TÓS CHEFS.

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TÓS CHEFS.

Se me quejaba injustamente hace unos días, un conocido que se gana la vida entre fogones, de la cada vez más notable estulticia de los clientes que acuden a su local para hacerse ellos mismos el favor de comer las maravillosas obras maestras culinarias que él creaba en su cocina. Se lamentaba airado el muy tontopolla –entre continuos aspavientos y protestas– acerca de los falsos conocimientos gastronómicos adquiridos por su estimada clientela gracias a los programas de cocina que tanto proliferan hoy en día en los canales de televisión. Y que esa circunstancia los hacía insufribles e insoportables.

Que sabrán ellos!!!! Volvía a protestar desde ese sitial que nadie le había dado. Todo el mundo opina!!! Tós Chefs!!

Pensarán Uds. –y con una cierta razón– que soy reticente con algunos temas sobre los que escribo en este blog. Lo admito. Uno de ellos es la nueva hornada de cocineros “imprescindibles” que pueblan las cocinas de restaurantes y taperías de nuestra geografía hispana (y Paisos Catalans) en general y de la malagueña en particular.

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No se me enfade mi querida amiga Pinona, pues no van los tiros por los cocineros racionales que se dedican a esto del preparo del condumio desde el prisma de la creación y la dedicación; de la modestia y de la amabilidad. Tampoco se me enfade algún familiar que se dedica a esto de las cazuelas, porque no ataco el trabajo bien hecho y el buen servicio lejos del endiosamiento y la soberbia. Cerca, muy cerca de las mesas y de las pretensiones y apetencias de sus clientes.

Yo, por mi parte, me justifico diciendo que soy un buen aficionado al arte de la elaboración y la invención de platos; lo que se dice un cocinillas. Y lo soy mucho antes de que algunos de los que voy a citar, hubieran empezado a darse cortes en los dedos con el cuchillo cebollero.

También me justifico aseverando que me encantan los programas de cocina de las televisiones –mal que le pese a mi conocido– cómo Top Chef y Máster Chef; o ese en el cual una chica va comiendo bichos y empanadas rellenas de mil masas por todo el mundo.

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Así pues, y aparte de sus aptitudes, debo de reconocer que me gusta mucho lo chinchoso de Alberto Chicote y el simpático roneo (cuando él quiere) de Jordi Cruz con las féminas concursantes. La glotonería –cuando cata los platos elaborados por los aspirantes– de Pepe Rodríguez. Incluso esa familiaridad candorosa e ingenua de Karlos Arguiñano, muy a pesar de sus terribles chistes, me encanta todo eso. También me gusta Enrique Sánchez –hay que ver lo que se parece a mi sobrino Alfonsito– y su cercanía al telespectador en Canal Sur; los manejos de Juan Andrés desde Whashington … Todos me caen estupendamente bien. Por lo que saben y transmiten. Por como lo comunican.

Miren Uds. el mundo de los cocineros y sus cocinas, y sus platos, y sus experiencias –fruto de su esfuerzo y de su trabajo– me parece tan curioso cómo interesante. Tan extraordinariamente rico –en todos los sentidos– cómo llamativo. Súper agradable para la vista. Súper agradecido para el estómago.

Tampoco huyo de las nuevas creaciones y de las innovaciones técnicas, no se vayan a confundir. De los platos con presentaciones atrayentes y estéticas y de un servicio amable y atento. Todo esto, vaya por delante. Y así, con esta conformidad, me mantengo lejos de la discusión y evito mandar a la mierda a mi conocido, porque pienso que el cliente no sólo tiene razón siempre, sino que por ese nimio detalle de que paga –en muchos casos injustificadas cantidades– no sólo tiene el derecho a la opinión, sino la potestad de la queja y la reclamación, porque para eso, los profesionales, tiene un libro obligatorio para ese menester

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Sin embargo, esa lejanía de la discusión y de la disconformidad. De la diatriba y la controversia; de la querella y de la porfía, Oh desdicha! Oh maldito frenesí! se va a tomar por el mismísimo culo cuando leyendo la prensa matutina, durante el tentempié mañanero, voy y me desayuno (es un decir) con esto.

Las últimas creaciones del cocinero malagueño Dani García:

“Yogur de foie con naranja en escabeche y virutas de anguila ahumada, el gazpachuelo de kimchi y el dumpling de ortiguilla con croché de tinta de cefalópodo.”

Cómo te lo digo, Rodrigo.

“C’est à déféquer et ne doivent pas être nettoyés” (para cagarse y no tener con qué limpiarse) que dirían los franceses. O cómo se diga.

Yogur de foie con naranja en escabeche? Pofale! Virutas de anguila ahumada? Pofale también!! Ítem más: Gazpachuelo de kimchi? Psssshh. Pofale pero con una cierta reticencia. Otrosí: Dumpling con croché de tinta de cefalópodo?… !! No!! Por ahí ya no paso!! “Rien de rien” ya que estamos con lo gabacho.

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Miren Uds. (por segunda vez) esto ya me parece rizar el rizo si estamos hablando de creaciones basadas en la gastronomía malagueña… Un gazpachuelo con Kimchi (una col china con sabor picante y salado) en vez de con patatas, gambitas y pescado de la bahía? Ojú! Yogur de foie con naranja en escabeche y unas virutas de anguila ahumada en vez de tirar de cachorreñas con unas tiras de mojama de pintarroja asada directamente sobre el fuego, como se hacían en el Alaska? Ojú! y Ojú! Peeerooo….Un Dumpling (mayormente una empanadilla) con croché de tinta de cefalópodo?

Croché de tinta de cefalópodo he leído? Croché de tinta de cefalópodo he leído sin caerme al suelo? Miren Uds. (otra vez y ya van tres) cuando yo era jovencito, mi madre y mi tía me mandaban –para mi vergüenza y escarnio– a comprar hilo Tridalia Número 5 a la desaparecida Mercería Tomé de calle Santa María para sus labores de croché. Puedo asegurarles que jamás vi que vendieran tinta de cefalópodo. Y por consiguiente tampoco vi ningún pulpo donándola tal y como hacíamos los jóvenes con nuestra sangre “in illo tempore” para sacarnos 500 pesetas, un bocata de jamón y un café doble.

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Croché de tinta de cefalópodo? Para qué? Para colocar los pañitos resultantes sobre los brazos y las cabeceras de los sillones en los comedores? Cómo salvamanteles de botellas en las mesas? Quizás para hacerles toquillitas a los chipirones bebés?

Miren Uds. (por cuarta y última vez) Me parece que se están sobrepasando –los cocineros– con tantísimas tonterías; rozando el disparate. Con tantas deconstrucciones y reinvenciones. Con tantos ininteligibles procedimientos. Así que les aconsejo que tengan cuidadín, porque a pesar del boom de restaurantes y taperías actuales, ya mismo –estoy convencido– puede estallar la burbuja gastronómica y muchos negocios irse a tomar reducciones de viento fresco a la Farola.

Porque además, no se le puede ofrecer al público tantas fantasías morunas y encima no permitirles el consuelo de la crítica y el parecer propio. La apreciación, la valoración y el criterio. Más que nada… más que nada, porque ya estamos hasta los mismísimos “calagüis” de que nos tomen el pelo con los productos, con los precios y con su insultante y suficiente altanería.

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LA MÁLAGA DE LOS BARES PERDIDOS

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Muy raramente suelo insertar en este mi blog, artículos copiados –literal o parcialmente– de otros autores. Así que siempre que publico algo de otro – ya os digo, muy de vez en cuando– lo hago con su consentimiento o tras su propia petición.

Esta vez me voy a dejar llevar por la pasión y por la vehemencia; por la nostalgia más irrefrenable; y voy a asaltar impunemente al Diario La Opinión de Málaga que en la edición de hoy, inserta un reportaje tremendamente melancólico y apesadumbrado por la Málaga que fue y que ya nunca volverá a ser.

Una Málaga –la de los bares perdidos– donde los platos que se servían están hoy, o ridículamente proscritos ( los pajaritos fritos) o caídos en el desuso. Muchas de esas tapas y raciones, están hoy ridículamente “reinventadas” o ” deconstruidas” (dos palabras que me fastidian soberanamente) por chefs de nueva hornada o propietarios que son de esa proliferación cansina de taperías, tan uniformes y coincidentes en sus contenidos, como llenas de ineficaces platos cuadrados de pizarra donde el sopón está vedado por las propias leyes de la física.

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Este es pues el paseo, que por los bares de ayer, nos proporciona –y ahora vais a poder leer íntegramente– Guillermo Jiménez Smerdou.
Lo recomiendo a todos los malagueños que ya han flanqueado el medio siglo de edad; no hace falta que vistan calva o las disfracen de blanco. A mí, que ya supero esa edad, y a algunos de estos esteblecimientos los veo con una cierta lejanía temporal, sinceramente, que queréis que os diga, me ha emocionado verdaderamente.

Este es:

Ruta de la tapa por los bares de ayer

Guillermo Jiménez Smerdou, ex redactor de Radio Nacional de España en Málaga y premio Ondas, hace un repaso a los bares y restaurantes tradicionales del Centro y los barrios hace décadas, la gran mayoría ya desaparecidos

De los bares que poblaban Málaga hace cincuenta años no queda ninguno. El único superviviente era Orellana, que cerró hace poco. Se salva también el restaurante El Chinitas.
Sin circunscribirme al centro de la ciudad, o Centro Histórico como gusta denominarlo ahora, y sin orden ni concierto, y recurriendo a la memoria porque pasé por casi todos en distintas etapas de mi vida, voy a recordar los siguientes. No hay preferencia alguna. Cada uno tenía su personalidad, su clientela, sus especialidades…

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La Alegría, bar y restaurante, tenía una larga barra donde las bebidas más solicitadas eran los vinos de Montilla y Jerez, aparte la cerveza. Tenía la particularidad de ofrecer una larguísima lista de tapas que se iban sirviendo a medida que se consumían las bebidas. Los camareros reclamaban de la cocina ¡una primera!, para la primera copa. Si se repetía, el camarero cantaba ¡una segunda!… y así hasta que los clientes dejaban de trasegar. Eran tapas pequeñas que iban incluidas en el precio de las bebidas. Fue famosa la ensaladilla rusa.

Enfrente estaba La Hostería, con un mostrador diseñado para los jugadores de baloncesto porque el ciudadano medio tenía que sentarse en el taburete para ponerse a la altura del mostrador. ¿Tapas? Muchas. Pero la más apreciada eran los búsanos.

En la otra esquina de La Alegría estaba la Vinícola Cordobesa, con vinos de aquella tierra y bien surtido de tapas. No lejos, ya en la calle Mesón de Vélez, estaba Guerola, con vinos de la Mancha y con calamares fritos de platos estrella. Toda la calle olía a calamares.
Si uno se desplazaba hacia el sur encontraba la oferta de la Cafetería Granada, con personalidad propia. Era cafetería o bar de copas pero preferido para meriendas al aire libre en la calle Antonio Baena. Pero si se le apetecían gambas sobre otras viandas a dos pasos estaba El Boquerón de Plata, con generosas tapas de gambas para acompañar la cerveza. No lejos estaba Casa Antón, con una oferta distinta a la de los establecimientos citados. Ofrecía huevos de codorniz, croquetas, pajaritos fritos…

En el mismo sector, hacia la calle Marín García, uno podía buscar otras ofertas diferentes, como La Valdepeñense…
Más bares desaparecidos
Exceptuando Lo Güeno, que sigue en la brecha, todos los citados han desaparecido. En la calle Larios, en el mismo sector que iniciamos la ruta de la tapa y bares que solo están en la memoria de los que los frecuentamos, nos tropezamos con La Cosmopolita, más cafetería que bar, y enfrente La Chavalita, solo para matrimonios de cierta edad y por los general acomodados. El primer director que el Banco Santander tuvo en Málaga, que como buen bancario tenía ojo para captar potenciales clientes de sólida economía, comentaba que en La Cosmopolita se daban cita gente de todas clases…, pero los que tenían dinero de verdad frecuentaban La Chavalita. Ninguno de los dos existen.

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Como tampoco está el primer Refectorium, sito en la calle Liborio García, donde salvo los albondigones y las perdices servían el jamón y queso –todo de calidad exquisita– en papel de estraza. El nombre no se ha perdido porque la marca fue adquirida después por un nuevo empresario. Antes de instalarse en La Malagueta estuvo en calle Granados.
Strachan

En la calle Strachan se instalaron dos bares–restaurantes que alcanzaron gran prestigio con una clientela numerosísima. Estaba a tope todos los días. Cada uno tenía características propias. Estoy aludiendo a Los Faroles y Los Camarotes, el primero regido por Federico Torres Cuesta, que después se encaminó hacia el camino de la fotografía, cine amateur y vídeos, y el segundo por Eugenio Aichman, de origen alemán y que antes regentó o estuvo en Gambrinus en la calle Denis Belgrano.

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El alemán, aparte de las especialidades de su país como el Mettwurst, Lewerwurst, Bratwurst y otros embutidos de origen germano, ofrecía a su variopinta clientela boqueroncitos victorianos, rape, ensaladilla rusa… Él atendía al público y su esposa se cuidaba de la caja, aquellas mastodónticas cajas registradoras con campanillas que sonaban cuando se accionaba la apertura del cajón en el que se depositaba el dinero. Era un negocio familiar, y al desaparecer la pareja, el establecimiento cerró. Auf wiedersehen (adiós).

Los Faroles no era su competidor sino su complemento, o al revés: los dos se apoyaban mutuamente porque ofrecían tapas y platos diferentes. Gambas, merluza, las indispensables empanadillas, gazpacho que llegó a envasar para su venta en el mismo local, otros mariscos… eran los más populares. Y para completar la oferta, una bolera, la primera que se instaló en Málaga que se sumaba a la oferta de ocio.

FOTO MARISQUERO
A la entrada de Strachan, haciendo esquina con la calle Salinas, estaba El Gallo, primero café a secas, y después rebautizado como Granja El Gallo. Cuando era solo café era el más popular de Málaga con los precios más bajos. Recuerdo que un empresario bastante rácano, de vez en cuando, premiaba a uno de los empleados más fieles con un café de pie en El Gallo. Le decía, «toma, Enriquito, para que te tomes un café de pie en El Gallo». Desprendido que era el gachó.

La ruta de las tapas

Sin salir del Centro se podía seguir la ruta de las tapas, por ejemplo, por el pasaje Marmolejo, donde estaba Las Baleares, cervecería y oferta del marisquero con sus búsanos y conchas finas crudas con limón o calientes con un aliño propio; muy cerca, en la calle Santa Lucía, estaba el Bar Pombo, cervecería decorada con elementos arábigos. Era uno de los lugares donde mejor se tiraba la cerveza. Y a dos pasos, el Bar Campos, famoso por sus pajaritos fritos.
Y no lejos, en la plaza Mitjana, El Rincón, donde la cazoletita de angulas con su salsa picante era el plato estrella.

No había que alejarse mucho porque la oferta seguía en la Cafetería Viena, en la calle Granada, donde el surtido de canapés invitaba a no abandonar el local hasta agotar la gama de la oferta. En la calle Ángel estaba el Bar Regio, con sus típicos soldaditos de Pavía, o bacalao rebozado. Y si uno quería degustar pulpos fritos, a tiro piedra como dicen en los pueblos, en la calle Capitán, se encontraba La Pilarica, con la particularidad de servir los pulpos con vino Málaga.
Pero había más, de los que no queda más que el recuerdo de los que los frecuentábamos. En la plaza de Uncibay, donde sigue Doña Mariquita con sus meriendas, se encontraba La Reja, con un plato muy solicitado porque era el típico del establecimiento: gambas fritas.

Sin abandonar la zona, el Bar Luna con sus biberones –vino de Jerez en botellas de 333 decilitros– el lugar de encuentro de personajes de la vida cultural de Málaga. La puerta de acceso era de cristal esmerilado que impedía ver desde la calle los clientes que saboreaban buen vino y tapas de jamón y queso. También estaba la Cafetería Santander, muy frecuentada por los futbolistas del Málaga.

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Y curiosamente, la tienda de ultramarinos El Aeroplano, en la esquina de Méndez Núñez con Granada, cuando echaba el cierre metálico a las siete de la tarde, dejaba entornada la pequeña puerta de salida para que accedieran unos asiduos amigos del propietario que convertía el mostrador de la barra y servía vino y toda clase de embutidos de los que vendía al público. En un rincón frecuentado por algunos periodistas, dibujantes y pintores. En la Buena Sombra, en la calle Sánchez Pastor, se citaban a diario muchos artistas que acompañaban la cerveza o el vino con guarritos, curiosa denominación de un bollito de pan con carne de cerdo.
Más lejos

En otros puntos de la ciudad existían igualmente bares y restaurantes frecuentados por los residentes en la zona; pero la fama sobrepasó las fronteras o límites de los barrios hasta el punto de incorporarse a la nómina del Centro, como los casos de El Trompi, en la plaza Montaño, que se hizo muy popular con sus gambas al pil–pil que se servían al diez, veinte, treinta y hasta el cien por ciento, que eran las dosis de picante que solicitaban al cliente. Al diez eran las menos picantes y las del cien eran el no va más. En los primeros tiempos había que hacer cola para acceder al pequeño establecimiento donde las ristras de ajos y guindillas decoraban el local.
Para tomar caracoles el lugar recomendado era el bar de la plaza Montes, en el barrio de la Trinidad. Era una taberna más entre las muchas que se repartían por la ciudad. Pero los caracoles con su salsa picante eran únicos. Para secarse las manos después de saborear el rico molusco de la tierra se colocaban en el mostrador rollos de papel higiénico.

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En la calle Monserrat, en el sector de Capuchinos, una calle terriza, con una gran variedad de baches y desniveles, empezó un bar dedicado a mariscos que respondía al nombre de Los Delfines. Pese a la odisea que suponía llegar en coche hasta el lugar elegido por el promotor del establecimiento, durante algunos años fue lugar de cita para consumir y deleitarse con gambas, cigalas, conchas finas, almejas… a precios mucho más bajos que en el resto de los del Centro. El local era frecuentado por personas del Centro de Málaga a través del boca a boca, que es la publicidad más efectiva y directa.

Poco tiempo después cambió de ubicación. Eligió una esquina de la Alameda de Barceló, mejoró la instalación con nuevos refrigeradores, mejor servicio y los mismos precios. Al fallecer el industrial en un accidente automovilístico en una curva del Paseo de Sancha (creo que fue atropellado) el negocio ya no funcionó igual. Creo que se estableció en El Palo.
Y más lejos todavía, en la rotonda Suárez, estaba Los Peroles, con sus discos de flamenco a todo trapo y almejas salteadas como nadie preparaba en Málaga en aquellos años. Siempre había tertulias discutiendo si el Príncipe Gitano cantaba mejor que Manolo Caracol. Pero la máxima figura del cante era, para aquella tertulia, Farina.

Después de este paseo por los bares malagueños algún lector pensará que el autor del reportaje se pasaba el día de taberna en taberna. Nada más lejos de la realidad. Es que sesenta y tantos años de ir de acá para allá frecuentaba los establecimientos citados y otros que recuerdo y no recojo para no cansar a mis posibles lectores. Pero echo de menos los pinchitos de Yudi en La Marina por poner punto final a este paseo gastronómico cultural que tengo en el baúl de los recuerdos de Málaga.

Autor: Guillermo Jiménez Smerdou–
Fuente: Diario La Opinión de Málaga

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IN TABERNA MORI. De Antros, Tabernas, Bares y Cafeterías

CASA LUNA 2(Casa Luna; Calle Granada)

IN TABERNA MORI

“Est Propositum meum in Taberna Mori
Meum Est Propositum In Taberna Mori
Est Propositum meum in Taberna Mori

Estoy absolutamente convencido -porque tengo un cuñado bioquímico, mirusté- que en la cadena de ADN humana en general, y de la malagueña en particular, existe un eslabón agazapado y escondido llamado ATBC que condiciona  nuestra existencia de forma absolutamente conductiva. Ese eslabón nucleótido, el llamado ATBC -lo sé porque mi cuñado Maxi (el bioquímico, mirusté) me lo ha dicho- es un acrónimo de Antros, Tabernas, Bares y Cafeterías. Así. Como suena.

Estoy persuadido también de que esa condición genética, nos provoca el acudir -sin remisión ni poderlo evitar- a habituar diferentes locales en nuestra niñez y juventud que marcarán no tan sólo nuestro destino, sino también -como inopinadamente se podría esperar- nuestro comportamiento vital y ético para el resto de nuestra mala vida.

(Ahora Uds. se dirán y preguntarán…Este está de coña?. Pues no!)

Intrínseca y connaturalmente, cada uno de nosotros -apoyándome en esta absurda teoría que expongo sin rubor ni base científica alguna- es el resultante de los locales, tugurios, cantinas, mesones, tascas, café y cervecerías; fondas, bodegas o figones; de todos los dispensadores de comidas y bebidas que hemos visitado y que configuran y adecentan -dando gloria y esplendor- nuestro íntimo y particular Curriculum Cannallae.

LA CAMPANA (La Campana de Calle Granada)

Vamos allá!

Me llamó, tan innecesaria como amablemente, el Poeta Juan Miguel González para darme las gracias por la publicación, en este blog, de la última remesa de poemas entregadas a éste que os escribe.

Terminamos pronto el apartado de lisonjas y de los aplausos, pues no me gusta demasiado (lo digo con la boca chica) que un enorme talento como él, pierda su valioso tiempo aplaudiéndome algo que para mi no sólo no resulta trabajoso, sino que deviene en un verdadero placer. Al final, me prometió enviarme un precioso poema (que me leyó) que hace referencia al ambiente de los bares y tabernas antiguas de Málaga y que cierra este artículo que es -y lo siento- quejumbroso, lastimero y afligido. Un poco desconsolador.

la cancela(Restaurante La Cancela. Calle Denis Belgrano)

Hablamos diecinueve minutos (el terminal telefónico, es un irreductible chivato) y empleamos parte de ese tiempo en hablar de los bares y bodegas desaparecidas en Málaga -de ahí el tema que nos ocupa- debido a la implacable plaga y profusión de esos establecimientos desnaturalizados y plasticosos que se están haciendo con los centros históricos de las ciudades. Haciendo -las calles principales de las ciudades del mundo mundial- todas iguales e impersonales hasta la confusión. 

Todos esos locales que antaño -y no tan antaño- estaban ocupados por históricas cafeterías, bares, tabernas, restaurantes, mesones… Seamos más beligerantes con el pseudoprogreso “modelno”… Librerías, ópticas, papelerías, horchaterías y whiskerías. Camiserías y sastrerías. Heladerías y cererías. Despachos de pan, colmados, almacenes y confiterías, Tiendas de confección y pasamanerías. Y de menaje, y de decoración y de regalos; por las últimas talabarterías. De  Ultramarinos (la más bella de las palabras) y de Coloniales de los que quedan sólo unos pocos que resisten estóica y heróicamente.

BANCO CENTRAL(Banco Central y La Cosmopolita. Esquina Larios y Liborio García)

Todos esos locales, digo, han desaparecido del mapa y ahora solo están alojados en la memoria consternada y pesarosa de los que más canas peinan y aún tienen, meridianamente bien, la capacidad del recuerdo.  Son nuevos tiempos de Burgerkines y McDonadles. Mangos, Zaras, Springfields y Benettones;  Desiguales, Pull & Bears y C&A… Negocios vestidos de limpio impoluto con la “distinción” del nombre en inglés y el perenne y consabido Ampersan (&) que tanto mola, adorna y agrada a las nuevas generaciones.

CHURRERIA KIOSKO EUGENIO GROSS(Kiosko de churros de Calle Eugenio Gross)

La mayoría de los locales de los centros históricos -a base de subidas desorbitadas e inasumbibles de los arrendamientos- están desterrando los comercios tradicionales de toda la vida de dicho localización, y sustituyéndolos por otros tan modernos como carentes de alma y de solera. Y si ya hablamos de los barrios, “shit yourself little parrot”: Cágate lorito!. En los barrios, los negocios chinos ya se han encargado de aniquilar despiadadamente al pequeño comerciante autóctono.

Pero (¡¡Cómo divago!!) quería ceñirme sólo a los Antros, Tabernas, Bares y Cafeterías que han dejado de existir o que, los pocos que perduran, están maquillados patética y ridículamente por esa aborrecible modernidad de renovación/ innovación que nos acontece y nos domina. Aquí, en esta ciudad, no se conserva ni complementa. Sólo se destruye y sustituye, sin miramiento alguno, a la voz de: Maricón el primero!! Que diría el Poeta González.

CAFE TEATRO(Café Teatro. Calle Afligidos; Hoy Museo Revello de Toro)

Pertenezco a una generación en la que nos distinguíamos -a modo de tribus urbanas- por los locales que habituábamos; aquellos donde se servían o papeo o bebercio; o ambos dos. Aquellos espléndidos locales de jaraneo y guitarreos; de medias tardes y altas madrugadas. De canciones afinadas y magreos a hurtadillas.

BUENA SOMBRA(Mi amigo Rafael O’Donnell -de pie- en la Buena Sombra)

De aquellos establecimientos que nos configuraron y nos hicieron mejores personas, ahora, hemos pasado al castigo y a la condena del decibelio faltón y ensordecedor; a la papa vomitá en la puerta del local ante la atenta y oprobiosa mirada del gorila macarrón y pendenciero -acomplejado sheriff sin placa- de turno.

Ya no hay Bar Pombo ni Casa Bárcenas donde tomarse un submarino. No hay  ya donde almorzar económica y exquisitamente porque ya han cerrado la Cancela o Gambrinus. La Mar Chica o La Balear, pasaron a peor vida. Pinchitos Sami y Judi han corrido la misma mala suerte. La Buena Sombra ya no tiene a Pirri sirviendo cervezas. Bárcenas, otra vez, sólo suena a sinvergüenza y Gambrinus a franquicia sin entrañas. Para más INRI, el Bar Orellana ha muerto entre lamentos inconsolables de las ya improbables Ligeritas, Colombos y Bartolitos. Todas esas tapas, ahora, gimen y se lamentan, a modo de deliciosas  y sabrosas plañideras, pensando… ¡¡¡Ay, si Don Manuel Viviera!!!

Morirán también en la memoria?

ORELLANA(El Bar Orellana en los tiempos de Don Manuel)

Se acabaron los cafés históricos cómo El Español. Y el  Café Madrid, subsiste irremediablemente emparanollado y temeroso entre carruseles de showarmas infectos de triglicéridos y freiduras pestilentes de grasa requemada y fritangas.

Mi querida amiga Auxi Toro, clarinetista, autora teatral y experta en casi todas las disciplinas literarias y escénicas,  me escribió y dedicó una proféticas y cariñosas líneas hablando de un grupo de amigos que nos distinguimos por la música que tocamos y por el júbilo y el entusiasmo que desplegamos, y demostramos, en nuestros momentos de esparcimiento y entretenimiento. Viva la risa!!! Porque la risa -decía Víctor Hugo- es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano.

CASA PEDRO(Restaurante merendero Casa Pedro en El Palo


Estas son las palabras de Auxi Toro:

“Me asombro  profundamente de la capacidad de diversión que tenéis la peña, el fuerte hedonismo que os impregna y de como os sumergís en los ritos dionisíacos, tanto en el mar como en la tierra, tanto en invierno como en verano. Fieles adoradores del Dios Baco -que como sabes es el responsable del origen del ditirambo- y lo bien que escribes y lo simpático y lo “curto” que eres !mi arma!… Todavía me duele el fuerte apretujón o abrazo de oso con el que me despediste. Buena cosa.

In Taberna Mori…como dirían Los Goliardos”

Casa Bárcenas  (Casa Bárcenas en Plaza de Uncibay)

 

Este es el poema que me regala para todos vosotros Juan Miguel González del Pino. Precioso. Verdaderamente precioso y…  conmovedor. A mi me parece bellisimamente conmovedor.

 Juan Miguel por Idígoras(El Poeta visto por Ángel Idígoras)

                                                                                    

                                                                               ” y pedantones al paño

que miran, callan, y piensan

                                                                                que saben, porque no beben

                                                                                el vino de las tabernas…”

                                                                                                             

                                                                                     Antonio Machado

 

AQUELLAS FRATERNALES TABERNAS MACHADIANAS

 

El blanco y las anchoas enteras, de barrica,

el serrín esparcido los días de aguacero,

la tiza de las cuentas que suma y multiplica,

por todo el mostrador, el hábil tabernero.

 

Las mesas de tijera, el tubo fluorescente,

el humo de los Celtas y el Chéster sin boquilla;

la concha de altramuces y el caldillo caliente,

y el jilguero, la radio, Marchena y el Montilla.

 

En la pared del fondo, la foto de Kubala

junto a otra, en color, de La Saeta rubia.

Alguien trajo a la novia en su Montesa Impala

con cara de Ava Gardner mojada por la lluvia.

 

Santísimas tabernas de nuestra adolescencia;

socráticos refugios, escuelas menestrales,

donde pronto aprendimos la poética ciencia

de ser libres y honestos, rebeldes y leales.

 

Aquel vino en los vasos con forma de campana,

aquella bien bebida y fiel fraternidad,

ya son cantadas coplas, leyenda provinciana

de cuando paraíso aún era esta ciudad.

 

                                                                                   Juan Miguel González

                                                                              Málaga. Septiembre de 2013

KUBALA

 

Entonemos el cántico propicio por los locales que se fueron y que ya nunca volverán. In Taberna Mori.

 

NOTA BENE

Gracias a la página de Facebook “Sólo Fotos Antiguas de Málaga”; a Lasa Lasaeta por su cordial y afectuosa bienvenida al sitio. Pero -sobretodo y muy especialmente-  a Toñi Villatoro, un dechado inacabable de generosidad y predisposición, porque sin ella, este artículo estaría huérfano de tan entrañables imágenes. Un beso y mi amistad para ella.

 Gracias también, por su colaboración eficaz y desinteresada a la también página de Facebook “Málaga Ayer y Hoy”. Buena gente.

solymar(Cafetería Solymar en Plaza de la Marina. “Villa Conejitos”)

UNA ESCAPADA BOLOÑESA (III)

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 UNA ESCAPADA BOLOÑESA (III)

 

PROEMIO III


Ubi est mea anaticula cumminosa? Volo anaticulam cumminosam meam!

        Dónde está mi patito de goma? Quiero mi patito de goma!

Al contrario de lo que se pudiera o pudiese  pensar -que es un pretérito imperfecto de los de toda la vida- los días pasados en Bolonia habían sido absolutamente diferentes y únicos a pesar de lo semejante. No obstante, al último día previsto de estancia -que siempre se presenta triste y apocado de ánimo- le habíamos barruntado una dada de vuelta, un giro, para convertirlo no ya en el del regreso a la rutina desmoralizante y desesperanzadora, sino en una luminosa jornada más de vacaciones y divertimento. Y así lo hicimos, por Cástor y Pólux. Así, lo hicimos por Bendis. Así lo hicimos.

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DIA DEL SEÑOR OCHO  DEL MES DE SEPTIEMBRE DEL AÑO TRECE

 Tristetate et lacrimis gravis est dolor
de terraeque maribus magnus est clamor

Tristeza y lágrimas, grande es su dolor,
de la tierra y los mares, grande es el clamor
O Cáritas. Cat Stevens

 

A Uds. les parecerán, les decía, estos capítulos diarios, la repetida escena del inefable Bill Murray en la película “El Día de la Marmota” pero no es así. En absoluto que no es así; porque a pesar de que las jornadas empezaran de igual manera: ducha rápida, acoso, desayuno en el Bellavista y toma de medicamentos pertinentes y necesarios, todos fueron tan distintos cómo divertidos. Aún así, ese día, por ser el último, requería de nuevos procedimientos operativos.

El Principal: rehacer el parco equipaje que habíamos trasladado -y apenas usado- y meterlo en el coche para -una vez instalado éste-  trasladarnos a la casa de los golfos apandadores con las intención de tomar -sin casi necesidad de asedio- esa plaza y hacerla nuestra al menos durante nueve horas.

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Así lo hicimos. Nos acercamos a la casa y, como acostumbradamente sucedía,  Shati leía profusa y relajadamente; Girilín con Placi se solazaban paseando por las inmediaciones de las pozas. Las lobas, habían iniciado el acostumbrado paseo hasta la duna.  Así que Father y Santa, no dudaron en unirse en la distancia -había salido como media hora antes- al grupo de mamíferas carnívoras duneras.

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Es día último. Ya lo sabíamos. Es día de alejar de la mente cualquier sentimiento de tristeza y pesar por lo inevitable de la partida; lo sabíamos. Pero eso no quitaba el deber inexcusable de las despedidas. De los adioses. Debíamos despedirnos de la arena fina pero firme de la playa. De Trajano -amigo fiel que nos saludaba desde el templo de Baelo Claudia- porque siempre está ahí para lo que haga falta. De las rocas junto a la duna que cobija y asila a centenares de cangrejos en sus recovecos. Despedirnos de ese otro mar de color verde que conforma el pinar.  De los restos abandonados al rebalaje de la patera que oculta, como avergonzada y pesarosa, una verdadera historia de dolor, y esperanza; de amargura e incertidumbre.  Nos despedimos, por fin, del dorado del cielo cuando el sol se va siguiendo su camino.

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Es hora de los últimos baños revitalizantes y reparadores. De las postreras cervezas en la playa. De gastar los últimos cartuchos de risas incontenibles y desenfrenadas. Todo eso se va haciendo. Poco a poco. Resignadamente.

Pero que no decaiga el ánimo más de los necesario. Porque aun resta medio día. Y no es de oficio el desaprovechar el puñado escaso de horas que nos queda en la queja y el lamento.

No queríamos los Gorgonzola irnos de Cádiz, faltaría más, sin habernos comido unas ortiguitas. Tampoco sin habernos jalado un plato de choco frito. Así que decidimos que almorzaríamos en el Restaurante  El Tucán. Paseo de El Lentiscal s/n. y apaciguar el antojo.

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Unos amabilísimos camareros, nos sirvieron rauda y eficazmente. Pepiss do Placi, estaba dispuesta a comerse -a la filibustera manera, es decir con los dedos empringados-  algún pez de la familia de los espáridos; es ella muy de espáridos. Así que, cuando el camarero nos enseño un enorme sargo (Diplodus sargus sargus) de casi tres kilos, no dudamos en pedirlo. Eso sí, con su chimichurri y guarnición de patatas fritas.

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Llegó el bicho y desapareció en un momento. Labios y yo dimos cuenta, a la postre y como postre, de una exquisita tarta de galleta, natillas, chocolate y nata. He dicho que adoro a Labios? He dicho que cuando el sol se pone, éste le otorga envidioso y forzado, un rojo inigualable a su pelo?

La hora se acercaba irremediable e indefectiblemente. Ya era imposible el quitar de nuestra mente la inevitable circunstancia de la arrancada. Mientras tanto, la partida de cabrones que componían nuestro grupo, estaban más que relajados -y en cierto modo aliviados- porque sabían que a ellos todavía les quedaban por aquellos territorios, dos días y medio más que a nosotros; con el descanso y el consuelo añadido de nuestra ausencia.

No obstante, media hora de siesta y -no pudimos evitarlo- otra vez para la playa. Baño, tumbada al sol y por fin …lo irreparable…la partida. El adiós definitivo.

playa de bolonia (Cádiz)

Besos y abrazos. Caricias mimos y achuchones. Agasajos, cucamonas y carantoñas. Que se van los Gorgonzola!!!! Madre!!!! Que se van los Gorgonzola!!!! Cantan las mozas del lugar contritas y apenadas.

No quiero terminar este relato, sin agradecer como siempre a mis amigos su cariño y hospitalidad. Su cobijo y amparo en el asilo. Su siempre generosidad en el envite y en el invite. Así que voy a terminar esto con dos regalos:

El primero: Un documento en pdf para que el viajero que se desplace a Tarifa, a su pedanía de Bolonia y alrededores, tenga una lista puntual de lugares donde comer  comida tradicional de la zona; indicando nombre, email en muchos casos, direcciones y teléfonos . Un documento muy útil.

Comer en Tarifa y Bolonia

El segundo: Ante la avalancha de peticiones de enseñar los famosos escarpines de Girilín, inserto -con el beneplácito del mismo- una foto donde se aprecia al Hierbas en las pozas luciendo sus famosos escarpines “Fursia Putón” que tantos éxitos sexuales le ha proporcionado. Ya sabéis!!! El culo va de propina.

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El tercero: Una realización audiovisual de mi amigo Fernando Cumpián (líder y front-man del grupo Sólo un Momento) donde nos regala -en una continua y ágil presentación- una nómina, un catálogo descriptivo por medio de imágenes, de la historia del grupo. Un inventario vital donde no sólo los músicos y artistas que componen el elenco tienen cabida, sino que tambien -como convidados de piedra- amigos y familiares complementan este nomenclátor de hermandad y camaradería.

Yo, particularmente, me siento enormemente orgulloso y dichoso de estar presente en este trabajo. No tengo que, sino sentirme, un poco integrante acogido y prohijado de “Sólo un Momento”.

Finalmente solo quiero que quede claro que espero ilusionadamente repetir periplo a donde sea, siempre que sea con esta gente. Muy ilusionadamente, espero repetir periplo, siempre que sea con estos amigos. Se me perdone la reiteración.

Se terminó de escribir esta crónica el viernes día del señor trece del mes de septiembre del año trece

 

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