» No te preocupes, no me he ido. Porque sigo cogido de la mano, de quien me dio un enorme abrazo adolescente, y prometió, eternamente, ser mi hermano.»
Compañero, ¿Te acuerdas?
Aun tengo el sabor del vino en mis labios
Y aún, cerrando los ojos,
Puedo casi alcanzar la copa que dejamos viva
Temblando ya en la boca embriagada
Compañero, ¿Te acuerdas?
Era tanta arena, tanta playa
Era tanta mar en mis manos
Era tanto y tanto perdí
Era tanta soledad
Y tanta compañía me diste
Compañero, ¿Te acuerdas?
(*) Todo el texto está escrito por el poeta, actor y músico Luis Centeno. Te quiero, amigo!! Te quiero, Hermano!!
Ese y no “Una Historia de Blues Malagueña” debiera de haber sido (a mi modo de ver y parecer) el titulo del concierto que dieron anoche en el Teatro Echegaray de esta capital (que es Málaga) Lito Pepillo y Perico. Y cito por riguroso orden alfabético. Lito Pepillo y Perico que son tanto como decir, el alma y la esencia; la misma sustancia, de la música de calidad de los últimos cuarenta años en esta ciudad.
Los Hermanos Ramírez junto a Lito Fernández, realizaron anoche un precioso y entrañable paseo musical, no por Málaga cómo se mal indica en el título del concierto, sino por la memoria melódica de todos los asistentes. Y aunque Lito es el paradigma del Blues Malagueño, y los Tabletones se marcan algunos digno de admiración, lo de anoche no fue precisamente, un concierto de blues; sino todo lo contrario. No se si me explico.
Ver encima de un escenario a estos tres mitos durante todo un concierto (hacen muchas colaboraciones, pero no conciertos enteros) es un lujo de ocasión que difícilmente podremos olvidar. Estuvieron magníficamente arropados, cómo siempre, por Jorge Blanco (bajo) y Nico Huguenin (batería). También por Javito (cantante de la Free Soul Band) Félix Guerrero (un descubrimiento) y Lorena Molina, que se marcaron unas interpretaciones vocales impecables.
Digo que fue un paseo musical por la memoria de todos los asistentes, porque a través de la narración de dos comentaristas y un clown (Funky Punkie Teatro), se fue desgranado cronológicamente, el “curriculum musicae” de estos amigos que contribuyeron a afianzar el recuerdo de los asistentes con unas magnificas versiones de Jethro Tull, (Locomotive Breath) Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Cindy Lauper (Time after Time), Rosendo (Maneras de Vivir), y para culminar la cima de las emociones pretéritas, un afectuoso e íntimo Hey Jude instrumental -a cargo de Perico y Pepillo -aderezado con una fantástica presentación con fotos de Rockberto al que estaba dedicado el tema. Un compuesto -fotos y música- que a todos nos puso el corazón en un puño.
No todo fueron versiones. No todo. Pedregalejo de Lito, nos volvió a recordar de que este guitarrista malagueño, no anda lejos del mítico Carlos Santana; sino que camina a su lado. Tal y como te lo digo. Los Ramírez –Alma Mater de Tabletom- acompañados de un fenomenal y orondo Félix Guerrero (la panza más ágil que se pueda ver encima de un escenario) dieron el final feliz; el colofón con “Me estoy Quitando! El himno “Málaga” y para rizar el rizo de lo más rizable, mi favorito entre los favoritos: un talkingheadniano “No tengo ná” que puso a todo el mundo en pie de guerra.
Quiero hacer una observación: Me toca muchísimo los cojones ese malditismo comercial que -a modo de simbiosis indeseada- acompaña desde siempre a estos músicos. Porque teniendo la excelencia interpretativa y compositora que muestran en cada trabajo discográfico, en cada concierto, tienen el éxito del gran público cuasi negado. No hablo del público de Málaga en donde se les adora y se les considera como los mitos vivos que son; pero me pregunto si para que tengan el reconocimiento justo y merecido, no tendrán que cortarse un huevo a la Van Gogh manera (una oreja, tratándose de un músico, sería imperdonable) para que sus trabajos, no ya que se vendan, (hoy no se vende nada) sino para que sean requeridos como se merecen para conciertos multitudinarios y que los quiten (no se si les gustaría, qué creo que no) de impartir clases en los distintos conservatorios donde trabajan, para dedicarse en cuerpo y alma a esto de la música en directo y a la composición.
En fin, y en resumidas cuentas, que fue una noche de esas para alojar en el recuerdo; una noche llena de encuentros entrañables. De forma casual e inesperada, con mi querido Poeta Juan Miguel Gonzáles y con mi queridísima Lú Guille que ahora es del Baeza. Con Manolo Suárez y Rocío (administradores de la Web de Tabletom). Con Julio “Aguililla” Cortés o con la crema de los Sólo un Momento; con mi querido amigo-hermano el actor Luis Centeno. Con el Fénix de los Ingenios que representa el pérfido Lasa Lasaeta; y con alguna que otra Anaconda que no nombro porque después se me emparanoian y me dispensan el abrazo mortal. Y por fin -se me perdone si olvido a alguien,- con mis amados Santa y Cigalowsky, que es tan fervoroso fan del trío cómo lo es su padre que es el que escribe esto.
Al final, y como no podía ser de otra manera, las púas que los dos guitarras usaron en este concierto, ya forman parte de mi colección. Como no podía ser de otra manera, niño, cómo no podia ser de otra manera. Ya te digo!!
(Luis, Santa y Father en la exposición de Andrés Mérida. 22.11.13)
UN PASEO CON LUIS CENTENO
… No te preocupes, no me he ido. Porque sigo cogido de la mano, de quien me dio un enorme abrazo adolescente, y prometió, eternamente, ser mi hermano.
A mi amigo Alvarito, a las 02.00 A.M.
– 11 de Marzo de 2010-
Decir amigo es decir, Luis Centeno. Y decir Luis Centeno, es también nombrar a la persona que me usurpó -juiciosa y dichosamente en su día- el calificativo de «Mejor» para ya no abandonarlo nunca jamás de los jamases.
Decir Luis Centeno, es elaborar un coctel de sentimientos y sentires encontrados. Un combinado (inapropiado a veces) que a los verdaderos poetas -esos equivocados que se regodean en lo inexplicable- se creen que para crear belleza hay que estar aderezado con unas cuanta gotas de tormento, angostura y Martini seco.
Decir Luis Centeno es decir distracción y jaraneo; fiesta interminable y divertimento.
Decir Luis Centeno, es decir también, conversación pausada y reflexiva. Confidencia que se queda -arropada y resguardada- en el cobertizo del cariño y la amistad inveterada. Desahogo, bálsamo y alivio. Declaración no anhelada, muchas veces, de desamor y desconsuelo. Cómo son estos poetas de sufridos!
Luis Centeno, es alegría y distracción. Alborozo y entusiasmo. Luis Centeno es gloria bendita para el ánimo. De los demás. De los demás. Muchas veces, pienso que debiera de ponerse frente a un espejo, para que -aplicándose su propio parche y medicina- esa alegría que despliega con los otros, le rebotase a él mismo en un buen guantazo de puro e inevitable reflejo.
Decir Luis Centeno es decir poesía y sentimiento descarnado; y pesarosa; abatida y consternada, porque cagondiós y en tóloquesemenea, que qué poco humor y que pocas risas (Ay! Mamaluisa!) se aplica -otra vez a veces- a él mismo. Parece amigo que hoy, estás un poco más viejo y que ya no te miras al espejo, por no notar tus arrugas. Supongo.
Este Viernes 22 del mes de Noviembre del Trece, Volvimos a disfrutar de la mutua compañía; y con Santa y con dos amigas que se presentaron de improviso, volvimos a pisar sus dominios del distrito -para con la excusa de hacerme entrega de un regalo- volver a pasear por ese centro de la ciudad en el que hace demasiado tiempo ya, capeábamos los amores adolescentes, entre Campanas y Quitapenas; Casas Guardias y Floresteles. Entre recitales de música en los institutos y duetos de guitarra irrepetibles en la playa. ¿Irrepetibles he dicho?
Decir Luis Centeno, es decir amigo. Inevitable amigo, cómo a él le gusta decir. Cómo a mí me gusta escuchar. La otra noche -esa que venía de otra no muy lejana en su casa, esa en la que andábamos asesinando a un excelso Ron Diplomático de bastantes años- accedió a proporcionarme un poema que reflejara lo que ahora le atenaza el cuello. Y el corazón. Y ese alma que soporta y sobrelleva de poeta atormentado por el destierro.
Y Luis, que es -aunque no lo parezca-persona puntual y de palabra, me regaló esto que ahora viene, y que cómo siempre, destila sentimiento y emotividad. Delicadeza y ternura. Y como no! una tristeza infinita que sería insoportable si no estuviese impregnada de un cariño y de un amor de los más confesables. Una tristeza infinita, preñada de esperanza hacia aquella que él y yo sabemos, y que nos está esperando allí en la distancia, sabiendo que aquí estamos los dos. Que aquí estamos los dos.
Ayer -por fin- se realizó el esperado homenaje a Jose María Alonso en El Palomar de Picasso de La Bodega El Pimpi. Me permitirán Uds. una dosis de afectamiento y cursilería, para indicarles que el citado local resultó ser un marco incomparable y absolutamente apropiado para el tipo de acto que se llevó a cabo.
El estar sentado en una mesa junto a tantos artistas -cada uno en su disciplina- de la talla de Inés María Guzmán, José Infante, Joaquín Hidalgo, Diego Guzmán y Luis Centeno (he citado por orden de situación en la mesa) resultó, para este que os escribe, un verdadero placer y -sobretodo- un enorme privilegio.
El llenazo fue hasta la bandera. Mejor dicho: hasta la escalera de acceso al Palomar. Allí estábamos reunidos, acompañando a la familia del poeta, sus amigos y compañeros de armas. Incondicionales de toda una vida (la suya) que, aún todavía, se resisten / nos resistimos a dar por hecho que la ausencia es irreversible. Pensamos, en nuestro delirio, que quizás la estancia de Josemaría en Madrid, se está alargando esta vez, bastante más de lo razonable.
Nos acompañaron de viva voz algunos: Luis Centeno, Marta Guzmán y el propio Quino Hidalgo. Juan Antonio Muriel a través de Youtube. Y de puño y letra, otros amigos como los cantautores Emilio José, y José Umbral. Fue en fin, un acto difícilmente superable en cuanto a la predisposición del público. En cuanto a cantidad deamistad y remembranza concentrada en esos limitados metros cuadrados.
Quiero dar las más efusiva gracias al enorme fotógrafo Frank Ramos. Un amigo siempre dispuesto al favor y a la colaboración más desinteresada. Las imágenes que adornan esta entrada son suyas. Un abrazo amigo!
Y por fin -y sin ánimo de recriminar, porque ya ni viene al caso, les digo a los que -aún habiendo sido invitados, no acudieron a la cita del recuerdo- , que no supieron aprovechar los vientos de rememoración, de afecto y de apego hacia el compañero ausente, que soplaron por aquella sala. Hacia el amigo que -parece ser- todavía está de viaje interminable por lo intangible y lo inmaterial de la memoria.
Ahora viene el mini prólogo. Después el texto que leí en dicho homenaje, y por fin -y para el que lo quiera- un documento en pdf que he elaborado con todos los textos, poemas, imágenes, y canciones que, en su día, elaboré en la serie sobre mi querido amigo en este blog.
La prueba más concluyente de que Josemaría sigue todavía vivo entre nosotros, es esta reunión de amigos suyos que fuimos. Que seguimos siendo. Chico fue una buena persona. Una persona extraordinaria y generosa que nos regalo lo más valioso que tenía: su entrega y dedicación desinteresada. Su esplendida y entrañable amistad.
Cuando me llamó Quino para ofrecerme participar en este homenaje, que le estamos dando hoy, esa llamada, me reportó dos sensaciones: la primera la de la preocupación; ya se sabe, eso de hablar delante de un público, que además, tienen un nexo afectivo común conmigo: La hermandad con el homenajeado.
La segunda sensación fue el orgullo. La satisfacción y la honra de que -entre tantos y tantos posibles- Quino hubiese pensado en mi, y así, de esa manera, castigarme con la responsabilidad inesperada.
Así que para desechar la primera de esas sensaciones, decidí no preparar nada especial para este evento. Tan solo este breve prólogo. Nada de escribir un relato atribulado, consternado y triste acerca de la espantá irreversible e indeseada de mi querido Chico. De Jose María Alonso. Poeta sobre todas sus demás habilidades.
No iba a acudir -así lo decidimos todos- a cualquier reunión preparativa que se sugiriese. Simplemente, yo me limitaría a leer estas palabras que ahora vienen; palabras que sirvieron de prolegómeno a un articulo que escribí en su día en mi blog; cuando decidí realizar una serie sobre la poesía de Jose María y -aprovechando- relatar de forma somera, la multitud de anécdotas que viví junto a él y que -sin titubear ni un segundo- enriquecieron soberanamente mi vida.
Así que me quedé sólo con la segunda intención de las que antes he citado: la del orgullo; la satisfacción, la honra. La honra de poder estar aquí, delante de vosotros rememorando la figura de alguien -que sin duda- fue uno de los mejores amigos que tuve y tendré nunca jamás de los jamases.
El artículo este que ahora os leo, es una relación un poco caótica. Una nómina de afectos que enumera y cita los momentos que compartí con Chico; con los otros amigos que conformamos en su día, una pacífica banda nocturna – que sin premeditación ni alevosía- estuvo llena de momentos mágicos e instructivos; pero sobre todo, sobretodo, sobretodo, de momentos felices. Absoluta y enormemente felices.
Decía Josemaría:
“Cuando yo haya muerto
y tenga en mis manos retales de lino que ofendan de blancos,
Vendrán a llorarme los que antes me odiaron…
y dirán que son buenos mis versos más malos.
Ahí te equivocaste, Chico. Ahí te equivocaste!
JOSE MARIA ALONSO. INDEFINIDAMENTE… DE FORMA IRREMEDIABLE
Isla de Arosa en barca. Baños en la Ría y limpieza de dientes con Albariño. Farsa de la Muñeca de Trapo y El Parto. Calle División Azul. Ensayos hasta la madrugada. Calle Beatas. Maruja, su madre. Don José María, su padre. Arco de Cuchilleros en Madrid vestido de colores; de brillantes colores. Con empacho de lágrimas de risas hasta el calambre. Y Marisa. Y té con chinita, puede que del Pasaje…
Siempre esperando al Citroen 2 caballos furgoneta. O al 127 prestado por Conchi. Y José Umbral y Silvia Tortuosa. Whisky inacabable, inapelable e imperdonable. Teatro Cervantes solo para nosotros. Después todo éste en pie. Patas de cangrejo y cervezas y carajillos de coñac. Pan con manteca y Pipo. Molino de Coín y su Paco Jesús Lomeña. La guitarra acústica mamoneada al menda. Leli. Mi querida Leli…
Torcal de Antequera y el viaje astral entre Soles y Lunas. Caldito a la bajada. Caldito de bajada. Aprendizaje musical continuado. Magistral y generoso. Más amistad demostrada día a día. A ultranza. Rincón de la Victoria y The Fool on the Hill. Hotel Tritón y Diego Guzmán. Común amigo. On Reflections y Gentle Giant. Hierba del Carapapa. Cañamones explotando y risas de Marisa. Otra vez. Coros de Manantial. Mil copas en antros innombrables. Roberto Agüera y Salvi. Y Fatema…
Los Músicos de Bremen. Patricia Quiroga. Calle San Luís. Montañas de nácar al atardecer. Millones de féretros de mejillones brillando a la caída del sol. Alberto Von Thode. Angelín y Quino. Flauta. Amigo. Chico. Chico Alonso…
Éxito a borbotones. Noches de charla. Conversaciones interminables en la chimenea de La Fábrica. Calle González Anaya. Manolo Mir y Carlos Barranco. Y Didi. Y gintonics de tónica La Revoltosa. Teatro Acuario y Diego Guzmán otra vez, omnipresente amigo… Adolfo Ramos. y Antonio Meliveo, y Juan Antonio Muriel. Peña Malaguista. Maritere Campos y la radio. Noches sin fin. De humo y de risas. De mucho humo, de muchas risas. Con Luis Centeno. Porros primeros y últimos. A montones… La casita de Pedregalejo y Nini, mi amor más eterno.
Canciones y poemas. Poemas y Canciones. A montones también. Su guitarra, que ahora, es mía. Parque de atracciones Tívoli al piano. Amistad desinteresada, lo he dicho? Hermanos sin serlo, pero sabiendo que lo somos. También lo he dicho? Amigo querido de mi familia. De toda ella entera. Arpegios interminables y escalas imposibles. Cariño mutuo. Un ejemplo, en fin, de amistad verdadera…
Todos estos recuerdos, daban forma a mi propio Jose María Alonso. Había muchos más Josemarías; muchos más. Tantos como amigos tenía. Como hermanos tenía. Y eran muchos, repito, eran muchos. Y todavía los somos, como justo debe de ser…
Tenía por costumbre Aristóteles el pasear por el perípato del Liceo, cerca del templo de Apolo en Atenas, leyendo e impartiendo enseñanzas a sus seguidores. A estos seguidores, se les denominaba “Peripatéticos”. Tal y cómo te lo cuento.
Esto, lo aprendí estudiando la asignatura de filosofía, con mi querido amigo Luis Centeno, hace ya más años de los debidos y razonablemente asumibles. En un Instituto que -fíjense Uds. que honor- dirigía el egregio poeta Rafael Ballesteros. Sirva como anécdota.
Siempre envidié esa forma que tenía Aristóteles -discípulo de Platón- de impartir sus conocimientos. No podía yo ni imaginarme, que andando al aire libre, la ilustración, el conocimiento y sus consecuencias, pudiesen llegar a arraigarse mucho mas firme y sólidamente en el intelecto de los alumnos que los adquiridos -y ya que estamos con Platón- en la Akademia. La Akademia: Esa condena a pupitre y jornada completa a la que mis contemporáneos estábamos y están sometidos.
Aprender paseando. Gran idea. Peripateando.
Peripateámos mi querido amigo Kuky y yo por la Ruta del Colesterol con una asiduidad impensada e imprevisiblemente constante; desde hace un par de meses. Y esos paseos, al igual que los realizados por los aristotélicos, son enormemente didácticos y pedagógicos. Pero sobretodo, resultan grandísimamente relajantes, saludables y entretenidos.
La cosa va como sigue: Kuky tres veces en semana (ahora estas tres se van a transformar en cuatro) me recoge en casa al caer la tarde; no le viene mal, pues le pilla de paso. Dejamos el vehiculo en el aparcamiento de los Eucaliptos de los Baños del Carmen (yo financio el gorrilla) y nos pegamos una andada a paso ligero (como corresponde a nobles hijos de militares de alta graduación) hasta el merendero de Antonio Martín. Hoy sede del afamado Chef Dani García.
Una hora dura la caminata. Cinco kilómetros. Ese recorrido, que incluye ida y vuelta, nos permite la reflexión y el intercambio de pareceres. La puesta al día en opiniones de actualidad y los diferentes puntos de vista; el trueque de las diferentes formas de ver las cosas. Kuky me esta transformando en un notable y experimentado mediador; también me ilustra en los recovecos de la Historia. Yo a él, lo asesoro en lecturas de obligado cumplimiento; y también, se las suministro.
Tenemos una sola regla no impuesta pero si asumida: La Regla del Vestuario. Lo que en la caminata se habla, en la caminata se queda. Regla inquebrantable, firme e inflexible, que nos permite ir más allá de la confianza que se le supone a una amistad forjada en el camino de la vida durante treinta y cinco años. Lo que en la caminata se habla, en la caminata se queda. Esta directriz, marcadamente personal, nos predispone a la confidencia y a la comunicación reservada.
El paseo, que ya he dicho que empieza en el Balneario del Carmen, nos regala varias cosas. Lo primero -me refiero a esta época del año- es el paisaje que proporciona el atardecer de Málaga. Tres colores se juntan en el mar: el verde, el amarillo y el azul oscuro complementando las preciosas vistas de la Sierra de Mijas con la Cañada de los Cardos que, como siempre, es la encargada de anunciar la posibilidad de lluvias o no sobre la capital. El mar, que rompe sobre la arena a nuestra izquierda, nos libera de las tensiones propiciadas por estos malos tiempos duros, intolerantes y mal nacidos que no pocas veces son el centro de nuestros comentarios.
También están los “Encuentros”. Hay otra regla, no escrita por los paseadores, que es la prohibición de parar. Nunca se debe de parar para saludar a menos que las circunstancias lo impongan ineludiblemente. Pero desde luego, la primera norma, es no interrumpir el ritmo y la temperatura corporal que se va adquiriendo a medida que dicho paseo va transcurriendo. ¡Hasta luego y adiós!
Yo me encuentro con mucha gente conocida. Kuky, se encuentra con toda. Treinta años de docencia le han proporcionado una caterva de amigos ex alumnos que diariamente, le ofrecen su respeto, su consideración y su cortesía.
Un inciso:
Muchos son los amigos comunes, que obligados por las inconveniencias de la edad, y las cifras que las analíticas les procuran, se lanzan -al igual que nosotros- a la llamada del ejercicio prudente, sensato y comedido. Ese continuo baile de piernas constante y prolongado atesora bienestar en las arterias y fortalece el corazón. Renueva el hígado maltratado en el fin de semana y además, no lleva aparejado los peligros de las lesiones físicas que rompen -literalmente- a muchos amigos aficionados, pongamos de ejemplo, al paddle.
El paddle. Lo digo con conocimiento de causa; pues veo a amigos muy cercanos cada lunes jugar a ese deporte desde mi casa, y ya no saben donde ponerse las vendas elásticas reparadoras. Tobilleras, coderas, felpas y muñequeras. Fajas lumbares… Robocops de Lycra parecen. Modernas momias todavía por descubrir y desenterrar. El día menos pensado se nos rompe uno; ya lo verás!
Los cruces casuales durante el paseo, decía, se tornan en casos, habituales. A mí con uno de los que más me gusta cruzarme -como los Gitanos y los Estudiantes- es con mi querido amigo y Maestro el pintor Andrés Mérida. Siempre tan torero. Después de un buen puñado de cruces, ya nos sabemos la película, y nos limitamos a una amplísima sonrisa y a un saludo marcial que lo acompaño con un lacónico: ¡Almirante…! Y él, me corresponde de la misma manera: apeando el saludo y el tratamiento. Amigooo… me dice condescendientemente y proseguimos nuestro camino cada uno en su dirección. Cada uno a lo suyo.
Los paseos con Kuky, me reportan -al margen del ejercicio sano y reconfortante- momentos de cordialidad, cariño mutuo y sincero afecto. Y, aunque hay días que me cuesta la misma vida el bajar para reunirme con él para empezar, el placer inusitado que experimento cuando hemos realizado nuestro paseo acostumbrado, me hacen sentirme orgulloso y feliz. Satisfecho y contento. Ansioso por que llegue el día siguiente para volver a encontrarme con mi compañero. Con mi querido y viejo amigo de andanzas y aventuras. De viajes y correrías desde hace ya la intemerata, de treinta y cinco años que no son pocos.
Aquel que siga este blog, habrá alguna vez leído algo acerca de mi “Muro de los Afectos” ¿Y que es eso del Muro de los afectos? Se preguntará la mayoría.
Pues es -nada más y nada menos- que un muestrario de cariño; un repertorio de amistad y fidelidad. Un lugar privilegiado en mi guarida personal donde colgadas de las paredes -que ya son dos- están eternizadas las muestras de afecto que, en los últimos y no tan últimos tiempos, he estado recibiendo de mis buenos amigos, que son -felizmente- muy muchos.
Una sala de trofeos incruenta donde la palabra afectuosa se codea con los dibujos; la tinta con la pintura. El grabado con la fotografía. Y la prosa… con la poesía. Hasta la música, si nos ponemos.
Firmas y dedicatorias en sus trabajos que no son sino ofrendas generosas que me hacen los incondicionales y que me llenan de orgullo. De satisfacción y de honra.
De esa manera, cohabitan -todos los afectos- en una especie de comunidad de vecinos bien avenida que tienen como vínculo la amistad que a mí me pertenece.
Una reunión mágica donde Luis Centeno vecindonea con Miguel Ángel Cumpián a causa de dos preciosos poemas. También lo hacen -mientras les reprende por eso de la métrica- con el mismísimo Juan Miguel González que recuerda a Álvaro Souvirón, en la parada del 15 preparándole su menú para la cena de cumpleaños a base de Basiliscos Tritones y Pegasos. Un Chicharro-perdiz y un boquerón indómito anchoado.
Asiste a la cena Antonio Abril. No solo con caricaturas y otros dibujos, sino, además, con la única foto íntima y personal, que he colgado y colgaré en este Muro. Si él no estuviese ”En presencia física” no estaría plenamente justificado en este Muro, el calificativo “Afecto”
Jose Luis “Tato” Zambrano tiene también un sitio en el muro de enfrente con su trabajo. Y no para de hablar con un Noni Gaviño: “Para mi especial amigo Álvaro, por lo que de especial tiene”. Otro cantamañanas que tuvo la poca delicadeza de abandonar este mundo sin pedirle permiso a nadie. Ni tan siquiera a sus amigos. ¡Y ya van dos!
Una foto de Brooklyn dedicada por el fotógrafo barcelonés Josep Marin -mi Azafata`s Brother- va sumándose a estas muestras de cariño. Sin olvidar una mención especial y cariñosísima de mi Directora de la Escuela Oficial de Idiomas y un dibujo a lápiz y ceniza de Andrés Mérida que no es sino el representado de su íntimo Juan Rambla. Él, sobrino putativo que es, que es el que se lleva la parte de mi afecto y que sabe que, todavía mantiene conmigo un compromiso adquirido..
El precioso grabado de mi querido Eduardo Guille, el 9/50. Que pronto estará junto al Taillefer otoñal neoyorquino. Y un “Con cariño para mi amigo Álvaro, de Perico”. Del Tabletom Ramírez
Una pared llena de aprecio y de estima; de ternura y de consideración. Unas paredes -porque ya son dos en el mismo cuarto- y que van perdiendo el blanco porque están, poco a poco, siendo conquistadas por los agasajos que acompañan a tantos años de amistad. Muchos años de ternura que ocupan el lugar debido no solo en mi memoria para siempre, sino también, el lugar de honor que les corresponde: En mi Muro de los afectos. Una guarida muy acogedora y entrañable para compartirla con viejos amigos.
Buenoooo….. Esto ya se ha acabado. Seis entregas de poemas y una historia de soldados. Que no es poco.
Hemos llegado al final. Por lo menos del material que yo poseo y que me fue entregado con la reticencia de las lobas centenéreas. Ya solo me queda la recepción de material nuevo.
Algo que me apetece mucho, pues es esta última época de Luis la que, escribiendo, más me gusta.
Agradecería muy mucho lo de recibir nuevo material; puesto que, leer toda la producción poética anterior del vate culé desde que era un zangolotino adolescente, hasta estos días, como que me ha resultado un trabajo inconmensurable a la par que gratificante. Todo hay que decirlo
Muy gratificante digo, pues me queda el honor de ser uno de los pocos (él y yo) que se ha leído toda su producción. El, poco a poco; yo del tirón. Que tiene su aquel.
Han sido muchas playas y muchas escaleras. Muchos sentimientos destapados para al fin lograr llegar a la estación término. Aquella donde acaban todos los trenes de largo recorrido que tanto le gustan a mi otro querido amigo poeta.
Y me ha fascinado el hacer este poemario a Luis Centeno. De verdad. Porque ha sido el volver a recordar mi propia vida a través de la de él. De la de su familia.
Porque he vuelto a ver a Titalín, acechar por la puerta y he vuelto a dar la tabarra al padre Carras. Y he vuelto a pisar montañas de nácar en la Isla de Arosa cuando aun había que llegar a ella por medio de una barca. A beber Albariño –hasta la saciedad- con los pescadores a golpe de canción.
He vuelto a oír regañar a las vecinas gruñonas al desaparecido “Petre”. Y he vuelto a ver la sonrisa perennemente cariñosa de mi Mamaluisa.
He visto ascender a los cielos a Cristóbal por medio de un andamio adosado a la fachada del edificio y entrar por el balcón del tercero (Nunca me perdonaré, el que no se me hubiese ocurrido a mi semejante genialidad)
Y he vuelto a ver los atardeceres desde la Residencia Militar haciendo esfuerzos por no besar a Mammota. Se dejaría?…No se dejaría? Nunca lo sabré.
También he vuelto a sufrir el martirio de dormir muchas veces en la Plaza del Obispo despertándome a fuerza de campanadas cada cuarto de hora. Cada media hora. Cada en punto. Desventajas del huesped no habituado.
Y he vuelto a cantar los poemas musicados de Luis. Como nadie más sabe hacerlo.
He vuelto a gritar: Centenooo! desde la calle, otro par de miles de veces. A todas horas. Y a darle al motor para encenderlo cuando subo. Apagarlo cuando bajo.
Y todavía… Todavía disfrutando de la amistad, del hermanamiento, de todos ellos. De Luis, que es mas hermano que ninguno, y fíjate tú que todos lo son mucho.
De Josefito, mi consejero y modelo en muchas cosas. Y amigo muy querido por encima de todo. Porque siempre está ahí.
Y de Nano, el chiquitillo de los tres hermanos, que les pegaba unas palizas tremendas al ajedrez a los doctos amigos de sus hermanas mayores con siete años. Con él, tengo la risa asegurada. Y el cariño, que es mutuo.
Tres amigos. Tres caballeros.
Ha sido, en fin, una recapitulación preciosa de sentimientos esta que ahora finaliza. Un compendio de circunstancias comunes. De vidas paralelas.
Y ahora, como en todo relato que se precie, llega la hora de los agradecimientos. De darle las gracias a quien me ha ayudado a realizar esta labor. Y eso es lo que voy a hacer, dárselas…
A nadie!
A nadie! Pues nadie me ha hecho falta para apuntar un solo registro de esta nómina de afectos que he desarrollado hacia la familia Centeno. Porque ni ha hecho falta, ni la hará.
Porque yo mismo he sido protagonista y la he vivido con ellos intensamente durante 37 años. Y de que forma!
A nadie. Y tiene gracia que, al final del periplo familiar, me quede casi sin palabras. Pero era eso, justo lo que quería. Quedarme sin palabras; porque quería emplearlas todas en reafirmar el cariño que siento hacia todos en general. Hacia cada uno en particular.
Porque sé, que a fuerza de insistencia y de apego, de tiempo, de viajes y de vivencias compartidas, he logrado, por fin, hacerme un hueco en el clan. En la Familia.
Como no podía se de otra manera, amigos. Porque ahora… ahora ya sé el secreto del Corazón de la Alcachofa. Como no podía ser de otra manera, amigos. Como no podía ser de otra manera.
LUIS CENTENO. POEMARIO VI. EL FINAL
# 01
Cinco minutos contigo, es un instante,
es un soplo de aire, es un momento,
es un todo, en una nada, y era antes,
una ilusión perdida, un tormento.
Cinco minutos contigo, son los besos,
la acaricia interminable, son el cielo,
cinco minutos contigo, es sólo eso,
el poder acariciar tu «rubio» pelo.
Cinco minutos contigo, es la esencia.
Es el momento exacto de la vida,
es el mágico fin de la inconsciencia,
de quien no te tuvo nunca por perdida.
Pero cinco minutos sin ti, remueve el alma,
y me estuvo escondido entre las sombras,
de quien quiso llorar desde la calma,
de la ausencia que dejaste a quien te nombra.
Cinco minutos sin ti, es el vacío,
es la ausencia interminable de tu cara,
es el no querer hacer nada, es el hastío,
de no volver jamás al agua clara.
Lo del agua, te acuerdas?, es por los peces,
que mordían nuestras piernas primerizas.
Ya te lo dije, es, que a veces,
los rizos de las olas, se nos rizan.
Cinco minutos sin ti, no es el olvido.
Ni es llorar con indolencia en las esquinas.
Es querer, como acaso no has querido,
y no aceptar, que todo se termina.
# 02
Y no había más que música
En los oídos del hombre!
Apenas luz
Una llama peregrina volaba alrededor de un cenicero.
Y no logró apagarse. Conocía cada rincón de la plaza, mucho mas que a el mismo; y, sin embargo, jamás la había visto tan serena y silenciosa, tan tremendamente llena de si misma.
Nunca había contemplado aquella fuente como ese día, ni había contemplado las luces que vio pasando silenciosas.
# 03
Sentir tus manos
Sentir tu pelo
Sentir tu risa
Sentir tu aliento
Sentir tu brisa
Sentir tu cielo
Sentir tu viento
Sentir tu lluvia
Sentir tus dedos
Sentir tu boca
Sentir tu cuerpo
Sentir tu nube
Sentir tu nieve
Sentir tu tiempo
Sentir tu noche
Sentir tus días
Sentir las flores
Que florecían
Sentir el alba
Que despuntaba
Sentir tu vida
Sentir tu rostro
Y tus miradas
Sentir tus labios
Y tus palabras
Sentir tu vientre
Sentir tu espalda
Y tú esperanza
Sentir tu olor
Sentir tu piel
Sentir tus pies
Sentir tus pasos
Sentir tu cara
Y tus abrazos
Sentirte se
Sentir tus pechos
Sentir tu lecho
Tu vino rojo
Sentir que siento
Sentir que quiero
Ser tu rastrojo.
# 04
La quiero porque me atormenta
La quiero porque es dulce y es cruel
La quiero porque es sincera y mentirosa
La quiero, básicamente,
Porque es mía.
Igual que yo soy suyo.
Pero…
Porque ella es mía y yo soy suyo?
Quien es de quien?
Quien puede erigirse en dueño de alguien?
Yo soy dueño tuyo?
Soy tu dueño?
No lo creo,
No eres de nadie
Eres tuya, solo tuya
No perteneces a nadie
Solo a ti
Quizás por eso te quiero,
Porque no podré encontrar
Otro ser tan libre como tu.
Eres libre.
Vete si quieres,
Y si no quieres irte,
Dime porque te quedas.
Es que acaso puedo pensar que me quieres?
No soy nadie
Es que,
Acaso,
Puedo pensar que me quieres?
A mi?
Tal como soy yo?
Si es así,
Estoy en un paraíso,
Allá donde solo me encuentro contigo.
Te quiero.
# 05
Supiste hacer crecer la hierba fresca,
Los árboles, las flores y los trigos
Y ahora se ha secado todo el campo;
El viento te lo has llevado contigo.
Has dejado tu mundo seco y frío
Sombría tu habitación y tu ventana
Y ha parado de crecer aquella rama
Que supo hacer contigo, todo mío.
Ya las rosas solo saben dar espinas
Y un olor amargo, frío y severo,
Será que tú paraste de regarlas
Al llevarte la lluvia con Enero
Y has dejado mi cuerpo en una tierra
Donde no existe lluvia, sol, ni viento,
Solo días oscuros, solo guerras,
Solo horas vacías, solo tiempo.
Que lejos ha quedado ya aquel día
Que bebimos una copa en la taberna,
Que regamos cada día con nuestras bromas
Y ese vino de improvisadas juergas.
Pero ya ves, no lloro por tu muerte,
He pensado palmo a palmo, codo a codo
Que no eres tú quien muere, ni tu cuerpo,
Sino yo, mi esperanza, y mi todo.
(A MANOLO LUQUE.)
# 06
Será casualidad, yo no lo dudo
La vida ya se sabe,
Está llena de estas cosas.
Hablas de alguien que parece
Que se fugó de la tierra y de la vida
Pero de pronto, que sorpresa
Al volver la esquina se aparece
Cuando ya la habíamos dado por perdida.
Ayer me dijo alguien que vio una moto
Aparcada bajo la sombra de un puente
Hoy me ha contado otra gente
Que el hijo de un amigo, corrió la misma suerte.
Se apartó, con un balazo, de la vida
Y al cabo de un momento, ya te digo,
Me entero que el del puente es un suicida
Igual hora, el mismo día.
Que casualidad, coño! Que historia!
Pero ni aún así se altera la memoria,
Ves la casualidad como armonía
Mi historia, es así, mas peregrina:
Hicieron hombre a mi hijo adolescente
Y están haciendo al otro, justo al mes
Que si, casualidad, es evidente
No le busques mas `palabras a la rima
Uno y otro me dejó el MP3
Para matar el tiempo con Sabina.
Nota del biógrafo:
La tónica general en estas seis + 1 entregas ha sido la inserción de imágenes de grabados de Gustave Doré con una predilección especial hacia los basados en los cuentos de Perrault.
También- y lo mejor- la sempiterna presencia de uno de mis poetas y músicos preferidos: Leonard Cohen.
Pero no debían de ser sino temas de su último concierto en vivo en Londres. Por que así lo he decidido. Sin más. Y no ha sido fácil.
Pero he querido terminar esta última entrega con un tema diferente. También, es cierto, íntimamente vinculado a Leonard Cohen: Las chicas de su coro: The Webb Sisters y además el clip, está realizado por su hijo: Lorca Cohen.
Words that Mobilize: Palabras que movilizan; como las de los poetas.
Insiste mucho el rapsoda culé en el título de esta entrega: El Corazón de la Alcachofa.
Y, además, me dá subrepticia y tajantemente la orden de que la presentación verse sobre sus hermanas. Por cohoness. Como si la inspiracion pudiera domeñarse.
Fíjate tú que Pablo Neruda decía que las alcachofas son los guerreros medievales del huerto con el corazón tierno.
“Ellas sabrán el porqué del título”. Me dice. Y vá el cabrón y no me lo aclara. A mi! Que soy su escriba, trascriptor y traductor. Queledén!
En fin…Nada se me antoja, a priori, mas fácil que hablar del sexteto centenéreo. Porque las he vivido y mucho.
Porque que las conozco de sobra a cada una de ellas. Desde el principio de mis tiempos y de los suyos. Y poniéndome a pensar y a escribir se me llena la cabeza de anécdotas sucedidas con todas. Con la caterva de lobas que, perennemente, acompañaban a los que, ilusamente, se creian los amos y señores de la manada. Ilusamente, repito.
Pasé tanto tiempo y me pasaron tantas cosas con ellas, que a una, a Primera, estuve a punto de matarle dos veces al marido. Una vez de un abrazo fraternal (que solo se quedó en una costilla rota). La otra vez, de pura risa. Ellas pueden certificarlo. Al final, mira tu por donde, se fueron para siempre ambos dos. Una falta de delicadeza hacia sus afectos por otra parte.
No se puede negar, pués, que hayamos pasado una vida entera juntos. De risas, de muchas risas; y tambien de llantos, que de todo tiene que haber en esta putesca viña del Señor.
Muchas veces, cuando acudía a la Plaza del Obispo en busca de Luís, no importaba si estaba este o no. Siempre habia alguna de las hermanas con sus novios – Fantástico Alborto- que suplian esta ausencia.Con creces.
Casi siempre estaban Primera, Tercera y Cuarta. Por no faltar, no faltaba ni Girilín.
Yo llegaba. Saludaba. Me acurrucaba en la mesa de camilla, desplazando inopinadamente a Quinta y Sexta, que tambien solían estar, y que se dejaban avasallar ante mi inconmensurable personalidad y algún que otro culazo; sacaba mi bolsa de pesetas y a devorar horas jugando al Cinquillo. Interminables y entrañables partidas de cartas.
Hasta que, mas tarde, cuando llegaba Luis de juntar magreos para futuras odas descarnadas, y me proponia salir de copas, yo le decia : Mmmmmm…NO! Me quéo! Y me quedaba jugando tó calentito. Y el también, claro está.. Hasta que la noche mas última me expulsaba a la puta calle. Acompañado siempre, eso si, de la amistad inquebrantable y leal de mi bolsa de basura.
Hay algo mas parecido a un hogar interino? Jugar fuera de casa se le dice a esto.
Sabía y sé todavia, todo sobre ellas. Todos sus secretos mas íntimos. Lo que fumaban. Unas asquerosidades que iban desde el Sombra imposible hasta el Vencedor ya perdido de antemano. Humo negro matón.
Sabía lo que bebian. Gin tonics y cubatas de ginebra y cola. Sabía siempre el color de las braguitas que llevaban – siempre con un dia de retraso, desafortunadamente – Pués las veia, siempre, ahorcadas en el tendedero del patio de la casa… Sabía donde tenian sus nidos de amor. Hotel Maestranza. Ahora lo puedo decir por fin.
Sabía…Sabía que a Segunda le llamaban la guapa, me lo decía Titalín. Y tambien sabía lo mucho que apreciaba yo a Segundo, su marido: porque este me enseñó- con su proceder- a ser mejor hombre. Más libre. Aunque tambien me hizo la putada y se me murió. Como Primero que se llamaba Buen Nacido de segundo.
Y se me antoja fácil, ya te digo, porque podria hablar y mucho de cada una de ellas.
Podria hablar de Cuarta. Pero no lo voy a hacer. Porque es la que más quiero y ella sabe que todo lo que vaya a decir de ella, ya se lo he dicho. Porque me acompañó en la etapa mas enriquecedora de mi vida. Porque compartimos los mejores amigos que uno pueda tener en la misma. Porque sus hombres, fueron mis hermanos. Y algunos, a pesar de la lejanía, lo siguen siendo.
Tercera siempre tenía una palanca de whisky DyC escondida en su cuarto. Y todos sabíamos donde. Mamaluísa tambien. Ejerció eficazmente de Coordinadora de Acólitos Anónimos en el Vaticano.
De Quinta me pasa algo así como con Cuarta. Que forma parte inseparable de mi vida, pues tambien me acompañó en los primeros despertares. Tantos dias felices que se sucedían igualmente dichosos y divertidos unos tras otros. Sin parar. El día de la Mammota (sic)
De Sexta -una preciosa, gruñona y pequeña Nutria- de corazón mas feminista que ninguna, aunque todas lo son. Pero a esta la enervaba muchísimo la reiterada displicencia que mostraban los machos de la manada (a los que dedicaré la próxima y última entrega de esta saga) para levantarse de la cama y afrontar el dia.
Y si se me pone en el brete de decidir quien es o quien fue la mejor, no sabre discernir si Sexta o Tercera. Ni tampoco si Segunda o Cuarta. O Primera más que Quinta.Porque todas son igualmente buenas y el orden de los factores no altera el resultado.
Y si sé que todas son, como diría el malagueño mas perchelero y ordinario: De la leshe que mamaron. Y eso, afortunadamente, no se puede evitar. Porque se lleva en la sangre.
LUIS CENTENO. POEMARIO V.
EL CORAZÓN DE LA ALCACHOFA
# 01
Ay Luisito!
Con lo listo que eres y que torpe es tu vida
Ay Luisito!
La achicoria es amarga
Y te engañas con dos gramos de azúcar
Ay Luisito!
La colilla manchada de amor terminado
De noches sin ti,
Se volvió un huracán
Gestionado como otro Katrina
No supiste la fuerza y la ira
Que te fue a matar
Ay Luisito!
Que conviertes tormentas de arena
En brisas ligeras
Y al momento una brizna de hierba
En un bosque sin sol.
Guárdate el estallido
Que quiere salir de tus ojos
Dosifica la lágrima que hay en tu corazón
Ay Luisito!
Que disgustos me das
Siéndome tan cercano
No te empeñes en hacerme espía de tu soledad;
No renuncio de ti
Pero a veces me cansas
Cuando sigues con la letanía
Cercana y constante
De la falsedad
Cuando llegues del tiempo pasado
Y quizás no me encuentres
Con los brazos abiertos
Y el alma pendiente de ti
No me pidas que olvide el vacío
De ese número oculto
Te fallé, lo cogí, lo lloré
Y ese anónimo puto
Me rasgó el corazón
Los pulmones, la vida y la piel
Pero en fin,
No eres tú
Quien merece que pierda este tiempo
No eres tú
Quien merece este instante de noche despierta
No eres tú
Quien merece este instante de noche sin luz
Ojala ni una lágrima asome por estas ventanas
Tan oscuras
Tan en las tinieblas
Teñidas de azul
No es preciso que diga
Que en la noche perdida
Ya no lloro por ti
Lloro, por mi Luisito
Tan listo
Y tan torpe en mi vida
Ay Luisito!
# 02
Déjalo
No creo que merezca ya la pena
Que pienses que mis noches se me queman
Queriéndote escribir.
Déjalo
Que importa que pasara las noches en vela
Si el tiempo para ti es la primavera
Y otoño para mí.
Déjalo
Ayer dijiste que si estabas sola
Querías venir conmigo a ver las olas
Pero hoy ya no es así.
Y calla que llega la primavera
Y desde que era invierno no has visto mi escalera
No digas otra vez quizás me cure
Hoy sé
Que si hay mal que cien años dure
Déjalo quizás olvide.
Déjame
Al menos que te escriba estas canciones
Aunque queden dormidas en mis cajones
Si no quieres volver.
Déjame
Que en sueños quede dormido en tus pechos
Si no quieres volver tienes derecho
No digas nada más.
Y calla que llega la primavera
Y desde que era invierno no has visto mi escalera
No digas otra vez quizás me cure
Hoy sé
Que si hay mal que cien años dure
Déjalo quizás olvide
# 03
La música suena triste
Sus notas ya no son notas
No tiene aroma el jazmín
La lluvia no cae a gotas
Para mí.
Toda poesía es tristeza
Una canción añoranza
Una palabra una queja
Cuando no hay esperanza
Se deja.
El sol ya solo se aleja
La luna nunca aparece
Cuando se muere se reza
Cuando algo llega al cese
No empieza.
Ya no suena una guitarra
Que diga de entre sus cuerdas
Que el barco, el mar y la amarra
Haga que yo un día pierda
Mis ansias
Ya no hay un vaso de vino
Que me devuelva alegría
Ni me brinde en el camino
De vez en cuando, algún día
Un pino.
Ya no habrá nadie que grite
Para buscarme querellas
No habrá una voz que me chille
Ni en el cielo habrá una estrella
Que brille
Ya no habrá una voz que diga
Devuélveme aquella flor
Y si algunos ojos miran
Buscando ansiosos amor
Es mentira.
Ya se me ha muerto la flor
Ya he perdido su fragancia
Ya no tengo su calor
Y quisiera oír con ansias
Esa voz.
Ya no volveré a escuchar
Latidos de un corazón
Ya solo puede esperar
Poco a poco y sin calor
Soledad.
Ya no volveré a sentir
Ni una caricia ni un beso
Ni podré jamás pedir
Que me dejen un recuerdo
Ni alguien me ayude a decir
Sentir lo que estoy sintiendo
No es vivir.
# 04
Bien. La situación es esta:
La mujer principal era un encanto
Un oasis de ternura, y entretanto
Se entremezclaban las obesas y las bestias
Y la madre de aquella deslenguada
Y la torti, que era de Riogordo
Y, en medio Enrique, como de la nada
Que unas veces era mudo y otra sordo
Yo, me encontraba en un mundo sin sentido
Me sentía como un objeto maltratado
La madre de estos versos anteriores
Me vio, sin yo saber; como follado.
# 05
Hoy,
No se si estoy inspirado
Pero quiero escribir
Y quiero escribirte
A ti mujer
Quisiera decirte tantas cosas
Tantas cosas que guardo
Desde hace tanto tiempo
Decirte
Que apenas si te recuerdo
Que apenas ya si te deseo
Que apenas ya te necesito
Decirte
Que apenas ya te quiero.
# 06
EL CORAZÓN DE LA ALCACHOFA
Que poco tiempo hizo falta para quererte,
Y cuanto tiempo he gastado en olvidarte.
Pero, mira, ahí está el arte,
En dejarse arrastrar por otros vientos.
A mí, la verdad, me va bien de momento,
Algo mejor de cómo siempre ha sido.
Pero no voy a hacer leña del árbol caído,
Encenderé la hoguera con los rastrojos
Del alma que quemaste con tus ojos
Y me tuvo tanto tiempo así, perdido.
He caminado lento, sin sur ni norte,
Y alguien sin saberlo me ha empujado,
Y me ha gritado: corre, no te cortes!
Y he corrido feliz, como un poseso;
No te ofendas. Tú ya sabes, es por eso,
De que Dios aprieta, pero no ahoga,
Y por fin, me han liberado de la soga,
Que me tenía atado a nuestros besos.
Y no es por nada,
Pero al ver que el mundo, no se para con mi historia,
No, no creáis que es la marca de un limpiador de plata. Aunque pensándolo bien, si que pudiera haberlo sido. Y, pensándolo aún mejor, eso es lo ella fue. Una bruñidora familiar incansable. Cercana y afectuosa.
Vigilante tenaz. Perfecta subalterna de la principal. Siempre dispuesta, aunque un tanto irritable. Un trozo de bizcocho empapado en pena y dolor asumido. En interminable constancia.
Incongruente con los sentimientos lógicos del rencor y la animadversión. Hacia aquellos que le quitaron la única oportunidad que le brindó la vida de prolongar la de ella misma. De una fidelidad absurda e irracional hacia los que la privaron de esa suerte exclusiva que tanto envidió al contemplarla -en su propia casa- diariamente.
Nunca entendí a Titalín ¿O si?
Presencia perenne hasta el final. Hasta que su razón hizo mutis por el foro silenciosa y calladamente. Ya nunca volvería a vigilarme por la rendija de la puerta entreabierta. O entrecerrada.
Titalín. No, no creáis que es la marca de un limpiador de plata. Aunque pensándolo bien, si que pudiera haberlo sido.
# 01
POEMA PARA UNA MUJER QUE QUIERE
Triste,
Tal vez con gesto acabado
Pero con fuerza en su cuerpo.
Enferma de franquismo y de una historia
De una España que nació mientras dormía
Quizás un poco standard de su mundo
Un poco música vibrando entre su espacio
Residuos de una época enterrada
Convencional, tradicional, conformista.
Una mujer que quiere, enamorada
De unos sueños que rompieron su esperanza
Bostezando en una tierra “pervertida”
Llorando en un mar de fuerza expirada
Latiendo en un corazón que habita en nuestros cuerpos
Derrochadora de amor de sus casi hijos
Nostalgia de una tierra en que vivió
De una tierra que supo abrirse
Para dar a luz a un cuerpo ilusionado
Típica mujer estrechamente atada
A un”fascismo” que “libró” a su país.
Sentada siempre en un rincón
De espaldas a la luz, al mundo
Por no ver el excremento de una tierra;
Sensible mujer que llora por cualquiera
Que ama lo bueno que perfuma al mundo
Mujer que llora con la muerte
Mujer que odia el llamado terrorismo
Mujer que cree pasar entre silencios
Pero que sabe gritar y hacerse eco,
Que vive en el corazón de nuestros cuerpos
Y en fin
Es este, un poema para una mujer que quiere.
# 02
Siento vacía mi almohada
Faltan partes de mis sueños
Siento que no queda nada
Siento tristeza en la cama
Siento que soy más pequeño
Siento que tu olor no es mío
Ya no siento tu calor
Y mi cuarto está vacío
Siento cada vez mas frío
En el que fue tu rincón
Está la mesa más vieja
Ya no me quedan poemas
Solo me quedan las quejas
Y cuando la noche empieza
Todo mi cuerpo se quema
Ya ves que no tengo luz
Desde que no estas aquí
Desde que te fuiste tú
Ni el mismo cielo es azul
Dime que te queda a ti
# 03
Tienes que saber,
Que una sonrisa tuya puede hacer
Cambiar lo noche por madrugada
Hacer mas corta una hora larga
Hacer presente aquel lugar
Tienes que saber,
Que una sonrisa tuya puede hacer
Que nuestras flores que están marchitas
Dormidas en palabras escritas
Vuelvan de nuevo a nacer
Tú haces la noche mas clara
Tú haces la nieve más blanca
Tu haces que el río que se estanca
Vuelva a correr y no pare.
Tu haces que en todas mis noches
Vuelva a verte en mi almohada
Tú haces la espiga del viento
Tu haces el todo del nada
Por eso
Tienes que saber,
Que una sonrisa tuya puede hacer
Que en mis noches ya no llore.
# 04
… Y sigue eternamente el silencio
Aunque preguntes mil veces,
Aquí y allá
Ya te han dicho lo que eres
Y a quien tienes que creer
Y a quien no
Ya te han dicho quien es bueno y quien es malo
… Mucho antes de nacer.
Yo viviré cinco minutos mas que tu.
# 05
Tú sabes amor?
Tú sabes que te quiero cuando nadie te quiere?
Cuando estás a punto de estallar,
Cuando tus lagrimas son mas osadas que tu orgullo
Cuando sientes tu alma agobiada
Cuando no hay salida,
Cuando es el final de algo que tu crees que no ha tenido principio
Después de haber leído todo los textos proporcionados por Luis, me doy cuenta que hay una cierta reiteración en diversos temas.
Esta insistencia: el mar y sus olas. La arena. Las almohadas vacías, las llegadas del amor y sus posteriores partidas…todo configura y moldea un universo adolescente donde las hormonas guían la mano del escritor y le hacen caer en estas repeticiones, que no son otra cosa que una sinopsis de experiencias vitales.
El escriba, tiene mucho cuidado en no permitir eco alguno en su selección.
Mas tarde la empecinación playera desaparece. Y entonces nos encontramos a un Luis Centeno más maduro y más sutil y embriagador- perdóneseme la mariconada- en sus textos y en sus mensajes poéticos.
Pero volvamos a los escritos de su juventud.
Hay -para mí, que lo conozco bien- dos circunstancias que son muy íntimas y especiales para el poeta.
Esas son: Su casa del Camino Suárez y la falta, muy temprana, de su padre.
La casa por dos motivos especiales -a lo mejor, me estoy metiendo en vericuetos que no me incumben- pero me da igual, son los peligros que deben de asumir los autores al otorgar la potestad al escriba.
La casa, digo, por dos motivos: por la feliz niñez pasada en ella y porque en ella la familia estaba completa. Todos juntos.
Y su padre. Porque, sin tan siquiera consultarle, tomó el camino sin vuelta demasiado pronto y le dejó desprovisto de cuentos. Sin historias de soldados.
Este relato que ahora viene, combina los dos motivos, que yo intuyo, en la obra temprana de Luis..
Es una narración conmovedora (que ganó un certamen literario) cuyos originales conservamos tanto el autor, como su hermano mayor y el escriba que suscribe.
El citado hermano -Josemaría- me dio la idea de no solo transcribir el texto sino de, además, adornarlo con las imágenes del original escaneadas.
Me pareció una estupenda idea. Pero… porque decorar en exceso lo que no lo necesita? Me dije.
Así que esta cuarta entrega no es tan laboriosa para el escriba. Solo escribo este prolegómeno e inserto los originales del relato para que se puedan leer tal cual se escribieron. Adornados, eso si, con un revestimiento de años pasados en las catacumbas, que embellece y da color al trabajo.
También –si te fijas y te acercas a la pantalla- puedes llegar a oler el papel. No te creas que es mentira.
Un trabajo salido de los tuétanos del autor. A golpe de lágrimas, añoranza y pena por su madre desolada.