LA MÁLAGA DE LOS BARES PERDIDOS

solymar

Muy raramente suelo insertar en este mi blog, artículos copiados –literal o parcialmente– de otros autores. Así que siempre que publico algo de otro – ya os digo, muy de vez en cuando– lo hago con su consentimiento o tras su propia petición.

Esta vez me voy a dejar llevar por la pasión y por la vehemencia; por la nostalgia más irrefrenable; y voy a asaltar impunemente al Diario La Opinión de Málaga que en la edición de hoy, inserta un reportaje tremendamente melancólico y apesadumbrado por la Málaga que fue y que ya nunca volverá a ser.

Una Málaga –la de los bares perdidos– donde los platos que se servían están hoy, o ridículamente proscritos ( los pajaritos fritos) o caídos en el desuso. Muchas de esas tapas y raciones, están hoy ridículamente «reinventadas» o » deconstruidas» (dos palabras que me fastidian soberanamente) por chefs de nueva hornada o propietarios que son de esa proliferación cansina de taperías, tan uniformes y coincidentes en sus contenidos, como llenas de ineficaces platos cuadrados de pizarra donde el sopón está vedado por las propias leyes de la física.

Barcenas
Este es pues el paseo, que por los bares de ayer, nos proporciona –y ahora vais a poder leer íntegramente– Guillermo Jiménez Smerdou.
Lo recomiendo a todos los malagueños que ya han flanqueado el medio siglo de edad; no hace falta que vistan calva o las disfracen de blanco. A mí, que ya supero esa edad, y a algunos de estos esteblecimientos los veo con una cierta lejanía temporal, sinceramente, que queréis que os diga, me ha emocionado verdaderamente.

Este es:

Ruta de la tapa por los bares de ayer

Guillermo Jiménez Smerdou, ex redactor de Radio Nacional de España en Málaga y premio Ondas, hace un repaso a los bares y restaurantes tradicionales del Centro y los barrios hace décadas, la gran mayoría ya desaparecidos

De los bares que poblaban Málaga hace cincuenta años no queda ninguno. El único superviviente era Orellana, que cerró hace poco. Se salva también el restaurante El Chinitas.
Sin circunscribirme al centro de la ciudad, o Centro Histórico como gusta denominarlo ahora, y sin orden ni concierto, y recurriendo a la memoria porque pasé por casi todos en distintas etapas de mi vida, voy a recordar los siguientes. No hay preferencia alguna. Cada uno tenía su personalidad, su clientela, sus especialidades…

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La Alegría, bar y restaurante, tenía una larga barra donde las bebidas más solicitadas eran los vinos de Montilla y Jerez, aparte la cerveza. Tenía la particularidad de ofrecer una larguísima lista de tapas que se iban sirviendo a medida que se consumían las bebidas. Los camareros reclamaban de la cocina ¡una primera!, para la primera copa. Si se repetía, el camarero cantaba ¡una segunda!… y así hasta que los clientes dejaban de trasegar. Eran tapas pequeñas que iban incluidas en el precio de las bebidas. Fue famosa la ensaladilla rusa.

Enfrente estaba La Hostería, con un mostrador diseñado para los jugadores de baloncesto porque el ciudadano medio tenía que sentarse en el taburete para ponerse a la altura del mostrador. ¿Tapas? Muchas. Pero la más apreciada eran los búsanos.

En la otra esquina de La Alegría estaba la Vinícola Cordobesa, con vinos de aquella tierra y bien surtido de tapas. No lejos, ya en la calle Mesón de Vélez, estaba Guerola, con vinos de la Mancha y con calamares fritos de platos estrella. Toda la calle olía a calamares.
Si uno se desplazaba hacia el sur encontraba la oferta de la Cafetería Granada, con personalidad propia. Era cafetería o bar de copas pero preferido para meriendas al aire libre en la calle Antonio Baena. Pero si se le apetecían gambas sobre otras viandas a dos pasos estaba El Boquerón de Plata, con generosas tapas de gambas para acompañar la cerveza. No lejos estaba Casa Antón, con una oferta distinta a la de los establecimientos citados. Ofrecía huevos de codorniz, croquetas, pajaritos fritos…

En el mismo sector, hacia la calle Marín García, uno podía buscar otras ofertas diferentes, como La Valdepeñense…
Más bares desaparecidos
Exceptuando Lo Güeno, que sigue en la brecha, todos los citados han desaparecido. En la calle Larios, en el mismo sector que iniciamos la ruta de la tapa y bares que solo están en la memoria de los que los frecuentamos, nos tropezamos con La Cosmopolita, más cafetería que bar, y enfrente La Chavalita, solo para matrimonios de cierta edad y por los general acomodados. El primer director que el Banco Santander tuvo en Málaga, que como buen bancario tenía ojo para captar potenciales clientes de sólida economía, comentaba que en La Cosmopolita se daban cita gente de todas clases…, pero los que tenían dinero de verdad frecuentaban La Chavalita. Ninguno de los dos existen.

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Como tampoco está el primer Refectorium, sito en la calle Liborio García, donde salvo los albondigones y las perdices servían el jamón y queso –todo de calidad exquisita– en papel de estraza. El nombre no se ha perdido porque la marca fue adquirida después por un nuevo empresario. Antes de instalarse en La Malagueta estuvo en calle Granados.
Strachan

En la calle Strachan se instalaron dos bares–restaurantes que alcanzaron gran prestigio con una clientela numerosísima. Estaba a tope todos los días. Cada uno tenía características propias. Estoy aludiendo a Los Faroles y Los Camarotes, el primero regido por Federico Torres Cuesta, que después se encaminó hacia el camino de la fotografía, cine amateur y vídeos, y el segundo por Eugenio Aichman, de origen alemán y que antes regentó o estuvo en Gambrinus en la calle Denis Belgrano.

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El alemán, aparte de las especialidades de su país como el Mettwurst, Lewerwurst, Bratwurst y otros embutidos de origen germano, ofrecía a su variopinta clientela boqueroncitos victorianos, rape, ensaladilla rusa… Él atendía al público y su esposa se cuidaba de la caja, aquellas mastodónticas cajas registradoras con campanillas que sonaban cuando se accionaba la apertura del cajón en el que se depositaba el dinero. Era un negocio familiar, y al desaparecer la pareja, el establecimiento cerró. Auf wiedersehen (adiós).

Los Faroles no era su competidor sino su complemento, o al revés: los dos se apoyaban mutuamente porque ofrecían tapas y platos diferentes. Gambas, merluza, las indispensables empanadillas, gazpacho que llegó a envasar para su venta en el mismo local, otros mariscos… eran los más populares. Y para completar la oferta, una bolera, la primera que se instaló en Málaga que se sumaba a la oferta de ocio.

FOTO MARISQUERO
A la entrada de Strachan, haciendo esquina con la calle Salinas, estaba El Gallo, primero café a secas, y después rebautizado como Granja El Gallo. Cuando era solo café era el más popular de Málaga con los precios más bajos. Recuerdo que un empresario bastante rácano, de vez en cuando, premiaba a uno de los empleados más fieles con un café de pie en El Gallo. Le decía, «toma, Enriquito, para que te tomes un café de pie en El Gallo». Desprendido que era el gachó.

La ruta de las tapas

Sin salir del Centro se podía seguir la ruta de las tapas, por ejemplo, por el pasaje Marmolejo, donde estaba Las Baleares, cervecería y oferta del marisquero con sus búsanos y conchas finas crudas con limón o calientes con un aliño propio; muy cerca, en la calle Santa Lucía, estaba el Bar Pombo, cervecería decorada con elementos arábigos. Era uno de los lugares donde mejor se tiraba la cerveza. Y a dos pasos, el Bar Campos, famoso por sus pajaritos fritos.
Y no lejos, en la plaza Mitjana, El Rincón, donde la cazoletita de angulas con su salsa picante era el plato estrella.

No había que alejarse mucho porque la oferta seguía en la Cafetería Viena, en la calle Granada, donde el surtido de canapés invitaba a no abandonar el local hasta agotar la gama de la oferta. En la calle Ángel estaba el Bar Regio, con sus típicos soldaditos de Pavía, o bacalao rebozado. Y si uno quería degustar pulpos fritos, a tiro piedra como dicen en los pueblos, en la calle Capitán, se encontraba La Pilarica, con la particularidad de servir los pulpos con vino Málaga.
Pero había más, de los que no queda más que el recuerdo de los que los frecuentábamos. En la plaza de Uncibay, donde sigue Doña Mariquita con sus meriendas, se encontraba La Reja, con un plato muy solicitado porque era el típico del establecimiento: gambas fritas.

Sin abandonar la zona, el Bar Luna con sus biberones –vino de Jerez en botellas de 333 decilitros– el lugar de encuentro de personajes de la vida cultural de Málaga. La puerta de acceso era de cristal esmerilado que impedía ver desde la calle los clientes que saboreaban buen vino y tapas de jamón y queso. También estaba la Cafetería Santander, muy frecuentada por los futbolistas del Málaga.

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Y curiosamente, la tienda de ultramarinos El Aeroplano, en la esquina de Méndez Núñez con Granada, cuando echaba el cierre metálico a las siete de la tarde, dejaba entornada la pequeña puerta de salida para que accedieran unos asiduos amigos del propietario que convertía el mostrador de la barra y servía vino y toda clase de embutidos de los que vendía al público. En un rincón frecuentado por algunos periodistas, dibujantes y pintores. En la Buena Sombra, en la calle Sánchez Pastor, se citaban a diario muchos artistas que acompañaban la cerveza o el vino con guarritos, curiosa denominación de un bollito de pan con carne de cerdo.
Más lejos

En otros puntos de la ciudad existían igualmente bares y restaurantes frecuentados por los residentes en la zona; pero la fama sobrepasó las fronteras o límites de los barrios hasta el punto de incorporarse a la nómina del Centro, como los casos de El Trompi, en la plaza Montaño, que se hizo muy popular con sus gambas al pil–pil que se servían al diez, veinte, treinta y hasta el cien por ciento, que eran las dosis de picante que solicitaban al cliente. Al diez eran las menos picantes y las del cien eran el no va más. En los primeros tiempos había que hacer cola para acceder al pequeño establecimiento donde las ristras de ajos y guindillas decoraban el local.
Para tomar caracoles el lugar recomendado era el bar de la plaza Montes, en el barrio de la Trinidad. Era una taberna más entre las muchas que se repartían por la ciudad. Pero los caracoles con su salsa picante eran únicos. Para secarse las manos después de saborear el rico molusco de la tierra se colocaban en el mostrador rollos de papel higiénico.

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En la calle Monserrat, en el sector de Capuchinos, una calle terriza, con una gran variedad de baches y desniveles, empezó un bar dedicado a mariscos que respondía al nombre de Los Delfines. Pese a la odisea que suponía llegar en coche hasta el lugar elegido por el promotor del establecimiento, durante algunos años fue lugar de cita para consumir y deleitarse con gambas, cigalas, conchas finas, almejas… a precios mucho más bajos que en el resto de los del Centro. El local era frecuentado por personas del Centro de Málaga a través del boca a boca, que es la publicidad más efectiva y directa.

Poco tiempo después cambió de ubicación. Eligió una esquina de la Alameda de Barceló, mejoró la instalación con nuevos refrigeradores, mejor servicio y los mismos precios. Al fallecer el industrial en un accidente automovilístico en una curva del Paseo de Sancha (creo que fue atropellado) el negocio ya no funcionó igual. Creo que se estableció en El Palo.
Y más lejos todavía, en la rotonda Suárez, estaba Los Peroles, con sus discos de flamenco a todo trapo y almejas salteadas como nadie preparaba en Málaga en aquellos años. Siempre había tertulias discutiendo si el Príncipe Gitano cantaba mejor que Manolo Caracol. Pero la máxima figura del cante era, para aquella tertulia, Farina.

Después de este paseo por los bares malagueños algún lector pensará que el autor del reportaje se pasaba el día de taberna en taberna. Nada más lejos de la realidad. Es que sesenta y tantos años de ir de acá para allá frecuentaba los establecimientos citados y otros que recuerdo y no recojo para no cansar a mis posibles lectores. Pero echo de menos los pinchitos de Yudi en La Marina por poner punto final a este paseo gastronómico cultural que tengo en el baúl de los recuerdos de Málaga.

Autor: Guillermo Jiménez Smerdou–
Fuente: Diario La Opinión de Málaga

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EL MIÉRCOLES SANTO DE ALISTER O’DONNELL.

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EL MIÉRCOLES SANTO DE

ALISTER O’DONNELL.

SAETA

Las tórtolas que en tu manto
tortoleando estarán,
en un balcón de Verona
la alborada anunciarán
ay, a los enamorados
que por amor morirán.

Hoy, a tu paso, Señora,
¿quién, triste, recordará
a quienes ya ni recuerdan
que olvidaron recordar?

Juan Miguel González
Marzo, 2014

NAZARENO EN REPOSO

«NAZARENO EN REPOSO »

(Obra realizada expresamente para este post por Jose Luis Zambrano)

A MODO DE PROEMIO, PREFACIO E INTRODUCCIÓN!

EL POTAJE

Era lo que Antonio Garrido Moraga definiría como un nazareno gordo.
Le gustaba comer, vamos.
Su mujer había preparado potaje de vigilia. Con sus garbanzos y su bacalao.
«Tomaré poquito que esta tarde salimos».
Era jefe de procesión.
Alcohol, ni probarlo. Coca Cola.
«Mira Mariano que eso te provoca gases».
Estaba de escándalo, repitió.
«¡Que sed, ¡El bacalao!, ¡Más Coca Cola!».
Café y cigarrito. Nunca fumaba, su cuñado le ofreció un «Bisonte»
¡Ni años que no veía esa marca!

Se fue para la iglesia. Notó «ardores”. El ajetreo, el protocolo, la hora…. El ardor se hizo retortijón. Aguantó. Subió a pedir la venia. Al pisar el último escalón, una presión incontrolable bajó del píloro al recto en un segundo. El rubor transparentó el capirote.
Los ojos como brótola. El estruendo se oyó hasta en Gibralfaro. Algo caliente recorrió su pierna hasta el negro calcetín.
Despertó en el Civil.

Cortesía de mi amigo Lasa Lasaeta®

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“Y cuando la Señora iba siendo paseada por las atiborradas calles de Málaga,
una Tórtola vino a posarse delicadamente en su mano.
Y en ella permaneció, acompañándola,
durante todo el desfile procesional.
Desde aquel momento, la Virgen de los Sinsabores,
pasó a llamarse –por expreso deseo popular–
La Virgen de La Tórtola”.

(A.S)

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LA VÍRGEN DE LA TÓRTOLA

Decir que las prisas, y los nervios contenidos, desbordaban a todos los hermanos en la Casa Hermandad, es decirlo de una manera simple y concisa. Muy corta y exiguamente. Pues era el día grande; Miércoles Santo en el que los Tronos de La Hermandad de la Tórtola, cuya denominación oficial es Real, Bastante Ilustre, Tirando para Venerable y Tela de Antigua, Hermandad y Cofradía de Penitentes de Nuestro Padre Jesús de la Fuente del Perdón y María Santísima de la Tórtola, salían de su sede en La Plaza de San Frasquito para ser procesionados en loor de multitudes por las calles de Málaga. Datecuén!

El Hermano Mayor, Don Josué Calcetín Roto y su más desinteresado colaborador en el trajín diario, el “Jefe de Protocólogo” Don Albariño T. Comes L’Okealla, iban de un sitio para otro tratando de solucionar esos pequeños detalles que suelen escaparse con las prisas y que, sin poderlo evitar, pueden si no estropear, sí deslucir el cortejo que había sido preparado, tan ardua como afanosamente durante todo el año, por todos los hermanos cofrades de la muy querida cofradía de La Tórtola y Nuestro Padre de La Fuente del Perdón.

Todos estos hermanos de la cofradía, colaboraban con su trabajo, con su esfuerzo, y con su dedicación plena de amor hacia sus sagrados titulares, ya te digo, para que todo saliera con el mayor esplendor y la más absoluta de las perfecciones. María Santísima, sin embargo, lloraba afligida y desconsolada; pues a su hijo le quedaban, literalmente, tres telediarios. Lo que yo te diga, Maguila!

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«OJOS VERDES»

(Obra cedida para este post por Andrés Mérida)

DOS DÍAS ANTES.

El Lunes Santo, en casa de los Vicente, Manolo, el orondo penitente, junto a Encarni, su diligente esposa, la vivaracha y exuberante adolescente Manoli, y la adorable abuela Paquita, esperaban para salir hacia el aeropuerto para recibir al joven Alister O’Donnell; un estudiante –de prominente y encumbrada familia liberal irlandesa– que con beca Erasmus, llegaba desde Dublín para perfeccionar el idioma castellano y lo que cayera o cayese. Pretérito imperfecto del subjuntivo que era al fin y al cabo.

Llegaron todos al Aeropuerto de Málaga, justo cuando el rubicundo y pelirrojo mozalbete irlandés salía satisfecho -por la zona de llegadas- cargado de mochila y una botella de Whisky Jameson de edad avanzada para el agradecido Manolo; capitoste del clan familiar que era. Fue recibido con alborozo y júbilo por toda la familia Vicente. No sabía el joven lo que les molaba a estos el tener a un guiri alojado en pleno Barrio del Perchal; pues les daba lustre y prestigio entre los vecinos. Un especial e inusual toque de distinción.

El Guiri

«EL GUIRI»

(Obra realizada expresamente para este post por Andrés Mérida)

Alister era alto y espigado. Estilizado, enjuto y cuasi quebradizo de canijo. Pálido cómo un vampiro transilvánico y cubierto todo el cuerpo por miles, millones de pecas. El pelo, ya lo hemos indicado antes, de un intenso color panocha tirando para colorao refulgente.

–Muerde el niño la cara que tiene! – Dijo la inefable abuela Paquita al verlo
– Parése que l’an pegáo un tiro mierda mal tiráo! El Líster; tiene cara comunista!.

El niño Alister estaba ilusionadísimo porque estaba en España. Y estaba en España porque iba a poder ir a la playa en el mes de Abril!!! Porque era Semana Santa!!! Porque iba a poder comer pescáito frito, Pero sobretodo, era feliz, por las dos enormes razones que esgrimía la concupiscente Encarni bajo las camisetas, que dándose cuenta de las miradas de agonía que el pelirrojo le dirigía, se procuraba las más escotadas y ajustadas para marcar pezón del quince, ombliguillo sugerente al aire y un culo respingón tremendamente caído hacia arriba que desafiaba las elementales leyes de la física.

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«MONUMENTO EN LA CONCHA»

(Obra cedida para este post por Paco Aguilar)

Así que esa mañana, nada mas deshacer el equipaje, y para parecer más atractivo a ojos de la lasciva y voluptuosa Encarni, Alister, decide irse a la playa para tomar el sol y coger color. Color moreno, claro está.

Y va entonces y pregunta a Manolo…

–Monolo! You quiero ir a la playa!
– No niño, questás tu mú blanco, cohoness! Ein?
–Monolo! You quiero ir a la playa!
– Joer. Bueno, pos si tú quieres ir, pos vale! Medáiguá! Ein? Mira niño, yo te voy a acompañar hasta la mitad del camino, porque tengo que ir a la cofradía a hacer un mandaíllo, ein? Vámonos y yo te indico después cómo llegar a la playa, ein?
– Mocho bien, Monolo!

Manolo y él salieron Alameda Principal hacia abajo.

–Mira niñato! Te voy a invitar a una cosita antes de irme, ein? ya verás tú que no has probado nunca nada más rico en tu vida. Ein?!

Entraron en la Bodega Casa Guardia.

–Ponnos dos Pajaretes, Antonio!! Y unos mehillones!!
Se lo echaron al coleto.
–Otros dos, Antonio! Y unas gambitas cosías y unos tsunamis de esos coloraos!!!

Igualmente. Al coleto. De un trago. Dos más. Al coleto.

–Mira, Líster, yo ya me voy, ein? Tu vete tó tieso p’alante y cuando llegues a la fuente aquella que ves al final del parque, pregúntale a cualquiera por el Lavashosho, ein? Esa es la playa. Er Lavashosho, ein?
–Grraciasss Monolo.

Copia de alvaro malaga

» GUIRI EN LA MALAGUETA»

(Obra realizada expresamente para este post por David Padilla)

Y para allá que se fue el pequeño petirrojo con un leve mareíllo y una modorra asaz considerable. Al llegar al final del Paseo del Parque, le preguntó a una chica monísima que andaba por allí:

–Perdona Usted Señorrita: Selavarshosho, ein?

Una sonora y tremenda bofetada lo puso –girándolo media vuelta– en la dirección correcta. Llegó a la playa junto al Merendero de Antonio Martín, se tendió –mas blanco que la nieve– en la toalla, y gracias a la ingesta de Pajaretes, se quedó profundamente dormido –durante cuatro horas al menos– a pleno sol. El Martirio de San Lorenzo se quedó en agua de borrajas. Ríanse de los asados argentinos.

 

MIÉRCOLES SANTO.

La multitud acudía en tropel para la salida de La Tortóla, como era conocida por el público llano, la cofradía de la Virgen de los Ojos Reverdes.

Allí estaban las sagas familiares más ilustres e históricas de la Hermandad: Los Bolero, los Escarchas, los Navarricos; los Primorosos, los Hernández Castigos, los Calcetínes, y por fin –y para no cansar– la Vocal de Calidad: Doña Reyes Nás D’Antxoa que había logrado exitosamente certificar para la cofradía la ISO 9001: 2008; cuyo alcance se aplicaba a la consecución de obras caritativas entre los menesterosos de la zona del Molinillo y parte de la Calle Parra. Calle llamada así, según tengo entendido, por unos distinguidos miembros de esta afamada cofradía. Emérito Hermano Mayor él y Camarera virginal ella.

Se abren las puertas del templo… Sale el Estandarte seguido del Libro de Estatutos de la Cofradía. Gran número de Mazas y Bocinas, 101 Dalmáticas, y un larguísimo reguero de penitentes…La gente, atentísima al primer Trono, pues parece ser que se había corrido el bulo entre la Málaga cofrade de que –a causa de la crisis económica– Nuestro Padre Jesús de la Fuente del Perdón iba a ser acompañado este año, en vez de por el Sayón Berruguita, por El Cobrador del Frac. Una manifiesta, falsa y malintencionada mentira difundida, suponemos -aunque no podemos asegurarlo- por no se sabe cual cofradía de desleal competencia.

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«LA PUENTE»

(Obra cedida para este post por Jose Manuel Pastor)

Siguen saliendo del templo… Las Autoridades locales e invitadas, los Acólitos Ceriferarios (encargados de los ciriales) los Acólitos Turiferarios (encargados del incienso) y los Acólitos Anónimos (encargados del botijo del aguardiente para los hombres de Trono). Estos, los Acólitos Anónimos, eran siempre los últimos en llegar al encierro. Si llegaban; porque no todos los años conseguían encontrar su templo. Por último, los “arzacables” con las cañas para quitar impedimentos.

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«SIN TITULO»

(Obra cedida para este post por Rafael González Alvarado)

Se pliegan los enormes candelabros, coronados con tulipas que llevan los tronos en las esquinas, para pasar la estrechez de la calle.¡¡¡Los Abortantes!!! Dice un ilustre maharón malagueño una moza extranjera de buen ver. Y detrás de la imagen de La Tortóla, la banda de música dirigida por el inefable y siempre eficaz Maestro Don Perfecto Artope interpretando la Malagueña Virgen de la Tórtola.

Logran, para verla llegar, sitio privilegiado en la Tribuna de los Pobres Manolo Vicente, la escotada y apretada Manoli, Doña Encarni y la madre de ésta la Abuela Paquita. Todos acompañaban a un tórrido, achicharrado y rojísimo Alister que apenas puede moverse del terrible dolor que le infligen las ampollas producidas por el sol en el pecho, en la cara y en la parte anterior de las piernas. La nariz es un enorme pimiento choricero cuasi calcinado y el rictus de dolor es visible y evidente. Camina tiesísimo como una mojama, pues incluso el doblar los brazos y las rodillas, le hace sufrir intensísimamente. Podría decirse que estaba hecho un Cristo. El del Mayor Dolor, para ser exactos.

– Ande ver el Líster como s’a quemao!!! Con tó la cara un tiro mierda mal tiráo! Dice la Paquita.

Tórtola…guapa!!…guapa!!…guapa!!…
Tórtola…guapa!!…guapa!!…guapa!!…
Tórtola…guapa!!…guapa!!…guapa!!…

Viva la madre que te parió! Guapa!!!

Gritaba el gentío incontenible por la emoción. Henchido por la glorificación del momento.

El irlandés, se quedaba boquiabierto con las eufóricas manifestaciones y expresiones del pueblo y trataba de memorizarlas. Pues sentía, que debía de ser partícipe de esa costumbre tan andaluza como es la de jalear y elogiar a la Virgen.

Tórtola…guapa!!…guapa!!…guapa!!…
Tórtola …guapa!!…guapa!!…guapa!!…
Tórtola…guapa!!…guapa!!…guapa!!…

Viva la madre que te parió! Guapa!!!

Seguía gritando el gentío con delirio y frenesí. Entre el entusiasmo y la exaltación más irreprimible.

Llega por fin el trono de la Virgen a la Tribuna de los Pobres; y entonces, el asalmonetado pelirrojo dublinés – queriendo congraciarse con el pueblo devoto– se levanta a duras penas entre la muchedumbre; y tremendamente dolorido, grita a todo volumen y con una voz estridente y estentórea:

¡¡¡Toortóoola… Guárpar!!!… Guárpar!!!… Guárpar!!!…
¡¡¡A ti te parió una madre!!! Guárpar!!!…

Tórtola

«TRIBUNA DE LOS POBRES»

(Obra realizada expresamente para este post por Luis Ruiz Padrón)

La gente se queda callada; petrificada sin saber si pegarle una paliza o matarlo directamente a pellizcos; y entonces, la abuela Paquita indignada, terriblemente irritada, se vuelve hacia el guiri, y le dice: –Y a ti te parío una gamba, So comunista!!! Con tó la cara que parese que t’an pegáo un tiro mierda mal tiráo!!! Añadió, y le pegó un certero y contundente bolsazo en la cabeza que lo dejó completamente atontolinao.

Y mientras tanto, en la Plaza de Tabletom, Rockberto, al loro de todo, entre brumas y oscuridades, vigilando la plaza desde su quietud obligada, derramaba –sin poder contener la risa– lágrimas de bronce y de rocío; y gritaba al cielo suplicando piedad y clemencia: Somoh moooroh! Somoh mah bien mooooroh. Y no paraba de reír. No paraba de reír; cómo te lo digo, Rodrigo.

 

POST SCRIPTUM (1)…

La “Virgen de la tórtola”, le ha puesto,
burlesco, nuestro amigo Souvirón,
y más que irreverencia, en el denuesto
infiero una velada devoción.

¿Blasfemar?. Otra forma de oración.
Piadoso es el humor cuando es honrado,
y en toda verdadera transgresión
nostalgia siempre habrá de lo sagrado.

La “Virgen de la Tórtola”. Qué hermoso
mote le has puesto a la de la Paloma.
De paradojas carga lo jocoso
a veces el Diablo de la broma.

Juan Miguel González
Marzo 2014

POST SCRIPTUM (2)…

1. Está escrito este relato, desde el más absoluto respeto. Además, quiero mostrar mi más absoluta consideración a las instituciones cofrades y en especial a las imágenes que portan.

2. Todos los personajes son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia…!!Digo yo!!

3. EL Nihil Obstat, el Imprimi Potest y el Imprimatur, concedidos todos por la Autoridad Eclesiástica Malagueña sobre este texto, han sido gestionados por la experta abogada malagueña y cofrade Pesebre Calcetín Testero.

4. Quiero agradecer expresamente, y que sepan disculparme, el uso del apelllido ODonnell; pues entre todas las opciones posibles de apellidos irlandeses, es a ese , por razones de amistad, al que más cariño tengo.

5. Este relato es solo la recreación humorística de un chascarrillo que me contaba, siempre entre risas, un cuñado mío, que ocupaba de una manera importantísima mi vida.

6. También quiero agradecer enormemente a los artistas que, de forma desinteresada, han colaborado con su obra en este artículo. Estos son por orden alfabético:

Andrés Mérida
• Andrés Torres (Lasa Lasaeta)
• David Padilla
• José Luis Zambrano
• José Manuel Pastor
• Juan Miguel González
• Luis Ruiz Padrón
• Paco Aguilar
• Rafael G. Alvarado

Un millón de sinceros agradecimientos a estos artistas que, con su generosa aportación, demuestran que poseen – por encima de todos los demás sentidos- el más beneficioso, útil y necesario para vivir razonablemente feliz: el del humor.

Álvaro Souvirón
Abril 2014

 

GUIRI QUEMAO

«TONTOPOLLA»

(Obra Anónima)

 

EL ÚLTIMO VUELO

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EL ÚLTIMO VUELO.

Se encontró con el Destino de sopetón al doblar una esquina. Tropezó con él y le pidió disculpas por su torpeza. El Destino, que no estaba acostumbrado a recibir muestras de amabilidad y cortesía, en agradecimiento, le concedió un deseo. Sólo uno.

Piénsalo bien –le dijo- a veces las mejores intenciones vienen cargadas con la imprevisión y lo inesperado!

Pensó en riquezas interminables. También en poder y en pujanza. Pero al final se decantó por algo que siempre le había rondado la cabeza y que, al fin y al cabo, le proporcionaría todo lo que él había considerado en ese primer momento.

Siempre había pensado en el desperdicio, en el enorme despilfarro que resultaba el que – cuando moría alguien conocido – todo lo atesorado en el cerebro y en el corazón del fallecido, se perdiera para siempre. Todos los estudios y conocimientos adquiridos; todas las vivencias y todas sus experiencias vitales. Todo lo que había acumulado por el discernimiento, la erudición, y la sabiduría que proporcionaba la edad cumplida y vivida. Así que, un mucho vehemente, y un muy poco reflexionado, pidió al Destino el heredar el contenido de esos dos órganos de cualquiera de los amigos que el dispusiese y seleccionase. De forma tan imperecedera como irreversible. De esa manera, en cierta forma, sus amigos seguirían viviendo en él. Y él viviría por ellos.

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Le fue concedido el deseo y el Destino se marchó aunque con la cara un poco rara; absorto y reflexivo, no teniendo para nada claro – todo hay que decirlo – si lo que le había concedido era bueno o era malo.

La vida continuaba. Y como la vida existe porque tiene la meta volante de la muerte, algunos amigos, familiares y conocidos se marchaban definitivamente, y de distintas maneras, para el mismo sitio. Por accidentes, por enfermedades. Por azares y malas suertes. Por fecha de caducidad o por la inapelable prescripción facultativa del citado Destino.

 Porque ya se sabe, la vida, cómo la injusticia, es ciega y torticera. Puta e inoportuna  cuando le viene en gana.

Al cabo de unos años se sentía seguro de si mismo y poderoso. Hablaba con fluidez nueve idiomas y se defendía en otros tantos: tenía la experiencia adquirida de mil viajes emprendidos y de mil amores consumados; tenía mil sueños cumplidos y apenas deseos anhelados. Tenía un millón de anécdotas y otro tanto de misterios a punto de resolver.

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Al cabo de unos años más, estaba rodeados de nuevos amigos que, gracias a sus nuevas capacidades, se habían subido al tren de su existencia; todo el mundo se divertía con su genialidad, con su conversación fluida y ocurrente, con la nueva figura y el estado físico que tenía, pues, entre otros muchas más cosas, había adquirido la disposición para el ejercicio físico de unos, la predisposición para la música, y la pintura de otros. Cocinaba de maravilla y detentaba un sentido del humor tan fascinante como fino y corrosivo. Era solicitado para todos los actos culturales y festivos de la ciudad;  y así, pasaron – otra vez – algunos años más. Siempre acompañado de su fiel compañera. El amor de su vida.

LAST-TALE

De pronto, o eso le pareció a él, le empezaron a asaltar achaque y temores; sobresaltos y desasosiegos, pues los sentimientos que albergaba en la parte oscura de su cada vez más grande corazón y de su cada vez más atiborrado cerebro, empezaron a mostrarse, sin pudor alguno, una vez que estaban acomodados en su nuevo cuerpo.

La envidia de todos no le dejaba vivir. La pereza de todos le impedía ponerse en marcha; la usura, también de todos, le impedía gastar los que sus cualidades le proporcionaban. Empezó a vestirse mal debido a la dejadez; se hizo intransigente, intolerable y exigente; se volvió egoísta y resentido, porque una vez abierta la Caja de Pandora de los sentimientos ajenos, estos, se instalaron para no marcharse ya jamás. Era receloso y resentido; suspicaz y desconfiado. Brutal, despiadado e inhumano; cada vez con más asiduidad. Con mayor inquina.

Cada amigo que moría; cada conocido que emprendía el viaje sin vuelta, le legaba tantos sentimientos y conocimientos, buenos y malos, que empezaba a volverse loco. La insania de la percepción infinita que no le dejaba vivir medianamente en paz.

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Un día, su mujer – ya sabéis, el amor de su vida – falleció súbitamente. Destrozado, la lloraba inconsoladamente cada día; y la reclamó para sí. Un día, al levantarse, se  estremeció y se encontró un sentimiento nuevo en su corazón. Empezó, extraña e incomprensiblemente, a sentirse atraído, a notar como se sentía enamorado con locura, de su mejor amigo. Con un amor tan apasionado, sensual y entregado que ni tan siquiera él lo había sentido hacia su amadísima esposa. ¿Cómo me puede suceder esto? Se preguntó. Y de pronto, cayó en la cuenta de que lo que estaba experimentando era el sentimiento de amor secreto -frenético y enloquecido- que ella sentía  hacia el amigo común. Y él sabía que eran sentimientos compartidos.

Preso de los celos, lo mató. Pensando que haciéndolo – y adquiriendo otro nuevo sentimiento aportado por éste – ella volvería a amarle con un deseo y una entrega que el jamás hubiese imaginado que existiera.

Pero no le dio tiempo; no pudo soportar los celos y los remordimientos.

La terrible amargura que le intervino, le duró apenas siete segundos; el tiempo que le llevó el llegar al suelo – en un último vuelo – desde lo más alto del edificio de La Equitativa.

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* Todas las ilustraciones que aparecen en esta entrada son de Jason Cantoro. Gracias a Taz Looney por haberme mostrado el camino hacia este artista.

LA BATALLA PERDIDA.

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LA BATALLA PERDIDA

 La escogí sin que lo sospechara. Aunque pienso que en su fuero interno siempre supo que, entre todas, ella  y nadie más que ella, era la elegida; que siempre había sido, mi más secreta debilidad. Desde siempre; desde los años primeros de mi vida consciente y adulta.

 Desde que su pelo –de un  color amarillo azafranado por el Sol– se metiera por la puerta secreta del deseo y del apetito más carnal e irrefrenable. Por esa insoportable frescura que irradiaba, por esa lozanía  tan insultante cómo lujuriosa e imperecedera; por esa compañía que, sin saberlo, me dispensaba cada noche en la que estaba hambriento de ella y me saciaba breve y exiguamente.

Primero, la seduje con el tacto y con la caricia disimulada y la arranqué cuidadosamente del grupo para llevarla conmigo al sitio más cómodo y confortable de la estancia; y en la íntima soledad del apartado, la acerque a  mi cara para, aspirando ese olor fuerte  y sensual -cómo de azahar- que desprendía, sin quererlo, dejarme llevar al éxtasis rendido por sus encantos. La lleve a mis labios y dejé, con un beso, que su frescura me traspasara y me preparara para lo que había de venir.

 La despojé de las vestiduras justas y convenientes; poco a poco, con un cierto trabajo, pues al principio no se dejaba. Al final –no sé si porque soy un pesado impenitente o porque mi insistencia no tiene rival– se dejó ir y me permitió, no sin sentirse falsamente ofendida, que entrase en su universo fresco, suave y terso. Limpio e intacto por ahora.

 La abrí lentamente con la suave presión de mis dedos índice y anular (debía de dejar el corazón para el trabajo más arduo, cansado y placentero) y penetré en la húmeda cueva que me daba acceso al recinto del gusto, del sabor y del deleite.

 La separé en dos gajos y penetrando en su hendidura, noté como mi dedo se mojaba hasta arrugarse y volverse blanco; y me llegaba ese olor que te abre el apetito más irreprimible y anhelado. Intolerable. Irresistible. Mi dedo estaba aprisionado; capturado dentro de ella. Se resistía; se resistía hasta que por fin, en una fina lluvia de líquido dulce y dorado, se rindió. Se deshizo y se derramó sobre mi mano rompiendo a llorar en una mezcla de sensaciones de gozo, placer y de batalla perdida. Y eso,  la batalla perdida, me llevó a la convicción de que ya, por siempre, sería mía. Y que habitaría dentro de mí.

 Entonces, comencé a devorarla poquito a poco a base de cuidadosos, deliciosos y exquisitos mordisquitos.

 Así fue como gané la apuesta a toda mi familia, que estaba sentada en la mesa junto a mí, de que era capaz de pelar y comerme un mandarina con una solo mano en menos de dos minutos.Todos me aplaudieron a rabiar, y yo me sentí, ya te digo, orgulloso de mi habilidad, de mi capacidad y de mi inocencia.

 ¿A que si?

LOS POTORROS DE LA GWYNETH Y DE LA CAMERON

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LOS POTORROS DE

 LA GWYNETH Y DE LA CAMERON

                                                   ¡¡¡Que bello era mi vello!!!!
                                          (How Beautiful Was My Haired Pubis)

Leo, enormemente aliviado y animado en la prensa, que mis admiradas Gwyneth  Paltrow y Cameron Díaz, han vuelto a sus principios adolescentes porque, sensata y razonablemente, han decidido dejarse la media melena en el chichi; y porque –si así lo desearan– se lo pueden peinar a lo garçon que es peinado muy cómodo y llevadero. Además de calentito en invierno.

 No veas tú lo tranquilo que me he quedado. Una barbaridad.

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Ahora, parece ser, que muchas actrices de Hollywood vuelven a soltarse el flequillo entrepernilero y ponen de nuevo a la moda su piloso Wilfredo. Bienvenido pues, de nuevo, a La República Independiente de mi Coño.

 Aunque puestos a meditar el caso en profundidad, a mi, me parece muy requetebién; porque el cruel depilado puesto de moda desde hace algunos años (y me refiero a la barbaridad del método láser definitivo) sólo podría traer –con el paso del tiempo– mucho más inconvenientes que beneficios. Fueraparte depresiones mil. De hecho, parece ser que ya hay un buen número de chicas (y no tan chicas) que habiéndose realizado dicha operación de estética hace algunos años, observan incrédulas y apesadumbradas, cómo inexorablemente, el aspecto de su brevita fresca está pasando a parecerse a un higo chungo. Con g de colgajo.

 Lo llevo intuyendo desde hace ya muchos años, verdad es. Estupefacto y atónito, estaba observando desde hace tiempo el derrumbe pilífero. Nada más que había que ver la proliferación de clínicas ofertando el despioje. Y meditaba yo, que la pérfida moda de la definitiva depilación láser potorrera no era cosa aconsejable. Que ésta mala fiebre que se sufre hoy día -consistente en depilarse de manera implacable cualquier incauto vello que brotara- no podía traer nada bueno! Para nada! Lo que yo te diga!

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En el día de hoy, cautivo y desarmado el pelucamen, éste ha sucumbido por  la imparable  moda del trasquile entre los mozos y las mozas de los treinta para abajo. Todos los rincones corporales sufren en silencio la execrable plaga: El de las axilas; vulgo sobacos. El de las ingles; vulgo tiras. El del labio superior; vulgo bigotón. El de las patillas; vulgo Pantojas. El de la línea interglútea (hórror y pávor!!) vulgo rabadilla… etc… etc…etc.  Pero al que me voy a referir,  y –por no extenderme mucho más– es al amolletado rincon del pubis; vulgo felpudo o limpiabarros. Lo que por estos lares se llama a todo el conjunto  en general: Chocho. El chocho de toda la vida. Choripán allende los mares.

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Ahora, me acabo de enterar, decía –por eso de que los usos y maneras vuelven a ponerse de moda–  de que ya no se lleva el chiribindindi cómo el de la Mariquita Pérez: pelón, liso y lampiño, mi niño; sino que –la moda que es la que impone y manda– indica que lo que ahora se vuelve a llevar, es el lucir el potorro como lo llevaba en tiempos el inefable Birkiki.  Bien peludo y escandalosamente revuelto; como Chewbacca.

 -«Mamá… A ti te picaba… ya sabes…ahí?»

-Aiiinssss??… Replica la madre pegándose un jalón en tór mesmo!

 Llevo desde hace años, continúo, con el predicamento a las féminas (a las muy amigas, de mucha confianza y en tono jocoso, claro está) que el inmortal potorro, cómo todo, pasa por distintas fases en cuanto a turgencia y carnosidad a lo largo de su vida activa. Llevo años diciéndoles –porque ellas, entre risas, me lo permiten– que la rajuela (que no es una novela de Cortázar) tiene indefectiblemente escrito su destino en el dulce Pionono de Santa Fe que es la entrepierna; y que, lo que antes era puente de Brooklyn de acero inhiesto y turgente, con los años, se vuelve puente colgante de selva ignota y recóndita. Y que, una vez está pasada cierta edad, la prudencia invita a mudarse desde el promiscuo y aterciopelado Cráter del Ngorongoro -ese que enseña incluso el mismísimo Serengueti- hasta la más púdica  y recatada Selva Negra alemana que todo lo disimula y tapa a base de espesura, vegetación y chucrut.

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Que lo llevo avisando… Que lo llevo avisando… Que cuando la fuerza de la gravedad actúa sobre lo que en euskaldun se denomina «Txúmino», pasa éste de ser alondra grácil y etérea a pavo amodorrado y traspuesto. De flor fresca y olorosa, a planta carnívora tuerce boca; de fruta lozana y madurada, a moco alicaído y pendulón. Con más arrugas –decía el poeta Verlaine– que el cuello de una bolsa del Carrefour*.

 Y es entonces… es entonces, cuando ya no quedan muy estéticas según qué colgaduras (visibles en su totalidad) por mor de la ausencia de camuflaje y escondrijos. Así es. Dramáticamente, lo sé. Pero así es.

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Y por eso que siempre he aconsejado –a toda fémina, cuando ha surgido tan piloso tema– Que sí! Que si, coño! Que sí! El Toto, repeladito del todo! Mono y gracioso él!  Chisgarabís y perdulario!  Calvatrueno y descarado! Pero nada de técnicas láser, por favor!!!! Porque cuando el tiempo pase factura, que la pasa…. O pegamos cruel tijeretazo o compramos gorro de astracán y se lo injertamos en salva sea la parte con una grapadora de la marca Stiluss.

Porque eso sí, el Stiluss, no hay que perderlo nunca.

 Y ahora…la que me espera!!!!!

 * Carrefour en francés en el original.

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