ME CANSÉ DE SUTILEZAS

Me cansé de sutilezas

Por Leopoldo Abadía.

Un amigo me advierte: “Leopoldo, te veo demasiado sutil. Y cuando uno es sutil, se expone a que otros digan: ¿Ves cómo este también está de acuerdo conmigo?”

Y por eso, y sin que sirva de precedente, en este artículo pretendo no ser sutil, sino dejarme llevar por mi bendito aragonesismo, que me encanta porque me hace ver la riqueza de mi patria (España), en la que le caben dentro gente como mi hijo Carlos (un poco brutico) o como mi yerno Javi (un poco gallego) o como mi nuera Mercedes (un poquico catalana).

Me preguntan muchas veces por la independencia de Cataluña. Y yo suponía que había quedado claro que a mí eso no me gusta nada. Resulta que no había quedado claro. Pues ahora queda claro: LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA NO ME GUSTA NADA.

En consecuencia, el día 25 iré a votar y votaré por un partido que no será CiU, porque a CiU le veo desnortado, dirigido (¡?¡?¡?) por un personaje que ha perdido el oremus y que va diciendo cosas con las que no estoy en absoluto de acuerdo. Personaje que se llama Artur Mas. (Aclaración que yo antes consideraba innecesaria, pero que ahora hago, por aquello de evitar las sutilezas).

Supongo que hasta aquí queda claro. Pues sigo.

En Els Matins de TV3, Ariadna Oltra, una presentadora  fenomenal, me preguntó si me extrañaba que el 67% de las pymes catalanas hubieran votado a favor de la independencia. Le dije que no me extrañaba. Sé que alguien entendió que eso quería decir que a mí me parecía bueno, lógico y saludable que las pymes catalanas quisiesen la independencia. Pues no. Me parecía lógico porque, en este ambiente que se ha creado en Cataluña, mejor decir que te parece bien que meterse en líos.

Después se me ocurrió leer la noticia, en La Vanguardia, periódico propiedad de un Grande de España que seguramente piensa devolver la grandeza, porque creo que no se puede ser a la vez Grande de España y sonreír ante las cosas que dice Oriol Pujol, de CiU, sobre el Rey y que publica La Vanguardia, claro.

Bajo el titular “El 67% de los empresarios de Pimec, a favor de un Estado propio”, decía que “el 66,8% de las 2.224 compañías que habían respondido al sondeo, aproximadamente un 12% del total de asociados, son partidarias de que Cataluña tenga un Estado propio”.

Como sé multiplicar, multipliqué 66,8 por 12 y me salió que el 8% de las  empresas de Pimec había votado a favor del estado propio. O sea, no era el 67. Era el 8.

Estoy hasta el gorro de falsedades, de groserías. Y, por favor, que Mas no me diga que ellos, también. Y que ellos, más. Pues si ellos, también y ellos, más, quiere decir que ellos y tú, Artur, lo estáis haciendo ESPECTACULARMENTE MAL. Y que estáis jugueteando con mi Patria y eso es muy serio.

El asunto de la independencia se arregla, si se quiere, en una semana y tres meses, por este orden.

En una semana, un empleado del Ministerio de Economía del Gobierno central y un empleado de la Conselleria d’Economia de Cataluña se meten en un parador, cada uno con su calculadora y sin móvil, sin Twitter, sin cámaras de televisión y sin micrófonos, y queriendo llegar a un acuerdo, resuelven en cuatro días el famoso tú me robas, yo te expolio. Cuando digo cuatro días, quiero decir cuatro días. Aquí no hay sutilezas.

Luego, en tres meses, queriendo, un grupo de personas competentes (y cuando digo competentes quiero decir competentes, no cualquier Senador), actualizan la Constitución, que, después de 34 años, bien se merece que la pongan guapa. Sin olvidar que, en el grupo que redactó la Constitución, había dos catalanes, Miquel Roca Junyent y Jordi Solé Tura. Y que Roca vive, de lo cual me alegro mucho y que tiene una cabeza mejor y más clara que muchos monigotes que circulan por ahí. Aquí me da por la sutileza y no pongo nombres de monigotes, pero ya sabéis a quiénes pondría.

He repetido y subrayado dos veces que esto se hace queriendo, porque si no queréis y os dedicáis a sembrar el odio, allá vosotros con vuestra conciencia.

Pero aquí repito lo que hace tiempo escribió Ángel Gimeno, un socialista muy amigo mío, que fue Consejero de Economía en la Diputación General de Aragón: “Algún día, el PSOE tendrá que pedir perdón a España por lo que ha hecho Zapatero”.

Pues mira, Artur. Si sigues en tu viaje a lo desconocido, algún día CiU tendrá que pedir perdón a Cataluña por lo que has hecho.

Ya sé que eso no te importa nada. Pero la historia es la historia. Y alguna vez alguien te recordará como un personaje nefasto que hizo daño a su país.

Seguramente, te reirás y dirás que no te importa nada lo que yo te diga.

Pero el desahogo que he conseguido escribiendo este artículo hace que me importe tres pitos tu opinión. Y no digo aquello de Humphrey Bogart en Casablanca (“Si tuviera tiempo de pensar en ti, te despreciaría”), porque quiero ser bien educado. ¡Y no sabes lo que me cuesta!

P.S.1

Alguien dirá que no soy catalán. Y es verdad. Pero quiero dejar claras varias cosas:

Que de los 7 millones y medio de catalanes, hay más Abadías que muchos otros apellidos ilustres de esos que se creen que llevan la sangre de Wifredo el Velloso por las venas. Que yo, con muchos otros, catalanes y no catalanes, hemos hecho el IESE, institución por la que se conoce y se prestigia a Cataluña mucho más que por las cosas que hayan hecho los Mas y otros que presumen y no han hecho NADA. Y que, por tanto, no admito ser un catalán de segunda. Soy tan de primera como ellos, y si me apuran un poco, más. (No Artur). Como es natural, si me encuentro con Mas, le daré un abrazo y volveremos a echar risas como la última vez que nos vimos, recordando cosas divertidas que nos habían sucedido.

En el próximo artículo, volveré a la sutileza.

TIEMPOS DE DESCONSUELO Y SURREALISMO

TIEMPOS DE DESCONSUELO

( Y Surrealismo)

MICHAEL CHEVAL.

PINTURAS

***

En estos tiempos surrealistas donde la realidad se confunde con la mala ficción -fíjate que grandísima putada- y el futuro se adivina de un color negro azabache, uno se refugia como puede, en el recoveco afectuoso que proporciona el arte. En ese oasis que te procura la contemplación de obras de -en este caso- maestros desconocidos y que son, ya te digo, refugio y consuelo para esta desazón que día a día nos interviene. Para paliar -si fuese posible- el sentimiento adverso que te produce, el sinfín de atropellos, abusos y contrasentidos que podemos observar atónitos en este país desmantelado,  deshecho y con pocos visos de arreglo.

Surrealistas son estos tiempos también de injusta locura social;  así como impensables las coyunturas no buscadas que nos rodean y que  -ni en la peores pesadillas- hubiéramos pensado que acompañaran nuestra vida.

Por eso me gusta tanto el surrealismo. Porque ya que vivimos estas circunstancias, por lo menos que me pillen preparado para poder malentender esto que se nos ha venido encima.

Tengo una especial predilección por los Jokers, por los arlequines, por lo bufones, los monos; como se llamen. Habría que hacerse mirar esa particularidad, lo sé; pero, he de reconocerlo, me encantan. No los tristes y amenazadores. No esos de risa cruel y llenos de maldad que producen desasosiego. Me gustan los alegres y coloridos. Aquellos que, bailando con una pierna alzada a la Ian Anderson manera, te dispensan una melodía  y una risa al son de sus cascabeles. Con la venia de su Rey que casi todo le permite. Casi todo, tampoco se pasen.

También me gustan del surrealismo, esos paisajes oníricos de perspectivas y proporciones imposibles. Me gusta esa irrealidad que escapa del concepto establecido de lo verdadero y lo existente. La  maestría en la ejecución del trabajo y  la representación de la fantasía del artista en el lienzo. La ilusoria y quimérica percepción de un mundo descabellado y disparatado. Un mundo, que se nos escapa. Que desafortunadamente no existe.

Esto de las redes sociales, ayudan mucho a descubrir talentos que de  otra manera, nunca yo hubiese sabido de su existencia, Por eso me he sentido tan dichoso por descubrir a este artista ruso del que ahora -si queréis- vais a poder contemplar una muestra de su fantástico y ensoñador trabajo. Michael Cheval

Antes poneros en situación:

 

Michael Cheval

Michael Cheval nació en 1966 en Kotelnikovo, un pequeño pueblo en el sur de Rusia. Creció entre pinturas y pinceles, lienzos y caballetes. Su abuelo, un artista profesional y escultor, fue quizás quien trasmitió a Michael el amor por el dibujo, de tal forma que a la edad de tres años Cheval ya podía dibujar complejas composiciones mostrando sus fantasías e impresiones. En 1980, Michael y su familia se trasladaron a Alemania. Su nuevo hogar causó una gran impresión en el joven artista. Museos y castillos, antiguas calles y paisajes del sur de Alemania definen de forma permanente los gustos y predilecciones de Michael. Siempre interesado en la historia y la literatura, Michael se dedicó durante un tiempo a la música. Organizó una banda y se dedicó varios años al rock ‘n’ roll. Componía canciones y escribía poesía.

Después de graduarse de la escuela y servir en un ejército soviético, Michael se mudó a Nebit-Dag, una ciudad de Turkmenistán en el medio de Kara-Kum, cerca de la frontera con Irán. Absorbió la filosofía oriental y comenzó a trabajar como artista profesional independiente, dando forma a su estilo surrealista.

Con su decisión de emigrar en 1997 a EE.UU. comenzó una nueva época para el artista. Regresó a la cultura occidental que en gran medida lo inspiró en su juventud, pero ahora se trajo a su propia experiencia, su filosofía y visión. En 1998, se convirtió en miembro del prestigioso Club de Nueva York Nacional de las Artes, donde en 2000 fue distinguido con el Premio del Comité de Exposiciones en la exposición anual del club. Cheval expone con regularidad en varias galerías de Nueva York y Europa y es miembro destacado de la Society for Art of Imagination (Londres, UK)

Michael Cheval también ha publicado dos libros. El primero, de 96 páginas a color y llamado “Lullabies”, fue publicado en colaboración con la galería Interart en el 2003, y el segundo, “Nature of Absurdity”, libro de 128 páginas a color, en el 2007. Será este segundo álbum el que defina su visión y estilo único. El absurdo es el punto de partida de sus creaciones. El arte de Cheval a menudo se identifica con el teatro del absurdo de Beckett y Ionesco, y las películas de Greenaway y Buñuel.

(Fuente : http://www.enkil.org/2012/01/03/michael-cheval-el-arte-del-absurdo/)

Si queréis ver una muestra de su trabajo musicada con Pink Floyd, podéis descargaros esta presentación en Power Point que he realizado.

https://skydrive.live.com/redir?resid=9B5AD4B7DBD9E872!2466

Pichad en Acciones de Carpeta > Descarga de Carpeta. Que la disfrutéis.

CATALUÑYA (II) LOS CONDADOS.

CATALUÑYA (II)

***

LOS CONDADOS

 

Aquí tenéis la segunda entrega de la serie Cataluñya. Está dedicada  a Los Condados.

Resulta enriquecedor saber que La Frontera de los mundos islámicos y cristiano  perdurara durante tres siglos a orillas del Llobregat, o que la palabra Cataluña pudiera deriva del árabe Katat Tugru que sería algo así  como castillos de la frontera. Esta última teoría no está incluida en el texto, aunque son  otras tres las que el autor expone de las muchas que se puedan encontrar.

Esta es la segunda entrega del trabajo en pdf  elaborado por el amigo escritor Jotapunto Rebuscá. Continuamos con Los Condados… Aquí lo tenéis por si queréis leerlo y/o guardarlo:

Los condados

Merecerá la pena, insisto, el guardar debidamente todas las entregas.

La tercera entrega « Los Monasterios» nos descubrirá una visión sorprendente de la etnogénesis de Cataluñya: la monacal

EL RESTO DE LA MEMORIA Y LA IMPRESENTABLE.

El Resto de la Memoria

 y La Impresentable.

 

EL RESTO DE LA MEMORIA.

“Uno de Enero. Dos de Febrero. Tres de Marzo. Cuatro de Abril.

Cinco de Mayo. Seis de Junio. Siete de Blowin’ in the Wind.”

 

Uno de Enero.

Ni la más minima duda tenía yo de que el equipo encabezado por Anita Iglesias Cumpián, iba a poner todo su arte, todo su empeño y corazón  en el trabajo escénico llamado: “El Resto de la Memoria”.

Lo sabía, porque llevo meses siguiendo con interés el Making Of de esta obra de teatro. Sabía pues de la complicidad intima y personal de los implicados en dicha historia. Sabía también de la pasión que demostraban en cada una de las  actuaciones financieras para tratar de capitalizar la puesta en marcha de este espectáculo teatral. También de los frustrantes resultados.

 

Dos de Febrero.

El espectáculo resultante es una perfecta amalgama de artes escénicas donde se reúnen  una música muy cuidada en directo (precioso el primer tema) con unos audiovisuales efectistas realmente conseguidos y absolutamente acordes con los momentos de la trama. Unas meritorias actuaciones dignas de elogios. Acreedoras de aplausos, como así fue.

 

Tres de Marzo.

Tenía yo mis reservas -siempre las tengo- de que la representación, pudiese resultar tediosa y consecuentemente aburrida. Un pardillazo que se le dice. Mis temores se acrecentaron cuando el principio de la obra se desarrolla con una lentitud exasperante. Algo absolutamente insoportable para alguien – que como yo- es el paradigma de la inquietud, la impaciencia y lo inmediato. Esa lentitud exasperante -necesaria, por supuesto, para la puesta en situación- duró apenas dos minutos. A partir de ese momento, la trama, el desarrollo de la obra, se volvió de los más interesante y ameno. Muy corta.

Cuatro de Abril.

La versatilidad de Anita Iglesias Cumpián -la principal actriz- nos dispuso durante todo el espectáculo a la sorpresa. Pasando en un mismo fragmento de la obra por situaciones dramáticas y de una seriedad patente, para al segundo -y alternando – ofrecernos una bis cómica que el público agradecía con sus risas y con alivio.

Cinco de Mayo.

No se puede dejar de citar el magnifico trabajo de Alex “Zurdo” Menéndez. Porque , además toca todos los palos muy resuelta y dignamente.  Toca las guitarras, canta, recita, actúa, tramoyea, y por fin…se echa un baile descarnado con Anita que a todos nos toca el corazón. Magnífica esa parte. Solventando con humor situaciones imprevistas como el desafine de la guitarra flamenca o la rotura de una cuerda de ese mismo instrumento. ¿Se la habría proporcionado la competencia?

Seis de Junio.

La realización audiovisual de Francis Valero, resulto tan impecable como efectista. La voz en Off. Fantásticas las tomas primeras de la playa. La elección e las imágenes. Conmovedora la saeta del chavalito con síndrome de Down acompañado por los “tambores” de Salvi Laporte. De lo mejor ese trabalenguas imposible (casi lo que más me gustó) del tutú y el yoyó de mi peludo amigo Miguel A. Cumpián. El combate de Boxeo. La hilarante y a la vez dramática escena de las rosquillas. El baile, la danza, el manejo del cuerpo y las manos. Esas manos que Anita mueve con tal maestría y delicadeza que hablan por si solas. Sería una elegantísima traductora para sordos.

Siete  de Blowin’ in the Wind.

El resultante final, fue una pieza teatral que te atrapa desde los primeros momentos. Una obra que no te deja indiferente no solo por la trama argumental, sino por el producto del empeño de las personas que se han implicado en este proyecto.

Un proyecto que me imagino difícil, cuando no rozando lo imposible Porque en esta ciudad de putas y camareros -que todo se soslaya con el turista que nos llega de donde fuese- hacer realidad un propósito artístico, es un tarea ímproba y extenuante. Para nada rentable además.

La falta de financiación, es patente a menos que sirvan a intereses partidistas y a amiguetes afectos. Por eso, es muy loable el tremendo esfuerzo que han realizado estos artistas para financiar -muy parcamente- un trabajo que va dirigido a una minoría intelectual en este miserable país de Sálvames de Mierda y cotillas maldicientes.

Y además, lo peor de todo, es que en esto, no se ve arreglo. Porque no se ve la intención de las autoridades pertinentes a potenciar entre la ciudadanía los espectáculos útiles para el cerebro. Indispensables para el corazón. Sigamos financiando macro botellones, y conciertos con resultados funestos. Pero déjennos disfrutar a los  aficionados  asistentes a los pequeños locales. No nos den  (que sí!) el Estadio de la Rosaleda. Pero se nos proporcione –y facilite- el Echegaray y el Cervantes, para que la familia cultural malagueña pueda disponer de espacios y recaudaciones dignas y decentes, para financiar nuevos proyectos. Que no les cuesten dinero.

***

La Impresentable.

Abundando en el Siete de Julio, las trabas administrativas que se les pone a los artistas con pocos recursos, son innobles e ignominiosas. Inasumibles por estos para garantizar el resultado que pretenden. Todavía recuerdo, las trabas que les pusieron a un grupo de amigos músicos para actuar en el Teatro Echegaray. Trabas que pasaban por IVA, IRPF, altas como empresarios y como trabajadores, un sinfín de legalidades que hicieron, como era de prever, que desistieran de repetir la experiencia en este tipo de locales municipales.

La Impresentable, se presentó anoche a las puertas del local donde se representaba “ El Resto de la Memoria” Lo que se creía que era una entrevistadora de un medio de comunicación. (Ay infelice!!!) resultó ser una inspectora de trabajo con la pretensión de realizar no se que papeleo para un representación en un local con un aforo ridículo y realizado, con  enorme esfuerzo, por un reducidísimo número de personas.

Anda y que le den!!! O peor aun…que no le den!!!

Pero como terminar con la presencia de esta indigna, no es de recibo, termino esta crónica con la recomendación ferviente de que se acuda  a los espectáculos menores. Teniendo en cuenta que son menores en cuanto a presupuestos y facilidades de la administración. Porque en cuanto a ganas y resultado, no dejan nada que desear. Nada absolutamente que desear.

Gracias, por fin, por haberme hecho partícipe de este trabajo. Gracias de verdad.

CATALUÑYA

CATALUÑYA

***

 

“Escribir Cataluñya tiene un especial contenido,

 aunque sea una burrada ;

la ñ es la nn  equivalente  la ny en catalán.”

Leo estos días que el ínclito Artur Más, vuelve con las orejas gachas y ciertamente cariacontecido de sus lujosos periplos europeos donde ha pretendido vender, infructuosamente, su quimera independentista. Han tenido los de fuera que decirle que “nanay de la china” que para eso de ser estado independiente en la Unión Europea… Que se ponga a la cola! Y que eso de adherirse al Euro si se independizan de España… Que si estás de bromás Artur Más!

 Qu’est-ce que vous voulez mon ami?

Como ya habrá dientes afilados tras esta primera parrafada, quede claro que me reafirmo en mis apreciaciones sobre Cataluña y los catalanes en el relato de mi viaje a Barcelona en el 2007. Figura en este blog literalmente:

“Lo mejor del periplo barcelonés, no ha sido el espectáculo, maravilloso y recomendable espectáculo, del Circo Del Sol. No ha sido tampoco la enorme belleza de la ciudad. Ni tan siquiera los perfectos cocktails que nos tomamos en Snooker. No. Lo mejor han sido sus gentes. La consideración, la atención prestada, el perenne interés en darnos la información solicitada, el no problema de la lengua, y sobre todo, la enorme simpatía desplegada hacia nosotros los andaluces ,ha sido con diferencia, lo mas grato y sorpresivo.

 Respeto al idioma, respeto la idiosincrasia de pueblo. Reconocimiento al arte desarrollado por ese pueblo. Enorme.

 Amo Cataluña. Amo Barcelona”.

 

Dicho esto, ratifico también lo que en su día también expresé: “Que a pesar de estar rodeado de amigos de procedencia catalana  -y prácticamente ahogado en seguidores del Barça- nunca jamás en mi entorno, han surgido palabras de desprecio o ninguneo hacia Cataluña.” Júrolo por mis muelas. Así que no entiendo esa inquina especial  de los independentistas hacia todo lo español. Entiendo sus deseos, pero no esa fobia hacia sus principales clientes.

Y así está el patio empresarial catalán de revuelto y preocupado por las posibles consecuencias económicas. Porque al resto del país no le gusta que lo desprecien.

Que Catalonia is not Spain? !Pó fale! Dice más de uno.

En estos últimos tiempos, y gracias a la política poco clara del Sr. Más, que creo -en mi humilde opinión-, que le calla más de los que debiera al pueblo catalán para sacar réditos electorales, el sentimiento “antiuno y antiotro” en el país, va a dejar unos daños colaterales, una profunda zanja en las relaciones entre ambos territorios. Ya lo vamos a ver estas navidades con los productos catalanes. Desafortunadamente, pero lo vamos a ver, y esto no trae nada bueno para nadie.

Yo, es que no entiendo demasiado eso de las soberanías. ¿No nos basta con ver que el estado se arruina con tantas duplicidades de gobiernos autonómicos, diputaciones provinciales, más diputados, senadores, alcaldes, concejales, consejerías, secretarías, miembros, miembras, chóferes de confianza y píqueme Ud. de aquí, para que encima se pretenda una separación que a nadie conviene?

No sería mejor digo yo -ignorante que soy- y por poner un ejemplo, aspirar a una unificación territorial?

¿No sería mejor que estuviesemos empeñados en que hubiese un gobierno democrático único para todo el territorio español? Conservando cada región sus características propias, peculiares y culturales como es natural.  ¿Un gobierno elegido por todos los españoles, con listas abiertas, con controles exhaustivos y exigentes para los políticos electos? ¿Determinar una permanencia en el poder no mayor de ciertos años que evitara la poltrona, el enriquecimiento innoble y el nepotismo? Y sobre todo, con una dura aplicación de la ley para que el que robe, “amiguetee”, prevarique o se aproveche de su cargo en beneficio propio vaya a la cárcel? Y no se olvide lo más importante, lo robado… Que sea devuelto en su totalidad y con intereses. Con efecto retroactivo por supuesto.

¿No sería mejor que eso de la “res pública” estuviese dirigida por profesionales, con un sueldo mucho más que digno, pero sin esas prebendas alocadas, inmerecidas y auto concedidas que tanto indignan al personal y, además, que estos profesionales, no estuviesen mediatizados por una disciplina de partido?

Mas que nada para podamos vivir en paz. De una reverenda vez.

Después de estas elecciones, seguramente Artur Mas recogerá votos independentistas suficientes como para tener mayoría absoluta. Me pregunto si una vez obtenida la ganancia, dejará aparcado el tema echándole la culpa de su fracaso soberanista a España y a Europa; a Perico el de los palotes o al Ramonet. Tenga cuidado, por si acaso, el Caganer.

Uno no está lo suficientemente preparado para elaborar unos artículos sobre la verdadera  historia de Cataluña; sobre su pasado, sobre su presente. Sobre ese futuro que aún está por ver según sea la utilización del pueblo por parte de políticos con fines partidistas y en muchísimos casos, de infame y miserable negocio propio.

Así que en su día le pedí al erudito e intelectual amigo Jotapunto Rebuscá, un estudio aclaratorio del tema catalán para que me sirviera de guía para ver de donde viene esto del independentismo para publicarlo en “Colaboraciones” de este Blog. Y los argumentos de una y otra parte. Más que nada, para que yo me entere si lo que se reclama es por derecho, o son saludos al sol de determinados grupos interesados en perpetuarse en la gran vida. En hoteles de cinco estrellas con esposas incluidas; que tambien tienen derecho a salir las pobrecicas.

En fins…

Rebuscá me indica en un correo:

“Cuando me hiciste el encargo creí que lo mejor era ofrecer la posibilidad de conocer Cataluña a través de sus iconos y aunque el nacionalismo es uno de ellos no es el único, pero le daremos un trato especial por aquello de poder entender porqué unos españoles quieren dejar de serlo.  

 Lo del título es un tanto elocuente; escribir Cataluñya tiene un especial contenido , aunque sea una burrada ; la ñ es la nn  equivalente  la ny en catalán.”

Esta es la primera entrega del trabajo en pdf  elaborado por el amigo escritor. Empezamos por la Senyera. Aquí lo tenéis por si queréis leerlo y/o guardarlo:

La senyera

Estoy seguro de que será esclarecedor y merecerá la pena, el guardar debidamente todas las entregas.

Que la disfrutéis!!

LUIS RUIZ. THE URBAN SKETCHER

LUIS RUIZ. 

THE URBAN SKETCHER.

“Dibujando Malaguistán y otros rincones”

Tengo que reconocerme un cierto componente envidioso en lo que se refiere a las capacidades de mis amigos los artistas plásticos. Lo sé, lo sé… no está bonito! Pero no lo puedo evitar. Pura envidia de la mala malísima.

Veréis el porqué: porque yo soy absolutamente incapaz de realizar, medianamente decente, el más mínimo trazo. Ni medianamente ni no medianamente, para que engañarnos. De ahí esa envidia indisimulada y recalcitrante.

Hace un cierto tiempo, a través del trabajo de mi muy querido amigo Javier Rico (sobre el cual realicé entrega en este blog) me enteré lo que era un Urban Sketcher. Yo había deducido –traduciéndolo literalmente- que sería una especie de “boceteador” urbano. Es decir, alguien con las suficientes aptitudes pictóricas como para esbozar paisajes cuando y donde le viniera en gana. Siempre -parece ser- al aire libre.

Más o menos es eso; pero estaba yo lejos de suponer que estos artistas forman una especie de elitista “tribu urbana” con un precioso trabajo a sus espaldas y con un innegable valor documental.

Así que me dije…voy a ver de que va esto. Insisto: El querido amigo Javier Rico tuvo la culpa.

De lo primero que me dí cuenta es de la cantidad de verdaderos artistas que disponen su tiempo libre para rellenar su sketchbook (su cuaderno de bocetos) con los rincones que le entran por los ojos en sus viajes o de la propia ciudad donde viven. Que ese es el caso de los dibujos que ahora vais a ver.

Me enteré también, de que hay unas ciertas regla no escritas (o sí, no lo sé) que dictaminan por donde van los tiros. Estas son las que he fusilado de Internet:

El término anglosajón nos puede despistar: Urban sketcher. ¿qué es eso?… Alguien que dibuja en las calles. Y, si forma parte de esa comunidad, alguien que sigue una definida filosofía:

 Dibujamos “in situ”, a cubierto o al aire libre, capturando directamente lo que observamos.

  Nuestros dibujos cuentan la historia de nuestro entorno, de los lugares donde vivimos y donde viajamos.

Al dibujar documentamos un lugar y un momento determinado

Somos fieles a las escenas que presenciamos.

Celebramos la diversidad de estilos de dibujo y utilizamos cualquier tipo de herramientas y soporte.

 Nos ayudamos mutuamente y dibujamos en grupo

 Compartimos nuestros dibujos en Internet

 Mostramos el mundo, dibujo a dibujo.

 

 

Es esta, una técnica que me encanta. Aunque -en cierto modo- doy gracias al Señor de los Anillos, por no haberme dotado para esa forma de dibujo (ni para ninguna otra) pues sabiendo de  mi incontenible ansiedad e impaciencia, tendría mi casa llena de sketchbooks repletos de rincones de cada uno de los sitios que hubiera visitado. Aunque, me imagino, que eso irá contra la filosofía de todo Urban Sketcher que se precie. Je ne sais pas.

A lo que vamos.

Danzando por los suburbios del ciberespacio, he descubierto un magnifico artista que se llama Luis Ruiz. Arquitecto; lo digo porque se le nota la profesión en esa maestría  que demuestra plasmando líneas, escalas y perspectivas. Sean caballeras o no.

Tanto tanto me gustó su trabajo, que no tuve mas remedio que solicitarle la venia para insertar una entrada en mi Ateneo’s Alas con Secuencias de este blog, para que residiera de facto junto a los colegas artistas que componen este grupo de tocados por la mano divina.

Me dio el permiso; y muy agradecido e ilusionado, me puse a elaborar esta entrada que ahora estáis leyendo.

Lo primero que decidí, fue que solo insertaría imágenes de nuestra ciudad: Málaga. Aunque eso, también supuso un problema; porque el espacio disponible que te permite la duración de la música elegida, te obliga a desechar cantidad de imágenes que -créanlo Uds.- cuesta mucho trabajo exiliarlas a la papelera del olvido. O relegadas a la segunda oportunidad en el mejor de los casos.

A pesar de eso, con Luis Ruiz he podido redescubrir una Málaga trazada a lápiz y coloreada con acuarela.

He visto el Palacio de la Aduana escoltado por su guardia washingtoniana, la Plaza de la Constitución poniéndose el arnés de la tribuna para poder ver mejor, si cabe, la bendición del Nazareno del Paso. He observado con tristeza, la sinrazón y el disparate que supone el cierre de la Librería Cervantes. Malos tiempos de lectores digitales para el papel impreso.

He visto un Ayuntamiento tricolor detrás de coches sin vida y una perspectiva inusual del antiguo edificio de Correos reencarnado ahora en rectorado universitario. Las dos Puertas: La Nueva y la del Mar.  Los palacetes de Casapalma y Alameda Principal.  He tomado vinos en Casa Guardia y en Las Garrafas.

He visto también, una desacostumbrada perspectiva de la Catedral desde el Postigo de los Abades. Por ver, en los dibujos de Luis Ruiz, he visto el Mercado de Atarazanas y un Muelle Uno atiborrado de embarcaciones. Cortijos encantados y tardes de desfiles procesionales. Thyssen Bornemisza. Casas deprimidas en el Malaguistán lagunillero; otras señoriales en la zona de Conde Ureña, a los pies de ese Monte de las Tres Letras, que me tanto viví en mi juventud y adolescencia.

Todo eso he visto con los dibujos de Luis Ruiz. Todo eso… Pero además, adornado con letras y apuntes. Notas y comentarios, acotaciones y explicaciones que le reportan una viveza extraordinaria y un aspecto que solo los Urban Sketchers le pueden proporcionar. Un verdadero hallazgo.

Si queréis podéis visitar el blog de este nuevo amigo en:

http://luisrpadron.blogspot.com.es/

Y si queréis bajaros la presentación con su precioso trabajo, podéis hacerlo desde aquí:

https://skydrive.live.com/redir?resid=9B5AD4B7DBD9E872!2460

Pinchad en Acciones de Carpeta > Descargar Carpeta.

Una gozada, de verdad os lo digo…Una fantástica gozada.

MANUEL SALINAS. BAILANDO CON MÚSICA DE LLUVIA

MANUEL SALINAS.

 BAILANDO CON MÚSICA  DE LLUVIA

Posee  mi querido amigo el Doctor en Literatura Manuel Salinas  un ligero aspecto de indiano urculiano.

Lo de indiano lo digo, porque parece (con ese moreno sempiterno que luce) recién llegado de allende los mares; además de la elegancia que le proporciona ese sombrero Panamá que le cubre la testa últimamente. Lo de urculiano, viene dado por esa apariencia y envoltura que le confiere dicho tocado, y que él sabe -tanto como nosotros- que le favorece y que le sienta tan bien, tan bien, que le procura papel principal como interviniente en el universo pictórico de Eduardo Úrculo.

Cierto es que si en vez de un Panamá, vistiera canotier, bombín o chistera, luciría igualmente elegante. La buena facha, que diría mi madre.

Tiene a bien mi buen amigo el Doctor en Literatura Manuel Salinas, el recopilar en un blog su última producción poética. ¿He dicho que es un insigne poeta? Pues lo digo: es un excelso e insigne poeta. Tal y como lo son la camarilla de amigos que le rodean. Mi muy querido amigo González -el del Pino- a la cabeza de tan distinguido grupo literario: Alot, Navidad, Quesada, Verdú y los propios Salinas y González del Pino, Don Juan Miguel.

Sigo con lo del blog:

Quiero escribir esta reseña en este mi sitio, acerca de mi amigo Manolo, ya sabéis… el Doctor en Literatura Manuel Salinas, porque quiero haceros partícipes de su lugar en  Internet.  Un lugar donde bailando, la palabra del poeta se resguarda de la lluvia.

Porque ya se sabe… “Siempre fue la lluvia una música muy bailable.» ¿Verdad Manolo?

El link a esa página, para que la visitéis, es este:

http://ningunanubeesinutil.blogspot.com.es/

Y como para muestra, vale un botón, -yo, que tiendo a la exageración- inserto en esta entrada seis muestras, que no una, de la poesía de Manuel Salinas. Para vuestro uso y disfrute. Para gozo y alborozo; júbilo, placer y regocijo que le dicen.

Como quiera que el poeta Manolo –no sé como lo hace- siempre está rodeado de bellas mujeres, ya sabéis eso de “Cuídate de los que saben escribir, pues tienen el poder de enamorarte sin tan siquiera tocarte”, he pensado que -a lo mejor (no sé que dirá la propia)- le gustaría que sus poemas estuviesen escoltados y amparados  por las pinturas surrealistas de Michael Parkes.

Porque como mejor se está, maifrén, es en buena compañía.

Estos son los poemas que he destacado de Manuel Salinas. ¿Os es dicho que es Doctor en Literatura, verdad? Pues sabed amigos míos, que antes de eso, y por encima de eso, es poeta.

***

Tomados los ojos, no fue difícil adivinar que lo lluvioso y perdido

 terminarían por echarlo de la tarde de sol aquella.

Manuel Salinas

Llévame a los cielos
envuelto en el fuego de las cosas que amas;
hospédame a solas en su corriente;
pídeme socorro con un perfume de flauta de espina;
avívame, soy lumbre,
violeta sonora de un ático donde las niñas
se peinan con alondras y cantan.
Vuélame la noche, la tarde, el claro día.
Madúrame la casa de verde fruta.
Lléname de saltos de caballo el alma.
Llámame con sueños por mi nombre de poeta.
Coróname de migas de buen pan. Ampárame
y baila hermosa, mientras el mundo se hunde,
con un dulce violín en la solapa.
Regálame esa nube para gastarla juntos;
dime que sí. Dame la tinta, luz, agua: todo
lo que sea tuyo y tiemble de alegría
en los falsos oros de esta pavana
que la noche toca en los atardeceres con niebla.

La palabra es río
y se demora en el aire como un pájaro.

Aves y peces son de un mismo linaje,
pertenecen a lo hondo.

Ay,  y yo sólo miro el agua, el agua
que tiembla. El aire.

En las manos, el aire.

Tal es la malicia que me tiene que sólo desea quitarme la alegría de esos otros mundos que he visto alzándolos hasta los sueños, salvándolos de la noche donde se habían ahogado. Pues lo mío es cabalgar en lo oscuro, picar espuelas a contracorriente, emprender la hazaña que nos niega la voz que nos llama. Mira, que andar en las nubes es un destino. Mas cuida que, si bella es la verdad, también las mentiras sean bellas. Sé señor en todo. No ayunes en amores ni en derroches. Pide, que no te harte el descanso, que generosa sea la mudanza. Y de claro en claro, cree.

Y que así te ayude Dios, pues de nada vale el saber en este antiguo oficio de caballería, que alivia la tristeza, socorre el dolor, consuela la desgracia, ampara en la tormenta.

Desayunados todos,
en el hombro ningún sueño duele
y la muerte a la muerte ahoga en la azul rosa de una taza.

Prodigio esta mermelada
donde dulce aguardaba lo lluvioso
y perdido en los verdes manteles

y donde, para ver el milagro,
los niños cruzan el jardín con una nube en el pecho,
hartos de pan mojado y rubias alas de cristal de Sèvres.

Ésta es La Casa;
ésta es mi casa y sobra el café
y es pecado la tristeza
junto a esa naranja
que de la primavera bajó al frutero.

Es tu dolor lo mejor de mi vida:

me duelen tus manos, como una fresca llamarada;
me duelen tus ojos, de su herida vengo.

Me dueles tú, yo te conozco:
escasa eternidad
que ni llega ni se queda.

Y cuando deje de amarte,
qué raro fruto de frío será el mundo.

Es bueno que al dolor le duela algo,
que nada se repare,
que llore y que se muera.

Es tu dolor esa llama que llamo;
es tu dolor el color de mi alma.

Me dueles tú, dolor, yo  te conozco,

yo sé de tu alta nieve, de la fiereza
donde se turba el agua.

En el aire del verano somos eternos.
Todo es fresca fruta que está en llamas.

Y hace tanto calor
que es joven luz la sombra en el celindo.

Vamos a abrir la ventana, no tardes.
Ya no estaremos más solos.  Sube

que están las palabras que queman
en el parque, soñándote.

…///…

EL CORREDOR Y LA BAILARINA

(I)

EL CORREDOR EN EL OLIMPO

Para Carlos

 

Hoy me ocupan el ánimo dos circunstancias distintas. Dos sensaciones. Una dicotomía que dicen los tontopollas.

Estas son: una profunda alegría por un lado y la percepción de faltarme algo por el otro. Y las dos circunstancias, las dos percepciones, las dos sensaciones, tienen un nexo común: Mi querido y alejado amigo Carlos Gil Passolas. De viaje por esos Olimpos de Dioses.

La alegría me viene por la  justa concesión -y entrega ayer- del Premio Andalucía de Turismo. Sí que me ha dolido ver en la prensa a sus hijos Christian y Cler recogiéndolo en su nombre. Aunque por otro lado, también respiro con alivio al no tener que haber asistido y oír las palabras de Cathy -su mujer- por medio de vídeo desde Nueva York. Suelo ser cobarde antes las emociones; cosa, que por otro lado, me importa un bledo. Que me la trae al pairo, vamos. No soy persona que se avergüence de sus afectos y sentimientos.

La percepción del faltarme algo, viene dada, por que este año nadie me hablará, con el énfasis y la vehemencia habitual, de su participación -como cada primer Domingo de Noviembre- en la Marathon de la ciudad que tanto amó (y que tanto amo yo): New York City. Tampoco nadie -a la vuelta- me enseñará fotos (¡¡¡ en papel !!!) de la carrera.

No hace mucho, un amigo común, el escritor Pedro Rojano me remitió una narración escrita con el corazón -como no podía ser de otro modo- con Carlos Gil como protagonista corriendo el Marathon. Ese Marathon suyo de cada año. Acordamos los dos que no se publicaría este articulo, que ahora estáis leyendo, hasta que no estuviese encima la fecha de dicha carrera. La fecha es el próximo Domingo.

En estos días, Nueva York hace honor a su fama de ciudad catastrófica (en el cine) y hace realidad una de sus pesadillas en forma de tormenta perfecta; me imagino que George Clooney aún no se ha recuperado de la última. Y Godzilla, el meteorito, los extraterrestres y el tsunami están libres de guardia.

Tan fuerte ha sido este meteoro que se ha inundado Brooklyn Heighths, ha ardido parte de Queens, han cerrado la Grand Central Station y todos los transportes incluido el Metro. El Top of the Rock, El Empire State, no se podían visitar; y lo que es mas peor y elocuente: Los McDonalds de Times Square… También permanecían cerrados!!! Inequívoca y palpable demostración del desastre sufrido.

Por llevarse para adelante, se ha llevado -por primera vez en su historia- hasta  el New York City Halloween Parade: el tradicional desfile de los Zombies que  se celebra por estas fechas.

Han cerrado los túneles que unen los distritos de la ciudad. Por cerrar, hasta el Puente de Brooklyn entre otros, ha estado dispensado de asistencia a clase justificado por el South Street Seaport también inundado. Pier 17.

Pero lo que no han podido ni el ciclón ni el tornado, ni las lluvias, ni los vientos huracanados, ni los devastadores incendios de Queens, ni las inundaciones. Ni tan siquiera la inhóspita soledad de centro del mundo -anegado esta vez de agua en vez de luz de neones- ha sido, cancelar el Marathon de Nueva York. Con el beneplácito de los Dioses del Olimpo. Convencidos estos – estoy seguro- por uno que yo me sé.

Porque yo, desde aquí hago responsable, ante todos, y para que así conste, a Carlos María Gil Passolas.

Porque nadie -aún estando en el Olimpo- tendría tanta vitalidad (sí, he dicho vitalidad y además, en presente) e insistiría tanto en que se celebrase.  Nadie como él, dispondría de tanto poder de convicción y razonamiento para que los Dioses le complazcan y agachen la cabeza. Aplacando a las tormentas, por muy perfectas que sean . Todo con tal de que el humano se callase de una vez.

Así que dándolo por imposible, Eolo y el Titán mamón de turno, tiraron la toalla.

Poseidón, Ares y Fobos y cualquier otro Dios catastrófico, dejaron  de importunar a la ciudad con tal de que el díscolo mortal, les dejase en paz.

Por eso, van permitir que el Marathon de este año, se vuelva a celebrar. Para que este pesao -dicen ciertamente agobiados- nos deje en paz!. De una puta vez.

Yo, con Baco y su primo el griego Dionisos, como es natural, celebraré este nuevo éxito del amigo. Aunque sea sin fotos en papel.

Este es el relato de mi amigo Pedro Rojano dedicado a su otro amigo Carlos. El llamado Gil Passolas. El que todo lo consigue. Esté donde esté. Aunque sea en el Olimpo.

 

Nota de última hora: Los Dioses de la maldad, para hacer honor a su calificativo, han incumplido la palabra dada a Carlos, y multiplicando víctimas y daños, se ha suspendido la Marathón

 ***

(II)

EL CORREDOR Y LA BAILARINA

 

Para mi amigo Carlos Gil

que aún corre maratones

 

Siempre que viajaba a Nueva York le gustaba alojarse en Tribeca: un barrio tranquilo y deliberadamente bohemio que aún conservaba el sabor del Manhattan de los setenta. Nada parecido a los elegantes barrios del Upper West Side, donde la gente pudiente y envejecida vivía apartada de las nuevas tendencias.

A pesar de sus sesenta y cinco años, Carlos no faltaba a su cita con la maratón de Nueva York. «Para correr cuarenta y dos kilómetros –decía­–, solo hay que mentalizarse». En eso influía su enfermizo entusiasmo por hacer cosas.

Llegó con una semana de antelación. Era imprescindible hacerlo con tiempo y entrenar todas las mañanas. El sábado cruzó por Hudson St. para llegar a la parada de metro de Franklin. Con las primeras zancadas se alegró de usar las cómodas New Balance, las mismas con las que había corrido la última edición. El año pasado completó la carrera en cinco horas diecisiete minutos, una marca muy lejos de las tres horas treinta y cuatro que alcanzó en el 99, pero entonces eran otros tiempos, con menos años y más interés por la conquista.

Al salir del Subway en la 42st, comenzó a ascender por la séptima. Respiraba a ritmo, uno dos uno dos, inspirar espirar, repasando en su mente el programa del día: comprar vitaminas en la herboristería del 156 de Buxter; buscar el objetivo 55/180 en el B&H junto a Penn Station; llamar a Cathy; recoger la ropa de la lavandería; escribir un correo con instrucciones para la oficina. Uno dos uno dos, inspirar espirar. Mientras su cabeza se organizaba, se abría paso a través de la apagada imagen de Times Square, inusual a esa hora de la mañana: con intenso tráfico pero sin bandadas de turistas. El ejército de luces, pantallas y anuncios gigantes sobre los edificios aún no destacaba, como una actriz sin maquillaje.

Al pasar junto al edificio del Hotel Plaza, uno dos uno dos, inspirar espirar, giró a la derecha para recorrer la 59st frente a las relucientes calesas que se alinean a orillas de Central Park. En la esquina se detuvo junto al semáforo que acababa de cambiar a “DON’T WALK”. Mantuvo el trote para no enfriarse. Una chica se detuvo a su lado, vestía un plumón que le cubría hasta la cintura, las piernas enfundadas en una malla negra de bailarina y unos calentadores de rayas naranjas y verdes que le abrigaban las pantorrillas. Tenía el pelo recogido con una cola, y el rostro maquillado como si fuese a salir al escenario. Mientras aguardaba en el semáforo, aprovechó para estirar el cuello a izquierda y derecha, se puso de puntillas, apuntó los brazos al cielo un instante y los desplegó hacia los lados con las muñecas flexionadas como alas de águila. Los agitó suavemente en el aire con los ojos cerrados y en perfecto equilibrio.

Carlos pensó que aquella bailarina era una señal inequívoca de buen augurio.

En Columbus Circle ya lucían las pantallas donde el domingo los corredores podrían contemplarse agigantados por unos segundos. Carlos atravesó la plaza y enfiló uno de los senderos. Los pitidos de los taxis se fueron disolviendo en el aire, y al cabo de unos minutos pudo escuchar la fanfarria de una banda cuyos músicos ensayaban sobre la hierba. Carlos sonrió. Con aquel sonido, tan familiar para los corredores de la maratón, percibió los primeros nervios. Uno dos uno dos, inspirar espirar. Imaginó que se encontraba en la línea de salida, un punto incierto del puente de Verrazano, rodeado de corredores, con la imagen empequeñecida e inalcanzable de Manhattan más allá del mar. ¡Cuánto le fascinaba esa silueta, marcada sobre el gris brumoso del amanecer, desafiándole un año más a alcanzarla!

Uno dos uno dos. Al pasar por Stramberry fields sintió una débil punzada en la pierna. Uno dos uno dos, inspirar espirar. Otras veces le había venido un dolor a la altura de las ingles, un dolor muy intenso, como un pellizco, pero no hacía caso. El sabía que era su propio cuerpo que trataba de desanimarle. Al cabo de cierta distancia volvió a notar el pinchazo, esta vez un poco más doloroso, aunque ahora en la otra pierna. Uno dos uno dos, inspirar espirar. Hizo ademán de pararse, pero no lo hizo. Por nada del mundo iba a dejar de correr.

De pronto, uno dos uno…, su cuerpo se detuvo en seco.

Fue un frenazo repentino y tan brusco que ni siquiera produjo inercia, como si se hubiesen fundido los plomos de un tiovivo. Si no fuera por la puntera de su pie izquierdo anclada en la tierra, Carlos se hubiese quedado en el aire. El brazo derecho estirado hacia adelante, paralelo a la pierna izquierda que a juzgar por la tensión del gemelo, parecía tirar de todo el cuerpo. La cara de Carlos también había quedado detenida en ese instante en un gesto de esfuerzo, los ojos ligeramente desencajados y la boca componiendo una violenta forma de u.

Al principio no fue del todo consciente, durante unas décimas de segundo pensó que continuaba corriendo, que tan solo se trataba de su imaginación, pero fueron sus brazos y sus piernas detenidos en ese escaso metro cuadrado los que le revelaron que aquello no era normal. Cuando asumió su absurda postura, quiso cerrar los ojos para concentrarse en lo que le había ocurrido, pero no pudo hacerlo porque también habían quedado estáticos. «Está bien Carlos, no desesperes, es solo un tirón» trató de convencerse, sin embargo por más que lo intentó, los músculos de brazos y pies no respondieron.

Carlos no lograba liberarse. Hizo incontables esfuerzos por moverse tirando de su brazo izquierdo que debía de actuar de palanca para el resto del cuerpo, o de sus abductores para lograr la flexión de los muslos. Quiso gritar, quiso golpear el aire con los brazos, doblar la cabeza en cualquier dirección, pero todo fue en vano. «La perfecta estatua humana», ironizó, «solo falta que alguien pase y eche una moneda.» ¿Qué había pasado?, todo iba normal, no era la primera vez que corría, «¡Por Dios!», se lamentó en silencio, y comenzó de nuevo a tirar con violencia de las neuronas, que en ese momento eran las únicas que respondían.

Un grupo de corredores pasó junto a él sin reparar en su extravagante postura. Carlos trató de llamar su atención, pero su cuerpo le negó cualquier gesto de auxilio, el más mínimo sonido. Al sobrepasarlo, el joven que cerraba el grupo le miró con un aire extrañado, como aquellos que ven practicar taichí por primera vez. Luego volvió la vista e hizo un balanceo con la cabeza que a Carlos le pareció una burla. Cuando les vio alejarse, cayó en un profundo desaliento. Comenzó a plantearse la remota posibilidad de no recuperar su estado normal, pero no quiso rendirse, no era su estilo. Se propuso continuar tirando de aquel cuerpo que no parecía ser el suyo. Fueron muchos minutos de violenta desesperación los que le acompañaron, hasta que el cansancio le obligó a dejarlo. Se dejó llevar por una especie de sueño, aunque con los ojos abiertos. Tanta adrenalina le sumió en una flaccidez mental que relajó su musculatura.

El frío le rescató del abotargamiento. La posición estática no propiciaba una buena circulación y comenzaba a sentir un leve hormigueo. El sol caía vertical sobre su figura. Habrían transcurrido tres horas desde que salió del hotel. Recuperó cierto ánimo y decidió buscar alternativas. Tuvo que ser algo que comió, o quizás algo que hizo, un mal gesto, una incorrecta posición al andar. Se esforzó por recordar todo lo que había hecho el día anterior. Había estado trabajando en el centro de negocios del hotel, concertando las citas para la próxima promoción de Febrero. Había tenido tiempo incluso de acercarse en metro hasta el W hotel de Union Square donde se celebraría el workshop para los participantes. Todo había ido bien, sin complicaciones. Recordó incluso la impresión que le causó al gerente del hotel, cuando éste le invitó a visitar el salón y tuvieron que subir por la escalera hasta la segunda planta porque un grupo de japoneses recién llegados estaban acaparando los ascensores. Subieron los escalones de dos en dos. El gerente era un chaval que no tendría más de cuarenta años y aún así llegó jadeando. Bromeó con Carlos porque no podía creer que con sesenta y cinco años tuviese esa agilidad. Carlos sintió una íntima satisfacción, pero no hizo nada por demostrarlo, únicamente, cuando estaba a punto de marcharse y tras cerrar el acuerdo con un apretón de manos, no pudo resistir la tentación de decirle que dentro de dos días participaría en la maratón. El joven directivo le miró sorprendido, con una sonrisa que escondía una leve sensación de culpa.

Un cosquilleo en el pie derecho interrumpió su repaso. No podía verlo, pero por el jadeo y el impaciente movimiento alrededor de su pie, intuyó que se trataba de un perro. Pensó que al menos un animal había percibido su petición silenciosa de auxilio. El perro comenzó a ladrar. Carlos dedujo que se trataba de un chihuahua, o un caniche, algo por el estilo. Notó entonces un hilillo que le humedecía el calcetín, caliente al principio pero a medida que se adentraba en su zapatilla se hacía más y más frío. Luego escuchó corretear al animal hacia el prado que se abría a su espalda con sus ridículos ladridos apagándose en la lejanía. Tras él no escuchó a nadie. Intentó descalzarse, pero una vez más, fue consciente enrabietado de su nuevo estatus de impotencia. Trató de gritar de nuevo, de lanzar improperios al perro y al dueño del perro, insultar a cualquiera que pasase por su lado. Pero era imposible, Carlos sintió el deseo de golpearse, acabar de una vez con la pesadilla, reventar su estatua de sal sobre el pavimento. «¿Por qué yo?» , se preguntó varias veces seguidas, «hay miles de corredores». Y no pudo evitar lamentarse por el truncado futuro. El sol ya no calentaba, tenía los músculos entumecidos y los ojos irritados.

De repente sintió un aliento en su cuello, sigiloso como un susurro. Iba y venía intermitentemente. No sabía de quien procedía, pero no dudaba de que alguien le soplaba en la nuca, podía percibir el calor de su cuerpo en la espalda. Trató inconscientemente de volverse, pedir socorro, pero de nuevo su paralizado cuerpo no se inmutó. Se concentró entonces en su cuello, al menos podía sentir el aire. No todo estaba perdido. Minutos más tarde volvió a percibir la soledad del parque. Quizás no había sido una persona, pensó, sino una pista para resolver la situación sin obsesionarse por el movimiento. De esa forma se dejó caer sobre su inmovilidad, liberando toda la tensión de sus músculos. Su mente comenzó a percibir variaciones del paisaje a su alrededor, como el canto de los vencejos cuyas sombras planeaban por la hierba, o el débil griterío de un partido de béisbol. Respiró profundamente para captar el aroma de los tulipanes repartidos junto al sendero, o la humedad del río que calaba los troncos de los olmos. Se concentró con los ojos en un punto lejano, una ventana del Huley Center de la 5ª que, desde allí, se divisaba a partir de la planta 17. «¡Si pudiera sentir el tacto, un leve contacto para comprobar que todo marcha bien por ahí!», pero sus dedos, los que veía desde su posición, estaban atascados. Uno de ellos sobresalía levemente hacia el interior de la mano: el dedo corazón, que en el instante de la parada se había quedado rezagado, y Carlos podía distinguir la falange como un enorme almohadón. Se concentró en él como si fuera una ventana en la lejanía.

Desde hacía rato nadie había pasado por allí, cada vez hacía más frío, aún quedaba luz, pero los rayos habían dejado de calentar. Tenía algunos compromisos antes del almuerzo que no había podido cumplir, le hubiese gustado llamar, excusarse. Le hubiese gustado no pararse estúpidamente en mitad de Central Park. Recordó que Cathy llegaba esa misma tarde a Nueva York. Además de otras muchas cosas, con su mujer compartía el amor por esta ciudad de líneas discontinuas, de blues subterráneos y encuentros fugaces.

La tarde doraba las hojas de los olmos. Podía sentir escalofríos a lo largo de su cuerpo. Pronto anochecería y Central Park quedaría a oscuras. Jamás se hubiese atrevido a adentrarse en la nocturnidad del parque, pero ahora lo valoraba como una opción: exponerse al ataque de algún delincuente y terminar de una vez por todas con aquella situación absurda. Estaba cansado de pensar, cansado de buscar una salida ante lo ocurrido, pero no había sido capaz de hacerlo en las horas que llevaba allí, detenido como una estatua. «¿Cuántas han sido?», se preguntó. Ocho, nueve… no podía saberlo, porque desde su posición era imposible consultar su reloj. Pero podía calcularlo por la luz, aún quedaban 30 minutos para que se ocultara el sol por completo, de modo que serían las 4 y quince. Probablemente Cathy, al no encontrarle, preguntase en el hotel. Se sorprendió de pronto como si hubiese movido las cejas. En el hotel le habían visto salir muy temprano con ropa deportiva, algún recepcionista se preguntaría por qué el huésped de la 905 no había regresado. Aún quedaba una vaga esperanza a la que agarrarse. No todo estaba perdido. Por un momento, en aquella posición de discóbolo, Carlos sintió correr por sus venas un hilo de victoria. Muy débil, pero cualquier movimiento de su cuerpo, por mínimo que fuera, se convertía en júbilo. En esto pensaba cuando volvió a sentir en el cuello el aliento que le había conmovido una hora antes.

Esta vez más suave, más discreto. Se quedó aún más petrificado. En esta ocasión no tuvo la intención inútil de volverse, de pedir ayuda: permaneció atento al dibujo imaginario que el aliento trazaba sobre su nuca, y que aventurándose aún más, comenzó a recorrer su cuello por un lateral. Carlos la tuvo entonces a la vista. Podía percibirla de reojo por su lado derecho, y poco a poco la imagen se fue haciendo más nítida hasta tenerla de frente. Era la bailarina del semáforo. Ahora tenía el pelo suelto, pero pudo reconocerla. Había desaparecido el maquillaje de su cara, y mantenía la mirada inexpresiva, como de muñeca. Ella lo observaba de cerca, los ojos se detuvieron en los suyos, ladeó la cabeza. Con su mano le acarició la mejilla y Carlos percibió aquel tacto como un cálido abrazo. Ella recorrió el contorno de su cuerpo con sus brazos de bailarina, recortando en el aire la figura del hombre en movimiento. Se detuvo un instante en la mano adelantada, donde se concentraba la voluntad imperiosa de Carlos de seguir avanzando, de no detenerse aún. La chica repasó sus dedos con los labios resecos.

Carlos fue testigo de este ritual, preso como estaba en su inmovilidad, sin intención de llamar su atención, de gritarle, de pedir auxilio. Estaba hipnotizado por el movimiento de aquella mujer, le deleitaba contemplar su danza, como le ocurrió por la mañana junto al semáforo. Su boca, inexorablemente abierta, dejó escapar un hilo de baba que recorrió su altura hasta el suelo. Estaba tan cansado que era incapaz de desbaratar el cuadro. Quiso dormirse en los brazos de aquella chica y dejar que la noche le convirtiera al fin en una estatua de piedra, en un símbolo de la anónima lucha diaria, una imagen que honrara Central Park y que convirtiera aquel rincón en lugar de peregrinación para tantos y tantos corredores. Quiso, en ese momento, convertirse en todo eso y acabar.

La chica estaba ahora frente a él. La luz era escasa, pero podía definir su silueta enmarcada sobre el camino. Ella bailaba de puntillas, girando sobre sí misma a la vez que sus brazos iban arriba y abajo dibujando suaves trayectorias. Su cabeza se inclinaba hacia las primeras estrellas, e imperceptiblemente se fue encogiendo hasta formar un círculo. Permaneció así unos segundos, tras ellos se estiró, consultó su reloj y se apresuró a recoger la mochilita del suelo. Antes de irse volvió a mirar a Carlos, se acercó y besó sus labios.

Él sintió el roce desde lejos, cubierto ya por la noche. Los ojos estaban tan irritados que no pudo darse cuenta. Sin embargo, ese beso fugaz le rescató del sueño que comenzaba a envolverle, los escalofríos volvieron a recorrer su inmovilidad y pareció como si una nueva savia circulase por sus arterias emplastadas. Volvió a concentrarse en el dedo corazón de su mano derecha, le pareció por un instante que se movía. Al principio una sola falange, uno dos uno dos, pero era un leve impulso para comenzar a tirar de todo su cuerpo. Quiso hacerlo ordenadamente, sin parar, para no dejar espacio a la angustia. Uno dos uno dos. Había olvidado todo, la carrera, los amigos, Cathy, la bailarina, su mente únicamente concentrada en un solo punto, el más avanzado, el dedo corazón se movía al completo hacia un lado y hacia otro. Todos sus músculos comenzaron a desentumecerse como una corriente viscosa y Carlos, en la oscuridad absoluta, volvió a moverse.

Le dolía el cuerpo como sin acabase de cruzar la meta de la maratón. Comenzó a caminar sin rumbo, y pronto se sintió más ligero. Probó a correr por el camino de tierra ahora que sus pasos le parecían distintos, y disfrutó de manera infantil con el avance del pie derecho y el izquierdo. Uno dos uno dos. Extrañamente el parque parecía no tener fin, pero a Carlos no le importó, quiso seguir corriendo con su recuperada vitalidad. En el horizonte, las luces de los rascacielos parpadearon como inciertas balizas sobre el firmamento. Carlos echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Se imaginó sobre los poderosos brazos del puente de Verrazano al comienzo de una nueva carrera. Cuarenta mil corredores calientan a la espera del pistoletazo de salida; uno dos uno dos inspirar espirar. Carlos pudo visualizar el recorrido resumido en aquella imagen que tanto le fascinaba: la silueta de Manhattan insinuada con trazos de ceniza.


Pedro Rojano. Octubre 2012

ESTE PAÍS DE NUNCA JAMÁS DE LOS JAMASES

ESTE PAIS DE NUNCA

 JAMÁS DE LOS JAMASES

***

Son tiempos terribles estos los que se están  viviendo; tiempos forzosos de lágrimas secas.

Tiempos de ir por la vida cotidiana al borde del llanto sin poderlo expresar. Del sentimiento escondido y el ánimo roto. Ya no se llora con lágrimas líquidas porque se ven. Y porque -tócate los cojones- ahora se considera una vergüenza en este país, el no poder disponer de un trabajo para poder atender las responsabilidades económicas adquiridas; el no poder llevar una casa para adelante. Y además, si protestas, ten cuidadín que te atizan con la porra.

Algunos dirán ante la queja…¡¡¡ Que no hubieran vivido por encima de sus posibilidades los que ahora protestan ¡¡¡ Que no se hubieran comprado, sin poder, un piso de 240.000 Euros!!! ¡¡¡Ni el coche!!!

Pues que no le hubiesen puesto ese precio tan desorbitado y sobrevalorado a las viviendas los especuladores. Me cago en sus mulas tóas!!!! Porque de 90.000 euros, hace unos años, como que no habían demasiadas donde elegir. Y la gente quería vivir adecuadamente en ese paraíso artificial, quimérico e irreal que le estaban vendiendo y que según ellos se podía pagar a cómodos plazos en cuarenta años.

Y además…en aquellos tiempos, sí que  podían. Porque tenían trabajo todavía.

Nos ha tocado, en mala suerte, un tiempo para llorar sin lágrimas que te delaten ante los demás; cuando debieran de ser “los otros, los responsables” los que tendrían que estar escondidos y avergonzados en sus casas, abochornados por haber sido unos embaucadores o por no haber cumplido las promesas que en su día le hicieron a un pueblo que confió en ellos. Políticos de medio pelo que sólo velan por ellos mismos. Ministros con cartera y billetera abultada. Especuladores sin alma.

Ese llanto seco, que produce el sentirte abrumado por el desconsuelo de saber que se te está escurriendo de entre los dedos un estado de bienestar que creías tener merecido y asegurado. Que creías, Oh infeliz tontolculo, que podrían haber heredado – muy mejorado como es natural-  tus hijos. Esos mismos que tienen ahora  en el horizonte, un futuro roto y fuera de cobertura.

Nos han robado los mal nacidos estos, no solo una forma de vida que teníamos ganada   -y pagada- a pulso; nos han robado la esperanza. Estoy rodeado de conocidos que la única salida que tienen muchos de sus familiares, es esa: La salida. La salida de este país rebosante de sinvergüenzas sin escrúpulos, que por un lado predican la austeridad y por el otro no dejan -bajo ningún concepto- que su nómina mensual mengue de ninguna de las maneras. Formas de gobernar los unos, supongo. Formas de ganar dinero los otros, también supongo.

A mí, se me hiela la sangre con la retahíla de casos terriblemente desgraciados que están sucediendo cada día a nuestro alrededor. Lo último, mire usted que ordinariez, que se cuelguen dos vecinos por el cuello ante un desahucio; mientras los Príncipes de Asturias, se gastan en “sus” Premios, millones de Euros en festejos con lavado de imagen incluido. Y esto sólo por poner un ejemplo “real”

Los estados fascistas y totalitarios de antes de las dos grandes guerras, vinieron dados por una situación económica insostenible producida por el interés de unos pocos en detrimento del de otros muchos. ¿No les asusta?

He dicho antes que nos han robado la esperanza. Y eso es  -lo he repetido hasta la saciedad- peligrosísimo. Porque, cuando no hay nada que perder, se lucha contra todo y contra todos. Se juega al sálvese quien pueda y el que venga atrás que arree. Demoledor.

Estamos hartos de estos cuentistas de medio pelo que llevan décadas engañándonos con sartas de promesas que -de antemano- saben que no van a cumplir. Rodeados ellos de chóferes de confianza que ganan más que un doctor en cualquier disciplina universitaria. Mamones de altas jerarquías políticas que solo viven de las prebendas partidistas y que alimentan sus egos y sus faltriqueras, con colecciones de Visas (creo que últimamente van de veinte en veinte) exclusivas para caraduras y caraduros.

Y ya puestos en el tema de la igualdad de género, y por poner un ejemplo soez, una ex miembra de un gobierno que nos arruinó con su buen rollito y mirusté que bien, y ahora vive plácidamente repanchingada en el Greenwich Village o el Soho (da igual) de Nueva York, con casa propia. Casa propia adquirida con los emolumentos que le proporcionan su trabajo y otros retiros, en la oficina de ONU Mujeres. Después de haber concedido -parece ser, presuntamente, supuestamente, hipotéticamente- el gobierno español a dicho departamento una ayuda de 200 millones de euros. O de dólares, que también da igual. Como dirá una amiga de Cádiz: Que casolidá!!!

Hala!!! Pal buen rollito y la Alianza de Sinvergonzones.

Así que, los que aún aguantamos el tipo en este momento de cobros a destiempo; los que aún  -no por mucho tiempo- nos libramos de las filas del paro. Los que estamos asistiendo al derrumbe y al recorte de nuestros derechos adquiridos (ya cotizados y por lo tanto, pagados) con una sensación de impotencia y vulnerabilidad insoportable, pensamos que lo único que nos gustaría, sería el salir de este país de nunca jamás de los jamases y vivir en un mundo de fantasía. Vivir en un cuento de verdad. No del cuento

Un mundo de cuentos donde los problemas consistieran en temas tan arbitrarios como que la bruja te envenene con una manzana, que un ogro te devore a bocados, o  poder -si se acercan los agentes judiciales de la malvada Reina de turno y quitarte tu devaluada casita de dulces y caramelos- permanecer  escondidos en la barriguita del buey. Como Garbancito. O como su puta madre.

He elaborado esta presentación en Power Point con pinturas preciosas de Valentine Rekunenko y de Lynn Lupetty, con la esperanza de poder vivir -aunque solo sea un ratito, apenas siete minutos y medio- de una manera surrealista, en un país imaginario donde no se pueda vivir del cuento sino en el cuento. Y que si a Cenicienta, la recoge antes de media noche una carroza- calabaza… por favor te lo pido!… que no tenga chofer de confianza. Joder ya!!! Que no tenga chofer de confianza.

Si queréis ver esta presentación, podéis hacerlo desde aquí:

https://skydrive.live.com/redir?resid=9B5AD4B7DBD9E872!2389

Dadle a Acciones de Carpeta> Descargar Carpeta.

Que la disfrutéis!!

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CASTLE, EL BRICOLAGE ECOLÓGICO Y EL ONANISMO

CASTLE,

EL BRICOLAGE ECOLÓGICO

Y EL ONANISMO

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Mi muy querido amigo Castle, ha caído en las crueles manos del Do-it-yourself (DIY) es decir, en el inagotable e infinito, en el provechoso y fructífero, mundo del “Hágaselo Ud. Mismo”: El llamado bricolage casero. Ese que él ejecuta sin parangón, en las tardes frías de invierno en su retiro de Navacerrada, acompañado del aroma humeante de un buen Ristretto o un Fortissio Lungo.

Pero, aclaremos; no cualquier bricolage al uso, No!  No ese trabajo chapucero y de mal andar por casa que estropea la vista con el resultado final. No ese que desoye la pretendida utilidad y el buen gusto que se le supone a la fina pieza ornamental. No a esa pieza de bricolage que está destinada -tras la mueca indisimulada de los más allegados- al futuro húmedo, incierto y oscuro del trastero de la vivienda habitual. Esa reclusión a perpetuidad con la única compañía de la cucaracha de turno, que haberlas haylas, oigan!

Ahora mi querido amigo virtual Castle aporta su enorme granito de arena hacia la consecución de un mundo mas limpio, mas reciclable, y -si se me permite la exageración- más feliz, con una idea innovadora que consiste en la elaboración a partir de preciosas y útiles (a pesar del boquetito de la cápsula) bandejas de madera -adquiridas en los mejores negocios orientales de la capital del Estado- para reutilizando las cápsulas usadas del componente último de su familia: La cafetera Nespresso, darles un toque original y- si cabe- más elegante a estas. “A Touch of Distinction”. ¿What else?

Que no tendrán las susodichas que hasta el can( en la imagen)  parece quedado de piedra?

Obras que una vez analizadas y contempladas con la mirada artística y crítica debida -intuye el avispado observador- debieran de estar expuestas en el MOMA o en la Tate Gallery al lado de un Kandinsky o un Klee. Un Matisse o un Coubert si se me apura.

Como todo tiene su génesis, voy a insertar en este breve soliloquio, un articulo que en su día me proporcionó mi querido amigo Castle acerca de su experiencia con la Cafetera Nespresso y las posteriores compras de capsulas -que fíjate por donde- tan buen, filantrópico y nada desdeñable final tienen.

Ya lo decía un amigo ciertamente comprometido con el arte del onanismo : Do-It-Yourself, que él traducía: Como se da gustito uno mismooo… ¿What else?

Uno escribe -quede claro- esta palabras desde el sentimiento de la más absoluta admiración hacia el artefacto y a su propietario artista, aunque ciertamente acomplejado porque, uno que lo es, es más de la humilde Dolce Gusto. Y quieras que no, niño… no es igual. No es para nada igual. Aunque el nombre, -y si no, que se lo pregunten a mi onanista amigo- pueda incitar al placer solitario.

Si queréis leer el hilarante relato Nespressiano (lo recomiendo encarecidamente) de mi amigo Castle, podéis hacerlo desde aquí:

https://fathergorgonzola.com/2010/12/10/nespresso/

Espero que no le moleste. Y, si es así, que le den por la Stratocastle.

Que lo disfrutéis!! ¿What else?

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