JOHN RIZZOTTO. REALISMO AMERICANO

John Rizzotto es un pintor realista estadounidense que trabaja en la tradición de la naturaleza muerta. Sus arreglos cuidadosamente compuestos de objetos naturales y cotidianos recuerdan a los maestros españoles y del norte de Europa, mientras mantienen una sensibilidad contemporánea.

Siempre pintando de la vida, las principales preocupaciones de Rizzotto son capturar la luz y la forma, y ​​explorar las infinitas posibilidades de la composición.

Esta es una selección de sus trabajos, disfrutadlos!!

 

 

 

 

DE  MARABOUT, HOPPER Y HERGÉ

 

DE  MARABOUT, HOPPER Y HERGÉ

Soy un fervoroso entusiasta de la línea clara en eso del cómic. Me encantan Bob de Moor, Edgar P. Jacobs, Daniel Torres y, por encima de todos ellos, George Remi, el mítico Hergé. Padre de Tintín, de Milú y de toda la caterva de personajes que configuran cada una de las historias del periodista flequilludo.

Hergé

De Tintín adoro todo lo que lo rodea: Los textos (cuya fuente me descargué hace mucho de algún recóndito lugar de la Red), los paisajes realistas en los que se mueven los protagonistas,  tan de dejarse querer (hasta el malvado Marqués de Gorgonzola, alter ego del  perverso Rastapopoulos del cual tomo prestado su nombre para este blog) y de esos chillones «bocadillos» de mil formas donde las exclamaciones adquieren dimensiones descriptivas casi humanas y parecen dotadas de voz y vida propia.

Por otro lado, también, me considero un adepto incondicional del realismo americano. En particular de Edward Hopper. Sus paisajes, sus inmensas soledades, el uso –al igual que Hergé y los dibujantes de línea clara– de unos paisajes y horizontes que le dan una enorme expresividad a sus trabajos; su querencia a los cuartos de hotel, a las cafeterias solitarias,  a sus turbadoras edificaciones rurales.

Hopper

Por último –y ya dejo de confesar algunas de mis preferencias y debilidades artísticas–  muero por el Pop Art y el nuevo realismo: David Hockney, Andy Warhol, Keith Haring… por citar algunos  de mis favoritos. Y mira tú por donde, hete aquí que buceando por la web, me encuentro a un artista francés –Xavier Marabout– que parece que oye mis plegarias y que, con una habilidad, una capacidad y una destreza extraordinaria, mezcla estas tres predilecciones en un solo escenario. Junta a Tintín, el Pop Art y a Edward Hopper –con un exquisito ingenio y una fantástica soltura pictórica– realizando estos fascinantes trabajos  que, ahora, vais a poder contemplar.

Marabout

Al final de los trabajos, os inserto un enlace a un vídeo de Youtube para que veáis una presentación de estos elaborada por  Bernard Rouquet

Disfrutadlos, son impresionantemente buenos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dice la presentación de dicho vídeo de Rouquet. «Cuando el famoso héroe de los dibujos animados se encuentra con el mundo del pintor estadounidense Edward Hopper, ¡el resultado es sorprendente! La idea de mezclar los dos viene del pintor francés Xavier Marabout.

Una fusión entre el mundo del caricaturista belga Hergé y el de la pintura realista del norteamericano Edouard Hopper. En sus pinturas, Marabout utiliza voluntariamente el posicionamiento voyerista de Hopper para imaginar la vida sentimental de Tintin. Un cambio que te hace sonreír».

Rouquet

 

Este es el enlace:

 

***

NO ME TOQUES EL CUENTO

NO ME TOQUES EL CUENTO

Tengo la inmensa suerte que, desde mi más temprana juventud, me he rodeado de buenos amigos artistas que me han hecho, con sus diversas disciplinas, la vida mucho más enriquecedora y divertida. Además, en un acto de suprema generosidad, ellos, me han dado la oportunidad de subirme alguna que otra vez a los escenarios, compartir interesantísimas conversaciones o participar en eventos que de ninguna de las maneras podría haber llegado yo a protagonizar por méritos propios. Si algún mérito se me puede atribuir, es la capacidad que he desarrollado –no es difícil estando rodeado de tanta creatividad y tanto cacumen– si algún mérito se me puede atribuir, pienso, es el de haber sabido conservar estas amistades durante la mayor parte de mi vida. Y disfrutarlas.

Por esa entrañable circunstancia – y de teatro voy a hablar– asisto regularmente a representaciones escénicas, más que nada, aclaro, porque los que se suben a las tablas son ya os digo, buenos amigos míos. Y esa entrañable circunstancia se rodea también, de suerte. Pues casi siempre (y aquí el adverbio de cantidad sobraría) siempre salgo contento y feliz por haber participado cómo espectador de dicha obra de teatro

Lo de ayer fue distinto. Porque no sólo salí feliz y contento, sino que también, con un buen chute de entusiasmo e hilaridad desatada; porque les aseguro, que en pocas obras de teatro me he reído tanto.

La frescura del tema tratado, el cómo se resuelve la vida de cuatro princesas de cuento, que se percatan de que desde el «Érase una vez», hasta el «Y comieron perdices», su existencia posterior  se llena de realidades y de frustraciones. Que los príncipes no son ni encantadores ni azules y que los ogros y las madrastras, en la mayoría de los casos, son los verdaderos protagonistas de la vida después de la almibarada historia.

Ayer, asistí en el Teatro Echegaray a una producción de mi querido y antiguo amigo Juanma Lara a una desternillante obra escrita y dirigida por su hija Olivia –que ayer también se subió al escenario–  y no paré de reír durante la cortísima hora que duró el espectáculo. Una obra  también llena de agudas reflexiones. Una obra que me hizo inmensamente feliz porque se corrobora mi idea de que, desde el humor, se pueden hacer serias reivindicaciones de género y de lógica justicia.

En fin, que hoy se puede ver otra vez en el Teatro Echegaray. NO SE LA PIERDAN. Merece la pena ver a estas cuatro mujeres cantando, bailando, y sobre todo, actuando. Nunca una obra de teatro se me había hecho tan corta, de verdad os lo digo. Se van a reír. Te lo juro, Arturo.

Aquí tenéis información suficiente para que veáis los que se avecina. Lo repito: NO SE LA PIERDAN.

LAS MUJERES DE VERDAD

 

LAS MUJERES DE VERDAD.

(Texto de mi querido amigo Agustín Zurita Ortíz-Tallo)

Las mujeres de verdad tienen curvas, o no. Usan una 34 o una 42. O la talla que les da la gana. No permiten que un número las condicione. Las mujeres de verdad tienen hijos, y envejecen felices viéndoles crecer, o eligen no tenerlos, y envejecen exactamente igual. Se casan o son solteras. Y no consienten que ni su vida ni su felicidad dependan en exclusiva de ello. Las mujeres de verdad hacen el amor. O follan. Disfrutan y no se avergüenzan. No van pidiendo perdón por ser como son: altas, bajas, delgadas, gordas, guapas o feas. Las mujeres de verdad tienen el culo grande. O pequeño. Muchas tetas. O pocas. O ya no tienen. Usan tanga o bragas o nada. Se depilan si les da la gana. Tienen la piel blanca, o la piel oscura. La piel tersa, o con arrugas. Las mujeres de verdad sonríen mucho, o sonríen poco. Y no pasa nada.


Las mujeres de verdad no tienen miedo de estar solas, porque han comprendido que ese miedo únicamente les conduce a conformarse con las excusas, con las mitades, con las dudas, con las sobras, con la condescendencia, con las caricias en el lomo; con los ‘ya veremos’, los ‘quizá’, los ‘puede’, los ‘tal vez’, los ‘el tiempo dirá’; con la incertidumbre, con las puertas entreabiertas, con los ‘perdón’ a destiempo. Que ese miedo les lleva a esperar, a justificar, a demandar, a sentirse culpables, a querer de más, a quererse de menos. Las mujeres de verdad han decidido que su felicidad depende únicamente de esa mujer que ven cada mañana frente al espejo, esa mujer a la que, por fin, han aprendido a amar.


Las mujeres de verdad son cada día más fuertes, más sabias, más valientes, más auténticas. Han entendido que las migajas no son una opción, que se merecen la tinta entera, que con la ilusión no se juega, que quien las pierde es el que pierde, que la cobardía no tiene excusa y las excusas no tienen perdón, que querer es sencillo, que el amor no duele. Las mujeres de verdad le han ganado la batalla al rencor, al odio, al miedo. Han vuelto a confiar en sí mismas, a valorarse, a respetarse, a atreverse. Han aprendido a marcharse a tiempo, a dejar de querer cuando era el momento. Las mujeres de verdad han comprendido que el miedo no es estar solas, sino estar con alguien que les haga sentir solas, normalmente un GILIPOLLAS.


Las mujeres de verdad han dejado de pedir perdón por decir lo que piensan, y mucho menos por hacer lo que dicen. Las mujeres de verdad han empezado a disfrutar de la vida sin remordimientos, y han descubierto que no hay nada de malo en hacer lo que quieren si les hace feliz. Las mujeres de verdad han dejado de permitir que nadie les haga sentir culpables ni avergonzarse de ser quienes son.


Las mujeres de verdad no necesitan que nadie les diga que lo son, porque ya lo saben…

Texto: Agustín Zurita Ortíz-Tallo / Ilustraciones: Catalina


LA MONCRIEF

(© de la fotografía Charlie Marciano)

Sube la Moncrief al escenario y las tablas, sin esperarselo, se iluminan bastante más de lo habitual. Felices y contentas se ponen por esta inusual y luminosa circunstancia. No se vayan a creer ustedes que esta súbita claridad es debida al reflejo de las lentejuelas que cubren su esplendida figura. Tampoco al brillo rutilante y resplandeciente de su piel que le procuran esos focos que la buscan, ávidos, para acariciar su cuerpo vigoroso con tremendos cañonazos de luz.

Esta, la luz –que es frívola y veleidosa– tiene predisposición  y preferencia hacia la belleza, y trata mejor a unas personas que a otras. Dotándolas, cómo las estrellas de arriba, de fulgor propio. Por eso, despliega y aplica todas sus cualidades lumínicas con Suzette Moncrief. Porque ella, siempre agradecida, la corresponde y la recompensa.

¿Fotogenia o singularidad divina? Ya os digo, cosas de las estrellas!

La Moncrief cantante es adorada por su público. Yo anoche lo comprobé incontestablemente. Durante el largo tiempo que ella generosamente me regaló, no paré de hacerle fotos con una legión de seguidores que querían tener su ración efímera de vanidad (y la prueba gráfica) del tener la oportunidad de posar junto a ella.

En un momento de tranquilidad, le dije a Suzette que tenía nombre de Crêpe. Y no me apeo de esa consideración. La Moncrief (me imagino) debe de tener el sabor levemente salado en su cuerpo hermoso y deseable, mezclado con la dulzura de su trato cercano, amable y cariñoso. Ya sabéis: la tortita de maíz y su relleno de mermelada de frambuesas, de Grand Marnier o de Licor de Curaçao. Beurre Suzette

Anoche, en la Sierra de Mijas, la Moncrief,  después de imponer la paz desde lo alto del escenario junto al Maestro Lito y su Blues Band, me rozó con la suavidad eterna de sus labios algodonosos y yo, ilusamente, soñé en ese momento, que era la reencarnación de Etta James la que me estaba besando y que me estaba dejando ese indeleble sabor a Jazz, Soul y a Rhythm & Blues en los míos.

(© de la fotografía Ángel Céspedes)


INCOMPRENSIÓN LECTORA.

“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza

habla mientras el género humano no escucha.”

Víctor Hugo.

 

A finales del siglo pasado (que lejano suena eso ya) durante mis estudios de Lengua Inglesa en la Escuela Oficial de Idiomas de Málaga, teníamos que realizar una serie de ejercicios que consistían en un número determinado de textos –en inglés, por supuesto–  y que debíamos definir con una sola palabra previamente estudiada en clase. Para demostrar primero, que nos habíamos quedado con la copla del significado del palabro y ya, de camino, obligarnos a traducir la descripción mentalmente. Tenía pues, dos fines pedagógicos concretos el ejercicio: La traducción (translation) y la comprensión lectora (comprehension check).

Vamos a lo segundo: La comprensión lectora. O la falta de ella.

Hoy en día, infortunadamente, la comprensión lectora  –y ahora me refiero al castellano– pasa por malos momentos.  Coyuntura fastidiosa e incómoda ésta por mor de esas sociedades ficticias llenas de falsas realidades e identidades anónimas como son las redes sociales.

Ya he comentado mucho por aquí, que la no presencia física y, por ende, la ausencia de gestos, de miradas, de entonación, roces etc.… produce en la conversación escrita malos entendidos. Lo que a finales del siglo pasado, ya te digo, mis compañeros de Escuela y yo teníamos que llamar «misunderstoods».

Por esa causa y por una inexplicable carencia de entendimiento (y buena fe) hoy en día cualquier broma, por inocente que sea; cualquier comentario ingenuo e inofensivo; cualquier parrafada carente de malicia, es mal o bien entendida por el lector de una manera según le pille el día de humor o por su predisposición a la benevolencia y a la cordialidad. Y muchas veces, su reacción inesperada y su respuesta desangelada le produce al autor sorpresa, pasmo y tristeza. Más que nada, porque lo considero terriblemente injusto.

Pero no es lo más malo de esto la mala interpretación;  tampoco el inexistente análisis del texto en su contexto. Ni siquiera la falta de la más mínima (se me perdone el oximoron) generosidad ; lo más malo de todo es cuando, el que malentiende un comentario, saca a relucir su peor concepto del que escribe y se deja llevar, irreflexivamente, por su propia monomanía.

Así me ha pasado recientemente. Que por dos malentendidos (ya sabéis: dos misunderstoods) he comprobado, dolorosamente, el verdadero concepto que tienen de mí dos buenos amigos; que no todo «el oro es montégano» que decía aquel, y que todos – y me incluyo yo, naturalmente– nos revestimos de una capa de falsedad y de fraude para dar la apariencia de que somos lo que no somos.

Voy a tener que borrar de mi perfil el Máster en Claridad Descriptiva y Espontaneidad  Epistolar que en su día me saqué en la Universidad Rey Juan Carlos I. Cum laude por otro lado.

Vale dictum.

 

¡CUARENTA AÑOS NO SON NADA!

 

Ayer asistí –invitado por mi hermano «ab imo pectore» Diego Guzmán– a  la celebración del cuarenta aniversario de la creación del «Grupo de Teatro Acuario».

Todo estuvo muy bien. Perfectamente realizado. Cómo se esperaba.

Anoche, les digo, presencié una celebración justa y merecida de uno de los grupos de teatro más importantes del panorama escénico malagueño. Fue un acto entrañable para todos los que como yo hemos disfrutado de los espectáculos de esta formación. Aunque a mí, me incumbía una doble vertiente: la del haber sido espectador de sus representaciones y la del seguir siendo amigo irrenunciable y verdadero de sus más destacados integrantes.

La conducción de la celebración –a cargo de Diego–  cómo no podía ser de otra manera, estuvo acompañada de actuaciones divertidas, de números musicales en directo, de vídeos evocadores de la historia de las cuatro décadas del grupo sobre las tablas. Podría destacar la hilarante intervención improvisada de Juan Manuel Lara. La justa y oportuna mención a Marisa Centeno (alma mater del grupo) por el también amigo Antonio Meliveo. La emotiva y enternecedora comunicación por vídeo de Perico Vez. La sensación de dolor por la falta de mi otro hermano Jose maría Alonso. El ver cómo aquella Martita que yo cogía en mis brazos, se ha transformado en una artista completísima… en fin, todo resultó tan efectivo como afectivo. Tan conmovedor como ameno. Tan evocador como emocionante.

(Dibujo de Ángel Idígoras)

Y de Diego… De Diego voy a reafirmarme en lo que en su día escribí en mi blog hace ya ocho años, y que viene a decir, chispa más o menos, que ha sido, es y será, uno de los mejores y más noble amigo que me haya tocado en suerte en la vida.

Esta es la entrada: «About Diego Guzmán»

Pinchad aquí!

 

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar