PALABREJAS

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«PALABREJAS»

«El que me baya quitáo la tobaya…
baya sío porque le baya hesho farta»

En mi familia, el adjetivo «palabrejas» se usaba para designar a determinadas personas que usaban términos incorrectos y equivocados en las conversaciones. Ese es un «palabrejas» decíamos cuando oíamos cualquier barbaridad.

Tres son los tipos de errores que solemos cometer en la representación del idioma: el error escrito (o lapsus calami) el error oral (lapsus linguae.) Y también está –no se crean que no he hecho los deberes– otro tipo de error que yo ignoraba: el lapsus mentis; (el olvido ocasional). Lapsus viene del latín y viene a significar «resbalón», aunque yo creo que es más apropiado expresarlo cómo «patinazo».

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Verán Uds. en mi rama familiar –puedo asegurarles, que era algo muy cruel para nosotros mismos– teníamos la costumbre de que si estábamos hablando con alguien, y ese alguien cometía un «patinazo», mi madre, que era un portento en detectarlos, doblaba los labios exageradamente para hacernos caer (a los que no lo hubiéramos hecho) en el tropiezo del interlocutor. El disimular la risa, era un verdadero acto de coraje y contención. Uno de los suplicio más placenteros que se puedan sufrir.

Establezcamos también una diferencia bien notable y necesaria: nuestra risa (o no risa) dependía de que, si el autor de la barbaridad dialéctica era una persona modesta y de pocos estudios que trataba de usar palabras que carecían del suficiente significado para ella, entonces, en ese caso, siempre era tratada con todo cariño, tolerancia y respeto. Pero, si por el contrario, era una persona suficientemente preparada la que – tratando de impresionar y sorprender, con un deje de pedantería– cometía el gazapo, entonces, el cachondeo estaba asegurado y esa palabra pasaba a usarse formando parte del argot particular de la familia con el consabido peligro de que la palabra se «normalizase» y corriésemos el riesgo de deslizarlas en las propias conversaciones involuntariamente. «Tito Pepe» al vino de Jerez por ejemplo, más de una vez lo hemos dicho para nuestro sonrojo y fatiguita.

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Voy a ponerles algunos ejemplos de palabrejas tan reales como la vida misma. Todas son aportadas por mi propia experiencia y por las de un montón de amigos que han tenido el detalle de ayudarme.

Ahí van:

Teníamos un portero en casa, que cada día saludaba a mi padre comentándole el tiempo.
– Buenos días, Don Fernando…
– Buenos día Felipe.
– Hoy parece que vamos a tener una buena «churrasca».
– Erm… Psí! Me temo que psí, Felipe.

Otro día un amigo familiar, estando con nosotros en la playa hablando de los tiburones, de los marrajos y de las tintoreras, éste, el amigo –tratando de entrar en la conversación con una aportación docta y entendida– exclamó, en voz más que alta, indicando la especie a la que pertenecían estos bichos: «los escuálidos!!!» y se quedó tan pancho. Debería de referirse a los que estaban muy delgados y enclenques.

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Después viene otro gran amigo; éste, era el rey de las palabrejas y de las frases malheridas: Era partidario siempre de seguir los «protocólogos». Cuando algo no podía ser, siempre echaba mano al «Eso es pedirle peras al horno» y muchas otras veces, se sentía «Contra la espalda y la pared». Una señora que venía a limpiarnos las oficinas nos comentaba que su hija recién casada había puesto una cocina con unos muebles de una «Fornica» linda. Y otra, un día, le comunicó a mi madre –con mi medio dólar de plata en la mano– que se había encontrado un «duro del Príncipe Kennyde».

La rama sanitaria es un verdadero e inextinguible filón: Que decir de las «tortículis» y del hueso «kuky». Un buen amigo responsable de una afamada y conocida Mutua Médica, me indica que muchas veces le preguntan ¿Cuanto «degrada» el seguro médico? Y unas amigas enfermeras, me hablan de las hernias «fiscales» de algunas pacientes a las que atienden. Los «análises» solicitados y la masiva ingesta de Aspirinas «flourescentes». Los «gitanales» en vez de los genitales; los «vestíbulos» en vez de los testículos y de, asombrense!! «tener hígado» y un poco de «diabetis».

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¿Y el «esparatrapo» y el «Espidifrén» y otras «medecinas»? Una sobrina, directora de una entidad bancaria, me cuenta que de vez en cuando, tiene que contener la risa porque se ve obligada a hacer «transfusiones» entre cuentas a petición de algún cliente con haberes pero poco ilustrado.

Hay gente que habla con mucho «Rintintín» que por cierto no es un perro y se queda en lo «anedóctico». Y alguna decoradora (sic) que yo me conozco, la caga con eso del «sinfonier» de marras y el uso inadecuado de la palabra dicotomía. No me puedo olvidar de las inefables «cocletas» y de sus inefables amigas las «armóndigas». Del sempiterno «Lejonario» ni de mi queridísima amiga que está harta de que la llamen «Grabiela».

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El año de las inundaciones de 1989 en Málaga –y para evitar una mayor catástrofe– me indica el amigo ecónomo, hubieron de abrirse las «compresas» del Pantano del Limonero para desalojar volumen debido a la «trompa» de agua. Un problema añadido para esas pobres mujeres de vida fácil que se buscaban la vida en las «redondas» de los «polígamos». Tan altas y «esterilizadas». Pero ya se sabe «No todo es lo que reluce». Ah, perdona, «No todo el oro es lo que reluce».

Hay que ver cómo ha subido el barril de «pretóleo», dicen las noticias; y comentaban otros dos, que ayer «juguemos» un partido y «empatéremos». En fin vamos a terminar esta interminable retahíla con otros dos clásicos las «mondarinas» y los «caramales» porque para entender todas estas palabras hay que tener, como los motores «Wobagen», mucha «comprensión» y no estar demasiado «arquerotipado».

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ISABELITA.

ISABELITA

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Hace un millón de años, trabajaba con mi padre –en un organismo oficial– una chica pizpireta y recortadita llamada Isabelita.

Isabelita era, ya os digo, una mocita alegre y jacarandosa; bajita de cuerpo y entradita en carnes que estaba siempre risueña y predispuesta a alegrar a sus compañeros de trabajo con su chispa y su gracejo. Un verdadero portento de conversación fecunda e inagotable.

Aconteció que por aquellos tiempos –hablo ya de hace muchos años– la jovial e hiperactiva (antes se llamaba a eso “culillo de mal asiento”) Isabelita, realizó un curso de mecanografía rápida y a “mano completa” para prosperar en su trabajo subiendo de cargo y categoría. Así fue; Isabelita, con su titulito debajo del brazo, pasó a desempeñar en la oficina de aquel estamento oficial, el cargo de Administrativa Mecanógrafa.

Después de un par de años de darle a la tecla, en la acreditada Academia Almi, Isabelita estaba loca por demostrar a cada uno de sus compañeros su habilidad y rapidez; su perfecta e impecable ejecución en aquella negra Remington Standard Nº 12 de carro, papel de calco y campanita. Cada compañero que se le acercaba, caía en sus redes y se tenía que someter –más por complacencia y educación, que ganas– a la demostración “in situ” que manifestaría la perfección de Isabelita manejando la máquina escribidora.

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A todos y a cada uno. Menos al Jefe. Cada vez que mi padre pasaba por su lado –y advertido por los otros empleados– trataba de librarse de la tan temida exhibición.
Hasta que el destino –inevitable y cruel cómo es– le preparó una encerrona a mi pobre padre e Isabelita lo cogió de improviso de una manera ineludible e inexcusable.

  • Don Fernando! Don Fernando! Sabe Ud. que he hecho un curso de Administrativa Mecanógrafaaa?
  • Anda, que bien guapa! Estupendo, vaya!!. Buenoooo… Te dejo Isabelita que me tengo que ir a una reunión.
  • Don Fernando! Don Fernando! –insistió la novata mecanógrafa– espere Ud. que le voy a hacer una demostración!!! Dícteme Ud. algo muy rápido y largo! –le dijo–.
  • Isabelita, mujerrr que me tengo que irrrrr…
  • Don Fernandooo, por favoorrr…

Así que mi padre, un poco conmovido por la carita de pena que le ponía la muchachita, le dijo:

  • Vale. A ver, escríbeme tu nombre

Isabelita puso un folio en el carro de la Remington Standard Nº 12; rrrááss… rrrááss… rrrááss… bajó el papel. Desperezó el cuello. Cruzó los dedos de las manos y los estiró. También los brazos. Y en un santiamén, y con un rapidísimo tecleteo, ejecutó: tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac. Para, sin dejar de mirar a los ojos a mi padre, y con una pizca –todo hay que decirlo– de indisimulado orgullo, arrancó de un tirón el papel donde ponía, escrito en mayúsculas, su nombre: ISABELOTA.

Las carcajadas inevitables e incontenibles de mi padre se oyeron en todo el edificio; y, por supuesto, desde aquel día, la ínclita Administrativa Mecanógrafa, llevó el nombre de ISABELOTA hasta la tumba.

Aconteció en Málaga. Circa 1945

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MERODEADORES DE REDES SOCIALES

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MERODEADORES DE REDES SOCIALES

Se esconden tras los parapetos de la impunidad y del secretismo mas ineficaz. Ignorando, que eso del anonimato en las redes sociales, tiene las patas tan cortas cómo su propia generosidad en la respuesta. Hablo de los merodeadores de las redes sociales.

Suelen pasearse por ellas vestidos con un traje de silencio; de un indisimulado secretismo que les permite no involucrarse en nada. No existen para ellos ni el compromiso ni la obligación; ni la responsabilidad ni la necesaria implicación. Tampoco son generosos con su opinión personal. Muchas veces, las más, hacen caso omiso a las mínimas reglas de cortesía y sólo se limitan a escudriñar impertinentemente –desde el ángulo oscuro (como el arpa de Bécquer) en su aburrido salón– tomando buena nota de las conversaciones de los demás para así sacar, como mínimo, el beneficio de la información y el rédito del complaciente fisgoneo. Desde la pesquisa, el acecho y el bicheo.

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Actúan con total descargo de culpabilidad, deslizándose –con los ojos brillantes– por los muros de Facebook donde tienen, más o menos asegurado, el sigilo y la reserva; por los grupos de Whatsapp, ignorando –en muchos casos– que su presencia, ahora sí, siempre es detectada y advertida por el autor, dueño y señor del comentario.

El ego –cuando se alía con el compromiso– ciega la razón que aconseja borrar a esos desconocidos que jamás intervienen en tus chácharas; el salirte de aquellos grupos en los que tus comentarios son sistemáticamente no contestados por ese personal, que tu sabes desde la triquiñuela, han sido leídos por el mudo (o la muda) de turno.

Merodeadores de redes sociales que saben tanto o más que tú de tu propia vida; sin tan siquiera tener la necesidad de comunicarse ni de cruzar una sola palabra contigo.

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EL MONTE DE LAS TRES LETRAS

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EL MONTE DE LAS TRES LETRAS

«Ganas dan de correr y abrazarte, de llenar de castañas y almencinas tus enormes zapatones de tela peatonal, de auparme hasta tu frente y ungirla de sonetos bien mojados en vino de los Montes.»

Juan Miguel González

Cuando a la temprana edad de ocho años me mudé de la céntrica Plaza de los Mártires, para vivir en una descampada Barcenillas despojada de bloques, lo único que me consoló fue que estaba destinado a vivir en una zona de «entremontes». Una zona despoblada, en aquellos tiempos, situada entre el Monte de Gibralfaro al sureste y el Monte Victoria al noroeste. No se me tenga muy en cuenta mi capacidad orientativa que no es muy mucho de fiar.

Debido a esa apacible y bucólica situación cuasi rústica, el terreno me obligó gratamente a vivir en un ambiente saludable y enormemente divertido. Un terreno proclive a gozar de aventuras y juegos, que de ninguna manera, podría haber vivido de haber seguido residiendo en el centro de la ciudad. Otro tanto me pasaba cuando, en mis largas temporadas en La Cañada de los Ingleses, podía zascandilear libremente por el monte entre algarrobos y Llagas de Cristo. Esta circunstancia, hizo de mi un experto en subir y bajar entornos sombríos por pinares inacabables o por zonas absolutamente soleadas, y que me procuraban vistas únicas de la ciudad, cuando –cómo solíamos hacer de chavales– subíamos a las cimas de los citados Montes de Gibralfaro y Victoria. Este último también conocido como Monte de la Tres Letras.

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Viviendo en Los Pinos (Barcenillas) no eran pocas las veces que atravesando el Reino de Conde Ureña, llegábamos hasta el Mirador que se encontraba en todo lo alto y en el comienzo del camino de tierra que llevaba al Seminario. Una vez allí, la pandilla, las más veces, hacíamos largas marchas de montañismo para alcanzar la cima del Monte de las Tres Letras. Una vez allí, en unas inclinadas y enormes lajas de piedra (La Barca grande y la Barca chica) nos tendíamos a todo lo largo y pasábamos horas contemplando cómo la ciudad – aparentemente quieta– respiraba a nuestros pies y jugábamos a situar edificios y monumentos.

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El Poeta Juan Miguel González, me llamó hace unos días para agradecerme (no hay de qué) el tratamiento que le había dado en este blog a su inspirada felicitación navideña.

Como suele pasar, la conversación con mi amigo se prolongó más de lo que permiten los horarios laborales, debido a su amenísimo e interesante palique. Salió a colación mi absoluta admiración y pasión hacia su producción costumbrista y localista. Ya se lo he dicho muchas veces, que cualquier referencia versificada sobre la Málaga que ocupó nuestra niñez, y sus bellísimos alegatos sobre negocios, paisajes o personas desaparecidas, conforman uno de las temas preferidos por este que ahora os escribe.

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Juan Miguel González tuvo a bien (Qué honor!) el proponerme ser el personaje, el actor principal, de un romance que escribiría sobre algún lugar preferido de mi niñez. Para hacerme un regalo imborrable para mi ego (no puedo negar mi parcela de vanidad) y para afinzar mi devoción inquebrantable hacia su obra. Hacia su persona. Me preguntó qué lugar estaba grabado de manera indeleble en mi memoria para situar el romance. Entre otros muchos sitios, le indiqué el Monte de las Tres Letras, y eso es lo que ahora viene. Un texto poético de una espléndida hermosura que desde ahora, formará parte del lugar más entrañable y principal de mi Muro de los Afectos.

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Para adornar esta entrada de una manera perfecta, qué mejor que hacerlo con los dibujos de otra persona –que al igual que yo– subió y disfrutó ese monte en su niñez: mi querido amigo el arquitecto Luis Ruiz Padrón. Luis, con esa generosidad inacabable que dispone hacia mí, ha tenido la deferencia de remitirme una serie de dibujos que –junto a la palabra de Juan Miguel– conforman una de las entradas más placenteras que yo haya escrito últimamente.

Este es el texto de Juan Miguel González. Estos son los dibujos de Luis Ruiz Padrón; disfrutadlos. Son una verdadera muestra de delicadeza y de elegancia. Una demostración de cariño, aprecio y amistad tan agradecido cómo inmerecido.

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EL MONTE DE LAS TRES LETRAS

Para Álvaro Souvirón

En lo alto se subía
del Monte de las Tres Letras,
Alvarito Souvirón,
con unos cuantos chaveas.

Deshojaban margaritas,
masticaban vinagretas,
cogerían almencinas
y partirían las almendras.

Caballitos del diablo
volando sobre la alberca,
y cigarrones saltando
y algún lagarto en las peñas,
iban mirando asombrados,
en su escaladora gesta,
por el agreste condado
matinal de Conde Ureña.

A contemplar se sentaban,
felices en una piedra:
la Catedral, el Castillo,
el Seminario, las huertas,
las hileras de eucaliptos,
el Camino de las Pencas,
el Puerto y el Melillero
y el mar de la Malagueta.

En su pecho de gigante,
emocionado conserva
el niño aquel que subía
al Monte de las Tres Letras,
para abrazar con los ojos
y en el alma retenerlas
la luz, la mar y los cielos
de aquella Málaga nuestra.

Juan Miguel González
Málaga. Enero 2015

balcón

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ANEXO DE ÚLTIMA HORA

Mi estimado amigo Manolo Alonso Aragón –hermano de mi íntimo amigo (Q.E.P.D.) José María Alonso– tiene a bien el proporcionarme una información que él, cómo testigo directo (era vecino en aquellos días de Conde Ureña) vivió y presenció el bautizo del Monte Victoria cómo Monte de las Tres Letras.

Esta es la información que me proporciona:

Testigo del bautizo del monte.

Hasta finales de los 50 desconocíamos el nombre original del monte. La chiquillería de la zona le llamábamos el monte de las almencinas, el de las chorraeras o simplemente el monte. Pero una buena mañana de aquellas fechas, vimos asombrados las siglas PCE (Partido Comunista de España) pintadas con cal en las grandes rocas que culminan su cima en su cara más occidental y visible desde buena parte de Málaga.

La reacción de las autoridades del régimen no se hace esperar. Apenas 48 horas después, veo desfilar por la puerta de mi casa, decenas de presos políticos; en fila de a uno a ambos lados de la calle y flanqueados por numerosos guardias civiles fuertemente armados. Todos llevaban la misma indumentaria, un mono gris plomizo y transportaban cubos, cañas, brochas, cal, cuerdas, escaleras de mano etc.
En pocas horas aquellas tres letras del monte fueron sustituidas por las de JAC (Juventud de Acción Católica) Cada dos años aproximadamente, las letras eran repintadas con la misma mano de obra.

Con el paso de los años, contemplé varias veces, cada vez con más indignación, la silenciosa y humillante procesión. Esas siglas permanecieron durante el franquismo, la transición y los primeros años de la democracia. Yo era apenas un crío, pero aquel recuerdo quedó grabado en mi mente a hierro; me acuerdo, como si fuese ayer, con todo lujo de detalles.

ALONSO05campo(Jose María Alonso en lo alto del Monte de las Tres Letras)

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TATO ZAMBRANO ¡SE ACABÓ LA FIESTA!

TATO ZAMBRANO

Mi querido y viejo amigo –lo conozco desde hace ya más de 35 años– Tato Zambrano, me pidió hace unos días que escribiera unas letras para reseñar su nueva exposición “Se acabó la Fiesta” (del 30 de Enero al 20 de Febrero) que exhibirá –con una muestra de su última producción de figuras modeladas– en el Soho de Málaga. Concretamente en la Galería de Arte El Estudio de Ignacio de Río” sita en calle San Lorenzo, 29 de esta ciudad. De lunes a viernes de 10:00 a 13:30 y de 17:00 a 20:00 h. Los sábados con cita previa.

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Uno que es esclavo de los deseos de las buenas amistades, no pudo negarse y esto que ahora viene es el texto que le escribí y que figurará, en dicha exposición, como información y testimonio. Las fotos que aparecen en esta entrada –y que sirven de aperitivo– de algunas de las obras de Tato, han sido realizadas por los eminentes fotógrafos Ignacio del Río (las “claras”) y por Carlos Canal (las “oscuras”)

No os la perdáis. Os puedo asegurar que no os dejará indiferentes.

 

¡SE ACABÓ LA FIESTA!

_MG_6007web(Foto de Ignacio del Río)

El artista José Luis «Tato» Zambrano (San Sebastián, 1958), me propone describir la idea de una parte de su última producción escultórica que expone en “El Estudio de Ignacio del Río” del 30 de Enero al 20 de Febrero de este año que corre.

Inmediatamente, acepto sin tener en cuenta lo que de responsabilidad, carga y compromiso supone; no sólo por lo que implica de examen y exposición pública de tus palabras, sino porque el mostrar la impresión subjetiva y el propio parecer a la opinión pública sobre lo que se presenta en esta muestra taumatúrgica –con la debida significación y transcendencia – es verdaderamente difícil de asumir.

_MG_5935(Foto de Ignacio del Río)
José Luis “Tato” Zambrano –aparte de amigo de los buenos– es un artista multidisciplinar, polifacético y heterogéneo, un artista que deja en una primera intención los pinceles para centrarse en otra de esas materias que domina magistralmente: El modelado; para después – agradecidos estamos– retomar los pinceles y el horno proporcionando un color excitante y vivificador a los personajes que dan forma a su obra, con su carga implícita de teatralidad –a la idea más o menos dramática–con la que los implica.

24(Foto de Carlos Canal)

Tato Zambrano, recrea –con una mirada grotesca y extravagante, muchas veces desilusionante y ácida y a lomos del desengaño y del más indisimulado cabreo– una sociedad egocéntrica y codiciosa que está abocada a contemplar la desaparición de sus valores; sus virtudes y sus réditos vitales, que como colectividad justa y equitativa, nos correspondería vivir y disfrutar a estas alturas de lo hemos dado en llamar vida. Una vida que ahora está despojando de nuestros anaqueles, las prebendas y las canonjías que, engañosa e ilusoriamente, nos habíamos colocado como acompañantes fijas. Putas finas intangibles de Escort Service que ahora con las penurias y las carencias actuales, no tienen el menor reparo en dejarnos solos y abandonados, en la estacada, con la sola compañía de la desatención y el desánimo.

_MG_5950(Foto de Ignacio del Río)

Porque lo que ha pasado en “Se acabó la Fiesta” es que la existencia, y sus adláteres las consecuencias, –que van de la mano con esa cruel e irreductible intolerancia que proporciona lo inevitable– nos apean de la ficción de un mundo que creíamos gozoso y satisfecho dejándonos completamente en pelotas delante de la realidad y de lo imponderable.

¡¡¡Se acabó la Fiesta!!! Tan de pronto; se acabó la Fiesta tan de repente; tan de sorpresa se acabó, que a muchos pilla desprevenidos y deja sentados en el sofá tocándose la entrepierna como único consuelo. Desnudos de amigos de barras y de jaranas, con la sola compañía de sus propios fantasmas en forma de ratas o mascotas que los contemplan, evitando decirles con la mirada esa infame y cruel sentencia del «Ya te lo dije».

Málaga, Enero de 2015
Álvaro Souvirón.

25(Foto de Carlos Canal)

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LO ÚLTIMO PARA TABLETOM

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LO ÚLTIMO PARA TABLETOM

Otra vez mi querido amigo, el Poeta Juan Miguel Gónzalez –con su enorme derroche de dadivosidad y esplendidez hacia mí– me escribe para regalarme una nueva obra poética.

Una nueva obra poética que él , sabiendo lo que a mi me gustan las primicias; sabiendo él, lo que a mi me gustan las letras que él confecciona –desde la ilustrada parcela de su maestría – para el grupo Tabletom, tiene la gentileza y la atención de remitirme. Un último poema que tendrá cómo destino –junto a los otros– la inevitable reclusión a cadena perpetua en el próximo trabajo discográfico del grupo Tabletom. Un trabajo éste (el poema) también digo, que me toca muy cercano y familiar; pues reconozco en las letras al amigo guitarrista en su casa haciendo bailar en los trastes, la danza armoniosa y melódica de los dedos, el equilibrio y el orden medido de la escala y  lo imposible del arpegio.

Creo que mi amigo Perico Ramírez, alma mater del grupo Tabletom, también se verá retratado en este trabajo. Si no, juzguen Uds. Mismos.

Cómo siempre…Un placer.

 trio_ramirez_04(Variación sobre una foto original de José M. Cortés)

LEYENDA O FAMA

Mejor un poco de olvido
que mucha y tediosa fama;
leyenda mejor que gloria
rumores antes que palmas.

***
Se sienta a tocar de noche
junto a la abierta ventana,
por si vuelve, con la lluvia,
el niño aquel de su infancia.

***
Velar es su viejo oficio,
esperar que en su guitarra
palpite el dolor del mundo,
susurre el dolor del alma.

***
Mejor que pocos lo sepan;
mejor que no lo distraigan
las falsas voces del día,
la triste luz de la fama.

***

Juan Miguel González
Diciembre 2014

***

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LA PROMESA.

LA PROMESA.

A1

Me la cruzo casi todas las mañanas cuando los dos nos encaminamos a nuestros respectivos trabajos. Y de esas “casi todas”, todas, me fijo en ella. A veces casualmente; a veces de sopetón en el último momento del cruce. También, a veces, después de haberla buscado con la vista. Es casi como un juego matinal de a dos pero donde sólo uno sabe que se juega, porque yo soy el único que se sabe las reglas y tira los dados.

No es difícil encontrarla; la vista, en este caso, está sometida por la memoria. Y la memoria, está a su vez domeñada por el uso; por la costumbre; por el hábito. El hábito. No saben Uds. que a propósito viene esta palabra.

Viste siempre igual. Invariablemente. Unos pantalones muy pegados –casi leggins– un jersey de manga corta y unas zapatillas deportivas, también negras, que le deben de procurar la única comodidad en su camino. En la espalda una mochila para sus efectos personales. Todo negro. La vestimenta, la mirada, y el reguero de melancolía y desconsuelo que va dejando, todo es negro.

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Siempre va andando. Siempre; los cuatro kilómetros que al menos le calculo yo cada día más otros tantos de vuelta. Siempre con el mismo ritmo de marcha, obligada supongo, por la costumbre. Balanceando acompasadamente los brazos cómo para ayudarla a avanzar más cadenciosamente. Desoyendo insensatamente la advertencia sin palabras que le lanza –como a todos– la temperatura cambiante de cada estación del año. Da igual si es una mañana primaveral agradable; da igual que sea otra calurosa de terral en verano. En otoño camina, imperturbable, arrastrando sin querer hojas a su paso; pero en los días de invierno –es en la temporada en que más me fijo en ella– en esas mañanas en que el mercurio casi no se levanta debido al frío, esas mañana, sin cambiar de vestimenta, (las más frías se permite la indulgencia de unos guantes) sigue andando y desandando su camino cómo si la cosa del tiritar no fuese con ella.

Yo –con esta mente tan calenturienta, cómo imaginativa que tengo– observándola cada día, ya le he puesto causa y razón a su forma de vestir y proceder; y si se me apura, hasta la he situado como funcionaria en un edificio oficial que nos pilla de camino. Ella andando aterida de frío; yo –acomodado en mi coche al amparo de una calefacción tan gratuita como injusta– le he buscado trabajo y motivo de actuación.

A3

Viste así, pienso yo, porque es esclava de una promesa. De una de esas promesas que se realizan en un momento de angustia a un Dios tan intangible cómo falsamente misericordioso. Un Dios que –tras el compromiso del pago de lo prometido– accede a la petición desesperada; más que nada, para para distraerse viendo como te las arreglas. Dios mío!!! Si se cura mi hija… Si mi marido sale de ésta… –cosas asi– iré de por vida al trabajo siempre andando, siempre con manga corta, siempre desafiando al tiempo. Siempre agradecida.

Y si por mor de la ciencia o del destino –Dios suele estar muy ocupado para ocuparse de nimiedades– su hija se cura o su marido sale de donde estaba metido, esta mujer, será esclava de por vida de su propia superstición. De su propia maldición. Así que sigue andando con una certidumbre y una fe inquebrantable en una providencia roñosa y cicatera que le exige el pago diario por la gracia concedida. Con una paciencia infinita, camina; con una perseverancia sólo comparable a la resignación más obligada.
Me da frío cuando la veo –cómo hoy– andando rítmica, decididamente. Con la mirada al frente fija en un punto imaginario; refugiada en sus pensamientos. Alimentada por una gratitud equivocada que la mantiene viva, y también, muertecita de frío.

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CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS

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CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS

«Presta atención y te cantaré una canción e intentaré no desafinar
oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos»

Uno de los tributos mas indeseados, y que se ha de pagar por eso del cumplir edades, es el del contemplar como la vida –impune y cruelmente– te va quitando las referencias que en ese trasiego, te han formado como persona.
Más de cuarenta años han pasado desde aquellos días en los que –por el Reino de Conde Ureña– bailábamos feliz, frenéticamente y obligados por la voz ronca y áspera de un borrachín impenitente que se contoneaba en lo alto del escenario tal si fuese un espasmódico zombi: Joe Cocker. Ríanse ustedes de los Walking Dead y demás zarandajas. Danzábamos agitada y disparatadamente porque así nos lo requería y obligaba el ritmo de «Marjorine», o «The Letter»; o de «Delta Lady» o del “Something goin’ on”. Aunque también, para que mentir, nos movíamos lenta y pausadamente –abrazados y siempre pendientes al roce a la moza intransigente y confundida– con el Dylaniano «I Shall be released» y sobre todo con esa versión fastuosa e inimitable de The Beatles (y la guitarra de Jimmy Page) llamado “With a little help from my friends”.

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Con un poco de ayuda de mis amigos. Con la ayuda de la amistad, como la traducíamos por aquella época.
Joe Cocker, no me quiero extender demasiado, pues quiero que sea él quien hable en esta entrada, tuvo también el detalle – ya lo he indicado– de encandilarme haciendo magnificas versiones (era un versionador –ahora se llaman covers– único y excelso) de mis otros ídolos: Bob Dylan. John B. Sebastian, Beatles, Stones, Leonard Cohen, Animals, Nina Simone o Traffic. Inconmensurable la versión de Lovin’ Spoonful “Darling be home soon”.
Si alguien me preguntara que tema escogería como favorito de este inglés, no me iría para aquel en que la Basinger se dejaba puesto sólo el sombrero tras la persiana. Tampoco lanzaría la gorra de oficial al aire delante de la pava; ni siquiera, fíjense Uds. lo que me atrevo a decir, tomaría Berlín después de Manhattan; porque lo que yo, lo que yo verdaderamente escogería, sería toda su producción que va desde el 69 hasta el 72. Y, si ya me obligaran a mojarme, Mad Dogs & Englishmen (1970) y el Cocker Happy (1971) serían los álbumes elegidos.

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Dos veces tuve la oportunidad de verlo en directo: en la Marbella de 1985 y en las playas de Málaga en el 2007. El primero bastante más borracho que en el segundo.
Descansa en paz viejo amigo. Cuarenta años juntos, sí son muy pocos con la ayuda de la amistad.
Este es uno de los últimos conciertos de Joe Cocker; disfrutad al Maestro. Disfrutad al único, al grande, al irrepetible John Robert Cocker; de Sheffield, Reino Unido.

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LISTADO DE CONCIERTOS EN NUEVA YORK. DICIEMBRE 2014

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en Nueva York.
A celebrar en:
Diciembre 2014.

Estos son los conciertos a celebrar en la ciudad de Nueva York en Diciembre del 2014. Una buena lista.

Que qué veria yo… Sin dudarlo ni un segundo a Bob Dylan, a Erasure, a The Temptations & The Four Tops, a Patti Smith o a James Taylor.

Cómo siempre en Verde la fecha, en Negro el artista y en Azul eL lugar

Estos son:

Listado de Conciertos en NYC Diciembre 2014

Disfrutadlos!!

UN MUNDO SIN LUZ

Manuel León Moreno
Un Mundo sin Luz.

MALAGA.
Centro de Arte Contemporáneo. Manuel León
Del 28/11/2014 al 08/02/2015

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El 4 de Marzo del presente (que oficialista suena esto, pardiez!) escribí un articulo en este blog acerca de la inadmisible falta de humor de algunos intolerantes sujetos.
Era este: Se nos Murió el Humor.

Bien, a lo que voy; para ilustrar dicha entrada busqué imágenes en ese supermercado intangible y etéreo que es Google – que muchos, erróneamente, creen que es gratuito y de autorizada disponibilidad– busqué imágenes, ya les digo, que fuesen apropiadas para adornar el texto que acababa de escribir en el que arremetía contra unos meapilas y soplacirios que habían atacado –fíjense que ironía– a un gran amigo, que es además –al contrario del que suscribe– ferviente creyente y respetuosísimo cristiano.

Ahí, en esa tarea de búsqueda conocí, primero la obra, y después (epistolarmente) al autor que ahora voy a referir: a Manuel León Moreno.

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Una obra, la de este sevillano, de la que me quedé absolutamente prendado. Tan prendado, que no dudé en hacer acopio de algunos de sus trabajos, para después, pedir permiso al pintor cómo mandan los cánones y un mínimo de vergüenza y decoro. Así lo hice. Le escribí pidiéndole el beneplácito y el consentimiento. Y me lo dio.

Manuel León, con esa generosidad que dispensan los grandes – puedo asegurarles que los mediocres son los más subidillos y pamplinas– con una enorme esplendidez, no sólo me dio su permiso para usar su obra en dicho artículo, sino que además, me lo agradeció cuando era –cómo Uds. comprenderán– todo lo contrario. Yo era, el que le debía el agradecimiento a él.

Manuel León tiene un estilo absolutamente representativo; específico y característico que me recuerda –sin tener nada que ver– a mi querido amigo el también pintor Andrés Mérida. Y porque? Pues porque ambos, a través de sus iconos (el uno sus nazarenos; el otro sus toreros y flamencas) muestran visiones personales camufladas de las preocupaciones e inquietudes que a todos nos desasosiegan y preocupan.

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Ahora, vaya suerte que tenemos –en Málaga, en el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) y comisariado por Fernando Francés– vamos a tener la oportunidad de poder admirar una exposición de este enorme artista sevillano. Hasta el día 8 de Febrero del 2015, tendremos tiempo para poder llenar nuestras miradas de penitentes enfrascados en tareas distintas a las que se les supone por el cargo. Y les aseguro, que esa visita, merecerá absolutamente la pena. Yo de Uds. no me la perdería.

Yo, desde luego, de ninguna de las maneras.

Aquí tenéis un texto fantástico acerca del pintor:

Texto Manuel León

Disfrutadlo!!

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