La Casa Consistorial de Málaga. Retrato de un edificio.

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La Casa Consistorial de Málaga.
–Retrato de un edificio–

A punto como está de empezar le época navideña, mis amigos artistas han tenido a bien –miren Uds. que precioso detalle– el agruparse en manojito de a tres –como los boqueroncitos victorianos– y me regalan, para que yo a su vez lo regale a todos aquellos que leen este blog, un pellizco de su espléndida producción artística.

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Les cuento: No hace muchos días fueron unos poemas de uno de los mejores poetas que haya dado esta tierra: Juan Miguel González del Pino. Tres días más tarde, tres –se me perdone la recurrencia con el cardinal– es Ángel Idígoras el que me lleva andando a desayunar por los barrios de Málaga. Y fíjense Uds. ahora, lo que ya no es recurrencia sino redundancia en el dato, que tres días más tarde del segundo regalo, viene a visitar este blog alguien que apareció en ese artículo de los paseos. Alguien, que es una indiscutible referencia de buen gusto y maestría entre los dibujantes urbanos in situ llamados Urban Sketchers: Luis Ruiz Padrón.

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Si yo les dijera que ahora, hace algo así como un año, la editorial Loving Books publicó un libro de mi amigo Luis; un libro que fue el más vendido en Málaga durante la campaña navideña del 2014, no les mentiría. Tampoco mentiría si les recordara que este, una muestra de buen gusto y de delicadeza llamada “Málaga. Cuaderno de Viaje – Sketchbook”, era un dechado de exquisitez y distinción en cuanto a edición, diseño, planteamiento y elección de los materiales.

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Nadie, y menos yo, puede evitar la comparación (de este libro y del que ahora voy a comentar) con las antiguas ediciones que tengo en mi poder del maestro Hergé de la colección de álbumes de Tintín en la España los años sesenta por la editoriales Casterman y Juventud. También, con alguna que otra publicación de formato similar de Norma Editorial en la posterior década de los noventa.
El libro de este año, lleva el mismo camino de volver a ser el regalo perfecto elegido por el público malagueño. Una apuesta segura, dado que está dedicado a uno de los edificios más carismáticos, personales y atractivos de la ciudad en la que vivo: La Casa Consistorial. La Casona del Parque. El Ayuntamiento de Málaga.

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La Casa Consistorial de Málaga. retrato de un edificio. Así se llama el regalo perfecto.

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Un paseo por un edificio, para mí, absolutamente familiar. Y digo eso, porque una parte de mi niñez –y mientras acompañaba a mi padre– transcurrió entre sus dependencias; y recorrí muchos de sus rincones escapando furtivamente de la mirada de los vigilantes que –acostumbrados a mi sempiterna presencia por el edificio– me dejaban campar a mis anchas por los vericuetos más importantes y reservados de La Casona del Parque.

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Dicen de este edificio:
«Hubo un tiempo en que Málaga enfiló con decisión el camino del progreso. Hace 150 años, los visitantes anglosajones veían más parecido entre Málaga y Glasgow o Liverpool que entre Málaga y otras capitales andaluzas, a la vista de las chimeneas humeantes de las industrias metalúrgicas y textiles que flanqueaban la ciudad en todas direcciones. En tal sociedad, que esos mismos viajeros definieron como la más abierta y tolerante del país, nació el genio de la modernidad, Picasso, y estudios recientes reivindican el papel que ese ambiente tuvo en su formación. Sin embargo, el sueño resultó ser un espejismo, pero de la ilusión quedan testimonios abundantes en las creaciones de la época. La Casa Consistorial es uno de ellas. Aunque se construyó cuando el sueño se desvanecía, los anhelos quedaron plasmados en sus muros: las delicadas musas del Parnaso sostienen aquí locomotoras de vapor, navíos mercantes y engranajes industriales.»

Estos son los datos del libro:

La Casa Consistorial de Málaga. retrato de un edificio
48 páginas 19,5×19,5 cm.
Autor: Luis Ruiz Padrón
Prólogo: Alfonso Vázquez
Editorial: Loving books
1ª edición: mayo 2015
ISBN: 978–84–940672–4–2
DL: MA–750–2015

Más info:
http://www.lovingbooks.es
info@lovingbooks.es

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Un libro, en resumen, que enaltecerá y distinguirá vuestras bibliotecas. Regaláoslo a vosotros mismos. Regaladlo, también, a vuestros seres queridos. Regaladlo y acertaréis plenamente.

(Las imágenes que acompañan estas líneas están incluidas en el libro !La Casa Consistorial de Málaga», retrato de un edificio, que recoge las impresiones dibujadas en vivo de la arquitectura, detalles y actividad diaria del Ayuntamiento a lo largo de varias semanas de la primavera de 2015.)

Y estas otras que ahora vienen, son, algunas de las fotos de la presentación de este en mi Librería de cabecera: Mapas y Compañía (C/ Compañía 33, 29008 Málaga) .Exclusivista que es del merchandising de mi adorada Ediciones Moulinsart y Sede de la Sociedad Geográfica de España.

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LAS BUENAS COSTUMBRES / CUANDO JÓVENES FUIMOS.

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LAS BUENAS COSTUMBRES.

Conserva las buenas costumbres y las buenas formas, caballero de los de antes, mi muy querido amigo el Poeta Juan Miguel González del Pino. Mi querido amigo, mantiene y cuida arquetipos de otras épocas más cálidas en el trato personal cuasi desaparecidos hoy en día. Actitudes y disposiciones tales como son la cortesía y la educación; la gentileza y la elegancia; la corrección sin empalago y la generosidad sin espera de retribución compensatoria. Lleva Juan Miguel González del Pino —compadre que es (nobody’s perfect) del ínclito Javier L. Navidad— lleva, digo, por guión y estandarte la fidelidad, la honestidad y la nobleza.

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El Poeta, el querido amigo, conserva las buenas costumbres y siempre pregunta por la familia, por la salud; nunca por el dinero que, ya se sabe, en demasía es una ordinariez. Se interesa el amigo Poeta por tus cuitas, por tus aflicciones y tus tristezas. Inquietudes y zozobras. Y eso señores, es muy de agradecer en este mundo actual —lleno de amigos de barra y copa pagada— que adolece del mínimo protocolo y de la exigible y pertinente buena educación. Créanme Uds. es muy, muy de agradecer.
Esta es una nueva entrega del trabajo de mi amigo. Sin más preámbulo y exordio, aquí tenéis una muestra de su última producción poética. Que la disfrutéis!

 

***CUANDO JÓVENES FUIMOS.

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LA PORTADA DEL NUEVO TRABAJO DE TABLETOM

LA PORTADA DEL NUEVO TRABAJO DE

TABLETOM

El pasado viernes, antes de la gran tormenta, asistí gloriosa y felizmente –en calidad de intermediario y auxiliar de afectos– a una nueva reunión en las nubes entre una dignísima representación del grupo Tabletom (Perico Ramírez, Salva Marina y Gloria González) y el Maestro Pintor, mi también querido amigo, Andrés Mérida.

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El motivo de dicha reunión, era el intercambio de pareceres sobre la nueva portada del grupo y que –por mor del destino, y por la inmensa generosidad del susodicho Pintor– fui yo el propiciador.
La portada es una nueva genialidad de Mérida: Una visión de la alegría y el regocijo (el alza de la guitarra-jamón hacia el firmamento) que produce el estar –este nuevo trabajo– rulando por la calle. También, un somero homenaje a un Rockberto reposado, que duerme el sueño de los inmortales, más plácidamente que nunca; y cuyo espíritu –al igual que en nuestras conversaciones en dicha reunión– sobrevuela por encima de nuestros pensamientos y por el de todos los que le quisieron.

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Vienen ya. Ya se acercan… Los espíritus libres de los componentes del grupo Tabletom abriéndose paso de nuevo, bajo la Luna de Mayo, con su música; amparados por la belleza singular e inimitable de la palabra del Poeta Juan Miguel González del Pino; con la espléndida compañía de la pincelada oportuna de Andrés Mérida. Todos ellos, en plácida connivencia, para deleitarnos otra vez con sus nuevos temas. Para seducirnos de nuevo, con ésta, su muy anhelada décima entrega.

Esta es la portada: Observadla; descubrid cada rincón. Cada idea del pintor asomada, sugerida y plasmada en los trazos. Descubridlas.

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AQUELLOS VERANOS

AQUELLOS VERANOS

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En estos tiempos oscuros, en los que la educación y la cortesía han sido desplazadas –en cuanto a comunicación verbal y epistolar– por la más infame concisión, estrechez y barbarie; en estos tiempos incongruentes y contradictorios, en los que nos comunicamos más y peor que nunca, sorprende mucho que aún haya personas que, generosa y desinteresadamente, dispongan de su tiempo para, escribiendo o descolgando un teléfono (qué antiguo ha quedado eso de descolgar cuando nos referimos al teléfono) saludar sin motivo preciso al familiar o al amigo.

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Pocos quedan. Y entre los más corteses y educados –sus formas antiguas le honran– que conozco, se encuentra mi querido amigo y admirado Poeta Juan Miguel González del Pino.
Cierto es que Juanmi y yo mantenemos una espontánea corriente de empatía cariñosa; y que nos regalamos el uno al otro el respeto y la consideración. Yo, hacia él, desde la más enorme admiración cómo persona y cómo Poeta. Él, hacia mí –desde su inacabable generosidad y entrega– permitiéndome ser su más fiel transcriptor en este mundo virtual que es Internet.
Juan Miguel, me llamó ayer con la sola intención de saludarme. De interesarse por mi estado de salud y de emoción. Para brindarme el bálsamo –siempre eficiente– de su palabra amiga confortadora y estimulante; de su voz comprensiva y condescendiente. Yo, que soy viejo zorro, y abuso de su amistad (él siempre se deja querer por mí) me permití «regañarle» por tener abandonado este blog. Por tenerle regalada la ausencia de sus letras a este sitio que –él ya lo sabe– es tan suyo como mío. Su sitio este que es su lugar de publicación legítimo y oficial. Y eso, siempre se lo digo, representa un invariable honor para este que ahora escribe; un honor tan singular y tan señalado, cómo inmerecido e ilusionante.

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Estos son los dos regalos que me hace Juan Miguel González del Pino. Dos fragmentos de belleza, desgajados desde la parcela de la creatividad y la excelencia de su bien amueblada cabeza.

Disfrutadlos.

(Las imágenes que ilustran esta entrada son obra de mi amigo Ángel Luis Calvo Capa. Un amigo que tuvo el poco detalle de irse muy anticipadamente.)

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A mis amigos y amigas de aquellos inolvidables veranos
AQUELLOS VERANOS
“… aunque se pierdan los amantes no se perderá el amor;
y no tendrá dominio la muerte.”
Dylan Thomas

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El verano es un patio regado por las tardes,
y una fuente de rojas y enredadas cerezas.
Encierra un sortilegio la palabra verano,
nombre aún más hermoso que la dicha que evoca.

Paseos bordeados de cañas y moreras;
tranvías con muchachas camino de la playa,
y un rabioso delirio incansable y ardiente
de paganas cigarras, en los altos pinares.

Se llenaba la alberca de la huerta vecina
de estrellas y de ranas, y las calles de grillos,
y era dulce entregarse al soñar perezoso,
puesto el sol, respirando la agostada campiña.

Aquellas reuniones en el patio encalado,
con música y muchachas doradas y estivales,
con las que, embelesados, bailábamos a veces
desmayadas canciones sentidas hasta el llanto.

Caían las perséidas de los cielos nocturnos,
como en las madrugadas los jazmines abiertos,
y por los eucaliptos, furtivas, se abrazaban,
en su primera cita, los amantes felices.

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PRIMAVERA Y VEJEZ

Los parques se han cubierto y las aceras
de flores amarillas y moradas:
es la derrochadora exuberancia
que mayo nos dejó. Por todas partes
copas, en floración, de jacarandas,
y el naranja encendido y delicado
de las acacias, con sus nidos nuevos.

Hay alborozo por los claros cielos,
de estas serenas tardes exaltadas
por los largos chillidos coloquiales
de los raudos vencejos.

Junto al agua
de las placetas y los jardinillos,
carmín, blancas y rosas, las adelfas
promesas son y fueron del verano.

¿También para nosotros, poetas viejos,
habrá en el mundo un tiempo prometido
como el verano es para los jóvenes?
Acaso el del sosiego, que es el propio
de quienes han sabido envejecer
sin rencor ni codicia, y con un poco
de amor y lealtad y mansedumbre.
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SÓLO UN MOMENTO. ON STAGE

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SÓLO UN MOMENTO. ON STAGE

Se suelen prodigar poco. Por eso, cuando deciden dar un concierto, este es recibido con albricias, regocijo y satisfacción por parte de sus seguidores que no somos pocos. Cada uno de los diez componentes del grupo «Sólo un Momento», cada uno digo, son artistas multidisciplinares y, además, con profesión propia; de modo y manera que no necesitan sus habilidades estéticas, teatrales y musicales para su «modus comendi». De ahí sus contadas apariciones encima de los escenarios y por ende el interés y la expectación que levantan entre el público aficionado a la música, al teatro, a la danza y a las letras (especialmente escogidas de entre los mejores poeta malagueños de hoy y de siempre) cuando, por fin, se deciden a regalarnos su show en directo.

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El sábado 20 de Junio a las 22:00 en la Sala La Cochera Cabaret -y organizado por la Sociedad del Blues de Málaga- tendremos una oportunidad especial y singular de poder disfrutar de un espectáculo único y diferente de lo que estamos acostumbrados a ver encima de un escenario. On Stage.
El excelso Poeta Juan Miguel González del Pino, escribió en su día, una semblanza del grupo después de su memorable actuación en el Teatro Echegaray de la ciudad de Málaga que ahora podéis leer a continuación. Para poneros en antecedentes de lo que se avecina el próximo sábado.
Totalmente recomendable.

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LA REBELIÓN DEL BUEN GUSTO

El hombre al que quebranta una tos muy antigua, lamenta no haber podido asistir al concierto de “SÓLO UN MOMENTO”, en el Teatro Echegaray. Aunque quién sabe si envió su ectoplasma dado la inusitada ocasión de semejante privilegio estético. Este hombre fue informado al día siguiente de la actuación de dicho grupo, por un sensible y culto espectador, José Antonio Quesada que, con ánimo sereno y penetrante, no escatimó, sorprendido, sinceros elogios a la excelente actuación y puesta en escena de tan singular y ecléctica banda.
Ya era hora de que alguien se levantara contra la larga tiranía de la mediocridad que tanto padecemos. ¡Enhorabuena y ánimo!. Frente a la cochambre hegemónica de coleguillas subvencionados, ¡la insurrección de la delicadeza¡; contra la plaga de advenedizos trileros, ¡la noble apuesta por la belleza!; frente a tanta voraz ramplonería monotemática, ¡la rebelión del buen gusto!

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Hace casi media eternidad que conozco a Auxi Toro y a Ami Cumpián. Ambas damas postulan no la utópica y sangrienta revolución permanente trotskista, si no la creación amorosa y diaria que aconsejaba Juan Ramón Jiménez. Auxi viene de los goliardos, de Jorge Manrique, de Quevedo, de Goya, de todos los romanticismos, de Valle-Inclán, de Artaud, del surrealismo, de Ionesco, de Gutiérrez Solana, de la copla española, de Gómez de la Serna, del fado lisboeta y de Emilio el moro. Posee un corazón tierno y vehemente, atemperado por esa dulce melancolía tan propia de los espíritus íntegros y delicados que nunca olvidan que “el niño es el padre del hombre”.

Ami, a quien conozco menos, es más evanescente, con ese laconismo un poco inglés del Grupo Bloomsbury. Esbelta y sensitiva, distante y serena, siempre me ha parecido un trasunto de los artistas prerrafaelistas, con algo de la exquisitez decadente de los hermanos Rossetti, Dante Gabriel y Cristina. Para esta distinguida dama, la filosofía del arte por el arte sigue siendo tan necesaria y cotidiana como el canto del petirrojo.

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Del resto de los componentes del grupo ya iré avanzando mis daguerrotipos líricos conforme vaya adquiriendo mejor conocimiento de ellos.

El hombre al que la lluvia lo devuelve a la infancia, da gracias a la caudalosa amistad de Álvaro Souvirón, que una vez más ha hecho acopio y labor de la mejor escuela de cronistas. Espléndido su blog; contagiosas sus palabras entusiastas; evocadoras las bellas imágenes de tan inolvidable efemérides.

Gracias a todos por creer en la libertad, la justicia y la belleza, ideal impulsor de toda verdadera aventura del espíritu. Gracias por haber entreabierto la puerta para poder vislumbrar al unicornio, aunque haya sido SÓLO UN MOMENTO.

Juan Miguel González del Pino

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DE RAFAEL FLORES NIETO “EL PIYAYO”

EL PIYAYO EN LA ALCAZABA

DE RAFAEL FLORES NIETO
“EL PIYAYO”

«..Nací de un vaso de vino de amor,
de una madre hija de una madre de quince años,
al menos ezo creo».

Vaya por delante –y en un ejercicio tanto de franqueza cómo de vagancia– que poco voy a aportar yo a este artículo que ahora estáis leyendo; voy a aportar, lo que se dice un cero patatero en cuanto a cosecha propia. Prerrogativa que es –por otro lado– del que detenta cultos, generosos y dispuestos amigos más dotados que uno para esto del escribir.
Digo esto –curándome en salud– ante la categoría de lo escrito.
Porque lo que ahora primero viene, es obra de mis parientes cercanos (por poderes y querencia) los eruditos escritores Javier López Navidad (la conseguiduría) y de Juan Miguel González del Pino (el precioso texto poético). Y lo segundo, proviene de mi pariente lejano «in law» el experto flamencólogo Miguel Ángel del Pozo Tomé; un texto-entrevista que se publicó en el año 2004 en la revista virtual “Calle del Agua” propiciada y creada por mi querida amiga la poetisa y escritora Mariví Verdú.

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Verán ustedes; para ir contándoles de que va esto:

Hace unos días, cayó en mis manos un fantástico documento sacado de la página cultural «Historia de Málaga» que incluía una entrevista realizada a ese inolvidable personaje malagueño llamado: El Piyayo. «La entrevista» (1936) se llamaba. Por eso de la investigación, y por lo que me voy encontrando en mis pesquisas e interrogatorios, dejé de lado esta entrevista porque me parece mucho más interesante el texto de Miguel Ángel del Pozo; pues incluye fragmentos de dicha entrevista y los mezcla magistralmente con retazos verdaderos de la vida del afamado artista perchelero.

Comentándolo con amigos y familiares, salió a relucir también un texto que el Poeta (siempre lo pongo en mayúsculas cuando me refiero a él) Juan Miguel González del Pino incluyó en el libro El Compás y el Lápiz; un libro aquel publicado por la Diputación Provincial de Málaga, con motivo de la I Bienal de Flamenco- cuyos autores fueron: Ángel Idígoras, el mencionado Juan Miguel González y Javier López Navidad. A la sazón, los tres, queridos y admirados amigos de este probo Father Gorgonzola.

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Tomando todo eso que me llega, en su verdadera dimensión informativa, y sobre todo por lo entrañable que resulta para todo malagueño la personalidad cautivadora del Piyayo, por respeto, no tengo más remedio que hacerme a un lado y dejar que otras personas, más capacitadas que yo, conformen esta entrada que ahora comienza, con sus letras.
Esto son unos excelentes textos que abarcando la glosa biográfica, la prosa poética y la entrevista más certera, nos acercan al personaje de Rafael Flores Nieto, más conocido por el apodo de “El Piyayo” .

Empiezo con la reseña de Miguel Ángel del Pozo… Atentos a la corría!

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“Hace 151 años nacía en la calle Arrebolado -Barrio de la Trinidad- un tal Rafael Flores Nieto, más conocido por «El Piyayo». Al parecer era un pobre diablo que sin saber leer ideaba letras flamencas medidas en espinelas. Era un bohemio que tocaba la guitarra como «los propios ángeles» en frase de la madre de nuestro Pepito Vargas. Era un nadie que sin saber música creó un cante singular que hoy no hay artista del flamenco que no lo lleve más o menos fiel, en su repertorio y era un hombre de luces y sombras pero un HOMBRE y MALAGUEÑO.”

“El Piyayo y la Piyaya
Cuando tienen un piyayito
Lo visten de colorao
Parece un salmonetito.”
(Cante preferido de mi cuñao Jose Luis López Harras)

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DE CHARLA CON RAFAEL FLORES NIETO EL PIYAYO,
por Miguel Ángel del Pozo Tomé

  • ¿Qué quién soy?, yo soy “El Piyayo”, Rafael Flores Nieto y algunas veces Rafael Nieto a secas, y yo me sé el porqué. Soy malagueño, perchelero, gitano, flamenco, republicano y hombre de una sola palabra. ¿Quién da más?..
  • “…soy republicano y de los fetén, no de esos de ahora, más frescos que los boqueroncitos victorianos”.

  • Mi mare me parió en el Perchel, dicen, y lo creo, que en la calle Cañaveral o muy cerquita. Mire osté: yo aunque estaba allí no m´acuerdo pero lo tengo mú escuchao, tampoco er día ni el año y ni farta que me hace, así es mejó.

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“…nací de un vaso de vino de amor, de una madre hija de una madre de quince años, al menos ezo creo.

  • Mis primeros recuerdos son las gazuzas, la busca de tó pa llená la tripa vacía, el compartir las hambres y la comía, la alegría gitana de las noches de verano en la calle Zurradores donde me malcrié. Las correrías por mis percheles, calles Cañaveral, la Puente, Pulidero, Polvorista, Guimbarda… ¡yo qué sé!. Las escapadas con mi hermano José al otro lao del Guadalmedina, a onde los ricos.
  • ¿Trabajar?… de tó y de ná: esquilaor de borricos, cerrajero, vendedor de peines y otras baratijas, afanaor de cuanto pillaba, aunque mire osté: “yo, la verdá, nasí con pocos alientos pa eso del trabajo. Alguna vez andé en negocios. Ná, prepararle a algún compadre la venta de un borriquillo viejo. Cosa de tres o cuatro duros. Y me ganaba, cuando más, un corretaje de tres o cuatro gordas. Claro, así perdí yo la afisión al trabajo.¿Pá no comé? Con la guitarra, al menos, se bebe”.

  • El caudal de los gitanos:
    unas tijeras cortantes
    y un guitarrillo mu malo.

    ¿Y de amores?

    • ¿Amores?, a tó: a Málaga, a mi Perchel, del que no salí más que pá estropearme la vía. A los ondulares, a mi guitarro, a las jembras y al vino, al vino que espanta las duquelas de los gitanillos. “mi vazuco de vino blanco con zoda que emborracha menos”.

    El Piyayo y la Piyaya
    cuando salen al camino,
    lo primero que preparan
    es la botella de vino.

    • ¿Mi guitarra?, ¡ay! mi guitarra. Tan vieja y tan desarmá como su dueño, mi mejor y fiel amiga, siempre pegá a mi lao, como una novia.

    Qué gracia tenía el Piyayo,
    a la guitarra del Piyayo
    siempre le faltaban cuerdas.
    ¡Qué gracia tenía El Piyayo!

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    • ¿A los ondulares?, a los ondulares los respetaba y me respetaban. To los civiles de Málaga saben quién es El Piyayo. “Mire osté, un día iba yo camino de la plazuela de Santa María de visita a unos parientes que allí malviven y me para un civil y me dice: oye Rafaé, me han dicho que no sé qué te pasa con las gallinas que en cuanto ves una por la calle sales corriendo detrás de ella… y yo le digo: ”Parese mentira que, siendo osté señó de la Beremérita, le dé osté esa broma al gitano más honrao de la calle los Negros.” El se echó a reí y me dio pa un vasillo. Los civiles saben que yo soy respetuoso con ellos”.

    El Piyayo y la Piyaya,
    cuando van de romería,
    endiquelan a los ondulares
    y les dan los buenos días.

    • ¿Las mujeres?… mujeres muchas, tóas, más de las que podía y de tó hubo, malas y buenas…La Chunga, que escapó o se la llevaron lejos después de tres días de amor, estrenando nuestro primer jergón regalo de los “primos” y amigos del barrio, dicen que a La Línea o a Estepona, y de la que nunca supe y que me dejó marcáo por la tristeza.

    Naciste de mala ralea,
    no lo puedes remediar;
    la mujer y los caballos
    por casta se han de buscar.

    La mujer que a su marío
    le coge aborrecimiento,
    o está loca del sentío
    o es que busca otro instrumento
    que tenga mejor sonío.

    • La Hampona, que me acompañó media vía, aguantando tó, hasta la miseria, y con la que compartí al que yo tenía por hijo, mi hijastro: torpesillo él, pero no malo, aunque aficionao a las pocas monedas que con tanto trajín y esfuerzo ganaba. También María la Canastera, La Pena ¡qué se yo!.. pero mire osté: toas fuero güenas pá mí.

    El Piyayo y la Piyaya
    cuando estrenan un vestío,
    no se lo quitan del cuerpo
    hasta que no se ha rompío.

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    ¿Y amigos?

    • Pocos y escogíos. Mi amigo Don Fernando Carreras que me socorría, el Chirle y mis herederos artísticos: Manolillo el Herraor, el Trinitario, el señor Antonio “El Mosco” y pare osté de contar.

    Yo tengo el número uno,
    Trinitario tiene el dos
    y el número tres lo tiene
    Manolillo el Herraor.

    Se dice que viajó.

    • Sí, corrí mundo, pero menos del que refieren y casi tó pá mi mal; muerte, cárcel, guerra… ná güeno. Cuentan que estuve en Cuba, en África, en Sevilla… no sé, tal vez.

    Cuando mis ojitos abrí,
    entre la noche y la aurora,
    una bandera española
    fue lo primero que vi.
    También vi cerca de mí
    la linda flor de la yedra
    cuyo nombre me recuerda,
    si es verdad que no me engaña,
    que era Cuba sin España
    una sortija sin piedra.

    ¿Y la cárcel?

    • Si también pizé la cárcel, por mucho y por ná. Por está donde no tenía que está, por alguna ratería, por defendé lo mío y… por salí de mi Málaga, de mi Perchel y mi Triniá a buscá la vía y cruzarse una mala mujé en mi camino.

    El preso cuenta los días,
    el presidiario los años
    y el que está metío en capilla,
    horas, minutos y cuartos.

    • Allí entré por última vez cuando nos liamos a tiros unos con otros y de ella me echaron pá que muriera en la calle como un perro baldao. Esta vez yo, que era inocente, quería quedarme dentro, se comía mal o bien pero caliente, y la celda… un palacio pá mí, acostumbrao a un oscuro y sucio cuartucho.

    Adiós patio de la cárcel,
    rincón de la barbería,
    que al que no tiene dinero
    lo afeitan con agua fría.

    Por la mañana dan pan
    al mediodía el cocío
    y, según tengo entendío,
    por la tarde no dan ná.
    Se forma un algarabán
    de pucheros y cazuelas,
    y el cabo rancho que vuela
    por ver si se encuentra un hueso
    y aquel que no ha estado preso
    no sabe lo que es canela.

    2wpi88h

    Piyayo: ¿has muerto?

    • ¡No!. Estoy aquí, con vosotros. Más alto, más espigao que un arenque, más renegrío que nunca. Vivo en mis cantes y en el corazón de aquellos que los recuerdan y aman, aunque mis huesos de pobre, allí en San Rafaé, en el fosal común del Batatá, estén regüertos con otros tan míseros como los míos y sin una humilde lápida que recuerde cuánto os di y cuánto os doy todavía.

    “Calla su vieja guitarra. Sarmentosas, flácidas ,cansadas de rasguear tristemente, las manos del viejo gitano han quedado inmóviles”.

    Artículo de Miguel Ángel del Pozo Tomé, publicado en la revista nº 3 de «Calle del Agua», Edición de Primavera Año 2004

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    Sigo con el texto del insigne Juan Miguel González del Pino; un texto recordando al célebre gitano y narrando su cautiverio durante la guerra de Cuba en aquel país. Este es:

    9484_808417215911326_1971021345037472730_n(El Piyayo; dibujo realizado por Ángel Idígoras)

    “En Cuba, derrumbado en el jergón de la celda de un fortín español, donde purgaba su oprobio, Rafael Flores Nieto, fue visitado por el ángel de Rilke. En tales condiciones sería como concibió la genial idea de crear los «Cantes del Piyayo», fundiendo la culta décima con los tonos patibularios y de germanía de las colonias de ultramar.

    Tienen un cierto sabor lila-dulzón de flores de jacaranda pisadas estas aguajiradas carceleras: ron de caña y vino moscatel en porrón de taberna portuaria.

    Quizás fuera aquel perdido barco del arroz quien lo trajo de vuelta a Málaga, donde se ganaba la vida cantando en tabernas y colmaos, siendo su repertorio tan variado como proverbial su memoria para la entonación de coplillas y romances, que acompañaba con su vetusta guitarra.

    Dormía de este lado del Guadalmedina, donde bebía, no sin cierta generosidad, el blanco y el pintao, dejando el revuelto de aguardiente y los tintos para el otro margen del río, que era el lugar para sus actuaciones y pitanzas, así como de sus encuentros furtivos con una misteriosa trigueña insular, inspiradora de algunas hermosas y más que notables creaciones, que él nunca reconoció como propias, atribuyéndolas antes al infortunio que al amor, tal vez empujado por un hondo sentimiento pesimista, mezcla de fatalismo y pudor, tan propio de los espíritus taciturnos y solitarios”.

    Juan Miguel González

    ***

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    UN AMIGO MÍO. (Sous les pavés, la plage.)

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    UN AMIGO MÍO.
    (Sous les pavés, la plage.)

    «Non, rien de rien, non, je ne regrette rien
    Ni le bien qu’on m’a fait, ni le mal
    Tout ca m’est bien egal»

    Tengo una deuda de honor contraída con mi amigo el pintor Antonio Ayuso. Una deuda –tengo que reconocerlo– de esas que no cuestan nada el pagarlas. Un compromiso, voluntariamente adquirido, que quiero dejar resuelto por el honroso método de «la devuelta» que diría el Óscar, camarero jefe e «hijoldueño» de mi bar de desayunos de cabecera que es.

    Tengo en mente, para el pago, el proporcionarle al Ayuso alojo mediopensionista de manera definitiva e inapelable en este blog. Sin carga arrendataria que le atosigue; sin obligación de que abone cantidad monetaria alguna por el consumo de esas bebidas sobrias y enófobas que acostumbra trasegar, puesto que van incluidas, como es natural y de recibo, en el mismo de la Comunidad de Propietarios que le pago yo, gustosamente como arrendador.

    A mi amigo el pintor (que me aseguró lo del proporcionarme fotos de sus obras) le prometí realizarle un post en esta su Comunidad, no tanto como para agradecerle el inconmensurable regalo que me hizo en forma de retrato, sino porque tener aquí a Antonio Ayuso como inquilino, representa un inapreciable regalo para este blog y, por ende, para su Comandante en Jefe.

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    Esto que ahora vais a leer, es una primera entrega de tres (espero) sobre la figura de Antonio Ayuso. Una primera entrega esta que incluye un precioso alegato de su íntimo y apreciado amigo el Poeta y escritor Javier López Navidad. Una prédica en prosa poética que habla de los tiempos del pintor en Francia, de sus trueques de pinturas y dibujos por latas de refrescos y cervezas ignominiosamente abstemias; de la tierra almeriense que compartimos ambos cuando eso del cumplir con los deberes patrios. De su patio plagado de vinagretas o del cuadro de su madre «retrato maravilloso de la mujer que más ha amado, donde la ternura y el alma limpia se manifiestan contundentemente» (sic). De estas cosas y de muchas otras más.

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    Después vendrá otra entrega con texto de mi muy querido amigo el Poeta Juan Miguel González; y después –la última, si así se cumplen las expectativas– con una selección retrospectiva de los trabajos del Maestro.

    Este artículo está ilustrado con imágenes de un París que ya se esfumó en esa playa ilusoria existente debajo de los adoquines (Sous les pavés, la plage.) que los jóvenes idealistas del 68 siempre aseguraron que estaba allí y en la que Antonio Ayuso, estoy completamente seguro, alguna vez se bañó después de zamparse un buen cacho de queso Camembert de Normandie y una copita de Ricard.

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    UN AMIGO MÍO.
    Javier López Navidad

    Mea la perrilla sobre la lata de cerveza que descansa en el suelo de porla o cemento muy aguado y desconchado del patio de las vinagretas; el pavimento se ha resquebrajado con el sol y el paso de los años. Mientras mi sonrisa expresa el estupor ante la licencia canina, el pintor asalta la cocina y trae para acompañar las cervezas y las colas un paquete de galletas María. Todo es alegría en este abierto y luminoso rinconcillo de la casa, donde pululan gatos y perros entre poetas y pintores de blandas primaveras. Sobre el cielo del laurel pasan dos gorriones y algunos chamarices despistados.

    Perros y gatos conviven en silenciosa armonía en la noble casa de los Hidalgo. Unas veces duermen sobre la cama del pintor, otras, juegan entre aceites y pinturas dejando un rastro de babas y pelos en mangos y virolas de los pinceles desperdigados por la sala estudio y que no provocan queja alguna en el maestro, más preocupado por el trabajo que le entretiene que por los humores y juegos de sus animalitos. La bonhomía del artista se refleja en el carácter acogedor de sus perros y gatos que reciben al visitante mansamente y lo acompañan por las diferentes estancias de la casa. Casa ligera de equipaje, de amplios espacios y livianos, pero acertados, ornamentos, que relajan al visitante cuando camina sobre una solería de mediados del siglo XX con aroma de esencia de pino o trementina. A la entrada, en la pared de nuestra izquierda, cuelga el cuadro de su madre; retrato maravilloso de la mujer que más ha amado, donde la ternura y el alma limpia se manifiestan contundentemente. Tendría el pintor dieciséis años cuando plasmó el rostro amable de esta Madonna sixtina malagueña.

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    Gusta Ayuso relatar su paso por Francia; sus mejores años, según él. Habla y habla del país vecino y de sus gentes, de su comida, de sus flores, de sus vinos y de sus quesos y cómo no, de los valses parisinos y las tristes baladas con los sonidos del acordeón y la voz quebrada y melodiosa de Edith Piaf, cantando «Non, je ne regrette rien» y de Ives Montand, con sus «Hojas muertas», que le saltan las lágrimas y que le llevan al sendero melancólico y fatalista sobre el destino; cuenta cómo ambos temas y un queso le acompañaron en su viaje sobre la dura madera del vagón del tren que le traía de vuelta a casa.

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    Muchas veces recuerda los años trascurridos en el Sur de Francia, ¿o estaba al Norte?, trabajando en una quesería. Ganó en peso y francos. Cada mañana iba al trabajo con una baguette bajo el brazo envuelta en un periódico, siempre el mismo, el Ideal de Granada, a modo de disimulo; cada mañana, cargaba con su herramienta favorita: una barra de pan de Viena y mucho y mal disimulado apetito. Manejaba hambre como soldado en maniobras. Autorizado por el patrón de la empresa de comerse los quesos rotos y despostillados, el día que no había ninguno provocaba un par de accidentes. Comer es necesario y sobre todo por la gloriosa libido de los veinte años; cada pulsión amorosa requería una ciega pasión por la leche cuajada y un obligado recuerdo al magno chorizo de Cantimpalos.

    Sobre el terreno grisáceo y amarillo de Viator, arrastra Antonio sus pies, cargando un caballete con lienzo y una lata oxidada de pinturas y pinceles. Lleva más de un mes con el sol en la sesera y el rostro de un capitán entre ceja y ceja, el cual le exonera de ciertas labores militares a cambio del cuadro que le inmortalice con correaje y sable sobre un caballo blanco con los justos lunares. Y Antonio sueña en el mar; y sueña en su infancia y en el sonido del agua al pasar por su puerta.

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    – Don Antonio, me debe en torno a cuatrocientas latas, entre cerveza 0’0 y coca-cola light.

    Se lo dice, no muy severo, el dueño de la tienda de congelados. Y el pintor se queda pasmado por el número y le pide nervioso un cigarrillo; juraría error en el cálculo. Sabe que le mete sin miramientos gato garduño y se queja para sus adentros de esa cantidad que niega haber consumido; según él, 282 latas. Como sabe el endeudado de la pasión por la cacería del demandante, cada mes o cada dos, le lleva un cuadro con motivos cinegéticos, bien de setters y podencos, bien de liebres y conejos, bien de cananas, chalecos o de terribles repetidoras; muy realistas ellos y más prácticos, con los que salda en sencillo trueque sus deudas. Al de los congelados le sabe a gloria cada uno de los cuadros de este maestro del color y la forma; muestra un orgullo desmedido y cierto pavoneo porque sabe lo que adquiere. Cuando hay muchedumbre en el negocio, hace público entre su clientela de que tiene un Ayuso colgado en la cocina que representa una bandada de patirrojas de la Meseta y otro en el salón con seis bravos fox terrier atacando un jabalí que quitan el sentío y le estimulan el apetito. Noble arte, donde los haya, el de la cacería.

    ***

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    ***

    81

    EL EMINENTE Y EXCLUSIVO CENTRO DE ESTUDIOS DEL TALENTO.

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    EL EMINENTE Y EXCLUSIVO
    CENTRO DE ESTUDIOS DEL TALENTO.

    «Tiene verde la mirada
    y el aire de pizpireta
    Lolita de nueva hornada
    bien puestas el par de piernas»

    (Camarera de mi ron; Vladikov Nabomir)

     

    El a priori:

    En el año 1986, un grupo de intelectuales de la ciudad de Málaga fundaron el Centro de Estudios del Talento. Una congregación que estaba y está integrada por insignes prohombres con una particularidad común: una innata predisposición y vocación hacia la cultura y el conocimiento. Hacia la ilustración y el discernimiento. La sede estaba en la Calle Lágrima Virgen número 19. No me negarán que ya el nombre de la calle promete y cumple.

    Su Presidente, el notable escritor, profesor y poeta Francisco Javier López Navidad. El Secretario, el sinólogo y erudito Javier Cabeza y Sanz. Cómo Tesorero «Eméritus di antimanno» el insigne poeta Juan Miguel González del Pino; formando también parte del grupo, como vocales, el pintor Antonio Ayuso y el dibujante Ángel Idígoras.

    292027_2190294730220_1610333047_n(Ángel Idígoras por Ángel Idígoras)

    Cito a estos ilustres primero, porque –concedida la gracia de mi pertenencia a dicho grupo– auspiciado por Francisco Javier, protegido por Juan Miguel, apadrinado por Idígoras y Ayuso, y certificado por Javier Cabeza, paso a engrosar, y valgo yo mucho para eso del engrosar, las filas de tan excelsa camarilla.

    Forman parte también de dicha partida, los siguientes:

    Antonio Cabello Arce, corrector y crítico literario, Gavilán y Chaves, filósofos. La escritora Carmen Rigalt; Julio Quesada Martín que es catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid; Guillermo Aguilera, los filósofos Carlos Conchillo, Juan Gavilán y Francisco Chaves; el pintor Rafael Alvarado, los editores Francisco Cumpián (también poeta e impresor) y José Antonio Quesada. El escritor Cristóbal G. Montilla y Laureano Quesada; Antonio López Navidad, figura de la medicina, Vallejo «El Ínclito», los también poetas Francisco Bravo y Eduardo Martín Calvo. Antonio Arjona, escultor, José Manuel Domínguez, concertista de guitarra y Juan Alberto Gómez, cantante.

    Personalidades de la Manualidad, tales como Manuel «El Viruta», el Sr. don Antonio De la Cuesta, y don Manuel Pérez, ingeniero de átomos y voltios. Alexandru Afrasinei, traductor de Juan Miguel González al rumano, Viola de la OCM. Y ahora –y con la dignidad de recién llegado– el bloguero y cronista virtual Álvaro Souvirón.

    el-maestro-y-pintor-antonio-ayuso-2012(El pintor Antonio Ayuso)

    El a posteriori de lo a priori:

    (Del Cuaderno de Bitácora de Father Gorgonzola.)

    Como acostumbra Juan Miguel González, me esperaba amarrado al duro banco acompañado de Paco Navidad, Antonio Ayuso y Javier Cabeza. Debo indicar – no sin un cierto rubor– que el acomodo en mi coche de tan señalado grupo no podría calificarse como una digna demostración y/o exhibición de agilidad, elasticidad y ligereza.

    Saltar el tabique infranqueable –ríete del Muro de Berlín– que representa la separación de la trasera de mi coche (circunstancia que podría haberse evitado mi amigo el sinólogo si hubiese entrado por la puerta correcta) procurarse el adecuado acomodo el pintor y el poeta, y la infructuosa y estéril intentona de mi querido amigo el escritor para ponerse el cinturón de seguridad usando para ello la correa de mi bolso-bandolera, presagiaba una tarde aciaga en cuanto a capacidades físicas y cinemáticas. Pero ya saben Uds. cómo son los pensadores.

    1229983_10201402218450733_877894438_n(Juan Miguel González por Ángel Idígoras)

    Los conduje, no sin cierto nerviosismo, hasta el lugar de la cita donde nos tendríamos que encontrar con Ángel Idígoras. Una vez allí, la camarera, una simpatiquísima y pizpireta chica de intensa mirada y torneadas piernas, nos hizo sentirnos tan atribulados cómo felices y contentos. Un encanto de chiquilla, que nos llevó a más de uno durante un momento, a pasear de nuevo por los jardines medio olvidados de la carnalidad y la concupiscencia.

    Podría contar muchas más cosas de esa fantástica velada, pero sólo indicaré que Ángel Idígoras me regaló el original de mi caricatura. Antonio Ayuso la promesa de proporcionarme material para una entrada monográfica en este blog, y Juan Miguel González me hizo entrega de un divertidísimo romance que a modo de colofón inserto al final para vuestro deleite y satisfacción.

    caricatura Idígoras original reducido(Álvaro Souvirón por Ángel Idígoras)

    Una noche memorable que deberemos, sin duda alguna, repetir. Aunque sólo sea para ver cómo Idígoras aprovecha la reunión para, delante de nuestras narices, realizar la última viñeta que debería de salir publicada en la prensa el día siguiente. Para hablar de Tintín y de comics y tebeos con Javier Cabeza; para oír la palabra didáctica, apocada y respetuosa de Antonio Ayuso; para poder aprender algo nuevo, como cada una de las veces que nos vemos, de mi querido amigo Juan Miguel González. Para poder volver a tocar la guitarra con Ángel esta vez en mi casa; para intentar empaparme –aunque sea sólo un poco– del inagotable ingenio y cacumen de Francisco Javier López Navidad.

    11016772_938618862839662_315274109_n(Francisco Javier López Navidad por Ángel Idígoras)

    ***

    Este es el romance-pasodoble al «Chupaodios» de Juan Miguel González; disfrutadlo:

    ROMANCE DEL «CHUPAODIOS»
    (PASODOBLE)

    Bajo las verdes moreras
    se aliviaba el «Chupaodios»,
    un ojo puesto en el Marca,
    y en la Derbi el otro ojo.

    Sin importarle un ardite,
    retador daba y jocoso
    larga coba a los canutos,
    buena cuenta del tintorro.

    Oculto en las cañaveras,
    imaginaba, rijoso,
    grandes urbes de ortopedias
    y el orbe lleno de cojos.

    Tan feliz se las tenía,
    que se arrancó a lo Poropo,
    con estos trenos de horca
    y estos ayes covadongos.

    ¡Vivan las sillas de ruedas,
    y las roturas de codos;
    los barrenos a la plancha
    y las tapas de microbios!

    Alertados por el cante
    y los crecientes oprobios,
    aludidos guardacoches
    majaron al «Chupaodios».

    ***

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    EL NIÑO AQUEL QUE FUÍ ME LLEVA AHORA.

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    EL NIÑO AQUEL QUE FUÍ ME LLEVA AHORA.

    “Las niñas, que son hadas y princesas,
    los niños que son magos,
    las gotas, que son perlas, de la lluvia,
    las llamas que son pájaros.”

    Juan Miguel González.

    Por eso de su aversión a las temperaturas gélidas, el Poeta Juan Miguel González, cuando sale, va siempre cubierto con un elegante sombrero. Tiene muchos. El ir siempre con la azotea techada, no sé si tendrá como fin el calentarse la cabeza o el impedir (yo creo que es eso) que se le escapen volando al exterior esas preciosas y recapacitadas piezas poéticas que él tiene a bien componer y –en casos muy puntuales– regalar.

    Juan Miguel adorna su apariencia con un dandismo evidente. La última vez que estuve con él vestía un precioso sombrero, unos confortables pantalones y una chaqueta, ambos de punto, que le aportaban calidez y prestancia. Distinción y elegancia. También despedía un agradable olor; una mezcla –quise suponer y me lo invento– de lavanda inglesa y Vicks VapoRub. Una mixtura del centenario jabón Lifebuoy y hojas maceradas del falso árbol de la pimienta.

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    Habíamos quedado en el sitio acostumbrado para intercambiar regalos. Él me había pedido –con esa humildad que le caracteriza y haciendo caso omiso a mi advertencia de que siempre le estoy dispuesto– una copia del álbum “Sigamos en las Nubes” del grupo Tabletom para regalárselo a unas amigas holandesas que querían oír alguno de sus poemas musicados por los hermano Ramírez… Yo, «motu proprio» le llevé también las letras impresas de sus poemas con la banda. Estas para él.

    Por su parte, Juan Miguel, «Quid Pro Quo» me iba a entregar el original del romance “El Monte de las Tres Letras” del cual me hizo protagonista. Pero ya lo he dicho, y lo repito sin sonrojo, el Poeta es enormemente espléndido y regala lo más valioso de él; así que para dejarme desarmado, me llevó un poema dedicado. Un poema en el que habla de ese niño que todos llevamos dentro; a pesar de estar ya pagando con muchos años vividos, el tributo de la existencia.

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    Afortunadamente, todavía mantengo ese niño dentro de mí. Algunos lo llamarán inmadurez y yo lo asumo encantado. Asumo esa inmadurez preciosa que me hace recordar los tiempos felices de mi niñez y de los que aún guardo retazos con esa costumbre que mantengo del comprarme figuritas de cómics y de tebeos; y libros de dibujos; y –lo último, y que estoy esperando– un precioso recortable de cartón del Edificio Chrysler de Nueva York. Mi favorito.

    Que el Empire State vaya poniendo sus barbas a remojar.

    Este es el poema que me ha regalado Juan Miguel González del Pino. Inconmensurable poeta; mejor persona y gran amigo.

     

    (Todas las ilustraciones son de Carl Offterdinger y corresponden a portadas de publicaciones infantiles y juveniles)

    ***

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    ***

    81

    EL MONTE DE LAS TRES LETRAS

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    EL MONTE DE LAS TRES LETRAS

    «Ganas dan de correr y abrazarte, de llenar de castañas y almencinas tus enormes zapatones de tela peatonal, de auparme hasta tu frente y ungirla de sonetos bien mojados en vino de los Montes.»

    Juan Miguel González

    Cuando a la temprana edad de ocho años me mudé de la céntrica Plaza de los Mártires, para vivir en una descampada Barcenillas despojada de bloques, lo único que me consoló fue que estaba destinado a vivir en una zona de «entremontes». Una zona despoblada, en aquellos tiempos, situada entre el Monte de Gibralfaro al sureste y el Monte Victoria al noroeste. No se me tenga muy en cuenta mi capacidad orientativa que no es muy mucho de fiar.

    Debido a esa apacible y bucólica situación cuasi rústica, el terreno me obligó gratamente a vivir en un ambiente saludable y enormemente divertido. Un terreno proclive a gozar de aventuras y juegos, que de ninguna manera, podría haber vivido de haber seguido residiendo en el centro de la ciudad. Otro tanto me pasaba cuando, en mis largas temporadas en La Cañada de los Ingleses, podía zascandilear libremente por el monte entre algarrobos y Llagas de Cristo. Esta circunstancia, hizo de mi un experto en subir y bajar entornos sombríos por pinares inacabables o por zonas absolutamente soleadas, y que me procuraban vistas únicas de la ciudad, cuando –cómo solíamos hacer de chavales– subíamos a las cimas de los citados Montes de Gibralfaro y Victoria. Este último también conocido como Monte de la Tres Letras.

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    Viviendo en Los Pinos (Barcenillas) no eran pocas las veces que atravesando el Reino de Conde Ureña, llegábamos hasta el Mirador que se encontraba en todo lo alto y en el comienzo del camino de tierra que llevaba al Seminario. Una vez allí, la pandilla, las más veces, hacíamos largas marchas de montañismo para alcanzar la cima del Monte de las Tres Letras. Una vez allí, en unas inclinadas y enormes lajas de piedra (La Barca grande y la Barca chica) nos tendíamos a todo lo largo y pasábamos horas contemplando cómo la ciudad – aparentemente quieta– respiraba a nuestros pies y jugábamos a situar edificios y monumentos.

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    El Poeta Juan Miguel González, me llamó hace unos días para agradecerme (no hay de qué) el tratamiento que le había dado en este blog a su inspirada felicitación navideña.

    Como suele pasar, la conversación con mi amigo se prolongó más de lo que permiten los horarios laborales, debido a su amenísimo e interesante palique. Salió a colación mi absoluta admiración y pasión hacia su producción costumbrista y localista. Ya se lo he dicho muchas veces, que cualquier referencia versificada sobre la Málaga que ocupó nuestra niñez, y sus bellísimos alegatos sobre negocios, paisajes o personas desaparecidas, conforman uno de las temas preferidos por este que ahora os escribe.

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    Juan Miguel González tuvo a bien (Qué honor!) el proponerme ser el personaje, el actor principal, de un romance que escribiría sobre algún lugar preferido de mi niñez. Para hacerme un regalo imborrable para mi ego (no puedo negar mi parcela de vanidad) y para afinzar mi devoción inquebrantable hacia su obra. Hacia su persona. Me preguntó qué lugar estaba grabado de manera indeleble en mi memoria para situar el romance. Entre otros muchos sitios, le indiqué el Monte de las Tres Letras, y eso es lo que ahora viene. Un texto poético de una espléndida hermosura que desde ahora, formará parte del lugar más entrañable y principal de mi Muro de los Afectos.

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    Para adornar esta entrada de una manera perfecta, qué mejor que hacerlo con los dibujos de otra persona –que al igual que yo– subió y disfrutó ese monte en su niñez: mi querido amigo el arquitecto Luis Ruiz Padrón. Luis, con esa generosidad inacabable que dispone hacia mí, ha tenido la deferencia de remitirme una serie de dibujos que –junto a la palabra de Juan Miguel– conforman una de las entradas más placenteras que yo haya escrito últimamente.

    Este es el texto de Juan Miguel González. Estos son los dibujos de Luis Ruiz Padrón; disfrutadlos. Son una verdadera muestra de delicadeza y de elegancia. Una demostración de cariño, aprecio y amistad tan agradecido cómo inmerecido.

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    EL MONTE DE LAS TRES LETRAS

    Para Álvaro Souvirón

    En lo alto se subía
    del Monte de las Tres Letras,
    Alvarito Souvirón,
    con unos cuantos chaveas.

    Deshojaban margaritas,
    masticaban vinagretas,
    cogerían almencinas
    y partirían las almendras.

    Caballitos del diablo
    volando sobre la alberca,
    y cigarrones saltando
    y algún lagarto en las peñas,
    iban mirando asombrados,
    en su escaladora gesta,
    por el agreste condado
    matinal de Conde Ureña.

    A contemplar se sentaban,
    felices en una piedra:
    la Catedral, el Castillo,
    el Seminario, las huertas,
    las hileras de eucaliptos,
    el Camino de las Pencas,
    el Puerto y el Melillero
    y el mar de la Malagueta.

    En su pecho de gigante,
    emocionado conserva
    el niño aquel que subía
    al Monte de las Tres Letras,
    para abrazar con los ojos
    y en el alma retenerlas
    la luz, la mar y los cielos
    de aquella Málaga nuestra.

    Juan Miguel González
    Málaga. Enero 2015

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    ***

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    ***

    ANEXO DE ÚLTIMA HORA

    Mi estimado amigo Manolo Alonso Aragón –hermano de mi íntimo amigo (Q.E.P.D.) José María Alonso– tiene a bien el proporcionarme una información que él, cómo testigo directo (era vecino en aquellos días de Conde Ureña) vivió y presenció el bautizo del Monte Victoria cómo Monte de las Tres Letras.

    Esta es la información que me proporciona:

    Testigo del bautizo del monte.

    Hasta finales de los 50 desconocíamos el nombre original del monte. La chiquillería de la zona le llamábamos el monte de las almencinas, el de las chorraeras o simplemente el monte. Pero una buena mañana de aquellas fechas, vimos asombrados las siglas PCE (Partido Comunista de España) pintadas con cal en las grandes rocas que culminan su cima en su cara más occidental y visible desde buena parte de Málaga.

    La reacción de las autoridades del régimen no se hace esperar. Apenas 48 horas después, veo desfilar por la puerta de mi casa, decenas de presos políticos; en fila de a uno a ambos lados de la calle y flanqueados por numerosos guardias civiles fuertemente armados. Todos llevaban la misma indumentaria, un mono gris plomizo y transportaban cubos, cañas, brochas, cal, cuerdas, escaleras de mano etc.
    En pocas horas aquellas tres letras del monte fueron sustituidas por las de JAC (Juventud de Acción Católica) Cada dos años aproximadamente, las letras eran repintadas con la misma mano de obra.

    Con el paso de los años, contemplé varias veces, cada vez con más indignación, la silenciosa y humillante procesión. Esas siglas permanecieron durante el franquismo, la transición y los primeros años de la democracia. Yo era apenas un crío, pero aquel recuerdo quedó grabado en mi mente a hierro; me acuerdo, como si fuese ayer, con todo lujo de detalles.

    ALONSO05campo(Jose María Alonso en lo alto del Monte de las Tres Letras)

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