IN TABERNA MORI. De Antros, Tabernas, Bares y Cafeterías

CASA LUNA 2(Casa Luna; Calle Granada)

IN TABERNA MORI

“Est Propositum meum in Taberna Mori
Meum Est Propositum In Taberna Mori
Est Propositum meum in Taberna Mori

Estoy absolutamente convencido -porque tengo un cuñado bioquímico, mirusté- que en la cadena de ADN humana en general, y de la malagueña en particular, existe un eslabón agazapado y escondido llamado ATBC que condiciona  nuestra existencia de forma absolutamente conductiva. Ese eslabón nucleótido, el llamado ATBC -lo sé porque mi cuñado Maxi (el bioquímico, mirusté) me lo ha dicho- es un acrónimo de Antros, Tabernas, Bares y Cafeterías. Así. Como suena.

Estoy persuadido también de que esa condición genética, nos provoca el acudir -sin remisión ni poderlo evitar- a habituar diferentes locales en nuestra niñez y juventud que marcarán no tan sólo nuestro destino, sino también -como inopinadamente se podría esperar- nuestro comportamiento vital y ético para el resto de nuestra mala vida.

(Ahora Uds. se dirán y preguntarán…Este está de coña?. Pues no!)

Intrínseca y connaturalmente, cada uno de nosotros -apoyándome en esta absurda teoría que expongo sin rubor ni base científica alguna- es el resultante de los locales, tugurios, cantinas, mesones, tascas, café y cervecerías; fondas, bodegas o figones; de todos los dispensadores de comidas y bebidas que hemos visitado y que configuran y adecentan -dando gloria y esplendor- nuestro íntimo y particular Curriculum Cannallae.

LA CAMPANA (La Campana de Calle Granada)

Vamos allá!

Me llamó, tan innecesaria como amablemente, el Poeta Juan Miguel González para darme las gracias por la publicación, en este blog, de la última remesa de poemas entregadas a éste que os escribe.

Terminamos pronto el apartado de lisonjas y de los aplausos, pues no me gusta demasiado (lo digo con la boca chica) que un enorme talento como él, pierda su valioso tiempo aplaudiéndome algo que para mi no sólo no resulta trabajoso, sino que deviene en un verdadero placer. Al final, me prometió enviarme un precioso poema (que me leyó) que hace referencia al ambiente de los bares y tabernas antiguas de Málaga y que cierra este artículo que es -y lo siento- quejumbroso, lastimero y afligido. Un poco desconsolador.

la cancela(Restaurante La Cancela. Calle Denis Belgrano)

Hablamos diecinueve minutos (el terminal telefónico, es un irreductible chivato) y empleamos parte de ese tiempo en hablar de los bares y bodegas desaparecidas en Málaga -de ahí el tema que nos ocupa- debido a la implacable plaga y profusión de esos establecimientos desnaturalizados y plasticosos que se están haciendo con los centros históricos de las ciudades. Haciendo -las calles principales de las ciudades del mundo mundial- todas iguales e impersonales hasta la confusión. 

Todos esos locales que antaño -y no tan antaño- estaban ocupados por históricas cafeterías, bares, tabernas, restaurantes, mesones… Seamos más beligerantes con el pseudoprogreso “modelno”… Librerías, ópticas, papelerías, horchaterías y whiskerías. Camiserías y sastrerías. Heladerías y cererías. Despachos de pan, colmados, almacenes y confiterías, Tiendas de confección y pasamanerías. Y de menaje, y de decoración y de regalos; por las últimas talabarterías. De  Ultramarinos (la más bella de las palabras) y de Coloniales de los que quedan sólo unos pocos que resisten estóica y heróicamente.

BANCO CENTRAL(Banco Central y La Cosmopolita. Esquina Larios y Liborio García)

Todos esos locales, digo, han desaparecido del mapa y ahora solo están alojados en la memoria consternada y pesarosa de los que más canas peinan y aún tienen, meridianamente bien, la capacidad del recuerdo.  Son nuevos tiempos de Burgerkines y McDonadles. Mangos, Zaras, Springfields y Benettones;  Desiguales, Pull & Bears y C&A… Negocios vestidos de limpio impoluto con la “distinción” del nombre en inglés y el perenne y consabido Ampersan (&) que tanto mola, adorna y agrada a las nuevas generaciones.

CHURRERIA KIOSKO EUGENIO GROSS(Kiosko de churros de Calle Eugenio Gross)

La mayoría de los locales de los centros históricos -a base de subidas desorbitadas e inasumbibles de los arrendamientos- están desterrando los comercios tradicionales de toda la vida de dicho localización, y sustituyéndolos por otros tan modernos como carentes de alma y de solera. Y si ya hablamos de los barrios, “shit yourself little parrot”: Cágate lorito!. En los barrios, los negocios chinos ya se han encargado de aniquilar despiadadamente al pequeño comerciante autóctono.

Pero (¡¡Cómo divago!!) quería ceñirme sólo a los Antros, Tabernas, Bares y Cafeterías que han dejado de existir o que, los pocos que perduran, están maquillados patética y ridículamente por esa aborrecible modernidad de renovación/ innovación que nos acontece y nos domina. Aquí, en esta ciudad, no se conserva ni complementa. Sólo se destruye y sustituye, sin miramiento alguno, a la voz de: Maricón el primero!! Que diría el Poeta González.

CAFE TEATRO(Café Teatro. Calle Afligidos; Hoy Museo Revello de Toro)

Pertenezco a una generación en la que nos distinguíamos -a modo de tribus urbanas- por los locales que habituábamos; aquellos donde se servían o papeo o bebercio; o ambos dos. Aquellos espléndidos locales de jaraneo y guitarreos; de medias tardes y altas madrugadas. De canciones afinadas y magreos a hurtadillas.

BUENA SOMBRA(Mi amigo Rafael O’Donnell -de pie- en la Buena Sombra)

De aquellos establecimientos que nos configuraron y nos hicieron mejores personas, ahora, hemos pasado al castigo y a la condena del decibelio faltón y ensordecedor; a la papa vomitá en la puerta del local ante la atenta y oprobiosa mirada del gorila macarrón y pendenciero -acomplejado sheriff sin placa- de turno.

Ya no hay Bar Pombo ni Casa Bárcenas donde tomarse un submarino. No hay  ya donde almorzar económica y exquisitamente porque ya han cerrado la Cancela o Gambrinus. La Mar Chica o La Balear, pasaron a peor vida. Pinchitos Sami y Judi han corrido la misma mala suerte. La Buena Sombra ya no tiene a Pirri sirviendo cervezas. Bárcenas, otra vez, sólo suena a sinvergüenza y Gambrinus a franquicia sin entrañas. Para más INRI, el Bar Orellana ha muerto entre lamentos inconsolables de las ya improbables Ligeritas, Colombos y Bartolitos. Todas esas tapas, ahora, gimen y se lamentan, a modo de deliciosas  y sabrosas plañideras, pensando… ¡¡¡Ay, si Don Manuel Viviera!!!

Morirán también en la memoria?

ORELLANA(El Bar Orellana en los tiempos de Don Manuel)

Se acabaron los cafés históricos cómo El Español. Y el  Café Madrid, subsiste irremediablemente emparanollado y temeroso entre carruseles de showarmas infectos de triglicéridos y freiduras pestilentes de grasa requemada y fritangas.

Mi querida amiga Auxi Toro, clarinetista, autora teatral y experta en casi todas las disciplinas literarias y escénicas,  me escribió y dedicó una proféticas y cariñosas líneas hablando de un grupo de amigos que nos distinguimos por la música que tocamos y por el júbilo y el entusiasmo que desplegamos, y demostramos, en nuestros momentos de esparcimiento y entretenimiento. Viva la risa!!! Porque la risa -decía Víctor Hugo- es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano.

CASA PEDRO(Restaurante merendero Casa Pedro en El Palo


Estas son las palabras de Auxi Toro:

“Me asombro  profundamente de la capacidad de diversión que tenéis la peña, el fuerte hedonismo que os impregna y de como os sumergís en los ritos dionisíacos, tanto en el mar como en la tierra, tanto en invierno como en verano. Fieles adoradores del Dios Baco -que como sabes es el responsable del origen del ditirambo- y lo bien que escribes y lo simpático y lo “curto” que eres !mi arma!… Todavía me duele el fuerte apretujón o abrazo de oso con el que me despediste. Buena cosa.

In Taberna Mori…como dirían Los Goliardos”

Casa Bárcenas  (Casa Bárcenas en Plaza de Uncibay)

 

Este es el poema que me regala para todos vosotros Juan Miguel González del Pino. Precioso. Verdaderamente precioso y…  conmovedor. A mi me parece bellisimamente conmovedor.

 Juan Miguel por Idígoras(El Poeta visto por Ángel Idígoras)

                                                                                    

                                                                               ” y pedantones al paño

que miran, callan, y piensan

                                                                                que saben, porque no beben

                                                                                el vino de las tabernas…”

                                                                                                             

                                                                                     Antonio Machado

 

AQUELLAS FRATERNALES TABERNAS MACHADIANAS

 

El blanco y las anchoas enteras, de barrica,

el serrín esparcido los días de aguacero,

la tiza de las cuentas que suma y multiplica,

por todo el mostrador, el hábil tabernero.

 

Las mesas de tijera, el tubo fluorescente,

el humo de los Celtas y el Chéster sin boquilla;

la concha de altramuces y el caldillo caliente,

y el jilguero, la radio, Marchena y el Montilla.

 

En la pared del fondo, la foto de Kubala

junto a otra, en color, de La Saeta rubia.

Alguien trajo a la novia en su Montesa Impala

con cara de Ava Gardner mojada por la lluvia.

 

Santísimas tabernas de nuestra adolescencia;

socráticos refugios, escuelas menestrales,

donde pronto aprendimos la poética ciencia

de ser libres y honestos, rebeldes y leales.

 

Aquel vino en los vasos con forma de campana,

aquella bien bebida y fiel fraternidad,

ya son cantadas coplas, leyenda provinciana

de cuando paraíso aún era esta ciudad.

 

                                                                                   Juan Miguel González

                                                                              Málaga. Septiembre de 2013

KUBALA

 

Entonemos el cántico propicio por los locales que se fueron y que ya nunca volverán. In Taberna Mori.

 

NOTA BENE

Gracias a la página de Facebook “Sólo Fotos Antiguas de Málaga”; a Lasa Lasaeta por su cordial y afectuosa bienvenida al sitio. Pero -sobretodo y muy especialmente-  a Toñi Villatoro, un dechado inacabable de generosidad y predisposición, porque sin ella, este artículo estaría huérfano de tan entrañables imágenes. Un beso y mi amistad para ella.

 Gracias también, por su colaboración eficaz y desinteresada a la también página de Facebook “Málaga Ayer y Hoy”. Buena gente.

solymar(Cafetería Solymar en Plaza de la Marina. “Villa Conejitos”)

LOS PREMIOS DE JUAN MARIANO

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LOS PREMIOS DE

JUAN MARIANO.

***

Se llamaba, el desgraciado, Juan Mariano. Y le gustaban al berzotas (hasta el frenesí y la exageración) las palabras que rimaban con alguna grosería.

Los ordinarios e inefables premios. Debiera de ser un reflejo adquirido -a modo de herencia- de una infancia infeliz y desdichada;  rechazado y vilipendiado por todos sus amigos y conocidos. Pues, se daba la circunstancia, que cada vez que -a viva voz- le gritaban llamándole… ! Juanmariaaano!  él, inocentemente, contestaba y terminaba no se sabe cómo, agarrándosela al que le llamaba con las dos manos. Y siendo -como no podía ser de otra manera- el hazmerreír  y el escarnio de toda la chavalería. Y eso marca, que queréis que os diga. Marca muy malamente.

Con ese trauma vergonzante creció Juan Mariano. Y pasó, en edad más adulta, por decisión propia y sin que nadie de sus nuevos amigo lo supiéramos, a llamarse  Juanma.

Todo el mundo daba por supuesto que respondía a un Juan Manuel de difícil rima.

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Pero Juanma creció, sigo contando, con la obsesión de premiar, ininterrumpida y agotadoramente, toda palabra cuyas dos ultimas sílabas se prestasen a ello. A la rima fácil y ordinaria. Era su patético y único modo de bromear. Pero era tan reiterativo y tan recurrente; tan singracia y pesadísimo, que era un infierno que asistiera (siempre se colaba “de extranjis”) a cualquiera de nuestras fiestas o reuniones. Un pelma.

No paraba! Puedo jurarlo, no paraba! Era un premio detrás de otro. Inacabable. Si la palabra terminaba en hinco, inmediatamente corría a hincártela por el culo. Si la palabra terminaba en icha, nadie se libraba de agarrarle la picha. Un ordinario, oiga! Un pesado de los inaguantables (agárrame tól sable!) Me decía, si me atrevía a indicárselo.

Oye, Juanma, coño! Que pesado te pones. Pues agárrame los cojones!!!

Delirante. (Me la trincas por delante!!

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Así que un día decidí darle una lección para dejarlo en ridículo delante de todo el mundo. Tomé el diccionario y con una paciencia infinita, apunté cada una de las palabras que encontraba cuya terminación fuese “ote”. Mas que nada, para ver si después de la retahíla tenia ganas de tricarme el cipote.

Una vez sacada la lista, durante quince días y sus quince noches -y teniendo en cuenta, que yo había opositado para notarías-, me aprendí de memoria la relación de palabras para darle el escarmiento. Y así lo hice.

El día de la suprema venganza, estábamos sentados toda la pandilla en una mesa exterior de la habitual cafetería. Café – Bar Hermanos Pinzón. Agárrame un cojón, advertía él invariablemente a la menor oportunidad.

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Me dirigí a Juanma. Éste, al pronto, se extrañó; pues nadie se atrevía a dirigirle la palabra temiéndose lo inevitable. Einn? Pensó éste para sus adentros.

Juanma! Le dije cordialmente. Agárramela que se me empalma! Me contestó.

Y yo, obviando al insoportable rapsoda, tomando aire, empecé a decirle:

Abajote, abarrote, abetinote, achiote, achote, acocote, agote, ahuizote, ajolote, ajote, alborote, almodrote, amigote, anascote, anchote, anclote, angelote, apasote, arlote, arvejote, ayocote, ayote, azarote, azote, barbarote, barbote, barcote, barrote, bellote, bergamote, bezote, bigote, bingarrote, blancote, bobote, bojote, bonote, borricote, bote, bravote, brisote, brote, brulote, burlote, caballerote, cabezote, cacalote, cachalote, calabrote, calbote, calimote, camalote, camarote, camelote, camisote, camote, candiote, capirote, capote, carenote, cascalote, cascote, caulote, cavacote, cayote, celote, cenote, cepote, cerasiote, cercote, cerote, chafarote, chalote, chamborote, chamelote, chapapote, chapirote, chapopote, chapote, charriote, chayote, chicalote, chichicuilote, chicote, …arf…arf…arf…

Me las había aprendido por orden alfabético para así poderlas recordar…. El me miraba atónito. (O.O)

… chicozapote, chilacayote, chilchote, chilmote, chilote, chiltote, chipote, chipriote, chirote, chirrichote, chorote, chote, cipote, citote, cocote, cogote, colote, cote, coyote, cuajicote, cuajilote, cuajiote, cuanlote, cubilote, culote, derrote, descote, desmote, dote, ejote, elote, epazote, escajocote, escalfarote …  Seguía yo…  sescote, espiote, estefanote, estradiote, estrambote, estribote, estricote, feote, filibote, flote, formalote, frailote, franchote, francote, frangote, frescote, frote, gabote, galeote, galipote, gallote, gañote, garrote, gavinote, gigote, gramalote, grandote, guacalote, guacamote, guajolote, guapote, guillote, guiñote, guisote, gurbiote, hachote, herejote, hidalgote, higuerote, honradote…arf…arf…arf…

Monotematico

El aire me faltaba. Mis ojos inyectados en sangre, luchaban por salirse de sus orbitas. Las sienes me batían la frente a un ritmo apresurado. Juanma absorto, sin palabras.

…hotentote, hugonote, igorrote, islote, izote, jabegote, jarapote, jerricote, jicote, jigote, jilote, jote, lampote, librote, lingote, lìtote, llanote, lote, lugarote, machote, mangote, marquesote, masicote, matalote, mazacote, melote, mitote, mogote, monigote, monocerote, monote, morenote, mote, nejayote…  arf…arf…arf… nepote, niviciote, noblote, noviciote, ocelote, ocote, pagote, pailebote, pajarote, pajote, palote, papalote, paparote, papelote, papillote, papirote, paquebote, pasitrote, pasmarote, pasote, pazote, pegote, pellote, pelote, pericote, pernicote, perote, picarote, picote, pijote, pilote, pincelote, pingorote… arf…arf…arf…

 

Me dolía terriblemente el pecho; y sentía una punzada aguda en el brazo, pero no decaía y seguía adelante a pesar del dolor. Tenía que seguir adelante. Me lo había propuesto. Al idiota se le abría la boca y babeaba.

…pinzote, pipote, pivote, pizote, pochote, popote, pote, principote, pringote, quijote, rebote, rebrote, redingote, ricote, rocote, sacerdote, sapote, segote, sicote, soldadote, sote, tagarote, talayote, talchocote, taparote, tecolote, tejocote, terminote, tigüilote, tripote, trote, vejote, villanote, vilote, vinote, virote, zapote, zonote, zopilote…y…y… zote.  Arf…arf…arf…arf…arf…arf.

Terminé.

Juanma, reaccionando, me miró con cara de desprecio. Subió el labio superior por el lado derecho de la boca. Y alzando la ceja izquierda, desdeñosamente, me contestó un lacónico: Agárrame la polla! Y añadió, riendo desaforadamente:  Pardillo! (por el culo te meto el dedillo)

Mientras, yo, casi desmayado, controlaba la hiperventilación respirando en una bolsa de papel del Opencor y me cagaba en tó zuputamadre.

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…///…

PLAZA DE LOS MÁRTIRES, 17 (Circa 1960)

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Plaza de los mártires, 17

(Circa 1960)

Dedicado a mi amigo de la infancia Pepito Rodríguez Gámez. Por haberme regalado un cálido y evocador viaje de ida y vuelta a mí, cada vez más distante, niñez.  Y a mi hermano Fernando, mi más querida y última referencia de aquellos tiempos.

 “Nos quitaron los percheles,

las tabernas, los tranvías,

las comadres barberías,

el Norit de los carteles.

 

Huérfanos van los pinrreles

de Segarras  y Chaparros,

confinados los cigarros

y sin porrones la sed.

!Ay! Plaza de la Merced,

y tú sin un motocarro.”

(Juan Miguel González, Poeta y Amigo)

 

Recibo, inesperadamente, una solicitud de amistad en mi muro de Facebook. José Rodríguez Gámez, quiere ser tu amigo, dice esta lacónicamente. Como tantas otras veces -y por ignorar quien es el solicitador- mi primer impulso es renunciar a la  propuesta de un completo desconocido. Ignorarlo pues y… ¡Santas Pascuas!

Pero ese sexto sentido que se dice poseemos, me sugiere y al pronto me obliga, a aceptarlo como amigo virtual. No sé porqué, le verdad te digo, pero lo hago. Poco después recibo un mensaje de la esposa de este donde me pregunta si yo soy (aporta datos precisos y concisos) el mismo del que su marido -y esto me resulta muy halagador- guarda un grato recuerdo de cuando éramos amigos y tan sólo unos niños que apenas habían empezado a vivir en aquella Málaga ya muy lejana. Circa 1960.

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Me remite incluso una foto donde aparecemos los dos acompañados de su hermano mayor: Paco. Y otra, donde estamos los dos, en compañía de mi hermano Fernando en la playa.

Tres amigos en la Playa

La simple contemplación de dichas fotos, me trasladan a un tiempo, que ahora, y con la inestimable ayuda de mí hermano Fernando (que me sirve de guía por la remembranza) paso a detallar:

Nací a mediados del siglo pasado. Soy pues de la hornada del 55; del reemplazo 73/4º según el calendario castrense que Alá confunda y maldiga. Dieciséis años después de finalizar la guerra civil española, los tiempos, eran aún duros; pero no tanto como los que llevaron de serie la generación de mis hermanos mayores y, mucho más, la de mis padres. Yo, cogí la cola del huracán Franco y apenas si me dí cuenta en mi niñez.

Sin embargo, esos tiempos de carencias materiales, estaban compensados por unas circunstancias afectivas -aun estaba la familia al completo y unida-  por poder disponer de cosas que hoy desafortunadamente están, o desaparecidas, o tan cambiadas que ya no parecen ser las mismas. Porque no se las reconocen, ni tan siquiera, en eso tan generoso -cuando ella quiere- que es la memoria.

La memoria… caprichosa, impredecible y veleidosa como es, solo destapa lo que a ella le viene en gana. Y cuando le viene en gana. Aunque, sí que es cierto, que a la menor provocación cede y entonces saca de la habitación de los recuerdos dormidos, esos momentos, esas situaciones, fechas y lugares, que conformaron el capítulo de tu vida que pretendes revivir.

Pepito 1

La Málaga de principios de los sesenta, era  -a pesar de su sencillez, y de su menor tamaño como ciudad- mucho más gratificante que esta que ahora vivimos. Una Málaga alejada de esta actual que vive en la descarnada competición del “yo más que tú”. Del “tengo más, pues valgo más”. Craso error. Tremendo e injusto error. Pasear hoy día por aquella Plaza de los Mártires de la niñez de Pepito y Alvarito, resulta un paseo desolador para el recuerdo. Llena de escaparates de tiendas cerradas a cal y canto y con esas esquelas mortuorias grafiteadas en sus cierres de aluminio. Muy muy lejos de esa viveza, de ese bullicio de saludos cordiales y de extraña parentela, que te proporcionaba el ser vecino en aquellos tiempos pasados.

Iglesia Los M+írtirez

Me asomaba yo, en aquellos ya lejanos tiempos, desde mi balcón situado en el primer piso del número 17 de la Plaza; y podía quedarme horas viendo y escuchando las bandadas de miles de vencejos que volaban alrededor de la torre de la Iglesia de los Mártires.  Podía también -si giraba a la izquierda la cabeza-  ver, a la entrada de calle Andrés Pérez y situado en lo más alto del edificio, un cartel publicitario de Norit. Donde el borreguito aseguraba y juraba por tós sus muelas, que era, con diferencia, el mejor para lavar lana, seda, nylon y Tergal. ¡Indudablemente el mejor! insistía el lanudo animalico.

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Si desde ese mismo balcón mirabas hacia abajo, a tus pies, Rosalía desde su puesto de chucherías (justo enfrente de nuestro portal) vendía los chicles Bazooka, los caramelos de menta en barritas liados en papel de celofán y las pipas y los garbanzos en monodosis de cubiletes de parchís. Altramuces y “cotufas” en verano. Pasta Sara y regaliz blando.

Vayámonos para abajo. La calle era un hervidero de humildes negocios que no enriquecían a sus propietarios, pero si les permitían vivir con sencillez y honradez. Dos adjetivos que hoy, desgraciadamente, no abundan. La tienda de marcos y cuadros de casi debajo de nuestra casa, y al lado una señora que vendía huevos cuya hija (la niña de la huevera) tenía, según las habladurías, una relación con el Rey de Marruecos, o cualquier otro príncipe árabe. ¡A saber!

Iglesia de Los Martires

La panadería de nuestro otro amigo Pepito -Juani se llamaba el encargado-  y que era el que nos proporcionaba paso franco hasta el almacén y nos permitía jugar, revolcándonos sobre los sacos de harina, con el consiguiente disgusto de nuestras madres por el emborrizamiento que debíamos pagar como tributo. Pepito, el hijo del dueño de la panadería, se mudó; pues al ser alérgico a este cereal, le resultaba imposible vivir en aquella casa, donde se fabricaban las albardillas, los molletes y los violines más sabrosos que puedo yo recordar. Una quincalla, y una carpintería seguían. Un poco mas allá, una papelería de un señor con un elegante aspecto de inglés y que para complementar su distinguido porte, disponía de una preciosa Harley Davidson blanca a la entrada de su negocio.

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Llegábamos  -todo eso en apenas cien metros- a la esquina con la calle Andrés Pérez. Bar Los Claveles, donde, gracias a mi padre, por primera vez en mi vida, probé aquella ambrosía liquida llamada Coca Cola que me proporcionó el primer orgasmo gustativo de mi vida. Justo enfrente de ese bar, me enseñó mi padre nuestro primer coche un Ford negro con un absoluto look gángsteril, que además, se arrancaba con una manivela. “La Pedorreta” le llamábamos, por el peculiar ruido que hacia. Una cosa al estilo Chitty- Chitty- Bang-Bang, pero bastante más escatológico.

cocacola

La vida que se desarrollaba en aquellos tiempos –aunque pueda parecer lo contrario-no era gris. Era en colores; pero no en esos colores chillones e irreales que proporcionan hoy la televisión, las Wii, las Pleisteishons, o la posesión infinita de objetos inservibles. Todos estos, con fecha de caducidad -para la ilusión- expirada.

Eran aquellos tiempos de jugar a indios y vaqueros en el portal y en las escaleras de Mártires 17. Escondites y “Salvo la valla”; una valla que siempre salvabas con generosidad por tus compañeros -pero no nos engañemos- por ti, el primero. De jugar al “La llevas!” y a los dardos; esos mismos que le costaron el ojo a Carlitos y que le proporcionó, ya para siempre, el mote. No le impidió eso a Carlitos ser feliz. Se le notaba cuando desfilaba orgulloso y guiñotero – para envidia de todos- como corneta de la OJE por la Calle Larios.

FRENTE JUVENTUDES 1009

Adentrándonos en calle Los Mártires -que empezaba justo en nuestra casa y terminaba en Calle Compañía- llegábamos a la Plaza de San Juan de Dios. Allí, nos encontrábamos con la tienda de los Clerie, dedicada a la venta de carteras, cinturones y todo tipo de artículos de cuero. Enfrente, la tienda de ultramarinos de Victoria y Miguel. Una tienda donde se adquirían la mantequilla de Flandes a granel, las legumbres al peso o se dispensaba el aceite de oliva a través de una bomba que, imaginábamos, sacaba esta de un depósito inagotable bajo nuestros pies. En esta tienda se llevaron mis hermanos el susto de su vida al entrar en la trastienda y encontrarse un día de frente, al probo Miguel, amortajado dentro de un ataúd. Tres días sin dormir.

Cristo de los Faroles Malaga

Eran tiempos -ya podéis ver- donde la necesidad de buscarse la vida, obligaba a muchos a tener un medio de subsistencia instalando -casi en cada portal- un negocio que a la postre, les proporcionaba un beneficio vital.

Todos estos negocios, estaban especializados; ya fuera en productos, en elaboración propia o en horarios. Peros todos subsistían sin ese espíritu competitivo y demoledor, descarnado y cruel de los actuales. Ese espíritu que hoy ya se ha perdido, mas que nada, porque aquella forma de comercio tan estimulante y cercana, desgraciadamente, ha  desaparecido a manos de las grandes superficies. Tan enormes como desnaturalizadas e impersonales. Donde ya no eres un cliente amigo, tan solo un número que carece de cualquier rasgo humano. Y eso, como se comprenderá, habiéndose vivido lo que ahora estoy relatando, resulta descorazonador.

ALBUM FAMILIAR_0055

Seguimos…

En la esquina de la Plaza de San Juan de Dios con San Telmo, estaba el  Café-Bar Los Pastores; donde todos los domingos, se compraban los tejeringos ensartados en un junco y que quemando como los propios demonios, trasladábamos a nuestra casa para el desayuno. Siempre jugando los hermanos a ver quien encontraba dentro del churro más bolillas de estaño que el aceite hirviendo derretía de la propia sartén del churrero. Hoy estaría cerrado por sanidad y consumo; aunque Mercadona los sigue vendiendo hoy día congelados, liofilizados y pasteurizados, pero sin el sabor de antaño. Y, como comprenderéis, sin junco para su traslado.

tejeringos

Adentrándonos en la citada San Telmo, pasábamos por la carbonería donde se compraba el cisco y el picón para los braseros que calentaban nuestros inviernos. Aquellos que una vez dispuestos debajo de las mesas de camilla, se les arrojaba a las brasas un puñado de alhucema que perfumaba la casa extraordinariamente. ¿No os habéis dado cuenta de que en aquellos tiempos llovía y hacía más frío en invierno. Que un simple brasero o -más adelante- una estufa catalítica, proporcionaba un calor muchísimo más acogedor y hogareño que cualquier sistema de calefacción moderno?

Pasada la carbonería, el Bar La Valpeñense con sus pinchitos y su perenne olor  a cerveza Victoria derramada sobre la barra de madera; la entrada trasera de la sacristía de la Iglesia de los Mártires donde se celebraban conciertos de villancicos en Navidad, y desde la cual, Don Rafael (el sacristán) nos daba paso a la iglesia donde, con un silencio respetuoso, robábamos cera derretida de las velerías de cada capilla, o -fíjate que guarrería- bebía yo ansiosamente, y a grandes sorbos, agua bendita fresca aupado a los grandes pilones de mármol rosa donde todo el mundo metía las manos para santiguarse.

¡Lo sé! Un asco, pero seguro que tengo el cielo ganado.

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En la esquina de San Telmo, “la chorraera”, una pendiente por donde nos deslizábamos con la expresa prohibición de nuestros padres. Y por fin… La librería Denis. Un maravilloso y mágico mundo de material de papelería. El arco iris de los estuches de lápices de colores Alpino. Un mar de gomas de borrar Milán, el olor de la Tinta para recargar Parker. Plumieres de madera barnizados y carteras de buen cuero para los colegiales de la época. Si tenías suerte, te regalaban unos papeles secantes de la marca Pelikán preciosos.

secante

La plaza de los Mártires por el otro lado, asomaba a la Calle Mosquera; allí, al principio, se encontraba el ultramarinos de Aurelio (nombre inolvidable para los chiquillos, pues contenía las cinco vocales) donde se compraba un jamón de York solo comparable al de la cercana “Confitería La Española”. Mas adentro en Mosquera y camino de su transversal Nosquera otra carbonería proporcionaba el petróleo y las torcías para encender la lumbre, y la cola de pescado para hacer la gelatina. Pasábamos la Imprenta Urania y una tienda de material eléctrico que en Navidad, se iluminaba hasta el infinito mientras podías oír por los altavoces del comercio, el éxito del momento: “Di papá” de José Guardiola y su hija, la cursilísima e inefable Rosa Mary. Una monada de pipiola.

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Al final -y termino con esa calle- había un corralón en cuya esquina un estraperlista vendía sus productos. Allí, y a traves de un ventanuco, fui yo no pocas veces, y aterrado (en aquello tiempos se le tenía miedo al “Sacamantecas” y al “Hombre del saco”)  para comprar un pan cateto macizo, imperecedero y sabrosísimo y una deliciosa longaniza. Tan deliciosa era, que los bocadillos que mi madre preparaba a mi hermano Fernando para el colegio del Sagrado Corazón, eran trocados inmediatamente por otros de jamón serrano que llevaba un pudiente alumno que vivía en el edificio de la Equitativa y cuyo nombre guardo en secreto discretamente. ¿Porque a quien le va a interesar que dicho alumno se llamaba Jose Manuel Mesa Carpintero? Pues eso.

Calle Los M+írtires

Pero sobretodo, había dos momentos, que cada vez que sucedían, eran motivo de juego y jolgorio, entre los niños de toda la calle. Frente a nuestro portal, había un almacén de sanitarios llamado “Sobrinos de Julio Goux” donde, de vez en cuando, llegaban los camiones llenos de lavabos, platos de duchas y bañeras que, una vez descargados y almacenados, dejaban montañas de paja tiradas por el suelo y que nos proporcionaba a los chiquillos del barrio incontables revolcones y peleas. También  -lógico es suponerlo- unos terribles e insufribles picores y las broncas, también insufribles, de nuestras madres. Porque en aquella época, solo las madres regañaban; mientras los padres, displicentemente, ahuecaban el ala.

!!Que guapa mi madre. Si supiese la pobre de la que se está librando!!

ALBUM FAMILIAR_0005 mamá

El otro momento era cuando por Semana Santa, se montaban los tinglaos. Barriles llenos de arena de la playa con altísimos postes hincados en ella y que sostenían los toldos donde se montaban los tronos de las cofradías. Como quiera que mi padre era el Comandante Jefe del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga, y los operarios que montaban los tinglaos, pertenecían a dicho cuerpo, no eran pocas las veces que los bomberos (Benito Reina y los hermanos Silva) a escondidas, me subían a hombros por aquellos armazones para mi delicia y para horror de mi madre si se hubiese enterado.

tinglao

He contado todo esto, por dos motivos diferentes. El primero y principal, por el envite que, sin proponérselo, me ha dado mi amigo de la niñez Pepito Rodríguez Gámez, al que le agradezco dicho empujón y su deferencia hacia mí en el recuerdo. El otro motivo -y no menos principal- es que cuando, hablando con mi hermano Fernando de ese lugar, (donde viví hasta el 22 de Noviembre del año 1963; lo recuerdo, porque el día que me mudé de la Plaza de los Mártires, asesinaron en Dallas a Kennedy) hablando con mi hermano Fernando, decía, me he dado cuenta de que, al apoyarme en sus recuerdos más frescos que los míos, ahora vivo en una ciudad que ya no reconozco como la que fue en tiempos Málaga.

Una ciudad, de las de antes; donde los comercios bullían por todas partes. Donde todo el mundo te conocía por tu nombre. Donde todo el mundo podía aspirar a una mejor situación económica basada en su esfuerzo, en su trabajo. Un mundo y sigo, ajeno a  esta obsesión por contribuir a una supuesta buena salud, que le ha quitado el sabor a la mantequilla Lorenzana, al salchichón García-Agua. Al yogur natural de las lecherías, y al Cola Cao de toda la vida. El del negrito del África tropical..

Plaza Los M+írtirez

Un lugar aquel, donde, el producto de ese trabajo, no iba a parar a las arcas de multinacionales con sede en nosedonde; empresas que lo único que han aportado a esta vida moderna, ha sido un inútil cúmulo de objetos inservibles, que en el caso de los niños, te impiden jugar en la calle a indios y vaqueros, a saltar entre montones de paja, o como hacía mi amigo Pepito, realizar su particular vuelta al mundo en triciclo, cuando él llegaba – según me cuenta- a la Plaza de la Constitución y volvía por la calle Compañía hasta nuestra desaparecida y familiar Plaza de los Mártires de aquella inolvidable niñez.

Pero esos recuerdos, amigo Pepito, como estarás comprobando al leer esto, no estaban olvidados, solo estaban amodorrados entre los pliegues de nuestra memoria. Y me dejo atrás la Mercería Torres y aquellos bares Pombo, Casa Hijo de Matías y La Balear. Me dejo atrás la cervecería La Paloma y la cerería Casa Ojeda: Venta de velas y bujías. Los puestos de alquiler de tebeos de Calle Comedias y la Confitería Aparicio. Me dejo también la elegancia en el vestir.

establecimientos alvarez

Los Establecimientos Álvarez  con su universo de cristal. La zapatería aquella de calle Andrés Pérez con sus ninots donde el aprendiz de zapatero se ria a mandíbula batiente del martillazo que se había arreado su maestro. Goterón de sangre colgante incluido. Me dejo el Convento de Las Catalinas y los panecillos que se repartían el dia de San Martín de Porres antes de subir a casa de Tía Celia para ver una  televisión -esa sí-en blanco y negro.

catalinas

Me dejo atrás el estanco con dispensador de bolitas de caramelos y la relojería de la plaza. Me dejo en el tintero, querido amigo Pepito, muchas cosas que hicieron, si cabe, más feliz nuestra niñez.

Vuelvo a repetir- lo hago constantemente porque me encanta- la frase del Maestro Manuel Alcántara: “No fueron los mejores tiempos; pero sí los más nuestros”.

Un abrazo muy fuerte de tu amigo Alvarito. Sólo me quejo por no haber podido acompañarte a ese Cuarto Mágico de Doña Adelaida, lleno –tal y como me cuentas- de gramófonos y cajas de música, de soldaditos de plomo y muñecas de porcelana; de juguetes de hojalata. !Una verdadera pena!

Aunque de eso, ten la completa seguridad, que de eso, sí que me acordaría. !Ya lo creo que me acordaría!

Málaga. Circa 2012.

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