EL EMINENTE Y EXCLUSIVO CENTRO DE ESTUDIOS DEL TALENTO.

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EL EMINENTE Y EXCLUSIVO
CENTRO DE ESTUDIOS DEL TALENTO.

«Tiene verde la mirada
y el aire de pizpireta
Lolita de nueva hornada
bien puestas el par de piernas»

(Camarera de mi ron; Vladikov Nabomir)

 

El a priori:

En el año 1986, un grupo de intelectuales de la ciudad de Málaga fundaron el Centro de Estudios del Talento. Una congregación que estaba y está integrada por insignes prohombres con una particularidad común: una innata predisposición y vocación hacia la cultura y el conocimiento. Hacia la ilustración y el discernimiento. La sede estaba en la Calle Lágrima Virgen número 19. No me negarán que ya el nombre de la calle promete y cumple.

Su Presidente, el notable escritor, profesor y poeta Francisco Javier López Navidad. El Secretario, el sinólogo y erudito Javier Cabeza y Sanz. Cómo Tesorero «Eméritus di antimanno» el insigne poeta Juan Miguel González del Pino; formando también parte del grupo, como vocales, el pintor Antonio Ayuso y el dibujante Ángel Idígoras.

292027_2190294730220_1610333047_n(Ángel Idígoras por Ángel Idígoras)

Cito a estos ilustres primero, porque –concedida la gracia de mi pertenencia a dicho grupo– auspiciado por Francisco Javier, protegido por Juan Miguel, apadrinado por Idígoras y Ayuso, y certificado por Javier Cabeza, paso a engrosar, y valgo yo mucho para eso del engrosar, las filas de tan excelsa camarilla.

Forman parte también de dicha partida, los siguientes:

Antonio Cabello Arce, corrector y crítico literario, Gavilán y Chaves, filósofos. La escritora Carmen Rigalt; Julio Quesada Martín que es catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid; Guillermo Aguilera, los filósofos Carlos Conchillo, Juan Gavilán y Francisco Chaves; el pintor Rafael Alvarado, los editores Francisco Cumpián (también poeta e impresor) y José Antonio Quesada. El escritor Cristóbal G. Montilla y Laureano Quesada; Antonio López Navidad, figura de la medicina, Vallejo «El Ínclito», los también poetas Francisco Bravo y Eduardo Martín Calvo. Antonio Arjona, escultor, José Manuel Domínguez, concertista de guitarra y Juan Alberto Gómez, cantante.

Personalidades de la Manualidad, tales como Manuel «El Viruta», el Sr. don Antonio De la Cuesta, y don Manuel Pérez, ingeniero de átomos y voltios. Alexandru Afrasinei, traductor de Juan Miguel González al rumano, Viola de la OCM. Y ahora –y con la dignidad de recién llegado– el bloguero y cronista virtual Álvaro Souvirón.

el-maestro-y-pintor-antonio-ayuso-2012(El pintor Antonio Ayuso)

El a posteriori de lo a priori:

(Del Cuaderno de Bitácora de Father Gorgonzola.)

Como acostumbra Juan Miguel González, me esperaba amarrado al duro banco acompañado de Paco Navidad, Antonio Ayuso y Javier Cabeza. Debo indicar – no sin un cierto rubor– que el acomodo en mi coche de tan señalado grupo no podría calificarse como una digna demostración y/o exhibición de agilidad, elasticidad y ligereza.

Saltar el tabique infranqueable –ríete del Muro de Berlín– que representa la separación de la trasera de mi coche (circunstancia que podría haberse evitado mi amigo el sinólogo si hubiese entrado por la puerta correcta) procurarse el adecuado acomodo el pintor y el poeta, y la infructuosa y estéril intentona de mi querido amigo el escritor para ponerse el cinturón de seguridad usando para ello la correa de mi bolso-bandolera, presagiaba una tarde aciaga en cuanto a capacidades físicas y cinemáticas. Pero ya saben Uds. cómo son los pensadores.

1229983_10201402218450733_877894438_n(Juan Miguel González por Ángel Idígoras)

Los conduje, no sin cierto nerviosismo, hasta el lugar de la cita donde nos tendríamos que encontrar con Ángel Idígoras. Una vez allí, la camarera, una simpatiquísima y pizpireta chica de intensa mirada y torneadas piernas, nos hizo sentirnos tan atribulados cómo felices y contentos. Un encanto de chiquilla, que nos llevó a más de uno durante un momento, a pasear de nuevo por los jardines medio olvidados de la carnalidad y la concupiscencia.

Podría contar muchas más cosas de esa fantástica velada, pero sólo indicaré que Ángel Idígoras me regaló el original de mi caricatura. Antonio Ayuso la promesa de proporcionarme material para una entrada monográfica en este blog, y Juan Miguel González me hizo entrega de un divertidísimo romance que a modo de colofón inserto al final para vuestro deleite y satisfacción.

caricatura Idígoras original reducido(Álvaro Souvirón por Ángel Idígoras)

Una noche memorable que deberemos, sin duda alguna, repetir. Aunque sólo sea para ver cómo Idígoras aprovecha la reunión para, delante de nuestras narices, realizar la última viñeta que debería de salir publicada en la prensa el día siguiente. Para hablar de Tintín y de comics y tebeos con Javier Cabeza; para oír la palabra didáctica, apocada y respetuosa de Antonio Ayuso; para poder aprender algo nuevo, como cada una de las veces que nos vemos, de mi querido amigo Juan Miguel González. Para poder volver a tocar la guitarra con Ángel esta vez en mi casa; para intentar empaparme –aunque sea sólo un poco– del inagotable ingenio y cacumen de Francisco Javier López Navidad.

11016772_938618862839662_315274109_n(Francisco Javier López Navidad por Ángel Idígoras)

***

Este es el romance-pasodoble al «Chupaodios» de Juan Miguel González; disfrutadlo:

ROMANCE DEL «CHUPAODIOS»
(PASODOBLE)

Bajo las verdes moreras
se aliviaba el «Chupaodios»,
un ojo puesto en el Marca,
y en la Derbi el otro ojo.

Sin importarle un ardite,
retador daba y jocoso
larga coba a los canutos,
buena cuenta del tintorro.

Oculto en las cañaveras,
imaginaba, rijoso,
grandes urbes de ortopedias
y el orbe lleno de cojos.

Tan feliz se las tenía,
que se arrancó a lo Poropo,
con estos trenos de horca
y estos ayes covadongos.

¡Vivan las sillas de ruedas,
y las roturas de codos;
los barrenos a la plancha
y las tapas de microbios!

Alertados por el cante
y los crecientes oprobios,
aludidos guardacoches
majaron al «Chupaodios».

***

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LOS 1.000 ARTÍCULOS

LOS 1.000 ARTÍCULOS

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Esto que estáis leyendo, se corresponde con el artículo número 1.000 que escribo en este blog. Un blog que fue parido –fíjense Uds. que coincidencia– el 19 de Marzo de 2009; día del Padre. Pronto pues, cumplirá los seis años de edad.

Seis años (dentro de tres semanas) que han dado para mucho; de entrada, ya lo estáis leyendo, 1.000 artículos, escritos, crónicas, comentarios, reseñas; como queráis definirlos. 1.000 artículos –les llamaremos así para generalizar– que han traído, por añadidura, más de 2.210.000 visitas, miles de comentarios y suscripciones al blog. Miles de abrazos y agradecimientos virtuales, algunas críticas –porque, necesariamente, tienen que haberlas¬– y un par, sólo un par, de juicios malévolos e injustos, porque maleducados y miserables también los hay en todas partes.

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Han sido mil predisposiciones y actos de voluntad para sentarme frente a ese lienzo blanco –despiadado, cruel y poco dispuesto– que es la pantalla del ordenador; para llenarla de letras que, agrupadas en palabras, y domeñadas y sometidas por un estricto reglamento ortográfico y gramatical, conforman cada una de las entradas de este blog que hoy – entre tanta letra– cumple cifra.

Han sido muchos pensamientos hacia la ciudad de Nueva York. Una de las primeras intenciones de este sitio fue la información para el viajero a esa ciudad y hacia los estudiantes de inglés, proporcionándoles unos fantásticos apuntes que yo mismo elaboré (se me persone el atisbo de soberbia) tomados en la Escuela Oficial de Idiomas en la que cursé seis felices y dichosos años.

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Después vinieron artículos que me despojaron – hasta donde yo he querido, claro– de una parcela de intimidad; y que procuraron –siempre en base a mi propia experiencia– confesiones acerca de mis gustos musicales y literarios; acerca de mis aficiones por los cómics y por las notas para la guitarra; por las letras de mis intérpretes favoritos. Hechos y lugares de mi juventud y de mi niñez que arrancaron sentimientos de nostalgia a los que habitan al igual que yo, la ciudad de Málaga.

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Llegaron tiempos de reivindicar en este medio a artistas que estaban fuera del circuito tecnológico y que, o no se habían adecuado a los tiempos, o ya habían atravesado el Valhala. Poetas, músicos, escritores, escultores y pintores; retratistas y fotógrafos, articulistas y maestros de la opinión; todos ellos configuraron un grupo de actuantes que le confieren a este blog un soplo cultural que hoy, sin duda, es lo que me procura las mayores satisfacciones y complacencias.

También hay muchos relatos de humor basados casi todos en experiencias reales y personales; y muchas declaraciones de amor y amistad a amigos y amigas que se lo merecen. Asimismo –porqué no decirlo– algunas subidas de tono porque así, estos tiempos perversos y detestables, me las han propiciado.

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He huido siempre, de la confrontación y de la crítica injusta, de la reprobación y del vituperio, más que nada, ya os digo, porque siempre he disfrutado del respeto de mis lectores y, tengo que reconocerlo, apenas ha habido oportunidades de machacar a algún impresentable que, por eso de tener su momento infame de una supuesta gloria, haya dado la nota.

Mil artículos; mas de tres veces los espartanos que acompañaron al rey Leónidas de excursión a las Termópilas. Veinte veces más que sombras del insoportable y pusilánime Grey. Casi diez veces más que Dálmatas tenía secuestrados Cruella De Vil. Doce veces y media las veces que he podido dar la vuelta al mundo en globo a razón de ochenta artículos por vuelta. Mil sin una de sus noches; a veces con la ausencia del genio inspirador; siempre con la lámpara encendida presta al deseo de agradar y complacer.

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Así que desde este número tan justo, preciso y cabal, quiero agradeceros a todos mis lectores, la fidelidad que día a día, me estáis demostrando. Superando casi siempre y muy mucho por encima –otra vez la cifra de marras– las mil visitas diarias a este blog. Y eso me hace sentirme muy orgulloso y muy querido. Muy muy orgulloso y muy muy querido; para que vamos a buscar más sinónimos.

Muchas gracias a todos. Y a Nini, mi mujer; mi amor más imperecedero y que me soporta cada tarde delante de una pantalla dándole al tecleo.

Todas las imágenes que adornan esta entrada son obra de la pintora Antonia María Samper Hernández.

(Gracias por su disposición)

***

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LOS TOREROS MUERTOS EN CONCIERTO

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LOS TOREROS MUERTOS

EN CONCIERTO

Aparte de mis propias inquietudes musicales, siempre me he sabido rodear de inteligentes amigos melómanos que, con una enorme generosidad y sapiencia musical, supieron aconsejarme debidamente tanto en eso de educar el oído, cómo en lo engordar satisfactoriamente mi discoteca privada.

En esa discoteca, y centrándome en la España de finales de los setenta y la extraordinaria e insuperable década de los ochenta, en esa discoteca, digo, guardo cinco discos de vinilo que configuran uno de mis tesoros surrealistas mejor guardados: Muñeca Inflable de la Orquesta Mondragón (con un alucinante Javier Gurruchaga y una fantástica guitarra de Jaime Stinus; Veneno, del grupo de Kiko Veneno, Raimundo y Rafael Amador; el Mezclalina de Tabletom con mis amigos Rockberto y los Hermanos Ramírez, y por fin, el Souvenir de Moncho Alpuente y los Kwai (Oh Carolina querida). Añadanle Uds.  el 30 años de Éxitos de los Toreros Muertos, y paren Uds de contar joyas.

toreros muertos (2)(Foto Diario Sur)

Todos estos grupos tienen cosas en común: unos líderes enormemente carismáticos, con una dilatada vena creativa y una imaginación desbordante para la elaboración de letras. Todas ellas, alocadas e ingeniosas, con grandes dosis de ironía y de virulencia hacia el orden establecido; y sobre todo, un talento especial para criticar y agitar. Para provocar y poner nervioso al sistema.

He tenido la suerte y la satisfacción de poder abrazar y comunicarles, presencialmente, mi admiración a algunos de estos músicos que acabo de nombrar; fíjense que algunos son muy amigos míos. Anoche, pude hacerlo con Pablo Carbonell, líder del grupo Toreros Muertos; y puedo decir que es una persona cercana y efusiva. De esas que te confirman con la mirada esa buena sensación que siempre te inspiraron.

20150222_001605-1 (Father Gorgonzola con Pablo Carbonell)

El grupo Toreros Muertos (Pablo Carbonell, Guillermo Piccolini y Many Moure) compareció la noche del sábado en los escenarios de la Sala Cochera Cabaret (uno de mis lugares preferidos para asistir a espectáculos) ante un público fiel y entregado. Una audiencia ya entrada en años que no ha olvidado todavía a estos músicos irreverentes que nos hicieron reír y bailar allá por mediados los años ochenta.

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Mi admirado Pablo Carbonell saltó al escenario con una pinta horrible, que era lo él que pretendía; una suerte de zombie en bermudas que desde el primer segundo del primer minuto de la hora y media que duró el concierto, tuvo a un fiel y entregado público metido en su bolsillo. Volver a tararear “Manolito” “On the Desk” “Yo no me llamo Javier” o la mítica “Mi agüita amarilla” constituyó un ejercicio de rememoranza para aquellos que compramos en pesetas su primer disco llamado “30 años de éxitos” y que ahora -fíjense la ironía- pasado ese mismo tiempo vuelven a unirse para nuestro deleite.

Concierto de Toreros Muertos en la Sala Kapital 558/cordon press

Pablo Carbonell. El líder indiscutible del grupo y el más mediático sin duda, es una persona muy accesible, afable y abierta. Un artista imparablemente risueño y simpático que tuvo a bien el permitirme cambiar unas palabras con él en los camerinos y hacerse una foto conmigo para poder incluirla en este post. Un abrazo cariñoso me dio demostrándome lo lejos que está del engreimiento y de la tan vanidosa cómo efímera fama.
Toreros Muertos. Muy Toreros, nada de muertos. Estas son unas fotos del concierto; disfrutadlas; y si tenéis la oportunidad de poder acercaros a sus próximos directos, hacedlo. Lo pasaréis de putísima madre.

Las fotos del concierto y de la noche:

toreros-muertos5--575x323(Foto Diario Sur)

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javier ojeda Father Gorgonzola con Javier Ojeda; líder y cantante de Danza Invisible entre otras muchas cosas)

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toreros muertos (7)(Foto Diario Sur)

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IMG-20150222-WA0003Con Jose María Centeno y el compositor y productor Antonio Meliveo)

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20150222_002228(Waiting for the show I)

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20150222_002146(Waiting for the show II)

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entrada toreros(La Entrada al Concierto)

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LUIS DE PASAPALABRA

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LUIS DE PASAPALABRA.

Uno de mis programas favoritos de la tele (casi el único), es un concurso llamado Pasapalabra.

Pasapalabra es un programa que suelo ver y disfrutar a menudo porque me permite una interactividad amena y agradable; y también –cómo en todos los juegos– una cierta competividad y pugna con el concursante de turno. Aunque en la mayoría de los casos, la batalla la tengo perdida.

Ahora, acaba de llevarse “el rosco” un participante llamado Luis. Un tipo sonriente y simpático.

Una persona que no se corta en nada y con nada; con un inexistente sentido del ridículo; principalmente, porque le precede y avala una profunda capacidad cultural y formativa. Luis tiene cara de ser buena persona. También tiene aspecto de ser muy cabezota y recalcitrante; es Inspector Jefe de la Comisaría de la Policía Nacional de Manacor. Un tipo –este maño– que, a fuerza de verlo reír franca y abiertamente, de cantar –aparcando el pudor– con decisión y, sobre todo, de contestar –súper concentrado– eficaz e impecablemente, te llega a caer muy bien.

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Como Paz, una mujer sencilla, discreta y campechana que se llevó el penúltimo Bote. O cómo Laura, una chica de preciosos ojos que aparte de ser “un coco” hablaba élfico; Todos ellos, se adivinan personas amables y condescendientes ; cómo suelen ser los grandes; sin ínfulas y aires de engreimiento.

Y volviendo con Luis –y aclarando, que no es la finalidad de este post el hablar ni del concurso, ni de sus concursantes– Luis, también escribe. Libros; bueno, por ahora sólo uno publicado y otro que está preparando. Una novela: “El Inspector que ordeñaba vacas” se llama su primera obra, y aunque, llevando apenas un 20% de lectura (cosas de la tecnología eso del tanto por ciento) y que con semejante porcentaje nunca me atrevo a recomendar ningún libro, este, pinta muy bien y me está dando muy buenas sensaciones. Así que ya está al caer la recomendación. Una historia bicefálica ésta, en la que se combina una trama policial con una serie de reflexiones muy convenientes y oportunas cómo la que ahora, más adelante, podréis leer.

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Luis Jesús Esteban Lezáun (Zaragoza 1972) que así se llama el concursante, escritor, abogado y policía, dice esto que, al fin y al cabo, es el motivo principal de este post.

“Trato de concentrarme en el presente, disfrutando de la belleza y la dicha que el día de hoy pueda ofrecerme. Durante el transcurso de las peripecias que os estoy relatando, aprendí que la felicidad reside en el ahora. El pasado sólo trae melancolía y el futuro ansiedad. El concepto «tiempo» es una trampa que la mente nos tiende para distraernos del presente y así poder jugar a su antojo viajando por un pasado que ya no existe y por un futuro que, tal vez, jamás llegue a concretarse. Sólo existe, con certeza, el presente. Y aquel que logre centrar su cuerpo, su mente y su espíritu en el momento actual, aquel que consiga escapar del juego insidioso de la mente, podrá disfrutar de la vida, porque vivir es estar aquí y ahora.”

Verán Uds… Siendo dialécticamente cierto el párrafo anterior y no discutiendo que sería magnífico actuar así cómo lo indica el autor, no estoy de acuerdo en todo lo que dice… Yo, no es que trate de concentrarme exclusivamente en el presente –gravísimo error, el que tengo que reconocerme– sino que también apoyo mi existencia, en cierta medida, en el pasado; porque ese pasado configuró este presente que a su vez, me prepara para el futuro.

El pasado. El pasado no sólo trae melancolía (que tampoco es malo); trae rememoración afectiva y recuerdos entrañables. Trae cariños y amores que se fueron y que merecen permanecer en nuestra memoria para que, lo que se fue, perdure. El pasado es el maestro que te dicta las lecciones que tú deberás de impartir a los que vienen detrás de ti. El pasado –en su fase de evocación nostálgica– es uno de los sentimientos más placenteros –por lo que tiene de agridulce– que se puedan sentir.

El futuro. Lo que tiene que venir. También trato, equivocadamente supongo, de prever de alguna manera ese futuro inmediato que me imagino cómo me ha de llegar; cosa ésta bastante difícil. Aunque no se crean, que hay maneras. Que te digo yo…pagándote un buen plan de jubilación (en mi caso es casi anecdótico) que te cubra esas espaldas que apenas te tapan la Seguridad Social o teniendo un trato cordial con los amigos y con la familia (esto sí que lo hago) para procurarme una vejez rodeada de gente que me quiera y aprecie. Que me proporcione compañía, solaz y divertimento.

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Pero si quiero decir que estoy muy acuerdo con Luis en una cosa: en que hay que saber vivir el presente; pero ignorando, añado yo, a determinados miserables (siempre, los hay) que te tocan en el injusto sorteo de la vida. Porque estas indeseables y abyectas personas –dignas de olvidar y de recluir en el departamento del desprecio y del olvido– tratan de jodértela continuamente; porque ellos, amargados de sí mismos, son víctimas de su propia maldad e intransigencia; de su propia podredumbre existencial. Y la vida, de la misma manera, así les paga. No tengan ellos, la menor duda, de que la vida es tan roñosa y cicatera, cómo agradecida y generosa. Que todo lo paga y todo lo cobra. Afortunadamente.

Por cierto, ya les puedo recomendar que se lean «El inspector que ordeñaba vacas».

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D’ARTA (GNAN)

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D’ARTA (GNAN)

Comparto a menudo con mi amigo D´Arta (gnan) mesa, mantel y cuchillo. Lo de mesa y mantel, pase; eso lo puedo soportar estoicamente porque es un meridiano placer eso del comer en buena compaña y tal; y porque ahí –sobre todo a la hora del café, de la copa y del puro– le puedo y le gano.

En esas ocasiones gastronómicas, D´Arta (gnan) siempre se pone a mi lado –cual pajarillo aterido de frío– buscando el calor de la molla y de la chicha; y siempre nos procuramos -el uno al otro- el otro calor intangible pero igualmente agradecido de la conversación amena y agradable. De los chascarrillos y de las anécdotas, que haberlas haylas y muchas.

Pero en lo de compartir cuchillo, y sigo, en lo de compartir cuchillo miren Uds. eso ya es otra cosa; D´Arta (gnan) –por eso le llamamos así– disfruta en su casa de la vista y la posesión de unas vitrinas repletas de primeros premios ganados en diferentes torneos de esgrima. Tanto nacionales como internacionales. Así que Uds. comprenderán que jugar con armas blancas o de cualquier otro tono (aunque sea un cuchillo de pescado) con este amigo, cómo que está de más para mí. Eso sí! Me encantaría pasear en la noche oscura por cualquier barrio de mala fama para (1) -ante el ataque del navajero de turno en la zona- ver a este hombre ponerse ágilmente delante de mí para (2) dando un rápido culebreo, largarse corriendo y dejarme sólo e indefenso para (3), mientras el caco me desvalija, él ponerse a salvo con la impagable ilusión de poder contarle a la mañana siguiente a todos nuestros colegas comunes, la putada que me hizo y las risas que me pegué. Cómo lo oyes, charlesboyes.

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Bueno, es una broma. Él nunca lo haría, (¿?) pero sirva el ejemplo para indicar que es un hombre con un inagotable y especialísimo sentido del humor. Un hombre perspicaz y agudo (como no podía ser de otra forma); sagaz e ingenioso. Aparte de eso, que no es poco, D´Arta (gnan), también es generoso; muy generoso. Porque cuando nos reunimos de vez en cuando la Logia del Negro Anaranjado, tiene el detalle (él no quiere que yo le diga costumbre por lo que conlleva la palabreja de obligación) tiene el detalle digo, de traerse una botella Ron de edad medianamente provecta y –con la excusa de que es para mi Santa– regalármela.

Yo me siento, absolutamente ufano y feliz de poder asestar semejante sablazo a tan egregio y fino esgrimista. Aunque esa chalauríta de que no es para mí, no me gusta absolutamente nada; porque mi Santa hace suyo el comentario y me esconde la botella para que yo no me la beba del tirón con mis secuaces habituales y me la guarda para las ocasiones especiales que son cuando a ella le da la gana.

D´Arta (gnan) es una persona culta y letrada; de hecho le tengo nombrado mi esporádico corrector in absentia, porque me hace puntuales correcciones desde Madrid. En su día, le proporcioné mis relatos de humor (que aún guardo en la faltriquera de la futura publicación) para que me los corrigiera gramaticalmente –que no ortográficamente como insiste el muy ladino para cabrearme– y así, diligente y rápidamente lo hizo. D´Arta (gnan) es buen amigo; su alter ego Juan Fernando Damas Flores, también. Pero él, el espadachín Darta, lo es muchísimo más!

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LA ANTIPATÍA

LA ANTIPATÍA

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La antipática –me refiero a la persona en general, pues no distingo géneros– es que no lo puede evitar el alma mía!

Lleva la animadversión y el desagrado implementado en el cromosoma LA4E (Labio Alzado for Everybody) y eso le obliga – a veces contra su voluntad– a ser desagradable, estúpida e irritable para con todo quisqui.

El antipático es fácilmente distinguible entre el resto de sus congéneres, pues su rostro está marcado por dos hendiduras a los lados del boquino que le procuran –esos profundos cañones de piel– una especie de coraza a la risa, un blindaje contra la amabilidad o, en el mejor de los casos, un particular paréntesis, preceptivo y regulado por su propio carácter seco, adusto y grosero.

Me acusará el lector de este blog de una muy mucha recurrencia en cuanto a despotricar de esta subespecie humana; ya lo he hecho en varias ocasiones con mis desvaríos sobre las impertinentes, las malapipas, y los siesomaníos. Pero son algo, estas singularidades, que me enervan y me sacan de quicio.

El ser antipático, demuestra falta de ingenio, de gracia y ocurrencia. Manifiesta, casi siempre, ignorancia, ineptitud y torpeza. Oculta la maldad, la vileza y la fealdad del alma tras el improperio y el denuesto. ¿No es más fácil decir algo amable –o por lo menos, algo que no sea insultante– a soltar por la boca algo pernicioso, insolente y vejatorio?

No aguanto a los antipáticos. Ni a sus miradas displicentes y desabridas. Me pueden. No los soporto! Prefiero tener a mi lado un vegano antitaurino, dándome por el culo con sus teorías aciagas y catastróficas de un mundo carente de bondad vegetal –y lleno de apocalípticas barbacoas sangrantes y cancerígenas– prefiero sufrir a un político en pre campaña electoral, o a un Policia Local tirando de bolígrafo con cara de suficiencia, antes que soportar la invectiva oral de semejantes individuos.

Quelesdén!! Quelesdén muchísimo, aunque no sea por el culo!!

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TRES

TRES

¡Qué extrañas criaturas son los hermanos!
Jane Austen.

-Dulce es la voz de una hermana en la temporada de la tristeza.
Benjamin Disraeli.

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Muchos son –a mi modo de ver– los arrestos que necesitan los actores para exponerse a las miradas de un público atento e interesado, aunque embutido también en el sentido crítico y escrupuloso (a veces cicatero en el juicio y poco generoso en el dictamen) que le proporciona el imprescindible detalle de haber pagado una entrada para asistir a una representación teatral.

Muchos son los arrestos que necesitan, los profesionales de la escena, para dedicarse hoy día a una profesión en la que sus honorarios representan un porcentaje de taquilla y al que, en muchos casos, sólo le conforman el reconocimiento y el calor de la concurrencia.

Cómo se da la circunstancia de que comparto sangre imaginaria con un actor de la talla de Luis Centeno – compadre, amigo fiel y perdurable– resulta que sé de lo que hablo; de una profesión dura y muchas veces desencantada por los resultados de público y por los escasos apoyos institucionales; por la inseguridad y la discontinuidad laboral. Una profesión que siempre lleva como impedimenta un enorme esfuerzo mental y físico para salir airoso de cada una de las aventuras emprendidas. Mil horas de preparación y ensayo. Tres y tres veces más de estudio y memorización. El jugárselo todo a una sola carta cada noche.

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Tres por dos seis son los ovarios –como pude comprobar el viernes– los que se necesitan para salir a escena y exponerse –con esa desnudez a la que obliga el personaje– delante de un público entregado y al que puedes tocar con la mano, para transmitirle un pasaje de disputas y desavenencias familiares, de reconciliación y solidaridad. De ternuras escondidas entre los pliegues del rencor y del resentimiento; de la aflicción y el desconsuelo.

Seis son los ovarios que le echan (a razón de dos, caben a dos) Elena de Cara, Anita Iglesias Cumpián, y Olga Salut para llevarnos a los asistentes a la reflexión sobre tu propia condición familiar; sobre tu propia situación como hermano y cómo hijo. Acerca de las familias que corren el enorme peligro de desmembrarse cuando falta el efecto (y el afecto) «adhesivo» y conciliador de los padres.

Seis son los ovarios que le echan (a razón de dos, caben a dos) Elena de Cara, Anita Iglesias Cumpián, y Olga Salut para llevarnos a los asistentes a la risa y a la alegría reparadora y reconfortante. Esa es la magia de esta obra: La capacidad de llevarte en un instante desde el dolor a la alegría; desde la desolación al júbilo y al contento.

TRES es un espectáculo escénico carente de aparatosidad, en el que una simple olla de conejo con tomate y una botella de coñac de color incierto suplen cualquier aparato ostentoso e innecesario . TRES. Muy recomendable; no se lo pierdan. Todos los jueves y viernes de febrero a las 20:00 en la Sala B del Teatro Cánovas en El Ejido.

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EL NIÑO AQUEL QUE FUÍ ME LLEVA AHORA.

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EL NIÑO AQUEL QUE FUÍ ME LLEVA AHORA.

“Las niñas, que son hadas y princesas,
los niños que son magos,
las gotas, que son perlas, de la lluvia,
las llamas que son pájaros.”

Juan Miguel González.

Por eso de su aversión a las temperaturas gélidas, el Poeta Juan Miguel González, cuando sale, va siempre cubierto con un elegante sombrero. Tiene muchos. El ir siempre con la azotea techada, no sé si tendrá como fin el calentarse la cabeza o el impedir (yo creo que es eso) que se le escapen volando al exterior esas preciosas y recapacitadas piezas poéticas que él tiene a bien componer y –en casos muy puntuales– regalar.

Juan Miguel adorna su apariencia con un dandismo evidente. La última vez que estuve con él vestía un precioso sombrero, unos confortables pantalones y una chaqueta, ambos de punto, que le aportaban calidez y prestancia. Distinción y elegancia. También despedía un agradable olor; una mezcla –quise suponer y me lo invento– de lavanda inglesa y Vicks VapoRub. Una mixtura del centenario jabón Lifebuoy y hojas maceradas del falso árbol de la pimienta.

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Habíamos quedado en el sitio acostumbrado para intercambiar regalos. Él me había pedido –con esa humildad que le caracteriza y haciendo caso omiso a mi advertencia de que siempre le estoy dispuesto– una copia del álbum “Sigamos en las Nubes” del grupo Tabletom para regalárselo a unas amigas holandesas que querían oír alguno de sus poemas musicados por los hermano Ramírez… Yo, «motu proprio» le llevé también las letras impresas de sus poemas con la banda. Estas para él.

Por su parte, Juan Miguel, «Quid Pro Quo» me iba a entregar el original del romance “El Monte de las Tres Letras” del cual me hizo protagonista. Pero ya lo he dicho, y lo repito sin sonrojo, el Poeta es enormemente espléndido y regala lo más valioso de él; así que para dejarme desarmado, me llevó un poema dedicado. Un poema en el que habla de ese niño que todos llevamos dentro; a pesar de estar ya pagando con muchos años vividos, el tributo de la existencia.

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Afortunadamente, todavía mantengo ese niño dentro de mí. Algunos lo llamarán inmadurez y yo lo asumo encantado. Asumo esa inmadurez preciosa que me hace recordar los tiempos felices de mi niñez y de los que aún guardo retazos con esa costumbre que mantengo del comprarme figuritas de cómics y de tebeos; y libros de dibujos; y –lo último, y que estoy esperando– un precioso recortable de cartón del Edificio Chrysler de Nueva York. Mi favorito.

Que el Empire State vaya poniendo sus barbas a remojar.

Este es el poema que me ha regalado Juan Miguel González del Pino. Inconmensurable poeta; mejor persona y gran amigo.

 

(Todas las ilustraciones son de Carl Offterdinger y corresponden a portadas de publicaciones infantiles y juveniles)

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***POEMA JUAN MIGUEL 1

POEMA JUAN MIGUEL 2

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ISABELITA.

ISABELITA

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Hace un millón de años, trabajaba con mi padre –en un organismo oficial– una chica pizpireta y recortadita llamada Isabelita.

Isabelita era, ya os digo, una mocita alegre y jacarandosa; bajita de cuerpo y entradita en carnes que estaba siempre risueña y predispuesta a alegrar a sus compañeros de trabajo con su chispa y su gracejo. Un verdadero portento de conversación fecunda e inagotable.

Aconteció que por aquellos tiempos –hablo ya de hace muchos años– la jovial e hiperactiva (antes se llamaba a eso “culillo de mal asiento”) Isabelita, realizó un curso de mecanografía rápida y a “mano completa” para prosperar en su trabajo subiendo de cargo y categoría. Así fue; Isabelita, con su titulito debajo del brazo, pasó a desempeñar en la oficina de aquel estamento oficial, el cargo de Administrativa Mecanógrafa.

Después de un par de años de darle a la tecla, en la acreditada Academia Almi, Isabelita estaba loca por demostrar a cada uno de sus compañeros su habilidad y rapidez; su perfecta e impecable ejecución en aquella negra Remington Standard Nº 12 de carro, papel de calco y campanita. Cada compañero que se le acercaba, caía en sus redes y se tenía que someter –más por complacencia y educación, que ganas– a la demostración “in situ” que manifestaría la perfección de Isabelita manejando la máquina escribidora.

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A todos y a cada uno. Menos al Jefe. Cada vez que mi padre pasaba por su lado –y advertido por los otros empleados– trataba de librarse de la tan temida exhibición.
Hasta que el destino –inevitable y cruel cómo es– le preparó una encerrona a mi pobre padre e Isabelita lo cogió de improviso de una manera ineludible e inexcusable.

  • Don Fernando! Don Fernando! Sabe Ud. que he hecho un curso de Administrativa Mecanógrafaaa?
  • Anda, que bien guapa! Estupendo, vaya!!. Buenoooo… Te dejo Isabelita que me tengo que ir a una reunión.
  • Don Fernando! Don Fernando! –insistió la novata mecanógrafa– espere Ud. que le voy a hacer una demostración!!! Dícteme Ud. algo muy rápido y largo! –le dijo–.
  • Isabelita, mujerrr que me tengo que irrrrr…
  • Don Fernandooo, por favoorrr…

Así que mi padre, un poco conmovido por la carita de pena que le ponía la muchachita, le dijo:

  • Vale. A ver, escríbeme tu nombre

Isabelita puso un folio en el carro de la Remington Standard Nº 12; rrrááss… rrrááss… rrrááss… bajó el papel. Desperezó el cuello. Cruzó los dedos de las manos y los estiró. También los brazos. Y en un santiamén, y con un rapidísimo tecleteo, ejecutó: tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac–tlac. Para, sin dejar de mirar a los ojos a mi padre, y con una pizca –todo hay que decirlo– de indisimulado orgullo, arrancó de un tirón el papel donde ponía, escrito en mayúsculas, su nombre: ISABELOTA.

Las carcajadas inevitables e incontenibles de mi padre se oyeron en todo el edificio; y, por supuesto, desde aquel día, la ínclita Administrativa Mecanógrafa, llevó el nombre de ISABELOTA hasta la tumba.

Aconteció en Málaga. Circa 1945

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MERODEADORES DE REDES SOCIALES

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MERODEADORES DE REDES SOCIALES

Se esconden tras los parapetos de la impunidad y del secretismo mas ineficaz. Ignorando, que eso del anonimato en las redes sociales, tiene las patas tan cortas cómo su propia generosidad en la respuesta. Hablo de los merodeadores de las redes sociales.

Suelen pasearse por ellas vestidos con un traje de silencio; de un indisimulado secretismo que les permite no involucrarse en nada. No existen para ellos ni el compromiso ni la obligación; ni la responsabilidad ni la necesaria implicación. Tampoco son generosos con su opinión personal. Muchas veces, las más, hacen caso omiso a las mínimas reglas de cortesía y sólo se limitan a escudriñar impertinentemente –desde el ángulo oscuro (como el arpa de Bécquer) en su aburrido salón– tomando buena nota de las conversaciones de los demás para así sacar, como mínimo, el beneficio de la información y el rédito del complaciente fisgoneo. Desde la pesquisa, el acecho y el bicheo.

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Actúan con total descargo de culpabilidad, deslizándose –con los ojos brillantes– por los muros de Facebook donde tienen, más o menos asegurado, el sigilo y la reserva; por los grupos de Whatsapp, ignorando –en muchos casos– que su presencia, ahora sí, siempre es detectada y advertida por el autor, dueño y señor del comentario.

El ego –cuando se alía con el compromiso– ciega la razón que aconseja borrar a esos desconocidos que jamás intervienen en tus chácharas; el salirte de aquellos grupos en los que tus comentarios son sistemáticamente no contestados por ese personal, que tu sabes desde la triquiñuela, han sido leídos por el mudo (o la muda) de turno.

Merodeadores de redes sociales que saben tanto o más que tú de tu propia vida; sin tan siquiera tener la necesidad de comunicarse ni de cruzar una sola palabra contigo.

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