia de seguir hablando de mí mismo– porque contra toda costumbre y un poco «anti-natura» he dilatado, más tiempo de lo que la buena educación y la pretensión permiten, la  publicación de este artículo sobre mi querido amigo el pintor Antonio Hidalgo Ayuso.

No crean que ha sido por falta de ganas. Tampoco por la falta de colaboraciones externas. Ha sido –tengo que admitirlo sin vergüenza alguna– por un inadmisible «pánico escénico» provocado por la «presencia» en este artículo, de personalidades tan prominentes y consideradas como son los escritores Francisco Javier López Navidad, el insigne Poeta (siempre lo pongo con mayúsculas) Juan Miguel González y el mismo pintor Antonio Hidalgo Ayuso, que es el leitmotiv de la entrada de hoy en este blog que a todos os pertenece.

Rememoremos. Hace un cierto tiempo, tuve el honor y la inmensa satisfacción de organizar una tertulia en mi casa con tres insignes integrantes del ilustre Centro de Estudios del Talento. La finalidad de dicha reunión no era otra que la que el pintor me entregase una selección de sus trabajos para incluirla en la reseña que ahora estáis leyendo. Una ardua tarea, pues su obra –pródiga obra– está repartida por multitud de colecciones privadas de Málaga y guardadas con celo por sus propietarios, sabiéndose afortunados por ser poseedores de los tesoros que cuelgan de sus paredes.

Antonio, me entregó esa recopilación. Juan Miguel González un poema dedicado al pintor, al escritor y a este bloguero. Y Paco Navidad, un texto –Un amigo mío– del cual insertaré un fragmento. Entre todos, generosamente, me regalaron una velada inolvidable llena de diversión, amistad y sabiduría. Una noche imborrable en la memoria.

¿Pero qué me pasó? ¿De dónde venía ese miedo? ¿Qué me atenazaba la disposición? Pues pasó qué, teniendo en mi mano tanta genialidad en forma de letras y de trazos; tanta ocurrencia, ingenio y gracia (la reunión –de forma inesperada– se alargó hasta la madrugada) y recordando a posteriori tanta agudeza e inteligencia,  mi predisposición natural hacia la inmediatez y mi cualidad de «fuguilla», se transformó, sin yo quererlo, en una mezcla de miedo y responsabilidad. De horror a mi propia incompetencia (porque soy consciente de mis limitaciones) a mi incapacidad y torpeza en esto del reflejar adecuadamente la enorme admiración que siento por Ayuso y por la compaña.

Me abrumaba la enorme responsabilidad que se me había venido encima –sin haberlo yo previsto– por el privilegio de tener a mi alcance, y poder publicar en exclusiva, una somera parte de la obra de este gran maestro malagueño.

Y así, cómo quien no quiere la cosa, pasaron casi seis meses. Medio año con un atisbo de opresión en el pecho producida por el incumplimiento de la palabra dada. Imaginando que cada día que pasaba, era un peldaño más hacia la decepción y hacia la contrariedad de mi amigo. ¿Qué pensaría de mí?.

Así que tiré por la calle de en medio y delegué las responsabilidades. Me apoderé de las opiniones de personalidades y jugué a ser un mero coordinador de apreciaciones y análisis de personas muchísimo más dotadas que yo para enaltecer a Antonio Hidalgo Ayuso como pintor. Para que se ensalzara y elogiara debidamente a Ayuso como creador. Como persona buena y sensible que es. Un ser, francamente bondadoso, servicial, amable y cariñoso como pocos. Tan grande como artista, tan humilde e íntegro como individuo. La perfecta definición de UN HOMBRE BUENO.

Esta, que ahora viene, es una pequeña selección de su obra pictórica. Disfrutada; observadla con atención. Pararos en cada una de ellas y saboreadlas; y, si queréis honrar alguna de vuestras paredes, adquirid una obra suya; está en un momento de creatividad innegable. Es una oportunidad que os brindo porque, manifiesta e incontestablemente, estamos ante uno de los más grandes artistas que ha dado esta tierra.

(*)Nota al final del artículo.

 

«Estamos seguros de que Ayuso es de los elegidos; uno de los que se levantan de la visión usual hasta la visión transcendida, a fin de que los de vista más débil alcancemos un pleno disfrutar de este sentido.

Si Ayuso hubiese sido torero, se hubiese semejado más al Manolete de la mirada al tendido que al Cordobés exageradamente trágico. Porque Ayuso, que vive junto al Arroyo de los Ángeles, se nos aparece como más propicio a la lucha de Jacob con el Ángel que a la pugna sangrienta».

Alfonso Canales

Académico correspondiente a la Real Academia Española.

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«La pintura de Hidalgo Ayuso, siempre habrá de tenerse en cuenta como una de las mejores dentro del panorama de la década de los sesenta en Málaga. En la actualidad, parece renacer con nuevos bríos, enmarcada dentro de una nueva conceptualización estética»

Carlos Ros.

 Gran Enciclopedia de Andalucía.

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 «Ningún pintor en Málaga se ha acercado tanto al realismo mágico de Antonio López García, como lo hace Ayuso. Es también un pintor que recibe lo mejor del clasicismo, unido a un perfecto entendimiento de la lección moderna de Cézanne especialmente. Que ha comprendido perfectamente la mas difícil lección de la historia de pintura; la lección del maestro de Aix- en- Provence».

Enrique Castaños Alés. Crítico de arte

 (Historia del arte de Málaga. Tomo 23)

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«Antonio Hidalgo Ayuso (Málaga, 1945). Pintor. Presentó por primera vez su obra en Málaga en 1962,llevandoa cabo numerosas exposiciones entre 1967 y 1973, en las que su moderno sentido figurativo alcanzó un reiterado éxito. Participó en muestras colectivas y certámenes, obteniendo importantes galardones y siendo considerado como uno de los más destacados pintores andaluces de los años sesenta. Tras una etapa de búsqueda y de concentración, su pintura ha vuelto a renacer con una nueva fuerza y un cambio de concepto».

 Diccionario de Pintores y Escultores Españoles del Siglo XX.

Forum Artis S.A.

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« Perros y gatos conviven en silenciosa armonía en la noble casa de los Hidalgo. Unas veces duermen sobre la cama del pintor, otras, juegan entre aceites y pinturas dejando un rastro de babas y pelos en mangos y virolas de los pinceles desperdigados por la sala estudio y que no provocan queja alguna en el maestro, más preocupado por el trabajo que le entretiene que por los humores y juegos de sus animalitos. La bonhomía del artista se refleja en el carácter acogedor de sus perros y gatos que reciben al visitante mansamente y lo acompañan por las diferentes estancias de la casa. Casa ligera de equipaje, de amplios espacios y livianos, pero acertados, ornamentos, que relajan al visitante cuando camina sobre una solería de mediados del siglo XX con aroma de esencia depino o trementina. A la entrada, en la pared de nuestra izquierda, cuelga el cuadro de su madre; retrato maravilloso de la mujer que más ha amado, donde la ternura y el alma limpia se manifiestan contundentemente. Tendría el pintor dieciséis años cuando plasmó el rostro amable de esta Madonna sixtina malagueña».

 «UN AMIGO MÍO»

Francisco Javier López Navidad. Escritor y Profesor.

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« A veces, cuando le viene en gana, Ayuso aplica con tanta delicadeza y amor su sabiduría pictórica, que los resultados no pueden ser otra cosa que verdaderas obras maestras.

Pocos han pintado con mayor gusto y conocimiento del color que este pintor. Aunque su obra la realizara –precocidad asombrosa– de los quince a los veinticuatro años, no hay cuadro posterior a su dramática y firme decisión de apartarse de los círculos profesionales, que no contenga bellas reminiscencias y destellos de aquella época genial.

Muy pocos asumieron con tanta vocación el oficio de pintor, que para algunos no fue sino entrega apasionada a los dictados  de su quebrantada sensibilidad, esa misma que, todavía acopia con humanidad y sencillez, con lealtad y fervor, su limpio corazón de niño».

«UN PINTOR: ANTONIO HIDALGO AYUSO»

Juan Miguel González del Pino. Poeta.

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Mi hijo, Álvaro Souvirón Jr. con Antonio Hidalgo Ayuso

 

  • PRECIOS ESTIMADOS, SEGUN EL TAMAÑO, DE 500 A 6.000 EUROS

 

 

 

¡OTRA PENA PA MI COÑO!

¡OTRA PENA PA MI COÑO!

Estoy verdaderamente harto. Harto de esa pechá de caraduras y vividores –recubiertos con una pátina de buenismo– que pueblan estos lares y que esgrimen la amenaza del bloqueo en determinadas redes sociales a quienes no estén de acuerdo con sus idearios.

¡Otra pena pa mi coño!

Verdaderamente harto estoy de amargados y sempiternos protestones  que pretenden –de ese mismo sistema que ellos repudian– subvenciones inmerecidas y están felices con esas canonjías que les dan y que, de ninguna manera, rechazan.

Estoy verdaderamente harto de los que echan la culpan de su propio fracaso a una estructura que ya les regala bastante prebendas sin haber pegado un palo al agua. Liberales de pacotilla que se manifiestan en las redes sociales justificando y  favoreciendo una maniobra política interesada que sólo trata de encubrir mil falacias económicas.

Estoy verdaderamente harto  de los que profieren el insulto «fascista» sin echar una vista atrás a su propio árbol genealógico. De esos irreflexivos que pretenden acabar con una época de paz y libertad –que ellos disfrutan– ganada a golpe de mucha perseverancia y padecimiento por una generación anterior.

Estoy verdaderamente harto de esos abejasmayas de corrillo y salón que viven en su particular mundo yupiguay de luz y de color y que pretenden someter un flagrante golpe de estado a golpes de simpáticos globazos llenos de gas de la risa y con petaladas de buenas intenciones. Sin pararse a pensar que esos miserables golpistas pueden hacernos perder todo lo ganado después de haber sobrevivido a una transición y un golpe militar; después de toda una vida de contribución y trabajo.

A estas almas cándidas y papanatas, les pido, no su conformidad y aquiescencia, les pido que no tiren por alto mi tranquilidad actual y un futuro que deseo sosegado para mis hijos. Que bastante duro ya lo tienen los pobrecitos míos. Que bastante duro, ya lo tienen los pobrecitos míos.

Y ahora, bloqueadme si queréis. ¡Otra pena pa mi coño!

 

ESTE TIEMPO DE NECESARIO DESCANSO

El aburrimiento significa que la mente tiene hambre de nuevos estímulos, de más alimento para el pensamiento, y que su hambre no está siendo satisfecha.

Heckhart Tolle

Tengo que reconocer que padezco, estos últimos tiempos, un estado de pereza escritora y comunicativa. Una nula disposición para eso de las relaciones epistolares por estos parajes virtuales que tanto usé y abusé hasta no hace mucho.

No se crean que en otros ámbitos no me muevo. Claro que lo hago! Y me divierto y me distraigo muchísimo. Enriquecedoramente. Gracias a la multitud de amigos y familia que me acompañan y de los cuales disfruto y dispongo.

Pero es cierto también, que por estos lugares intangibles sentía  una irreprimible sensación de hartazgo, de empacho informativo y de fastidio; una percepción que me estaba impidiendo codearme con la frescura y la viveza de antaño; y por esa eventualidad, me resultaba demasiado afanoso eso del juntar palabras para compartir pensamientos y vivencias a través de este blog y de redes sociales cómo Facebook o Twitter.

Las mil opiniones que se vierten  –casi todas iguales– en temas generales. La poquísima empatía y generosidad que se demuestra con ese alguien que hasta hace un momento estaba en lo más alto de la popularidad del grupo y que ahora, se encuentra en horas bajas (el caso de mi querida y admirada amiga Mery Torres es intolerable). Esa ola de buenismo fingido, cansino y mal entendido; y por fin, esos manifestaciones  y puntos álgidos de amistad –tan inquebrantables como irreflexivas– que se sienten hacia personas a las que apenas conoces y que, más pronto que tarde, pagarán nuestras muestras de cariño con la más total indiferencia .

Toda esa amalgama de circunstancias, sigo diciendo, me ha procurado este estado de pereza y desgana hacia las redes sociales y demás medios de comunicación. Ni siquiera, me lo ha quitado el que mi blog haya cumplido tres millones de visitas estos días pasados. Ni siquiera, el precioso y pendiente compromiso adquirido con mi apreciado y respetado amigo el excelso pintor Antonio Ayuso con la publicación de su excepcional obra pictórica (que ya obra en mi poder) me ha animado a abandonar la desidia. Tampoco la extraordinaria y preciosa reseña del concierto del grupo Sólo un Momento realizada por el genial poeta malagueño Juan Miguel González –que también obra en mi poder–  me ha convencido a levantar el culo del acomodo de la indolencia; y lo que es peor, la añoranza por esa nómina de grandes y buenos amigos que pueblan estos espacios, han podido impedir este estado de abulia, displicencia y apatía que ahora me interviene en eso del publicar y manifestarme. Tan solo me permito la cortesía del «buenos días» mañanero y poco más, ya lo saben algunos de los más fieles.

Así que, recapacitando, he decidido –ahora que he dejado atrás exitosamente, malas e indeseadas situaciones provocadas por una mala suerte de miserables– he decidido decía, que a primeros de Septiembre, después de mi cumpleaños y ya habiéndome jubilado, disponer obligatoriamente un tiempo semanal que ahora no dedico a seguir alimentando mi  blog. Relacionándome de nuevo con las personas que me merecen la pena en las redes sociales por las que me muevo; publicando esos avenates rápidos y fugaces que de pronto me estallan en la cabeza. Obviando, eso sí, al mequetrefe metemierda y al opinador de todo y de todos, para seguir con el firme propósito de continuar siendo feliz cómo lo estoy siendo ahora. Finalizando ya, esta etapa de desconexión y aislamiento voluntario. Agradeciendo a los dioses verdaderos, el haberme regalado este tiempo de necesario descanso.

LAS NINFAS DEL ARROYO DE LAS CAMPANILLAS. («SÓLO UN MOMENTO» EN CONCIERTO)

LAS NINFAS DEL ARROYO DE LAS CAMPANILLAS

(«SÓLO UN MOMENTO» EN CONCIERTO)

Ya no pasan tranvías ni ciervos por tu calle,

ni dejas en tu cuarto las velas encendidas.

¿Quién se para a escuchar cómo lloras de noche,

princesa de los gatos y las anfetaminas?

 

(Extracto de «La balada de la muchacha que curaba los espejos»

del libro LA LLUVIA PROMETIDA de Juan Miguel González)

***

 Hay circunstancias en la vida –oportunidades que se llaman– que no debiéramos de dejar de pasar ante nuestras narices. Momentos que tendríamos que –siendo medianamente despiertos y avispados–  estar al loro de la conveniencia y la oportunidad del acudir al acto que nos avisan.

Suelo recomendar pocas cosas en esto de las redes sociales. Más que nada, porque cada uno es de su padre y (sobretodo) de su madre; y yo no me arriesgo a la crítica o a la reclamación. Pero eventos haylos que, por eso de la excelencia, no puedo dejar de comunicar a mis íntimos y aconsejarles la asistencia. Sugerencia y admonición le dicen los profesionales del apercibimiento. «Noselopierdan» que le llamo yo.

El grupo musical «Sólo un Momento» es un interesantísimo colectivo cultural; una amalgama ilustrativa de las más bellas de las Bellas Artes: La música, la poesía, el teatro y la danza … Un compendio de disciplinas artísticas que, cuando el grupo se reúne sobre el escenario y realiza su performance, transmiten a sus oyentes la delicadeza y la elegancia de su inspiración y su talento.

No se prodigan demasiado. No! (siempre lo digo porque es verdad) Pero cuando lo hacen y actúan (¡no les hace falta, maldita sea!) es un hito en la cultura, el mestizaje y la ilustración en una Málaga que está por lo que vale en cuanto a eso de ser líder en manifestaciones artísticas progresistas, rompedoras y vanguardistas.

Cada concierto de «Sólo un Momento» es una ocasión única para congregar a lo más granado de la fauna palpitante de esta ciudad; en especial, a todo el conjunto de ciudadanos que tienen inquietudes artísticas y culturales. De aquellos que se estremecen ante la manifestación de lo hermoso, de lo exquisito y de lo estético. Yo  recomiendo encarecidamente asistir a este espectáculo. Más que nada, porque el día menos pensado que dejen de actuar, entonces llegará el rechinar de dientes de aquellos que no me hicieron caso y dejaron de ver en directo a un grupo muy especial. Muy peculiar y diferente. Distinto a todo lo que por aquí se presenta. Puedo asegurarlo.

Aprovechen esta oportunidad. Gocen de un directo fresco, insolente y rozagante. Viajen a las tierras de la ensoñación y de la fantasía. De las letras de los poetas más notables de estos lares. De la música más personal y exclusiva. Déjense acunar –me lo agradecerán siempre– por las ninfas del Arroyo de las Campanillas.

El próximo día 30 de este que nos ocupa, se subirán en lo alto del escenario de La Cochera Cabaret. Y se suben, más por ellos –para darle rienda suelta a sus impulsos estéticos– que por nosotros (su público). Porque «Sólo un Momento» –maldita la falta que les hace, no sé si lo he dicho alguna vez, que creo que sí– de vez en cuando, bailan, cantan, y actúan; y nos regalan, esos instantes y esas experiencias que les da vida y que le proporcionan la vitalidad necesaria para abstraerse y soportar la ignominia perversa de estos miserables días de necedad y estulticia que nos están  tocando vivir por mor de los de siempre.

El viernes 30 de junio, a las 22:00 H. estarán en La Cochera Cabaret, invitados por La Sociedad de Blues de Málaga.«Noselopierdan».

 

JIA AILI. FUTURO IMPERFECTO

 

Suelo girar visita periódicamente el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Me gustan sus instalaciones; me gusta ese cercanía (que te permiten las celosas guardianas del templo) a las obras expuestas. Me gusta también, ese detalle sin importancia aparente como es la gratuidad al acceso. Me gusta todo. Pero sobre todo, me encanta, no sólo las exposiciones permanentes que habitan dicho museo todo el año. También las itinerantes. La penúltima exposición a la que asistí, fue a la de mi admirado (una de mis referencias surrealista) Mark Ryden.

Cuando aún no había salido de mi asombro -observando en directo obras mil veces vistas en esta ventana infinita que es Internet- va y viene Jia Aili. Yo, no lo conocía, seamos sinceros. Ahora me resulta inolvidable.

La monumentalidad de dichas obras; la temática futuro-catastrofista, la multitud de detalles que vas descubriendo a poco que las veas con detenimiento, hace que la visita a esta exposición sea de obligado cumplimiento.

Os la recomiendo encarecidamente. Vais a flipar. En colores.

Estas son lasfotos que hice con el móvil de dicha exposición. Disfrutadlas. Si podéis hacerlo, mejor en directo. Pero primero, el texto de la exposición.

Y, ahora… las fotos:

 

 

 

DE LAS LAGUNILLAS Y SUS ALREDEDORES.

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«Esquina de barrio porteño te pintan los muros la luna y el sol.

 Te lloran las lluvias de invierno en las acuarelas de mi evocación»

(Homero Manzi.)

 

«El alcalde propone, y el pueblo hace lo que le sale de los cojones»

(Father Gorgonzola.)

 Quiso el excelentísimo Alcalde de Málaga –el señor De la Torre Prados– emular a los reconocidos y archifamosos barrios artísticos de Nueva York y de Londres –los llamados SOHO– e implantar, de una manera algo forzada y a base de «taco», uno parecido por estos lares contratando a ilustres y afamados graffiteros de allende las distancias; para que, a fuerza de talonario, adornaran edificios con monumentales y grandilocuentes obras de arte de esta disciplina. Obras que –todo hay que reconocerlo– le dieron un aire nuevo y vanguardista a la zona ahora llamada «Ensanche del Soho» y que a mí, particularmente, me encanta.

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Mejoró (o trató de mejorar) nuestro edil dicha zona, aplicando en el entorno actuaciones urbanísticas cómo la peatonalización de dicho sector y la promoción (un poco inflexible en cuanto a la aplicación de la normativa) de licencias de aperturas de negocios de un cierto carácter bohemio y despreocupado. La cercanía del Centro de Arte Contemporáneo –con su entrada gratuita y sus magnificas y acertadas exposiciones–  deberían ayudar al éxito de este proyecto urbano.

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Pero el tesón en ciertas actuaciones –un poco paletas y sin proyección de futuro– cómo el cierre de un Club de Fumadores de Marihuana; la dificultad de asentar terrazas exteriores en anchísimas calles y la circunstancia de que la propia vecindad del barrio, de edad provecta y nada inclinada a nuevas manifestaciones artísticas de vanguardia (al ejemplo de los graffities «ratoniles» me remito) han llevado al desánimo al montón de ciudadanos que estábamos ilusionados y esperanzados con ese proyecto del Soho malagueño y al inevitable cierre de muchos locales.

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Pero, ya se sabe qué… «El alcalde propone, y el pueblo hace lo que le sale de los cojones» que decía el ilustre; y los habitantes de esta ciudad con esa cualidad de «juntera artistica» y su predilección por los sitios más insospechados para según qué actuaciones plásticas, van y ponen el punto de mira en un barrio –antaño lleno de vitalidad y empuje, y hasta hoy, desconsiderado por los políticos– van y ponen el punto de mira, decía, en la calle Lagunillas y sus alrededores; poblando estos sus casamatas decadentes de negocios alternativos y llenando sus decrépitos muros con excelentes y sugestivos graffities llenos de color, de viveza y de referencias a personajes característicos de la ciudad.

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Pinturas que conforman –esa galería de personajes– un paseo entrañable por una Málaga todavía pura, sencilla y natural que está en serio peligro de extinción.

Mi querido amigo Pepe «Repro» Padilla, ha tenido a bien el remitirme una serie completísima de estos trabajos pictóricos. Unos trabajos que espero sean respetados por las autoridades. Que sean estos mandatarios, los que sigan permitiendo que el barrio siga creciendo al amparo de la intervención ciudadana. Que se deje la autoridad de actuaciones demasiado rígidas aplicando ciertas normativas urbanas. Y que, por fin, meta mano al barrio, sólo para procedimientos de rehabilitación, reparación y adecuación de locales para el  uso y disfrute del ciudadano. Para uso y disfrute del visitante.

Estas imágenes que ahora vienen, es una amplia muestra del arte urbano que engalana y embellece, una parte de la ciudad que estaba –hasta ahora– dejada de la mano de Dios.

Disfrutadlas:

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EN LA INDESEADA PARCELA DE LA DESIDIA

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No sé si será una secuela de estas últimas fechas de luces, jolgorio y alegría pasadas en compañía del virus de la gripe; ni tampoco sé si será el frío –ese condicionante pálido que te obliga  a permanecer recluido junto a la mesa de camilla– o el propio estado de ánimo también convaleciente y apático. No lo sé. De verdad de la buena que no lo sé. Pero me encuentro ahora –estos días– sumido en una condenada fase de indiferencia y abulia que me lleva contra mi voluntad a realizar, a modo de verificación y partiendo de la nada, una tremenda prueba de esfuerzo para escribir estas letras.

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Tiempos son para mí, de inapetencia y anorexia creativa; de insipidez y sosería. No se me ocurren frases ingeniosas; y si me llegan, tampoco tengo las fuerzas suficientes (y la confianza requerida) para participarlas a los demás.

Por ese motivo, tengo las redes sociales abandonadas. Y mi blog, está huérfano de nuevas entradas porque la inspiración –que va siempre acompañada por la disposición y la determinación– o no llega, o no la busco con suficiente ahínco. Con el conveniente tesón y entusiasmo.

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Y hago bien en eso de no entrar en determinados jardines. Porque cuando mi humor no está a la altura de mis posibilidades, refunfuño. Y cuando refunfuño, puedo llegar a ser injusto en mis apreciaciones  o en mis contestaciones. El llevar unos días apalancado en la indeseada parcela de la desidia y la apatía, del desinterés más evidente, no es plato de buen gusto. Así que escribo esto, con la esperanza de que lleguen los tiempos soleados.

Las jornadas cálidas –que no calurosas– que me permitan pasear de nuevo por el vacío irreemplazable dejado por La Sultana en el Puerto de Málaga. Por ese Balneario del Carmen que cada día me resulta más desconocido y antipático o por ese mirador de madera que hay justo antes del túnel que comunica el Peñón del Cuervo con la Fábrica de la Portland. Aunque la verdad, para qué engañarnos, todo lo dicho, todo lo escrito, es para ver si sigo siendo capaz de transmitir algo a través de este pesaroso y melancólico manifiesto. Aunque sean unas dosis de comprensión y condescendencia. Aunque sea la atención de aquel que, de vez en cuando, me lee.

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Los trabajos que ilustran esta entrada, son obras de Danny Van Ryswyk.

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EL CEMENTERIO DE LOS NÚMEROS OLVIDADOS

 

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(Para Margarita Sanz. Que desde hoy, ya no atiende llamadas.)

No se van a creer ustedes lo que a continuación les voy a decir; pero uno de los objetos, que desde siempre conservo en mi casa, y que más melancolía me causa, es mi antigua agenda telefónica. Porque, irremisiblemente y sin ella pretenderlo, por su propio contenido, me lleva a la zona más dolorosa de los recuerdos.

Ahora lo explico:

Desde hace algo así como catorce mil seiscientos días –que es lo que «grosso modo»  vienen a pesar cuarenta años– conservo una antigua guía telefónica de papel en mi poder. Una guía que reposa invariablemente en el brazo izquierdo del sofá de mi salón junto a mi sillón de cabecera. (El sofá, ha cambiado varias veces. El salón, un par de ellas. El sillón de cabecera, no! porque un sillón de cabecera –cómo el diamante de la canción– es para siempre.) así que, cada vez que hemos cambiado algo en el domicilio familiar, juro por lo más sagrado, que la agenda telefónica ha permanecido siempre en su lugar acostumbrado. De hecho, si alguna vez no estuviese en su sitio, estoy seguro de que por la noche, se oirían lamentos inconsolables y afligidos reclamando su lugar.

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En esta época plasticosa de nuevas tecnologías y materiales apáticos; de costumbres que –a diferencia de las de antaño– duran lo que esos peces de hielo del Sabina en un Gin–Tonic de amariconadas maneras. En estos tiempos infieles  y desagradecidos con los objetos que tanto nos ayudaron cuando nos prestaban servicio, ahora, una agenda de teléfonos de papel, forrada de buen cuero ya desteñido y cuarteado por el manejo –con su hilera de pestañitas alfabética en la vertical derecha– duerme el sueño del desuso abatida y desconsolada por la ingratitud del abandono y el olvido.

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Cada vez que, por la «H» o por la «B», abro mi agenda buscando el número telefónico del último técnico de lavadoras y frigoríficos que queda en activo, el número de Samoa para encargar unos Andresitos o algún otro que no esté almacenado en ese listado sin alma que es la memoria de un teléfono móvil, me entran las siete cosas. Porque la digital, sabiendo ella que cada par de años le pones los cuernos con otro terminal, se venga de ti, te deja sin los números más importantes y se ríe desde el fondo oscuro del último cajón de la cómoda donde está confinada. La de papel es fiel y leal. Tan sincera, que no se corta ni una cifra en recordarte según qué cosas.

Abrir la agenda manuscrita, y ojearla, entristece. Es darte un paseo por ese Cementerio de los números olvidados (que es el cómo el del Zafón pero cambiando de muertos) y volver a visualizar a los propietarios de estos que ya se fueron de tu vida y de la suya propia.

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Leo el 218500, e inmediatamente empiezo a oír a Harry Belafonte cantando, por navidad, Mary’s Boy Child en la Casita Rosa de Tía Pilar en Monte de Sancha. Leer 216669 es volver a estar sentado junto a Tío Matías y a Tía Lourdes leyendo viejos ejemplares del Reader’s Digest en aquellas entrañables noches de invierno de la Cañada de los Ingleses.

251344 era el de tía Celia y Tío Manlio Antonio, que es nombre muy del agrado de Santiago Posteguillo; el 763011 me devuelve el olor a leña mojada y humeante de la primera casa que alquilamos en las Alpujarras allá por los primeros años ochenta.

El 219399 me huele a café al mediodía en casa de Antonio Abril y Doña Matilde y el 287297 me recuerda a aquellos albañiles bastardos y maleducados que me hicieron imposible dos meses de reformas y que me hicieron profundamente  infeliz. De esos sí que me alegro el no haberlos tenido que llamar nunca más jamás.

El 216704 me lleva directamente a (mi) casa Centeno en la Plaza del Obispo; y el 306542 me trae el olor a harina de ese Camino de los Ingleses que conforma la zona de Eugenio Gross.

Uno que empieza por 29 y termina de la misma manera, ya es huésped fijo y de honor del Valle de la Desmemoria por los siglos de los siglos amén.

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El apartado de la «B» está lleno de referencias de bares y tugurios que ya han desaparecido y la «C» pasa de corrido por el Club de Botes, la Carnicería Villafuerte, el «Colema» justo al lado y por la Comisaría del Palo.  La «D» ampara al menos a seis dentistas y a los padres de Diego Guzmán. Y la «T» está invadida por Caballeros de la Orden del Negro Anaranjado.

En mi agenda conviven en una perfecta armonía mecánicos y fontaneros doctorados con médicos y profesores especializados. Los músicos se amontonan junto a perseguidos por la ley y contrabandistas;  y el Hospital Civil, se da la mano –como si tuviesen en común algo más que la inicial que los ordena– con la Heladería Lauri y la oficina de mi amigo «El Pelúo» en la Delegación de Hacienda.

En la «K» viven Keka, Keko, Koke y Kike. Más o menos lo que pasa en la «N» donde mantienen animadas conversaciones, Nena, Nene, Nina, Nini, Noni y Nano sin apenas liarse con los nombres. Tengo guardado el teléfono de Lito de cuando lo de Presenta junto al de Leo Abril cuando vivía en el Crowndale Court  de  Camden Town y nada (ni nadie) preveía que se iba a ir despidiéndose a la francesa.

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La «LL» llora porque así empieza su nombre y porque nadie habita su letra. Ni la «Q» ni la «W» ni casi la «Y» que se libra por los pelos gracias a una tal Yolanda que no tengo ni la más remota idea de quién pudiera ser.

Lo que quiero decir, es que repasar –aunque sea por encima– mi antigua agenda de papel, me convence de que ésta, posee un alma que el frío móvil no tiene. Un alma compuesta por los espíritus de los amigos que fueron o de esos familiares que ya no están conmigo porque tomaron las de Villadiego que es un pueblo que colinda con Villanueva de la Defunción. Porque eso, es ley vida, amigos míos. Porque eso, también, es ley de muerte.

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DIARIO DETALLADO DE UNA MAÑANA ACCIDENTADA.

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«Con lo que Dios da y el Rey ofrece,

no hay más remedio que joderse»

(Popular)

(Para Martica)

Diciembre día 23 del año, 2016

Se presentía una mañana ideal; Todo estaba previsto. Caminábamos Santa y yo por calle Luis Taboada hacia abajo. La idea era coger yo el autobús que me llevaría al centro de la ciudad (tenía el coche en el taller reparándole un golpe que me dieron) donde había quedado (en la Bodega Casa Guardia) con mi querido amigo Fernando Damas: La pretensión era el recoger unos libros en la librería Mapas y Compañía –La Guerra Civil Española de José Pablo García y Corégraphie Portuarie de Luis Ruiz Padrón debidamente firmados y dedicados con dibujos por sus respectivos autores– para después continuar con mi amigo paseando y tomándonos un refrigerio; que mi amigo Damas es mucho de invitarse a unas delicatesen y para nada permanece impasible al «ademán». Santa, por su parte, iba a la peluquería que ya se sabe cómo son estos días de trajín, ajetreo y atiborre desmedido.

Así que el plan se me antojaba casi perfecto, tan casi perfecto que casi mosqueaba por la falta de incidencias. El destino, que es avieso y muy de joder la marrana, me regaló un apercibimiento en forma de retortijón que me hizo pensar en la vuelta a casa para soslayar la posible contingencia.

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Comienza la odisea.

11:20 A.M. Calle Luis Taboada, inmediatamente después del inesperado retortijón, recibo una llamada de la chica de la oficina del taller indicándome la perentoria necesidad de retirar el coche antes de las 13:30 si no quiero quedarme sin él hasta el día 27. Desisto del plan de evacuación vertical y me dirijo a la parada del bus encomendándome a lo más alto del escalafón del santoral: El amado apóstol San Pedo.

 

11:55 A.M. La resaca que arrastraba de la noche anterior empieza a pasarme factura esperando frente a Casa Guardia. El olor a vino dulce Moscatel me trastoca el estómago y el retortijón se va transformando en conato de apretón. Considero libar una gaseosa, pero desisto por el efecto indeseado que el gas carbónico puede liarme en la tripa. Comienzo a preocuparme.

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12:07 A.M. llega Fernando, le explico el tema de lo del coche, no lo de la posibilidad de irme de vareta (que aunque lo parezca, no es la capital de Malta) y nos vamos hacia la librería para poco después darnos un fraternal abrazo de despedida, no sin antes yo reconvenirle esa falta de seriedad al cambiar su regalo de Navidad –tradicionalmente Ron de edad provecta– por unas latas muy monas de un aceite de Oliva EXCEPCIONAL (sic) para Santa. Cría córvidos y te sacará los ójidos.

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12:55 A.M. Llego a la parada de autobús al que le quedan, todavía, 12 minutos por llegar. El atributo de conato, le desaparece al apretón y este queda en apretón puro y duro ( me temo que lo de duro es más esperanza por mi parte que realidad)

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13:07 P.M. Subo al vehículo con la nalgada prieta. Las gotas de sudor me caen por el rostro y siento cómo el avisador del esfínter –inclemente y sin alma que es– no para de convulsionar anunciando la mala nueva; se me permita el símil escatológico-navideño. Me quito el foulard y me desabrocho la camisa. No sé si el calor lo produce el bus o los dolores de dilatación que me intervienen. Mil paradas quedan, mil. Los letreros de las tiendas, hacen referencia a lo que me atormenta: Telas al «peso». «Sanitarios» Los Tilos. «Cisternas» Pepe Núñez Atascos y «Desatoros». Un horror.

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13: 20 P.M. Veo al final de la calle del Polígono Industrial que el taller está aún abierto pero con los trabajadores esperando para que yo me lleve el puto coche y poder irse de vacaciones  y me pregunto descorazonadamente. ¿Cómo pedirles usar el cuarto de Baño, dejarles el «regalo» y contaminada la nave? ¿Cómo pedir a unas personas el que me esperen a que yo deposite un mojón kilométrico (es un disfemismo) digno de una carretera comarcal de los sesenta?

13:27 P.M. Llego al taller con el culo más apretado que Rudolf Nuyerev en Cascanueces. Me explican amablemente y con cierta parsimonia –los técnicos y la chica de recepción– la reparación efectuada mientras yo muevo mi cuerpo como si fuese un muñequito Elvis entrado en kilos.

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13:35 P.M. Me meto en el coche muy apurado. Sudo! Blasfemo! Arranco! Me siento en mi coche cómo en mi casa; pero no me confío, ¿Cuántas batallas han sido derrotadas en los momentos finales? Así que procuro salir del puto Polígono Industrial para coger la autovía que me llevará lo más rápidamente a sentarme en el trono anhelado. Wáter is Coming.

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13:39 P.M. Me equivoco!  Oh, Señor, Me equivoco de desvío! Voy en dirección centro otra vez. Me cago en tó lo que se menea. Inmediatamente, me arrepiento de lo dicho, por lo inconveniente de la expresión y cambio la temática del insulto.  Supútamadre! Como puedo, tomo la dirección correcta y enfilo la autovía.

13:49 P.M. la velocidad máxima a la que llego es a 120 Km/h. Una multa de 100 Euros que me había llegado hacía un par de días me tiene asustado. Nótese que la palabra cagao, no sale de mi boca. Todos los coches me sobrepasan y eso que van relajaditos.

14:02 P.M. Llego a casa chorreando sudor y convencido, de que los dos últimos minutos son los peores y cuando debo de conservar la calma. Dejo el coche mal aparcado. Doble fila. Saludo a un vecino con un Holaaasstardessssadiossss…. y subo a casa andando atropelladamente. Santa me pregunta….¿Como ha ido la cosaaa? y yo le contesto, mientras tiro el chaquetón en el sofá, me voy bajando los pantalones por el salón y le contesto desde el pasillo….¡¡¡ Que meee caaaagooooo!!!

14:02:35 P.M. (Censurado)

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14: 28 P.M. Ya, mucho más tranquilo –los dos Lorazepam, parece que me han sentado fenomenal– respiro aliviado y recuperada la razón, pienso que, al fin y al cabo… Con lo que Dios da y el Rey ofrece, no hay más remedio que joderse!

FELIZ NAVIDAD… Y… ¡¡¡¡ COMPRAD LOTERÍA QUE HABLAR DE MIERDA, DA SUERTE!!!!

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Todas las imágenes que ilustran esta entrada, son obras de Mark Oliver.

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